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sábado, 25 de febrero de 2012

Paranoia de política ficción.


Los cazas sobrevolaban las cumbres del Moncayo. Radares atómicos buscaban entre riscos y quebradas algunos de los últimos guerrilleros que osaban plantar cara a la potencia chinorusa. La escena era sumamente ejemplificativa, uno de los históricos imperios de ultramar reducido a escorias. Guerrilleros armados con viejas armas de la última Gran Guerra plantaban cara a dragones mecanizados, aparatos de última tecnología que llevaban el emblema del oso y el tigre.

Lo que antaño fue España ahora era un terreno virgen excepto en lo nuclear. Poco rastro de vida quedaba por entre las calles de Madrid o Barcelona. Todo se había convertido en un cuadro soñado por el más conspiranoico de entre los locos del pasado. Francia ni existía, el Papa hacía casi un siglo que se había marchado a Pennsylvania, resguardado tras el escudo antinuclear de la Alianza Libre (los antiguos EEUU...).

Sólo quedaba uranio enriquecido en las planicies de Westfalia. Murmullos y promesas rotas eran entonadas en forma de canción de gesta por supervivientes marginales. La resistencia de Munich ya era un mito, la aniquilación de Dortmund un recuerdo. Cuando comenzaron las hostilidades entre la Alianza (EEUU por aquel entonces) y los chinorusos, Europa aún se creía la cuan de la civilización global, el sancto sanctorum de la especie humana.

Todas las profecías situaban a Roma como inviolable. Nadie soñaba con que París, Berlín o Budapest pudieran ser reducidas a cenizas. Los antiguos “bárbaros” de los Urales, aquellos con los que los europeos ni tan siquiera se habían sentado seriamente a negociar jamás, ahora eran los dueños del territorio más densamente histórico en retrospectiva. Europa era un cadáver, una nueva Atlántida que, por primera y necesariamente última vez en su historia, no había sabido medir bien los equilibrios de poder y los peligros de su vecinos, cuasi por determinación biológica, siempre infravalorados.

Los griegos, fieles a una servidumbre ortodoxa milenaria, recuperaron Constantinopla. Moscú se extendía hasta Pekín, formando ambas la conglomeración más extensa jamás soñada. La población mundial se reducía a dos grandes potencias (por siempre enfrentadas) y dos territorios preservados de toda guerra: África y América Latina (dos pulmones verdes para un organismo que no había sabido plantar su simiente por otros lugares del Cosmos).

File:Nuremberg in Ruins 1945 HD-SN-99-02986.JPEGSi bien las catedrales góticas de toda Europa no eran más que macabros camposantos conmemorativos de vetustos explendores, queriéndose reír de toda contingencia y todo eco de gloria, un rebaño de los eternamente en peligro bisontes europeos trotaba por el zoo de Boston, en un gigantesco recinto aledaño al de los linces ibéricos. El hombre, que bien supo salvar especies-bandera, no había sabido repartir la escasa tierra entre los diferentes pueblos del Mundo. La Selección Natural, en su versión social, había acabado con aquellos pueblos más débiles, que antaño monopolizaron el control del Mundo.

Los ciudadanos de Londres alababan a su nueva patria-madre, aquella que desde los Apalaches les había traído un escudo (por los donantes previamente estrenado) que, por el momento, les protegía de los envites nucleares que habían acabado con sus antiguos “socios”. Los hijos de la Gran Bretaña estaban aislados del Continente, no por novedad alguna, sino por haber sabido jugar sus cartas, aunque fuera miserablemente.

Mientras en Manchester y Liverpool seguían practicando el sacro y centenario juego-rito del fútbol, las llanuras del Rin y el Meno no hacían más que llorar la pérdida de la madre germana. No supieron ver el futuro, y se cerraron en sí mismos, quisieron preservar unas presuntas esencias europeas, y no hicieron más que gangrenar a todos sus socios. Alemania sólo existía ya en el mundo de los espíritus, el mundo de Platón jamás visitado por mortal alguno. Alemania no supo elegir, no supo hablar con sus hermanos, no supo medir sus fuerzas, y desde luego, jamás supo comerse su orgullo. Tres Grandes Guerras participadas por ella fueron demasiadas. Llegado el momento, los EEUU se cubrieron con su escudo, olvidándose del resto del Mundo (aquél que buena parte de sus ciudadanos identificaban más con Venus o Marte que con lugares semejantes a su patria). Alemania, con su ceguera ya antológica, no supo salvar al resto para salvarse a sí mismo. Se fió de moralmente pobres compañeros, y al final fue pasto de las llamas. Europa no supo ver que se estaba situando en el centro del choque entre americanos y chinorusos. La franja geopolítica que antaño ocuparon los países del coloquialmente llamado “Están” (Afganistán, Irán....), ahora estaba siendo poblada por los orgullosos Europeos. 

Nínive fue grande en su momento, lo mismo que Madrid o París, pero nada es inmune al paso del tiempo, si la naturaleza del hombre, se sigue consolidando como territorialmente perversa...

NADA DE LO QUE HASTA AQUÍ ESCRITO ES REAL, ESPEREMOS QUE JAMÁS PUEDA LLEGAR A TENER NADA DE CIERTO...

sábado, 19 de febrero de 2011

Los cuernos del vikingo

“La raza a la que se llama hoy en su conjunto gálica o galaica es apasionada de la guerra, pronta a la cólera y a llegar a las manos, tosca de costumbres y sin vicios. A la menor excitación corren al combate abiertamente y sin mirar a derecha o izquierda, son así fáciles de vencer por quien quiera combatirles a través de maniobra, no hace falta si no provocarles” Estrabon “Geografía” 4, 4, 2-3
“Los celtiberos cortan las cabezas de sus enemigos muertos en el combate y las cuelgan de los cuellos de sus caballos”. Diodoro de Sicilia 5, 9, 5
Ya sea por un disfraz de carnaval, por el bueno de Vicky, por el primer gran clásico de BlizzardLost Vikings”, o por ser un fanático de la historia, lo primero que le viene a la cabeza a uno al hablar de vikingos, son los cuernos. Rudos, violentos, conquistadores sin escrúpulos, bandidos y borrachos, la imagen del vikingo, como la de todo “bárbaro” en general, nos llega en términos similares. Nada importa que jamás se haya acreditado que los vikingos llevaran casco con cuernos, o que se piense que el mito venga de haberse encontrado cuernos (como vaso) en las tumbas de algunos guerreros. El vikingo “debe” llevar cuernos, pues es bárbaro, extranjero, y afín al Diablo.
No es un suceso aislado. Por todos es “aceptado”, más que sabido, que la civilización a Hispania llegó con griegos y romanos. Más allá de cutres series televisivas (muy deudoras de los estereotipos), cada vez se tiene más constancia de que existieron culturas, poco menos desarrolladas que la romana, y que en verdad, como no podía ser de otra manera, el Imperio se impuso por las armas, el comercio y la moneda. Estrabón hablaba de los celtíberos como borrachos guerrilleros, cuando, valga por ejemplo, investigaciones en las inmediaciones de Calatayud han descubierto, incluso, calendarios astronómicos celtíberos. La percepción del otro es un instrumento de poder para nada nuevo. Los últimos sucesos en el norte de África, así nos lo confirman.
No dejaré constancia de una ignorancia única si digo que hasta hace poco Hosni Mubarak se me presentaba como el más respetable líder del mundo islámico. Sus continuos “ires y venires” a EEUU, Europa o Israel, parecían situarle como una figura “mediadora” de primer orden. Podría llegar a parecer que, incluso, Egipto era uno de los países islámicos más desarrollados, aunque una simple visita bastara para probar a cualquiera lo contrario. Los últimos sucesos, y muy especialmente la retransmisión de sus discursos a la población, nos han mostrado a un Mubarak “diferente”. El viejo mediador se ha vuelto inútil, donde antes había paz ahora se ve el régimen de un tirano, parece ser, ya derrocado. No conozco a nadie que haya tenido el privilegio de hablar con el anterior líder egipcio, o que diga ser amigo suyo, por lo que no puedo tener una opinión sobre cómo es su persona. Las últimas imágenes, discursos y documentos nos muestran a una persona muy egocéntrica, prototipo de cacique de, como diría el bueno de Miguel Ángel Asturias, “república bananera”. Una vez más, el poder de los medios como instrumento de poder es más que notable.
Roma tenía una original forma de tratar a los “políticos” del momento. A los rivales (véanse Aníbal o Arminio) se les “deificaba” y consideraba cuasi como héroes, por el mero hecho de haber sido capaces de vencer a Roma, el Imperio, en varias ocasiones. Algo así sigue sucediendo, de forma un tanto diferente, con las naciones conquistadas por el actual estado hegemonón. El Iraq de Sadam (claro caudillo laico) era una amenaza “islamista” poseedor de armas de destrucción masiva (a la vez que petróleo...). Los talibanes, tan útiles para bloquear avances soviéticos, resultaron ser unos poderosos señores de la guerra, mientras que “el cutre” régimen de Corea del Norte, se ha llegado a convertir en una de las máximas amenazas mundiales. Si no te gustan mis principios, tranquilo, tengo otros. Al poder económico y al militar se le ha unido otro, el de los medios de comunicación, sólo que, para sorpresa de muchos, llevan más tiempo existiendo del que pudiéramos creer...
Para finalizar un consejo. Si quiere examinar al “bárbaro” de turno intente conocerlo, leer, estudiarlo... no se quede “con los cuernos del vikingo”. Origen imágenes: 1) http://wire.ggl.com/wp/wp-content/uploads/2007/12/lost-vikings.jpg
2) http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f7/Napolitano-Mubarak.jpg

