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sábado, 17 de octubre de 2009

El triste adiós de un "jugón".

El post de hoy, de ninguna de las maneras, iba a tratar sobre este asunto; nadie podía llegarse a imaginar esta tragedia. Como tantos otros jóvenes de mi generación (centenares, millares), me aficioné al baloncesto con expresiones tipo: "ratatatatá", "jugón", "pincho de merluza". Sus "motes", por lo general cariñosos y faltos de malicia alguna, nos hicieron guardar en la retina nombres de jugadores que, quizás sin esa ayuda, no hubieran perdurado tanto en nosotros. ¿Quién no recordará a Felipe Reyes como "Espartaco", a Nowitzki como "Robin Hood", a "Oh la la Parker", o a "E.T. Gasol". "Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana" es una frase, que jocosamente, a veces, he llegado a decir a mi pareja. Se la oí al "profe" (sea por maestro o profesional) Montes, cuando narraba los partidos de Utah Jazz, con su legendario dúo: Karl Malone y John Stockton (siendo ambos ya veteranos).
Montes era un periodista diferente, para algunos un "lingüista del deporte", por la facilidad con que sacaba expresiones de su genial chistera; para otros, tenía pinitos de humorista de élite, siendo único, al más puro estilo Chiquito de la Calzada, en el arte de conseguir que niños y jóvenes utilicen su "diccionario particular" para la narración de sus propios "acontecimientos deportivos": sean partidos de recreo escolar o visiones de partidos con papá sentados juntos en el sofá.
Posteriormente se pasó al fútbol. Algunos lo criticaron, lo quisieron devolver al "mundo de la canasta", pero muchos, entre los que me incluyo yo, llegamos a ver partidos "fofos", apáticos, por el mero hecho de ser retransmitidos por su memorable persona. Jamás el fútbol tuvo tanto arte desde los tiempos en que aún se le conocía por Balompié (y los jugadores lucían efigies de torero). Coincidiendo con un Barça (mi equipo) estelar, bautizó a muchos de sus jugadores con motes legendarios (tal y como ya lo hiciera con las estrellas del baloncesto estadounidense): "Sweet Iniesta", "Tiburón Puyol"..., o diciendo frases como "Tócala otra vez Sam...", cada vez que Xavi Hernández le deleitaba con uno de sus milimétricos pases.
No es la primera vez que lo hago, o lo haré, pero la profesión de periodista deportivo cada vez se acerca más a una dimensión política, por lo demás deleznable. Lo único que se le podía oponer a Andrés es el haber reconocido su "militancia colchonera", siendo uno de los pocos locutores merengues, o, menos frecuentes, culés, de la televisión española. Sus comentarios creaban adicción, generaban pasión, y sobre todo (el fútbol, como cualquier otro deporte, no es, o debería ser, otra cosa) ENTRETENIMIENTO.
Su muerte nos ha pillado a todos "con el carrito del helado". Andrés Montes será recordado por los de mi "quinta" y colindantes....
¡gracias por enseñarnos que "la vida puede ser maravillosa"!
Imagen sacada de:

Genial artículo sobre él en Marca, con Daimiel: http://www.marca.com/2009/10/19/baloncesto/nba/1255974037.html

domingo, 12 de julio de 2009

El misterio de los murciélagos

¡Cuánto añoro aquellas tertulias nocturnas en la playa! Los juegos de juventud, no necesariamente con alcohol, en los que se jugaban besos, secretos, e incluso, se contaban historias en ambiente (leyendas urbanas y otras imaginaciones previstas para asustar a jóvenes incrédulos). El verano se presta para ello, para el ocio, el divertimiento y las reuniones de amigos… ello si no tienes que estar estudiando…. No recuerdo que en mi caso fuera tema de una de estas charlas, sin embargo, con total seguridad sí que lo ha sido en otras muchas el tema de los vampiros.

Más allá del mito, el vampiro (Desmodus rotundus) es un murciélago hematófago (es decir, se alimenta de sangre) que habita desde Chile hasta el sur de los EEUU, pasando por toda Centroamérica y la Amazonía. Aunque alguna vez son humanos (curioso testimonio es el mostrado por el colonizador Gonzalo Fernández de Oviedo, quien tuvo que usar de métodos indígenas para superar la picadura), lo normal es que sus presas sean ganado u otros grandes mamíferos (se estima que en los países de América Latina, la mortalidad anual es de 50 mil cabezas de ganado, y que anualmente por lo menos tres mil cabezas han muerto por la rabia en Bolivia[i]). No provocando la muerte, salvo en muy raras ocasiones, y por mera reincidencia. Muy diferentes al vampiro Drácula, la peligrosidad de estos seres reside en el largo haz de enfermedades que son capaces de transmitir con su mordedura, a destacar, la rabia….

Fuera de personajes históricos a los que presuntamente se les atribuyó una dieta hematófaga, como la Condesa Elizabeth Bathory o Vlad Draculea (Vlad III o Vlad Tepes), héroe nacional rumano que luchara contra los otomanos, los vampiros, a día de hoy, parecen tener una "explicación clínica". De hecho, no es casualidad que en la Transilvania (actualmente parte de Rumanía) de los siglos XVI y XVII hubiera una epidemia de rabia. Como es bien sabido, esta enfermedad se contagia por la mordedura de algunas animales que la aquejan, fundamentalmente los perros (quizá por ello "malditos" para el mundo islámico). Es posible que las víctimas de esta enfermedad (que sufren crisis nerviosas, insomnio, espasmos o hipersexualidad) fueran parte fundamental en la creación de esta leyenda. Paradojas de la historia, un animal como el vampiro, que no habita en Europa, es el principal transmisor de la enfermedad en América latina, sólo que, a diferencia del perro o el ser humano, sólo es portador, y no sufre ningún síntoma con la misma....

