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viernes, 19 de abril de 2013

Siempre en mi recuerdo.

Hoy cumplirías 80 años yaya, y seguro que desde la inmortalidad bien sabes que estás siempre en mi recuerdo. Eres la religión que practico, la de tu ejemplo. Sé que vives en lo eterno. Tus actos clavaron picas en lo modélico, supiste crear escuela sin pretender, hacer sin aparentar, luchar sin esperar recompensa. Enviudaste a los dos años de casada, y seguiste siendo creyente. Tu Fe siempre me ha sorprendido, yaya, quizá debamos seguir el camino que trazaste también en ello: creer en el futuro, aunque ello requiera esfuerzos.

He de hacerte una confesión. Siempre que estoy solo, en momentos de meditación, tengo presente tu figura, pienso en qué sería lo que más feliz te haría, qué camino me animarías a seguir, cómo puedo ser digno nieto de una ejemplar abuela. Suprema entre mis deidades internas, eres la luz que me liga a mi más tierna infancia, aquella de la que algunos dicen que es imposible recordar, por más que deje en cada uno de nosotros, siempre una indeleble marca. Moriste cuando tenía cinco años, y aún sigues siendo mi modelo vital, mi bandera personal y pulmón de esperanza.

Mi hermana, mi tío, tus hermanos y mi padre rebosan de cosas buenas, y en buena parte proceden de ti, por herencia o semejanza. Eres un parámetro de lo virtuoso, y jamás dejarás de serlo mientras exista tu recuerdo, que a la vez estará siempre vivo mientras vivan mis pensamientos, en lo físico y también en lo venidero.

No he podido ponerte flores hoy en Anguita, tampoco dedicarte una biografía a tu altura, ni siquiera sé si habré hecho totalmente aquello que me hubieras recomendado hacer en estos años, pero bien sé, que sigues siendo mi lucero ante la oscuridad de lo venidero. Cumples 80 años, pero serán pocos en comparación con los que vivas, valga la redundancia, en lo eterno.

sábado, 19 de enero de 2013

Zalakin y el Templo de lo Interminable.

Zalakin continuó andando entre la espesura. Las indicaciones de su abuelo eran claras, y no muy lejos de ahí, dejando a un lado mangles, higueras, ceibas y secuoyas, debería estar el “Templo de lo Interminable”. No tardaron mucho tiempo hasta que el joven duende llegó ante unas soberbias columnas. Ni jónicas, ni arabescas, ni tampoco isabelinas, la arquitectura de aquel edificio era inclasificable desde la óptica del otro mundo. Si algún adjetivo caracterizaba a aquella monstruosa edificación pétrea bien pudiera ser “eterno”. Zalakin entró en el templo, no falto de pavor, llegando a un amplio recibidor en el que se alzaban tres columnas. Rápidamente, cuales rayos lanzados por Zeus apresurado, tres monos de diferente factura se colocaron en sus respectivos asientos de anfitrión. Dos langures y un soberbio papión se posicionaron haciendo gala de un correcto ceremonial ligado a una refinada, por así decirlo, pedantería. Zalakin se ruborizó al ver tres seres simiescos en un lugar regio entre lo sagrado. Disimulando su sorpresa saludó a aquellos curiosos seres con cortesía y sincera reverencia.

-   Estás ante el papión Hamadryas, fiero defensor de lo eterno –afirmó el titular del más preeminente asiento.

-   Yo soy Hánuman, el escudero imperecedero –dijo el langur de la izquierda.
-  Y yo me hago llamar el “Rey Mono”, aunque siempre me toca estar a la derecha. –Precisó el langur restante.
-  Yo soy Zalakin y vengo en búsqueda de respuestas. Me señalaron que en este templo encontraría solución a mis cuestiones, sólo que ahora mismo veo en frente de mí a dos langures y un papión, reverendos, pese a mi sorpresa.
-    No nos soñaron Catedráticos. ¿Sabes majo? –dijo Hánuman, el de la eterna sonrisa.
-    ¡Hereje! ¿¡Cómo osas hablar así a los guardianes del Templo de lo Interminable!? –gritó Hamadryas.
-   Miles de viajes y nunca había visto un duende tan insolente… -completó el langur “restante”.

Zalakin comprendió que no era una técnica válida herir en sus sentimientos a quien mucho quería aparentar, si de él se quiere conseguir algo válido. Dejó a un lado su sorpresa por lo simiesco de aquellos seres y se esforzó, aún más, por hablar con ceremonial y respeto reverencial.

-       - No fue esa mi voluntad, sabios primates. Sólo quisiera ver y comprender el poderoso torbellino que en la entraña del eterno templo se custodia.
      -  Haber comenzado por ahí, bellotín. –Dijo Hánuman bajándose de su pedestal.
-          -  ¿¡Alguien pretende discutirme la iniciativa!? –Molestose Hamadryas.
-          - No, sólo se ríe haciendo lo que le parece… -se reafirmó el “restante”.
-    - Entre un risueño y un “Rey”, el papión sagrado es quien debe marcar tendencia. ¡No dos langures trasnochados!
     