miércoles, 15 de diciembre de 2010

DENUNCIO

La televisión es caja tonta, contenedor de boniatos. ILUSOS. Creemos tener conocimiento del Mundo sin saber nada de lo que pasa. Vemos escándalos en filtraciones ficticias y cazas de brujas en artimañas de dominación. TONTOS. Creemos beber vino con agua sucia, ser informados cuando nos manipulan los medios. IMPACTADO. Veo que los peores rumores sobre Kosovo se confirman. NECIOS. Algunos parecen darse cuenta de lo criminal de la disolución de Yugoslavia, lo dicen con acento germano frente a cerveza negra. Antes promovieron, ahora son cómplices. HIPÓCRITAS. Quienes toleraron y callan, ahora desean que entren en una Unión, cada vez más, de Estados títeres.
MIERDA. Un tal Hashim Thaci ("Primer Ministro" kosovar) traficó con órganos de serbios asesinados. QUE SE JODAN. Desde Berlín y París callaban, mientras los gringos aplaudían. Serbia era aniquilada y Yugoslavia sepultada. OS LO BUSCATEIS. Los serbios son mala gente, o al menos eso me explicaron siempre. Algo harían ellos, para que los ejecutaran y comerciaran con sus órganos (todo ello dicho con ironía, cosa que se aprende sólo). CONTAMINADO. Me declaro insumiso en mi mente, libre en convicciones. LIBERTAD. Los informes son analizables, las noticias televisivas, cada vez más abortivas.
VIVA LA INDEPENDENCIA. Doy gracias a cualquier Deidad por haberme hecho nacer en España: cuna de la tolerancia con el nacionalismo (sea periférico, y con no menos intensidad, también centrípeto). EJEMPLO. España sin ser potencia muestra el camino en democracia. Yugoslavia fue hueso roído por los canes dirigentes. TRAFICANTES. Kosovo como puerto franco para la droga (para el opio), lo decía un tal Estulin y ahora también un relator suizo de Naciones Unidas. INCREÍBLE. Cambian las ideas según quienes nos las cuenten.
REPULSA. Kosovo no es un país, sino un puerto franco para la droga. ORGULLOSO. Quisiera pensar que España no lo reconoce por ello, pues mostraría valentía e inteligencia al no comparar temas de manipulación geopolítica con ideas minoritarias vernáculas.
En la prensa: http://www.elpais.com/articulo/internacional/UE/investigara/acusaciones/trafico/organos/primer/ministro/Kosovo/elpepuint/20101215elpepuint_2/Tes http://www.lavanguardia.es/internacional/20101215/54090259989/el-primer-ministro-de-kosovo-acusado-de-trafico-de-organos-humanos.html http://www.rtve.es/noticias/20101214/primer-ministro-kosovo-lidera-red-trafico-organos-armas-segun-informe/387017.shtml

viernes, 10 de diciembre de 2010

El arco de Tito

“Si consideramos estos Estados universales, no como observadores ajenos a ellos, sino a través de los ojos de sus propios ciudadanos, veremos que éstos no sólo desean que tales comunidades terrenales, a las que pertenecen, vivan eternamente, sino real y verdaderamente creen que está asegurada la inmortalidad de estas instituciones humanas”.
Arnold J. Toynbee, “Estudio de la Historia”.
Es bueno soñar despierto, fomenta la motivación y el esfuerzo. Cuando tengo “tiempos muertos”, valiosos éstos por su escasez, me sumerjo en interminables viajes por Google Earth. Veo lugares a los que quisiera viajar, contemplo monumentos frente a los cuales quisiera estar algún día, y de paso, me ilustro con referencias de Wikipedia y alguna que otra búsqueda de información por Google. No acostumbro a “visitar” localizaciones en las antípodas, ni islas recónditas del Pacífico, acostumbro a fijarme en lugares, que con cierta suerte, es bien probable que algún día alcance a visitar. Uno de esos viajes, espero que “inminentes” (siempre en un sentido relativo), es el que algún dia espero hacer a la Provenza francesa.
Concorde a mis aficiones, sueño con visitar las ciudades de Arles, Nimes o Orange. Sueño con ver sus anfiteatros, teatros, templos y demás monumentos romanos. Motivos de inspiración para Van Gogh, entre otros muchos artistas, los restos romanos son uno de los máximos exponentes de cómo Francia es el ejemplo mundial a seguir en lo que a conservación del patrimonio nacional se refiere. No sé si por sufrir momentáneos “síndromes de Stendhal” contemplar este tipo de edificios me llevan a los más recónditos lugares de un mundo imaginado. Romántico en tierra de teorías económicas, disfruto mayormente con un edificio con historia que con un edificio doblemente vistoso: disfruté más viendo Santa Sofía en Estambul que subiendo a cualquier rascacielos.
Muy especialmente, en relación con el caso, recuerdo cierta sensación de majestuosidad al contemplar el arco de Tito, cerca del Coliseo de Roma. Aun siendo un ambiente ciertamente hostil (viaje de final de ESO, con no muchos compañeros prestos al conocimiento), recuerdo “disfrutar como un enano” al ver el gran monumento al genio romano. Al leer durante la pasada noche a Toynbee (fragmento que arriba cito), no pude dejar de pensar en Santa Sofía, en el Coliseo, y cómo no, en el arco de Tito.
Es inherente a la naturaleza humana ese sentimiento, falso, de superioridad que nos hace creernos, en no pocas ocasiones, inmunes e inmortales. Quizá como sumatorio de percepciones individuales, los imperios tienden a ello. Se piense en la antigua Roma, en Asiria o en los EEUU todos los ciudadanos de estos “estados universales” han creído en su momento ser inmunes al paso del tiempo. Los imperios siempre tienden a considerarse “únicos”, pueblos elegidos exonerados del paso del tiempo.
Estoy seguro de que buena parte de los habitantes de la Roma imperial lo creían al contemplar el arco de Tito. Sus sensaciones no debieron ser muy diferentes a las experimentadas por el común de los habitantes del Estado de Israel, en el año 2008, cuando George W. Bush, con ocasión del 60º aniversario del nacimiento de Israel como Estado, afirmó que: “Israel es el pueblo elegido”. Es curioso, ¿se han dado cuenta de que la desconfianza conduce, en no pocas ocasiones, a la supervivencia? Si la preponderancia del judaísmo como poder económico es tal, se debe, en no poca medida, al pragmatismo de su “clase dirigente” (muy distinta al pueblo llano ciudadano de Israel, y mayoritariamente residente en EEUU, Londres o Moscú). Aun tras el saqueo de Roma por Genserico, y anterioramente, por Alarico, los romanos pensaron que su Estado era “inmortal”, que el nombre de Roma perduraría hasta el infinito. Si algo de ello se cumplió, fíjense, fue porque la Iglesia católica, representada por el Santo Pontífice, desconfió de los tiempos, y aceptó a los nuevos jefes bárbaros como gobernantes.
El arco de Tito, Santa Sofía o el Capitolio de los EEUU nos hacen sentir la grandeza de los grandes imperios. Como diría la típica canción progre “antisistema”: “los imperios caerán”. La excesiva confianza y vanagloria lleva al fracaso, la desconfianza sabia, al éxito. El Mundo es una mezcla de contrastes y antónimos que no parece cambiar con el paso del tiempo. ¿Naturaleza Divina de las fuerzas del Tiempo? Permítanme dudarlo, pero es difícil hablar con propiedad de “Selección natural dentro de las sociedades humanas”, y por ende, también en los imperios. ¿O no?
Ilustraciones:
2) Detalle de la Capilla Sixtina

