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domingo, 12 de octubre de 2014

Definiciones subjetivas

Giuseppe Garibaldi's triumphant arrival in Naples by Ron Embleton
Catetismo: quienes reducen su conocimiento a las costumbres, hablas, conocimientos geográficos... de proximidad. Postura contraria al conocimiento universal y universalista, en ocasiones ligado a una posición económico-social sacrificada, sin recursos con los que poder ampliar horizontes. Llevado a un extremo autoritario, o como dogma de fe, pueda llegar a mutar en nacionalismo.

Nacionalismo: “religión laica” que sustituye a dioses por leyendas y a profetas por celebridades históricas, en mucho inventadas. Se basa en un claro sentimiento de superioridad, considerando, bien que no hay otra “nación” igual a la misma, bien afirmando que en un determinado territorio no hay más legítima postura que la que marca un pensamiento unificado. Se da la paradoja de que, en origen, la esencia del Comunismo y de la Iglesia Católica se basa en negar legitimidad a esta idea: el canto del primer movimiento es “La Internacional”, y “Católico”, significa “Universal”.
          Pros: los que se le puedan atribuir de confundirlo con el patriotismo o con los éxitos del Romanticismo cultural.
          Contras: ser el germen de la desgracia europea del siglo XX, implicando, en esencia, una postura proclive a la “defensa de un ideal imaginario”, y por ende, al conflicto. Implica discriminación, tan siquiera sea en el pensamiento interior del nacionalista, y posturas próximas (o flagrantemente dentro) del racismo y el populismo.
Patriotismo: sensación interior de cercanía hacía el folclore, habla, cocina, lugares geográficos... del lugar de origen, o de aquél en que se vive. Implica un cariño hacia cuestiones inmateriales que no trasciende a posturas de superioridad ideológica o de exclusión de ideas.
  Contras: llevado a sus extremos puede pervertirse en nacionalismo, o de existir con preeminencia y exclusividad, degenerar en catetismo.

Humanismo: término ambiguo que entre sus millares de interpretaciones recoge aquella que defiende al hombre como centro del saber, considerando que el dogma que debe prevalecer en cualquier cuestión política es el de que “todos los seres humanos pertenecen a una única especie biológica con unos mismos derechos mínimos por el mero hecho de ser personas”.

Nación: término ambiguo que bien puede ser considerado como sinónimo de Estado, bien como germen del nacionalismo. En esta segunda acepción, “nación” pretende defender que en un determinado espacio geográfico hay sólo una lengua, religión, costumbres... ideas, pensamiento... legítimamente propios de éste, con preeminencia, en ese territorio, sobre los de cualquier otra nación.

Tribalismo: manifestación en el ser humano de impulsos que son comunes en otras especies animales. Cuando se trasciende del “instinto animal” a la legitimidad político-filosófica se cae en nacionalismo o catetismo.

sábado, 17 de diciembre de 2011

El pseudo-borracho


- ¡No conoceréis el miedo! ¡El miedo mata la mente! ¡El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total!

- ¡Sabias palabras para un borracho, amigo mío!

El pseudo-ebrio barbudo se giró repentinamente y vio la efigie del bellotín genio. Zalakín le miraba con cara de entusiasmo, con la típica expresión de aquellos niños que ven a un adulto hacer cosas poco al uso. Con todo, Zalakin era joven sin ser infante. El local no era digno para menores. La taberna “Uno, dos y tres” (de nombre correlativo al número de consumiciones obligatorias) era frecuentada por múltiples víctimas del vicio. Fumadores de especia, querubinas de tres pechos, chupópteros de mil rones... por la taberna merodeaban seres de todos los rincones de Imagina. Las vigas del local tenían rastros de sangres secas multicolor, restos que daban testimonio de violentas peleas. El local era todo en sí una caverna y Zalakín desconocía si iba a encontrar allí al “sabio”.

El hombre barbudo echó de su lado a las dos querubinas dándoles un cachete de camionero en sus esponjosos traseros, y metiendo una moneda en cada uno de sus canalillos. Ambas mercenarias del amor fueron a contentar a otro borracho y el falso ebrio se quedó a solas con Zalakin (todo lo solo que puede quedarse uno en la barra de una taberna).

- Tú cara me dice que no has venido a escuchar las sentencias de un borracho.

