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jueves, 22 de mayo de 2014

Mi postura ante las próximas elecciones!




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Mi postura ante las próximas elecciones y ante la "política internacional" en general...

lunes, 5 de noviembre de 2012

Viaje a Budapest.

Una introducción a esta hermosísima urbe bien puede comenzar por describir el Puente de las Cadenas. Más allá de la tautología, y tocando la retórica, Budapest es lo que es al Puente de las Cadenas lo que es al Danubio. El puente une a las antiguas localidades de Buda y Pest, hoy unidas en una misma metrópolis (en el año 1873), comunicándolas por encima del río Danubio. El puente fue cuasi totalmente destruido durante la Segunda Guerra Mundial, si bien actualmente se haya reconstruido con todo gusto y rigurosidad. Destacan los elementos estructurales del puente colgante, así como los colosales leones que custodian los accesos al mismo.

Dice el eminente escritor italiano, Claudio Magris, que Budapest es "la más hermosa ciudad del Danubio". No le falta razón, presumo, dada la monumentalidad inherente a esta perla húngara. Buda es una ciudad antigua pero moderna, la antigua capital húngara. Al igual que Dresde y otras muchas ciudades del este de Europa, Buda fue reconstruida tras el conflicto de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque rehecho tras el conflicto, el palacio real de Buda destaca por sus dimensiones y las múltiples esculturas que le rodean. Dentro de Buda me llamó poderosamente la atención la neogótica iglesia de San Matías, una belleza. El Bastión de los pescadores parece sacado de una película de Disney, aconteciendo un marco especial desde el que poder ver el Danubio.

Más dinámica y moderna es Pest. En ella se encuentra el delicioso edificio del Parlamento húngaro. El edificio más voluminoso del país y uno de los más grandes parlamentos (sin lugar a dudas el más bello) del Mundo. No por casualidad, sus dimensiones son mayores que las del Parlamento inglés, en el cual se basaron sus constructores. Dentro de Pest llama la atención la hermosa Basílica de San Esteban. Las reminiscencias a San Pedro del Vaticano y San Pablo de Londres son evidentes. Su interior tiene algunos rasgos que recuerdan a Santa Sofía (Estambul), siendo su decoración algo digno de alabar, al igual que el resto del edificio.

Pest tiene dos grandes arterias histórico, artísticas y comerciales: la Avenida Andrássy y la Vaci Utca. La primera, similar a los Campos Elíseos parisinos y al Paseo de Gracia de Barcelona, cuenta con edificios tan fabulosos como la Ópera de Budapest. Su desembocadura da con la Plaza de los Héroes, poderosa muestra del profundo nacionalismo húngaro, reafirmado, aún más, tras la pérdida de Hungría de buena parte de su extensión tras la Segunda Guerra Mundial (especialmente de Transilvania). Cerca de la plaza se halla el gran parque que contiene el parque zoológico, los baños Széchenyi y el sorprendente castillo romántico de Vajdahunyad. Los baños Széchenyi, que tuve el goce de poder disfrutar, son los más grandes de Europa. El edifico neo-barroco es ya, en sí, un monumento. La piscina termal exterior es todo un espectáculo (personalmente, mejor que los legendarios baños Gellert, marco de múltiples anuncios). Una surrealista forma de pasar el frío inherente a la urbe, gozando con los chorros y gorgoteos divinamente acompasados. En la Plaza de los Héroes se encuentra también el Museo de Bellas Artes (el más imprescindible de la ciudad), que cuenta con obras de El Greco, Velázquez, Tiziano... entre otros. Sin tener un Louvre o un Británico, Budapest cuenta con museos muy interesantes además del susodicho: caso del Museo Nacional o de la Casa del Terror (antiguos cuarteles nazis y soviéticos).

Vaci Utca es la Puerta del Ángel de Budapest. Calle comercial, dotada de gran belleza, allí se encuentran las tiendas más populares, así como varios locales de souvenirs. El final de la calle coincide con el Mercado Central, lugar de obligatoria visita.

Más allá de ser el domicilio del popular Rocco, la urbe danubiana no hace ostentación de su popular título de “capital del porno”, por más que, efectivamente, abunden los sex-shops y los locales de streaptease. La seguridad de la ciudad es total. No hay excesivos carteristas y los transportes son tranquilamente utilizables por la noche. Cuidado especial debe tenerse con los taxistas (personalmente prescindí de sus servicios).

La gastronomía húngara es todo un descubrimiento. El célebre, y delicioso, gulash (guiso de ternera con patatas) es sólo un ejemplo al que añadir la sopa de champiñones, el pato guisado o el hígado de oca (Hungría es el segundo productor mundial tras Francia).

No sólo por ser lugar donde destacaran la célebre Sissi, Atila o el célebre compositor Liszt, Budapest es una ciudad de obligatoria visita. Sus monumentos le hacen ser una suerte de París del Este, dotada de una elevadísima densidad monumental y del encanto inigualable de las urbes del Este de Europa. No se puede justificar viajar fuera de Europa sin haber visto esta ciudad. Europa demuestra por qué es el Viejo Continente, la cuna de la civilización occidental, teniendo lugares como este. Gran viaje por el que celebrar mi 27º cumpleaños, precisamente hoy, 5 de noviembre.

Unas últimas recomendaciones:
- Id a un hotel céntrico, como Sofitel Chain Bridge.
- Escuchar un concierto de música clásica en uno de los numerosos templos existentes (yo tuve ocasión de escuchar el Requiem de Mozart el día de Difuntos, si bien, es común que se ofrezcan conciertos de Liszt, entre otros, en numerosos lugares).
- Disfrutar de la cocina húngara y tener precaución con el popular "palinka", fortísimo aguardiente. 
- Ir a los baños. No son caros y valen la pena, especialmente los Széchenyi.

domingo, 6 de mayo de 2012

Ganar en orgullo. Homenaje a Pep Guardiola.