jueves, 18 de noviembre de 2010

El último grito del orangután

Escribió Estrabón que antaño una ardilla era capaz de atravesar España, desde los Pirineos hasta Gibraltar, sin bajarse de un árbol. Bien es sabido que el escritor griego no fue excesivamente riguroso en la mayoría de sus descripciones (y, de hecho, no se ha conservado el texto donde se realice tal afirmación, ya legendaria), pero el aspecto de Iberia debió ser por aquel entonces muy diferente al de hoy en día. Es evidente, como podemos ver aún en ciertos espacios naturales dispersos por lo ancho de nuestra geografía, que el bosque mediterráneo autóctono no se caracteriza por su espesura ni por gozar de árboles de gran altura, sino más bien por todo lo contrario, por tener un sotobosque rico y un arbolado predominantemente compuesto por carrascas, encinas, robles y sabinas... por lo que algo difícil debió tenerlo la ardilla en cualquiera de las eras recientes.
El bosque mediterráneo (no confundir con los hayedos de ciertas zonas del norte peninsular, herederos de tiempos pasados, y primos hermanos de los grandes bosques del centro de Europa) ha ido retrocediendo con el paso de los siglos. De un bosque donde habitaba el uro (antepasado directo del toro), el oso o el lobo, se ha pasado a una geografía compuesta por retales, de mayor o menor extensión, que, pese a todo, siguen situando a España como pulmón verde del Occidente “civilizado”. La interacción del hombre con el medio, hizo que este medio ibérico, privilegiado, sirviera de fondo para la construcción de grandes potencias e imperios: Roma, al-Ándalus o la Corona Hispánica. Sin embargo, sea por la roturación de grandes extensiones de bosque, o por la tala indiscriminada (no sólo en episodios como el de la construcción de “la Armada Invencible”), la superficie de nuestro arbolado patrio se vio menguada en pro de nuestro propio progreso como Estado. Llegados a este punto, se preguntarán cuál es el porqué de esta reflexión.
Pese a la concienciación global con el medio ambiente, las exitosas iniciativas en pro de la conservación de buena parte de las especies animales y vegetales más características o el incremento, en casos como el español, de la superficie boscosa en los últimos años, en los países en desarrollo la destrucción de la naturaleza sigue siendo una realidad. A todos nos viene a la cabeza el caso de Brasil, potencia emergente por antonomasia, y la destrucción, cada vez mayor, de la selva amazónica, pero no es el único caso.
En Indonesia se halla la segunda isla más grande del Mundo, Borneo. Hasta hace poco era el verdadero Edén, un mundo plagado de especies enigmáticas y grandes selvas vírgenes. Reino del orangután, Borneo cuenta con algunos de los ecosistemas más increíbles de todo el Globo. Rinocerontes, gibones, násicos (una curiosa, e incluso cómica, especie de mono narigudo)... el número de especies que pueblan este amenazado “Jardín del Edén” es fascinante. Sin embargo, el auge económico de la superpoblada Indonesia está poniendo en peligro este trozo de Cielo en la Tierra.
La dictadura de Suharto y la elevada tasa de corrupción interna no han sido los únicos enemigos del bosque pluvial. Como en cuasi cualquier otro lugar del planeta, las grandes internacionales económicas han puesto sus tentáculos en pro de la obtención de un negocio “bueno, bonito y barato”. Los jardines de América, Europa, y sobre todo Japón, lucen bonitos muebles hechos con madera selvática, la misma que sirve de materia prima para los acabados de lujo en muchos automóviles. La hipocresía de nuestro consumismo llega, incluso, hasta nuestras antípodas.
Sin embargo, a la “fiebre de la madera” se le ha unido una mayor y mucho más peligrosa, la “fiebre del biodiesel”. Lo mismo que en Madagascar o en la propia Brasil, Borneo está siendo presa de las grandes plantaciones para la obtención de aceite de palma (la mejor y más eficiente fuente de producción para este tipo de combustible). De seguir a este ritmo, la selva de Borneo, y sus orangutanes, desaparecerán en menos de lo que tarde en cumplirse la próxima década. La desaparición del orangután o el gibón es especialmente dolorosa, pues son algunas de las especies que comparten con nosotros más ADN. Sin embargo, la reflexión de fondo es mucho mayor, y si cabe, aún más conflictiva.
Este artículo ha podido ser escrito porque el autor dispone de un ordenador. Y ese ordenador es producto de pertenecer a una sociedad avanzada, como es la española. Obviamente, el avance de España como Estado privilegiado, por más que ahora estemos en una Crisis económica gravísima, se ha visto históricamente favorecido por la destrucción del medio: explotación masiva de los recursos mineros, tala indiscriminada o extinción de múltiples especies (como los propios uros, o el oso y el lobo en la mayor parte de nuestra geografía).
¿Dónde está el derecho al desarrollo y dónde la obligación de conservar el medio ambiente? ¿Cómo fomentar la igualdad de los hombres y al mismo tiempo garantizar la supervivencia de oragutanes y gibones, entre otras especies? La mejor política medioambiental es garantizar la justicia universal. Si admitimos que ésta es un deseo inalcanzable... ¿no tienen alternativa los orangutanes? ¿Sólo les queda la opción de extinguirse, lentamente, en los diferentes parques zoológicos?
* Nota: los problemas de Borneo no son endémicos, su vecina isla de Sumatra, no digamos ya Java, están experimentando una destrucción, no sólo equiparable, sino más avanzada. El oranguntán de Sumatra (una de las dos subespecies que existen, junto al de Borneo) ha visto reducido su número a más del 90 por ciento, en los últimos tiempos.
* Algunas fuentes para ampliar información:
* Para ver derechos y origen de cada ilustración, clickea sobre ella.