- No señor- contestó Zalakín. -vengo en busca del Poeta Solitario, me manda mi abuelo, el Viejo Carrasco.

- ¡Shhhhh! Se dice que los borrachos dicen la verdad... ¡pero nadie se cree que puedan seguir una conversación seria! ¡Disimulemos!

A Zalakin no le dejó de sorprender el proverbial mimetismo que había estado practicando aquel peculiar habitante de tabernas. Lejos del tópico, el sabio simulaba estar borracho. Dejaba caerse su vergüenza so pena de parecer incontrolado, para así no llamar la atención ¡y ser uno más entre borrachos!

- Los vicios son una condición para la supervivencia social. El éxtasis sólo se alcanza sin raciocinio serio, ¡y a ello ayuda el alcohol y todo vicio! No te fíes de quien diga que los borrachos dicen la verdad, pues querrá disimular que a él siempre le ha gustado la religión de Santa Cogorza. El alcohol no es un maná, es un veneno para el intelecto. Un asesino masivo de neuronas, cuya imitación brinda disfraz.

El pseudo-borracho, pues en verdad era sabio, simulaba ser el más vicioso entre iguales. De no haber ese autocontrol entre la sociedad las revoluciones se sucederían como pies en una escolopendra.

- Hazme caso, Zalakin, y no creas que el saber algo es mayoritario. Jamás interesará que la gente sea consciente, pues el inconsciente es manipulable. Condicionar una mente es tener un siervo, enseñarle no es más que fomentar el nacimiento de un eventual rival. ¿Comprendes el por qué es más útil ser falso borracho disimulado que diana justiciera en un mundo de inteligentes interesados?

Zalakín aprendió que todo vicio es una red de dominación, una útil herramienta por la que mantener contento al populacho. Los mitos acerca de lo bueno de estar ebrio claro que le siguieron llegando, pero jamás volvió a creerse que un borracho dijera la verdad, ni que los bares son templos más allá de sus eventuales manjares...


* Imagen: "El borracho", cuadro de Vladimir Makovsky.
* palabras iniciales inspiradas en Dune, de Frank Herbert. 

miércoles, 20 de octubre de 2010

Guarra

Era una tarde cualquiera de octubre. El tren de Cercanías Renfe (Hospitalet-Mataró) realizaba su periplo habitual por la costa del Maresme. En aquella ocasión había sitio donde sentarse. La gente estaba absorta en el viaje, unos pensando en qué les esperaría en casa después de un largo día de trabajo, otros, en cuál sería el resultado del próximo partido del F.C. Barcelona. Nada era diferente en la más absoluta normalidad; en mí sólo era especial el pensamiento que me corría por la mente, refiriéndose a la chica que descansaba sus pies sobre el asiente de enfrente.
“Guarra”, ese adjetivo me vino rápidamente a la cabeza. Era curioso ver que ni tan siquiera me había fijado en sus rasgos, en su cara o pechos, sólo me interesaba aquel comportamiento simiesco, aquellos ademanes de aberrante prepotencia. Sin cuidado reposaba las suelas de sus extravagantes bambas sobre el asiento, mientras, aparentando ser recatada, se maquillaba. “Guarra”. La chica parecía contestar a mi indiscreta mirada con un habla ocular que se preguntaba el por qué de mi vigilancia. “Guarra”. No me importaba que mis ojos se cruzaran con aquel espécimen de fauna patria; mis ansias de denuncia deseaban ser rebeladas. Aquella guarra figura continuó con su acicalamiento. Llamaba al móvil y mi mirada seguía fija en ella sin anhelo alguno de sensualidad. Mis ojos eran furia contenida, pensamiento político que reflexionaba sobre los por qués de nuestra falta de educación como civilización.
Me imaginaba, siempre vestida, a aquella chica espatarrada en el sofá de su casa, o mejor aún, en el viejo sillón de su abuelo. Me la imaginé restregando sus zapatillas deportivas por los diferentes muebles, cual gata, cual animal. Reflexionaba sobre los motivos que podrían esgrimir aquellos que siempre intentan parecernos a Dios, y no a los animales. “Guarra”. La chica me parecía morsa sin estar en carnes, cabra, mono y cerdo, sin mayores semejanzas aparentes que su conducta.
El tren estaba llegando a mi destino, y la guarra conocida parecía que iba a bajarse en mi estación. Mi mirada observó cómo quitaba los pies del asiento, y no lo limpiaba ni con la mirada. El desprecio de aquél que pisa una piedra, grande o pequeña, se desprendía de sus andares. De nada servía que el transporte fuera público, de nada servía que sus impuestos sirvieran para sufragar sus guarros caprichos. Salí de la puerta del tren y me planteé si no teníamos la culpa la gente que, cada día, vemos a alguien pisando nuestros asientos y no decimos nada. Me pregunté si no quedaba nadie en este país que supiera distinguir la educación del mal gusto.
No hay duda de que el hombre es un lobo para otro hombre, y que lo malo es lo que nos sale inherente por naturaleza. ¿Cómo no fomentar la educación y las buenas costumbres si la “libertad frente a educación alguna" nos conduce a lo malo de nuestra naturaleza? La guarra seguirá siendo una chica moderna, una rebelde sin causa. Los trenes continuarán llevando en su seno a hijos bastardos de nuestra cultura. Espero equivocarme, pero... ¿no hay más Crisis en las gentes, en los valores de toda persona, que en la Bolsa?