Corría un tiempo en que ser “culé” te hacía sentir “inferior” cuando se hablaba de éxitos europeos. Cierto es que el F.C. Barcelona será siempre el “rey de Recopas” (competición ya extinta) y que, al igual que sucede con el baloncesto, tenía el dudoso honor de haber sido subcampeón de Europa en numerosas, y demasiadas, ocasiones. Siempre que uno veía el palmarés de “la orejuda” veía a un Nottingham Forest  con 2 Copas de Europa, o a un Estrella Roja de Belgrado o Steaua de Bucarest con una. El Barcelona, por caprichos del destino, sólo tenía una, relativamente reciente, y ganada en la prórroga con gol de falta contra una poco glamurosa Sampdoria. Eran tiempos duros para todo culé.

El equipo de Rijkaard, con los Ronaldinho, Deco y Eto´o, supo subir la moral de los culés con un equipo que se convirtió en uno de los mejores de la Historia. El orgullo blaugrana comenzaba a llegar hasta cuotas insospechadas, y todo hacía prever que las “Champions” no se acabarían en París.

Llegó una breve “crisis” dentro de la época Laporta y todo el mundo creyó ver los inicios de un “fin de ciclo”, tantas veces invocado desde algunos medios, que la irrupción de Pep supo frenar. Con Guardiola no sólo se consiguió recuperar el ánimo y orgullo perdidos, sino que se cambió la esencia de “librejuego” encarnada por Ronaldinho y Rijkaard por una de orden, disciplina y toque que ha convertido al equipo dirigido por Guardiola, con pocas dudas al respecto, en el mejor equipo de la Historia.

Nadie duda de que el once tipo de Pep será recordado, cuando menos, como el quinteto inicial de los Celtics de Larry Bird. El equipo de Pep supo recoger la herencia de Cruyff (deudor, a su vez, de Rinus Michels), incorporando la política de cantera de Van Gaal y los recientes éxitos deportivos de Rijkaard. La grandeza, por siempre reconocida, de Guardiola residiría en saber hacer prevalecer el toque y la calidad de juego (véanse Xavi e Iniesta) sobre la filigrana meramente vistosa o el efectivo contragolpe. El Barcelona de los últimos tiempos se ha caracterizado por un flojo contragolpe y un deficiente juego a balón parado, valores ambos que ayudan a enaltecer la leyenda de un equipo capaz de haberse convertido en el mejor de todos los tiempos.

El buen juego promovido por Guardiola ha sabido encontrar en el entrenador sus “añadidos” ideales: ejemplaridad y buen ser. Ante las contínuas provocaciones, en no pocas ocasiones calumniosas, procedentes de la caverna (véase “central lechera”), Pep siempre ha sabido anteponer el respeto y la defensa irónica sin caer en el insulto o la violencia. Por otra parte, y al mismo tiempo dejando en evidencia a otros partícipes de este “Super-Barça”, como Joan Laporta, Pep ha sabido dejar al margen siempre cualquier connotación política, cosa, que para todo amante del fútbol, como espectáculo y no como continuo mitin, ha sido todo un placer.

¿Quién diría que Mourinho sería quien mejor supiera el nombre del sustituto de Pep? La elección de Tito Vilanova es de lo más acertada, a espera de lo que digan los futuros títulos. Tito encarna unos valores semejantes a los de Pep, sólo que menos utilizados, y por ende, marchitos por el paso del tiempo. La odisea personal, no sólo técnica sino, muy especialmente, médica, del personaje sitúan a Tito en la línea de todo técnico histórico. No nos encontramos ante un escudero de Pep que jamás sabrá llegar a ser caballero por nombre propio. El tiempo lo confirmará.

Guardiola no requiere de reconocimientos expresos, el tiempo le ha sabido dar el más bonito de todos ellos: entrar en la inmortalidad de la memoria perpetua. Ningún líder político o social, más en estos tiempos, ha sabido ocupar un lugar tan privilegiado de forma tan digna. Guardiola, de haber nacido en otro siglo, sería ejemplo en biografías y manuales de filosofía.

Por último, una reflexión ligada al comienzo de este artículo. Pese a la eterna rivalidad, Pep ha conseguido que el culé no tenga por qué preocuparse por los títulos del Real Madrid. Aunque hubieran ganado la Copa de Europa, nadie, en neutrales circunstancias, se hubiera atrevido a comparar el “Pep-Team” con la filosofía de Mourinho. Ya no tenemos “las copas” del Steaua, sino que damos por sentado que superaremos al Bayern de Munich, y quién sabe, si con el tiempo a cualquier otro equipo en palmarés, pues en juego, ya lo hemos hecho, muy probablemente, para toda la eternidad.  

GRÀCIES PEP !!!!



Origen de la imagen: 

sábado, 25 de febrero de 2012

Paranoia de política ficción.


Los cazas sobrevolaban las cumbres del Moncayo. Radares atómicos buscaban entre riscos y quebradas algunos de los últimos guerrilleros que osaban plantar cara a la potencia chinorusa. La escena era sumamente ejemplificativa, uno de los históricos imperios de ultramar reducido a escorias. Guerrilleros armados con viejas armas de la última Gran Guerra plantaban cara a dragones mecanizados, aparatos de última tecnología que llevaban el emblema del oso y el tigre.

Lo que antaño fue España ahora era un terreno virgen excepto en lo nuclear. Poco rastro de vida quedaba por entre las calles de Madrid o Barcelona. Todo se había convertido en un cuadro soñado por el más conspiranoico de entre los locos del pasado. Francia ni existía, el Papa hacía casi un siglo que se había marchado a Pennsylvania, resguardado tras el escudo antinuclear de la Alianza Libre (los antiguos EEUU...).

