Genial artículo sobre él en Marca, con Daimiel: http://www.marca.com/2009/10/19/baloncesto/nba/1255974037.html
sábado, 17 de octubre de 2009
El triste adiós de un "jugón".
domingo, 12 de julio de 2009
El misterio de los murciélagos
¡Cuánto añoro aquellas tertulias nocturnas en la playa! Los juegos de juventud, no necesariamente con alcohol, en los que se jugaban besos, secretos, e incluso, se contaban historias en ambiente (leyendas urbanas y otras imaginaciones previstas para asustar a jóvenes incrédulos). El verano se presta para ello, para el ocio, el divertimiento y las reuniones de amigos… ello si no tienes que estar
estudiando…. No recuerdo que en mi caso fuera tema de una de estas charlas, sin embargo, con total seguridad sí que lo ha sido en otras muchas el tema de los vampiros.
Más allá del mito, el vampiro (Desmodus rotundus) es un murciélago hematófago (es decir, se alimenta de sangre) que habita desde Chile hasta el sur de los EEUU, pasando por toda Centroamérica y la Amazonía. Aunque alguna vez son humanos (curioso testimonio es el mostrado por el colonizador Gonzalo Fernández de Oviedo, quien tuvo que usar de métodos indígenas para superar la picadura), lo normal es que sus presas sean ganado u otros grandes mamíferos (se estima que en los países de América Latina, la mortalidad anual es de 50 mil cabezas de ganado, y que anualmente por lo menos tres mil cabezas han muerto por la rabia en Bolivia[i]). No provocando la muerte, salvo en muy raras ocasiones, y por mera reincidencia. Muy diferentes al vampiro Drácula, la peligrosidad de estos seres reside en el largo haz de enfermedades que son capaces de transmitir con su mordedura, a destacar, la rabia….
Fuera de personajes históricos a los que presuntamente se les atribuyó una dieta hematófaga, como la Condesa Elizabeth Bathory o Vlad Draculea (Vlad III o Vlad Tepes), héroe nacional rumano que luchara contra los otomanos, los vampiros, a día de hoy, parecen tener una "explicación clínica". De hecho, no es casualidad que en la Transilvania (actualmente parte de Rumanía) de los siglos XVI y XVII hubiera una epidemia de rabia. Como es bien sabido, esta enfermedad se contagia por la mordedura de algunas animales que la aquejan, fundamentalmente los perros (quizá por ello "malditos" para el mundo islámico). Es posible que las víctimas de esta enfermedad (que sufren crisis nerviosas, insomnio, espasmos o hipersexualidad) fueran parte fundamental en la creación de esta leyenda. Paradojas de la historia, un animal como el vampiro, que no habita en Europa, es el principal transmisor de la enfermedad en América latina, sólo que, a diferencia del perro o el ser humano, sólo es portador, y no sufre ningún síntoma con la misma....
Un "misterio científico" de mayor trascendencia hace referencia a la evolución de estos animales. Se crea o no, los científicos más prestigiosos en la materia discuten cuál es la relación entre los murciélagos y los primates. Obviamente serán muchos quienes se escandalicen con esta idea, y opinen que: ¡el Creacionismo está en lo cierto, no pudiendo tolerarse que existan gentes que defiendan tal "parentesco"!. Antes de continuar, observemos estas dos ilustraciones:
Los "murciélagos" se dividen en dos grupos: megamurciélagos y micromurciélagos. La primera ilustración corresponde a una de las especies más características del primer grupo de "mordeguises" (como se les conoce en la "región" española de Celtiberia), el zorro volador, mientras que la segunda ilustración (a la derecha) representa a una de las múltiples especies de lemures que habitan la isla de Madagascar. El parecido es obvio.
John Pettigrew, de la Universidad de Queensland (Australia) sugirió en 1986 que ambos grupos de murciélagos pertenecen a grupos totalmente diferenciados. Así, los megamurciélagos vendrían a estar íntimamente relacionados con los primates y el colugo (extraño animal planeador, con aspecto de "lemur", que habita en Indonesia). Esta tesis se basa en los cerebros de estos murciélagos, mucho más complejos y desarrollados que en el caso de los micromurciélagos (o "murciélagos" a secas). Esta teoría ha sido muy criticada. Investigaciones posteriores, destacar las llevadas a cabo por Simmons y Geisler (Museo de Historia Natural de Nueva York), defienden que todos los murciélagos participan de un mismo grupo taxonómico, no teniendo relación, al menos cercana, con los primates.