sábado, 16 de octubre de 2010

Un mundo de Césares invisibles

“En política, el trípode es la más inestable de todas las estructuras”. Frank Herbert, Dune
Por más que nuestra positiva, y positivista, mentalidad actual nos impida ver el bosque del Pasado, existe algo en lo que nuestros antepasados fueron más privilegiados que nosotros. Un súbdito de Adriano o Justiniano, un egipcio en tiempos de Ramses II o un persa en la época de Ciro “el Grande” tenían claro quién era la cabeza visible de su mundo, a quién debían rendir obediencia, y en cualquier caso, siempre cuidado. En la actualidad nos encontramos en un mundo de “Césares invisibles”, nadie sabe en qué palco realmente se sienta aquella persona que gobierna nuestras haciendas, ni en qué paraderos se toman las decisiones que influirán en nuestro más corto plazo. Los parlamentos democráticos de Occidente se han convertido en una suerte de “reuniones de vecinos ampliadas”. Los temas que se tratan son de mayor alcance que las grietas por humedad en una pared medianera, pero no dejan de ser temas “inmediatos” que no “trascendentes para lo sucesivo”. Ningún ciudadano medio sabe con certeza el porqué de esta Crisis. Nostálgicos mayores hablarán de un exceso en el gasto familiar y una falta en el trabajo físico y convicciones, mientras que, por otro lado, existirán acólitos seguidores de partidos políticos que echaran la culpa al gobernante opuesto de turno. Nada más lejos de la realidad, nos hallamos en un mundo etéreo gobernado desde las tinieblas.
Dejando a un lado las batallitas de marcianos verdes narradas en algunos clásicos de la ciencia ficción (algunas de ellas muy loables e interesantes: pienso, por ejemplo, en “La Guerra Interminable” de Joe Haldeman), existen libros de ciencia ficción que, realmente, son verdaderos tratados de eventual geopolítica. Por encima de todos, más en los tiempos que corren, pienso en el clásico “Dune” de Frank Herbert. Se trata de un libro en el que se nos presenta una situación no demasiado lejana, en el fondo que no en las formas, a la que vivimos actualmente. Mucho antes de que llegara la Crisis, Herbert nos plantea un universo gobernado por grandes casas de mercaderes, un poder imperial y una corporación de tintes religiosos. “El trípode es la más inestable de las estructuras”, con la aparición de esta frase, uno se da cuenta de los paralelismos entre las relaciones de poder en la novela y las existentes actualmente.
A una conclusión parecida llega nuestro flamante, y merecido, Premio Príncipe de Asturias, Amin Maalouf. En su libro sobre “El desajuste del mundo", no se deja de ver algo de lo más cierto y sugerente: los EEUU han caído en una vorágine autodestructora sin que, aparentemente, se hayan dado cuenta. Ciertamente, la "geometría del Poder" tiene una gran importancia si queremos explicarnos esto. Una expresión inglesa, utilizada también para este efecto, es la conocida teoría de las "checks and balances", pesos y contrapesos. Una potencia se esforzará, y será mucho más cauta, si es capaz de crecer teniendo siempre vigilado al rival por la hegemonía. No hace falta tampoco que esta relación "de contrapesos" sea en pie de igualdad, pero sí que es vital que todo potencial tenga sus límites. EEUU necesitaría más a la antigua URSS que nadie en este planeta.
Dejando esto a un lado, la “inestabilidad” actual tiene un mayor alcance que la mera discusión política. Siguiendo el aforismo de las reverendas Bene Gesserit de Dune, junto al poder político nos encontramos dos grandes contrapoderes: el económico y el de las comunicaciones (aquél que es capaz de poner cormoranes donde jamás los hubo). Actualmente, el poder político (en Occidente nominalmente “electo”) no puede tomar decisiones sino es con la aquiescencia de los "tiburones económicos"; mientras que el poder popular del que la política se nutre no podrá llegar al ciudadano sino es con las vastas raíces de los grandes grupos de la comunicación. La interdependencia de los tres poderes es evidente, la inestabilidad es la actual Crisis.
El caso de España es obvio. No existe poder político autónomo (como en el resto de países actuales). Mientras que las energías del populacho se funden en discutir sobre el modelo territorial más adecuado, España carece de margen de actuación alguna, yendo a aquellas guerras que se le mandan, y tomando aquellas medidas económicas que se le imponen. Nos encontramos en una circunstancia histórica donde es mucho peor que Emilio Botín anuncie un concurso de acreedores en el Banco Santander, a que España, como Estado, se declare insolvente.
La crisis de legitimidad actual de los poderes que nos gobiernan es obvia. La política cada vez se está banalizando más, y no es de extrañar que la clase intelectual pueda llegar a optar por iniciativas políticas concretas (de alcance geográficamente delimitado) o simplemente optar por la abstención. Nuestra economía está sujeta a una hucha que nadie es capaz de ver, nuestras vidas “jugadas” en las interminables partidas de los mercados financieros. Si en verdad hay algo que nos diferencie de las etapas anteriores de la historia, eso es que las formas, y no el contenido, son diferentes. Qué alcance pueden tener las incursiones civiles en las redes soberanas es algo que debemos preguntarnos. A los poderes no se les llega ya por el voto, lamentablemente, pero las venas que les nutren están meridianamente abiertas (consumo, internet, conflicto social...). Hasta dónde serán capaces los “civiles de a pie” de llegar para poder reclamar su participación y su propia libertad en la toma de sus condicionantes de derechos e imposición de obligaciones es algo que nadie se atreve a pronosticar. ¿O ustedes sí?

lunes, 15 de marzo de 2010

Contra el nacionalismo (Segunda parte)

Pero ¿sabe qué quiere decir una nación?; y aquél responde: "Una nación es la misma gente viviendo en el mismo sitio".
J. Joyce, Ulises.
"Para nosotros, ciudadanos de la República Federal, el patriotismo de la Constitución significa, entre otras cosas, el orgullo de haber logrado superar duraderamente el fascismo, establecer un Estado de Derecho y anclar éste en una cultura política, que, pese a todo, es más o menos liberal".
Jurgen Habermas

Muchos serán quienes se habrán dado cuenta de los problemas sociales que, poco a poco, va causando el nacionalismo catalán dentro de la sociedad catalana. Aún a riesgo de parecer querer tirar “piedras sobre mi tejado”, he traspasado las fronteras de lo “oficialista” para ejercer de blogger, es decir, expresarme libremente. Sin embargo, la primera parte de mi ensayo no acaba de tener “todo” su significado, si no se lee también esta segunda sección.

Se ha escrito antes sobre uno de los más genuinos “nacionalismos periféricos”, tratemos, ahora, el no menos criticable, a mi modo de ver, “nacionalismo centrípeto”. Junto a la “ley de convocatoria de referéndums con permiso del Estado”, a lo largo de la semana pasada destacaron las diferentes comparecencias en orden a discutir la prohibición, o no, de las corridas de toros en Cataluña. Coincidiendo con esta iniciativa, para nada centrada en el sufrimiento animal (o al menos no tanto como en el debate identitario), el gobierno de la Comunidad de Madrid ha propuesto declarar a la “fiesta nacional” como bien de interés cultural. Este juego de “vasos comunicantes” es un ejemplo de cómo funciona, en la mayoría de los casos, el fenómeno nacionalista.

Comúnmente se afirma que existen dos tipos de nacionalismos (así lo hace, por ejemplo, Walter Feinberg, de la Universidad de Illinois): el nacionalismo de exclusión y el nacionalismo de resistencia (pudiendo darse casos en el que ambos se predican en un mismo ámbito, por ejemplo, de resistencia frente al Estado, y de exclusión frente a los inmigrantes)1. El alza de uno es correlativamente proporcional al aumento del otro; el aumento del centralismo madrileño siempre provoca un auge del independentismo catalán. Cuando a “unos” se les ocurre prohibir los toros, a “otros” les falta tiempo para declarar las corridas como “bien de interés cultural”. Ello está claramente correlacionado, y encuentra su fundamento en una misma cosmovisión nacionalista, instrumentalizada, del mundo que les rodea.

Desde el gobierno de Madrid se cree en una nación española imaginaria. Se identifica a los toros como un “bien propio”, una “fiesta nacional”, obviando su hondo arraigo en Latinoamérica, Portugal o sur de Francia. Precisamente, con motivo de la discusión actualmente en curso en el Parlament de Cataluña, el Alcalde de Arlés (Francia) ha tenido ocasión de defender a los toros como un patrimonio del sur de Europa. No entraremos en temas de tauromaquia, pero es evidente que la manipulación del toreo es un hecho en el debate, no sólo catalán, sino también del resto de España. España equivale a Estado Español, y Cataluña a Comunidad Autónoma de Cataluña, en ambos casos contraponemos el nombre “oficial” a la administración que le representa. No podemos reconocer “culturas” o “identidades” propias de una u otra, cuando precisamente, el criticar los excesos de una, implica criticar los de la otra. Analicemos, visto esto, un ejemplo un tanto “populista”.

Para todo buen aficionado catalán “culé”, los lunes son un día de honda indignación “nacionalista”. Los comentarios de la “totalidad” de emisoras con sede en Madrid (por nombre “nacionales”) critican al equipo de la periferia por excelencia, el F.C. Barcelona, hablando, en muchas ocasiones, con prepotencia, de cagómetros, “villaratos” y demás entelequias de poca monta, propias del periodismo malo, caduco, y en muchas ocasiones, ofensivo. En alguna ocasión habrán visto que afirmo que no hay mayor “fábrica de independentistas” que una mala actuación arbitral en contra del F.C. Barcelona, o la lectura de uno de los periódicos de “ámbito nacional”, con sede en Madrid: véanse diario As o Marca. El fútbol es un fruto, claro, del tribalismo que reside en los nacionalismos. Solo hace falta ver cómo se esgrime la bandera de “la nación común” por algunos aficionados del Real Madrid, siempre que va a jugar el F.C. Barcelona, Atlétic de Bilbao o Real Sociedad.

En su brillantísimo artículo, Glover2 hace mención de un estudio psicosocial practicado hace ya algunos años3. Se hicieron dos grupos de chavales (unos serían, durante bastante tiempo, “policías”, y los otros “ladrones”). La duración del juego hizo que el mismo se debiera suspender por el surgimiento de roces e inicios de “crueldad” en el trato de unos contra los otros. ¿Qué nos indica un común juego de “polis” y “cacos”? Que las rivalidades deportivas comparten con los juegos muestras de un tribalismo (una peligrosa relación entre “identifiación” y “hostilidad”), quién sabe si no inherente a nuestra especie.

Ello puede verse en relación con el nacionalismo. El nacionalismo de “imposición” (desde el centro) provoca siempre un nacionalismo de “frustración”, fuere en la periferia o, en otros casos (no en el español), en las minorías étnicas. Insistiré en lo dicho en la primera parte (pasado post), las ideas, y citas, propuestas por los autores ya vistos pueden aplicarse a “cualquier” tipo de nacionalismo, fuere éste español, vasco, catalán, serbio, galés o canadiense. Tan nocivos son los informativos manipuladores del centro hispano como los discursos populistas de políticos secesionistas. La “razón” no es que sea necesariamente una, pero como dicen los neurocientíficos, no tiene por qué venir del mismo lugar que los sentimientos, que el tribalismo, que el nacionalismo. Separemos lo correcto de lo querido. Espero que, con esta segunda parte, queden más claros los “conceptos”. ¿Qué opinan?