Un "misterio científico" de mayor trascendencia hace referencia a la evolución de estos animales. Se crea o no, los científicos más prestigiosos en la materia discuten cuál es la relación entre los murciélagos y los primates. Obviamente serán muchos quienes se escandalicen con esta idea, y opinen que: ¡el Creacionismo está en lo cierto, no pudiendo tolerarse que existan gentes que defiendan tal "parentesco"!. Antes de continuar, observemos estas dos ilustraciones:

Los "murciélagos" se dividen en dos grupos: megamurciélagos y micromurciélagos. La primera ilustración corresponde a una de las especies más características del primer grupo de "mordeguises" (como se les conoce en la "región" española de Celtiberia), el zorro volador, mientras que la segunda ilustración (a la derecha) representa a una de las múltiples especies de lemures que habitan la isla de Madagascar. El parecido es obvio.

John Pettigrew, de la Universidad de Queensland (Australia) sugirió en 1986 que ambos grupos de murciélagos pertenecen a grupos totalmente diferenciados. Así, los megamurciélagos vendrían a estar íntimamente relacionados con los primates y el colugo (extraño animal planeador, con aspecto de "lemur", que habita en Indonesia). Esta tesis se basa en los cerebros de estos murciélagos, mucho más complejos y desarrollados que en el caso de los micromurciélagos (o "murciélagos" a secas). Esta teoría ha sido muy criticada. Investigaciones posteriores, destacar las llevadas a cabo por Simmons y Geisler (Museo de Historia Natural de Nueva York), defienden que todos los murciélagos participan de un mismo grupo taxonómico, no teniendo relación, al menos cercana, con los primates.

Si contemplamos el problema teniendo en cuenta el fenómeno de la "evolución convergente", nos daremos cuenta de que existen animales que pueden llegar a ser muy parecidos sin estar necesariamente emparentados, simplemente por efecto de la adaptación del medio y la selección natural (véase el caso del delfín y el ictiosaurio, por ejemplo). Por esta razón, es bien posible que megamurciélagos y micromurciélagos se parezcan por "convergencia", lo mismo que lemures y zorros voladores, desde el otro punto de vista.

Los partidarios de la segunda tesis afirman que el mayor desarrollo del cerebro de los zorros voladores se basa en los grandes ojos que poseen, razón por la cual requieren de un nervio óptico, y cerebro, de mayores proporciones (algo similar a lo que sucedió con Troodon, el dinosaurio con mayor masa encefálica). Sin embargo, ninguna postura parece clara. Los prejuicios son muchos, y entre quienes defienden la primera posición figuran científicos de la talla de Colin Tudge.

Se mire por donde se mire... los murciélagos son criaturas desconcertantes....

[i] Fuente: http://www.cetabol.cotasnet.com.bo/rzsp/9/sp/naka.pdf

Ilustraciones:

1) Vampiro (http://zmmu.msu.ru/bats/science/fauna/exfauna/desmod.html)

2 y 3) "Kalong, Pteropus celaeno Herm. 1/5 natürlicher Größe." de Gustav Mützel y Lemurs or Madagascar:Malagasy Primates, http://www.tsidy.com/lemurs/index.asp.

lunes, 6 de abril de 2009

Oda al hadrosaurio, el último dinosaurio...

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".
Augusto Monterroso
En todo lo científico, y por ende, empírico, existen factores que distorsionan el cómo recibimos aquello que nuestros sentidos perciben (o en su defecto, interpretamos con nuestra habilidad de abstracción, véase imaginación). Quizá los más notorios de todos estos factores sean: el afán de originalidad y la fijación en aquellos modelos más sensacionalistas. Así, es extraño que alguna cultura a lo largo de la historia haya visto representado en su mente, sea individual o social, en el hallazgo de un fósil de dinosaurio, un ser bondadoso, o equivalente, a los que pueblan su medio ambiente. Nada más lejos de la realidad. No será ésta la primera vez que hablamos sobre cómo se ha centrado el saber “sauriano” popular en especies como el Tyrannosaurus, menospreciándose al resto.
Dentro del “grupo” de los dinosaurios, sin lugar a dudas, los hadrosaurios (o dinosaurios pico de pato) han sido, de siempre, los peor considerados. En nuestros “bestiarios” siempre los hemos representado como los “ñúes del Mesozoico”, carne fácil para los terépodos depredadores. Sin embargo, no sólo los hadrosaurios, sino todos los ornitópodos en general, están "lavando" su imagen virtud de los últimos hallazgos.
En el 2002 tuvo lugar uno de los hallazgos paleontológicos más inquietantes de todos los tiempos. En Nueva México (EEUU), yacimiento de Ojo Álamo (1), científicos americanos encontraron restos de hadrosaurios, presumiblemente pertenecientes al Paleoceno, o lo que es lo mismo, el primero de los periodos en los que se divide el Terciario. Según este hallazgo, cuestionado por no pocos científicos, los dinosaurios sobrevivieron a la "extinción masiva" de hace 65 millones de años para morir algunos, pocos, millones de años después...
Corythosaurus, Edmontosaurus, Hypacrosaurus, Kritosaurus (en la imagen) o el legendario Parasaurolophus son algunos de los miembros de este basto linaje de gigantes herbívoros. Sus orígenes se remontan, presumiblemente, a los dinosaurios afines a Iguanodon, siendo el Cretácico superior (convencionalmente, el último periodo de los dinosaurios), la época de mayor esplendor de esta variopinta dinastía. Especies como Anatotitan nos demuestran que se trataba de seres capaces de habitar los ecosistemas más diversos, desde ciénagas, selvas, pasando por sabanas o climas semiáridos. Precisamente, este último género citado se cree que fue capaz de alimentarse en pantanos y ciénagas, siendo estos lugares, a su vez, sus refugios en caso de peligro. Más allá de tener cuernos, púas o colosales porras, los hadrosaurios se caracterizarían por su versatilidad, cualidad que es la mejor defensa por la poder defender la tesis de que "sobrevivieron" a la gran extinción. Sin embargo, no sólo para este caso los hadrosaurios nos brindarían grandes incógnitas.
El equipo de Jack Horner (quizá uno de los más famosos paleontólogos de todos los tiempos, pese a su aspecto "western") descubrió en la Formación Dos Medicinas (Montana, EEUU), allá por el año 1979, unos restos excepcionales: fósiles de un hadrosaurio junto a nidos con restos de huevos, hojas fosilizadas y pequeñas crías de dinosaurio, de pocos días de vida. Por razones obvias, esta nueva especie recibiría el nombre de Maiasaura ("reptil buena madre") y demostraría a la ciencia algo, que a día de hoy, es ya evidente... los dinosaurios cuidaban de sus crías.
En biología, el coste energético, alimenticio, y ante todo, biológico que "invierten" las diferentes especies en el cuidado de su prole se conoce como "cuidado parental". La magnitud de éste siempre ha estado ligado, proporcionalmente, al nivel de complejidad de la especie. Se conocen pocos datos de reptiles que "inviertan" magnitudes considerables, a excepción de cuidados muy puntuales como los proporcionados por los cocodrilos a sus infantes, recién salidos del huevo, sin embargo, el dato que Maiasaura liga a los dinosaurios, nos sirve, una vez más, para acercar a estos seres a sus, inexcuables, descendientes las aves (por más que los ornitópodos, de los que forman parte los hadrosaurios, no fueran “antepasados” directos de éstas, como sí, parece ser, lo fueron los terépodos (dinosaurios carnívoros)).
Se mire por donde se mire, los prejuicios se ven superados por la realidad biológica. ¡No me juzguen por mi pico de pato! Podría ser el eslogan de una campaña en pro de estos “incomprendidos” seres maravillosos. El post no da para más, y su historia es larga… volveremos a ellos en otra ocasión, sin lugar a dudas, con motivos para ello.
Una última nota para la reflexión: científicos chinos acaban de publicar el hallazgo de un ornitópodo ("Tianyulong confuciusi") dotado de filamentos que bien pudieran ser “prototipos” de plumas. Teniendo en cuenta que las aves no están relacionadas con este grupo de animales (ornitisquios), y sí con los terépodos (saurisquios)… ¿deberá la ciencia de replantearse el origen de las aves? Personalmente creo que Sordes y los pterosaurios aún no han dicho la última palabra…
Y una propuesta para la comunidad científica: Maiasaura (“reptil buena madre”) debiera cambiar su nombre por el de “Dulcesauria”….
¡Felicidades por tu cumpleaños Mama!
(1) Fassett, J, R.A. Zielinski, & J.R. Budahn, 2002. Dinosaurs that did not die; evidence for Paleocene dinosaurs in the Ojo Alamo Sandstone, San Juan Basin, New Mexico. In: Catastrophic events and mass extinctions; impacts and beyond. (Eds. Koeberl, C. & K. MacLeod): Special Paper - Geological Society of America 356: 307-336. (2002).
* En contra de la teoría de que los hadrosaurios sobrevivieron hasta el Paleoceno, véase el estudio realizado por científicos mejicanos en: http://rmcg.unam.mx/22-3/(12)Benammi.pdf
- Segunda foto: Maiasauras con sus nidos del genio Fabio Pastori

