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sábado, 7 de marzo de 2015

Poesías por Mesopotamia

Después de un largo invierno nuclear sin producción, dejad que continúe en él, por motivos de mayor prosperidad, seguridad y realización personal. Ante los acontecimientos actuales, sin embargo, quisiera compartir con todos vosotros unas poesías, ya algo antiguas, de mis tiempos de escolar en el Instituto Vilatzara (ganadoras del concurso de poesía del mismo en el año 2003).

Que hayan pasado estos años y TODO siga igual, o incluso peor... Requiem por las civilizaciones más antiguas de Occidente. Ojalá los dioses del antiguo vergel mesopotámico puedan resucitar clamando venganza!! 


¡RUGE ANCIANA TIERRA!

Asiria

Ruge el gélido viento por las laderas montañosas,
ruge el colosal sonido de las nobles hordas luchadoras.

Eres tu verde y rica tierra de Asiria,
eres tu testiga de cómo el noble mundo sería.

Dime grande y poderosa madre,
de asirios palacios y ciudades.
¿Dónde está el orgullo que tú tanto vales?
¿Dónde está tu ejército de hombres inmortales?

Assur, Jorsabad, Nínive la grandiosa,
son las finas y sabrosas semillas
de tus enormes ramas portentosas.

Frutos honrados de una tierra antaño combatiente,
frutos amados de la tierra que tanto los quiere.

Funestos líquidos apetrolados de ti brotan,
cancerígeno Mosul. ¿Por qué la explotas?

Medos y nabupolasares a ti te destruyeron,
véngate ahora sobre los tanques guerrilleros,
que a profanarte vienen, Asiria hermosa,
que a tu gente matan, Asiria piadosa.

Nínive, Calach, vuestra tierra os llama,
no es fiéis de viejos medas,
ni de bálticos sajones,
que vos sois libre, ama de legiones.

¡Ruge león que ya es hora!
¡Lucha león que la guerra aflora!
¡Ruge con honor que es tu hora!
¡Lucha con valor que no estás sola!




Babilonia

¡Quien pudiera oh Babilonia,
con sus humildes ojos contemplar,
tus antaño gloriosas puertas,
al naciente sol brillar!

Dime oh excelentísima,
reina de ciudades.
¿Por qué tu inmaculada belleza,
medra ahora por los arenales?

Díme bíblica Babel, donde están tus templos y tu zikkurrat.
¡Que sin ellos sois poco, anciana aunque legendaria ciudad!

¿Dónde está el orgullo, que al mundo hizo envidiar?
¿Dónde están las gentes que antaño vivían y morían por su ciudad?

¡Reclamad ciudad hermosa vuestras glorias al mundo mundial!
¡Reclamad a Occidente vuestra excelsa ayuda maternal!

Acaso hemos olvidado, nosotros,
gentes del viejo Imperio Romano,
de donde venimos y a donde vamos.

Acaso nuestras gentes no reconocen de antemano,
que de afamada y opípara vida carecerían ,
sin la ciudad del collar ajardinado.

Jardín que por gran maravilla que fuera,
grande y noble vergel mesopotamico,
por el infame e implacable tiempo, cayó fulminado.

¡No contestéis maestra de la humildad!
Jaca de infames toneladas,
de odio y de impiedad.

¡Qué hablen vuestros logros:
Pitágoras, logaritmos o zikkurrats!
¡Qué vuestra madre os reclama,
y también la de toda la Humanidad!


Bestia negra

¡¿Quién sois vos negro tartárico,
mala sombra de vientos funestos,
para provocar cien guerras,
decapitando a bellas vidas,
transmutándolas en infames muertos?!

De colora vida vuestros adobes vienen,
pues acordarse de ellos, ahora debe,
vuestra poco sutil conciencia.
¡Ingrato compuesto, asesino de seres!

Mataste a más de tres mil millones,
de almas y nobles seres,
más colosales montañas de dignas especies.
¡Asesino de legiones de careis¡
¿No veis vos aquello que hacéis?

Horrenda sustancia azabache,
madre impura de viles males.
¿Por qué no dejáis al Mundo absuelto de calamidades?

Mas ahora vuestra ensangrentada existencia,
a más muertos reclama,
utilizando la más inmunda de las amenazas.

Pues son los hombres tu sustento,
y quienes te extraen de terrenales adentros,
mas no sois nada sin dinero en mano,
funesto y podrido, petróleo inhumano.

Horrenda sustancia azabache,
madre impura de viles males.
¡Dejad al Mundo libre de calamidades!


Hermanas de sangre

Dime vieja hermana,
donde está nuestra madre,
donde esta Sumeria,
la de logros colosales.

Grita Uruk que eres bien portentosa,
aunque yo no sea ingrata en belleza hermosa.

Grita vieja hermana que Sumer se acuesta,
en las yermas llanuras que el tiempo deja.

Cura el infiel adobe que a tus templos seca,
báñate con el sudor de aquellos que por ti rezan.

Saluda Uruk, a Ur tu hermana,
pues las dos somos grandes,
en la Humanidad mañana.

Saluda arcaica urbe a tus tierras hermanas,
que Sumer resurge en el grito que la llama.

No son los cuernos de las asírias mesnadas,
no son los cantos de los caldeos por la mañana.

Pues son aquellos que desean tu tierra,
y que por ello hacen profana guerra,
que son aquellos que de anglosajonia vienen,
bárbaras hordas de gentes sin bienes.

¡Resucita Sumeria que al Mundo debes,
mostrar todo aquello que al caos prefieres!


La mil y una grande

Fluye el Tigris por la estepa barbarie,
fluye el viejo río dando vida como nadie.

Da vida a aldeas y pastizales,
no da menos a Bagdad,
la mil y una grande.