Si contemplamos el problema teniendo en cuenta el fenómeno de la "evolución convergente", nos daremos cuenta de que existen animales que pueden llegar a ser muy parecidos sin estar necesariamente emparentados, simplemente por efecto de la adaptación del medio y la selección natural (véase el caso del delfín y el ictiosaurio, por ejemplo). Por esta razón, es bien posible que megamurciélagos y micromurciélagos se parezcan por "convergencia", lo mismo que lemures y zorros voladores, desde el otro punto de vista.
Los partidarios de la segunda tesis afirman que el mayor desarrollo del cerebro de los zorros voladores se basa en los grandes ojos que poseen, razón por la cual requieren de un nervio óptico, y cerebro, de mayores proporciones (algo similar a lo que sucedió con Troodon, el dinosaurio con mayor masa encefálica). Sin embargo, ninguna postura parece clara. Los prejuicios son muchos, y entre quienes defienden la primera posición figuran científicos de la talla de Colin Tudge.
Se mire por donde se mire... los murciélagos son criaturas desconcertantes....
[i] Fuente: http://www.cetabol.cotasnet.com.bo/rzsp/9/sp/naka.pdf
Ilustraciones:
1) Vampiro (http://zmmu.msu.ru/bats/science/fauna/exfauna/desmod.html)
2 y 3) "Kalong, Pteropus celaeno Herm. 1/5 natürlicher Größe." de Gustav Mützel y Lemurs or Madagascar:Malagasy Primates, http://www.tsidy.com/lemurs/index.asp.
lunes, 6 de abril de 2009
Oda al hadrosaurio, el último dinosaurio...

sábado, 17 de enero de 2009
El monstruo del Cambio: Heráclito y los dinosaurios antárticos
tuición. El “relativismo”, tan temible como temido por algunos, es un punto de vista neutro cara a la realidad.
encontraron fósiles de un terrorífico carnívoro, el Cryolophosaurus. jueves, 18 de septiembre de 2008
El caso de Brasilia
“Lo que Brasilia representa en mi concepto es el triunfo del hombre moderno sobre la naturaleza (un triunfo que puede deparar una sorpresa). En Río, las alturas y las aguas son de la naturaleza; en Brasilia son la obra del hombre. Las alturas son edificios, no montañas; las aguas son un lago artificial, no el mar. El hombre decidió construir en este lugar una nueva ciudad capital en un estilo nuevo. Antes aquí, no había habido nada humano, absolutamente nada sobre lo cual se pudiera construir algo. Todo debió ser comenzado desde cero. (…) Las primitivas ciudades del hombre surgieron gradual y naturalmente de una economía agrícola que puede haber sido varias veces milenarias antes de que diera origen a algo urbano. Brasilia no es así. (…) La creación de Brasilia es una acto de autoafirmación humana que es un acontecimiento en la historia de la humanidad (…)”.
Arnold Toynbee, “Entre el Maule y el Amazonas” (1967)
Las mejores clases son aquéllas que jamás son esperadas. Lecciones que da la vida sin previo aviso, gráciles y bienaventurados acontecimientos que nos alegran el devenir, reparando sapiencial beneficio y mejores ideas para lo
venidero. El blog da pie a estos "eventos". En mi caso, bien pudiera decirse que la probabilidad de su acaecimiento es totalmente proporcional a los sabios comentarios dejados en los posts. Precisamente gracias a un magistral consejo bloggiano recaí en este gran autor. ¡Gracias Variopaint!, ¡aquí está mi tributo!
Algo que me gusta de Toynbee es lo "eterno" de sus textos. Fragmentos como el que arriba se transcribe (de los años 60), bien pudieran haber sido publicados en el diario de la mañana, con total actualidad y rastro de sangre nueva. De hecho, no hay muchas dudas de que, en lo que a la prensa actual se refiere, la perversión de lo efímero gobierna aquello donde debiera haber más verdades duraderas. Curiosamente, aupando la inteligencia de quienes me hacen de mentores, es precisamente el "diseño inteligente" aquello que debe descartarse, ser exiliado de nuestro pensamiento, borrado en nuestra escala de posibilidades, y más aún, de opciones.
