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sábado, 19 de febrero de 2011

Los cuernos del vikingo

“La raza a la que se llama hoy en su conjunto gálica o galaica es apasionada de la guerra, pronta a la cólera y a llegar a las manos, tosca de costumbres y sin vicios. A la menor excitación corren al combate abiertamente y sin mirar a derecha o izquierda, son así fáciles de vencer por quien quiera combatirles a través de maniobra, no hace falta si no provocarles” Estrabon “Geografía” 4, 4, 2-3
“Los celtiberos cortan las cabezas de sus enemigos muertos en el combate y las cuelgan de los cuellos de sus caballos”. Diodoro de Sicilia 5, 9, 5
Ya sea por un disfraz de carnaval, por el bueno de Vicky, por el primer gran clásico de BlizzardLost Vikings”, o por ser un fanático de la historia, lo primero que le viene a la cabeza a uno al hablar de vikingos, son los cuernos. Rudos, violentos, conquistadores sin escrúpulos, bandidos y borrachos, la imagen del vikingo, como la de todo “bárbaro” en general, nos llega en términos similares. Nada importa que jamás se haya acreditado que los vikingos llevaran casco con cuernos, o que se piense que el mito venga de haberse encontrado cuernos (como vaso) en las tumbas de algunos guerreros. El vikingo “debe” llevar cuernos, pues es bárbaro, extranjero, y afín al Diablo.
No es un suceso aislado. Por todos es “aceptado”, más que sabido, que la civilización a Hispania llegó con griegos y romanos. Más allá de cutres series televisivas (muy deudoras de los estereotipos), cada vez se tiene más constancia de que existieron culturas, poco menos desarrolladas que la romana, y que en verdad, como no podía ser de otra manera, el Imperio se impuso por las armas, el comercio y la moneda. Estrabón hablaba de los celtíberos como borrachos guerrilleros, cuando, valga por ejemplo, investigaciones en las inmediaciones de Calatayud han descubierto, incluso, calendarios astronómicos celtíberos. La percepción del otro es un instrumento de poder para nada nuevo. Los últimos sucesos en el norte de África, así nos lo confirman.
No dejaré constancia de una ignorancia única si digo que hasta hace poco Hosni Mubarak se me presentaba como el más respetable líder del mundo islámico. Sus continuos “ires y venires” a EEUU, Europa o Israel, parecían situarle como una figura “mediadora” de primer orden. Podría llegar a parecer que, incluso, Egipto era uno de los países islámicos más desarrollados, aunque una simple visita bastara para probar a cualquiera lo contrario. Los últimos sucesos, y muy especialmente la retransmisión de sus discursos a la población, nos han mostrado a un Mubarak “diferente”. El viejo mediador se ha vuelto inútil, donde antes había paz ahora se ve el régimen de un tirano, parece ser, ya derrocado. No conozco a nadie que haya tenido el privilegio de hablar con el anterior líder egipcio, o que diga ser amigo suyo, por lo que no puedo tener una opinión sobre cómo es su persona. Las últimas imágenes, discursos y documentos nos muestran a una persona muy egocéntrica, prototipo de cacique de, como diría el bueno de Miguel Ángel Asturias, “república bananera”. Una vez más, el poder de los medios como instrumento de poder es más que notable.
Roma tenía una original forma de tratar a los “políticos” del momento. A los rivales (véanse Aníbal o Arminio) se les “deificaba” y consideraba cuasi como héroes, por el mero hecho de haber sido capaces de vencer a Roma, el Imperio, en varias ocasiones. Algo así sigue sucediendo, de forma un tanto diferente, con las naciones conquistadas por el actual estado hegemonón. El Iraq de Sadam (claro caudillo laico) era una amenaza “islamista” poseedor de armas de destrucción masiva (a la vez que petróleo...). Los talibanes, tan útiles para bloquear avances soviéticos, resultaron ser unos poderosos señores de la guerra, mientras que “el cutre” régimen de Corea del Norte, se ha llegado a convertir en una de las máximas amenazas mundiales. Si no te gustan mis principios, tranquilo, tengo otros. Al poder económico y al militar se le ha unido otro, el de los medios de comunicación, sólo que, para sorpresa de muchos, llevan más tiempo existiendo del que pudiéramos creer...
Para finalizar un consejo. Si quiere examinar al “bárbaro” de turno intente conocerlo, leer, estudiarlo... no se quede “con los cuernos del vikingo”. Origen imágenes: 1) http://wire.ggl.com/wp/wp-content/uploads/2007/12/lost-vikings.jpg
2) http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f7/Napolitano-Mubarak.jpg

