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martes, 3 de diciembre de 2019

Lo relativo de las caídas


De entre todas las aves, una de mis preferidas siempre ha sido el causario. Se trata del ave más peligrosa para el hombre, habiendo llegado a ser mortal para algunas desgraciadas víctimas. Está dotada de garras que pueden alcanzar los 10 cm de longitud (siendo más largas que las de un velociraptor). Viven por las junglas de Australia, Nueva Guinea y algunas pequeñas islas Indonesias, y son el segundo ave del Mundo en tamaño, si bien parecen estar más estrechamente emparentados con el kiwi que con el avestruz.

Recuerdo ver hace unos días otra de las joyas a las que nos tiene acostumbrados BBC Nature, “Siete mundos, un planeta”. En su capítulo referente a Australia, precisamente un casuario abre el documental con una impactante secuencia en la que se muestra a un formidable ejemplar paseando por el litoral marítimo. Sus pisadas parecen sacadas de Parque Jurásico y de hecho, su aspecto bien se parece al de un dinosaurio. Que no es un dinosaurio lo dicen las clasificaciones hechas por la ciencia humana, pero no su cuerpo, su comportamiento, ni mucho menos, su aspecto. Desde un punto de vista continuista, y siguiendo las más estrictas leyes de la herencia genética, el casuario camina como un dinosaurio, se comporta como tal, muy seguramente se expresa como sus primos, pero, efectivamente, la ciencia nos dice que no es un dinosaurio.

Oficialmente se afirma que los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones de años. El postulado está sujeto a continua revisión, cuanto menos “filosófica”, desde el momento en que es cuasi unánimamente aceptado que las aves son descendientes directas de los dinosaurios, y que éstos, en cuasi todas sus especies, tuvieron plumas. Parece ser que un gran meteorito finiquitó a los dinosaurios, junto a todo un cúmulo de catástrofes naturales y cambios climáticos. De la hecatombe surgieron los mimbres para la biodiversidad actual, incluyendo a la especie humana.

Cambiando de escenario, y para el lector quizá irracionalmente de coordenadas, ahora les propongo visitar Grecia, la antigua Mistrá. Se trata de una antigua ciudad-fortaleza sita en el Peloponeso a escasísimos kilómetros de la legendaria Esparta. Allí residieron los aristócratas bizantinos, déspotas, que en términos formales representaron los últimos baluartes del Imperio Romano. Mistrá fue conquistada por los otomanos años después de la caída de Constantinopla, sin embargo, la tradición afirma que “la última Roma” cayó en 1453, con la toma de la antigua Bizancio. En verdad, formalismos al margen, es evidente, no sólo para el viajante, que todo lo perteneciente a Bizancio en la segunda mitad de la llamada Edad Media es “escasamente romano”.

Cada vez se va asentado con mayor unanimidad que el último Imperio Romano (previo al llamado Bizantino) coincidió con el reinado de Justiniano el Grande. Recordemos que este gran Emperador casi consiguió restaurar la gloria del antiguo Imperio reconquistando buena parte del Mediterráneo, tomando la posesión de antiguas plazas como Roma, Nápoles, Cartago o Cartagena. Sin embargo, junto a todas las migraciones bárbaras que continuaron llegando y los excesos de unos sueños imperiales, algo sobredimensionados, una gran peste, en el contexto de un severo cambio climático, motivó el abandono del sueño imperial romano, y al poco tiempo, el inicio de la verdadera Edad Media, con los achaques de la conquista islámica y la fragmentación del mundo conocido en Reinos.

Cuándo cayó Roma o cuándo desaparecieron los dinosaurios no son fechas o momentos unánimes ni determinables con exactitud por la ciencia, pues siempre van a depender de criterios humanos, y por ende, subjetivos. Y lo que es más importante, de cuáles sean nuestros prejuicios y convicciones. Puede que llegue el momento en que el causario sea considerado como un dinosaurio moderno, y que nos demos cuenta de que estos grandes animales no desaparecieron en su integridad de un día para otro. Puede también que algún día nos percatemos de que Roma en sí no desapareció tampoco completamente jamás, y que “simplemente” se reconvirtió y transformó en nuestra civilización, tras mil golpes y cambios de remo.

Los imperios, sean éstos animales o humanos, se resienten ante las grandes catástrofes y la historia de nuestro planeta nos muestra que hay pocas apocalipsis peores que los cambios climáticos. El hombre acelera pero no crea un cambio climático, salvo que Greta demuestre la existencia de marcianos malintencionados en tiempos de T.Rex, pero, reflexiones climáticas a un margen, hay algunos asuntos sobre los que debemos reflexionar.

Si del fin de los dinosaurios medraron pequeños mamíferos y del fin del Imperio Romano pequeños Reinos... ¿con la actual crisis global también nos empequeñeceremos? Sí, no estoy obviando a los nacionalismos.

Imágenes:
1) Casuario (Commons)
2) Detalle de Mistrá (foto del autor).
3) Detalle del célebre mosaico de Justiniano, en San Vital (Rávena) (foto del autor).

lunes, 31 de marzo de 2014

Interview to David B. Weishampel.


1) Were all dinosaurs warm-blooded? 

 Like much in dinosaur paleontology, we don’t know for sure which taxa among dinosaurs were warm-blooded. I’m fairly certain that all or nearly all theropods were warm-blooded throughout life and that remaining dinosaurs were warm-blooded at least at small, hatchling size if not larger.

2) An animal like Seismosaurus, Diplodocus or Brachiosaurus… how many hours could be eating in order to rest in live!!?!?!?!? How many preys would a T-Rex need, for example, in a week? 

I imagine that the largest sauropods had to eat as much as possible over a full day and night. I have no idea how long they slept, but it couldn’t have been for very long at a stretch – their hunger would have woken them up!! As far as T. rex is concerned, some scientists have calculated that something like 10-20 adult hadrosaurs per year could satisfy an individual T. rex!!

3) Do you think some dinosaurs were so big because oxygen in Earth´s Atmosphere was more abundant? 

I’m not sure about this one, but it is true that body size increases happened numerous times independently. I would worry about sources of carbon in animals that grew very large and at such rapid rates.

4) Nowadays we know that in Mesozoic there were mammals that ate dinosaurs, birds similar to ostriches… So it seems size was not the main issue in order to explain why some animals survive to massive extinction and others not, isn´t? Oxygen, Nemesis theory, … there are many dinosaur’s extinction theories but which is your favorite one? 

According to some scientists, the census of survivors indicates that organisms should be freshwater in habit, ectothermic, small, and non-amniotic to beat whatever the cause of this extinction were. I don't know about cyclicity holds up any longer, but I do think that, when the 10 km diameter bolide hit the earth it was a very bad day for whoever was around.

5) Someday I read that it could be possible some dinosaurs survived massive extinction (not a bird) as far as Eocene or Oligocene era. What do you think about it?

I think it’s very unlikely. Better claims have been made that a few individual non-avian dinosaurs made it briefly into the early Paleocene, but the days of these animals was over at the Cretaceous-Paleocene extinction.

6) We know that some dinosaurs (like Troodon) were really intelligent. Do you think that we can say some dinosaurs were second´s world most intelligent animals in history? Were they more intelligent than monkeys, parrots, crows…? 

Hardly likely, although they were certainly smarter than originally portrayed.

7) Some of your most famous investigations were about Parasaurolophus head and voice. Tell us something about your experience!