Firmemente, creo que
Como dijera Toynbee, se trata de un binomio ejemplar, un ejemplo clave del éxito del planeamiento urbanístico frente a la naturaleza. Donde antes no hubo nada (o al menos nada artificial), se levanta la capital, próspera, de un gran país emergente, potencia en expansión de poder e intereses. Brasilia comenzó a construirse en 1956 (por orden del Presidente Juscelino Kubitschek), hoy cuenta con más de dos millones de habitantes. Comparte con urbes como Canberra o Putrajaya (nueva capital administrativa de Malasia), el haber salido de la nada para ocupar el trono de la capitalidad estatal. En este caso de un gran país de inmensas perspectivas. Sin embargo, conforme se hace mayor la monumentalidad de Brasilia, también se va asemejando, cada día más, a la antigua capital de Río de Janeiro. La naturaleza no es producto de una creación divina, mucho menos de un diseño inteligente. Río de Janeiro nos lo demuestra, Brasilia nos lo está demostrando.

Por más que el hombre intenta organizar, clasificar, y “racionalizar” todo aquello que produce, la feroz bestia natural no admite doma. El Azar se idéntica con ella, vence los miedos e impera caóticamente. Río es “racionalizable”, sólo y exclusivamente en la medida en que el hombre pueda contener las fluctuaciones de la existencia no intervenida. Por más que Brasilia saliera del plano, se convertirá en una ciudad sujeta a una misma ley, la del Caos, única reina y soberana, en el Cielo, como también en
Primera imagen: Juscelino Kubitschek Bridge (Ponte Juscelino Kubitschek), originally posted to Flickr as ponte JK. This file is licensed under Creative Commons Attribution 2.0 License.
viernes, 9 de mayo de 2008
Mapaches y familia
que, animales como los camellos, tuvieron su origen en las sabanas del continente americano (quedando sólo las vicuñas, llamas, alpacas y guanacos como testimonios de ello, todos en Sudamérica), pero la verdad es que la celebridad que tienen estos animales entre los niños no se debe a ello, sino a algo más remoto y, sobretodo, occidental. Aquello que sucede en el todo incluye, necesariamente, a la parte. Los animales “prototipo” de la megafauna sufren un fenómeno que igualmente sufren sus congéneres menores. Pongamos al mapache como ejemplo.Los mapaches forman parte de la familia de los “Procyónidos”, familia que incluye a especies, ninguneadas, como el coatí o el mico rayado, éste último de Méjico. Sus parientes más cercanos son los mustélidos, o lo que es lo mismo, la familia del tejón, la nutria o la comadreja. Ambos ocupan nichos equivalentes, sólo que los primeros conquistaron solo el Nuevo Mundo, consiguiendo los mustélidos ambos. Junto con osos, cánidos y focas forman el suborden de los “Caniforma”, constituyéndose la familia de los mapaches como la más desconocida, sin duda, de todo el orden. Sorprendentemente, realizar un somero estudio sobre los mapaches y su familia es una forma, genial, de sumergirse en la América más genuina, menos occidental, más pura en singularidades, rumores y leyendas.
Etimológicamente, “mapache” dícese que procede del término náhualt (lengua de los antiguos mexicas-aztecas) “mapactli”, o lo que es lo mismo, “el que tiene manos”. Este origen de la palabra mapache debe de contrastarse con el origen del término inglés “racoon”, del algonquino “aroughcoune”, es decir, “el que se rasca con las manos”. Sin motivo especial alguno, es sumamente expresivo el término por el que se conoce al animal en lengua catalana: “os rentador”. Todos estos términos hacen referencia a la curiosa, y acaso humana, costumbre del mapache de lavarse las manos, y la comida, antes de alimentarse. A efectos antropológicos, es sumamente curioso el hecho de que en “mejicano” de denomine mapache a aquel político que
roba votos en el desarrollo de una elección: ya sea por las costumbres alimenticias del animal (roba huevos y demás alimentos en su hábitat) o por el hecho de tener un antifaz, señal de los ladrones, en su graciosa cara. El mapache es el animal más conocido de una familia totalmente desconocida. Sin embargo, el premio al más bello, quizás incluso entre todos los mamíferos, debe rivalizarlo con su pariente, el panda menor, animal que antaño se asimiló al panda gigante, en la actualidad considerado un úrsido.Después de estos dos insignes miembros (éste último el único pariente que habita en el Viejo Continente), existen multitud de seres, más propios de un viaje a tiempos prehistóricos o de una visita a mundos imaginarios. Nos estamos refiriendo al curiosísimo coatí (inteligente y bello animal de las selvas de Sudamérica) o a los misteriosos kinkajou, potos o el mapache cangrejero.