sábado, 17 de enero de 2009

El monstruo del Cambio: Heráclito y los dinosaurios antárticos

"ποταμοις τοις αυτοις εμβαινομεν τε και ουκ εμβαινομεν, ειμεν τε και ουκ ειμεν τε En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos [los mismos]" en Diels-Kranz, Fragmente der Vorsokratiker, 22 B12
¿Qué es el cambio? La definición oficial de la RAE afirma que es la “acción y efecto de cambiar” o lo que es lo mismo, el verbo cambiar es definido como “dejar una cosa o situación para tomar otra”. Coherente con un pensamiento donde la razón última, Dios, es de dudosa existencia y donde las reglas de la geometría euclidiana hace un tiempo que dejaron paso a teorías cuánticas y a los fractales, puede decirse que “el cambio” lo es “todo”, siendo describibles sus contornos, única y exclusivamente, como producto de la medida y la intuición. El “relativismo”, tan temible como temido por algunos, es un punto de vista neutro cara a la realidad.
A Heráclito de Éfeso se le atribuye uno de los más memorables adagios de la filosofía universal: “no se puede entrar dos veces en el mismo río”. Según la más autorizada doctrina, tan famosa frase procede de una versión que da Platón en el Cratilo, y no del propio filósofo griego (también conocido como “el Oscuro de Éfeso”), siendo la “versión original”, o al menos así se le aproxima en este momento, el texto arriba transcrito (reconstruido por I. Bywater, siguiendo los diferentes fragmentos de la obra de Laercio). Es desconcertante que se formulara un principio tan adecuado en época arcaica, para después haber sido olvidado, o menospreciado, en busca de modelos “fijos”, donde la dinámica de las fuerzas de la naturaleza son sometidas a ficciones, con el ánimo de alimentar al deseo humano de ser capaz de controlarlo “todo”.
Podría decirse que hay dos tipos de historia: la “humana” o “histórica” y la “natural”. Más que por los intervinientes, ambas se diferencian por el prisma con que son estudiadas, mayormente neutro en el segundo caso, donde los únicos testigos son fósiles y demás seres muertos e inertes y no crónicas de vencedores. Es precisamente en la “historia natural”, o mejor dicho, en la biología y la paleontología, donde mejor pueden apreciarse estas ideas. El medio físico es cambiante por definición. Fuerzas motrices incomprensibles, al menos totalmente, son las “culpables” de que las ideas de Heráclito sigan teniendo actualidad. La Antártida nos hará las veces de ejemplo.
A la vez que un pañuelo, nuestro mundo es un “puzzle”. Los continentes (sólo hace falta mirar un manda mundi para poder apreciar lo que se aquí se dice) acontecen “piezas” que cambian continuamente de posición. Antes África y Sudamérica estaban juntas (si se imprime un mapa del globo y se recortan, se verá cómo, aproximadamente, encajan una con otra), a la vez que con Australia, el Subcontinente indio (separado de Asia) y Oceanía. Esta masa de tierra fue Gondwana, "hermana" de Laurasia, y ambas, "hijas" del supercontinente Pangea.
Los continentes se mueven, cambiando su posición a lo largo de los siglos. La explicación de ello la tiene Wegener, y al difunto sabio nos remitimos (Wegener, A. (1912): “El origen de los continentes y océanos”), pues el tema sobrepasa lo tratado en este artículo. La deriva continental interactúa con la selección natural y demás “fuerzas” de la Naturaleza, dando como fruto las especies actualmente existentes, y pretéritamente, las que antaño existieron. Así, el “aislamiento” de Oceanía permitió que los mamíferos marsupiales, así como los monotremas (ornitorrinco y equidna), pudieran sobrevivir al “imperio de los placentarios (grupo al que pertenecemos nosotros mismos), al menos, hasta el momento.
Corrían los primeros años noventa cuando William Hammer y William Hickerson encontraron un curioso hallazgo a 3.900 metros, cerca del glaciar Beardmore, en la Antártida. Sobre el Monte Kirkpatrick, pues así se conoce a la formación, en lo que antiguamente había sido el lecho de un río, encontraron fósiles de un terrorífico carnívoro, el Cryolophosaurus.
Este dinosaurio, de 6 metros de largo, por 3 de alto, merodeó por los bosques antárticos hace 192 millones de años, Jurásico Inferior. El taxón al que perteneció no está claro, pensándose que quizá estuviera emparentado con el célebre alosaurio, si bien, actualmente se cree que debió ser uno más en la estirpe del, no menos conocido, Dilophosaurus (el dinosaurio con paraguas en la garganta (en la película, no en la realidad), de Jurassic Park). El Cryolophosaurus hallose a 650 kilómetros del Polo Sur, no obstante, en aquella época se encontraba a 1000 kilómetros más al norte, no debiendo resistir las frías noches polares.