domingo, 19 de septiembre de 2010

Barracudas sociales

Artículo publicado en El Reformista: Periódico Liberal
Nos acercamos a las próximas elecciones al Parlamento Autonómico catalán, y una baja participación en los comicios parece ser que se confirmará, una vez más, el próximo 28 de noviembre (día del F.C.Barcelona – Real Madrid). Lejos de preocupar en exceso, la falta de participación se antoja como un beneficio, en parte buscado, para ciertos partidos políticos. Aquellos partidos con un electorado más disciplinado (generalmente los partidos nacionalistas) se ven beneficiados por la baja participación, más cuando, como bien se sabe, los simpatizantes de centro-izquierda (PSC y Ciutadans) son más propensos al “absentismo electoral”. Para los gorrones, “free riders” que dirían los ingleses, echar a las partes del organismo es ley de vida. Me explico.
Ya en la Edad de Oro de la literatura en lengua catalana, Francesc Eiximenis escribió acerca de la sociedad como un todo, como un cuerpo, donde cada parte del hombre figurado representaba un estamento, un sector de la sociedad real (los brazos eran los hombres de armas, los ojos y oídos, los jueces y oficiales). Todo está en perfecta armonía dentro de la ciudad ideal de Eiximenis. Más tarde, Thomas Hobbes tomaría un modelo similar, representado a su “leviatánico” Estado de una forma similar.
Sin querer emular la sabiduría del célebre gerundense, compararía la sociedad actual con un banco de peces. Dentro de él hay miles de individuos formando un sólo todo, por más que, en no pocas ocasiones, existan otros especímenes interesados en hacerles “romper filas”, y conseguir que el cuerpo único se desinfle, echando a la parte del organismo común. Estos individuos de malévolo propósito pudieran recibir el nombre de “barracudas sociales”, seres depredadores que intentan agujerear el cuerpo social, para sus propios propósitos. Gentes que, lejos de tener prejuicio alguno, se nutren de la desunión con el fin de alimentar una situación de privilegio (so pena de dañar a la representatividad real). Guste o no, hay a quien le gusta que el “banco” democrático esté disperso, que no todos formen parte del sistema electoral. Una participación masiva perjudica a los partidos del “establishment” político... ¿qué interés van a tener en promover la participación ciudadana masiva en las elecciones? Utilizar a la gente, sacándola del organismo democrático, es una forma de sujetar el Poder.
Recuerdo cómo uno de mis más entrañables profesores nos exhortaba en clases de Derecho Administrativo a que jamás dejáramos de participar en política, que no permitiéramos que la política no fuera terreno para las mentes más preparadas, dejando el paso libre a los interesados de turno. Ciertamente, suscribí esa afirmación entonces, y lo hago ahora. La participación política no sólo debe de manifestarse en las urnas, sino también en la participación dentro de los partidos políticos. El trabajo de militante debe de dejar de parecerse al del sindicalista (gente interesada por el ámbito público, desconectada de la realidad, y sin dar cuentas directas con el pueblo). Debemos adaptar nuestro sistema representativo a la cambiante sociedad que representa.
La regeneración democrática se hace indispensable. No sólo se requiere que el “banco” vuelva a funcionar, sino que lo haga antes de ser carroña para barracudas (algo que ya está sucediendo...). Hablar de política no puede llegar a convertirse en un “hablar de cosa ajena”, de “negocios de otros”. La “cosa pública” debe ser una parte de nosotros mismos, no podemos obviar que nuestra vida como animal social se basa en la convivencia, y sin política, ésta es imposible. Debemos volver al ágora de la oratoria, volver a vivir la política, participando en todo aquello que nos afecta.
Tal vez la falta de solidaridad social, el incivismo y demás actos vandálicos tengan algo que ver con ello. El Estado (o la Comunidad Autónoma, el Ayuntamiento o la Provincia), no es visto como algo propio de cada cuál, sino como un “individuo social” ajeno. Las propiedades públicas son sólo de los entes públicos (entes ajenos a nosotros), colarse en el tren es robar a Renfe, y no a cada cuál de los ciudadanos que con nuestros impuestos sufragamos las infraestructuras de este país... La desconexión entre realidad y urnas es flagrante. ¿Podrán ser capaces aquellos que se benefician (nuestras “barracudas”) de buscar una solución para el problema? Por mi parte lo dudo, pero no por ello dejaré de participar o hablar de política.
* Aprovecho para recordar a un defensor de la libertad recién difunto. ¡Descanse en Paz, D. José Antonio Labordeta!