     Entre gritos y rencillas manifestadas oralmente, los tres monos comenzaron a marcar el camino hacia la cripta interior. Zalakin les siguió, no sin dejar de ver cómo los tres monos se retaban posicionalmente, continuamente, por quién debía llevar la iniciativa. Como langur soñado, Hánuman era hábil y esbelto, un poco barrigudo pero con una cola maleable y omnipresente. El “Rey” no era un mono muy diferente, de hecho, había quien afirmaba que ambos eran de una misma estirpe. Hamadryas era todo lo contrario. Sus músculos, entre caninos y felinos, y en todo caso carnívoros, daban motivos suficiente por los que justificar su preeminencia.

     Finalmente llegaron a una gran sala donde hordas de monos protegían, adoraban, u observaban simplemente, un gran prisma generador de un torbellino rosáceo, gigantesco, que no dejaba ver cuán  grande era aquella habitación, colosal en toda su magnitud. Zalakin pudo contemplar que los primates iban dejando paso a la comitiva, sin apenas rechistar. No cabía duda de que el papión y los langures tenían un rango indiscutible entre toda aquella monería.
   
     Concentrándose en el torbellino, vio que en él flotaban diferentes figuras, imágenes, cosas indescriptibles, y otras más identificables. La serpiente australiana, ángeles de bellas faces, demonios cornudos, bellas cortesanas bañadas en leche de burra y bronceadas con miel e incluso un esqueleto portador de una guadaña, todo ello sobresalía de entre el mareo de la nebulosa sacra.
      -          ¿Qué son todas esas cosas que sobresalen de entre la caótica espesura? –preguntó Zalakin.
-          Son todo aquello que en el otro mundo creen que les aguarda con la Muerte. –Entonó solemnemente Hamadryas.
-          Todo aquello que se cree que trasciende al fiambre. –Dijo Hánuman, riéndose sin causa aparente.
-          Toda persona necesita creer en un futuro diferente. El sueño justifica la existencia. Sin Imagina no hay Realidad. –Precisó el “Rey Mono”.
-          Nosotros somos la consecuencia del darwinismo y el evolucionismo, sólo creyendo en la inteligencia de pasados monos puede uno salvarse, en el otro mundo, de tener alguno de los sueños que mana en el torbellino. –Continuó Hamadryas.
-          Sí. En los almacenes tenemos australopitecos, homos de mil clases e incluso gorilas con cabeza humana. Son todo lo que soñaron los que quisieron salir del pensamiento trascendente. –Completó “el Rey”.
-          ¿No hay pensamiento sobre la muerte que no implique sueño? ¿No tienen seguridad en la otra dimensión si no es pensando en gentes de nuestro Reino? –pensó Zalakin en voz alta.
-          Veo que comienzas a comprender el porqué de nuestra existencia.-Concluyó el babuino Hamadryas. 

miércoles, 3 de marzo de 2010

Tres años con Nubiru

“El hijo varón es naturalmente del lado mejor, el derecho (Orib., XXII, 3, Gal.), procedente del esperma salido del testículo derecho del padre y alojado en la parte derecha de la matriz. De todos modos, si el esperma masculino no es suficientemente denso, hay el riesgo de que predomine el femenino. A quien quería procrear hijos se le aconsejaba por tanto atarse el testículo izquierdo a fin de que sólo el derecho aportase el esperma (CH, Superf., 31), y a la inversa para procrear hijas”.
A. Rousselle, Porneia: Del dominio del cuerpo a la privación sensorial.

«Empachados con tanta decoración, nos disponíamos a penetrar en el triclinio, cuando un esclavo encargado de esta función especial, gritó: 'Primero con el pie derecho, señores”

Petronio, Satiricón, xxx:

«Os declaro que a partir de ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder [de Dios] y venir sobre las nubes del cielo» (Mt 26,64).

Quisiera que el lector no hubiera estudiado en tiempos del franquismo, siendo zurdo; tampoco me gustaría que se hubiera levantado con el pie izquierdo esta mañana, ni que, de ser Obama, no hubiera jurado su cargo como presidente de los EEUU con “la mano derecha en alto, la mano izquierda sobre la Biblia”. Bienaventurado será quien se siente a la “derecha” del señor, caído fue quien fuera a parar a lo más bajo. La “derecha” es sinónimo de rectitud, de continuador de la tradición, de correcto. El inglés conduce por la izquierda con el afán de poder tener la mano derecha libre (a diferencia del resto de orbe, excluidos algunos países anglosajones, donde, por influencia de Napoleón, se conduce por la derecha). Visto esto, “Derecha” no tiene sólo un significado geográfico, cultural o religioso.

