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sábado, 2 de julio de 2011

El Ártico "entre visillos".

Tendemos a ver en la inmensidad del Espacio, aquello que quizá tengamos más cerca. La Ciencia Ficción, siempre tan interesante en lo que a previsión geopolítica y científica se refiere, se centra en viajes a la Luna, Marte u otros planetas, como si nuestro planeta Tierra fuera ya un territorio sin nada que poder colonizar. Hizo falta la gran labor divulgativa del “viejo” Cousteau para que el gran pública abriera sus ojos hacia el Mar, ese gran desconocido que impera en el espacio físico terrestre. ¿Hará falta que llegue la “realidad política” para que el gran público mire hacia el Ártico y la Antártida? Centrémonos en el primero.
La desaparición de los polos es motivo productor de “lágrimas de cocodrilo” entre la élite dominante. Como si de los pastos del lejano Oeste americano se tratara, la apertura de un nuevo continente (Antártida) y de un vasto espacio marino (Ártico), anuncian negocio y enriquecimiento para las potencias hegemónicas.
El Ártico contiene preciados recursos. No importando ni osos polares, ni belugas o focas de casco, el oceáno Ártico es por todos sabido que tiene petróleo, gas, oro y otros minerales de gran interés. Las discusiones en torno a la propiedad de los terrenos árticos están presentes en el debate geopolítico global, sólo que no transcienden al gran público. Da la sensación, una vez más, de que existen temas de sumo interés que no son analizados por la comunidad internacional. Temas que interesa que queden, como dijera la Gaite, “entre visillos”.
El 2 de agosto de 2007, una expedición rusa reclamó haber colocado, exitosamente, una bandera rusa en el fondo del Ártico (plantando una cápsula de titanio). Cabe decir que nadie vio en ello un parecido con la declaración que hiciera Cristóbal Colón reclamando la propiedad de las Indias para la Corona castellana. Nada más lejos de la realidad, lo que entonces fue un hecho debatido, hoy totalmente admitido, hoy ha sido (pese a seguir los “tratados” en la materia) un hecho interesadamente ninguneado. Siberia y su entorno han pertenecido a Rusia mientras fueron hielo y renos, ahora, el Círculo Polar Ártico interesa.
La propiedad del fondo ártico es un conflicto latente, de muy difícil solución. A nivel pequeño pueden verse ciertos paralelismos con los conflictos derivados de la discusión en torno a la propiedad del mar Caspio (problema que enfrenta a Azerbaiyán, Irán, Rusia...). Los criterios seguidos por las partes implicadas, una vez más, difieren, y no es de esperar que se llegue a una solución paccionada equitativa, si es queda algún atisbo para la apropiación.
En lo que al “conflicto ártico” se refiere, las partes colindantes implicadas son: Canadá, EEUU (vía Alaska), Noruega, Rusia y Dinamarca (mediante Groenlandia). Todos estos países tienen reconocida un área económica exclusiva de 200 millas al norte de su costa ártica, establecida bajo leyes internacionales. Sin embargo, Rusia ha efectuado un movimiento “de apropiación” (o de “reconocimiento”, según la postura que uno adopte) reclamando los derechos sobre un área mucho mayor. Para Rusia el Polo Norte les pertenece dado que se trata de una extensión de su propia plataforma continental (Dorsal de Lomonosov). Rusia ha planteado el tema a la ONU, si bien, y este es un dato capital, EEUU no ha reconocido la Convención sobre el Derecho del Mar. Una vez más, dejando el “espejismo chino” (que sólo es una potencia en lo económico, y por ende, político en parte) a un lado, el conflicto entre los dos grandes bloques hegemónicos, cuanto menos en lo armamentístico, es evidente. Rusia y el Imperio de EEUU (Occidente) se rifan un terreno virgen.
Los movimientos de unos y otros están produciéndose, sólo que al margen de la luz y los taquígrafos. No sabemos cuándo estallará la chispa, o si lo hará en algún momento, pero es evidente que el tema es preocupante, demostrándose, una vez más, la irrelevancia total de un supuesto “poder equitativo global” encarnado por la ONU. En relación con todo ello, y como cuestión para el análisis, sospecho que el “caso islandés” no es ajeno a la controversia.
Los “indignados” de Puerta del Sol (Madrid) y de Plaza Cataluña (Barcelona) citan continuamente el ejemplo de los “vikingos” de Reykjavík como modelo a seguir. “¡Islandia se opone a pagar las deudas que han contraído sus políticos! ¡El pueblo islandés se ha revelado contra los poderes económicos!” se dice. Sin embargo, las sumas elementales, y algún que otro razonamiento deductivo, me hacen dudar de este “buenismogeneralizado en torno a Islandia.
Les facilito unos datos y una opinión personal. Los datos son que Islandia se halla justo en el margen del Océano Ártico (cerca del Polo). Se trata de un país de tamaño considerable pero muy escasa población (poco más de trescientos mil habitantes). Rusia ha concedido “desinteresadamente” un millonario préstamo a Islandia. Rusia es la principal interesada en el “tesoro ártico”. Gozando del favor, y privilegios sobre Islandia, los rusos tienen una punta de lanza a su favor. Con dar una porción minúscula de sus beneficios a Islandia se conseguiría que los “pobres” vikingos fueran millonarios con el acuerdo. ¿Soy muy mal pensado si creo que los movimientos en Islandia forman parte de una táctica rusa para hacerse con el “control” del país y su zona?
La verdad no sale en los telediarios, ni la puede saber nadie con certeza, pero las especulaciones, en un país libre, deben poderse hacerse, y en mi opinión, es muy saludable que SIEMPRE se hagan. Lleguen ustedes a sus propias conclusiones, pues son cabezas pensantes.