Ejemplos de binominos naconalistas:

Ejemplo 1: Se construyen la mayoría de instalaciones olímpicas sin haber ganado su candidatura. En Madrid se dice que es un valor de la propia candidatura, y que, en todo caso, son equipamientos que requiere la urbe capitalina. En Barcelona se afirma que, con el pretexto olímpico, se han asignado fondos a Madrid, cuando no tenían que ser necesariamente, ni para esa región, ni para ese proyecto. Antes, no en modo marginal alguno, se dijo que Madrid y el resto de España estaban pagando los juegos olímpicos a Barcelona.

Ejemplo 2: Un actor conocido en su región aparece en un partido F.C. Barcelona - Valencia clamando por la independencia de los “Países catalanes”. Mientras, en la cadena pública de Madrid, TeleMadrid, existen ciertos periodistas que atacan, reiteradamente, a los que viven en Cataluña.

Ejemplo 3: En Madrid, dicen en Barcelona, son “catetos”; en Barcelona, dicen en Madrid, son “peseteros” y hablan “polaco” (la cadena pública de Cataluña, con esa broma, tiene un programa de humor titulado: “Polonia”).

…. los ejemplos son varios, seguramente muy similares a los que tengan Marsella y Lyon con París, o Milán con Roma. Son síntomas de “populismo”, “sentimientos comunes”, y como en el experimento entre “policías y ladrones”, de tribalismo. El propio Glover hace una excepcional referencia a un fragmento de la “Guerra del Peloponeso” de Tucídides: “Lo que hizo inevitable la guerra fue el crecimiento del poder de Atenas y el temor que esto causó en Esparta”. Obviamente, la antigua Grecia Clásica se caracterizó por no ser un sólo Estado, cuestión que no se solventaría hasta la conquista macedonia. Pero no deja de ser “indicativo” el correlato entre los sentimientos espartanos y atenienses.

¿Es capaz que exista un país sin nacionalismos? ¿Es el nacionalismo un factor con beneficios y lacras, o, simplemente, un “mal necesario”? ¿Qué opinan?

* Nota final: vistos el nacionalismo “periférico” y el nacionalismo “centralista”, queda un tercer tipo, más que de nacionalismo, de “conflicto identitario”. Se intentará hacerle mención en otro post pero, a modo de avance, quisiera dejar claro que, en comparación con los “problemas” existentes en países como España, Bélgica o Italia, hay un problema europeo que sobrepasará, con creces, lo hasta aquí visto. ¿Qué sucederá cuando un partido islamista turco consiga representación parlamentaria en Alemania? Virtud del principio de libertad religiosa ¿es posible la construcción de la mezquita más grande de Europa en Sevilla, cuando el islamismo radical sigue reivindicando el sur de España como territorio musulmán?

Los problemas “nacionalistas-identitarios” tienen una magnitud “in crescendo”, y en cualquier caso, como ya recogiera Alexis de Tocqueville en su Democracia en América, no podemos comparar estos problemas, ante todo europeos, con ejemplos norteamericanos. Los modelos defendidos, por ejemplo, por Kymlicka (aplicables al Québec), no son de posible aplicación en España o cualquier otro país europeo. ¿Por qué? Por los restos de aristocracia, historia y privilegios sociales... Aunque, como afirmo, esto es motivo para otros posts.

1W. Feinber, “El nacionalismo desde una perspectiva comparada. Una respuesta a Charles Taylor” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.
2Glover, “Naciones, identidad y conflicto” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.
3 C. Haney, C. Banks, y P. Zimbardo, “International Dynamics in a Simulated Prison”, International Journal of Criminology and Penology, 1973.

sábado, 13 de marzo de 2010

Contra el nacionalismo

En Cataluña cada vez es más frecuente jugar con las abstracciones. Hace ya años que se utilizan estratagemas filosófico-surrealistas con el fin de fomentar el ego nacional del pueblo (o de parte de él, mejor dicho), vulnerando el mayor derecho político que se conoce en democracia, poder votar y ser justamente representado. Los mismos diputados que no fueron capaces de reformar una ley electoral (existiendo propuestas donde se defendían límites temporales en los mandatos y listas abiertas) esgrimen derechos ciudadanos como panacea por la que solventar todos, o buena parte, de los problemas de los catalanes.

El pasado miércoles, día 10 de marzo de 2010, se aprobó por el Parlament de Cataluña la “Ley de consultas populares por vía de referéndum”, norma que “autoriza” la convocatoria de un referéndum (se piensa, claro está, en la “independencia de Cataluña”), siempre y cuando, se tenga “el permiso del Estado”. Ni aún soñando la sabiduría de Odiseo (Ulises), los nacionalistas, con “socialistas”, han construido un caballo de Troya (quizá “ruc” mejor, después de todo) en el que pretenden caber ellos solos, sin necesidad de otros partidos, ni de normas. El objetivo no es otro que entrar de lleno en la política española, su feroz enemiga, embaucando y consiguiendo discusiones que buen rédito electoral les reparará, con toda seguridad. Con disfraz y una constitucionalidad rígida (en cuanto a la “forma” se respeta plenamente la Constitución de 1978), la nueva ley nace en un clima de consultas populares por la independencia. Consultas, que por otro lado, han sido de minoritaria participación. ¿Fiesta de la democracia? El nacionalismo es un campo semántico en el que han cabido, especialmente en los últimos tiempos, buena parte de los peores sucesos que ha conocido la especie humana: la trágica desmembración de Yugoslavia o el conflicto árabe-israelí.

“Una alta cultura impregna toda la sociedad, la define y exige ser sostenida por esa forma de sociedad y de organización política. “Ese” es el secreto del nacionalismo”. Ernest Gellner1, teórico esencial del nacionalismo, escribió estas palabras en su obra clave: “Naciones y nacionalismo”, por razones temporales, sin haber sido capaz de poder ver la situación catalana de nuestros días. La “cultura superior” es aquélla que sale de las fuentes “autorizadas”: prensa nacionalista, o afín, canales públicos (controlados por el nacionalismo) y libros, personajes famosos y demás maquinaria que pretenden gobernar los fondos de un “corral” al que aspiran gobernar como “gallos” únicos.

"Para decirlo en pocas palabras, el nacionalismo es una teoría de legitimidad política que prescribe que los límites étnicos no deben contraponerse a los políticos, y especialmente —posibilidad ya formalmente excluida por el principio en su formulación general— que no deben distinguir a los detentadores del poder del resto dentro de un estado dado”. Es así como define Gellner al nacionalismo, considerando que, a diferencia de lo que pretende, se caracteriza por confundir “discurso” y “efectos reales de la acción”2 . Generalmente, el nacionalismo “inventa” naciones, no las resucita, ni mucho menos, reconoce. Los mitos de una “lengua común” y de una “historia común” son falacias abocadas al absurdo.

Empezando por la “historia común”, el nacionalismo requiere, por definición, de una “nación”, búsqueda que tradicionalmente se hace, como ya sucediera con el Romanticismo, en el Medievo. Grave error. El problema nacionalista es, siempre, así opina la ciencia, un problema “moderno”, propio de los estados industrializados. Como bien expresa Jonathan Glover, “historiadores y los científicos sociales tienden a describir a las naciones como productos de los Estados-nación y no lo contrario. Y los Estados-nación, a su vez, se explican recurriendo a su utilidad, bien para los industriales y los capitalistas, bien para los gobernantes coloniales3”. Es decir, bien puede defenderse que el “nacionalismo” intenta un proceso de “construcción nacional” con el orden de perseguir un futuro estado. La “nación catalana” jamás ha existido, es una creación política, abstracta, por parte de un movimiento secundado por una pequeña parte, poderosa, de la burguesía catalana. El correlato económico ha sido obvio a lo largo de los últimos tiempos, fuere con los anteriores “proteccionismos” o las actuales demandas por agravio y déficit fiscal. Con todo, el nacionalismo catalán pudiera llegar a estar en auge. Un control, como el que se tiene, sobre la educación de los niños asegura un porcentaje, nada despreciable, de futuros partidarios. La permeabilidad de los niños para aprender una ideología y una lengua, cuasi como “selladas” en su subconsciente, es increíble. Poco a poco comienzan a verse sus frutos.