Sólo quedaba uranio enriquecido en las planicies de Westfalia. Murmullos y promesas rotas eran entonadas en forma de canción de gesta por supervivientes marginales. La resistencia de Munich ya era un mito, la aniquilación de Dortmund un recuerdo. Cuando comenzaron las hostilidades entre la Alianza (EEUU por aquel entonces) y los chinorusos, Europa aún se creía la cuan de la civilización global, el sancto sanctorum de la especie humana.

Todas las profecías situaban a Roma como inviolable. Nadie soñaba con que París, Berlín o Budapest pudieran ser reducidas a cenizas. Los antiguos “bárbaros” de los Urales, aquellos con los que los europeos ni tan siquiera se habían sentado seriamente a negociar jamás, ahora eran los dueños del territorio más densamente histórico en retrospectiva. Europa era un cadáver, una nueva Atlántida que, por primera y necesariamente última vez en su historia, no había sabido medir bien los equilibrios de poder y los peligros de su vecinos, cuasi por determinación biológica, siempre infravalorados.

Los griegos, fieles a una servidumbre ortodoxa milenaria, recuperaron Constantinopla. Moscú se extendía hasta Pekín, formando ambas la conglomeración más extensa jamás soñada. La población mundial se reducía a dos grandes potencias (por siempre enfrentadas) y dos territorios preservados de toda guerra: África y América Latina (dos pulmones verdes para un organismo que no había sabido plantar su simiente por otros lugares del Cosmos).

File:Nuremberg in Ruins 1945 HD-SN-99-02986.JPEGSi bien las catedrales góticas de toda Europa no eran más que macabros camposantos conmemorativos de vetustos explendores, queriéndose reír de toda contingencia y todo eco de gloria, un rebaño de los eternamente en peligro bisontes europeos trotaba por el zoo de Boston, en un gigantesco recinto aledaño al de los linces ibéricos. El hombre, que bien supo salvar especies-bandera, no había sabido repartir la escasa tierra entre los diferentes pueblos del Mundo. La Selección Natural, en su versión social, había acabado con aquellos pueblos más débiles, que antaño monopolizaron el control del Mundo.

Los ciudadanos de Londres alababan a su nueva patria-madre, aquella que desde los Apalaches les había traído un escudo (por los donantes previamente estrenado) que, por el momento, les protegía de los envites nucleares que habían acabado con sus antiguos “socios”. Los hijos de la Gran Bretaña estaban aislados del Continente, no por novedad alguna, sino por haber sabido jugar sus cartas, aunque fuera miserablemente.

Mientras en Manchester y Liverpool seguían practicando el sacro y centenario juego-rito del fútbol, las llanuras del Rin y el Meno no hacían más que llorar la pérdida de la madre germana. No supieron ver el futuro, y se cerraron en sí mismos, quisieron preservar unas presuntas esencias europeas, y no hicieron más que gangrenar a todos sus socios. Alemania sólo existía ya en el mundo de los espíritus, el mundo de Platón jamás visitado por mortal alguno. Alemania no supo elegir, no supo hablar con sus hermanos, no supo medir sus fuerzas, y desde luego, jamás supo comerse su orgullo. Tres Grandes Guerras participadas por ella fueron demasiadas. Llegado el momento, los EEUU se cubrieron con su escudo, olvidándose del resto del Mundo (aquél que buena parte de sus ciudadanos identificaban más con Venus o Marte que con lugares semejantes a su patria). Alemania, con su ceguera ya antológica, no supo salvar al resto para salvarse a sí mismo. Se fió de moralmente pobres compañeros, y al final fue pasto de las llamas. Europa no supo ver que se estaba situando en el centro del choque entre americanos y chinorusos. La franja geopolítica que antaño ocuparon los países del coloquialmente llamado “Están” (Afganistán, Irán....), ahora estaba siendo poblada por los orgullosos Europeos. 

Nínive fue grande en su momento, lo mismo que Madrid o París, pero nada es inmune al paso del tiempo, si la naturaleza del hombre, se sigue consolidando como territorialmente perversa...

NADA DE LO QUE HASTA AQUÍ ESCRITO ES REAL, ESPEREMOS QUE JAMÁS PUEDA LLEGAR A TENER NADA DE CIERTO...