I did this research for my master’s degree at the University of Toronto, a wonderful place with a great collection of lambeosaurine skull, one of which is the best preserved of Parasaurolophus. I was very happy (and a bit scared…) to be working on this fine skull and I also got to use some of the physics I learned as an undergraduate to model the potential that the crest of Parasaurolophus and other lambeosaurines were used as vocal resonators.

8) From my point of view there are plenty of politics in paleontology. For example, everyone knows T-Rex but not Giganotosaurus, Diplodocus but not Argentinosaurus. What is your opinion about it? 

Well, there are lots of politics in paleontology, but you should also consider that both Tyrannosaurus and Diplodocus have been known for over a hundred years, while Giganotosaurus and Argentinosaurus have been known for at most 20 years. Give ‘em time!

9) In last years, it has been discovered many fossils of theropods bigger than T-Rex (Spinosaurus, Carcharodontosaurus…). T-Rex was more a myth or a unique dinosaur? 

No, I would say that T. rex was a really dinosaur, but many people have made myths about its functional morphology and paleoecology.

10) What was your opinion about the film when you left cinema after watching Jurassic Park? What is the film’s contribution to people knowledge about dinosaurs? 

It's actually difficult remembering just what we – as the public or as scientists – knew about dinosaurs pre-Jurassic Park. I enjoyed the movie, marveled at the computer animation, and thought that the people were almost unnecessary in most of the plot.

11) In “Terranova” (TV-SERIE), appears some imagined dinosaurs. Jack Horner said that there are plenty of dinosaurs to discover until. What percentage, more or less, do you think that it has been discovered? 

Some scientists have tried to calculate what % of all dinosaurs have been found to-date, but each time they do, their statistics get looser and looser, which I take to mean that we are discovering so many new dinosaurs at such an exceeding rate that the number of total dinosaurs we’ll ever find cannot be calculated. So like Jack Horner, I’m only willing to say that there are plenty more dinosaurs to be found.

12) Some professors have written that species discovered were least. For example, T-Rex, Tarbosaurus… sub-species in a unique spice (like Siberian and Indian tiger?)? 

With dinosaur taxonomy, there are plenty of differences of opinion about what is and what isn’t a different species (or genus, etc.). If someone wants to synonymize Tyrannosaurus and Tarbosaurus, or T. rex and T. Bataar, I’m willing to listen to their arguments, but they would have to be very good arguments, as in all science.

13) Do you think, sincerely, that humans will be able to revive dinosaurs someday?

No, for reasons of evolutionary and developmental biology. The uniqueness of a species also gives uniqueness to its extinction. Once extinct, then it cannot be brought back to life as the same form. It might look like a dinosaur, but it wouldn’t be part of the dinosaur historical entity. That is, if birds are not considered dinosaurs!!!!!

14) In Europe is too difficult to work as paleontologist, especially in Spain. Do you think that it´s easier to work as paleontologist in USA? Was this job your first option in mind? 

It is true that in the US, there appear to be more jobs, although it’s a big place. It all depends on the richness of the dinosaurian fossil record of a particular place and how much the governments and universities are willing to support people who can study this material. In Spain and elsewhere in Europe, there are a number of universities and institutes that do support dinosaur research, which is great.. But for everyone across the globe it’s getting harder and harder to maintain this kind of research.

15) What´s your opinion about Spanish´s paleontology? 

Do you think that Spain is an important country in dinosaurs study? I’m very excited about Spanish dinosaur paleontology!!! There is quite a lot of new fieldwork being done throughout Spain, which is leading to the recognition of new taxa and providing new interpretations of paleoecology, diversity, and paleobiogeography.

16) Last one, what´s your favorite dinosaur?? 

Zalmoxes, an ornithopod recently recognized from the Late Cretaceous of Romania that my colleagues and I got to name and describe.

Thanks Professor for your attention!

viernes, 19 de octubre de 2012

Un bombardeo poco certero.

Toda guerra se caracteriza por ser un cúmulo de calamidades, bando por bando. La Segunda Guerra Mundial no sólo no fue una excepción, sino que fue la más funesta regla. Sin ánimo de dejar el “bando aliado” en esta ocasión sí que debo criticar con fiereza un bombardeo aliado menos conocido que el de la bella ciudad de Dresden: el bombardeo a Munich de 1944. Particularmente, me estoy refiriendo a la cuasi total destrucción del Deutsches Museum, uno de los museos de la ciencia más importantes del Mundo en aquel momento. Que las guerras destruyen patrimonio no es ningún secreto. El saqueo del Museo Arqueológico de Bagdad por tropas americanas está ahí para demostrarlo. Sin embargo, en esta ocasión no sólo se destruyeron importantísimos hallazgos paleontológicos, sino que, además, se cambió la historia de la narración de la vida pasada y, muy especialmente, la mitología de los dinosaurios para siempre.

Nuestra historia comienza en 1910, en el norte de África. El paleontólogo alemán Ernst Stromer, queriendo encontrar mamíferos del Terciario topa con un descubrimiento mayor aún, un yacimiento del período Cretácico. Virtud de sus excavaciones, Stromer halló los primeros fósiles del Aegyptosaurus (un saurópodo, “cuellilargo”), Bahariasaurus (un carnívoro encontrado en el oasis de Baharia, Egipto), del cocodrilo Stomatosuchus (que se alimentaba de pequeños organismos, como las ballenas) y de dos gigantescos dinosaurios terépodos (carnívoros). Los fósiles fueron trasladados a Munich, concretamente al susodicho Deutsches Museum, pero el bombardeo aliado los destrozó, así como al resto del museo. De nada sirvieron las advertencias de Stromer para que salvaguardaran los fósiles ante el peligro. El propio científico perdería dos hijos en el conflicto, mientras que otro fue hecho preso, y luego liberado, por los soviéticos. Todos estos maravillosos fósiles fueron destruidos, y con ellos, el prestigio emergente de África como cuna de los mayores dinosaurios carnívoros conocidos.

Como si de Mickey Mouse se tratara, Tyrannosaurus Rex se convirtió en un producto mediático. El más pavoroso dinosaurio, el orgullo cretácico de USA. La desaparición de los dos grandes carnívoros (Carcharodontosaurus y Spinosaurus) con el bombardeo allanó el camino al saurio tirano rey. Hubo que esperar a tiempos recientes para que los nuevos hallazgos situaran a ambos saurios donde les corresponde, en un estrato superior a Rex. Si bien, todo sea dicho, los hallazgos hechos a principio de los noventa en Argentina, harían ver la luz a otro saurio carnívoro de gran tamaño: Giganotosaurus, también mayor que T-Rex.

Así pues... ¿No es curioso como las guerras condicionan la ciencia? ¿Cómo un bombardeo poco certero es capaz de cambiar toda la narrativa de la historia natural del planeta?

viernes, 5 de noviembre de 2010

Extinguir a un dinosaurio.