lunes, 14 de junio de 2010

Caravaggio, el genio sin casilla.

Hoy en día existen dos temas incómodos por antonomasia: el sionismo y la homosexualidad. ¿Qué decir si tratamos la prohibición de desfilar en el Día del Orgullo Gay, en Madrid, a la delegación de Israel? No por pudor político, ni miedo a expresarme, dejo este tema a un lado, pues es la punta de un iceberg inabarcable en este sólo artículo. Me atreveré, muy por encima en esta ocasión, del segundo de los temas “tabú”: la homosexualidad. En ciertas zonas de la calle Urgell, y circundantes, de Barcelona, así como en el conocido barrio de Chueca de Madrid se está dando una contingencia, cuanto menos digna de análisis. Son los “barrios gay” de las dos grandes ciudades de España, centros turísticos para los miembros de la comunidad homosexual, donde habitan muchos de ellos, a la vez que se ofrece una variada oferta de ocio relacionada con el “ambiente”. La ambigüedad y oscurantismo que encierra todo lo referente a la homosexualidad es uno de los objetos para el estudio sociológico más sugerentes en la actualidad.
Entrando de lleno en el terreno de lo fangoso, donde uno corre el peligro de no saber expresarse bien, diré que los “barrios gay” me recuerdan, aunque sólo sea levemente, a los célebres guetos judíos. Lugares en los que abunda una comunidad, de alguna forma “diferente”, e incluso “controvertida”, respecto a los miembros estándar de la sociedad. Sinceramente, a veces me da la sensación de que la “fundación” de barrios mayoritariamente homosexuales no hace más que acentuar lo “particular-especial”, en algo que debe ser “natural”: la libertad de orientación sexual. Algo así sucede con los desfiles del día del Orgullo Gay, desde todo punto de vista, a mi ver, un grito hacia la diferencia, hacia la “especialidad” dentro de una sociedad en la que, para algunos, tiene sentido “desfilar”, mostrarse con total sobreiluminación, y en no pocas ocasiones, caricaturización de lo que debiera ser legítimo y natural. Y es que desde una óptica “estándar”, heterosexual (me resisto a decir “normal”, por sus connotaciones peyorativas), me produce cierto rechazo algunos de los estereotipos que acompañan a “lo homosexual”. Pongamos un ejemplo claro.
Una de mis mayores aficiones es el arte, la pintura para ser más exactos. Dentro de los diferentes estilos, movimientos pictóricos, me ha llamado siempre la atención el Barroco, muy especialmente las obras de los pintores flamencos, y cómo no, de los genios patrios: Velázquez, Ribera o Zurbarán. Dentro de mis pintores favoritos destaca Caravaggio, el genial pintor italiano, creador del “tenebrismo”, así como de algunas de las pinturas más realistas de cuantas se puedan contemplar en museo alguno. Muy especialmente me gusta su cuadro: “El amor victorioso”, por la sutileza de la representación del joven Cupido.
Me chocó mucho leer en un libro sobre las pinturas más influyentes de la Historia, promovido por la Fundación BBVA, que el brazo derecho del ángel (ver primera imagen) había hecho correr “ríos de tinta”. Obviamente, y no sólo por joven maldad, pensé que se refería a una eventual condición sexual del pintor, a la vez que del modelo que sirvió para el retrato. No es que me sorprenda o preocupe su eventual condición sexual, es algo accesorio, pero sí que me sorprendió que, una vez más, a un gran genio del arte se le incluya en el amplio campo de la homosexualidad, junto a Da Vinci, Michelangelo o Shakespeare. ¿Acaso la “heterosexualidad” es contraria al sentimiento, es contradictoria con la sensibilidad hacia el arte? Me resisto a creer que una eventual condición homosexual fuera uno de los factores clave para el genio de Caravaggio. Hoy en día, perdonen la expresión, la homosexualidad parece predisponer hacia el arte, ¿no es sólo un tópico más?
Caravaggio fue ante todo alguien singular. Frecuentó los peores barrios de Roma, acompañado siempre de bohemios amigos, en ocasiones violentos, y de prostitutas. Michelangelo Merisi, nombre oficial del pintor, era capaz de extraer una idea de la realidad y hacerla aparecer en lo utópico de un cuadro de temática religiosa. Así, Caravaggio fue capaz de poner la cara de una prostituta, muerta en injustas circunstancias, a la Virgen María, según afirman autorizados críticos en relación con el cuadro: “La muerte de la Virgen” (a la derecha), conservado en el museo del Louvre (cuadro que fue rechazado por la Iglesia, quien lo encargara, y que fascinó a Rubens, otro de los grandes genios de la pintura universal).
Según recoge Helen Langdon, quizá la más autorizada biógrafa del genio barroco, el tópico de la homosexualidad de Caravaggio fue iniciado por el viajero inglés Richard Symonds (quien visitara el Palazzo Giustiniani allá por los años 1649-1650), al que tilda de “turista inglés, convencido de que la sodomía era una de las prácticas predilectas de los italianos”. El chico que le sirve de modelo difícilmente puede identificarse con Cecco del Caravaggio (su discípulo predilecto), sigue la autora, por evidentes razones de edad.
Sea por lo que sea, la sexualidad de Caravaggio es un misterio, como buena parte de toda su vida privada, sin embargo, ¿podemos decir que sólo por su arte debió serlo? ¿Orientación sexual y habilidad artística tienen alguna relación, acaso la tienen con la sensibilidad? Por mi parte creo que no, sería cuestión, de una vez por todas, de fomentar la cultura y a sus creadores, no centrarnos en políticas bobas sobre orientación sexual, cuando lo que debe caracterizar a la misma es, precisamente, su "naturalidad".