Definitivamente, el conocimiento social que se nos inculpa procede de aquellas experiencias que, valga la redundancia, experimentaron la élite de los que forman nuestra cultura: las clases dominantes de Occidente. Si en los campos de Escocia o Valladolid existen nutrias y tejones, ¡es normal que los cuentos versen sobre ellos y no sobre el mapache, y mucho menos, sobre el kinkajou¡ Que nadie se engañe, culturalmente, siguen existiendo el Viejo y el Nuevo continente...
- En primer término mapache (Procyon lotor), en sugundo lugar un panda menor (Ailurus fulgens), imagen de la autoría de Thomas from Amsterdam, sujeta a: Creative Commons Attribution ShareAlike 2.0 License.
sábado, 29 de marzo de 2008
"La conspiración del pingüino": beneficios del Cambio Climático
Poca duda cabe de que nos encontramos ante un cambio de paradigma. Los EEUU pierden credibilidad en un mundo globalizado, virtud de sus penosas actuaciones en Irak, Afganistán o en la gestión de su propio huracán Katrina. La “selección natural” que se interrelaciona con la geopolítica hace que la esfera pública internacional se regenere, surgiendo individuos más peligrosos, adaptados, especializados, aptos en definitiva, para los nuevos tiempos. España, por primera vez en mucho tiempo, ve el cambio desde primera línea de fuego. La siderurgia de Bilbao o Avilés, las industrias de Mataró y Elche o el emporio de manufacturas ibéricas variadas, entran en crisis, o desaparecen, ante el empuje de nuevas, y vitales, economías en desarrollo. Todo el mundo tiene en su mente a India o China; sin embargo, pocos son los que reconsideran la posición de países a los que llega el “progreso”, cuanto menos económico, en una hora más tardía de la que nos llegó a nosotros. Me refiero a esas nuevas potencias “de segunda fila” y gigantes
envelados por la mentira y la información interesada. Países como Brasil, Argentina y Venezuela, Turquía, Egipto, Pakistán, Indonesia o Nigeria están adquiriendo sus propias credenciales para ser consideradas como países dignos de mención y cita en todos los organismos internacionales de relevancia: se llamen Consejo de Seguridad de Naciones Unidas o Fondo Monetario Internacional.La inmisericorde partida de ajedrez que rige nuestros designios (quizás como correlato de un inevitable universo caótico) se vuelve a jugar como nunca se ha dejado de hacerlo. Si me apuran, se han cambiado, o modulado, las fichas. Si otrora fueron Roma y Cartago, España y los otomanos, Inglaterra y Francia, ahora lo son otros colores como EEUU, China, India o la renaciente Rusia. En un mundo siempre cambiante, ya lo enunció Heráclito de Éfeso, se suceden las fichas cambiando, siempre, el mismo tablero. Los enclaves de luchas y disputa no son siempre los que parecen. Los medios se centran en unos lugares y ópticas condicionados. Es por ello que, hoy más que nunca, es importantísimo seguir las fuentes comúnmente conocidas como alternativas. Seguramente estén igualmente, o más, condicionadas por sus ideologías pero también es cierto que toman prismas diferentes con resultados diversos. Son pocos los reportajes documentales, y libros de grandes editoriales, que se refieren a los escenarios, que a mi modo de ver, más se están disputando actualmente. La tríada de la discordia no es tan difusa como pudiera parecernos en un primer momento. África y los dos círculos polares (Ártico y Antártico) son los nuevos tableros, no siempre tenidos en consideración.