viernes, 10 de diciembre de 2010

El arco de Tito

“Si consideramos estos Estados universales, no como observadores ajenos a ellos, sino a través de los ojos de sus propios ciudadanos, veremos que éstos no sólo desean que tales comunidades terrenales, a las que pertenecen, vivan eternamente, sino real y verdaderamente creen que está asegurada la inmortalidad de estas instituciones humanas”.
Arnold J. Toynbee, “Estudio de la Historia”.
Es bueno soñar despierto, fomenta la motivación y el esfuerzo. Cuando tengo “tiempos muertos”, valiosos éstos por su escasez, me sumerjo en interminables viajes por Google Earth. Veo lugares a los que quisiera viajar, contemplo monumentos frente a los cuales quisiera estar algún día, y de paso, me ilustro con referencias de Wikipedia y alguna que otra búsqueda de información por Google. No acostumbro a “visitar” localizaciones en las antípodas, ni islas recónditas del Pacífico, acostumbro a fijarme en lugares, que con cierta suerte, es bien probable que algún día alcance a visitar. Uno de esos viajes, espero que “inminentes” (siempre en un sentido relativo), es el que algún dia espero hacer a la Provenza francesa.
Concorde a mis aficiones, sueño con visitar las ciudades de Arles, Nimes o Orange. Sueño con ver sus anfiteatros, teatros, templos y demás monumentos romanos. Motivos de inspiración para Van Gogh, entre otros muchos artistas, los restos romanos son uno de los máximos exponentes de cómo Francia es el ejemplo mundial a seguir en lo que a conservación del patrimonio nacional se refiere. No sé si por sufrir momentáneos “síndromes de Stendhal” contemplar este tipo de edificios me llevan a los más recónditos lugares de un mundo imaginado. Romántico en tierra de teorías económicas, disfruto mayormente con un edificio con historia que con un edificio doblemente vistoso: disfruté más viendo Santa Sofía en Estambul que subiendo a cualquier rascacielos.
Muy especialmente, en relación con el caso, recuerdo cierta sensación de majestuosidad al contemplar el arco de Tito, cerca del Coliseo de Roma. Aun siendo un ambiente ciertamente hostil (viaje de final de ESO, con no muchos compañeros prestos al conocimiento), recuerdo “disfrutar como un enano” al ver el gran monumento al genio romano. Al leer durante la pasada noche a Toynbee (fragmento que arriba cito), no pude dejar de pensar en Santa Sofía, en el Coliseo, y cómo no, en el arco de Tito.
Es inherente a la naturaleza humana ese sentimiento, falso, de superioridad que nos hace creernos, en no pocas ocasiones, inmunes e inmortales. Quizá como sumatorio de percepciones individuales, los imperios tienden a ello. Se piense en la antigua Roma, en Asiria o en los EEUU todos los ciudadanos de estos “estados universales” han creído en su momento ser inmunes al paso del tiempo. Los imperios siempre tienden a considerarse “únicos”, pueblos elegidos exonerados del paso del tiempo.
Estoy seguro de que buena parte de los habitantes de la Roma imperial lo creían al contemplar el arco de Tito. Sus sensaciones no debieron ser muy diferentes a las experimentadas por el común de los habitantes del Estado de Israel, en el año 2008, cuando George W. Bush, con ocasión del 60º aniversario del nacimiento de Israel como Estado, afirmó que: “Israel es el pueblo elegido”. Es curioso, ¿se han dado cuenta de que la desconfianza conduce, en no pocas ocasiones, a la supervivencia? Si la preponderancia del judaísmo como poder económico es tal, se debe, en no poca medida, al pragmatismo de su “clase dirigente” (muy distinta al pueblo llano ciudadano de Israel, y mayoritariamente residente en EEUU, Londres o Moscú). Aun tras el saqueo de Roma por Genserico, y anterioramente, por Alarico, los romanos pensaron que su Estado era “inmortal”, que el nombre de Roma perduraría hasta el infinito. Si algo de ello se cumplió, fíjense, fue porque la Iglesia católica, representada por el Santo Pontífice, desconfió de los tiempos, y aceptó a los nuevos jefes bárbaros como gobernantes.
El arco de Tito, Santa Sofía o el Capitolio de los EEUU nos hacen sentir la grandeza de los grandes imperios. Como diría la típica canción progre “antisistema”: “los imperios caerán”. La excesiva confianza y vanagloria lleva al fracaso, la desconfianza sabia, al éxito. El Mundo es una mezcla de contrastes y antónimos que no parece cambiar con el paso del tiempo. ¿Naturaleza Divina de las fuerzas del Tiempo? Permítanme dudarlo, pero es difícil hablar con propiedad de “Selección natural dentro de las sociedades humanas”, y por ende, también en los imperios. ¿O no?
Ilustraciones:
2) Detalle de la Capilla Sixtina