sábado, 24 de julio de 2010

Reflexiones kosovares

Más allá de una eventual llegada del hombre a la Luna, del descubrimiento de la energía nuclear o del auge de la informática, con casi total seguridad, el descubrimiento del genoma humano es el hito científico por excelencia de nuestro tiempo, a la vez que filosófico. Este descubrimiento constituye, en sí mismo, un re-descubrimiento del homo sapiens sapiens como especie única. Atrás quedan las asimilaciones de los hunos de Atila con centauros, o de los pigmeos africanos con monos, la especie humana es una, por más que difiera en rasgos. Los movimientos de exclusión social de grupos “étnicos”, siempre políticamente interesados, no han sido inmunes a estos cambios científicos.
Sabino Arana, padre del Partido Nacionalista Vasco (PNV), examinó diferentes cráneos en busca de una “especificidad vasca” fundada en la diferencia racial. Xabier Arzalluz (conocido por sus simpatías juveniles con el movimiento hitleriano) daba eco en los años noventa de una investigación científica, a la postre defectuosa, que vinculaba a los vascos con un Rh negativo singular. Los motivos biológicos (las leyes “naturales” siempre han sido más inmutables que las “jurídicas”) siempre han sido buscados cual “Sagrado Cáliz”, pues, en sus sueños excluyentes, serían la pétrea base para una política de la diferenciación.
Dicho esto, la etnificación no es un fenómeno exclusivo de los tiempos actuales. Todos hemos oído algunos de los múltiples nombres de tribus bárbaras que otrora acosaron las fronteras del Imperio Romano. Gépidos, Ostrogodos, Visigodos, Sármatas, Vándalos, Ávaros, Alanos, Hunos... la lista es cuasi interminable, más si hacemos casos a subdivisiones (Hunos negros, hunos blancos...) y consideraciones de “clanes”. Estudios científicos demuestran que buena parte de estos pueblos ni tan siquiera tenían diferencias “raciales” por lo que la diferenciación, valga la redundancia, entre unos y otros respondía, la más de las veces, a intereses de la potencia agredida (Roma, Bizancio o Persia, según los casos), más que a criterios “científicos”. La verdad es que “crear pueblos”, “naciones”, “hechos diferenciales”, sigue siendo hoy en día una herramienta tan poderosa como efectiva y peligrosa.
El concepto “conflicto étnico” en no pocas ocasiones lo asimilamos a los Balcanes. La disolución del Estado Federal Yugoslavo, y las guerras que ha conllevado, son partícipes de actualidad del campo semántico conocido como “guerra étnica”. Ya en un primer momento, sin afán reduccionista, cabe decir que no es tan distinta, en cuanto a "artificiosidad" en no pocas ocasiones, la lista de pueblos bárbaros anteriormente citada de la compuesta por: serbios, croatas, eslovenos, musulmanes, húngaros, zíngaros o albaneses. No deja de ser curioso, y altamente ejemplificativo, que en censos realizados en el año 1990 la mayoría de “intelectuales” se definiera como “yugoslavo” o “checoslovaco”. Las divisiones territoriales, una vez aceptada la identidad de especie, sólo debiera sujetarse a criterios políticos, a criterios de viabilidad económica y social. La reciente decisión de la Corte Internacional de Justicia acerca del “asunto Kosovo” no deja de ser un motivo de reflexión, más cuando uno vive en Cataluña.
Efectivamente, tal y como apuntara Albert Rivera (líder de C´s) en el Parlamento Autonómico de Cataluña, Kosovo no es el modelo. Apuntaría yo que Kosovo no es el modelo, no sólo por las formas, sino también por el sujeto. Cataluña no es un ente diferenciado “étnicamente” del resto de España, por más que se intente ver por parte de algunos. Muchos se reafirmaran en su indepentismo con argumentos tipo “caso esloveno” o “caso eslovaco”, quizá sea el momento de hacer una reflexión, algo superficial, sobre lo ficticio de estas comparaciones.
La pacífica escisión eslovaca ("divorcio de terciopelo") es uno de los experimentos territoriales menos conocidos en sede hispana. Lejos de ser un instrumento de “realización nacional”, nos encontramos con que los eslovacos sienten cierto “arrepentimiento” de su separación, siendo muchos los que desearían la refundación de Checoslovaquia. La separación de Eslovaquia fue una decisión parlamentaria, sin consulta ciudadana, que benefició más a Chequia que no al sujeto independizado. Las aspiraciones nacionalistas eslovacas, no hegemónicas, se vieron satisfechas, no con una mayor autonomía (que era lo que se pretendía) sino con la escisión. El motivo, un tanto simplicista, parece cada día más obvio... Eslovaquia está mucho menos desarrollada que la República Checa e iba a ser un escollo para ésta en sus aspiraciones europeas. País rico que “echa” al pobre, ¿algún símil con España? Creo que ninguno. Todo este proceso no es tan diferente del de la disolución de Yugoslavia en un claro aspecto: el interés Americano-Europeo de dividir los antiguos países de la órbita soviética; Checoslovaquia, y sobre todo Yugoslavia, podían llegar a ser un obstáculo para los intereses imperiales de “las águilas”, sea ésta negra o calva.
Volviendo al caso de mayor actualidad, Kosovo, cabe decir que las posiciones internacionales al respecto son muy variadas, a la vez que antagónicas. Junto a las potencias independientes de EEUU (Rusia, China), Kosovo no ha sido reconocido como Estado por España, Eslovaquia, Grecia, Malta, Rumanía y Chipre (entre otros países). Los motivos son diversos, pero siempre guardando similitudes en común, Kosovo ha sido una “amputación sin anestesia” (como se ha escrito en varias ocasiones) que abre precedentes peligrosos, no para el País Vaco, Cataluña, Escocia, Córcega o Flandes (donde los similitudes con el caso kosovar son nulas), pero sí para Bosnia, entre otros territorios.
El miedo a un nuevo conflicto bosnio, si es que en algún momento se solucionó, está más que justificado. La población del lugar se divide, cuasi matemáticamente, en tres tercios: musulmanes, croatas y serbios, por lo que la independencia de un grupo, en base a los métodos utilizados por Kosovo, podría llegar a justificarse, de esgrimirse su legitimidad. En la propia Kosovo, región de Mitrovica, podría suceder algo semejante, al ser una zona de mayoría serbia (muy castigada por la políticas promocionadas por la autoridad kosovar).
El argumento de la “autosuficiencia” es el mayor escollo para la viabilidad de un Estado Kosovar. A día de hoy, y sin expectativas para el cambio, Kosovo es totalmente dependiente de Serbia. Mientras que Kosovo no exporta prácticamente nada a Serbia, ésta exporta a Kosovo bienes por valor de más de 200 millones de euros (todo ello datos recopilados por Jens Bastian, "La independencia de Kosovo y sus repercusiones internacionales", Anuario IEMed 2009). La mayoría de la electricidad, combustible, e incluso el propio suministro de agua (el principal acueducto kosovar procede de la parte serbia del lago Gazivoda) proceden del país de Belgrado. Junto a estas contingencias, y otras muchas más, existe el problema de la deuda contraída con causa en Kosovo, cuando aún era parte de Yugoslavia, y que sigue pagando Belgrado o los más de 30.000 casos que la Agencia de Propiedad de Kosovo (APK), organismo ejecutivo de Pristina, financiado por donantes, debe resolver (en su mayoría con relación a propiedades de serbios que abandonaron la zona, cuando aún estaba bajo el poder de Belgrado).
Es cierto que las horribles matanzas de Ustashi y Chetniks, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, o que las acciones cometidas, por unos y otros, en tiempos recientes, han crispado el conflicto yugoslavo, haciéndolo de difícil, o incluso inviable, solución. Pero ha llegado el momento de reflexionar, y de evitar cualquier paralelismo, desde España, Bélgica o Reino Unido, con una región que ha sido despedazada “por águilas y no chacales”, en no poca medida. La Yugoslavia multinacional era el único Estado capaz de garantizar, por ejemplo, una Bosnia en paz, opinan los expertos, ¿dónde estaban los motivos para su destrucción?
Las etnias son ficciones, lo mismo que las naciones. La metafísica y la filosofía son indispensables en la formación del hombre actual, pero siempre deben quedar sujetas a la eficiencia económica y al bienestar social. Ninguna independencia reciente ha sido un éxito, ninguna ha provocado un incremento en la calidad de vida de quienes la han experimentado. En tiempos donde la unión se requiere, donde se debiera tender más hacia un “Estado Ibérico” y no hacia la segregación, o hacia una Europa similar al antiguo Imperio Romano (pero sin César), y no hacia una superfragmentación en “taifas” e inventos modernos de segmentación, hablar de Kosovo, Bosnia o Eslovaquia debe hacerse consecuentemente. No nos centremos en los medios que sirven para la manipulación, y dejemos un mayor peso a los argumentos racionales y a aquellos que unen, más que separan.
* Más artículos del autor sobre el tema:

martes, 18 de mayo de 2010

Yugoslavia o sobre los excesos del nacionalismo.

A cualquier aficionado al baloncesto le dirán algo los nombres de Petrović, Dino Radja, Divac, Kukoc o Tabak. A cualquier forofo del fútbol le sucederá algo similar al oír hablar de Stojkovic, Suker, Mijatović o Savićević, ambos sucesos muy parecidos a lo que ocurre con las selecciones de balonmano, waterpolo o voleibol. Para aquéllos que vivieron los éxitos deportivos de la Yugoslavia de los años ochenta, principios de los noventa, aquellos jugadores fueron el paradigma de la competitividad y la efectividad, todo un ejemplo de cómo debieran salir los deportistas bien entrenados. Los éxitos en lo deportivo no dejaban de translucir un país con graves carencias, pero en el que, pese a todo, había equipos deportivos que, aunando a gentes de diferentes ideologías o religiones, fueron capaces de hacer ‘temibles’ a las escuadras balcánicas.

No por motivos deportivos, Yugoslavia desapareció a principios de los noventa, con mucho ruido y poca discusión pública exterior. Las aspiraciones, pasadas por sangre, de la ‘Gran Serbia’ de Slobodan Milošević, unidos a los intereses de Alemania, el Vaticano o Turquía, hicieron de Yugoslavia un pastel demasiado apetitoso para ser respetado en un mundo de ‘golosos chacales’. Ciertamente, la historia de la potencia balcánica distaba mucho de ser perfecta. Muchas fueron las nubes y sombras que pasaron por los cielos de Belgrado durante el régimen del mariscal Tito. Lo autoritario de su mandato se manifestó en múltiples episodios, motivos, cada uno de ellos, de condena y necesaria reflexión. En palabras de Kissinger, Tito era “el último superviviente en funciones de las legendarias figuras de la Segunda Guerra Mundial”, inteligente estratega capaz de mantenerse en un punto equidistante entre la URSS de Stalin y las potencias anglosajonas. Poca gente recordará que, durante su ‘reinado’, Yugoslavia fue capaz de cometer actos de lo más temerarios contra los intereses de las grandes superpotencias globales. El régimen de Tito subministró armas a buena parte de las revoluciones marxistas que iban prosperando por muchas partes del Globo, si bien, sus mayores ‘proezas’ fueron dos sucesos acaecidos en un mismo año.

El 22 de octubre de 1946 varias fragatas de la Armada inglesa navegaban por el estrecho de Corfú, cuando toparon con varias minas allí colocadas, provocando su explosión y, con ella, la muerte de varios militares británicos. Albania, un ‘país’ que ni tan sólo estaba en la ONU, recibió todas las culpas, prefiriendo Gran Bretaña la mentira a enemistarse con el poderoso ‘amigo Tito’. Algo semejante sucedió con los EE.UU., cuando la seguridad yugoslava derribó a un avión de transporte estadounidense, en ese mismo año, deteniendo a la tripulación. Pese a todo ello -y el falso patriotismo que pudiera desencadenar-, es evidente que el binomio ‘Yugoslavia-Tito’ fue, a la postre, más un problema que una bendición. A la muerte del dictador, las diferentes repúblicas emprendieron campañas dirigidas a obtener una mayor representación de sus intereses. Lejos de conseguir la necesaria depuración política del país, varios factores de poder, internos y, ante todo, externos, ayudaron a fraguar los fatales embriones que conducirían al némesis de la poderosa potencia balcánica. Todo ello, no en poca medida, basado en el odio visceral, consecuencia de manipuladas hostilidades civiles internas, que aún no habían sido digeridas.