No es extraño ver cómo los nuevos jóvenes catalanes hablan un catalán más estándar, próximo a la lengua formal de Pompeu Fabra, que el de sus abuelos catalanoparlantes (en el caso, por nada mayoritario, de que se tengan). Ello no deja de recordarme a la célebre anécdota de que en Italia un porcentaje ínfimo de la población hablaba un italiano estándar antes de la creación del Estado Italiano... La lengua es un instrumento, en el caso de los nacionalistas, con clara finalidad de manipulación política.

Steven Pinker4, quizá el más conocido neurocientífico de nuestros tiempos, defiende que “lengua” y “pensamiento” tienen un origen diferente dentro de nuestro cerebro. Es decir, ambos nacen en lugares diferentes, no estando vinculados el uno al otro. De ser esto cierto, como bien deduce el profesor George Fletcher (poseedor de la cátedra Cardozo de Jurisprudencia en la Facultad de Derecho de Columbia), ello significaría que “el pensamiento opera de forma autónoma respecto de la lengua, lo que implica que la estructura de la lengua es irrelevante respecto de nuestra propensión a pensar de una u otra forma5”. Dicho por mí, el asunto carece de rigurosidad, corroborado por personalidades de la talla de Pinker o Fletcher, la afirmación “la lengua sólo es un conjunto de ruidos que sirve como instrumento”, empieza a coger fuerza. “Desde mi punto de vista, la única forma auténtica de multiculturalismo es el multiculturalismo lingüístico”, afirma Fletcher.

Se mire por donde se mire, el nacionalismo puede llegar a ser más perverso de lo que muchos creen. Mis ideas no importan, pues pudieran, a priori, llegar a ser fruto de la juventud y la inexperiencia, sin embargo, ¿existen argumentos fáciles por los que poder discutir con las referencias aquí esgrimidas? Incito al desafío, al diálogo, incito a la democracia discursiva. Hablemos, escribamos aquí, o en otro sitio, dejemos las patéticas leyes del nacionalismo a un lado, y tratemos temas empíricos como la electricidad o las carreteras. El nacionalismo es invención, y para ello, sigo prefiriendo muchas novelas.

1Gellner, Naciones y Nacionalismo, Madrid, Alianza Editorial, 2001

2Cruz Revueltas, “Estado y nacionalismo tras Gellner, evaluación de su teoría” en Historia Mexicana, octubre-diciembre año/volumen LIII, número 002, El Colegio de México, México D.F.

3Glover, “Naciones, identidad y conflicto” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.

4Pinker, The Language Instinct, 1994

5Fletcher, George, “Razones para la autodefensa lingüística” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Apolitic now

Siempre que escribo algo más o menos comprometido me viene una sensación de cargo de conciencia. De no hacerlo, acontezco siervo, de escribirlo, tal vez hereje. En mi sociedad cada vez son más los síntomas de la “post-modernidad”, quizá, pensarán ustedes, como en cualquier otra. Me pregunto si esa “post-modernidad” no es algo más que un movimiento artístico y literario, de poco gusto, en muchas y variadas ocasiones. “Post-modernidad” tal vez sea sinónimo de Internet, de globalización, de Mercado Único, de especulación, de la banca internacional, las grandes corporaciones y el fin de las fronteras. ¿Por qué no?, es gracias a ello que cada vez son más visibles los cambios, las frustraciones primordiales que, día a día... ¡granan como gigantescas calabazas!.
Quién sabe si por el declive de Dios, o por los vicios de una sociedad enferma en la anterior abundancia, la mentira y la hipocresía tienen bula en el pasto que actualmente comemos. ¿Con comida, vestido y sexo, quién se ocupa de la filosofía? La “post-modernidad” tiene ciertos parecidos con la evolución humana (en éste caso se trata de un proceso de diferenciación desde “el mono” al hombre, y en el anterior, un proceso, inverso, de asimilación del hombre... al pingüino).
Cada vez está más de moda la monotonía, vestir los mismo trapos y tener las mismas ideas. Que cada cual defienda su nido frente al resto, su expectativa de posteridad, sin mayor diferencia que el subjetivo paso del tiempo. Los fantasmas del totalitarismo nos tapan los genes nocivos, esos indicios de futuros peligros, quién sabe si, de alguna forma, siempre imprevisibles.
Nacionalismo. De nada sirve que aquél que renunciara a la Jefatura del nuevo nato Estado Judío dijera, en pro del relativismo, que “el nacionalismo es el sarampión de los tiempos modernos”. Griten las religiones, amenace el islamismo, las soluciones de pastoreo existen, y lo harán siempre que se potencia la crianza de ovejas.
Leyendo uno este escrito pudiera experimentar la aparición de rastas en su cabellera. Tal vez, de no tenerlo aún, le aparezca a uno el porro entre los dedos, claro homenaje al servilismo. Mejor fuera leer un clásico, valga desde Gracián a Eco. La droga es un instrumento de dominación, el porro es un eficaz aliado de quienes toleran la droga, los mismos que, interesadamente, potencian el encasillado, las substancias y demás medios, baratos o caros, de control de masas.
Hablemos de impuestos e imposiciones. “Tributo”, dícese de los ingresos que se obtienen para sufragar el gasto público, sí, aquéllos que sirven, nominalmente, para el bien de muchos, en la práctica, para el provecho de pocos. Aquellos que evaden son los que, rara vez no, son beneficiados. La verdadera economía “oculta” de la bolsa y el ladrillo parecen haber reventado, sólo que “todos” somos los que soportamos la pus de sus excesos.
¡Vayan a balar ovejitas, naden pingüinos! Por más reforma electoral que se haga dudo que se pueda dar finiquito al caciquismo. A la ciénaga en que, en mi caso, se ha convertido mi “oasis político”. Luego dirán que votemos, que es necesario para dar vida “al pueblo”, manifestación de soberanía. La anarquía cae en el porro, el comunismo en la militancia nacionalista. De nada sirve el recuerdo de aquellos tiempos en que Iglesia y Comunismo compartían el valor de la “universalidad”, ahora hay lenguas- instrumento, posibilidades de gobernar, teniendo al cordero bien sujeto.
El “vacío” de la Iglesia no ha sido cubierto. O sí, por políticos de poco pelo. El deshonrado cura no ha podido ser substituido por el moderno filósofo o psicólogo, el Cardenal, tampoco por el parlamentario, gandul por naturaleza, que hace perder votaciones por no sentarse en su escaño. A uno le despiden por dormirse reiteradamente, al político, simplemente, se le aguanta.
Esta sociedad está en declive, no hace falta ser octagenario (ni dirigir RTVE), ni tampoco ser especialmente drástico. No le deseo a nadie lo de Fernán Gómez, pero sí, encarecidamente, que se vuelva a los valores de la Ilustración, junto al sentimiento de los tiempos “primordialmente” democráticos. El ocaso de Cataluña no es único, ni tampoco el del Mundo, el de España, o el de los EEUU.
Quizá se reúnan en Copenhage para hablar sobre algo de lo aquí dicho, aunque lo dudo. Cada vez se hace más difícil decir a los brasileños que la Amazonía es un pulmón, cuando la industria pesada de los ricos sigue echando excremento. El Cambio Climático una “conspiración del pingüino”, una maniobra interesada, seguro, como todas. La existencia del mismo es evidente, que nadie lo dude; las causas intensificadoras, que no generadoras, también. Ahora sólo falta ponerse de acuerdo en cuáles van a ser los negocios que se puedan sacar del asunto.
El Caos de este escrito es esquizofrénico, lo sé, quizá tanto el hecho de que nuestros “corruptos dirigentes” campen sueltos por razones “de humanidad, sanidad”, y creo yo, de prestigio. ¿Dónde están los que linchaban a los asesinos de Marta o Mari Luz? ¡¿Acaso no se merecen también su ración de asco, muchos de nuestros políticos?!
Apolitic now, aunque callarse sea malo, y decir algo, libre y en voz alta, pudiera tener consecuencias. Se buscan nuevos filósofos, nuevos pensadores, nuevos dirigentes, aunque no sean políticos....
Imágenes:
1) "Caricatures et études de têtes" de Jean-Pierre Rivalz
2) "Ed the Penguin" de Blade_AJ - Creative Commons Attribution ShareAlike 3.0, Attribution ShareAlike 2.5, Attribution ShareAlike 2.0

sábado, 21 de noviembre de 2009

Tiempo de babuinos



Recuerdo que esto post se empezó a gestar el pasado miércoles, mientras esperaba la llegada del tren de Cercanías. En aquel momento pasaban dos convoyes, un metro y un Cercanías con dirección a Terrassa. Los recuerdo cuales serpientes entrelazadas. Ambos transportes parecieran estar midiendo sus fuerzas, cada cual en su raíl, apurando sus respectivas velocidades y frenos. Me imaginé que tal vez, en alguna ocasión, ambos "vehículos" se habrán picado; quién de los conductores gana más, cuál tiene mejores condiciones laborales.... La competencia, muy apreciable en cualquier rincón de una urbe como Barcelona, parece invadirlo todo, incluso mis pensamientos antes de coger el Cercanías.