sábado, 13 de marzo de 2010

Contra el nacionalismo

En Cataluña cada vez es más frecuente jugar con las abstracciones. Hace ya años que se utilizan estratagemas filosófico-surrealistas con el fin de fomentar el ego nacional del pueblo (o de parte de él, mejor dicho), vulnerando el mayor derecho político que se conoce en democracia, poder votar y ser justamente representado. Los mismos diputados que no fueron capaces de reformar una ley electoral (existiendo propuestas donde se defendían límites temporales en los mandatos y listas abiertas) esgrimen derechos ciudadanos como panacea por la que solventar todos, o buena parte, de los problemas de los catalanes.

El pasado miércoles, día 10 de marzo de 2010, se aprobó por el Parlament de Cataluña la “Ley de consultas populares por vía de referéndum”, norma que “autoriza” la convocatoria de un referéndum (se piensa, claro está, en la “independencia de Cataluña”), siempre y cuando, se tenga “el permiso del Estado”. Ni aún soñando la sabiduría de Odiseo (Ulises), los nacionalistas, con “socialistas”, han construido un caballo de Troya (quizá “ruc” mejor, después de todo) en el que pretenden caber ellos solos, sin necesidad de otros partidos, ni de normas. El objetivo no es otro que entrar de lleno en la política española, su feroz enemiga, embaucando y consiguiendo discusiones que buen rédito electoral les reparará, con toda seguridad. Con disfraz y una constitucionalidad rígida (en cuanto a la “forma” se respeta plenamente la Constitución de 1978), la nueva ley nace en un clima de consultas populares por la independencia. Consultas, que por otro lado, han sido de minoritaria participación. ¿Fiesta de la democracia? El nacionalismo es un campo semántico en el que han cabido, especialmente en los últimos tiempos, buena parte de los peores sucesos que ha conocido la especie humana: la trágica desmembración de Yugoslavia o el conflicto árabe-israelí.