No era la sabana africana, pero bien cierto es que la Antártida no era en el Mesozoico el continente que actualmente conocemos, o hablando en propiedad, decimos conocer. Por el, hoy, Polo Sur, medraban grandes anfibios carnívoros, correteaban parientes de los españoles Iguanodon o Hypsilophodon (Muttaburrasaurus y Leaellynasaura, respectivamente), así como vivieron algunos de los más primitivos saurópodos, eso sí, cada cual en su respectivo período geológico.
El “monstruo del Cambio”, caprichoso mote con el que quiero bautizar a este pavoroso ser, sin mayores pretensiones que para este artículo, nos muestra cómo, millones de años antes de la invención de la máquina de vapor, de las bombas atómicas, del movimiento ecologista y de la fundación de Greenpace, la Antártida ya experimentó un gran cambio, un cambio que condujo desde los grandes saurios… a sus lejanos primos, los pingüinos.
Lo dijo Heráclito, todo cambia, incluido el Clima. Los modelos euclidianos deben ser definitivamente desterrados, sigamos las ciencias modernas, y ante todo, consolidemos un nuevo y, por necesitar próspero en el futuro, cambio de paradigma. Para ello, debe ser conservado el medio ambiente, y muy especialmente la Antártida, siempre dentro de nuestras fronteras, sin intentar ser dioses, ni tampoco “salvapatrias” ecológicos. La Naturaleza es incontrolable e impredecible, y por ello mismo, y al mismo tiempo… fascinante.
Imágenes:
1) "Heraclitus" de Hendrik ter Brugghen
2) "Cryolophosaurus" de ДиБгд at ru.wikipedia

jueves, 18 de septiembre de 2008

El caso de Brasilia

Lo que Brasilia representa en mi concepto es el triunfo del hombre moderno sobre la naturaleza (un triunfo que puede deparar una sorpresa). En Río, las alturas y las aguas son de la naturaleza; en Brasilia son la obra del hombre. Las alturas son edificios, no montañas; las aguas son un lago artificial, no el mar. El hombre decidió construir en este lugar una nueva ciudad capital en un estilo nuevo. Antes aquí, no había habido nada humano, absolutamente nada sobre lo cual se pudiera construir algo. Todo debió ser comenzado desde cero. (…) Las primitivas ciudades del hombre surgieron gradual y naturalmente de una economía agrícola que puede haber sido varias veces milenarias antes de que diera origen a algo urbano. Brasilia no es así. (…) La creación de Brasilia es una acto de autoafirmación humana que es un acontecimiento en la historia de la humanidad (…)”.

Arnold Toynbee, “Entre el Maule y el Amazonas” (1967)

Las mejores clases son aquéllas que jamás son esperadas. Lecciones que da la vida sin previo aviso, gráciles y bienaventurados acontecimientos que nos alegran el devenir, reparando sapiencial beneficio y mejores ideas para lo venidero. El blog da pie a estos "eventos". En mi caso, bien pudiera decirse que la probabilidad de su acaecimiento es totalmente proporcional a los sabios comentarios dejados en los posts. Precisamente gracias a un magistral consejo bloggiano recaí en este gran autor. ¡Gracias Variopaint!, ¡aquí está mi tributo!

Algo que me gusta de Toynbee es lo "eterno" de sus textos. Fragmentos como el que arriba se transcribe (de los años 60), bien pudieran haber sido publicados en el diario de la mañana, con total actualidad y rastro de sangre nueva. De hecho, no hay muchas dudas de que, en lo que a la prensa actual se refiere, la perversión de lo efímero gobierna aquello donde debiera haber más verdades duraderas. Curiosamente, aupando la inteligencia de quienes me hacen de mentores, es precisamente el "diseño inteligente" aquello que debe descartarse, ser exiliado de nuestro pensamiento, borrado en nuestra escala de posibilidades, y más aún, de opciones.

Firmemente, creo que la Evolución comparte “fenómenos” con el Urbanismo. La tendencia hacia el Caos que se ve en lo natural tiene su contrareflejo en lo “racional” de lo definitivamente humano. Pensémos en Río. Pese a no haberlo visitado, alcanzo a ver muchas similitudes con otras megaurbes como Estambul, Londres, Madrid o Barcelona. Centros congestionados, desigualdades, barrios construidos sin orden, y en el caso de Río, trozos de selva entre el asfalto y ciudades eternas de favelas y demás monumentos a la miseria. Prima facie, la joven capital del país, Brasilia, bien pudiera parecernos otro cosa.