Ciudad hermosa, reina de leyendas.
¿No eres tu antagónica a la tierra yerma?

Evitas al innato tiempo, al sol despierto,
con tu bella ciudad, vergel en el desconcierto.

Eres bella, eres grande, urbe mezquitosa,
de hermosos y bastos jardines,
se nutren tus entregadas gentes,
tú, la mil y una grande entre todas las ciudades.

No mires abajo a Babilonia,
ni a Nínive, suprema entre las grandes,
que tú bien lozana y bella eres.
¡No envidies aquello que vieres!

Se oye al iman, gritar a los cuatro vientos,
apelando a los creientes oración en verso,
aperfumado y loable es tu aliento,
por tu vieja vida, Oriento Medio, rezo.

Ahora funesto tiempo,
a ella dejes dar sustento.

No dejéis morir a semejante portento,
no dejéis fallecer a la reina del desierto.

Ahora resistir debes pues estás en guerra,
ahora sobrevivir mereces.
¡Pues esta es tu tierra!


Nínive

Dime veloz e incorrupto viento,
de donde vienen tus lamentos,
que la tierra ya es infame,
a no ser que la reina la llame.

Llama anciana ciudad,
grita desde el zikkurrat,
a aquellos nobles hombres,
que irguieron en el mundo tu nombre.

Llama longeva urbe,
al rencor que por ti surge,
véngate del corrupto tiempo.
¡Ruge leona a los cuatro vientos!

Nínive, capital de la marcial Asíria,
resurge de tus legendarios restos de arcilla,
lidera a un pueblo herido por la barbarie,
muestra al mundo, que eres grande como nadie.

Por Assurbanipal y Assarhadón
resucita agraciado y grande león,
ruge al tigresco río,
el Éufrates te devuelve su sitio.

Hazme el favor anciana,
de no morir como la infiel pagana,
que los ensangrentados clérigos proclamaban,
pues eres grande y sumamente honrada.

Vuelve a la vida ciudad de ciudades.
Salva a tu pueblo de la peor de las calamidades.


Sangre de Occidente

Es tu hora Mesopotamia guerrera,
es tu afamada hora de defender tu tierra.

Resurge del Tártaro, que la guerra aflora,
resurge del Hades, que la muerte asoma.

Asiria, Babilonia y Sumer, se requiere comunión
demostrad al ingenuo mundo como sois fuertes en unión.

No discrepéis por viejas decisiones,
pues asoman las sajonas legiones.
no discutáis ahora por vuestra tierra.
que los infames bárbaros gritan la guerra.

Unidas en una bandera sois una con tierra,
unidas en una bandera sois la vieja señora de la guerra.

El sol nace en Oriente, levantad las mesnadas a calentar sus sienes,
que conozcan la historia que Mesopotamia tiene,
que para nada es menos que la de esos bárbaros crueles.

Que Bagdad resista, urbe de ciudades,
que Nínive resurja, madre de leyendas colosales.

Que Basora acabe con las huestes infernales,
que Babilonia reviva de sus arenales.

Gritad Mesopotamia que esta es vuestra tierra,
caminad con orgullo y ganareis esta guerra.

jueves, 27 de octubre de 2011

La muerte de Gadafi: ¿tiranicidio o barbarie?


El pasado jueves veinte de octubre de dos mil once pasará a la hemeroteca como fecha histórica. Gadafi, o lo que es lo mismo, el tirano más singular y déspota en tiempos recientes, cayó asesinado en su ciudad natal de Sirte. La muerte del tirano, como cualquier acontecimiento de importancia, no se le escapa al omnisciente prisma del Derecho, y plantea algunas cuestiones, que lejos de ser solucionadas en este breve artículo, no podemos dejar de plantear.

Un tirano es aquél que «sustrae la propiedad de los particulares y la saquea, impelido por vicios tan impropios de un rey como la lujuria, la avaricia, la crueldad y el fraude... los tiranos intentan perjudicar y arruinar a todo el mundo, pero dirigen sus ataques en especial contra los hombres ricos y justos que viven en su reino, consideran el bien más sospechoso que el mal, y temen como a nada precisamente esas mismas virtudes de las que carecen... los tiranos expulsan del reino a los mejores con la excusa de que ha de rebajarse a quienquiera que destaque sobre el resto... dejan exhausto al pueblo para que no pueda reunirse, exigiendo casi a diario nuevos tributos, promoviendo disputas entre los ciudadanos y empalmando el fin de una guerra con el comienzo de otra. De situaciones así surgieron las pirámides de Egipto... el tirano no puede menos de temer que aquellos a quienes esclaviza puedan intentar derrocarlo... por eso prohíbe que los ciudadanos se reúnan o formen asambleas o discutan en común los asuntos del reino, arrebatándoles con métodos propios de policía secreta la ocasión misma de hablar o escuchar con libertad, impidiendo incluso que puedan expresar sus quejas libremente...».

Obviamente, bien se habrá percatado el lector, estas palabras no son propias sino de un ilustre clásico español, Juan de Mariana. Las palabras del inmortal jesuita nos confirman, por si acaso alguien pudiera tener duda alguna, que Gadafi era un tirano. Virtud de las tesis del autor, creador de la doctrina del “tiranicidio”, Gadafi bien pudo acabar sus días de la forma más conforme al Derecho Natural. Sin embargo, y no sólo por haber pasados largos siglos desde esta afirmación, la opinión aquí defendida no puede sostener a ultranza la consecuencia “lógica” de una interpretación “mariánica” de estos hechos.