“Una alta cultura impregna toda la sociedad, la define y exige ser sostenida por esa forma de sociedad y de organización política. “Ese” es el secreto del nacionalismo”. Ernest Gellner1, teórico esencial del nacionalismo, escribió estas palabras en su obra clave: “Naciones y nacionalismo”, por razones temporales, sin haber sido capaz de poder ver la situación catalana de nuestros días. La “cultura superior” es aquélla que sale de las fuentes “autorizadas”: prensa nacionalista, o afín, canales públicos (controlados por el nacionalismo) y libros, personajes famosos y demás maquinaria que pretenden gobernar los fondos de un “corral” al que aspiran gobernar como “gallos” únicos.

"Para decirlo en pocas palabras, el nacionalismo es una teoría de legitimidad política que prescribe que los límites étnicos no deben contraponerse a los políticos, y especialmente —posibilidad ya formalmente excluida por el principio en su formulación general— que no deben distinguir a los detentadores del poder del resto dentro de un estado dado”. Es así como define Gellner al nacionalismo, considerando que, a diferencia de lo que pretende, se caracteriza por confundir “discurso” y “efectos reales de la acción”2 . Generalmente, el nacionalismo “inventa” naciones, no las resucita, ni mucho menos, reconoce. Los mitos de una “lengua común” y de una “historia común” son falacias abocadas al absurdo.

Empezando por la “historia común”, el nacionalismo requiere, por definición, de una “nación”, búsqueda que tradicionalmente se hace, como ya sucediera con el Romanticismo, en el Medievo. Grave error. El problema nacionalista es, siempre, así opina la ciencia, un problema “moderno”, propio de los estados industrializados. Como bien expresa Jonathan Glover, “historiadores y los científicos sociales tienden a describir a las naciones como productos de los Estados-nación y no lo contrario. Y los Estados-nación, a su vez, se explican recurriendo a su utilidad, bien para los industriales y los capitalistas, bien para los gobernantes coloniales3”. Es decir, bien puede defenderse que el “nacionalismo” intenta un proceso de “construcción nacional” con el orden de perseguir un futuro estado. La “nación catalana” jamás ha existido, es una creación política, abstracta, por parte de un movimiento secundado por una pequeña parte, poderosa, de la burguesía catalana. El correlato económico ha sido obvio a lo largo de los últimos tiempos, fuere con los anteriores “proteccionismos” o las actuales demandas por agravio y déficit fiscal. Con todo, el nacionalismo catalán pudiera llegar a estar en auge. Un control, como el que se tiene, sobre la educación de los niños asegura un porcentaje, nada despreciable, de futuros partidarios. La permeabilidad de los niños para aprender una ideología y una lengua, cuasi como “selladas” en su subconsciente, es increíble. Poco a poco comienzan a verse sus frutos.

No es extraño ver cómo los nuevos jóvenes catalanes hablan un catalán más estándar, próximo a la lengua formal de Pompeu Fabra, que el de sus abuelos catalanoparlantes (en el caso, por nada mayoritario, de que se tengan). Ello no deja de recordarme a la célebre anécdota de que en Italia un porcentaje ínfimo de la población hablaba un italiano estándar antes de la creación del Estado Italiano... La lengua es un instrumento, en el caso de los nacionalistas, con clara finalidad de manipulación política.

Steven Pinker4, quizá el más conocido neurocientífico de nuestros tiempos, defiende que “lengua” y “pensamiento” tienen un origen diferente dentro de nuestro cerebro. Es decir, ambos nacen en lugares diferentes, no estando vinculados el uno al otro. De ser esto cierto, como bien deduce el profesor George Fletcher (poseedor de la cátedra Cardozo de Jurisprudencia en la Facultad de Derecho de Columbia), ello significaría que “el pensamiento opera de forma autónoma respecto de la lengua, lo que implica que la estructura de la lengua es irrelevante respecto de nuestra propensión a pensar de una u otra forma5”. Dicho por mí, el asunto carece de rigurosidad, corroborado por personalidades de la talla de Pinker o Fletcher, la afirmación “la lengua sólo es un conjunto de ruidos que sirve como instrumento”, empieza a coger fuerza. “Desde mi punto de vista, la única forma auténtica de multiculturalismo es el multiculturalismo lingüístico”, afirma Fletcher.