“Hay dos cosas de las que yo (...) no logro deshacerme, y esto desde hace ya cuatro años y medio, desde junio de 1991, desde el comienzo de la llamada guerra de los diez días en Eslovenia, el pistoletazo de salida para el desmoronamiento de Yugoslavia; dos cosas: un número y una imagen, una fotografía. El número: unos setenta personas perdieron la vida en aquella guerra inicial; pocos, digamos, en comparación con las muchas decenas de miles de las guerras que siguieron. Sin embargo, ¿cómo fue que casi la totalidad de estas setenta víctimas pertenecían al Ejército Popular Yugoslavo, que por aquel entonces pasaba ya por ser el gran agresor y que, superior con mucho en todos los sentidos, habría tenido un juego -¿juego?- incluso fácil con los pocos eslovenos que luchaban por la independencia? (...) ¿Quién se lió a tiros con quién? (...) Y la foto de la que hablaba la vi luego en la revista ‘Time’: un grupo de eslovenos, no especialmente compacto, con vestimenta de guerra ligeramente fantástica, presentando con pancarta y estandarte la recién creada República”. Este fragmento de ‘Un viaje de invierno por los ríos Danubio, Save, Morava y Drina’, del polémico escritor alemán Peter Handke, es un ejemplo de cómo los medios han manipulado los hechos acaecidos en suelo balcánico. Eslovenia, el país más occidentalizado, más rico -la mayor parte, aún hoy en día, de los supermercados de Belgrado son eslovenos- y actual miembro de la UE -partícipe, mismamente, de la Unión Monetaria-, inició las hostilidades contra el Gobierno federal, proclamando, con total vulneración de los principios del Derecho Internacional, una República del todo ilegal, pese al apoyo foráneo, clave por lo demás. No es el único ejemplo.

Poco se ha oído hablar en España de los temibles Ustaše (ustachis), terroristas nacionalistas croatas que perseguían la independencia del país, cometiendo graves masacres entre las poblaciones serbia y gitana. Su amparo en la Alemania nazi no dejaría de ser irónico con las circunstancias posteriores, más cuando los propios Ustaše se consideraban germánicos y no eslavos. Cierto es que los serbios también tuvieron a sus Chetniks -de menor resultado funesto, pero igualmente deleznables-, pero el pasado libertador de Croacia debe ser algo a tener muy en cuenta, si pensamos en afrontar, con cierta neutralidad, el análisis de la desintegración yugoslava. “Más tarde descubrimos que Genscher, ministro alemán de Asuntos Exteriores, había estado diariamente en contacto con el ministro croata de Asuntos Exteriores. Animaba a Croacia a dejar la federación y a declarar su independencia, mientras que nosotros y nuestros aliados, incluyendo a Alemania, intentábamos organizar un enfoque común”, palabras de William Zimmerman, en aquel entonces embajador americano en Yugoslavia, ¿hacen falta mayores comentarios? No mucho tiempo después, las mentiras se sucedieron con los conflictos de Bosnia y Kósovo.

“Bosnia no era posible más que en el interior de Yugoslavia”. Esta frase pertenece a Renate Hennecke -abogada, una de las mayores especialistas en asuntos sobre la antigua Yugoslavia-. Más de la mitad de los serbios de Yugoslavia, antes de su desmembración, vivían fuera de Serbia. Lo llevaban haciendo desde hacía siglos. Con el comienzo de las hostilidades, ya referenciadas, las masacres étnicas se llevaron a cabo por todas las facciones del cóctel balcánico, a España, como al resto de Occidente, sólo nos llegaron las cometidas por los serbios. Croatas, eslovenos, etc. ‘limpiaron’ de serbios sus estados, con el beneplácito exterior. El caso de Kósovo es, aún hoy en día, si cabe más flagrante.

Según el Centro Superior de estudios de la Defensa Nacional, del Ministerio de Defensa español: “La guerra en Kosovo provocó un desplazamiento masivo de la población albanesa en un principio, un número de víctimas civiles notablemente inferior al que los medios señalaron en los orígenes del conflicto y un número alto de bajas entre las fuerzas policiales y militares serbias. También hubo un alto número de bajas civiles en los ataques efectuados contra objetivos supuestamente ‘militares’ en Serbia”. Mentiras reconocidas por el Ministerio de Defensa del país originario del, por aquel entonces, secretario general de la OTAN, Javier Solana, son un ingrediente más para confirmar el alto grado, no sólo de implicación, sino mismamente de hipocresía, que la UE, con algunos de sus miembros en cabeza, cometió con la antigua potencia yugoslava. Los ejemplos no acaban aquí.

Durante el pasado mes de abril, la prensa nacional dio eco del aislamiento al que estaban siendo sometidos los serbios de Kósovo -sin poder llamar, siquiera, a teléfono de socorro alguno-. Sus compañías de teléfono fueron boicoteadas por la ‘autoridad kosovar’, dejándose operar en el territorio sólo a Vala Mobile -a la sazón, compañía afincada en Mónaco-. Por otra parte, según José-Miguel Palacios y Cesar L. Díez, en un interesantísimo trabajo titulado ‘Terminología del conflicto de la antigua Yugoslavia’ (Papeles del Este 5(2003), 1-17), el propio término ‘kosovar’ tiene un alto componente propagandístico favorable a las aspiraciones de Albania, puesto que esta palabra equivale a ‘albanés de Kósovo’, no siendo utilizada por los serbios y otras minorías de la región.

Musulmanes, judíos, cristianos, serbios, croatas, albaneses, zíngaros... visto lo hasta aquí escrito, Yugoslavia no sólo era necesaria, sino que era la única alternativa por la que poder mantener a gentes de tan distinta procedencia, de alguna forma unida. Los deportes, o la riqueza de sus músicas y literatura, nos muestran a una Yugoslavia que, en muchas ocasiones, supo aunar lo mejor de cada cultura para poder crear elementos mestizos, de no poco encanto. Efectivamente, regiones como Bosnia o Kósovo sólo podían mantener la paz dentro de un Estado multicultural, que aún con sus muchas carencias, servía de freno a los excesos racistas entre comunidades.