Más allá del prisma de quien analiza los hechos, debemos observar quiénes realizaron estos hechos. Los verdugos del dictador no le hicieron saber que iba a pagar sus crímenes con una ejecución sumaria. Los asesinos del sátrapa invocaban a Alá, mostrando cómo el islamismo, lejos de haber sido motivo por el que Occidente ha ayudado al derribo del general, es una de las opciones, que en puros términos democráticos, parece estar abriéndose puertas.

La doctrina de Mariana, tan presente en el subconsciente de la psique occidental común, no es aplicable al caso. Los presupuestos que impregnaron al jesuita, más allá de Aristóteles o los Evangelios, no han sido invocados mentalmente por los verdugos de Gadafi, no pensando en ningún momento en términos de justicia, sino de venganza. La “cruzada por una democracia global” que tanto mencionó el Presidente Bush vuelve a caer en el ridículo, tal y como ya lo hiciera con Sadam o Bin Laden. Los crímenes de la Alemania Nazi, si bien no en plenitud, bien pueden servirnos de ejemplo de cómo hasta el más villano debe ser objeto de juicio (véanse los “Procesos de Nurémberg”). La norma justificadora es premisa inexcusable para todo sistema organizado en torno a unas leyes y un Estado de Derecho.

Para un mundo globalizado, nominalmente construido en torno a unos derechos y libertades irrenunciables, hubiera sido necesario el juicio de los tres villanos. Más allá del morbo, en buena parte periodístico, de oír a Gadafi dando la lista de todos los beneficiarios de sus interesadas dádivas, hubiera sido todo un ejemplo para la ciudadanía, una muestra de cómo los jueces son siempre pieza clave en el engranaje, no prescindible. La lucha nominalmente a favor de los derechos humanos y de la justicia se está convirtiendo en una gran parodia respecto a los objetivos inicialmente perseguidos.

El asesinato inmisericorde del sanguinario líder derrocado es una flecha afilada que ataca frontalmente a una eventual, y necesaria, pedagogía del Estado de Derecho. No deja de ser una muestra de cómo los países ocupantes de Libia no están interesados por crear un Estado fuerte, socio privilegiado y próspero que sepa aprovechar justamente sus recursos. La pedagogía indispensable para ejercer la democracia falta, y tampoco va a ser fomentada. Es mucho más fácil negociar con cuatro jefes tribales analfabetos que con un loco tirano, aunque débil y manejable.

Tremendamente gráfico es enterarse de cuánto se parecieron los ejecutores de Gadafi a los bonobos (o chimpancés pigmeos)... sodomizaron al líder derrocado antes de ser ejecutado. ¿Furia incontrolada o “derecho al tiranicidio”? Soluciones así, aun con Hitler o con el Diablo, no dejan lugar a dudas del porcentaje de material genético que compartimos con nuestros primos primates... aunque, tampoco esto, sea visto así por el islamismo.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Teoria/practica/tiranicidio/elpepisoc/20111028elpepisoc_1/Tes horas después de publicar mi post... sacan esto en ElPais, muy concorde con las tesis de este artículo.

Imagen: "El Día del Juicio Final", Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique
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sábado, 19 de febrero de 2011

Los cuernos del vikingo

“La raza a la que se llama hoy en su conjunto gálica o galaica es apasionada de la guerra, pronta a la cólera y a llegar a las manos, tosca de costumbres y sin vicios. A la menor excitación corren al combate abiertamente y sin mirar a derecha o izquierda, son así fáciles de vencer por quien quiera combatirles a través de maniobra, no hace falta si no provocarles” Estrabon “Geografía” 4, 4, 2-3
“Los celtiberos cortan las cabezas de sus enemigos muertos en el combate y las cuelgan de los cuellos de sus caballos”. Diodoro de Sicilia 5, 9, 5
Ya sea por un disfraz de carnaval, por el bueno de Vicky, por el primer gran clásico de BlizzardLost Vikings”, o por ser un fanático de la historia, lo primero que le viene a la cabeza a uno al hablar de vikingos, son los cuernos. Rudos, violentos, conquistadores sin escrúpulos, bandidos y borrachos, la imagen del vikingo, como la de todo “bárbaro” en general, nos llega en términos similares. Nada importa que jamás se haya acreditado que los vikingos llevaran casco con cuernos, o que se piense que el mito venga de haberse encontrado cuernos (como vaso) en las tumbas de algunos guerreros. El vikingo “debe” llevar cuernos, pues es bárbaro, extranjero, y afín al Diablo.
No es un suceso aislado. Por todos es “aceptado”, más que sabido, que la civilización a Hispania llegó con griegos y romanos. Más allá de cutres series televisivas (muy deudoras de los estereotipos), cada vez se tiene más constancia de que existieron culturas, poco menos desarrolladas que la romana, y que en verdad, como no podía ser de otra manera, el Imperio se impuso por las armas, el comercio y la moneda. Estrabón hablaba de los celtíberos como borrachos guerrilleros, cuando, valga por ejemplo, investigaciones en las inmediaciones de Calatayud han descubierto, incluso, calendarios astronómicos celtíberos. La percepción del otro es un instrumento de poder para nada nuevo. Los últimos sucesos en el norte de África, así nos lo confirman.
No dejaré constancia de una ignorancia única si digo que hasta hace poco Hosni Mubarak se me presentaba como el más respetable líder del mundo islámico. Sus continuos “ires y venires” a EEUU, Europa o Israel, parecían situarle como una figura “mediadora” de primer orden. Podría llegar a parecer que, incluso, Egipto era uno de los países islámicos más desarrollados, aunque una simple visita bastara para probar a cualquiera lo contrario. Los últimos sucesos, y muy especialmente la retransmisión de sus discursos a la población, nos han mostrado a un Mubarak “diferente”. El viejo mediador se ha vuelto inútil, donde antes había paz ahora se ve el régimen de un tirano, parece ser, ya derrocado. No conozco a nadie que haya tenido el privilegio de hablar con el anterior líder egipcio, o que diga ser amigo suyo, por lo que no puedo tener una opinión sobre cómo es su persona. Las últimas imágenes, discursos y documentos nos muestran a una persona muy egocéntrica, prototipo de cacique de, como diría el bueno de Miguel Ángel Asturias, “república bananera”. Una vez más, el poder de los medios como instrumento de poder es más que notable.
Roma tenía una original forma de tratar a los “políticos” del momento. A los rivales (véanse Aníbal o Arminio) se les “deificaba” y consideraba cuasi como héroes, por el mero hecho de haber sido capaces de vencer a Roma, el Imperio, en varias ocasiones. Algo así sigue sucediendo, de forma un tanto diferente, con las naciones conquistadas por el actual estado hegemonón. El Iraq de Sadam (claro caudillo laico) era una amenaza “islamista” poseedor de armas de destrucción masiva (a la vez que petróleo...). Los talibanes, tan útiles para bloquear avances soviéticos, resultaron ser unos poderosos señores de la guerra, mientras que “el cutre” régimen de Corea del Norte, se ha llegado a convertir en una de las máximas amenazas mundiales. Si no te gustan mis principios, tranquilo, tengo otros. Al poder económico y al militar se le ha unido otro, el de los medios de comunicación, sólo que, para sorpresa de muchos, llevan más tiempo existiendo del que pudiéramos creer...
Para finalizar un consejo. Si quiere examinar al “bárbaro” de turno intente conocerlo, leer, estudiarlo... no se quede “con los cuernos del vikingo”. Origen imágenes: 1) http://wire.ggl.com/wp/wp-content/uploads/2007/12/lost-vikings.jpg
2) http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f7/Napolitano-Mubarak.jpg