Como dijera Toynbee, se trata de un binomio ejemplar, un ejemplo clave del éxito del planeamiento urbanístico frente a la naturaleza. Donde antes no hubo nada (o al menos nada artificial), se levanta la capital, próspera, de un gran país emergente, potencia en expansión de poder e intereses. Brasilia comenzó a construirse en 1956 (por orden del Presidente Juscelino Kubitschek), hoy cuenta con más de dos millones de habitantes. Comparte con urbes como Canberra o Putrajaya (nueva capital administrativa de Malasia), el haber salido de la nada para ocupar el trono de la capitalidad estatal. En este caso de un gran país de inmensas perspectivas. Sin embargo, conforme se hace mayor la monumentalidad de Brasilia, también se va asemejando, cada día más, a la antigua capital de Río de Janeiro. La naturaleza no es producto de una creación divina, mucho menos de un diseño inteligente. Río de Janeiro nos lo demuestra, Brasilia nos lo está demostrando.

Por más que el hombre intenta organizar, clasificar, y “racionalizar” todo aquello que produce, la feroz bestia natural no admite doma. El Azar se idéntica con ella, vence los miedos e impera caóticamente. Río es “racionalizable”, sólo y exclusivamente en la medida en que el hombre pueda contener las fluctuaciones de la existencia no intervenida. Por más que Brasilia saliera del plano, se convertirá en una ciudad sujeta a una misma ley, la del Caos, única reina y soberana, en el Cielo, como también en la Tierra. ¿Caer de brazos cruzados? ¿Reconocer al Caos como el único futuro, el inevitable? ¡Nada de eso!, precisamente es el "orden" lo que identifica a nuestra especie. Sólo tiene cabida en nuestra mente, pero de nosotros depende su influencia en un medio hostil, y por definición, cambiante. Planificar el desorden, urbanizar sabiendo dónde...

Primera imagen: Juscelino Kubitschek Bridge (Ponte Juscelino Kubitschek), originally posted to Flickr as ponte JK. This file is licensed under Creative Commons Attribution 2.0 License.

Segunda imagen: Public domain, based on image from www.dominiopublico.gov.br U.S. Dept. of State and edited by Felipe Micaroni Lalli

viernes, 9 de mayo de 2008

Mapaches y familia

Exista cierto pensamiento, común en todos los occidentales, que nos hace pensar en unos animales y no en otros. Por más que vayan pasando los siglos desde su extinción en Norteamérica, los estadoudinenses siguen teniendo al elefante, al león o al camello para partícipes clave en su imaginario faunísitico. Siguen siendo algunos de los animales más célebres, configurándose como una suerte de “acervo cultural” que nos hace premiar al águila, sea real o calva, en vez del cóndor y al león, con o sin melena, en vez del puma o el jaguar. Cierto es que, animales como los camellos, tuvieron su origen en las sabanas del continente americano (quedando sólo las vicuñas, llamas, alpacas y guanacos como testimonios de ello, todos en Sudamérica), pero la verdad es que la celebridad que tienen estos animales entre los niños no se debe a ello, sino a algo más remoto y, sobretodo, occidental. Aquello que sucede en el todo incluye, necesariamente, a la parte. Los animales “prototipo” de la megafauna sufren un fenómeno que igualmente sufren sus congéneres menores. Pongamos al mapache como ejemplo.

Los mapaches forman parte de la familia de los “Procyónidos”, familia que incluye a especies, ninguneadas, como el coatí o el mico rayado, éste último de Méjico. Sus parientes más cercanos son los mustélidos, o lo que es lo mismo, la familia del tejón, la nutria o la comadreja. Ambos ocupan nichos equivalentes, sólo que los primeros conquistaron solo el Nuevo Mundo, consiguiendo los mustélidos ambos. Junto con osos, cánidos y focas forman el suborden de los “Caniforma”, constituyéndose la familia de los mapaches como la más desconocida, sin duda, de todo el orden. Sorprendentemente, realizar un somero estudio sobre los mapaches y su familia es una forma, genial, de sumergirse en la América más genuina, menos occidental, más pura en singularidades, rumores y leyendas.

Etimológicamente, “mapache” dícese que procede del término náhualt (lengua de los antiguos mexicas-aztecas) “mapactli”, o lo que es lo mismo, “el que tiene manos”. Este origen de la palabra mapache debe de contrastarse con el origen del término inglés “racoon”, del algonquino “aroughcoune”, es decir, “el que se rasca con las manos”. Sin motivo especial alguno, es sumamente expresivo el término por el que se conoce al animal en lengua catalana: “os rentador”. Todos estos términos hacen referencia a la curiosa, y acaso humana, costumbre del mapache de lavarse las manos, y la comida, antes de alimentarse. A efectos antropológicos, es sumamente curioso el hecho de que en “mejicano” de denomine mapache a aquel político que roba votos en el desarrollo de una elección: ya sea por las costumbres alimenticias del animal (roba huevos y demás alimentos en su hábitat) o por el hecho de tener un antifaz, señal de los ladrones, en su graciosa cara. El mapache es el animal más conocido de una familia totalmente desconocida. Sin embargo, el premio al más bello, quizás incluso entre todos los mamíferos, debe rivalizarlo con su pariente, el panda menor, animal que antaño se asimiló al panda gigante, en la actualidad considerado un úrsido.

Después de estos dos insignes miembros (éste último el único pariente que habita en el Viejo Continente), existen multitud de seres, más propios de un viaje a tiempos prehistóricos o de una visita a mundos imaginarios. Nos estamos refiriendo al curiosísimo coatí (inteligente y bello animal de las selvas de Sudamérica) o a los misteriosos kinkajou, potos o el mapache cangrejero.