Se mire por donde se mire, el nacionalismo puede llegar a ser más perverso de lo que muchos creen. Mis ideas no importan, pues pudieran, a priori, llegar a ser fruto de la juventud y la inexperiencia, sin embargo, ¿existen argumentos fáciles por los que poder discutir con las referencias aquí esgrimidas? Incito al desafío, al diálogo, incito a la democracia discursiva. Hablemos, escribamos aquí, o en otro sitio, dejemos las patéticas leyes del nacionalismo a un lado, y tratemos temas empíricos como la electricidad o las carreteras. El nacionalismo es invención, y para ello, sigo prefiriendo muchas novelas.

1Gellner, Naciones y Nacionalismo, Madrid, Alianza Editorial, 2001

2Cruz Revueltas, “Estado y nacionalismo tras Gellner, evaluación de su teoría” en Historia Mexicana, octubre-diciembre año/volumen LIII, número 002, El Colegio de México, México D.F.

3Glover, “Naciones, identidad y conflicto” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.

4Pinker, The Language Instinct, 1994

5Fletcher, George, “Razones para la autodefensa lingüística” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.

miércoles, 22 de julio de 2009

Una educación "a mi manera...".

Año X, a un servidor le nombran “Ministro de Educación”, teniendo que promover ideas y reformas por las que mejorar el sistema educativo español, y en particular, el catalán. Siguiendo esta ficción, del todo totalmente improbable, a uno se le ocurre proponer toda una serie de ideas que le han ido viniendo durante su corto intervalo de vida. Empezando por lo más mundano, uno piensa en algo fundamental, qué asignaturas, qué lecturas debieran leer los jóvenes escolares (pongamos que en edad de cursar la actual ESO, “educación soberanamente ominosa”).
Suprimiría las lecturas obligatorias en cuanto a títulos, exigiendo sólo un número determinado de lecturas, libremente elegibles, que sólo tuvieran que pasar por el “refrendo” del maestro. Así, por ejemplo, durante los primeros años de educación, estaría bien que se leyera “El Señor de los Anillos” o “La Historia Interminable”, siempre y cuando no fueran obligatorios, sino meras recomendaciones. De tal forma que se impregnara el hábito de leer y, no tanto, la exigencia de contenidos concretos. De las asignaturas de lengua suprimiría historia de la literatura y, sobretodo fonética. Esta última me parece, en casos como el catalán, una herramienta por la que cribar “quiénes los hablan como lengua materna” y “quiénes no”. La historia de la literatura debería ir a una asignatura de nueva cuño, fundamental, que recibiera el nombre de “cultura universal”. Esta asignatura cubriría las horas lectivas que actualmente ocupan la música, parte de las horas de lengua, historia, tutoría, educación para la ciudadanía y filosofía. Siguiendo el orden de la “propia historia”, en los sucesivos los cursos se empezaría por enseñar: Prehistoria, Historia Antigua, Edad Media, Edad Moderna, Edad Contemporánea, y Actualidad. En Prehistoria podrían incorporarse “algunos” temas de ciencias naturales, como la evolución humana o la propia teoría evolutiva, deriva continental, etc. En las siguientes etapas, se estudiarían las civilizaciones-culturas más importantes (Roma, Mesopotamia, India, China, Mayas...), no centrándose tanto en si Vic forma parte de la Citerior o la Ulterior como en quién fue, muy someramente, Atila o Gengish Khan. Dentro de los diferentes períodos se podrían proponer lecturas optativas por las que subir nota. Por ejemplo, la literatura griega se explicaría durante el curso en que se estudiara la Grecia Clásica, proponiéndose, a su vez, la lectura de las obras más características de cada periodo (sin penalización en caso de negativa del estudiante). La historia regional-local se intentaría dar de forma, lo más objetiva posible, y en cursos posteriores. No se puede hablar de los factores que llevaron a la Guerra Civil Española si el estudiante antes no ha oído hablar de Montesquieu o Marx (mejor aún si se ha leído antes, "Han matado a un hombre, han roto un paisaje" de Francisco ("Paco") Candel). Esta macro-asignatura se complementaría con otras como: “redacción” (no tanto