Me siento y la mirada se nubla. No por culpa de estupefaciente alguno, ni tampoco por la bebida, sino por un rancio cartel publicitario de plástico (con las manos dels "petits gestos" de la GenCat), que dificulta la visión, aún siendo translúcido. Es curioso, pero después de tanto ruido, y menos nueces, ¡es en lo único de que me doy cuenta que Cercanías está gestionado ya por mi Comunidad Autónoma!

No es extraño que a alguien le pueda llegar a gustar, por encima de cualquier otro, Bach o Velázquez, la situación actual es de lo más barroca, y aún más que eso, yo diría... "opaca". En "El Danubio", Claudio Magris nos habla sobre cómo los Imperios siempre tienen fecha de caducidad, siendo los pueblos limítrofes, por definición, inferiores respecto a éste (bárbaros), pese a acabar sustituyéndolo siempre. Se pregunta Magris si China hará lo mismo con Occidente, yo, creo que como muchos, más que preguntándomelo, lo estoy constatando....

Más allá de raíles y trenes, de rascacielos y chabolas, el fin de una Era se contempla a todas luces. De 8ª economía a penurias presupuestarias, mi país es un víctima singular, ¡espero que no el nuevo limes por el que pase el próximo Atila!. Competencia entre trenes, entre países, entre civilizaciones... me pregunto si algo es inmune a este veneno, a esta dinamo que jamás nos hace estar satisfechos, que nos hace chocar, y odiarnos unos a otros en según qué, y por qué, motivos.

Uno coge el periódico en el tren (cualquiera de los que compiten por desinformarnos) y lee atrocidades varias, e incluso, gilipolleces disimuladas, escondidas entre tanta letra. "Los familiares de los tripulantes vascos del Alacrana se niegan a volar en avión español". Genial, por si en esta arista del difícil polígono hispano no hay suficientes problemas a otros les sube la fiebre: política frente a la posibilidad de ver a sus propios familiares... Competencia, política, decadencia, son tres términos que resumen lo caótico de este escrito, su intento de moraleja. Juguemos con los términos y escribamos algo más sobre lo restante, propongo tres términos: Millet, Pretoria y Kosovo. Sobre los dos primeros hay demasiado escrito, y pocos linchados, que se rían  de nosotros en cualquier otra parte, hablemos del tercer tema.

Abro hoy el correo y me encuentro con una invitación a visitar la weblog "Kosovo no se vende". Ciertamente, no hay mejor cosa que conocer amigos por blogger, wordpress, aunque sea por incitación vía "emilio". Primero conoces las ideas de una persona, o personas, y luego sus nombres, e incluso, después, sus caras, minimizando las posibilidades de fraudes y sorpresas de última hora. Grandes personas las que he podido descubrir con este enlace, gentes que denuncian los malostratos que están sufriendo vecinos europeos (sí, europeos, pues con éstos no hay las que con Turquía). "Kosovo no se vende", ¿a quién se le ocurre defender esta idea cuando aquí se venden hasta los escrúpulos? ¿Qué vale más que el honor o la verdad, acaso una región, un puerto de droga? Lo dudo.
Pongo el telediario y las chicazas del norte, aún con sus maridos liberados, no se calman. Más violencia doméstica por Telecinco y culebrones por la Primera, la televisión está para desinformar, los blogs, menos mal, para tocar los huevos. Pensemos que hay noticias, como el presente y futuro de Kosovo, sobre las que no se habla. Sólo que en este caso no somos víctimas de nuestros gobernantes, sino el culo de un babuino. De una sociedad competitiva sin ideales ni educación, con cada vez menos sueños, y más obtusa que el propio Barroco. ¡Que nadie busque a un Bach o a un Velázquez, ahora estamos en el tiempo de los Barceló y demás manchadores oficiales! ¿Les suena Tàpies?.

Después de todo, el culo del mono no es tan feo, pues somos nosotros ante el espejo, nuestra sociedad, los siervos de la saga "Crepúsculo", góticos e hijos de mandatarios, o mejor dicho, hijas en este caso. Donde los estoicos se olvidan, donde la filosofía se centra en franceses charlatanes y la política en tribalismos (nazionalismos), el mono resurge. Sólo que... ¿quién dijo que los chinos no usan el mono dentro de su tradicional medicina?. Un último aire optimista, cambiemos los términos: educación, respeto, ciudadanía.

Imágenes:
1) Papio anubis (olive or anubis baboon), foto de Stolz, Gary M. (United States Fish and Wildlife Service: Digital Library System (WO-5697-031))
2) "Ticio" de José de Ribera
3) "San Jerónimo" de Antonio de Pereda y Salgado

sábado, 10 de octubre de 2009

Una corazonada predestinada al infarto...

Es cuasi un tópico sospechar de la lealtad de los barceloneses (y del resto de los catalanes) a la candidatura de Madrid 2016. Pocas cosas se me ocurren más generalistas, y en no poca parte, ofensivas, que este triste pensamiento. Sin embargo, ahora que "el toro ha pasado" y es tiempo de reflexión, cabe poder expresar algunas críticas, errores y demás factores, que a mi humilde entender, han perjudicado, y mucho, a la candidatura española. Todo es más fácil a "toro pasado", cierto, y tampoco voy a caer en el oportunismo.
Crítica número 1: Madrid debía haber esperado a 2020. Samaranch, uno de los cinco españoles más importantes, e influyentes, del pasado siglo XX, recomendó a Madrid no presentarse para esta candidatura. Según la normativa tácita, y hasta cierto punto justa, que rige en este tipo de elecciones, las diferentes celebraciones deben ir cambiando de continente, y en un mundo cada día más globalizado, por ello no cabe entender ya la alternancia "EEUU y sus corrales" v.s. Europa con Rusia.
Me pregunto si la elección de Río de Janeiro será un pistoletazo de salida para que los Juegos se hagan en lugares, ciertamente, que se lo han ganado a pulso. Me pregunto si se acabaron las elecciones "tipo Atlanta", y si, en lo sucesivo, cabrán esperar juegos globales (de eso no hay duda) que se celebren por "todo" el globo.
A mi entender, con la elección de Río se ha conseguido que América Latina (y muy especialmente Brasil, predestinada a ser una de las grandes potencias del Mundo) tenga "sus" Olimpiadas. Sin embargo, no dejan de existir "civilizaciones", en terminología de Huntington (autor de la teoría, y libro, "El choque de civilizaciones") que aún, tristemente, no han gozado de "sus" Olimpiadas. Fundamentalmente me estoy refiriendo al África negra, a Asia Central, y cómo no, al mundo islámico. Una buena excusa para la paz sería la celebración de unos Juegos en El Cairo o Teherán, y por qué no, llegado el momento, en la propia Bagdad (con compromiso internacional de reconstrucción de la esplendorosa capital histórica del Islam).
Crítica número 2: Madrid no es España, si no que "sólo" es su capital. Existe cierto movimiento, igualmente tácito y oculto en el pensamiento de muchos, que pretende equiparar la parte al todo, la capital al Reino. Barcelona 92 fueron las primeras olimpiadas para España, para la región de Cataluña, y muy especialmente, para la ciudad, y entonces también Área Metropolitana, de Barcelona. Una de las mayores críticas a la candidatura madrileña es la elección de sus "subsedes", ¿se pretendía, así, "vertebrar" España?. Obviamente, hubiera sido un honor que Barcelona formara parte de unas segundas Olimpiadas (esta vez como subsede), sin embargo, por parte de Madrid me parece un despropósito.
Cualquier catalán, "amb seny", apoya, apoyará y apoyó el sueño de Madrid (obviamente, con ínfimo entusiasmo en comparación con el apoyo dispensado para con la candidatura propia; ello es cuasi biológico). Por ello, precisamente, no es necesario que el Estadio Olímpico de Barcelona (aquél que recibió una perversión en su nombre) participe, puesto que la lealtad de la ciudad de Barcelona se supone (pues apoyamos las cosas buenas para España, y cualquier cosa que beneficie a Madrid desde fuera, genera externalidades positivas, que dirían los economistas, en Barcelona, y viceversa). Si esa "cursilada" de las "ciudades hermanadas" tiene sentido, no hace falta decir que Barcelona y Madrid son hermanas, y por ello existen "celos", por más que ambas sirvan a una igualdad, cuasi plena, de intereses.
Si fuera Alcalde de Alcalá de Henares, de Guadalajara, de Getafe, de Valladolid, Segovia o Toledo estaría muy enfadado. ¿Por qué se cuenta con Barcelona, Málaga o Córdoba, cuando lo "lógico" hubiera sido que participaran las ciudades que, para lo bueno y lo malo, configuran el ámbito de influencia, directo, de la capital?. Habiendo campo, Coliseo mejor dicho, en Getafe, ¡qué pinta el Olímpico de Barcelona!. ¿Acaso Getafe o Valladolid podrán participar en otras Olimpiadas que no sean las de Madrid (con el permiso, hasta el momento improbable, quién sabe si en el futuro, de Zaragoza)?.
Tercera, y fundamental, crítica: las Olimpiadas de Barcelona regeneraron, y modernizaron, la ciudad de "cabo a rabo". Con cuasi total seguridad, de una forma equivalente a como lo harían unas Olimpiadas en Sevilla, Valencia o Zaragoza. Creo que Madrid no iba a cambiar en exceso con el acontecimiento. Como diría un amigo mío, Madrid no iba a mejorar demasiado con el asunto: las instalaciones estaban ya hechas y... ¿acaso se atreverían a construir más cinturones?.
Crítica, causa final y contundente: Madrid se haya inmersa en un nebulosa de fantasía fomentada por la incompetencia política. ¿Qué es eso de que Madrid se presente a unas elecciones que se sabe que no las puede ganar por la alternancia? ¿Por qué se ha cometido la cobardía de no presentarse cuando París y Roma tenían previsto hacerlo (2020)?.
Madrid, o mejor dicho, sus dirigentes, han jugado a que son los mejores "contra viento y marea". De nada sirvió el consejo de Samaranch, ni las impresiones de todo el pueblo. Ahora nos encontramos con una Madrid, que ha fracasado en su tercer intento, con instalaciones hechas, y que "ganada" una eventual candidatura para 2020, cuasi las tendría ya anticuadas. ¿Alguien no podrá sospechar que todo ha sido un "como mínimo tendremos excusa para construir todo esto"?.
Madrid 2016 ha sido un fracaso y un despropósito, mal organizado y peor explicado. Esperemos que haya más suerte en otra ocasión, aunque no debiera ser en 2020, pues no estaría bien visto, al menos por mí. La "Madrid olímpica" no puede, ni debe, ser un "acoso y derribo" (ello sin tener en cuenta, que Sevilla... o Valencia puedan reclamar que se les deje a ellas intentarlo...).
2ª imagen: The famous monument Christ the Redeemer on the Corcovado hill, in Rio de Janeiro, Brazil. de Jorge Morales Piderit (public domain).
3ª imagen: Logo de Madrid 2016.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Sector 9