Es tradición personal, a la vez que bloggiana, escribir siempre unas líneas para el día de mi cumpleaños. Los mayores vestigios de mi infancia pasada afloran cada cinco de noviembre, ¿qué se le va a hacer?, aunque después de todo... ¿tampoco es tan malo, verdad?. Quienes me conocen no se sorprenderán si escribo un artículo sobre dinosaurios para este día anualmente señalado. Jugando con el título, por más que pasan los años, por más que atacan Romas y Constantinoplas, civiles e hipotecarias, mi pasión por los dinosaurios sigue ahí, viva, sin extinguirse.
“Extinguir a un dinosaurio” sólo puede significar tirar un dinosaurio de plástico a la basura, dirán muchos. El juego de palabras es curioso, ciertamente, y pocos caerán en cómo se puede extinguir algo que ya está extinto. La cosa cambia si creamos un campo semántico en el que colocar “extinción”, “eliminación”... “olvido”. Cambia pero sigue sin ser factible. ¿Alguien cree que puede llegar el hombre a olvidar, a “extinguir” de su pensamiento los dinosaurios? No en genérico, sí en particular, la clase científica oficialista así lo cree.
Recuerdo haberle preguntado a mi padre, cuando aún iba cogido de la mano y andaba a saltitos, si la abuela o la tía habían visto alguna vez un dinosaurio. Por aquél entonces aún pensaba que quizá mis mayores los hubieran visto, pues sus vivencias y años eran parecidos en mi mente. ¡En esas edades, de 4 o 5 años, poco importa hablar de 65 años o de 65 millones de años! Para mi sorpresa mi padre me dijo que no, primera decepción sauriana de mi vida...
No mucho tiempo después empecé a coleccionar la célebre enciclopedia por fascículos: “Dinosaurios”, la obra que, independientemente de donde me lleven los años, más habrá influenciado en mis neuronas. Recuerdo leer en aquellos fascículos historias sobre el “coelofisis” o el “sicosaurus” (como conocía por aquel entonces a Coelophysis y Psittacosaurus), y, cómo no, sobre el Apatosaurus. No hace falta decir que me gustó mucho conocer de ese animal con nombre tan aviar, pese a la gran desilusión de la que fue motivador... mi segunda decepción sauriana.
Como todos los niños nacidos en los ochenta, tuve la ocasión de poder disfrutar de múltiples series de dibujos animados por televisión. Más allá de los Picapiedra (y de Dino), era especialmente aficionado a los Dinoriders, a los “Dinos” (que yo llamaba así, pero que trataban sobre un grupo de dinosaurios mutantes que luchaban contra otros dinos mutantes por el Espacio, Dinosaucers) y, muy especialmente, a la saga de Piecitos, más conocida como “En busca del valle encantado”. En todas estas series tiene un protagonismo especial el Brontosaurus, llamado por mí en aquel entonces, “cuellilargo”. Gran fue la decepción cuando leí que por problemáticas paleontológicas entre científicos americanos (Marsh – Cope, protagonistas de la célebre “Guerra de los huesos”), el Brontosaurus había sido, hacía ya casi un siglo, segunda vez extinto. Efectivamente, el Brontosaurus debió rectificar su nombre a Apatosaurus, por haber sido este segundo animal primeramente hallado.
Mi tercera decepción sauriana ocurrió hace poco, y en cierto modo es “eventual”. Según leí hace poco en el blog “El ojo de Darwin” (recientemente premiado por 20minutos en el concurso 20blogs), tanto Apatosaurus, como el célebre Diplodocus, corren el riesgo de desaparecer, por considerarse, por parte de ciertos científicos, miembros de una misma especie con el abominable nombre de Amphicoelias brontodiplodocus. En definitiva, para no liar más “la troca”, resulta que científicamente el Brontosaurio jamás existió, y en breve es posible que dejan de haberlo hecho Apatosaurus o Diplodocus. Estas pequeñas cosas hacen a uno reflexionar, y dejan a la luz pequeñas lacras de nuestra cultura. Los convencionalismos limitan la imaginación y la expresividad, pero, sin normas, el Mundo sería total anarquía. ¿Dónde están los límites?
Es evidente la dualidad que en todos nosotros descansa. Todos tenemos un ser real y uno imaginado. Uno nos hace vernos como los mejores del Mundo, otro nos dice nuestros defectos; uno nos dice que somos muy listos, otro que no sabemos según qué cosas; uno piensa en brontosaurios, otro sabe que el nombre, a día de hoy, es Apatosaurus. Me pregunto qué es más identificativo de una persona, si lo que es o lo que imagina. Uno es más lo que piensa en su interior o lo que deja ver hacia fuera. Y bien pensado, ¿no es cierto que, a veces, la mezcla de nuestra dualidad interna es tal que no nos deja distinguir entre lo ideado y lo real? ¡Cámbien de nombre al brontosaurio! Para nosotros siempre seguirá siendo el Dino de los Picapiedra! Estamos sujetos a unas normas, indispensables para la paz social, pero, internamente, ¡somos doblemente libres y auténticos! ¡Vivan los dinos, especialmente en mi día de cumpleaños! ;-)
El artículo de la controversía: Galiano, H., & Albersdörfer, R. 2010. A new basal diplodocid species, Amphicoelias brontodiplodocus from the Morrison Formation, Big Horn Basin, Wyoming, with a taxonomic reevaluation of Diplodocus, Apatosaurus and other genera. Dinosauria International (Ten Sleep, NY) Report for Sept., 2010, p 1-41, figures 1-33. (haz click aquí para ver).
2) Allosaurus vs. Barosaurus with baby

jueves, 9 de septiembre de 2010

¡Bienvenido Don Pepito!

Cada cual tiene unos sueños para su país. Algunos anhelan la plena legalización de las drogas, el establecimiento del mayor parque de atracciones mundial o el nudismo obligatorio, otros sueñan con un país dirigido sólo por las mujeres, mientras que hay quien opina que su Estado sería mejor si fuera una potencia nuclear. Uno de mis mayores sueños, bien sabido por quienes me conocen, es que España algún día se convierta en una superpotencia en lo que a dinosaurios se refiere, y según parece, va camino de ello.
Con el hermetismo que caracteriza a todo lo universitario, tras siete años, ha sido presentado a los medios el Concavenator Corcovatus, el terrorífico superdepredador de la Hispania mesozoica. Con sus 6 metros de largo, “Pepito”, pues así es conocido coloquialmente, es un miembro de la familia de los carnosaurios, concretamente, de la de los carcharodontosáuridos (o dinosaurios con dientes de tiburón).
Lo más característico de este curioso espécimen es su joroba. Sin llegar a ser una vela dorsal, como en el caso de Spinosaurus o del pelicosaurio (que no dinosaurio) Dimetrodon, la joroba del Concavenator es un gran misterio. Existen quienes opinan que bien pudiera haber servido como termorregulador (de forma análoga a como lo hicieran las velas, parece ser, de los anteriores reptiles citados, o las orejas del elefante africano), si bien hay también quienes ven en ella un almacén de grasa (como los camellos y dromedarios) o, incluso, un signo distintivo. Junto a esta joroba destaca el descubrimiento de una serie de bultos en la úlna (cúbito, gracias a la aclaración hecha por Jorge W. Moreno-Bernal) que sirven de inserción a las plumas de mayor tamaño) en los antebrazos del animal (tal y como se ha descubierto en reptiles estrictamente más avianos, como el Velociraptor).
El descubrimiento se ha realizado en Las Hoyas (Cuenca), lugar donde también se encontraron los restos del Iberomesornis y del Pelecanimimus (el único ornitomimosaurio (dinosaurio avestruz) hallado en Europa). Como no podía ser de otra forma en España, la presentación de “Pepito” ha coincidido con el anuncio de una gran inversión para la construcción de un centro de investigación de los dinosaurios en Cuenca (existiendo ya una institución “equivalente” en Teruel, Dinópolis, y a pocos meses de unas elecciones...). Si algo ha cambiado es que el fósil (el más completo de un dinosaurio encontrado en España) se podrá visitar, según parece, en el Museo de Ciencias Naturales de Cuenca.
Veamos en qué queda el compromiso de la Administración con el nuevo centro, y si podremos ver el fósil junto a otros en un museo atractivo. Por el momento hay muchas especulaciones, pero, al menos, “Pepito” ha alegrado el día a muchos, que en estos tiempos ya se necesitaba...
* Ilustración: "Dinosaurs, the end", ilustración de Ivan Salio. Concavenator estaba emparentado con el Carcharodontosaurus, especie representado en la imagen.