sábado, 9 de octubre de 2010

Ni perros, ni gatos...

Si hay un orden animal interesante por antonomasia es el de los carnívoros. Motivo de mitos y atávicos recuerdos de predación, los miembros de este orden fueron nuestros peores enemigos en tiempos pretéritos, habiendo pasado algunos de sus miembros, hoy en día, a ser fieles amigos y compañeros. Y es que, como perro y gato, nunca mejor dicho, el orden de los mamíferos carnívoros se divide en dos subórdenes: “caniformia” (afines al perro) y “feliformia” (afines al gato). Dentro de los primeros, además de lobos, perros y zorros, se encuentran los osos, los mustélidos (comadrejas, hurones...) y las focas, mientras que dentro de los “feliformes” se encuentran los felinos, las hienas, y los vivérridos y mangostas. La presencia de felinos y cánidos en nuestra sociedad nos es recordada por nuestros perros y gatos, ¿pero qué sucede con los otros miembros del orden “Carnivora”, y muy especialmente, con los miembros más pequeños? Dejando a un lado a los mustélidos, quisiera centrarme en los parientes memores de los felinos, los vivérridos y mangostas.
Los restos de antiguas civilizaciones no se reducen nunca a un cúmulo de piedras. A las ruinas arquitectónicas siempre les acompañan otros restos: sean culturales o, como será en este caso, “zoológicos”. La presencia del dingo en Australia, o del puercoespín en los bosques de la Toscana italiana, se deben a la introducción por parte del hombre (por más que en la actualidad se hayan integrado perfectamente en el ecosistema, siendo parte indispensable para su actual equilibrio). Sin embargo, ¿existen casos similares en nuestra Península Ibérica?
Iberia ha sido cuna de grandes civilizaciones. Los mayores imperios de la historia humana han tenido a la actual España, bien como centro, bien como núcleo duro. Roma y el propio Imperio Hispánico tuvieron a la Bética (actual Andalucía) como gran vergel para el ocio y la horticultura, a la vez que supieron aprovechar el potencial agrícola, y ante todo minero, del resto de nuestra geografía. Dado el rendimiento de estas tierras, no es de extrañar que existieran regiones en España muy densamente pobladas. Con las gentes llegaron sus mascotas, y en ocasiones, otras especies que hicieron de polizones en las diferentes naves y navíos o que fueron introducidas con finalidades cinegéticas o de control de alimañas. Nuestro bosque mediterráneo, a la vez que acondicionador de la “cultura española” a lo largo de los siglos, también ha sido acondicionado, él mismo, por las gentes que han poblado sus aledaños. Dos grandes potencias extranjeras: Roma y el Islam, fueron quienes introdujeron varias de las especies animales y vegetales que hoy consideramos como “típicamente españolas”. El algarrobo en lo vegetal, o el faisán en lo animal no son ejemplos únicos, destacando, y no precisamente poco, la inserción de carnívoros foráneos en nuestros bosques.
Hallazgos en las cuevas de Nerja (Málaga) han dado luz a los investigadores sobre la inquietante presencia de meloncillos (Herpestes ichneumon), una especie de mangosta, en nuestros bosques. Según se deduce de estos restos, hallados en 1959 (y analizados recientemente por la Universidad de Upsala), el meloncillo fue introducido por los árabes como mascota (bien como diversión, bien como fiel controlador de las poblaciones de reptiles y roedores). Origen que vendría a ser el mismo que el de la jineta.
La jineta (Genetta genetta) se cree que fue importada por los romanos como mascota, habiendo sido documentada su presencia en las casas romanas con anterioridad a la llegada del gato doméstico, procedente éste del Antiguo Egipto. La jineta fue vista como un cazador infalible útil para el control de las poblaciones de conejo, a la sazón, muy abundantes antes de la llegada de la mixomatosis (hay quien llega a afirmar que el conejo es originario de Iberia y Baleares, significando, incluso, el nombre de Hispania: "tierra de conejos"). La abundancia del conejo en Baleares fue tal que fomentó una considerable introd
ucción de jinetas, que han llegado a convertirse en una suerte de "subespecie", la jineta ibicenca, de menor tamaño debido a la insularidad.
Pese a no ser considerados como vivérridos ambos, la mangosta española, meloncillo, y la jineta son parientes cercanos, ambos del suborden feliformia. Al igual que sus parientes, las hienas, se trata de especies violentas, muy propensas a la agresión para con los suyos y el resto de las especie. Es proverbial la destreza de la mangosta en la lucha contra las serpientes, sean éstas cobras o culebras, habiendo llegado hasta nosotros mitos y leyendas respecto a ellas de lo más interesantes. Marcial, el célebre poeta de Calatayud (Bílbilis), llegó a hablar del valor de las entrañas de la mangosta para el tratamiento de las heridas de serpientes venenosas. Otros mitos en torno al animal, lo situaban como un terrorífico enemigo, no sólo de las serpientes, sino también de los cocodrilos. Se decía por los romanos que eran capaces de meterse dentro de los cocodrilos cuando estaban con la boca abierta, yendo rápido a sus entrañas, para comérselas y vencer así al animal. Obviamente, los mitos romanos, como respecto a otros muchos animales, son sumamente sensacionalistas y no debe hacerse especial caso de su veracidad.
Se mire por donde se mire, el hombre ha servido como “factor” para la Naturaleza muchas más veces de las que nosotros creemos. Jinetas y meloncillos vinieron a enriquecer nuestros ecosistemas sin que tuviéramos la conciencia de hacerlo. Participamos, no de una inteligencia superior, sino de un equilibrio, un medio, una existencia, que nos hace partícipes de su totalidad, en cada cual de nuestras acciones particulares...
1ª imagen: jinetas
2ª imagen: mangosta