Seguramente se hayan preguntado alguna vez por qué siempre los alienígenas llegan a Nueva York, Los Ángeles o Chicago, ¿y si alguna vez, quién sabe si interesados por el próximo Mundial de fútbol, a los extraterrestres (que no marcianos, dado que seguramente jamás vengan de Marte…) les diere por aterrizar sobre Johannesburgo?. Districto 9 es la mejor respuesta a esta pregunta. Sector 9 es una aventura genial. Las reminiscencias a videojuegos como Oddworld o Starcraft son claras, y efectivas, dado que permiten a las nuevas generaciones inmiscuirse en una trama que difícilmente hoy en día podría ser tratada con novela artúrica o amadíes de Gaula…. En términos post-modernos, con medios y moralejas contemporáneas, Neill Blomkamp (genial director de cine sudafricano) nos muestra una historia ficticia que no deja de manar jugos de realidad. Víctimas de una enfermedad, o accidente, un gran grupo de extraterrestres se quedan atrapados en su nave nodriza. Las autoridades del MNU (autoridad encargada de las investigaciones secretas llevadas a cabo), irrumpen en la nave llevándose a las víctimas del accidente hacia la superficie terrestre. Los accidentados son llevados a un “campo de refugiados” cerca de la urbe de Johannesburgo, y allí son “concentrados” como otrora lo fuera la población negra. Pasado el tiempo (20 años aproximadamente), en el campo de refugiados prolifera la población, produciéndose una superpoblación de la zona que preocupa a las autoridades. Obviamente, los "bichos", pues así les llama la población blanca (y también la negra), tienen totalmente prohibido salir de su “reserva”, siendo perseguidos todos aquéllos que se internan en la ciudad. En la miseria, muertos de hambre y con problemas de salud graves, los “bichos” comercian con mafias (nigerianas, en la película), cambiando armas de su planeta… por comida de gato (único producto alimenticio que llega a su zona (junto a la carne de cabra y de vaca, siendo, en todo caso, deshechos de casquería). La trama argumental es ciertamente impactante. Curiosamente, los alienígenas reciben nombres ingleses, llamándose el protagonista “extraterrestre” del film… Christopher Johnson. Junto a su hijo, Christopher pretende conseguir volver a su planeta, recogiendo materiales oriundos de su planeta de los que extrae un principio activo único que, supuestamente, les servirá como combustible con el que poder subir a su nave nodriza. El MNU decide un buen día que los “bichos” deben trasladarse a otro lugar más lejano de la ciudad, a un “campo de concentración” mucho menos “acogedor” que sus paupérrimas barracas. Los pobladores se rebelan, los agentes del poder político les obligan a firmar órdenes de desahucio, y muchos de los “bichos” son asesinados como escarmiento para el resto. Wikus van der Merwe, el director de la operación (y yerno del “jefazo” delegado, ahí va nada) resulta salpicado, por accidente, por este compuesto que va recolectando nuestro alienígena protagonista. A causa de esto, Wikus experimenta un proceso de metamorfosis que poco a poco le va convirtiendo en alien, experimentando cómo se pasa, paulatinamente, de perseguidor a víctima…. La moraleja última del film es comparar esta fantasiosa situación con el, no tan remoto, Apartheid sudafricano (en especial con el conocido Distrito 6 de Ciudad del Cabo). Las ideas y reflexiones que surgen de la cinta son de lo más profundas: ver cómo la población negra discrimina a los “bichos” (demostrando que el hombre no tiene “memoria histórica”), los sentimientos de humanidad que inspiran los “bichos”, los alimentos que se ven obligados a comer las víctimas…. Sin lugar a dudas, el mayor éxito de la película es conseguir hacer una crítica, brutal, de la industria farmacéutica mundial, y las prácticas que llevan a cabo en países pobres. Los símiles con la población negra de este país y el sida, frente a los bichos y sus “enfermedades” son constantes. Wikus, el protagonista humano, es acusado por los medios de comunicación (manipulados) de haber tenido sexo con los bichos, de ahí su metamorfosis (¿a alguien no le recuerda el "cuento" del negro que tuvo sexo con un mono?). Los extraterrestres son asesinados, diseccionados y tratados como conejillos de indias, haciendo subir los ingresos de la industria biotecnológica. Debido a la “riqueza” genético-biológica del espécimen, Wikus tendrá que huir (y esconderse en el “campo de concentración” de los bichos) con el fin de no ser diseccionado vivo, como pretende la MNU, con el afán de comerciar con la industria farmacéutica con sus órganos….
En definitiva, el filme de Blomkamp nos plantea todas estas cuestiones. “District 9”, producida por Peter Jackson (artífice de la versión cinematográfica de “El Señor de los Anillos”, y el remake de “King Kong”), es una de las mejores películas que jamás haya visto. Háganme caso, ¡que vayan escuelas, facultades, familias y amigos a verla!, el contenido pedagógico, filosófico y la forma en que está expuesto es digno de alabanza.

1ª imagen: http://www.impawards.com/2009/district_nine_ver2.html

2ª Imagen: District Six Memory Plaque at the Moravian Church in District Six, Cape Town, South Africa. It commemorates the victims of apartheid-era forced removals through the racially divisive Group Areas Act. Picture by Henry Trotter, 2000. Henry M. Trotter grants anyone the right to use this work for any purpose, without any conditions, unless such conditions are required by law.

WEB DEL FILM: http://www.d-9.com/