Evidentemente, los prejuicios entre facciones ya estaban antes presentes. Ivo Andrić, el Nobel yugoslavo, ya escribió en ‘Un puente sobre el Drina’ (un libro genial, de obligada lectura) acerca de la brutalidad represora de los otomanos -con claras connotaciones a una inferioridad, según sus convicciones, de la cultura musulama-. El propio Karadžić recomendaba su lectura y, de hecho, el famoso puente fue escenario de ejecuciones de bosnios musulmanes durante la guerra... Pero, aun existiendo restos de litigios pasados, de piques religiosos y discusiones políticas... ¿algo de eso justificaba la guerra? Para la OTAN y algunos de sus miembros sí.

Las semejanzas con España, por más que algunos pretendan verlas, son más bien escasas -si obviamos que Tito inició buena parte de su carrera alistando a reclutas para las Brigadas Internacionales, siendo el yugoslavo uno de los componentes más numerosos-. España no está poblada por una diversidad cultural tal cual la yugoslava, ni mucho menos por varias comunidades nativas, residentes durante siglos. Cierto es que coexisten varias lenguas, si bien, en lo poblacional no existen regiones con distintas religiones, vestimentas o festividades. Por más que algunos lo deseen, el nacionalismo extremo, que tanto daño ha hecho por el mundo, no acaba de imponerse en España, ni tampoco lo hizo por sí mismo, en cierta forma, en Yugoslavia.

Yugoslavia podría haber sido el ejemplo a seguir, siempre y cuando se le hubiera ayudado a entrar en la modernidad democrática, al igual que se hizo con España. Yugoslavia pudo haber sido la mesa en la que se sentaran, en armonía, poblaciones de las tres grandes religiones monoteístas. Yugoslavia podía haber sido el ejemplo a seguir por la propia Unión Europa, siendo capaz de crear una potencia de entre retales de la historia.

Ahora Yugoslavia no existe, existen países ‘buenos’ -miembros de la UE o en trámites-, estados ‘malos’ (Serbia) y pseudo-estados ineficientes por sí mismos y objeto de malévolas intenciones (Kósovo). De un genocidio se ha sacado un puerto franco para la droga y el crimen, de una tutela internacional, una región donde los serbios viven acobardados y, ahora, también incomunicados. España debe aprender, como el resto. Debe aprender que el nacionalismo cultural puede llegar a tener un mínimo sentido en lo relativo a la preservación de lenguas y folclore, pero jamás debe monopolizar la política de un país. El nacionalismo, gracias a Dios no siempre, mata. El nacionalismo segrega y confronta. Los entes políticos democráticos deben, y para eso se crearon, servir a los ciudadanos, servir a las personas individuales, predestinadas a formar, ellas, sus propias fantasías colectivas de creerlo oportuno, no como reclutas o ‘buenos ciudadanos’, sino como ciudadanos libres.

En la imagen superior, un sello del mariscal Tito. En la imagen central, Winston Churchill y Eden Greet Tito, en Londres. En la imagen inferior, un mapa de los Balcanes, del alemán Adolf Stielers, en 1891.

Artículo publicado en LA VOZ LIBRE

domingo, 21 de febrero de 2010

Dostoievski: genio y profeta

“Yo sólo tengo fe en mi idea esencial: la que consiste concretamente en decir que los individuos, por ley de Naturaleza, divídense, en términos generales, en dos categorías: la inferior (la de los vulgares), es decir, si se me permite la frase, la material, únicamente provechosa para la procreación de semejantes, y aquella otra de los individuos que poseen el don o el talento de decir en su ambiente una palabra nueva. Las subdivisiones, naturalmente, serán infinitas, pero los rasgos diferenciales de ambas categorías son harto acusados: la primera categoría, o sea la materia, hablando en términos generales, la forman individuos por su naturaleza conservadores, disciplinados, que viven en la obediencia y gustan de vivir en ella. A juicio mío, están obligados a ser obedientes, por ser ése su destino y no tener, en modo alguno, para ellos nada de humillante. La segunda categoría la componen cuantos infringen las leyes, los destructores y propensos a serlo, a juzgar por sus facultades. Los crímenes de estos tales son, naturalmente, relativos y muy diferentes; en su mayor parte exigen, según los más diversos métodos, la destrucción de los presente en nombre de algo mejor”.

Dostoievski, “Crimen y Castigo”

Zweig dejó escrito que las conversaciones entre Raskólnikov, protagonista de “Crimen y Castigo”, y el inspector de policía, pueden ser consideradas como una de las cimas de la literatura universal; Virginia Woolf se llegó a preguntar si valdría la pena leer a otro autor, siendo admirado, igualmente, por Nietzsche, Sartre, Kafka o Bukowski, entre otros. No hay duda de que Dostoievski es uno de lo más importantes escritores que jamás hayan existido. Se ha afirmado de él que nadie ha sido capaz de conocer tan bien el alma humana. Textos como el arriba transcrito así lo demuestran, sin embargo, es público, a la vez que notorio, que ideas semejantes a las ahí expuestas, han servido para justificar tesis propias del fascismo o el nacionalsocialismo.

Esta diferenciación entre individuos “geniales” y “materiales” está presente también en obras como “Un mundo feliz”, pudiéndose ver en ella, incluso, resquicios de una cierta distinción entre individuos predestinados al éxito, y otros, destinados al sometimiento, en términos biológicos ("individuos alfa"). Según se explique, y así reflexiona Dostoievski, estas ideas pueden justificar, tanto las acciones de los futuros genios, como las inherentes a aquellos grandes crímenes en masa, dirigidos por seres “especiales”, ni tan si quiera fuere, en vileza. La gran virtud del ruso es poder plasmar los ambientes más congestionados, y realidades más contradictorias, en las hojas de sus obras, por lo demás, ya clásicas.