miércoles, 13 de enero de 2010

La domesticación del clima.

¡Tamaña sorpresa debió de darse el primer hombre que inventó el fuego! Aquella fuerza divina que sólo había sido capaz el hombre, hasta entonces, de ver en el rayo, en el volcán o en los trágicos incendios ahora era accesible para el simio hegemónico. Los de su tribu quizá lo alzaron a la consideración de deidad, tal vez lo acusaron de herejía por utilizar un medio vedado para los seres carentes de naturaleza divina... La fuerza devastadora por excelencia, el elemento más temido por todo animal terrestre ahora se había convertido en herramienta accesible. De problema a solución, al menos en parte. ¿Qué pensaría el lector si le dijera que, algún día, quizá el clima pueda ser controlado, “cultivado” como algunas especies vegetales, e incluso, ser un bien con rendimiento económico?

Sabiendo que el pasado siglo XX fue el de las comunicaciones, no sería muy aventurado decir que este siglo va a ser el de la ciencia, especialmente el de la biología. La biotecnología, los próximos descubrimientos en genética y neurociencia seguro que no nos dejarán indiferentes, transformando nuestro mundo en una realidad apenas hoy imaginable (al igual que Internet ya lo hiciera a finales del s. XX). Sin embargo, al igual que la propia Internet, es bien probable que surjan avances que apenas seamos capaces de soñar, ni en el mundo de Pandora, tan a pie de boca hoy en día. El “cultivo” del clima poco a poco se va haciendo realidad.

Seguramente no serán pocos quienes hayan oído hablar del “robo de nubes” por parte del gobierno de Esperanza Aguirre (Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid). Según se ha demostrado, el gobierno madrileño ha estado utilizando tecnología israelí con el fin de conducir las nubes, que en principio se dirigían a otro lugar, hacia su territorio. El asunto transcendió “mínimamente”, en parte por ser la víctima Castilla y León (CCAA igualmente gobernada por el Partido Popular), y, en otra parte, por ser un asunto “poco creíble” para el común de los mortales. Sin embargo, la verdad está ahí. Según se ha demostrado, Israel ha conseguido bombardear a las nubes con yoduro de plata, provocando que las precipitaciones, que en principio no iban a hacerlo, caigan en su territorio. Esta herramienta en manos de un estado tan poderoso no es como para estar tranquilo, más aún si eres ciudadano de uno de sus vecinos países árabes. En este caso, más que de “cultivo” hablamos de “robo”, pero las “modificaciones climáticas” que el hombre será capaz de realizar a corto plazo no se reducen a ello.

Ya en otra ocasión, en Nubiru se trató el tema de la peridotita, un mineral capaz de absorber dióxido de carbono (CO2) convirtiéndolo en cuarzo. Este mineral, sobre el que “Petroleum Development Oman” ya está realizando pruebas, abunda no sólo en el desierto de Omán (península Arábiga), sino también en la propia Arabia Saudí, así como en las costas de Yugoslavia. Es una roca volcánica, sus afloramientos están asociados a los de olivino, llamada a dar que hablar en el futuro. No es la única medida sobre la que se está investigando...