sábado, 22 de mayo de 2010

Los huesos de la política

Les propongo un experimento irrealizable. Imagínense que sus hijos desconocen qué es un dinosaurio (quizá el experimento pueda realizarse, aún hoy en día, con los abuelos), y llévenlos a un museo de paleontología, que, a poder ser, no sea el de Londres o cualquiera de los norteamericanos. Verán, o “verían” (pues dijimos que es un experimento imposible), que sus hijos no reparan excesivamente en los fémures o costillares, aun siendo de gran tamaño, de estos grandes reptiles. Sencillamente, les acontecerán fósiles (o “piedras”, mejor dicho en situación) sin mayor significación, meros huesos poco diferentes a los pollo que comieron el pasado domingo... Los fósiles, tal vez al igual que los cuadros o los minerales, son materia exhibible que requieren de un cierto “trasfondo social”, una cierta “preparación educativa”, para poder ser gozados. Ello es menos difícil con una momia o un esqueleto de tiranosaurio que con un “Memorial Democràtic”, obviamente, y en casos como en los dos primeros, dicho “trasfondo” se presume, y en verdad, existe intensamente. Este “trasfondo”, a la vez que indispensable, no deja de ser manipulable. Un política eficaz puede llegar a vestir un resto científico en un objeto de culto, sea la tumba de un ladrón (convertido en héroe) o los dientes de un terépodo (alzado a la consideración de mayor carnívoro que jamás haya existido).
Como alguno no habrá dejado de entrever, más aún viendo las ilustraciones de este artículo, este texto va sobre dinosaurios. Efectivamente, los fósiles de estos, por lo general, grandes seres, han hecho manar las fuentes de nuestra imaginación como pocas cosas antes. No en poca medida, fueron los grandes responsables de que los dragones aparecieran con tanto “poder seductor” en nuestra mitología (y en las del resto del globo, destacando la china), además de haber servido para enervar los egos nacionales y el chovinismo científico. Sí, los saurios también han sido politizados... Tarbosaurus bataar, aparentemente el nombre científico de otra especie más de dinosaurio. Algo comienza a cambiar al conocer la etimología del término (“reptil alarmante”), “transmutando” totalmente, o eso espero, la imagen que tenemos de este ser una vez leído lo siguiente. Tarbosaurus está considerado como el pariente más cercano del célebre tiranosaurio. Sus fósiles, considerablemente abundantes, decoran las salas de los museos de Varsovia, Moscú... e incluso del ComoCaixa de Madrid, en unos meses también en el de Barcelona. En todo es sumamente similar a su “primo”... sólo que, en todo, siempre es “algo menor”.

Los estrechos lazos que unen a ambas especies han hecho dudar a los paleontólogos de si, en verdad, se trataba, o no, de una sola especie. Para más “morbo”, en 1955, un paleontólogo soviético (E. A. Maleev) atribuyó a unos fósiles hallados en Mongolia el nombre de Tyrannosaurus bataar, actual Tarbosaurus. Justo cuando las tesis de los científicos de EEUU imperan, se ha descubierto en China el diminuto Raptorex, antepasado de ambos, a la vez nombrado con una conjunción de los dos saurios más “mediáticos” de la historia humana: T-Rex y Velociraptor... No deja de ser curioso que en plena hegemonía incipiente de China (predestinada a ser la potencia hegemónica del siglo XXI), se descubra que la gran familia de los tiranosáuridos procede del gigante mandarín, o lo que es lo mismo, “T. Rex tenía ojos rasgados”, eso sí, dicho en tono totalmente jocoso. Efectivamente, estoy “jugando” con las diferentes secuencias de datos científicos, paleontológicos, y políticos, lo hago expresamente. Más allá de esta curiosa dicotomía existen otros muchos casos donde la “historia humana” ha influenciado decisivamente en nuestra percepción de la “historia natural”.

Quizá junto con todo lo referente a la antigua Yugoslavia, el otro tema “tabú” en Occidente sean las pérdidas, evitables, producidas por los excesivos bombardeos al enemigo alemán, por entonces “ya vencido”, y no sólo en civiles, sino también en buena parte del patrimonio cultural de la antigua Europa (destacar los graves daños producidos en el Deutsches Museum de Múnich, por ejemplo). En una de estas operaciones, restos que situaban a Spinosaurus como el carnívoro terrestre más grande de todos los tiempos fueron destruidos, el cetro del T-Rex fue garantizado por muchos lustros gracias a ello. Circunstancias de la historia, que no sólo dieron la hegemonía a EEUU en lo político, sino también en lo “paleontológico”. Un último episodio, y no por ello el menos interesante, tiene a Argentina por escenario.

Aún hoy en día, todo el Globo reconoce al Stegosaurus, al Triceratops, al Diplodocus o al Tiranosaurio como los dinosaurios “más famosos”, con permiso del Velociraptor (único del club, hallado fuera de EEUU). Pocos saben que en “ese país” tan grande como mal administrado, tan culto como explotado, tan rico como manipulado, habitaron el herbívoro más grande de todos los tiempos (Argentinosaurus), y uno de los carnívoros más grandes, mayor que T.Rex, y en “lucha” con Spinosaurus, Giganotosaurus. Mismamente curioso es que tanto Spinosaurus como Carcharodontosaurus (otro de los primos “mayores” al Rex) procedan de países musulmanes o que los mayores descubrimientos paleontológicos de los últimos tiempos procedan, cuasi en su totalidad, de China.

La paleontología es una ciencia menor, de gran relevancia mediática. Los acontecimientos histórico-políticos tienen gran influencia en todos los ámbitos, incluidos los dinosaurios. Manipulación, o simple amor chovinista por lo propio, lo cierto es que cada lugar ha intentado defender a su “gran carnívoro” como el mayor de todos los tiempos. ¿Sabían, por ejemplo, que los mayores descubrimientos recientes en España... proceden de Teruel, aquella provincia que “sí, existe”? Todo en el Mundo está politizado, desde el primer instante en que pasa por los medios. Un ejemplo tan “freak” como este suena a chiste, a parodia o derrinche de puro odio hacia los sentimientos de superioridad que los grupos humanos tienden a experimentar frente al resto, pero no por ello, deja de ser menos significativo...

Primera foto: Imagen de Dresden (quizá el bombardeo aliado más polémico de toda la 2ª Guerra Mundial). Autor: Patrick Hesse from Dresden, Germany (Este archivo se encuentra bajo la licencia Creative Commons Genérica de Atribución/Compartir-Igual 2.0.) Segunda imagen: reproducción de Tarbosaurus bataar de Mineo Shiraishi Tercera imagen: Spinosaurus, considerado el mayor carnívoro terrestre de todos los tiempos. drawn by Frederik Spindler. Image taken from www.dinosauromorpha.de

miércoles, 20 de enero de 2010

El "show" de las especies.

Recién acabado el “año Darwin”, en el que tanto se ha honrado al eventual “descubridor” de la teoría de la evolución de las especies, quizá sea momento de hacer balance, reflexiones en torno a conceptos más controvertidos de lo que, muy apriorísticamente, pudieran parecernos. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, una especie es:
Cada uno de los grupos en que se dividen los géneros y que se componen de individuos que, además de los caracteres genéricos, tienen en común otros caracteres por los cuales se asemejan entre sí y se distinguen de los de las demás especies. La especie se subdivide a veces en variedades o razas”.