"Si Dios no existe, todo está permitido". Dostoievski, sin pensarlo, da cabida, y fundamento, al más profundo ateísmo, basado en la creencia del Caos. Él siempre se consideró cristiano, y así lo plasma en su obra, sin embargo, no hace falta decir que, en primer lugar, la falta de peligrosidad de las tesis en el fragmento defendidas, se basa en la consideración de que existe un Dios juez, que vigila el correcto devenir de esas tendencias. De no creer en Dios, todo está permitido, el hombre está desamparado y requiere encontrar la base para sus límites. No es de extrañar que Sartre viera en esta frase la clave del existencialismo.

Si Dios no existe, debe haber normas que prohíban. Pero... ¿los genios necesitan saltarse “las normas”, sean sociales, científicas, y no sólo jurídicas, para que la sociedad progrese? Creo que, en cierto modo, el fragmento de Dostoievski es de lo más profundo que jamás haya podido haber leído. Para quienes creen en la “teoría del Caos”, no hace falta decir que la existencia, impredecible, de genios rompedores de conductas preestablecidas (gentes con “palabra nueva”) está plenamente relacionada con el Azar, con la entropía y demás fuerzas que rigen la Realidad, por lo demás, no divina. Es evidente que sin determinismo, sin control divino, el asunto asume una peligrosidad de lo más inquietante. ¿Quién pone unas normas que escapan a la razón?

En el fondo, quizá sea eso, el hombre es “homo religiosus”, necesita creer en un patrón, sea antropomorfo o filosófico. El hombre necesita cumplir las tesis de Dostoievski y dar pie, por naturaleza, a que surjan infractores que revolucionen, hagan cambiar la sociedad en la que viven. Será difícil discernir entre revolucionarios innovadores y criminales llanos, pero ¿acaso alguien dijo que los textos de Dostoievski fueran fáciles de comprender? ¿No es la verdad revelada una fuente eterna de discusiones, una verdad que jamás seremos capaces de alcanzar? ¿No fue el propio Cristo un hombre con “nuevas palabras”?

Segundo imagen: “Friedrich Nietzsche”, 1906, cuadro de Edvard Munch.

jueves, 28 de mayo de 2009

Año 2009, cuando Roma fundó un nuevo Imperio...

Hay quienes jamás pudieron dormir tranquilos por miedo a que les raptara el hombre del saco; otros, malaventurados todos ellos, por temer a Belcebú. Como miembro de la quinta del 85, yo lloré con el suceso de Atenas, y mi pesadilla, sin afán racista, tenía tez negra, y apellido Desailly. ¡Cuánto me deprimí ante el televisor, viendo cómo el Milán de Capello (para el resto de mis días el Club más temido) nos arrebataba nuestra segunda Copa de Europa! Hoy al fin puedo saludar, con muy buenas ganas, a mi cómoda almohada.

Que nadie se engañe. El Barça tenía “otros motivos” por los que ganar, obligatoriamente, esta Copa, mal llamada Liga, de Campeones. España gana en número de copas a las poderosas ligas inglesa e italiana. El Barcelona, no sólo ha evitado que el Manchester United consiga el doble de Copas de Europa, sino que le ha igualado. Ya ganamos a Inter y Juventus, también al Oporto y, ¡gracias a Dios!, al Nottingham Forest. La inercia del palmarés más reciente nos hace estar, a los culés, orgullosos de un equipo plagado de valores, en su mayoría, centrifugados por una única y sublime persona: Pep Guardiola.

Escucharlo hablar es un placer, tanto como ver jugar a su equipo, observar su estilo y vestimenta, o sus gestos con los jóvenes valores de la cantera. Se intentó personificar en él, hace no tanto tiempo, todos los siniestros designios del proceso de “construcción nacional”, cosa que rechazó de la mejor manera de entre las posibles... no haciendo caso. Disciplina, justicia, honradez y humildad son algunas de esas ideas que, esta vez en serio, dan sentido al eslogan de “ser més que un Club”. Sólo el condal Alcalde sabrá el por qué aún no se está proyectando dedicarle una plaza bien grande (donde pueda ir la afición culé a celebrar, sus cada vez más frecuentes, copas).

El partido, por lo demás, fue insustituible. En él se vieron reflejados, y al fin superados, muchos de los defectos, precisamente, producto de ese acerbo histórico al que nos refiríamos. El Barça demostró sobriedad defensiva, un gran portero, presión por todo el campo… y un gol marcado en su primera ocasión (como queriendo reivindicar que allá en Roma, hacía lo que hacen los romanos, o mejor dicho, futbolistas italianos). Los ingleses no se esperaron un equipo tan “veteranamente” curtido en cuanto a psicología. Pasados unos, inquietantes, primeros minutos, el fútbol inglés desapareció, quedándose la escudería anglosajona sin circo ni payaso (sí, ese Cristiano Ronaldo).

El Barça lideró la rebelión de los jugones. Supo no hacer notar, trabajo de estrategia y maestría (cuasi-íntegramente imputable a la labor de Pep), las carencias defensivas de un equipo plagado de lesiones, así como las molestias de algunos jugadores en baja forma. Lo demás fue pura literatura cervantina, en contradicción con las galeras del buen Felipe que no lograron vencer, ni tan si quiera, con tamaña honra.

Este Barça no es sentimiento, es fútbol y espectáculo. Un motivo por el que sentirse orgullosos por un buen rato, pues, hoy más que nunca, me siento miembro activo de un grupo de individuos unidos por su amor a un lugar del Mediterráneo: Barcelona, la ciudad campeona de Europa. No obstante, antes de acabar debo reconocer que hay algo que me hace más feliz que todo lo dicho (más aún que el 2-6 o la paliza al Bayern) y es que, después de varios años de penurias, podemos volver a pensar que las Copas de Europa de Di Stefano y compañía… ¡fueron en blanco y negro!.

FORÇA BARÇA

*Origen foto: http://www.futbolflash.com/wp-content/uploads/2008/12/guardiola2.jpg