A principios de los años 90, el oceanógrafo californiano John Martin pronunció una frase, un tanto "esotérica-apocalíptica": “Denme un barco cargado de hierro y provocaré una era glacial”. Poca gente le dio importancia en aquel momento. Varias compañías de EEUU han retomado la idea con el fin de generar "créditos para contaminar" (siguiendo el sistema inaugurado por Kyoto), pero no ha sido hasta los últimos meses que el asunto ha tomado un nuevo sentido.

A bordo del gigantesco Polarstern, científicos de la India y Alemania han hecho un experimento "sembrando" hierro en el oceáno con el afán de fomentar el crecimiento del fitoplácton (minúsculos organismos capaces de hacer la fotosíntesis). Sin embargo, con ello también ha crecido la población de devoradores de fitoplácton (organismos semejantes a larvas de camarón) y, según científicos españoles, un intento a gran escala pudiera, no sólo hacer que se elimine una tasa inferior de hidróxido de carbono de la que se había previsto, sino también provocar un incremento masivo de las poblaciones de plácton que consumiera tal tasa de oxígeno que acabara con los peces.

Se mire por donde se mire la Ciencia se está abriendo paso, eso sí, una vez más con Maese Dinero siguiéndole la pista. ¿Se conseguirá domesticar el clima? O mejor dicho... ¿se podrá "graduar" el Cambio Climático?

miércoles, 7 de enero de 2009

"Papá. ¿Por qué nos odian tanto los musulmanes?"

Según el momento, sociedad, tiempo o contexto en el que nos encontremos, existen preguntas para las cuales no hay respuesta posible, sin previo paso por una situación embarazosa. El origen de los bebes, el porqué de los diferenciación sexual, o ideológica, son temas “tabús” sobre los que nos preocupa hablar, las más de las veces, con profundo rubor. En según qué momento, algo así pasa cuando se nos pregunta por la explicación del actual “choque de civilizaciones” (parafraseando a Huntington) entre el Islam y Occidente.
Papá. ¿Por qué nos odian tanto los musulmanes?”, bien pudiera ser tan pavorosa pregunta. En este primer post del año 2009 no puedo dejar de referirme "al tema", no sólo por ser el más discutido y discutible asunto de actualidad, sino ante todo, por mi más pura, y sentimental, esencia humana. No se puede uno ausentar de los hechos que están acaeciendo en Gaza sin renunciar a su corazón, o peor aún, sin convertirlo en negro azabache. Esta vez intentaré ser audaz, utilizando esta, utilísima y gratuita, doble libertad que me brindan mi joven edad y blogger, como genial medio de expresión.
Un efímero repaso por la historia del lugar nos permite valorar su maravilloso legado histórico, cultural, y sobre todo en este momento, humano. Más allá de ser un actual paso fronterizo (polémico como todo lo que le rodea), Gaza siempre ha sido un lugar geopolíticamente estratégico para el gigante egipcio. El faraón egipcio, Tutmosis III, la configuró como su bastión (siendo presa, con posterioridad, de diferentes imperios, fuere el Asirio o el Napoleónico). Actualmente nos encontramos ante uno de los lugares más densamente poblados del Mediterráneo. Sí, el mismo mar que nos moja los pies a tantos. En referencia a esto último, uno de nuestros "clásicos vivientes", Juan Goytisolo, escribe en una columna, "Sueños de Nochevieja para 2009", de "elPaís" de 2 de enero de 2009, que sueña con que: "los cruceros de lujo por la cuenca mediterránea incluían una escala en Gaza para jugar al golf y la convertían, por el reciente esplendor de sus ruinas, en el punto de destino favorito de la gente guapa."