Políticamente, no tengo dudas de que el discurso “izquierda - derecha” se halla en plena decadencia. Sin lugar a dudas, la distinción, hoy como siempre, sigue siendo entre ricos y pobres, y desde luego, es imposible ser socialista siendo rico, a la vez que es poco probable ser de ultra-derecha, racionalmente, siendo pobre. De este discurso, un tanto infantiloide, quisiera extraer una idea. Considero que la “derecha”, en su sentido religioso, místico, religioso, se identifica con las corrientes eternas, con “lo correcto”, aquello que sigue la norma. Sin caer en la justificación de los excesos y/o el delito, quisiera aplicar la teoría de Dostoievski, de defender a aquéllos que traen “la palabra nueva”.

El cambio, la “izquierda” en este sentido, siempre es necesario para evitar el inmovilismo, con él me identifico, aunque no sea plenamente en lo político. Creo que la labor del blogger es, precisamente, no sé si tanto buscar “la palabra nueva” como buscar a todos los significados y significantes posibles, o cuanto menos, aquéllos que se le ocurran. La libertad de expresión, el “vuelo de la palabra” es aquello que hace ya tres años quise buscar, curiosamente en período de exámenes, no podía ser de otra manera.

El blogger es un servidor de la “izquierda”, en el sentido que acabo de explicar. El blogger es un paladín de Occidente, un “santo” defensor del mayor, y más preciable, ideal de cuantos nos ha dejado el pensamiento ilustrado, el uso de la razón, o cuanto menos, de aquella que reside, subjetivamente, en todos y cada uno de nosotros. Frente al islamismo radical, o el autoritarismo chino, “Occidente” debe defender, férreamente, todas las libertades que han desembocado en que yo, hoy, pueda estar aquí, libremente escribiendo.

Por Occidente no se entenderá Europa, sino todos los países que comparten estos valores, libertades, que en España muchas veces han sido coartadas por acción del contrareformismo, nacionalcatolicismo y, hoy, nacionalismos periféricos. El campo de la lengua libre es un lugar común que no conoce, o no debería conocer, nada sobre los lobos de la censura. Celebro que haya llegado este tercer año y la luz del planeta Nubiru siga luciendo, más que nunca en mi corazón, en mis más profundos sentimientos. A esta criatura le debo el organismo de mis sueños, su sangre, son aquéllos, que con mayor o menor atención, dais sentido, leyendo, a estas humildes letras.

Por siempre libre, por siempre devoto de mis pensamientos, por ello felicito a la creación de hace, ya, tres años, ese “alter ego” llamado... Nubiru. Más allá que su lectura, les recomiendo algo distinto: atrévanse a escribir un blog, créanme es muy positivo, y de las cosas que he ido haciendo en la vida, está entre “lo más bonito”. Saludos.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Cuando el año comenzó en enero

Las convenciones no son mera palabrería instaurada, existen ocasiones en que “los cambios”, aun siendo producto del acuerdo (actual o pretérito), tienen una dimensión superior, manifestándose en los más variopintos actos y efectos. Todo este cúmulo de potencial modificador hace que, en múltiples ocasiones, los cambios parezcan “producto de la naturaleza”, existiendo dudas acerca de lo artificial de su concepción, humana parentela. Algo así ocurre con el “año nuevo”.

Siempre centrándonos en la tradición cristiana-occidental, el año “empieza” el 1 de enero, tras la fiesta de Nochevieja. Curiosamente, al menos yo mismamente me lo pregunto, el propio 24 de diciembre es también una fecha de “inicio”, en este caso fecha del solsticio de invierno (tan en boga de los laicistas radicales). Dicho esto, ¿cuál es la razón de ser de que existan dos grandes festividades separadas por una semana: Nochebuena y Nochevieja?

Cuenta la tradición, concretamente el Nuevo Testamento (Lucas 2,21), que Jesús fue circunscrito 8 días después de su Nacimiento, es decir, el 1 de enero, razón por la cual se celebra esta festividad. Sin embargo, tan cierto como ello es que la versión cristiana no ha carecido de factores sincréticos que le ha llevado a asimilar tradiciones anteriores como propias. El propio día de Nochebuena, tal y como ya se ha escrito en alguna ocasión, no es otra cosa más que el solsticio de invierno, y además, en época romana, ese mismo día se rendía culto a la deidad solar por antonomasia: Mitra.

Se mire por donde se mire, existen muchas teorías, ideales, motivos por los que celebrar el día de año nuevo en un momento determinado. Incluso, podríamos, al igual que hacen todas las religiones, cuestionarnos la oportunidad de que el año “nazca” en diciembre. Así, buena parte de Europa ha celebrado a lo largo de los siglos el 1 de mayo como el inicio de la primavera, día de la fertilidad, y de alguna manera, “inicio del curso labriego”. Los Mayos, pues así se conoce a esta festividad, se siguen celebrando en múltiples lugares, también de España: véanse las rondas realizadas en pueblos como Anguita (Guadalajara) o los ritos seguidos en lugares como Vinuesa (Soria), donde se alza una conífera recién talada en mitad de la plaza del pueblo.