jueves, 30 de septiembre de 2010

Los muros de Santa Sofía.

Recuerdo a Santa Sofía con fresca rigurosidad. Jamás un monumento significó tanto para mí, en esencia, y para con mis aficiones. Fuera de Anguita o Barcelona, en la meridianamente lejana Turquía, pocos buscarían un edificio al que yo tenga tanta reverencia y admiración. Sí, digo bien, pues Santa Sofía hoy es turca, como otrora lo fuera bizantina. Es el tiempo quien me ha dado la oportunidad de conocerla, de incluso verla en persona, ¿por qué voy a negarle su valor performativo, y quedarme con lo rancio y pasado? Santa Sofía es algo “en el presente”, y otra cosa “en lo pensado”.
Frente a la Mezquita Azul no es nada más que su hermana mayor, un templo más grande y vetusto. En lo imaginado es el templo que viera algunos de los acontecimientos más importantes de la Historia, así como algunos de sus autores. No es necesario ser griego o turco para querer a esas paredes. Simplemente basta con amar sus vivencias pasadas, y los estilos que la vistieron tan hermosa como elegantemente. Santa Sofía es uno de los grandes hitos en la Historia, un monumento a la altura de cualquiera que se haya construido ya, o en el futuro pueda. Pensar en clave de actualidad que Santa Sofía es bizantina es una realidad a medias. Pensar que Santa Sofía pertenece a la cultura y al imaginario griegos, un descenso a problemas de la política.
Guste o no, las paredes no tienen ni sentimientos ni psiques, sólo formas. La configuración que llega hasta nosotros es una, la actual, por necesidad producto del devenir de los tiempos y de las diferentes influencias que han recaído sobre “la cosa”. Santa Sofía es bizantina, romana, turca y otomana. Santa Sofía es un crisol, cual la Mezquita de Córdoba, un lugar en el que ha recaído el peso, y la herencia, de mil y una culturas y civilizaciones.
Las sensaciones son reacciones psicológicas ante elementos físicos. La “edificación” es lo realmente existente, “lo visto” es lo realmente vivido. Tendemos a confundir dimensiones que jamás tuvieron esperanza de reconciliarse, son simples prismas que jamás tendrán mayor nexo de unión que nosotros mismos. De ahí que querer imponer identidades sea una aberración, un fracaso, pues cada cual sentirá por cada edificación, por ejemplo, algo diferente.
Es incorrecto decir que Estambul es Constantinopla, ciudad “cuasi celestial” para las aspiraciones históricas griegas. Defender lo contrario es fomentar el conflicto, tal y como hacen, casi por definición, los nacionalismos. Las identidades personales, que de alguna forma le hacen ser “turcófilo” a un servidor, no pueden trasladarse tal cual a un concepto único y genérico. Las identidades grupales, si es que existen, no son más que sumatorios de las individuales, resultados estadísticos que, en no poca medida, acaban por mostrar simples datos genéricos (como el amor por una bebida o la preferencia por un tipo de música).
Defender la “helenidad” de Santa Sofía es despojarle de sus minaretes, recolocando los mosaicos, que por circunstancias históricas, le fueron arrebatados. Ello implica conflicto, violencia, y por ende, algo “intolerable” en mentes sanas y equilibradas. El problema muchas veces recae en pretender tener una “identidad histórica” cuando, siempre e inevitablemente, se tiene “dinámica”. Cada cual se identifica con sus vivencias, con sus visitas pasadas, sus personas queridas y sus aficiones. No existen gustos comunes más allá de la estadística. Todos somos diferentes en pensamiento, por el mero hecho del Azar, única fuerza metafísica realmente probada.
Es por lo aquí escrito, en muy buena parte, por lo que sueño con volver a ver, ojalá en varias ocasiones, a Santa Sofía. Son éstas las fuerzas internas que me llevan a querer a este antiguo templo más que a otros edificios más cercanos. Mis gustos, mis aficiones, mis vivencias y sueños me acercan a ella en ocasiones. Santa Sofía me sirve mismamente de metáfora. Si no hubiera tenido la historia que tiene, yo no hubiera llegado hasta ella.
Los pasados son herramientas para el estudio, para enriquecer, pero jamás condicionantes estancos para el cambio y el progresismo frente al Futuro. Las identidades son personales y cambiantes, cada cuál tiene la suya, personal e intransferible, todo intento de cambiarla será inútil, todo intento de imponerla será brutal.