El malvado bucle en el que se ve envuelto la situación no deja de ser, incluso, paradigmático. La temida secuela imitadora del hijo de padre maltratador se refleja en el Estado sionista. Aquello que uno con bigote impuso, es imitado por los hombres de largas barbas, en nombre de su Fe, e intereses. No me deja de sorprender que existan quienes se preguntan por qué entre los ciudadanos de Europa (manteniendo al margen la inmigración magrebí y turca) crece el antisemitismo. No porque ello esté justificado, pues se trata de una tiranía ideológica funesta como cualquier otra, sino porque el abogado defensor del judaísmo, Israel mismo, pierde el juicio aniquilando a su contraparte.
La excusa de los ataques palestinos puede llegar a ser válida, si nos quedamos en una dimensión "terminológica" o cuantitativa, para nada cualitativa. Cierto es que algunos atentan contra los israelitas, como también lo es que el terrorismo es apoyado, no sólo en la franja de Gaza sino en todo el territorio controlado por la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Sin embargo, sin conocimientos de psicología, ni aun menos de psiquiatría, puede decirse que la política seguida con Gaza no ha sido la mejor, obviándose opciones, sea de "democratización" o fomento de la Paz, y fomentando un eficiente caldo de cultivo de terroristas (¿quién sabe si como instrumento legitimador por el que conseguir, tal y como está sucediendo, la Franja (territorio que fuera cedido a la ANP virtud de los Acuerdos de Oslo)?). Debemos tener en cuenta una idea, y es que los muros de hormigón que con anterioridad se construyeron, y por Naciones Unidas fueron condenados, han hecho más por el terrorismo que las ayudas, copiosas, y no sólo existentes, de países como Irán.
Este dramático problema no deja de confirmar las tesis de Huntington, razón por la cual, alternativas como "la Alianza de Civilizaciones" son algo más que necesarias en estos momentos. Como se pregunta el insigne Dr. Georges Corm ("La cuestión religiosa en el siglo XXI", Madrid, Taurus, 2007): "¿Cómo han podido cambiar tan bruscamente los decorados que nos rodean en el escenario del mundo? ¿Cómo, en un lapso de tiempo tan corto, ha podido producirse un cambio tan drástico? Ayer, como quien dice, en 1989, caía el muro de Berlín, lo que abrió más aún los espacios de libertad. Ayer también, en 1991, Kuwait era liberado por la más formidable de las coaliciones armadas desde la Segunda Guerra Mundial y el presidente de Estados Unidos anunciaba el advenimiento de un nuevo orden internacional, por fin justo y equitativo, en el que la agresión del fuerte sobre el débil sería severamente castigada. Ayer finalmente, en 1992, el politólogo americano Francis Fukuyama obtenía un gran éxito internacional con una obra que anunciaba "el fin de la historia" merced a la generalización y al triunfo del sistema democrático sobre los cadáveres presentes y futuros de los régimes autoritarios o dictatoriales". Que nadie se equivoque, que ya lo hará el amigo Fukuyama por nosotros... lástima que Huntigton nos haya abandonado recientemente, pues el Mundo mucho le iba a demostrar, para nuestra desgracia, cuánta razón él tenía...
Imágenes: 1) Gaza Strip from CIA factbook. 2) IDF soldiers of the religious battalion of Nahal training for infantry service. Original uploader was Naama at en.wikipedia.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Argelia y el peligro del islamismo