El “año académico” no hace falta decir que empieza en octubre, para las universidades, y en septiembre, para las escuelas. En cuanto al hábito, que no en referencia al “oficial”, es este el "año" por el que se rige nuestro actuar, calculándose nuestras actividades desde el inicio del otoño hasta la llegada de las vacaciones de julio o agosto. Esta concepción, divergencia, entre “año religioso” y “año oficioso” no es exclusiva de nuestra época. De hecho, existe un momento de la historia, ciertamente curioso, en que el “inicio del año” se cambió por circunstancias totalmente terrenas.

Según leemos en un interesantísimo estudio del profesor Pastor Eixarch, la olvidada región de Celtiberia tuvo un papel fundamental en lo que a la historia del calendario se refiere, siendo “culpable” de que el año, aún hoy en día, se inicie el 1 de enero. Según expone el arqueólogo, ante la actitud de la ciudad celtíbera de Segeda (Mara-Belmonte de Gracián, cerca de Calatayud, Zaragoza) de construir unas poderosas murallas a su alrededor, los romanos tomaron la decisión de realizar una campaña “sui generis” contra un enemigo, que como el tiempo se encargaría de demostrar, era de lo más temible.

Dos grandes decisiones tomó el Senado romano para la preparación de esta campaña. En primer lugar, el ejército estaría encabezado por el cónsul Nobílior (cargo político-militar de mayor rango), en vez de por un pretor. En segundo lugar, se acordó que éste tomara posesión de sus funciones en las calendas de enero del año 153 a.C., ello significaba que los comicios se celebrasen el 1 de enero, y que en virtud de ello, el año se iniciara en ese día. Ante las informaciones que llegaron a la ciudad, los habitantes de Segeda huyeron a la ciudad arévaca de Numancia, lugar donde daría comienzo una de las campañas militares más importantes de la historia, y que más ríos de tinta ha hecho correr (desde Apiano hasta los historiadores modernos de referencia, pasando por el propio Cervantes).

Cuando Nobílior llegó a Segeda se encontró la ciudad abandonada y las murallas en obras. Engañado por la actitud “cobarde” de los segedenses, partió hacia Numancia sin esperar a los refuerzos que estaban en camino. Nobílior fue derrotado ante las murallas de la actual Garray (Soria).

Una vez llegaron los refuerzos Nobílior realizó un segundo asalto, esta vez con caballería numida y... elefantes. Los romanos pensaron que numantinos y aliados se estremecerían ante la visión de los paquidermos, sin embargo, una roca fue arrojada por los defensores sobre la cabeza de uno de los elefantes. Éste barruntó de dolor, haciendo que el resto de los elefantes huyeran en estampida, acabando con las formaciones romanas.

Verdad o leyenda, lo cierto es que Celtiberia tuvo aquí, tal vez, su mayor contribución para la historia venidera. En lo sucesivo un consejo, una vez coman las uvas, deseen feliz año nuevo y...

¡AUPA NUMANCIA!
Fuente: Pastor Eixarch, José Manuel, "Cambió el calendario de la historia: Segeda, la ciudad celtibérica". Pinturas: 1) Detalle de la "Circuncisión de Jesús" de Andrea Mantegna. 2) "Numancia" de Alejo Vera y Estaca (Viñuelas, Guadalajara, 14 de julio de 1834 - Madrid, 4 de febrero de 1923).

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad

¡Que paséis unas muy buenas fiestas, en paz, armonía... y buena compañía!

viernes, 30 de octubre de 2009

En busca del sabio emplumado

Dejando la espesura del mangle, Zalakin se dirigió hacia los bosques del monte, en busca del gran sauce llorón, hogar del sabio emplumado. Pasando por hocines cargados de carrascas, angostos poblados por coscojas y acebos, Zalakin se fue acercando a un valle repleto, primero de quejigos, luego de hayas, moreras, e incluso, alguna que otra higuera. Por los bordes del río Mercurín se alzaban sargas centenarias, abedules de merengue, y algún que otro roble descarriado. Siguiendo sus meandros, Zalakin ascendía el curso del río tal y como su abuelo le había indicado. Recordaba, tal cual, sus palabras: "Tras la tercera hoz, en el séptimo giro del joven río, hallarás un sauce longevo. ¡Grita a viva voz tres de los nombres del Cielo, y el gran sabio aparecerá emplumado en su vestido!".