Definitivamente, el conocimiento social que se nos inculpa procede de aquellas experiencias que, valga la redundancia, experimentaron la élite de los que forman nuestra cultura: las clases dominantes de Occidente. Si en los campos de Escocia o Valladolid existen nutrias y tejones, ¡es normal que los cuentos versen sobre ellos y no sobre el mapache, y mucho menos, sobre el kinkajou¡ Que nadie se engañe, culturalmente, siguen existiendo el Viejo y el Nuevo continente...

sábado, 29 de marzo de 2008

"La conspiración del pingüino": beneficios del Cambio Climático

ποταμοις τοις αυτοις εμβαινομεν τε και ουκ εμβαινομεν, ειμεν τε και ουκ ειμεν τε En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos [los mismos]

en Diels-Kranz, Fragmente der Vorsokratiker, 22B12

Poca duda cabe de que nos encontramos ante un cambio de paradigma. Los EEUU pierden credibilidad en un mundo globalizado, virtud de sus penosas actuaciones en Irak, Afganistán o en la gestión de su propio huracán Katrina. La “selección natural” que se interrelaciona con la geopolítica hace que la esfera pública internacional se regenere, surgiendo individuos más peligrosos, adaptados, especializados, aptos en definitiva, para los nuevos tiempos. España, por primera vez en mucho tiempo, ve el cambio desde primera línea de fuego. La siderurgia de Bilbao o Avilés, las industrias de Mataró y Elche o el emporio de manufacturas ibéricas variadas, entran en crisis, o desaparecen, ante el empuje de nuevas, y vitales, economías en desarrollo. Todo el mundo tiene en su mente a India o China; sin embargo, pocos son los que reconsideran la posición de países a los que llega el “progreso”, cuanto menos económico, en una hora más tardía de la que nos llegó a nosotros. Me refiero a esas nuevas potencias “de segunda fila” y gigantes envelados por la mentira y la información interesada. Países como Brasil, Argentina y Venezuela, Turquía, Egipto, Pakistán, Indonesia o Nigeria están adquiriendo sus propias credenciales para ser consideradas como países dignos de mención y cita en todos los organismos internacionales de relevancia: se llamen Consejo de Seguridad de Naciones Unidas o Fondo Monetario Internacional.

La inmisericorde partida de ajedrez que rige nuestros designios (quizás como correlato de un inevitable universo caótico) se vuelve a jugar como nunca se ha dejado de hacerlo. Si me apuran, se han cambiado, o modulado, las fichas. Si otrora fueron Roma y Cartago, España y los otomanos, Inglaterra y Francia, ahora lo son otros colores como EEUU, China, India o la renaciente Rusia. En un mundo siempre cambiante, ya lo enunció Heráclito de Éfeso, se suceden las fichas cambiando, siempre, el mismo tablero. Los enclaves de luchas y disputa no son siempre los que parecen. Los medios se centran en unos lugares y ópticas condicionados. Es por ello que, hoy más que nunca, es importantísimo seguir las fuentes comúnmente conocidas como alternativas. Seguramente estén igualmente, o más, condicionadas por sus ideologías pero también es cierto que toman prismas diferentes con resultados diversos. Son pocos los reportajes documentales, y libros de grandes editoriales, que se refieren a los escenarios, que a mi modo de ver, más se están disputando actualmente. La tríada de la discordia no es tan difusa como pudiera parecernos en un primer momento. África y los dos círculos polares (Ártico y Antártico) son los nuevos tableros, no siempre tenidos en consideración.

Algún días he soñado con publicar un libro que se titularía “La conspiración del pingüino”. Individuos como Al Gore se empecinan en mostrarnos cuán malos somos, cuánto contaminamos y abusamos de la madre naturaleza. Esta opinión no deja de ser posible. Que el hombre abusa de la naturaleza es algo que siempre nos ha definido como especie, y constituye el núcleo duro, se quiera o no, del concepto conocido como “civilización”. Opino que el cambio climático sí beneficia a algunos. El catastrofismo existente, pero tan impredecible como inevitable, siempre viene de la madre naturaleza, bien lo saben los mamuts o los propios dinosaurios. No obstante, el resultado material del cambio del clima es un aumento desproporcionado de los campos susceptibles de explotación económica.

Desde “Galatea de las Esferas” me llegó una noticia de lo más indicativa: la compañía norteamericana “Barrick Gold” (de la que forma parte Bush padre) pretende explotar una reserva medioambiental de primera magnitud como son los glaciales de Pascua-Lama en Chile, pues la descongelación de las grandes masas de hielos está mostrando al mundo una gran reserva de oro, plata y demás minerales preciosos. Es presumible que algo así acaezca en la Antártida propiamente (si no se sabe ya) y en diversos lugares del Círculo Ártico (donde Rusia ya ha iniciado maniobras de explotación de copiosos yacimientos).

África es un continente merecedor de un análisis a parte, dejémoslo para otro artículo, pero es igualmente cierto que se trata de continente virgen donde queda mucho por explotar. De hecho, las tierras natales de los Estados hegemónicos (véase también nuestra Península) han sido explotadas desde tiempos antiguos sin haberse agotado del todo sus recursos. Si estos lugares disponen de recursos equiparables... ¿cuántas guerras, enriquecimientos y hegemonías nos quedan por sufrir dentro de nuestro propio Planeta?

Origen de la primera imagen: Chini Open-pit copper mine near Silver City, New Mexico Segunda imagen: Penguin & Gulls, Strait of Magellan. Ambas sujetas a: GNU Free Documentation license

lunes, 29 de octubre de 2007

El culto del sacrificio

Comprar un libro acontece una experiencia maravillosa si se hace en un librería oscura, en un sótano, en uno de esos lugares donde amaga con aparecerse una Historia Interminable en su formato original o un viejo tomo de la Iliada o del Señor de los Anillos. Todo con su magia, ese librero barbudo que te enseña los productos más arcaicos y anticuados de la estantería, materiales que simplemente por su condición, pasan de ser libros para mutarse en joyas. Existen librerías, pocas, que guardan los requisitos de todo lugar para la reflexión y la sabiduría; otras conservan alguna de sus partes en estas condiciones, ello por lo menos, ya es algo.