No es necesario decir que de esta definición no se extraen conclusiones definitivas, y que, de la lectura del texto, no se deprende más que el hecho de que “clasificar” es una actividad inherente al ser humano, necesaria, “logísticamente”, para el funcionamiento de sus teorías y demás quehaceres intelectuales. La “norma” comúnmente aceptada los dice que dos individuos son de una diferente especie cuando son incapaces de tener descendencia fértil entre sí (ejemplos clave son el burro y la yegua, o el tigre y el león, ambos pueden tener una mula o un “ligre”, sólo que este individuo no será fértil). Existen casos “más dudosos”. El chiguagua y el San Bernardo son “razas” de una misma “especie”... ¡pero difícilmente conseguirá nadie aparearlos! Un caso muy curioso es el que sucede con los dinosaurios.

Sí, efectivamente... debo reconocer que existe una especie de dinosaurio a la que le tengo manía, se trata del Einosaurus. Esta especie de dinosaurio ceratópsido se asemeja al célebre Triceratops, sólo que con un sólo cuerno, no tres, hacía bajo, en vez del pavoroso puñal erecto de su pariente. Recuerdo cómo un día, cuando aún no tenía la decena de años siquiera, mi padre me sorprendió leyendo mi nuevo fascículo de “Dinosaurios”, la célebre colección de Planeta Agostini. La verdad es que, lo que no había conseguido aún en edad sí lo estaba alcanzado en pasión por los dinos, y la legendaria enciclopedia ya comenzaba a aproximarse a los diez tomos. A mi padre se le ocurrió decirme que no podían existir “tantas” especies de dinosaurios, que seguramente algunas estaban inventadas. Como todo dinófilo aficionado ni hice caso de su comentario, pero me acuerdo perfectamente de que, delante mío, en aquel fascículo, estaba el Einosaurus. Su cuerno en forma de garra de Velociraptor me hizo sospechar, fruto de ese “aroma de veracidad” que en esos años de infante, a todos nos irradian nuestros padres.

No fue hasta las postrimerías del pasado año que leí un interesantísimo artículo de mi buen amigo Dinorider, donde se reseña un artículo de National Geographic en el que se hace mención de los 10 descubrimientos paleontológicos más interesantes de 2009. Entre todos ellos me llamó, y mucho, la atención el tercero de ellos: al parecer, un tercio de las especies de dinosaurio que conocemos... ¡jamás existieron! Al leer aquello me vino a la cabeza el “día del Einosaurus” y el comentario de mi padre, “aquel hombre tenía razón...” díjose mi cerebro... A decir verdad, no fue demasiado extraño constatar que el principal implicado en esta farsa es el Tyrannosaurus Rex, ¿quién si no?

Es comúnmente sabido, sobretodo en el “freaki-universo paleontológico” que el Tiranosaurio no fue, de ninguna de las maneras, el dinosaurio carnívoro (terépodo) más grande de todos los tiempos. Tres especies (Giganotosaurus, Carcharodontosaurus y Spinosaurus) le arrebataron este “mérito”, ya hace un tiempo. Quizá, o mejor dicho, sin lugar a dudas, lo menos conocido de esta especie es su “instrumentalización política” por parte de los medios de EEUU, me explico. Aún, hoy en día, en los libros de dinosaurios de divulgación actuales (que no actualizados) se afirma que el Tiranosaurio fue el mayor carnívoro de todos los tiempos (obviando al cachalote actual...) y que, ante todo, vivió en EEUU, y Canadá... Si uno se interesa más por estos seres, se dará cuenta de que el Tiranosaurio tuvo todo una “corte” de parientes de menor tamaño (Daspletosaurus, Albertosaurus...), y, ante todo, primos menores que vivieron “en otros lugares”, véase el Tarbosaurus (gran depredador de las Mongolia y China de finales del Cretáceo).

Investigaciones actuales han demostrado que buena parte de las especies de dinosaurio conocidas, un tercio aproximadamente, no fueron tales, sino individuos jóvenes de las mismas. Así, especies como el Nanotyrannus han tenido la “deshonra” de tener que ser “degradados” a adolescentes especímenes de Tiranosaurio (adiós a las tesis que afirmaban que éstos eran parte de una especie menor, especializada en comerse la carroña de sus “primos” de mayor tamaño).

Especies según conviene. El término “especie” es un convencionalismo, como toda palabra humana. Así pues, si el lenguaje es convención, ¿es todo manipulable? ¿Llega la política, incluso, a estos derroteros? Einosaurus, al parecer, sí resulta ser una especie diferenciada... ¿ven el por qué le tengo manía?

Imágenes: Einosaurus y Nanotyrannus, de http://www005.upp.so-net.ne.jp/JurassicGallery/

sábado, 5 de diciembre de 2009

Sincronía y anacronía

Ya hace algunos años, tuve la suerte de recibir magisterio de un sabio clásico de nuestros días. El profesor Miquel, gran conocedor del Derecho romano (y mil y una otras ciencias) era un “maniático” de la estructura, un divulgador consumado empeñado en hacernos ver, comprender, la importancia de tener en cuenta, en todo estudio que se precie, conceptos tales como sistema y sistemática, o anacronía y sincronía. Recuerdo que nos recomendó un libro: “Cartas a la antigua China” de Herbert Rosendorfer (Acantilado, 2004). Escrito por un juez alemán, amigo suyo, nos ponía las peripecias del personaje chino como ejemplo de la importancia de tener siempre en cuenta, las relaciones “en un mismo tiempo” y “en diferentes tiempos”. Así, para el gracioso oriental de la obra es difícil comprender la utilidad de cosas como el wáter o el paraguas, mientras que, por otra parte, es muy elevada su predisposición hacia el esoterismo, ritos y leyendas. La reflexión no es baladí, y es de extrema utilidad si intentamos buscar un concepto abstracto de “justo”, “bueno” o “bello”.

Cierto es que utilizar estos parámetros nos condena al relativismo. Todo sentimiento, sensación, opinión o reflexión siempre está en relación con una variable indeterminada (el tiempo al que en cada estudio, o reflexión, nos refiramos). Este obstáculo ha hecho que siempre busquemos la solución en unos ideales superiores, la Religión, rechazando toda muestra que nos remita a algo etéreo, impreciso, mundano. Centrémonos en qué es "lo bello" (lo que gusta, lo atractivo), o al menos, qué creo yo que por ello debemos entender.

Una lectura inexcusable, para todo aquél que se inicie en la historia crítica del arte, es “La Historia del Arte” de E.H. Gombrich. Ya en sus primeras páginas, el irrepetible autor nos hace una pertinente reflexión, en voz tan alta, como adecuada. Gombrich compara la “belleza” de dos pinturas proverbiales: la liebre de Durero y el elefante de Rembrandt (ambos en pantalla). Serán legión quienes consideren más lograda la representación del alemán, ni tan si quiera fuere por el color. Sin embargo, si tenemos en consideración los medios, no sólo en el tiempo, veremos que el elefante de Rembrandt es una obra atribuible sólo a un genio (dado que, única y exclusivamente, utilizó un carboncillo, siendo capaz de transmitir la sensación de rugosidad de la piel del animal). Gombrich insiste en no centrarse sólo en el análisis temporal (medios del momento), sino que también debe mirarse el mensaje del autor. Ciertamente, lo aparentemente "simple" debe ser juzgado desde diferentes criterios, valga aquí lo dicho para el elefante de Rembrandt. Primera conclusión que me viene a la cabeza: lo "bello", o más bello, no es, necesariamente, aquello que se ve a primera vista.