Zalakin continúo habriéndose paso entre los juncos. La espesura de aquella ribera era proverbial, sobre ella revoloteaban mosquiteros, abejarucos y algún que otro lorito carmesí. Como si de un cuadro del Impresionismo se trata, los colores del bosque tan pronto aparecían como se difuminaban entre los haces de luz, que por aquel verano, eran tan copiosos como intensos. Zalakin se fijaba en todos y cada uno de los árboles que iban apareciendo a ras de río. No tardó mucho en localizar un gigantesco organismo milenario, de nomenclatura llorón, aún debiendo sentirse orgulloso de su longevidad, ¡tan bien lograda!.

¡Tengri, Olimpo, Khala!. Tras los gritos del joven duende un silencio se impuso en la atmósfera. Sólo un agudísimo andar de púgil de poco peso parecía romper aquel ambiente sepulcral. Saliendo del centro de un gran ojo horadado en el tronco del árbol, apareció un búho cornudo de reverencial aspecto. El ave no aparentaba haber nacido ayer; sus plumas tenían el acabado de la nieve, asemejándose a curiosas canas, cuales copos de blanca nieve. El pico, curvo de rapaz, era gordo, pareciendo tratarse de un gigantesco gancho jamonero. Sus orejas, altas y corpulentas, parecían hacer las veces de una parabólica, quizá teniendo el objetivo de corroborar todo aquello referente a un mundo, sobre el que el ave no parecía saber poco. A Zalakin le sobresaltó que ese búho hablara con semejante tono. Sólo al escuchar sus primeros "cantos de saber" supo el joven que se trataba de aquél a quien buscaba.

-¿De qué fuente manan los gritos que irrumpen en mi merecido sueño? -dijo el búho con una mueca de curiosidad, por lo real "típica", al tratarse de una rapaz nocturna.

-Mi nombre es Zalakin. Mi abuelo me envía en busca de preguntas, pues dice que eres tú uno de los sabios que mejor conoce los misterios de este Mundo.

-¿Qué misterio perturba tu intelecto joven duende? ¿Acaso sigues la búsqueda de Gilgamesh, la misión de todo héroe que busca el Cielo?

Sabiendo que el búho le había adivinado su mayor inquietud, Zalakin no supo resistirse a felicitar al ser por su certera intuición aviana, previa petición de saber cómo le había leído el pensamiento.

-¿Acaso no has mencionado tres veces al Cielo? ¿Qué mayor motivo que el querer transcender en lo terreno, hasta el Fin de los Tiempos, para mencionarlo con tanta insistencia?

-Mi abuelo así me dijo que hiciera, reverendo Sabio. -Continúo Zalakin.

-¿Creo que no te has dado cuenta de que yo soy siempre quien pregunta, verdad? ¿Acaso no ves que siempre busco la proverbial prolepsis? ¿Conseguir que yo encuentre la pregunta correcta no te ahorra el camino hacia tu respuesta?

Zalakin asintió, las palabras del búho comenzaban a parecerle charlatanería barata.... Y su paciencia, aun siendo fantástica, comenzaba a menguar.

-¿No has pensado que, tal vez, preguntas cosas sobre las que nadie sabemos? ¿Cómo, sino, desde Sumer, Roma, Bizancio o Inglaterra nos lo seguimos preguntando? ¿Acaso no nos podemos conformar con saber que el alma es recuerdo y la carne abono para lo que, en lo venidero, será materia viva?

Zalakin, desconsolado, observó al búho como si de la encarnación del terreno Führer se tratara. Le había levantado todos sus miedos, siendo su mente pasto libre para los espectros de la angustia.

-¿Tal vez te preguntes por qué la Muerte es irracional? ¿Por qué Hades, Tengri, Dios, Alá o las parcas no ponen límite a este vehículo sin rumbo ni volante por le que ser controlado? ¿Por qué nadie nos asegura que las líneas que nos han creado vayan a perdurar, más allá de la vida de un triste blog? ¿Acaso tu mente imperfecta no se da cuenta de la imperfección del conocimiento humano? ¿Acaso no tienen todos los seres ansiedad, ritmos vitales, circadianos... mecanismos por los que estar siempre alerta, y aún así, jamás llegar a alcanzar la perfección de la seguridad absoluta?. ¿Tal vez te decepcionan mis impresiones? ¿Tal vez te has dado cuenta del lado negro de la tortilla metafísica, aquella a la que llamamos "Vida"? ¿No deberías renunciar a sus causas, y luchar por alcanzar la perfección, la dicha, aquello que nos hace tener conciencia entre el Caos, sueños entre mentiras?.