“El rasgo más singular de la política exterior soviética es, por supuesto, la ideología comunista, que transforma a las relaciones entre estados en conflictos entre filosofías. Es una doctrina de la historia y también una fuerza motivante. Desde Lenin a Stalin, Khrushchev, Brezhnev y quienquiera que le suceda, los líderes soviéticos han estado parcialmente motivados por una autoproclamada perspicacia para interpretar las fuerzas de la historia, y por la convicción de que la causa de ellos es la causa de la inevitabilidad histórica. Su ideología enseña que la lucha de clases y el determinismo económico hacen inevitable el alzamiento revolucionario. El conflicto entre las fuerzas de la revolución y la contravolución es irreconciliable. Para las democracias industriales, la paz aparece como una condición naturalmente alcanzable; es la composición de las diferencias, la ausencia de lucha. Para los líderes soviéticos, por el contrario, la lucha no termina con la transacción sino con la victoria de un bando. La paz permanente, según la teoría comunista, solamente puede lograrse aboliendo la lucha de clases, y la lucha de clases sólo puede terminar con la victoria comunista”.
Henry Kissinger, “Mis memorias”.
A priori, Kissinger es un personaje que podría causar recelos, cuanto menos en lo que a mí respecta. Halcón del neoconservadurismo de los EEUU (sigue siendo uno de los más relevantes en la actual administración Bush, por no decir “el más”), responsable de la conspiración contra Allende…, Kissinger es una personalidad de la máxima importancia, quizá, a mi ver, una de las cinco personas más importantes del pasado siglo XX. De lo que no hay duda es de su perspicaz, y raramente superable, inteligencia. Leo las frases arriba transcritas y no acabo de poder diferenciar la situación que motivó la redacción de estas palabras (la “Guerra Fría” en los años 70) con la situación que ahora bien las podría motivar. Me gustaría quedarme, muy especialmente, con la idea de que el comunismo es una “es una doctrina de la historia y también una fuerza motivante”, ¿qué pasaría si cambiáramos a la hoz y el martillo por la media luna islámica?
Como es bien sabido, Islam significa “sumisión”. Desde esta óptica, la yihad de los fundamentalistas islámicos bien puede verse a la luz del texto de Kissinger. Con ellos no puede haber transacción, sino sólo la derrota de un bando. Tal y como acaece en muy raras ocasiones, la lectura de este monumental, e indispensable, obra se me juntó con el análisis de un estudio, no menos interesante. Se trata de “El Sahara: vínculos sociales y retos geoestratégicos”, de Mohamed Cherkaoui (Director de investigación del Centro Nacional de Investigaciones Científicas francés, CNRS), (Bardwell Press-Siglo XXI, 2008). Gracias a la lectura de esta obra he podido saber de la situación “geopolítica” de uno de los países que siempre más me han incomodado: Argelia.
Si tuviera que elegir uno de los países que mayor pavor me genera, sería éste. Su vasta extensión (en su mayor parte desértica) junto con una casta militar que monopoliza el poder, en un país “rico”, virtud de los hidrocarburos y demás recursos en su haber, me hacen ver el país con suma desconfianza. Cherkaoui habla de una “unificación de la unidad nacional argelina” dentro de un contexto de “conflicto (incompatibilidad) con el resto de sociedades”, véase, un nuevo y “sui generis” imperialismo. Sin querer pensar al son de las trompetas de los EEUU, o al menos intentando ser un tanto independiente en mi pensamiento, debe decirse que el “islam”, no en todo, pero sí en su variante más integrista y genuinamente “purificadora” es un enemigo de primer nivel.
En Oriente Medio cada día se constata, con mayor intensidad, el auge de Irán en países como Siria, Líbano o Palestina, ¡qué decir en Iraq, pese a los intentos fallidos de dominación por parte de EEUU! Como países “contenedores” siguen estando Pakistán, Marruecos y Egipto, a la vez que el eterno enemigo iraní: Turquía.
Que hay una necesidad global de establecer un “derecho democrático cosmopolita”, institucionalizado en organismos representativos de verdadera soberanía (véase una nueva, y en cierto modo imperial, Organización de Naciones Unidas) es evidente. Sin embargo, asimilando a este contexto las palabras de otro genio: no se hará de golpe, sino sumando pequeños pasos. Por el momento debe vigilarse a países infernales como Argelia. Intentar que no forme alianzas potencialmente fatales con el eje iraní. Debe acabarse de integrar a Turquía y utilizar su “autoridad geopolítica” para sembrar el orden, junto a su “rival” Egipto.
El enemigo, para el caso de Europa, está dentro, pero también cerca de nuestras fronteras. ¿Cómo imponer el derecho democrático global cosmopolita? ¿Es conveniente hacerlo en gentes con cultura limitada, impregnada de los valores violentos del islamismo radical?. Quizá sea el momento de recordar el modelo turco, y ver los pros y contras de la figura de Atatürk y el kemalismo.

