“Lo que Brasilia representa en mi concepto es el triunfo del hombre moderno sobre la naturaleza (un triunfo que puede deparar una sorpresa). En Río, las alturas y las aguas son de la naturaleza; en Brasilia son la obra del hombre. Las alturas son edificios, no montañas; las aguas son un lago artificial, no el mar. El hombre decidió construir en este lugar una nueva ciudad capital en un estilo nuevo. Antes aquí, no había habido nada humano, absolutamente nada sobre lo cual se pudiera construir algo. Todo debió ser comenzado desde cero. (…) Las primitivas ciudades del hombre surgieron gradual y naturalmente de una economía agrícola que puede haber sido varias veces milenarias antes de que diera origen a algo urbano. Brasilia no es así. (…) La creación de Brasilia es una acto de autoafirmación humana que es un acontecimiento en la historia de la humanidad (…)”.
Arnold Toynbee, “Entre el Maule y el Amazonas” (1967)
Las mejores clases son aquéllas que jamás son esperadas. Lecciones que da la vida sin previo aviso, gráciles y bienaventurados acontecimientos que nos alegran el devenir, reparando sapiencial beneficio y mejores ideas para lo
venidero. El blog da pie a estos "eventos". En mi caso, bien pudiera decirse que la probabilidad de su acaecimiento es totalmente proporcional a los sabios comentarios dejados en los posts. Precisamente gracias a un magistral consejo bloggiano recaí en este gran autor. ¡Gracias Variopaint!, ¡aquí está mi tributo!
Algo que me gusta de Toynbee es lo "eterno" de sus textos. Fragmentos como el que arriba se transcribe (de los años 60), bien pudieran haber sido publicados en el diario de la mañana, con total actualidad y rastro de sangre nueva. De hecho, no hay muchas dudas de que, en lo que a la prensa actual se refiere, la perversión de lo efímero gobierna aquello donde debiera haber más verdades duraderas. Curiosamente, aupando la inteligencia de quienes me hacen de mentores, es precisamente el "diseño inteligente" aquello que debe descartarse, ser exiliado de nuestro pensamiento, borrado en nuestra escala de posibilidades, y más aún, de opciones.
Firmemente, creo que
Como dijera Toynbee, se trata de un binomio ejemplar, un ejemplo clave del éxito del planeamiento urbanístico frente a la naturaleza. Donde antes no hubo nada (o al menos nada artificial), se levanta la capital, próspera, de un gran país emergente, potencia en expansión de poder e intereses. Brasilia comenzó a construirse en 1956 (por orden del Presidente Juscelino Kubitschek), hoy cuenta con más de dos millones de habitantes. Comparte con urbes como Canberra o Putrajaya (nueva capital administrativa de Malasia), el haber salido de la nada para ocupar el trono de la capitalidad estatal. En este caso de un gran país de inmensas perspectivas. Sin embargo, conforme se hace mayor la monumentalidad de Brasilia, también se va asemejando, cada día más, a la antigua capital de Río de Janeiro. La naturaleza no es producto de una creación divina, mucho menos de un diseño inteligente. Río de Janeiro nos lo demuestra, Brasilia nos lo está demostrando.

Por más que el hombre intenta organizar, clasificar, y “racionalizar” todo aquello que produce, la feroz bestia natural no admite doma. El Azar se idéntica con ella, vence los miedos e impera caóticamente. Río es “racionalizable”, sólo y exclusivamente en la medida en que el hombre pueda contener las fluctuaciones de la existencia no intervenida. Por más que Brasilia saliera del plano, se convertirá en una ciudad sujeta a una misma ley, la del Caos, única reina y soberana, en el Cielo, como también en
Primera imagen: Juscelino Kubitschek Bridge (Ponte Juscelino Kubitschek), originally posted to Flickr as ponte JK. This file is licensed under Creative Commons Attribution 2.0 License.