Ilustraciones:
1) Cuadro de Claude Monet: "Sauce llorón".
2) Heubach_Eurasian_Eagle-owl
3) "Death and the Gravedigger" de Carlos Schwabe.

viernes, 19 de junio de 2009

Hoy es un buen día para rezar

Ha muerto un Santo en vida, D. Vicente Ferrer i Moncho. Víctima de problemas cardio-respiratorios, motivados, fundamentalmente, por la embolia que sufrió el pasado mes de marzo. Hoy es un buen día para rezar. No porque el Mundo sea más justo, no porque Dios haga hecho acto de presencia levantando la bandera de Libra sobre la cabeza de cualquier mortal. Ni mucho menos. La ocasión de rezar viene motivada por una ínfima probabilidad, en algo asegurable: "recen, no viniera el Juicio Final y D. Vicente sin reconocimiento". La beatificación del barcelonés es, hoy más que nunca, inexcusable. Sin embargo, un servidor tiene muchas dudas de que pueda llevarse a efecto. Ferrer muere sin haber recibido el Premio Nobel de la Paz (galardón que recibiera, entre otros, Henry Kissinger (quizá en memoria de Allende)). La beatificación de un hombre que fue "raptado" por la República (alistado en la Quinta del Biberón) y preso en el campo de concentración franquista de Betanzos (año 1939) sería un hecho simbólico. Ferrer abandonó sus estudios de Derecho el año 1944 para pasar a formar parte de las filas de la Compañía de Jesús ("Jesuitas"), la cual abandonó en el año 1970 para pasar a contraer matrimonio con Anne Perry, periodista inglesa. De su unión nacieron varios hijos, sin que por ello dejara de "apadrinar" a más de dos millones de indios pobres. El año 1996 funda la Fundación que lleva su nombre (para organizar su acción y garantizar la continuación de su trabajo). Posteriormente recibiría, entre otros reconocimientos, el premio Príncipe de Asturias de la Concordia (1998), la Cruz de Sant Jordi (2000) o la Gran Cruz del Orden del Mérito Civil (2009). Por todo ello, no es de extrañar que la Unesco lo considere, desde el año 2001, personaje destacado para el estudio del siglo XX. El átomo primordial de su loable acción es, según se nos explica en la web de la Fundación, “El milagro de dar”, el cual consistía en una pequeña ayuda económica y el asesoramiento técnico necesario para obtener agua para los cultivos; instando a cada campesino para que al finalizar la ayuda devolviera lo prestado (sin intereses), un sistema no muy diferente al practicado por el Nobel Muhammad Yunus (más conocido como el "banquero de los pobres"), quien recibiera con Ferrer el premio Príncipe de Asturias ese mismo año 1998. Desde que en 1952 llegara a Mumbai como misionero jesuita, hasta el día de su muerte, Vicente Ferrer ha sido un ejemplo, un "mártir de la injusticia y del insuficiente reconocimiento", luchemos por su memoria y por hacer al Mundo consciente de cuán necesarios son hombres de su talla.... Napoleones de la Humanidad, aniquiladores de la Pobreza y el desamparo humanos.

Imagen: genial fotografía de Borja Luque.

http://borjaluquepardo.blogspot.com/

domingo, 7 de junio de 2009

Los herejes de la Razón

¿Qué sucedería si las farolas no fueran planas, Si todos los huevos no tuvieran una misma “proporción” en cuanto a su forma? ¿Qué pasaría si las ruedas no fueran perfectamente redondas, y las baldosas tampoco rectas? ¿Qué sucedería si nos diéramos cuenta de que todo esto es así, y no de otra manera? Propongo seguir “soltando” delicadezas, y es que... ¿qué sucedería si Pitágoras hiciera más por la Iglesia Católica que San Agustín de Hipona? ¿Y si las matemáticas fueran una ficción, producto de la convención científica, realidad irreal, mal reflejo de la Naturaleza? Según nuestro actual estado de la ciencia, no sería extraño poder hablar de que nos encontramos, al fin, ante el inicio de un nuevo paradigma científico, una "nueva era".

“La ciencia es en esencia un esfuerzo del hombre para ayudarse a sí mismo. Homero, en la Ilíada, emancipó al hombre de la tiranía de los dioses, a los que había temido desde los orígenes de la especie, enseñándole a considerarse a considerarse a sí mismo como creador, hasta cierto punto, de su propio futuro. Durante unos cuantos siglos, el hombre avanzó con cierta confianza a lo largo del camino del saber, dándose cuenta del poder que da. Pero cuando el péndulo inició su retroceso, cuando el hombre empezó otra vez a inclinarse delante de los ídolos que él mismo había construido, cuando no tanto las imágenes que había esculpido sino los libros que había escrito llegaron a considerarse como divinos, el humanismo tocó a su fin y la ciencia también”. Estas geniales líneas, escritas por el no menos notable Benjamin Farrington, en su “Ciencia y filosofía en la Antigüedad” (Sant Joan D´Espí, Ed. Ariel, 1980), son una muy profunda reflexión sobre un hecho, por lo demás, evidente.