Algún días he soñado con publicar un libro que se titularía “La conspiración del pingüino”. Individuos como Al Gore se empecinan en mostrarnos cuán malos somos, cuánto contaminamos y abusamos de la madre naturaleza. Esta opinión no deja de ser posible. Que el hombre abusa de la naturaleza es algo que siempre nos ha definido como especie, y constituye el núcleo duro, se quiera o no, del concepto conocido como “civilización”. Opino que el cambio climático sí beneficia
a algunos. El catastrofismo existente, pero tan impredecible como inevitable, siempre viene de la madre naturaleza, bien lo saben los mamuts o los propios dinosaurios. No obstante, el resultado material del cambio del clima es un aumento desproporcionado de los campos susceptibles de explotación económica.África es un continente merecedor de un análisis a parte, dejémoslo para otro artículo, pero es igualmente cierto que se trata de continente virgen donde queda mucho por explotar. De hecho, las tierras natales de los Estados hegemónicos (véase también nuestra Península) han sido explotadas desde tiempos antiguos sin haberse agotado del todo sus recursos. Si estos lugares disponen de recursos equiparables... ¿cuántas guerras, enriquecimientos y hegemonías nos quedan por sufrir dentro de nuestro propio Planeta?
Origen de la primera imagen: Chini Open-pit copper mine near Silver City, New Mexico Segunda imagen: Penguin & Gulls, Strait of Magellan. Ambas sujetas a: GNU Free Documentation license
lunes, 29 de octubre de 2007
El culto del sacrificio
barbudo que te enseña los productos más arcaicos y anticuados de la estantería, materiales que simplemente por su condición, pasan de ser libros para mutarse en joyas. Existen librerías, pocas, que guardan los requisitos de todo lugar para la reflexión y la sabiduría; otras conservan alguna de sus partes en estas condiciones, ello por lo menos, ya es algo.En una de esas escenas pude hacerme con “Mito y culto entre los pueblos primitivos” de Ad. E. Jensen, editado por el genial Fondo de Cultura Económica. La imagen del tótem que preside la portada ya valía, de por sí, la compra de un ejemplar. El elemento fantasioso de mi encéfalo comenzó a emitir ondas. Mi hermana seguía la broma, y el azar quiso que el viento diera un gran portazo al meter el inofensivo, probadamente, libro en mi habitación-biblioteca. Sacrificios, Señor de los Animales, Moral Religiosa… éstos son los nombres de algunos de sus apartados, temas arcanos y de moda, en una sociedad sensacionalista y ranciamente morbosa y amante del vicio. Aquello que más me sorprendió fue la lúcida visión que hiciera el autor de las prácticas religiosas de los pueblos objeto del estudio antropológico. De entre todos los temas (lo siento sigo siendo humano pese a todo) aquél que más me interesó, desde el primer momento, fue el estudio realizado sobre el sacrificio de personas y su significado.
Dentro de las antiguas culturas que practicaron el ritual del sacrificio humano, siempre nos viene a la cabeza la civilización de los aztecas. Es difícil justificar la práctica, por más que intentemos ponernos en la posición del precolombino en su creencia del poder supremo del dios solar Huitzilopochtli: quien necesitaba alimentarse de la sangre humana (mayor de nuestros tesoros) para poder seguir iluminando. No sé, y quizás sea algo osado decir, si pudiéramos considerar que el sacrificio de personas, así como la caza de cabezas indonesia y demás prácticas afines, no tendrían algo de técnicas con las que controlar la superpoblación (uniéndose a las epidemias y a las guerras siguiendo las explicaciones de Malthus). No hay duda de que las exigencias del medio condicionan a la especie, incluida la humana. Con ello no quiero decir que no exista una moral
mejor que otras, pero a diferencia de otros, no pienso ver nada bueno en la práctica del sacrificio humano. Hay quien ha llegado a justificar la conquista por la Corona Hispánica y correlativo imperio del cristianismo en la zona como una medida de choque esencial con la que acabar la barbarie de la religión azteca, así como de buena parte de los pueblos mesoamericanos. Como “sacrificios menores” decir que era común entre los pueblos de Mesoamérica infligirse cortes y heridas con los que ofrecer sangre propia al culto de los dioses. Parece ser que existieron pueblos más flagelados que otros con la práctica, viéndose en ello uno de los motivos por los que Tlaxcala odiaba a sus vecinos de Tenochtitlán.El caso es que, como recoge Jensen, estos pueblos tenían igualmente tipificado el asesinato como conducta reprobable. Debiéndose diferenciar la muerte indebida y la ritual, dos prácticas diferentes siendo una perseguida y la otra necesaria. Más allá de la tesis darwinista de “método con el que controlar la población” o manifestación en grupos humanos de la Selección Natural, Jensen ve cierto paralelismo con la actitud del ser humano para la caza. De hecho, las pinturas y grabados rupestres no dejan de tener un componente ritual-sacro que trasciende lo eminentemente estético. Tenemos evidencias que apuntan hacia religiones animistas en tiempos prehistóricos, existiendo cultos de “exculpación” por haber cazado, para sobrevivir, uno de los miembros de la diosa suprema, la Madre Naturaleza.