viernes, 25 de julio de 2008

Vespasiano: un Emperador ambiguo

Respecto al exterior, somos lo que parecemos. Salvo indagaciones íntimas de quienes nos rodean, en el mundo somos lo que el resto percibe. En no poca medida, en ello se basa la idea de "persona". Después de todo, lo que uno percibe de sí mismo, se conoce como autoestima. Si de veras no interesa la opinión del tercero, somos gente poco importante (predestinada a desaparecer con su cuerpo); sin embargo, aquél, que para bien o para mal, está predestinado a ser inmortal en las mentes del resto, requiere de un ropaje que se forma, en no pocas ocasiones, por rumores, suposiciones y maquinaciones de terceros. Si estudiamos, muy someramente, algunas generalidades de las biografías de los diferentes Emperadores romanos, nos daremos buena cuenta de cuán cierto es todo ello. Dejando a un lado a los “clásicos”, existen figuras, para el público secundarias, que, sin embargo, tienen el prestigio de haber sido reconocidas como grandes Emperadores. Especialmente me vienen a la cabeza un padre y un hijo, el padre es Vespasiano, su vástago, Tito. Tito Flavio Vespasiano es el paradigma del buen romano. En un tiempo de cortesanos, conspiraciones y asesinatos, sirvió al Imperio con la máxima de todas las honorabilidades posibles. Fue un eficaz gobernante de la provincia de África, pese a recibir lanzamientos de nabos, un gran estratega en la conquista de islas, sin importar que la británica isla de Wright fuere ínfimamente menor que Sicilia. De su boca surgirían frases lapidarías. Se dice que rechazó un económico presupuesto mediante el que subir piedras al Capitolio con el argumento de que “Debo tener siempre la seguridad de que la clase obrera gana suficiente dinero para comprar pan”. Vespasiano era un hombre ejemplar, un romano modélico. Como ejemplo de buen hombre de su tierra, se cuenta que jamás dejó de visitar, y favorecer, a su pueblo de origen (Roccagiovine), conservando siempre, con total orgullo, un acento típicamente rural. Frente a los excesos de Nerón, el infame, Vespasiano se nos presenta como el más sobrio, riguroso y digno de todos los Césares. Fundó la dinastía de los Flavios, no perteneciendo a la aristocracia, respetando a sus superiores mientras le rigieron con poderes y mando, siendo contundente, cuando tuvo que haberlo sido. Vespasiano, y sobre todo su hijo, Tito, pasaron a la historia, no sólo por iniciar la construcción del anfiteatro Flavio (el Coliseo), sino también por acabar con la rebelión judía que prendió en aquellos tiempos. Flavio Josefo, nada que ver con la dinastía imperial, pasaría a la posterioridad por narrar el conflicto que aquí se menciona. La revuelta judía (66-73 d.C.) fue recogida por su puño y letra, llegando a nosotros en tanto que incalculable testimonio de aquel acontecimiento. Josefo fue judío, prendido por los romanos en los inicios de la contienda. El hecho de “predecir” el futuro mandato imperial de Vespasiano, le valió su perdón, aunque la historiografía hebraica se empecina en reivindicar su papel de traidor. La descripción que realizara del Templo de Jerusalén (en la que se basaría Felipe II para la construcción del Escorial) adquiriría especial valor virtud de los acontecimientos que él mismo se encargaría de narrar. Si Calígula, imponiendo su autoridad, fue capaz de erigir una imagen suya dentro del Templo, Tito (comandando las tropas de su padre) redujo a cenizas el Templo, acabando con el mayor símbolo identitario entre los judíos. Valga recordar, igualmente, que fue precisamente durante estas guerras, cuando se configuró el mito de Masada (epopeya nacionalista del sionismo israelita). Una cosa está clara. La benignidad de las descripciones romanas bien nos pueden haber dejado la impresión de que Vespasiano fue, más que un hombre modélico, un sujeto creado por quienes les rodeaban, un hombre de paja, un personaje ideal para una obra singular. Frente a la falsa idiosincrasia que nos ha llegado de Nerón o Domiciano, Vespasiano no acaba de convencer a nadie como uno de los grandes. Más allá de ser el reformador, y forjador, de la futura prosperidad del Imperio, constructor del Coliseo, vencedor en Judea, Vespasiano parece ser un hombre ninguneado, quién sabe si por no ser merecedor de mayores elogios, o por ser la peor pesadilla de los judíos. Suposiciones al aire, la historia, una vez más, dista de ser una ciencia objetiva, un cúmulo de fórmulas empíricamente contrastables, como pudieren ser la Física o la Química.

  • En primer lugar: The Triumph of Titus by Lawrence Alma-Tadema, Oil on canvas, 1885
  • En segundo lugar: vista de Masada (Israel)

martes, 22 de enero de 2008

La historia de Said

Rincorosa no era una cabra cualquiera. Su habilidad, un tanto simiesca, en el arte de cortar ramas la hacían única. Lo mismo escalaba peñas, que comía ramón o aliaga, digería algún hilo (de esparto o de seda), o simplemente, se despeñaba, ínfimamente, del peñasco más hostil y prohibido. Sus balidos solían acontecer signo de mala nueva, y es que sólo su arte al engendrar sanos cabritos ¡le salvaban de entrar en el campo de las alimañas domésticas!