El hombre tiene en su cerebro un mecanismo de defensa que le prohíbe concebir el infinito. Todo individuo necesita creer, tener incentivos, luchar por unos ideales, aunque se sepa que jamás podrán llevarse a término. Sin embargo, aún llegándose a defender la teoría del “homo religiosus” (por lo demás discutible), es bien cierto que no sólo es recomendable, sino necesario, ser conscientes de la existencia de dos “dimensiones”: la mística y la física, lo irreal y lo real. Por necesidad la Ciencia es, o pretender ser, “realidad”, para lo otro ¡ya está, entre otras disciplinas, la más bella lírica! En efecto, es una carencia global el que aún no sean accesibles para el gran público, ni aún orientativamente, los principios fundamentales de la teoría del Caos, la física cuántica, y cómo no, la teoría evolutiva.Todo ello, empíricamente contrastado, genera un mundo diferente al contenido en los “Elementos” de Euclides, y del cual, en no poca medida, aún somos esclavos…

La culpa la tiene Pitágoras, el “gran matemático” que acabó por la concepción que creía indisociables: números – técnica. Los pitagóricos consiguieron transformar a las matemáticas de un “arte práctico” a un “arte liberal”, en no poca medida arcano y “filosófico”. Pitágoras negaba la realidad del mundo sensible, manteniendo que la única realidad era la unidad estática (lo “transcendente” que diría la teología católica) de un universo a semejanza de Dios. Al respecto, de las ideas de Farrington, por lo general geniales, se me desprende la siguiente reflexión.

Es un postulado unánimemente aceptado que los pilares de Occidente son: el Derecho romano, la filosofía griega y la religión hebrea. Dejando a un margen la jurisprudencia de los romanos (no sólo por razón de oficio), podría afirmarse que tanto la filosofía griega (en parte) como la religión judía “han perjudicado” al avance de la Ciencia, durante largos siglos. Pitágoras puso los cimientos que Euclides consolidó en su obra, sirviendo todo ello de base a una concepción ideal que conoció su máximo explendor con Platón y su recepción por parte del Cristianismo. El mundo de los griegos pudo “acabar” con el clima de progreso, próspero y fecundo, que se había iniciado con los habitantes de la antigua Mesopotamia y Egipto.

El teorema de Pitágoras ya fue conocido por los matemáticos de Babilonia. El valor de π se “supo”, con verdadero rigor, por parte de los egipcios. ¿Quiénes son los herejes de la razón; quienes falsificaron lo que otros descubrieron primero? ¿Fue Persia una mejor alternativa que los “valientes” espartanos? Oriente ha contribuido mucho más con su ciencia que con sus creencias. Bien lo saben la medicina, la física, la química, y ante todo, el bienestar de nuestras vidas.

Ilustraciones:

1) "Pythagoreans celebrate sunrise" de Fyodor Bronnikov, (1827—1902)