En una de esas escenas pude hacerme con “Mito y culto entre los pueblos primitivos” de Ad. E. Jensen, editado por el genial Fondo de Cultura Económica. La imagen del tótem que preside la portada ya valía, de por sí, la compra de un ejemplar. El elemento fantasioso de mi encéfalo comenzó a emitir ondas. Mi hermana seguía la broma, y el azar quiso que el viento diera un gran portazo al meter el inofensivo, probadamente, libro en mi habitación-biblioteca. Sacrificios, Señor de los Animales, Moral Religiosa… éstos son los nombres de algunos de sus apartados, temas arcanos y de moda, en una sociedad sensacionalista y ranciamente morbosa y amante del vicio. Aquello que más me sorprendió fue la lúcida visión que hiciera el autor de las prácticas religiosas de los pueblos objeto del estudio antropológico. De entre todos los temas (lo siento sigo siendo humano pese a todo) aquél que más me interesó, desde el primer momento, fue el estudio realizado sobre el sacrificio de personas y su significado.

Dentro de las antiguas culturas que practicaron el ritual del sacrificio humano, siempre nos viene a la cabeza la civilización de los aztecas. Es difícil justificar la práctica, por más que intentemos ponernos en la posición del precolombino en su creencia del poder supremo del dios solar Huitzilopochtli: quien necesitaba alimentarse de la sangre humana (mayor de nuestros tesoros) para poder seguir iluminando. No sé, y quizás sea algo osado decir, si pudiéramos considerar que el sacrificio de personas, así como la caza de cabezas indonesia y demás prácticas afines, no tendrían algo de técnicas con las que controlar la superpoblación (uniéndose a las epidemias y a las guerras siguiendo las explicaciones de Malthus). No hay duda de que las exigencias del medio condicionan a la especie, incluida la humana. Con ello no quiero decir que no exista una moral mejor que otras, pero a diferencia de otros, no pienso ver nada bueno en la práctica del sacrificio humano. Hay quien ha llegado a justificar la conquista por la Corona Hispánica y correlativo imperio del cristianismo en la zona como una medida de choque esencial con la que acabar la barbarie de la religión azteca, así como de buena parte de los pueblos mesoamericanos. Como “sacrificios menores” decir que era común entre los pueblos de Mesoamérica infligirse cortes y heridas con los que ofrecer sangre propia al culto de los dioses. Parece ser que existieron pueblos más flagelados que otros con la práctica, viéndose en ello uno de los motivos por los que Tlaxcala odiaba a sus vecinos de Tenochtitlán.

El caso es que, como recoge Jensen, estos pueblos tenían igualmente tipificado el asesinato como conducta reprobable. Debiéndose diferenciar la muerte indebida y la ritual, dos prácticas diferentes siendo una perseguida y la otra necesaria. Más allá de la tesis darwinista de “método con el que controlar la población” o manifestación en grupos humanos de la Selección Natural, Jensen ve cierto paralelismo con la actitud del ser humano para la caza. De hecho, las pinturas y grabados rupestres no dejan de tener un componente ritual-sacro que trasciende lo eminentemente estético. Tenemos evidencias que apuntan hacia religiones animistas en tiempos prehistóricos, existiendo cultos de “exculpación” por haber cazado, para sobrevivir, uno de los miembros de la diosa suprema, la Madre Naturaleza.

Bien podría llegarse a opinar que el ser humano posee cierto condicionamiento que le exige destruir, matar, sean lagartijas, o en este caso, vidas humanas. Me niego a ver en ello una exigencia de nuestros genes. Si acaso, bien pudiéramos hablar de que nacemos con la madera necesaria para ser violentos por naturaleza, siendo de funestas consecuencias la cuestión si se nos “ayuda” afilando el arma con “deseducación” y creencias erróneas.

(La visión aquí citada bien debiera completarse con la lectura del libro de Christian Duverger: La flor letal (la economía del sacrificio azteca), de la misma editorial y, así mismo, algo más realista que el terrorífico film: Apocalypto.)

sábado, 19 de mayo de 2007

Reflexión yucateca

Hace cinco años que visité Mérida. Sus pálidas calles parecían remontarse a sus orígenes ibéricos, a un equivalente colombino de Guadix o Osuna. Puede que del observar se me encaprichara regalar a la imagen un toquecito de Compay Segundo y escenarios de un anuncio de ron caribeño. Su hermosura era tan grave como la de sus contrastes, de pobres a señores, de mansiones arruinadas a cabañas monumentales. Algunos atisbos de hispanidad recuerdo encontrar en el núcleo urbano, ante esa maciza catedral pétrea, cogida a lo sacro y los años. Pensaría que estoy en tierras pacenses de no ver la variedad de los rostros, el mestizaje yucateco bañado por la leche caucásica del europeo rostro, clímax de humanidad y de razas que se alza en un lugar complejo, monumento a lo variado de nuestra época.

No recuerdo ver ninguna play-station pero sí cómo los pequeños ruiseñores amagaban con ser Hugos Sánchez y Maradonas de los cenotes. Destellos de globalización irradiaban las pupilas de los críos, el ansia de bienestar, las ganas de no tener la comida fría. La eficiencia se les exige con ánimo de procurarles vestido en la hostil vida. No hay lugar para la tradición pero siempre lo habrá para los dólares. El yucateco habla maya, español, alemán y todos los lenguajes que el tiempo les requiera; no es que deseen abrir fronteras, pero sí darles a sus hijos un devenir más próspero.

Recuerdo cómo sus caritas y sus bucólicas chozas me remitían a pensamientos próximos a la reflexión política. A cómo iba a ser yo quién les quitara el teclado del ordenador y la licenciatura en Bellas Artes. Se me acontece que lo más selecto de los intelectos yucatecos desea prosperar en el competitivo mundo del conocimiento. Quizás quieran un master, una beca para pagarlo y un viaje a un resort en el que poder descansar con su cónyuge.

Alto. ¿Dónde estaba mi respeto por los indígenas? De golpe me percaté de que me dirigía a Uxmal, o quizás a Kabah, pero el caso es que iba a experimentar el éxtasis maya, la observación del templo serpentino y de los mascarones del lluvioso Tlatoc. Constaté como esas gentes eran sus descendientes, los guardianes del tesoro maya, de su lengua y del acerbo de sus costumbres. Es curioso. En Chichen Itzá descubrí que existe un campo de pelota, la canasta se hallaba en horizontal y el estadio compuesto por dos encarados frontones. La recreación parece curiosa, pero los regates representados no eran ni a lo Pelé ni a lo Maradona.