Bien podría llegarse a opinar que el ser humano posee cierto condicionamiento que le exige destruir, matar, sean lagartijas, o en este caso, vidas humanas. Me niego a ver en ello una exigencia de nuestros genes. Si acaso, bien pudiéramos hablar de que nacemos con la madera necesaria para ser violentos por naturaleza, siendo de funestas consecuencias la cuestión si se nos “ayuda” afilando el arma con “deseducación” y creencias erróneas.
(La visión aquí citada bien debiera completarse con la lectura del libro de Christian Duverger: La flor letal (la economía del sacrificio azteca), de la misma editorial y, así mismo, algo más realista que el terrorífico film: Apocalypto.)
sábado, 19 de mayo de 2007
Reflexión yucateca
No recuerdo ver ninguna play-station pero sí cómo los pequeños ruiseñores amagaban con ser Hugos Sánchez y Maradonas de los cenotes. Destellos de globalización irradiaban las pupilas de los críos, el ansia de bienestar, las ganas de no tener la comida fría. La eficiencia se les exige con ánimo de procurarles vestido en la hostil vida. No hay lugar para la tradición pero siempre lo habrá para los dólares. El yucateco habla maya, español, alemán y todos los lenguajes que el tiempo les requiera; no es que deseen abrir fronteras, pero
sí darles a sus hijos un devenir más próspero.Recuerdo cómo sus caritas y sus bucólicas chozas me remitían a pensamientos próximos a la reflexión política. A cómo iba a ser yo quién les quitara el teclado del ordenador y la licenciatura en Bellas Artes. Se me acontece que lo más selecto de los intelectos yucatecos desea prosperar en el competitivo mundo del conocimiento. Quizás quieran un master, una beca para pagarlo y un viaje a un resort en el que poder descansar con su cónyuge.
Alto. ¿Dónde estaba mi respeto por los indígenas? De golpe me percaté de que me dirigía a Uxmal, o quizás a Kabah, pero el caso es que iba a experimentar el éxtasis maya, la observación del templo serpentino y de los mascarones del lluvioso Tlatoc. Constaté como esas gentes eran sus descendientes, los guardianes del tesoro maya, de su lengua y del acerbo de sus costumbres. Es curioso. En Chichen Itzá descubrí que existe un campo de pelota, la canasta se hallaba en horizontal y el estadio compuesto por dos encarados frontones. La recreación parece curiosa, pero los regates representados no eran ni a lo Pelé ni a lo Maradona.
El niño tiene al ídolo globalizado, no conoce a Moctezuma ni a Diego de Landa, si acaso habrá oído hablar de Ronaldinho y de las alturas de los rascacielos. Quizás haya soñado con disponer de una suite a doscientos metros del suelo, con diplomas de Harvard enmarcados en plato y oro. Se me ocurre que posiblemente se vea casado con un sucedáneo de Scarlett Johanson, rubia cuidada, dada a las malas artes de lo fashion. No, no puede ser, el yucateco no parece estar por la labor de reivindicar su esencia maya, seguramente desee escribir un blog a invocar a Kukulkán, quizás sueñe con ir a la Universidad antes que a una manifestación antisistema. Seguramente reflexione acerca del egoísmo del privilegiado, de aquél que deterioró su tierra, del que vive en una orgía devota del consumo y del contamino, luego existo. Es impactante, el indígena acontece cordero globalizado, objeto de fantásticos sueños acerca de mundos mejores, mayormente equilibrados, donde el paternal europeo o norteamericano de turno no intente enseñar al yucateco lo que a ellos jamás les enseñaron.
lunes, 2 de abril de 2007
El misterio de las zarigüeyas
que nos pudiera sorprender es cómo unos pequeños animalitos sin capacidad mágica alguna pueden hallarse tanto en Australia como en la Patagonia. El rompecabezas adquiere mayores proporciones al constatarse cómo en los inhóspitos hielos antárticos han sido hallados fósiles de seres similares a tan curiosos animales. La solución acontece de difícil comprensión para alguien profano a las ciencias pero adquiere un mayor índice de comprensión de analizarse junto con un mapamundi al lado.