2) Assyria - Portal Guardian from Nimroud. British Museum

domingo, 15 de marzo de 2009

El porqué soy Cristiano

“Con respecto a los dioses, no puedo decir con seguridad que existen o que no existen, ni tampoco cómo es realmente su figura; porque hay muchas cosas que dificultan nuestro conocimiento seguro, la oscuridad del asunto y la brevedad de la vida humana”.
Protágoras
“Ninguna idea es innata” afirmaba John Locke; ciertamente, tampoco lo es la idea de “Dios”. Una de las grandes quimeras de los libros de historia es el olvido que hacen del ateísmo como posibilidad en la historia. Al respecto, hay quien dice ver al ateísmo como pensamiento predominante en civilizaciones como la Antigua China, o en religiones como el Budismo (donde no se reconoce a “un Dios”).
Si bien algunos lo consideran un agnóstico (Bowra), Protágoras bien pudiere haber sido uno de los más eminentes ateos de la antigüedad, junto con figuras de la talla de Confucio. Precisamente, el pensamiento religioso de este último ha sido una continúa controversia. Para algunos, Confucio es el exponente de un librepensamiento ejemplar, al margen de los dogmas religiosos. Para otros, un hombre sumamente espiritual, y por ende, creyente. Unos textos, al respecto, para la reflexión, bien pudieran ser éstos:
"Maestro, ¿cuál es la forma más idónea de servir a los Dioses?".
"Antes de servir a los Dioses, preocúpate de servir a los hombres que te rodean, de hacerlos nobles, valerosos, honrados justos y virtuosos; y una vez realizado lo anterior, dedícate a los Dioses”.
Estas posiciones se han visto enfrentadas a lo largo de los tiempos. La Iglesia católica llegó a investigar su biografía con el afán de convertir al cristianismo a los confucianos (alegando que su Maestro, fue un "ancestral cristiano". Voltaire, en su “Filosofía de la Historia (cap. XVIII)” cita a un jesuita enviado a China, sin conocer una voz en mandarín, para resolver la cuestión. El jesuita volvió afirmando que Confucio, sin lugar a dudas, era ateo. Ciertamente, la Iglesia, a lo largo de la historia, ha asimilado al ateísmo con las religiones opuestas (particularmente en lo que a las animistas se refiere). Por contra, cualquier vestigio de pensamiento “civilizado” ha sido interpretado como indicio de la creencia en un Dios, habiéndose llegado a argumentar el cristianismo, no sólo de Confucio, sino también de Platón o Marco Aurelio.
No cabe duda de que la Iglesia ha sido el mayor exponente de la pedante ignorancia europea de las épocas medieval, moderna, y en no poca medida, contemporánea. Al respecto, Voltaire, en su “Ensayo sobre las costumbres (cap. II)” afirma sobre los europeos, y ante todo, sobre el eurocentrismo, que “nosotros juzgamos sus costumbres sobre la base de las nuestras porque llevamos hasta los confines del mundo los prejuicios de nuestro espíritu litigante”.
Me gustaría destacar dos vertientes de lo religioso: las creencias y la civilización a la que va aparejado. Desde éste último punto de vista, so le pese a Dawkins o a Russell, somos cristianos aquellos que hemos nacido y nos hemos desarrollado en alguno de los países de Occidente. Sin embargo, siguiendo a Russell, en su obra: “Por qué no soy cristiano”, no me considero, al menos en cuanto a mi persona, “cristiano” en lo que se refiere a las creencias, pues no cumplo los postulados, que para serlo exige, acertadamente, el autor: creer en Dios y en la inmortalidad, y tener alguna clase de creencia, como el nombre indica, acerca de Cristo. Niego mayores méritos a Cristo que a Marco Aurelio, Platón, Aristóteles, Plinio o Protágoras, todos ellos fueron grandes sabios de la Antigüedad, y en el caso de Jesús, al igual que Mahoma, claros ejemplos, de lo que hoy llamaríamos, “activistas políticos”.
Nada más lejos de la realidad, el lado “bueno y seductor” del fenómeno religioso, cuanto menos en lo que a las grandes religiones se refiere, nos viene dado por el componente sincretista de las mismas. La religión islámica, por poner el más claro ejemplo, tuvo en sus inicios tintes de “revolución”. Que ciudades como Alejandría o Damasco se entregaran a la fe de Mahoma se explica a través de la economía, y no mediante argumentos místicos, pues en estos casos se trataba de urbes “explotadas” por el centralismo bizantino, mientras que en la Hispania goda, la “invasión”, o mejor dicho, “revolución islámica” (siguiendo a Olagüe, entre otros) se debió a una situación de crisis ligada al desgobierno y a los excesos de la clase dirigente (todas estas explicaciones, claro está, hechas desde una óptica breve y superficial, acorde con la extensión de este post).
Lo realmente bueno del Islam fue el haber unido a varios miles de personas y cientos de culturas en un mismo seno; ayudando a extender la cultura hindú en España, o la Persa en Sicilia, a la vez que parte de la Europea en Oriente. Una vez todo “se extendió”, el Islam comenzó a secarse, no tan sólo por la intolerancia correlativa a la hostilidad occidental, sino también por la falta de argumentos. Así, el Islam no es ni mejor ni peor que otras religiones, simplemente una opción cultural más y una creencia religiosa, a mi ver, tan trasnochada como el resto. Algo así hubiera ocurrido en Europa sin el Humanismo.
Las religiones son respetables, definitorias de una civilización, y en fases primarias de conocimiento científico, remedios con los que encauzar nuestra potencial ignorancia. Una vez la ciencia avanza, los postulados atribuidos a Darwin ganan peso, y las matemáticas tienen en consideración, cada vez más, la estadística y las leyes del Caos, la religión como “creencia” carece, a mi ver, de sentido, es por eso que soy “culturalmente” cristiano, sólo que no creo en la existencia de lo místico…
Un último texto para la reflexión:
"Muchos de nosotros veíamos a la religión como una tontería inofensiva. Puede que las creencias carezcan de toda evidencia pero, pensábamos, si la gente necesitaba un consuelo en el que apoyarse, ¿dónde está el daño? El 11 de septiembre lo cambió todo. La fe revelada no es una tontería inofensiva, puede ser una tontería letalmente peligrosa. Peligrosa porque le da a la gente una confianza firme en su propia rectitud. Peligrosa porque les da el falso coraje de matarse a sí mismos, lo que automáticamente elimina las barreras normales para matar a otros. Peligrosa porque les inculca enemistad a otras personas etiquetadas únicamente por una diferencia en tradiciones heredadas. Y peligrosa porque todos hemos adquirido un extraño respeto que protege con exclusividad a la religión de la crítica normal. ¡Dejemos ya de ser tan condenadamente respetuosos!"
Dawkins
* Libro recomendado: Formigari Lia, “El mono y las estrellas”, Barcelona, Ediciones El Serbal, 1984