Said iba a remolque del animal, su rebaño se dispersaba con total irreverencia. El pastor no sabía dar orden, ni mucho menos, imponer respeto; en realidad, las cabras siempre han sido más listas de la cuenta, mayormente soberanas que un infante de once años. Los chacales de las rocas, buitres y rapaces, y alguna que otra reina de escamas, no le acobardaban en su labor cotidiana, esa técnica de supervivencia: acompañar a las cabras en su pasto, soportar sus inclemencias, buscar sustento en sus caprichos, a falta, irremediablemente, de una mejor solución posible.

Los animales es raro que demanden lo que necesitan. Sus ganas pocas veces se lo permiten, siendo antes el momento que lo obtienen, que aquel en que lo cotejan. Sus instintos se comieron el pensamiento, su valor el sentido de la vergüenza. Rincorosa era una maestra en el arte de lo infame, su sed solo se saciaba con el momento, no conocía de prórroga o plazo, simplemente sabía de la tempestad de sus entrañas: las ganas del presente instante.

Su hídrico olfato no le había engañado, allende las próximas rocas y quebradas fluía un río. Said conocía de su abuela los peligros del mismo. “Ve siempre a la charca” recuerda haberle oído decir. El joven chaval no alcanzaba a comprender el significado de los consejos de su vieja benefactora. Su cátedra era la infancia, su teoría la del juego y la inexperiencia. Sujeto temprano para tanta responsabilidad, las cabras pastaban con Said, no sabiéndose bien quién era el guía.

Un ruido estremeció al chico con su paisaje. ¡El golpe carecía se la sequedad del virote, qué decir de la del peñasco! Said no conocía al miedo, su mente era inmune a lo irreverente. El hecho era estupro para su jornada cotidiana. Corrió en busca de sus cabras, cuanto menos, de aquellas que ya no estaban cerca. La indisciplina había alcanzado un clímax, no tanto por naturaleza como por los nervios.

Repentinamente Said sintió algo en su espalda. Un golpe lo dejó a mitad de camino entre la serenidad y la inconsciencia. Nadie le había rectificado con tanta fiereza, ni el clima, ni el viejo maestro, mucho menos su severo padre. Said cayó en el desmayo, transmutándose en fardo de heno, pienso de los tiempos, con los que desalimentar a sus dulces cabras.

El soldado lo recogió, lo trasladó al lugar del crimen, del rapto. Varios compañeros acababan de optimizar el nuevo aparato. El extractor comenzó a engullir agua con soltura, mostrando a los peones el ingenio de otros intelectos. El país estará contento, la nación camina con pasos cortos, pero fuertes, ligeros, aun careciendo suavidad, siendo fatal terciopelo. El coronel se identificó con el recluta, percatándose de la novedad, y malaventurada hora, en la que el pastorcillo descubrió la jugarreta. “Que parezca un resbalón” –dijo el cabo primero- “Haz parecer que se dio contra una piedra”. El pobre instrumento, sin contestación posible, inyectó sedante a la víctima; el veneno aquel día no vendría de ningún reptil, llevaba pantalones y zapatos, también metralleta.

Nota: el agua es uno de los factores más peligros en esta crisis, junto con la falta de independencia de nuestra economía del petróleo, y la inseguridad que provoca la comunión en conciencia y destino con todos los rincones de este planeta. La Globalización muchas veces tiene esas cosas: enseñar para aleccionar, o cuanto menos, ser conscientes de que no se está actuando. Maná vital para todo ser vivo, ¡Dios quiera que las guerras no se basen jamás en su apropiación!

Pese a todo, Said es una metáfora de hechos que ocurren con tanta frecuencia, como fiereza. Israel, hermano mayor (cuanto menos en armamento) dentro de la familia de Oriente Medio, utiliza las fuentes de agua a su libre albedrío. ¡Quién dijo que no eran suyas, quienes son sus vecinos para privarles de sus deseos!

A modo de final, un ejemplo de hipocresía: información del gobierno israelí sobre su política hidrográfica. Artículo de Georges J. Nasr

Origen de la ilustración: (autor: http://en.wikipedia.org/wiki/User:Fir0002)