lunes, 15 de marzo de 2010

Contra el nacionalismo (Segunda parte)

Pero ¿sabe qué quiere decir una nación?; y aquél responde: "Una nación es la misma gente viviendo en el mismo sitio".
J. Joyce, Ulises.
"Para nosotros, ciudadanos de la República Federal, el patriotismo de la Constitución significa, entre otras cosas, el orgullo de haber logrado superar duraderamente el fascismo, establecer un Estado de Derecho y anclar éste en una cultura política, que, pese a todo, es más o menos liberal".
Jurgen Habermas

Muchos serán quienes se habrán dado cuenta de los problemas sociales que, poco a poco, va causando el nacionalismo catalán dentro de la sociedad catalana. Aún a riesgo de parecer querer tirar “piedras sobre mi tejado”, he traspasado las fronteras de lo “oficialista” para ejercer de blogger, es decir, expresarme libremente. Sin embargo, la primera parte de mi ensayo no acaba de tener “todo” su significado, si no se lee también esta segunda sección.

Se ha escrito antes sobre uno de los más genuinos “nacionalismos periféricos”, tratemos, ahora, el no menos criticable, a mi modo de ver, “nacionalismo centrípeto”. Junto a la “ley de convocatoria de referéndums con permiso del Estado”, a lo largo de la semana pasada destacaron las diferentes comparecencias en orden a discutir la prohibición, o no, de las corridas de toros en Cataluña. Coincidiendo con esta iniciativa, para nada centrada en el sufrimiento animal (o al menos no tanto como en el debate identitario), el gobierno de la Comunidad de Madrid ha propuesto declarar a la “fiesta nacional” como bien de interés cultural. Este juego de “vasos comunicantes” es un ejemplo de cómo funciona, en la mayoría de los casos, el fenómeno nacionalista.

Comúnmente se afirma que existen dos tipos de nacionalismos (así lo hace, por ejemplo, Walter Feinberg, de la Universidad de Illinois): el nacionalismo de exclusión y el nacionalismo de resistencia (pudiendo darse casos en el que ambos se predican en un mismo ámbito, por ejemplo, de resistencia frente al Estado, y de exclusión frente a los inmigrantes)1. El alza de uno es correlativamente proporcional al aumento del otro; el aumento del centralismo madrileño siempre provoca un auge del independentismo catalán. Cuando a “unos” se les ocurre prohibir los toros, a “otros” les falta tiempo para declarar las corridas como “bien de interés cultural”. Ello está claramente correlacionado, y encuentra su fundamento en una misma cosmovisión nacionalista, instrumentalizada, del mundo que les rodea.

Desde el gobierno de Madrid se cree en una nación española imaginaria. Se identifica a los toros como un “bien propio”, una “fiesta nacional”, obviando su hondo arraigo en Latinoamérica, Portugal o sur de Francia. Precisamente, con motivo de la discusión actualmente en curso en el Parlament de Cataluña, el Alcalde de Arlés (Francia) ha tenido ocasión de defender a los toros como un patrimonio del sur de Europa. No entraremos en temas de tauromaquia, pero es evidente que la manipulación del toreo es un hecho en el debate, no sólo catalán, sino también del resto de España. España equivale a Estado Español, y Cataluña a Comunidad Autónoma de Cataluña, en ambos casos contraponemos el nombre “oficial” a la administración que le representa. No podemos reconocer “culturas” o “identidades” propias de una u otra, cuando precisamente, el criticar los excesos de una, implica criticar los de la otra. Analicemos, visto esto, un ejemplo un tanto “populista”.

Para todo buen aficionado catalán “culé”, los lunes son un día de honda indignación “nacionalista”. Los comentarios de la “totalidad” de emisoras con sede en Madrid (por nombre “nacionales”) critican al equipo de la periferia por excelencia, el F.C. Barcelona, hablando, en muchas ocasiones, con prepotencia, de cagómetros, “villaratos” y demás entelequias de poca monta, propias del periodismo malo, caduco, y en muchas ocasiones, ofensivo. En alguna ocasión habrán visto que afirmo que no hay mayor “fábrica de independentistas” que una mala actuación arbitral en contra del F.C. Barcelona, o la lectura de uno de los periódicos de “ámbito nacional”, con sede en Madrid: véanse diario As o Marca. El fútbol es un fruto, claro, del tribalismo que reside en los nacionalismos. Solo hace falta ver cómo se esgrime la bandera de “la nación común” por algunos aficionados del Real Madrid, siempre que va a jugar el F.C. Barcelona, Atlétic de Bilbao o Real Sociedad.

En su brillantísimo artículo, Glover2 hace mención de un estudio psicosocial practicado hace ya algunos años3. Se hicieron dos grupos de chavales (unos serían, durante bastante tiempo, “policías”, y los otros “ladrones”). La duración del juego hizo que el mismo se debiera suspender por el surgimiento de roces e inicios de “crueldad” en el trato de unos contra los otros. ¿Qué nos indica un común juego de “polis” y “cacos”? Que las rivalidades deportivas comparten con los juegos muestras de un tribalismo (una peligrosa relación entre “identifiación” y “hostilidad”), quién sabe si no inherente a nuestra especie.