sábado, 17 de enero de 2009

El monstruo del Cambio: Heráclito y los dinosaurios antárticos

"ποταμοις τοις αυτοις εμβαινομεν τε και ουκ εμβαινομεν, ειμεν τε και ουκ ειμεν τε En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos [los mismos]" en Diels-Kranz, Fragmente der Vorsokratiker, 22 B12
¿Qué es el cambio? La definición oficial de la RAE afirma que es la “acción y efecto de cambiar” o lo que es lo mismo, el verbo cambiar es definido como “dejar una cosa o situación para tomar otra”. Coherente con un pensamiento donde la razón última, Dios, es de dudosa existencia y donde las reglas de la geometría euclidiana hace un tiempo que dejaron paso a teorías cuánticas y a los fractales, puede decirse que “el cambio” lo es “todo”, siendo describibles sus contornos, única y exclusivamente, como producto de la medida y la intuición. El “relativismo”, tan temible como temido por algunos, es un punto de vista neutro cara a la realidad.
A Heráclito de Éfeso se le atribuye uno de los más memorables adagios de la filosofía universal: “no se puede entrar dos veces en el mismo río”. Según la más autorizada doctrina, tan famosa frase procede de una versión que da Platón en el Cratilo, y no del propio filósofo griego (también conocido como “el Oscuro de Éfeso”), siendo la “versión original”, o al menos así se le aproxima en este momento, el texto arriba transcrito (reconstruido por I. Bywater, siguiendo los diferentes fragmentos de la obra de Laercio). Es desconcertante que se formulara un principio tan adecuado en época arcaica, para después haber sido olvidado, o menospreciado, en busca de modelos “fijos”, donde la dinámica de las fuerzas de la naturaleza son sometidas a ficciones, con el ánimo de alimentar al deseo humano de ser capaz de controlarlo “todo”.
Podría decirse que hay dos tipos de historia: la “humana” o “histórica” y la “natural”. Más que por los intervinientes, ambas se diferencian por el prisma con que son estudiadas, mayormente neutro en el segundo caso, donde los únicos testigos son fósiles y demás seres muertos e inertes y no crónicas de vencedores. Es precisamente en la “historia natural”, o mejor dicho, en la biología y la paleontología, donde mejor pueden apreciarse estas ideas. El medio físico es cambiante por definición. Fuerzas motrices incomprensibles, al menos totalmente, son las “culpables” de que las ideas de Heráclito sigan teniendo actualidad. La Antártida nos hará las veces de ejemplo.
A la vez que un pañuelo, nuestro mundo es un “puzzle”. Los continentes (sólo hace falta mirar un manda mundi para poder apreciar lo que se aquí se dice) acontecen “piezas” que cambian continuamente de posición. Antes África y Sudamérica estaban juntas (si se imprime un mapa del globo y se recortan, se verá cómo, aproximadamente, encajan una con otra), a la vez que con Australia, el Subcontinente indio (separado de Asia) y Oceanía. Esta masa de tierra fue Gondwana, "hermana" de Laurasia, y ambas, "hijas" del supercontinente Pangea.