El niño tiene al ídolo globalizado, no conoce a Moctezuma ni a Diego de Landa, si acaso habrá oído hablar de Ronaldinho y de las alturas de los rascacielos. Quizás haya soñado con disponer de una suite a doscientos metros del suelo, con diplomas de Harvard enmarcados en plato y oro. Se me ocurre que posiblemente se vea casado con un sucedáneo de Scarlett Johanson, rubia cuidada, dada a las malas artes de lo fashion. No, no puede ser, el yucateco no parece estar por la labor de reivindicar su esencia maya, seguramente desee escribir un blog a invocar a Kukulkán, quizás sueñe con ir a la Universidad antes que a una manifestación antisistema. Seguramente reflexione acerca del egoísmo del privilegiado, de aquél que deterioró su tierra, del que vive en una orgía devota del consumo y del contamino, luego existo. Es impactante, el indígena acontece cordero globalizado, objeto de fantásticos sueños acerca de mundos mejores, mayormente equilibrados, donde el paternal europeo o norteamericano de turno no intente enseñar al yucateco lo que a ellos jamás les enseñaron.

lunes, 2 de abril de 2007

El misterio de las zarigüeyas

En el bestiario imaginario de buena parte de aquéllos que son de mi generación, seguramente se hallen presentes unos curiosos mamíferos, capaces de colgarse de las ramas de los árboles mediante sus elásticas colas. Se trata de las zarigüeyas (sí, salen en Bambi), marsupiales singulares que habitan las Américas, lejos de su feudo marsupial, Australia. Sin embargo, algo que nos pudiera sorprender es cómo unos pequeños animalitos sin capacidad mágica alguna pueden hallarse tanto en Australia como en la Patagonia. El rompecabezas adquiere mayores proporciones al constatarse cómo en los inhóspitos hielos antárticos han sido hallados fósiles de seres similares a tan curiosos animales. La solución acontece de difícil comprensión para alguien profano a las ciencias pero adquiere un mayor índice de comprensión de analizarse junto con un mapamundi al lado. Alfred Wegener demostró, hace ya casi un siglo, cómo los continentes se hallan en una deriva constante, cambiando de posición y de configuración, conforme van pasados los siglos. Ello se debe a los ritmos internos de nuestro planeta, y explica el origen de fenómenos como los terremotos o las dorsales oceánicas. Observando nuestro mapamundi, no creo ser el único de haberse percatado de cómo, por ejemplo, África y Sudamérica, parecen ser dos piezas de un mismo puzzle. Es fácil constatar cómo, si recortáramos la representación de ambos continentes de nuestro mapa, encajan irremediablemente. El misterio de la zarigüeya halla su resolución en tal fenómeno. Durante el mesozoico, Australia, Sudamérica y la Antártida se hallaban unidas en un continente. El clima que imperaba por tales terrenos era bien diferente del nuestro, hallándose la Antártida poblada de grandes bosques de coníferas. Las zarigüeyas, como otros tantos marsupiales, campaban a sus anchas por tales ecosistemas, sin descuidar que bien pudieran acabar siendo el desayuno de los auténticos reyes del continente antártico. Durante los periodos Jurásico y Cretácico, se ha constatado, paleontológicamente, que la Antártida se hallaba poblada de grandes dinosaurios. Algunos, como cryolophosaurus, eran especies endémicas, habitantes de un mundo que aún no había sido convertido en un gigantesco reino helado. Cryolophosaurus formaba parte de la extensa, y pavorosa, familia de los carnosaurios. Dentro de tal familia destacaba el extendidísimo allosaurus. Tal especie habitaba desde la Antártida, a la actual Tanzania, pasando por los EEUU, Australia o España. Obviamente, tales colosos requerían de proteicos manjares en forma que saurios herbívoros como el leaellynasaura o el muttaburasaurus. Ambos ornitópodos estaban emparentados con hypsilophodon e iguanodon, dos de los dinosaurios más abundantes, por aquellos tiempos, en lo que ahora es España. Curioso. La Antártida y España compartían especies o familias de dinosaurios, lo cual nos hace intuir cómo de diferentes eran las variaciones climáticas entre ambos territorios. Como en el resto del orbe, los dinosaurios sucumbieron al paso del tiempo, bueno, ello sin tener en cuenta la subsistencia de sus actuales parientes alados. Sin embargo, en el ámbito de lo natural, todo ecosistema vacante tiende a llenarse de nuevos inquilinos, y curiosamente, un, relativamente, corto período de tiempo, geológicamente hablando, separaría el fin de los dinosaurios del auge, en tales tierras, de los antepasados de los pingüinos. Pese a disponer de un arsenal adaptativo encomiable, los pingüinos son unas de las aves de origen más remoto (el período eoceno), configurándose como habitantes, ya históricos, de la gran Casa Terráquea. Otrora, existieron especies que podían alcanzar, y sobrepasar, nuestra altura, por lo que parece curioso que los antepasados de éstos fueran especies semejantes a los albatros. Zarigüeyas, dinosaurios, pingüinos, coníferas e icebergs con términos igualmente válidos en el discurrir de los tiempos. Pese a lo que pudieran pensar algunos, el Mundo se halla en continuo cambio en cuanto a escenarios, climas y pobladores. La Naturaleza es creativa; genera una excelsa variabilidad de resultados posibles, pero eso sí, sujetándose siempre a unos ciclos o leyes fijas que no acaban, ni posiblemente acabarán, siendo de nuestra comprensión. Puede que sea Dios, el Caos, la Selección Natural, pero el hombre no es gobernador del futuro. El tiempo cambia por derecho, los animales desaparecen dejando el paso a nuevos colonos de un Mundo constantemente en transformación.
Imagen anterior: leaellynasaura, origen (con consentimiento expreso del autor): http://www.dinosauromorpha.de/