Ello puede verse en relación con el nacionalismo. El nacionalismo de “imposición” (desde el centro) provoca siempre un nacionalismo de “frustración”, fuere en la periferia o, en otros casos (no en el español), en las minorías étnicas. Insistiré en lo dicho en la primera parte (pasado post), las ideas, y citas, propuestas por los autores ya vistos pueden aplicarse a “cualquier” tipo de nacionalismo, fuere éste español, vasco, catalán, serbio, galés o canadiense. Tan nocivos son los informativos manipuladores del centro hispano como los discursos populistas de políticos secesionistas. La “razón” no es que sea necesariamente una, pero como dicen los neurocientíficos, no tiene por qué venir del mismo lugar que los sentimientos, que el tribalismo, que el nacionalismo. Separemos lo correcto de lo querido. Espero que, con esta segunda parte, queden más claros los “conceptos”. ¿Qué opinan?

Ejemplos de binominos naconalistas:

Ejemplo 1: Se construyen la mayoría de instalaciones olímpicas sin haber ganado su candidatura. En Madrid se dice que es un valor de la propia candidatura, y que, en todo caso, son equipamientos que requiere la urbe capitalina. En Barcelona se afirma que, con el pretexto olímpico, se han asignado fondos a Madrid, cuando no tenían que ser necesariamente, ni para esa región, ni para ese proyecto. Antes, no en modo marginal alguno, se dijo que Madrid y el resto de España estaban pagando los juegos olímpicos a Barcelona.

Ejemplo 2: Un actor conocido en su región aparece en un partido F.C. Barcelona - Valencia clamando por la independencia de los “Países catalanes”. Mientras, en la cadena pública de Madrid, TeleMadrid, existen ciertos periodistas que atacan, reiteradamente, a los que viven en Cataluña.

Ejemplo 3: En Madrid, dicen en Barcelona, son “catetos”; en Barcelona, dicen en Madrid, son “peseteros” y hablan “polaco” (la cadena pública de Cataluña, con esa broma, tiene un programa de humor titulado: “Polonia”).

…. los ejemplos son varios, seguramente muy similares a los que tengan Marsella y Lyon con París, o Milán con Roma. Son síntomas de “populismo”, “sentimientos comunes”, y como en el experimento entre “policías y ladrones”, de tribalismo. El propio Glover hace una excepcional referencia a un fragmento de la “Guerra del Peloponeso” de Tucídides: “Lo que hizo inevitable la guerra fue el crecimiento del poder de Atenas y el temor que esto causó en Esparta”. Obviamente, la antigua Grecia Clásica se caracterizó por no ser un sólo Estado, cuestión que no se solventaría hasta la conquista macedonia. Pero no deja de ser “indicativo” el correlato entre los sentimientos espartanos y atenienses.

¿Es capaz que exista un país sin nacionalismos? ¿Es el nacionalismo un factor con beneficios y lacras, o, simplemente, un “mal necesario”? ¿Qué opinan?

* Nota final: vistos el nacionalismo “periférico” y el nacionalismo “centralista”, queda un tercer tipo, más que de nacionalismo, de “conflicto identitario”. Se intentará hacerle mención en otro post pero, a modo de avance, quisiera dejar claro que, en comparación con los “problemas” existentes en países como España, Bélgica o Italia, hay un problema europeo que sobrepasará, con creces, lo hasta aquí visto. ¿Qué sucederá cuando un partido islamista turco consiga representación parlamentaria en Alemania? Virtud del principio de libertad religiosa ¿es posible la construcción de la mezquita más grande de Europa en Sevilla, cuando el islamismo radical sigue reivindicando el sur de España como territorio musulmán?

Los problemas “nacionalistas-identitarios” tienen una magnitud “in crescendo”, y en cualquier caso, como ya recogiera Alexis de Tocqueville en su Democracia en América, no podemos comparar estos problemas, ante todo europeos, con ejemplos norteamericanos. Los modelos defendidos, por ejemplo, por Kymlicka (aplicables al Québec), no son de posible aplicación en España o cualquier otro país europeo. ¿Por qué? Por los restos de aristocracia, historia y privilegios sociales... Aunque, como afirmo, esto es motivo para otros posts.

1W. Feinber, “El nacionalismo desde una perspectiva comparada. Una respuesta a Charles Taylor” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.
2Glover, “Naciones, identidad y conflicto” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.
3 C. Haney, C. Banks, y P. Zimbardo, “International Dynamics in a Simulated Prison”, International Journal of Criminology and Penology, 1973.

martes, 25 de agosto de 2009

Os presento... Medinaceli

Vídeo colgado en Youtube por cortesía de -luthieryotuve-.