Volviendo al análisis de los tiempos, miremos el parámetro de la anacronía, no en el "tiempo", sino en el tiempo de vida de una persona determinada. Me explico. Para mí, como para tantos otros, en mi infancia lo más "bello", y desde luego interesante, eran los animales, y en mi caso muy especialmente, los dinosaurios. Por contra de lo que mis familiares, profesores, foráneos... pudieran pensar, mi afición no acabó con los primeros pelos pélvicos, ni tampoco con la primera vuelta con carnet, ni al terminar la Licenciatura. Los dinosaurios han seguido siendo "bellos" e "interesantes", no tan sólo por méritos de la materia, sino por haber sabido resistir, por mi parte (medallas a un lado), los envites de la "conveniencia de la edad", aquella que afirma que los saurios son para los niños. Sin embargo, aquí caigo en una contradicción, en relación con lo que, en breve, dejará de haber no sido dicho.

Cuando uno es pequeño lo extraño es bello, lo grande soberbio, lo enigmático... sublime. Conforme uno va madurando, y dándose cuenta de la banalidad y de la naturaleza terrena de múltiples aspectos del objeto de análisis la idea comienza a cambiar. Segunda reflexión: con la edad lo "bello se transforma, cambia en función de nuestro años, salvo casos raros (véase yo y los dinosaurios)". Ello es cierto "en nuestros tiempos", en relación con "los de nuestro tiempo", pero, creo yo, también con "los tiempos pretéritos". Déjenme realizar una última reflexión personal, que nos conducirá a mi última conclusión.



Dinosaurios, Velázquez, Bach. Efectivamente, tal y como he dicho, y saben quienes me conocen, en mi vida primero fueron los animales y dinosaurios, luego, no hace tanto, me empezó a interesar la pintura, muy especialmente el Barroco (estilo al que dicen que pertenecen mis textos en alguna ocasión... ;-), por último, actualmente, poco a poco me voy inmiscuyendo en el mundo de la música clásica y la filosofía. ¿Anacronía en la vida? ¿A cada edad un gusto?

Un contundente ejemplo es el siguiente. Cuando uno empieza a desarrollar su interés sexual, es bastante normal que los niños se fijen en los incipientes pechos de sus compañeras, o los más consolidados, de sus profesoras. Conforme pasa la pubertad, cada vez nos vamos fijando más en la cintura, en las curvas, y, cosa curiosa, en los glúteos. Sí, en un principio el bebe mamó, el niño se interesó, y el maduro... ¡cada cuál sabe qué pasó!

Última conclusión: lo "bello" depende de la edad de cada uno (sincronía-anacronía vital) y del tiempo y el momento, aunque con constantes universales (véanse fragmentos del Decamerón, el romance de la dama y el doncel y múltiples poesías del Amor Cortés, frente al erotismo de las revistas para adultos y el cine, ¡tampoco hay, ciertamente, tanta diferencia en el fondo!).

Perdónenme la paranoia bloggiana pero... ¿acaso "lo bello" no se ve influenciado por lo dicho? ¿Saber ver, y conservar, "lo bello" en diferentes tiempos históricos, y en el propio camino de la vida, no nos ayuda a desarrollar nuestro intelecto, a ser más "sabios?.

Tercera imagen: http://www1.inf.tu-dresden.de/~s7548627/pics/gallery/rhabdo.jpg

sábado, 9 de mayo de 2009

El nombre de Padre

Los conceptos de padre y madre e hijo no son conceptos naturales sino culturales. El concepto natural es el de progenitor y el de procreado; el concepto jurídico-cultural, en cambio, es el de padre y madre y el de hijo. Así como la realidad biológica (y, por tanto, los conceptos de progenitor y procreado) es un prius para el Derecho, así la relación jurídica de filiación (y, por tanto, los conceptos de padre e hijo) es un posterius para el Derecho: el ordenamiento jurídico no los recibe, sino que los construye. Ser padre y ser hijo no es una realidad biológica (o no sólo, o no necesariamente) sino una cualidad jurídica que normalmente se basa en el hecho natural (ahora jurídico) de la generación”.

LÓPEZ LÓPEZ, MONTÉS PENADÉS, ROCA TRÍAS, “La filiación como hecho, relación jurídica y estado: Verdad biológica y ordenación de la filiación” en Derecho de Familia, Valencia, Tirant lo Blanch, 1997.

Durante la confección de uno de mis temas para la Oposición, me topé con este genial fragmento de la obra arriba referenciada. La oposición entre el "concepto natural" de progenitor-procreado y el "jurídico cultural" de padre, madre e hijo, no podía ser, a mi modo de ver, más adecuada. Esta abstracción de la más primordial de las relaciones humanas (la de padre e hijo) no deja de ser una consecuencia obligatoria de la actual desvinculación de la familia de la sangre. Esta disociación es una de las mayores muestras de humanidad, y el presupuesto lógico e inexcusable por el que estar abiertos a la adopción y poder considerar a ésta como una filiación "a imitación de la naturaleza" productora de unos mismos efectos jurídico-culturales. La desvinculación de familia y sangre se ha consolidado en los últimos tiempos. De hecho, sólo hace falta ver la agria polémica existente durante la época de la Codificación sobre la admisibilidad, o no, de la adopción.

Siguiendo lo que en su día me explicó mi estimado Maestro Miquel, durante la redacción del Código Civil francés (Code), Napoleón Bonaparte protagonizó una de las discusiones más célebres. Según él, quien estaba muy interesado en el asunto por ser estéril, la filiación adoptiva debía tener los mismos efectos que la natural, siendo, si acaso, más digna en el sentido de que la adopción viene oficializada por la autoridad ("viene de lo alto, como el rayo" dijo el primer cónsul). No obstante, de poco sirvió su tenaz defensa, pues el Código francés, de forma parecida a como lo haría después el español, sólo reguló la adopción a efectos de permitir la búsqueda de alguien que ocupara la posición de heredero (limitándose a los mayores de edad..., de forma "equivalente" a como se hiciera en la antigua Roma).

Dicho lo dicho, la oposición a la que ya hemos hecho referencia es una muestra de lo estricta y cualitativamente humano. Más allá de las canciones de guardería y las expresiones de los infantes, no existen ni "Papá Gallo", ni "Mamá Gallina", el concepto de padre-madre es humano, y el de progenitor estrictamente biológico, o mejor dicho, genético. En el resto de seres vivos, complejos, que cuidan de su prole se manifiesta el concepto biológico de "cuidado parental"1, o lo que es lo mismo, el conjunto de recursos (temporales, energéticos...) que los "progenitores" (que no padres) invierten en el cuidado de su prole.

Una idea debe quedar clara: "el coito nunca genera derechos, sólo, y bajo ciertos requisitos, obligaciones, y quién sabe si después, algún que otro derecho...". En el caso de los animales la recompensa está clara, la perpetuación de la especie. Para los humanos, al ser un concepto diferente, el ser "padre" dota al progenitor biológico de una posición "sui generis", sólo inteligible si tenemos en cuenta nuestra vertiente "cultural". Siendo consciente de la osadía que ello comporta, me atrevería a definir al padre como aquel“ sujeto que se lleva con el “hijo” un mínimo igual a la edad de madurez sexual, que le sirve de guía (ejemplo) y le cuida, procura alimentos sin contraprestación ninguna, ni ánimo de ella”.