Alfred Wegener demostró, hace ya casi un siglo, cómo los continentes se hallan en una deriva constante, cambiando de posición y de configuración, conforme van pasados los siglos. Ello se debe a los ritmos internos de nuestro planeta, y explica el origen de fenómenos como los terremotos o las dorsales oceánicas. Observando nuestro mapamundi, no creo ser el único de haberse percatado de cómo, por ejemplo, África y Sudamérica, parecen ser dos piezas de un mismo puzzle. Es fácil constatar cómo, si recortáramos la representación de ambos continentes de nuestro mapa, encajan irremediablemente. El misterio de la zarigüeya halla su resolución en tal fenómeno.
Durante el mesozoico, Australia, Sudamérica y la Antártida se hallaban unidas en un continente. El clima que imperaba por tales terrenos era bien diferente del nuestro, hallándose la Antártida poblada de grandes bosques de coníferas. Las zarigüeyas, como otros tantos marsupiales, campaban a sus anchas por tales ecosistemas, sin descuidar que bien pudieran acabar siendo el desayuno de los auténticos reyes del continente antártico.
Durante los periodos Jurásico y Cretácico, se ha constatado, paleontológicamente, que la Antártida se hallaba poblada de grandes dinosaurios. Algunos, como cryolophosaurus, eran especies endémicas, habitantes de un mundo que aún no había sido convertido en un gigantesco reino helado. Cryolophosaurus formaba parte de la extensa, y pavorosa, familia de los carnosaurios. Dentro de tal familia destacaba el extendidísimo allosaurus. Tal especie habitaba desde la Antártida, a la actual Tanzania, pasando por los EEUU, Australia o España.
Obviamente, tales colosos requerían de proteicos manjares en forma que saurios herbívoros como el leaellynasaura o el muttaburasaurus. Ambos ornitópodos estaban emparentados con
hypsilophodon e iguanodon, dos de los dinosaurios más abundantes, por aquellos tiempos, en lo que ahora es España. Curioso. La Antártida y España compartían especies o familias de dinosaurios, lo cual nos hace intuir cómo de diferentes eran las variaciones climáticas entre ambos territorios. Como en el resto del orbe, los dinosaurios sucumbieron al paso del tiempo, bueno, ello sin tener en cuenta la subsistencia de sus actuales parientes alados.
Sin embargo, en el ámbito de lo natural, todo ecosistema vacante tiende a llenarse de nuevos inquilinos, y curiosamente, un, relativamente, corto período de tiempo, geológicamente hablando, separaría el fin de los dinosaurios del auge, en tales tierras, de los antepasados de los pingüinos.
Pese a disponer de un arsenal adaptativo encomiable, los pingüinos son unas de las aves de origen más remoto (el período eoceno), configurándose como habitantes, ya históricos, de la gran Casa Terráquea. Otrora, existieron especies que podían alcanzar, y sobrepasar, nuestra altura, por lo que parece curioso que los antepasados de éstos fueran especies semejantes a los albatros.
Zarigüeyas, dinosaurios, pingüinos, coníferas e icebergs con términos igualmente válidos en el discurrir de los tiempos. Pese a lo que pudieran pensar algunos, el Mundo se halla en continuo cambio en cuanto a escenarios, climas y pobladores. La Naturaleza es creativa; genera una excelsa variabilidad de resultados posibles, pero eso sí, sujetándose siempre a unos ciclos o leyes fijas que no acaban, ni posiblemente acabarán, siendo de nuestra comprensión. Puede que sea Dios, el Caos, la Selección Natural, pero el hombre no es gobernador del futuro. El tiempo cambia por derecho, los animales desaparecen dejando el paso a nuevos colonos de un Mundo constantemente en transformación.