domingo, 15 de marzo de 2009

El porqué soy Cristiano

“Con respecto a los dioses, no puedo decir con seguridad que existen o que no existen, ni tampoco cómo es realmente su figura; porque hay muchas cosas que dificultan nuestro conocimiento seguro, la oscuridad del asunto y la brevedad de la vida humana”.
Protágoras
Ninguna idea es innata” afirmaba John Locke; ciertamente, tampoco lo es la idea de “Dios”. Una de las grandes quimeras de los libros de historia es el olvido que hacen del ateísmo como posibilidad en la historia. Al respecto, hay quien dice ver al ateísmo como pensamiento predominante en civilizaciones como la Antigua China, o en religiones como el Budismo (donde no se reconoce a “un Dios”).
Si bien algunos lo consideran un agnóstico (Bowra), Protágoras bien pudiere haber sido uno de los más eminentes ateos de la antigüedad, junto con figuras de la talla de Confucio. Precisamente, el pensamiento religioso de este último ha sido una continúa controversia. Para algunos, Confucio es el exponente de un librepensamiento ejemplar, al margen de los dogmas religiosos. Para otros, un hombre sumamente espiritual, y por ende, creyente. Unos textos, al respecto, para la reflexión, bien pudieran ser éstos:
"Maestro, ¿cuál es la forma más idónea de servir a los Dioses?".
"Antes de servir a los Dioses, preocúpate de servir a los hombres que te rodean, de hacerlos nobles, valerosos, honrados justos y virtuosos; y una vez realizado lo anterior, dedícate a los Dioses”.
Estas posiciones se han visto enfrentadas a lo largo de los tiempos. La Iglesia católica llegó a investigar su biografía con el afán de convertir al cristianismo a los confucianos (alegando que su Maestro, fue un "ancestral cristiano". Voltaire, en su “Filosofía de la Historia (cap. XVIII)” cita a un jesuita enviado a China, sin conocer una voz en mandarín, para resolver la cuestión. El jesuita volvió afirmando que Confucio, sin lugar a dudas, era ateo. Ciertamente, la Iglesia, a lo largo de la historia, ha asimilado al ateísmo con las religiones opuestas (particularmente en lo que a las animistas se refiere). Por contra, cualquier vestigio de pensamiento “civilizado” ha sido interpretado como indicio de la creencia en un Dios, habiéndose llegado a argumentar el cristianismo, no sólo de Confucio, sino también de Platón o Marco Aurelio.
No cabe duda de que la Iglesia ha sido el mayor exponente de la pedante ignorancia europea de las épocas medieval, moderna, y en no poca medida, contemporánea. Al respecto, Voltaire, en su “Ensayo sobre las costumbres (cap. II)” afirma sobre los europeos, y ante todo, sobre el eurocentrismo, que “nosotros juzgamos sus costumbres sobre la base de las nuestras porque llevamos hasta los confines del mundo los prejuicios de nuestro espíritu litigante”.
Me gustaría destacar dos vertientes de lo religioso: las creencias y la civilización a la que va aparejado. Desde éste último punto de vista, so le pese a Dawkins o a Russell, somos cristianos aquellos que hemos nacido y nos hemos desarrollado en alguno de los países de Occidente. Sin embargo, siguiendo a Russell, en su obra: “Por qué no soy cristiano”, no me considero, al menos en cuanto a mi persona, “cristiano” en lo que se refiere a las creencias, pues no cumplo los postulados, que para serlo exige, acertadamente, el autor: creer en Dios y en la inmortalidad, y tener alguna clase de creencia, como el nombre indica, acerca de Cristo. Niego mayores méritos a Cristo que a Marco Aurelio, Platón, Aristóteles, Plinio o Protágoras, todos ellos fueron grandes sabios de la Antigüedad, y en el caso de Jesús, al igual que Mahoma, claros ejemplos, de lo que hoy llamaríamos, “activistas políticos”.
Nada más lejos de la realidad, el lado “bueno y seductor” del fenómeno religioso, cuanto menos en lo que a las grandes religiones se refiere, nos viene dado por el componente sincretista de las mismas. La religión islámica, por poner el más claro ejemplo, tuvo en sus inicios tintes de “revolución”. Que ciudades como Alejandría o Damasco se entregaran a la fe de Mahoma se explica a través de la economía, y no mediante argumentos místicos, pues en estos casos se trataba de urbes “explotadas” por el centralismo bizantino, mientras que en la Hispania goda, la “invasión”, o mejor dicho, “revolución islámica” (siguiendo a Olagüe, entre otros) se debió a una situación de crisis ligada al desgobierno y a los excesos de la clase dirigente (todas estas explicaciones, claro está, hechas desde una óptica breve y superficial, acorde con la extensión de este post).
Lo realmente bueno del Islam fue el haber unido a varios miles de personas y cientos de culturas en un mismo seno; ayudando a extender la cultura hindú en España, o la Persa en Sicilia, a la vez que parte de la Europea en Oriente. Una vez todo “se extendió”, el Islam comenzó a secarse, no tan sólo por la intolerancia correlativa a la hostilidad occidental, sino también por la falta de argumentos. Así, el Islam no es ni mejor ni peor que otras religiones, simplemente una opción cultural más y una creencia religiosa, a mi ver, tan trasnochada como el resto. Algo así hubiera ocurrido en Europa sin el Humanismo.
Las religiones son respetables, definitorias de una civilización, y en fases primarias de conocimiento científico, remedios con los que encauzar nuestra potencial ignorancia. Una vez la ciencia avanza, los postulados atribuidos a Darwin ganan peso, y las matemáticas tienen en consideración, cada vez más, la estadística y las leyes del Caos, la religión como “creencia” carece, a mi ver, de sentido, es por eso que soy “culturalmente” cristiano, sólo que no creo en la existencia de lo místico…
Un último texto para la reflexión:
"Muchos de nosotros veíamos a la religión como una tontería inofensiva. Puede que las creencias carezcan de toda evidencia pero, pensábamos, si la gente necesitaba un consuelo en el que apoyarse, ¿dónde está el daño? El 11 de septiembre lo cambió todo. La fe revelada no es una tontería inofensiva, puede ser una tontería letalmente peligrosa. Peligrosa porque le da a la gente una confianza firme en su propia rectitud. Peligrosa porque les da el falso coraje de matarse a sí mismos, lo que automáticamente elimina las barreras normales para matar a otros. Peligrosa porque les inculca enemistad a otras personas etiquetadas únicamente por una diferencia en tradiciones heredadas. Y peligrosa porque todos hemos adquirido un extraño respeto que protege con exclusividad a la religión de la crítica normal. ¡Dejemos ya de ser tan condenadamente respetuosos!"
Dawkins
* Libro recomendado: Formigari Lia, “El mono y las estrellas”, Barcelona, Ediciones El Serbal, 1984