No debemos olvidar que el surgimiento del "cuidado parental" como estrategia por la que vencer en la Selección natural es uno de los hitos zoológicos más importantes de la historia. Con cuasi total seguridad, puede decirse que el cuidado parental experimentó un auge en diversas especies durante el Mesozoico. No tanto por tener remotos parientes comunes (reptilianos), como quizá, también, por pautas evolutivas convergentes, las especies que posteriormente desembocarían en los actuales mamíferos y aves lo practicaron con especial ahinco.

Los dinosaurios, sólo hace falta ver los diversos fósiles que se han encontrado de "progenitores" (que no padres) junto a sus crías, fueron de los primeros en practicarlo, ayudando con ello a que un mayor número de sus descendientes pudieran medrar y perpetuar su preciado código genético. Efectivamente, el más bonito "sentimiento" tiene su origen, dirá Dawkins, en el "egoísmo" de salvaguardar la propia especie (claro que los dinosaurios, al igual que el resto de animales, no debieron sentir sentimientos, sí necesidades derivadas de la inercia evolutiva).

En definitiva, la clave que diferencia la "familia humana" de los animales y su prole es la desvinculación entre la sangre y las crías. Sin embargo, tanto en un caso como en el otro, el sexo no está ligado única y exclusivamente a la procreación. ¿Coitos en busca del placer? Las bestias son especialistas en ello, y ciertamente, se dan circunstancias curiosas en varias especies (que no pueden hacernos más que sonrojar). Algunos ejemplos, que debieran ser tratados en otros posts: las infidelidades de los pingüinos, los "métodos de resolución de conflicto" entre los bonobos o el falso pene de la hiena (ya analizado en el siguiente post: "Las hienas y sus contradicciones").

1 De forma más técnica, se define como cuidado Parental, cualquier forma de interacción post-parto o post-puesta (aunque en la actualidad existen autores que también incluyen la preparación del nido), por parte de los progenitores, que aumente las probabilidades de eclosión y/o supervivencia (y por consiguiente también de reproducción) de la prole, con coste de tipo alguno para los individuos ascendentes. Relacionados íntimamente con el concepto de cuidado Parental, encontramos ya en la misma definición el termino Coste , entendiendo por este, cualquier descenso en las posibilidades de supervivencia y/o reproducción del individuo Parental a cargo de la puesta, ya sea por un aumento de las posibilidades de ser depredado, o la disminución del tiempo disponible para la propia nutrición. Y este a su vez con los de Esfuerzo Parental , como el tiempo y energía invertido en los cuidados del grueso de la futura prole, y el de Inversión Parental , referido a la parte proporcional invertida en cada uno de los descendientes.

Fuente: http://www.faunaexotica.net/articulos/cuidado-parental-de-reptiles.htm

Imágenes:

1) Cornelis van Haarlem - "De eerste familie"

2) Fabio Pastori - Oviraptor cuidando sus huevos, mientras un Protoceratops y un Velociraptor luchan en lo que hoy es el desierto de Gobi (Mongolia). http://www.fabiopastori.it/default.asp

tante grazie Fabio!

sábado, 18 de abril de 2009

Una garra entre la arcilla; honra, mérito y propiedad intelectual.

Buena parte de los grandes descubrimientos paleontológicos de la historia son producto de la más trivial casualidad; como ejemplo paradigmático me viene a la cabeza Baryonyx walkeri (uno de los más célebres terépodos del Cretácico Inferior europeo). Corría el año 1983 cuando, William Walker, aficionado a los fósiles, yendo de paseo por el Condado inglés de Surrey, se encontró lo que parecía ser una garra que sobresalía de entre la arcilla. Una vez avisados los científicos del Museo de Historia Natural de Londres, se procedió a su excavación, encontrándose uno de los fósiles más célebres de cuántos existen en el Mundo. Lo que muchos paleontólogos, amantes e investigadores de la fauna del Mesozoico no habrán conseguido en toda su vida, pudo este buen hombre realizar, sin mayor mérito que el de haber paseado por un lugar, en un tiempo oportuno.

Un gran divulgador científico, como es John Gribbin, se refirió a Copérnico, Vesalio, Darwin y Wallace, como a genios (aunque no siempre lo sean) que no son, por nada en el mundo, “insustituibles”. Explica tan afamado autor que “el progreso científico se construye paso a paso y, cuando llega el momento oportuno, como muestra el ejemplo de Darwin y Wallace, dos o más individuos, cada uno por su lado, pueden dar el paso siguiente. Es la suerte o un accidente histórico lo que decide cuál de ellos será recordado como descubridor de un fenómeno y pasará con un nombre a la posterioridad”. Nada que objetar. Permítanme dar un enfoque “jurídico” al asunto.

Díez Picazo y Gullón Ballesteros recogen excelentemente el fundamento y la legitimidad del derecho de propiedad intelectual. Muy genéricamente, debemos distinguir tres posiciones:

- Una “teoría negativa” que opina que al pensamiento humano, como inmaterial que es, le faltan las condiciones técnicas necesarias para poder ser considerado como objeto de apropiación. Por otra parte, se afirmará que las obras del ingenio humano no son, en rigor, nunca obras de carácter individual, sino creaciones de la comunidad.

– Otra que admite y defiende la propiedad intelectual como derecho estrictamente individual; la propiedad intelectual, se dice, se funda en una consideración económica: la de la necesidad de procurar al autor un lucro remunerador de su trabajo, y en una consideración estrictamente jurídica: la de ser las producciones de la inteligencia una derivación y una emanación de la personalidad humana, y ser justo, por ende, que pertenezcan al autor en virtud del acto de creación espiritual.

– En tercer, y último lugar, una tercera dirección de carácter ecléctico e intermedio que admite el derecho individual del autor sobre la obra del ingenio, pero sólo de un modo limitado y temporal, a fin de hacer posible que la sociedad, que facilitó al autor los medios que a éste sirvieron de base para la creación de la obra, tenga en ella una cierta participación.

No cabe duda de que nos encontramos ante dos posibles posiciones-concepciones, obviando la tercera (mera transacción, por lo demás “ilógica”, entre los dos extremos) para un mismo fenómeno. ¿Quién tuvo mayor mérito en el hallazgo de Baryonyx, el bueno de Walker, los científicos del Museo de Historia Natural de Londres, el primer Homo sapiens sapiens que supo diferenciar de la tierra el hueso, o todo el progreso científico e intelectual que nos ha llevado, al estado de la ciencia, a saber distinguir un dinosaurio (fósil real) de un dragón (leyenda imaginaria)? Disculpen estos cambios de contexto y de paradigma… ¡pero la reflexión no deja de ser, preocupantemente curiosa! Darwin es un caso ejemplar que nos servirá para una nueva reflexión.

Una vez nos hemos decantado “un tanto” por la primera de las tres posiciones respecto a la propiedad intelectual, debemos de decir que existen inexcusables, e imprescindibles, condicionantes que otorgan el “derecho estrictamente individual” al que se refiere la segunda teoría. Charles Darwin pertenece al selecto grupo de los “sacerdotes desertores”. Su privilegiada posición económica, y el momento histórico (Imperio Inglés) en que le tocó vivir, hicieron que pudiera publicar un libro revolucionario (“El Origen de las Especies”) conteniendo pensamientos, en ocasiones poco más desarrollados, pensados por otros primero (o en el caso de Wallace, al mismo tiempo). Obviamente, el anglosajón Darwin es más conocido que el checo Mendel (padre de la genética). No por ser más meritoria su trayectoria… ¡sino por haber “gastado” paradigma y situación más proclives! Nueva idea que se me ocurre traer a colación: el dinero condiciona el mérito.