Los continentes se mueven, cambiando su posición a lo largo de los siglos. La explicación de ello la tiene Wegener, y al difunto sabio nos remitimos (Wegener, A. (1912): “El origen de los continentes y océanos”), pues el tema sobrepasa lo tratado en este artículo. La deriva continental interactúa con la selección natural y demás “fuerzas” de la Naturaleza, dando como fruto las especies actualmente existentes, y pretéritamente, las que antaño existieron. Así, el “aislamiento” de Oceanía permitió que los mamíferos marsupiales, así como los monotremas (ornitorrinco y equidna), pudieran sobrevivir al “imperio de los placentarios (grupo al que pertenecemos nosotros mismos), al menos, hasta el momento.
Corrían los primeros años noventa cuando William Hammer y William Hickerson encontraron un curioso hallazgo a 3.900 metros, cerca del glaciar Beardmore, en la Antártida. Sobre el Monte Kirkpatrick, pues así se conoce a la formación, en lo que antiguamente había sido el lecho de un río, encontraron fósiles de un terrorífico carnívoro, el Cryolophosaurus.
Este dinosaurio, de 6 metros de largo, por 3 de alto, merodeó por los bosques antárticos hace 192 millones de años, Jurásico Inferior. El taxón al que perteneció no está claro, pensándose que quizá estuviera emparentado con el célebre alosaurio, si bien, actualmente se cree que debió ser uno más en la estirpe del, no menos conocido, Dilophosaurus (el dinosaurio con paraguas en la garganta (en la película, no en la realidad), de Jurassic Park). El Cryolophosaurus hallose a 650 kilómetros del Polo Sur, no obstante, en aquella época se encontraba a 1000 kilómetros más al norte, no debiendo resistir las frías noches polares.
No era la sabana africana, pero bien cierto es que la Antártida no era en el Mesozoico el continente que actualmente conocemos, o hablando en propiedad, decimos conocer. Por el, hoy, Polo Sur, medraban grandes anfibios carnívoros, correteaban parientes de los españoles Iguanodon o Hypsilophodon (Muttaburrasaurus y Leaellynasaura, respectivamente), así como vivieron algunos de los más primitivos saurópodos, eso sí, cada cual en su respectivo período geológico.
El “monstruo del Cambio”, caprichoso mote con el que quiero bautizar a este pavoroso ser, sin mayores pretensiones que para este artículo, nos muestra cómo, millones de años antes de la invención de la máquina de vapor, de las bombas atómicas, del movimiento ecologista y de la fundación de Greenpace, la Antártida ya experimentó un gran cambio, un cambio que condujo desde los grandes saurios… a sus lejanos primos, los pingüinos.
Lo dijo Heráclito, todo cambia, incluido el Clima. Los modelos euclidianos deben ser definitivamente desterrados, sigamos las ciencias modernas, y ante todo, consolidemos un nuevo y, por necesitar próspero en el futuro, cambio de paradigma. Para ello, debe ser conservado el medio ambiente, y muy especialmente la Antártida, siempre dentro de nuestras fronteras, sin intentar ser dioses, ni tampoco “salvapatrias” ecológicos. La Naturaleza es incontrolable e impredecible, y por ello mismo, y al mismo tiempo… fascinante.
Imágenes:
1) "Heraclitus" de Hendrik ter Brugghen
2) "Cryolophosaurus" de ДиБгд at ru.wikipedia

lunes, 2 de abril de 2007

El misterio de las zarigüeyas

En el bestiario imaginario de buena parte de aquéllos que son de mi generación, seguramente se hallen presentes unos curiosos mamíferos, capaces de colgarse de las ramas de los árboles mediante sus elásticas colas. Se trata de las zarigüeyas (sí, salen en Bambi), marsupiales singulares que habitan las Américas, lejos de su feudo marsupial, Australia. Sin embargo, algo que nos pudiera sorprender es cómo unos pequeños animalitos sin capacidad mágica alguna pueden hallarse tanto en Australia como en la Patagonia. El rompecabezas adquiere mayores proporciones al constatarse cómo en los inhóspitos hielos antárticos han sido hallados fósiles de seres similares a tan curiosos animales. La solución acontece de difícil comprensión para alguien profano a las ciencias pero adquiere un mayor índice de comprensión de analizarse junto con un mapamundi al lado. Alfred Wegener demostró, hace ya casi un siglo, cómo los continentes se hallan en una deriva constante, cambiando de posición y de configuración, conforme van pasados los siglos. Ello se debe a los ritmos internos de nuestro planeta, y explica el origen de fenómenos como los terremotos o las dorsales oceánicas. Observando nuestro mapamundi, no creo ser el único de haberse percatado de cómo, por ejemplo, África y Sudamérica, parecen ser dos piezas de un mismo puzzle. Es fácil constatar cómo, si recortáramos la representación de ambos continentes de nuestro mapa, encajan irremediablemente. El misterio de la zarigüeya halla su resolución en tal fenómeno. Durante el mesozoico, Australia, Sudamérica y la Antártida se hallaban unidas en un continente. El clima que imperaba por tales terrenos era bien diferente del nuestro, hallándose la Antártida poblada de grandes bosques de coníferas. Las zarigüeyas, como otros tantos marsupiales, campaban a sus anchas por tales ecosistemas, sin descuidar que bien pudieran acabar siendo el desayuno de los auténticos reyes del continente antártico. Durante los periodos Jurásico y Cretácico, se ha constatado, paleontológicamente, que la Antártida se hallaba poblada de grandes dinosaurios. Algunos, como cryolophosaurus, eran especies endémicas, habitantes de un mundo que aún no había sido convertido en un gigantesco reino helado. Cryolophosaurus formaba parte de la extensa, y pavorosa, familia de los carnosaurios. Dentro de tal familia destacaba el extendidísimo allosaurus. Tal especie habitaba desde la Antártida, a la actual Tanzania, pasando por los EEUU, Australia o España. Obviamente, tales colosos requerían de proteicos manjares en forma que saurios herbívoros como el leaellynasaura o el muttaburasaurus. Ambos ornitópodos estaban emparentados con hypsilophodon e iguanodon, dos de los dinosaurios más abundantes, por aquellos tiempos, en lo que ahora es España. Curioso. La Antártida y España compartían especies o familias de dinosaurios, lo cual nos hace intuir cómo de diferentes eran las variaciones climáticas entre ambos territorios. Como en el resto del orbe, los dinosaurios sucumbieron al paso del tiempo, bueno, ello sin tener en cuenta la subsistencia de sus actuales parientes alados. Sin embargo, en el ámbito de lo natural, todo ecosistema vacante tiende a llenarse de nuevos inquilinos, y curiosamente, un, relativamente, corto período de tiempo, geológicamente hablando, separaría el fin de los dinosaurios del auge, en tales tierras, de los antepasados de los pingüinos. Pese a disponer de un arsenal adaptativo encomiable, los pingüinos son unas de las aves de origen más remoto (el período eoceno), configurándose como habitantes, ya históricos, de la gran Casa Terráquea. Otrora, existieron especies que podían alcanzar, y sobrepasar, nuestra altura, por lo que parece curioso que los antepasados de éstos fueran especies semejantes a los albatros. Zarigüeyas, dinosaurios, pingüinos, coníferas e icebergs con términos igualmente válidos en el discurrir de los tiempos. Pese a lo que pudieran pensar algunos, el Mundo se halla en continuo cambio en cuanto a escenarios, climas y pobladores. La Naturaleza es creativa; genera una excelsa variabilidad de resultados posibles, pero eso sí, sujetándose siempre a unos ciclos o leyes fijas que no acaban, ni posiblemente acabarán, siendo de nuestra comprensión. Puede que sea Dios, el Caos, la Selección Natural, pero el hombre no es gobernador del futuro. El tiempo cambia por derecho, los animales desaparecen dejando el paso a nuevos colonos de un Mundo constantemente en transformación.
Imagen anterior: leaellynasaura, origen (con consentimiento expreso del autor): http://www.dinosauromorpha.de/