Quizá fuera un buen momento para defender a los romanos y a su concepto de “honra”. Relacionado con ello, el mayor jurista de todos los tiempos, Caspar Rudolf von Ihering, afirmó que “el trabajo intelectual no era considerado trabajo, por estimarse que no exige esfuerzo ni sufrimiento, que no fatiga al hombre y que no confiere derecho para reclamar un salario”. Quizá sea ésta una solución muy extremista, pero no cabe duda de que siempre deberemos tener presente, no sólo los méritos personales de que por nuestra mente se pasara, por acción del “Caos condicionado”, una idea genial, sino también la realidad de que todo esto ha sido condicionado por un pasado, de esfuerzo colectivo, que dota al eventual “estado de la ciencia” de una eterna dinámica de pasado, presente y futuro.

Primera imagen: ilustración de Luis Rey (http://www.luisrey.ndtilda.co.uk/html/bary256.htm)

Segunda imagen: First published in Fun, Nov 1872. Original caption: That Troubles Our Monkey Again - female descendant of Marine Ascidian: "Darwin, say what you like about man; but I wish you would leave my emotions alone".

Cita de Gribbin: Gribbin, John (2005). Historia de la ciencia, 1543-2001. Barcelona: Crítica.

lunes, 6 de abril de 2009

Oda al hadrosaurio, el último dinosaurio...

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".
Augusto Monterroso
En todo lo científico, y por ende, empírico, existen factores que distorsionan el cómo recibimos aquello que nuestros sentidos perciben (o en su defecto, interpretamos con nuestra habilidad de abstracción, véase imaginación). Quizá los más notorios de todos estos factores sean: el afán de originalidad y la fijación en aquellos modelos más sensacionalistas. Así, es extraño que alguna cultura a lo largo de la historia haya visto representado en su mente, sea individual o social, en el hallazgo de un fósil de dinosaurio, un ser bondadoso, o equivalente, a los que pueblan su medio ambiente. Nada más lejos de la realidad. No será ésta la primera vez que hablamos sobre cómo se ha centrado el saber “sauriano” popular en especies como el Tyrannosaurus, menospreciándose al resto.
Dentro del “grupo” de los dinosaurios, sin lugar a dudas, los hadrosaurios (o dinosaurios pico de pato) han sido, de siempre, los peor considerados. En nuestros “bestiarios” siempre los hemos representado como los “ñúes del Mesozoico”, carne fácil para los terépodos depredadores. Sin embargo, no sólo los hadrosaurios, sino todos los ornitópodos en general, están "lavando" su imagen virtud de los últimos hallazgos.
En el 2002 tuvo lugar uno de los hallazgos paleontológicos más inquietantes de todos los tiempos. En Nueva México (EEUU), yacimiento de Ojo Álamo (1), científicos americanos encontraron restos de hadrosaurios, presumiblemente pertenecientes al Paleoceno, o lo que es lo mismo, el primero de los periodos en los que se divide el Terciario. Según este hallazgo, cuestionado por no pocos científicos, los dinosaurios sobrevivieron a la "extinción masiva" de hace 65 millones de años para morir algunos, pocos, millones de años después...
Corythosaurus, Edmontosaurus, Hypacrosaurus, Kritosaurus (en la imagen) o el legendario Parasaurolophus son algunos de los miembros de este basto linaje de gigantes herbívoros. Sus orígenes se remontan, presumiblemente, a los dinosaurios afines a Iguanodon, siendo el Cretácico superior (convencionalmente, el último periodo de los dinosaurios), la época de mayor esplendor de esta variopinta dinastía. Especies como Anatotitan nos demuestran que se trataba de seres capaces de habitar los ecosistemas más diversos, desde ciénagas, selvas, pasando por sabanas o climas semiáridos. Precisamente, este último género citado se cree que fue capaz de alimentarse en pantanos y ciénagas, siendo estos lugares, a su vez, sus refugios en caso de peligro. Más allá de tener cuernos, púas o colosales porras, los hadrosaurios se caracterizarían por su versatilidad, cualidad que es la mejor defensa por la poder defender la tesis de que "sobrevivieron" a la gran extinción. Sin embargo, no sólo para este caso los hadrosaurios nos brindarían grandes incógnitas.
El equipo de Jack Horner (quizá uno de los más famosos paleontólogos de todos los tiempos, pese a su aspecto "western") descubrió en la Formación Dos Medicinas (Montana, EEUU), allá por el año 1979, unos restos excepcionales: fósiles de un hadrosaurio junto a nidos con restos de huevos, hojas fosilizadas y pequeñas crías de dinosaurio, de pocos días de vida. Por razones obvias, esta nueva especie recibiría el nombre de Maiasaura ("reptil buena madre") y demostraría a la ciencia algo, que a día de hoy, es ya evidente... los dinosaurios cuidaban de sus crías.
En biología, el coste energético, alimenticio, y ante todo, biológico que "invierten" las diferentes especies en el cuidado de su prole se conoce como "cuidado parental". La magnitud de éste siempre ha estado ligado, proporcionalmente, al nivel de complejidad de la especie. Se conocen pocos datos de reptiles que "inviertan" magnitudes considerables, a excepción de cuidados muy puntuales como los proporcionados por los cocodrilos a sus infantes, recién salidos del huevo, sin embargo, el dato que Maiasaura liga a los dinosaurios, nos sirve, una vez más, para acercar a estos seres a sus, inexcuables, descendientes las aves (por más que los ornitópodos, de los que forman parte los hadrosaurios, no fueran “antepasados” directos de éstas, como sí, parece ser, lo fueron los terépodos (dinosaurios carnívoros)).
Se mire por donde se mire, los prejuicios se ven superados por la realidad biológica. ¡No me juzguen por mi pico de pato! Podría ser el eslogan de una campaña en pro de estos “incomprendidos” seres maravillosos. El post no da para más, y su historia es larga… volveremos a ellos en otra ocasión, sin lugar a dudas, con motivos para ello.
Una última nota para la reflexión: científicos chinos acaban de publicar el hallazgo de un ornitópodo ("Tianyulong confuciusi") dotado de filamentos que bien pudieran ser “prototipos” de plumas. Teniendo en cuenta que las aves no están relacionadas con este grupo de animales (ornitisquios), y sí con los terépodos (saurisquios)… ¿deberá la ciencia de replantearse el origen de las aves? Personalmente creo que Sordes y los pterosaurios aún no han dicho la última palabra…
Y una propuesta para la comunidad científica: Maiasaura (“reptil buena madre”) debiera cambiar su nombre por el de “Dulcesauria”….
¡Felicidades por tu cumpleaños Mama!
(1) Fassett, J, R.A. Zielinski, & J.R. Budahn, 2002. Dinosaurs that did not die; evidence for Paleocene dinosaurs in the Ojo Alamo Sandstone, San Juan Basin, New Mexico. In: Catastrophic events and mass extinctions; impacts and beyond. (Eds. Koeberl, C. & K. MacLeod): Special Paper - Geological Society of America 356: 307-336. (2002).
* En contra de la teoría de que los hadrosaurios sobrevivieron hasta el Paleoceno, véase el estudio realizado por científicos mejicanos en: http://rmcg.unam.mx/22-3/(12)Benammi.pdf
- Segunda foto: Maiasauras con sus nidos del genio Fabio Pastori