enseñar sintagmas y complementos del nombre como ENSEÑAR a redactar, con toda la carga de corrección que ello conlleva para el profesor), “oratoria-retórica”, pequeña “asignatura” de pocas horas lectivas en las que se enseñara a debatir, exponer, defender y educación plástica (más que nada centrada en fundamentos de dibujo técnico, creatividad y dominio de la geometría, “expulsándose” su enseñanza dentro de las matemáticas). Más horas lectivas que a todo lo explicado se aplicarían al segundo bloque de materias. La materia reina serían las matemáticas (con estadística, álgebra y demás), que se darían cada día, siendo, con diferencia, la asignatura con más horas lectivas. Una asignatura que se daría de la mano de ésta serían las “ciencias de la naturaleza”, que se referirían a la Química, Geología, Biología y Física, centrando ésta última en casos prácticos que ejemplificaran la utilidad de las matemáticas para comprender la realidad que nos envuelve (incorporaría fundamentos de tecnología-mecánica). Eliminaría esas actividades “prevacacionales” conocidas como “créditos de síntesi”, “proyectos finales” y demás. Temas como el “Tercer Mundo”, “la Guerra de los Balcanes”, “Palestina” o “Oriente Próximo”, serían temas a debatir en “retórica-oratoria”, así como materia de obligatoria explicación en “cultura general”. Gimnasia seguiría con su configuración actual, primándose siempre las actividades “gimnásticas” sobre otros deportes como el “bádminton” o coreografías…. En referencia a la figura del maestro, se reduciría plantilla. Existirían dos tipos de maestros: de ciencias o de cultura general, es decir, los alumnos tendrían familiarizada la cara del profesor con el ámbito de conocimiento que enseñara. El profesor de mates daría física, y el de redacción, también historia y literatura, dentro de “cultura general”. El de gimnasia, obviamente, sería profesor diferente. Todos los maestros serían miembros de prestigio en sus respectivas promociones universitarias, no los últimos de las mismas, como sucede, hoy, con frecuencia. Recibirían, en coherencia con lo dicho, un generoso sueldo, que fuera, cuanto menos, equivalente a la suma de todos los sueldos que quedarían vacantes al reducir, a más de la mitad, la plantilla. Otras medidas a tener en consideración, vitales, serían, por ejemplo, que el segundo bloque (matemáticas-ciencias) se diera íntegramente en inglés (existiendo, desde primaria, una fuerte enseñanza del mismo, de tal forma que sólo fuera necesario una asignatura de redacción en lengua inglesa, llegados a la adolescencia). Igualmente, las prácticas de matemáticas y ciencias se harían utilizando, lo máximo posible, aplicaciones multimedias (siendo la informática núcleo duro de la asignatura de ciencia, especialmente en las edades más precoces). Sin ánimo de meterme demasiado en otro tema, de controversia aún mayor, en cuanto a las licenciaturas universitarias se suprimiría el gran haz actual de opciones posibles. Humanidades y demás desaparecerían, dejando paso a carreras como Historia o Biología, que sólo fueran accesibles para aquellos alumnos más brillantes, con muy pocas plazas, y que aseguraran un porvenir profesional seguro y muy bien remunerado. Las ingenieras se transmutarían en una poderosa Formación Profesional, que se asemejara a la actualmente existente en Alemania. Por último, se me ocurre que los profesores universitarios, al menos en un alto porcentaje, bien pudieran ser profesionales retirados (pre-jubilados) de gran rodaje, con buenos sueldos, y a los que sólo se les exigiera doctorado y acreditado currículum académico (publicaciones etc.). Y con todo esto... acabaría mi ficticio "mandato"... ¿qué nota le pondríais?. Ilustraciones: 1) Aristotle; wall picture in Rome. Painter: ? (dead for more than 100 years, so original is public domain). This is part of image:Aristotelesrp.jpg Photographer: Anton (rp) 2005 Licensed under GNU-FDL 2) Deutsches Bundesarchiv (German Federal Archive), B 145 Bild-F001941-0003. (15 June 1954, Brodde) Commons:Bundesarchiv. 3) Shigeyoshi_Inoue_as_English_teacher.jpg‎ (349 × 312 pixels, file size: 105 KB, MIME type: image/jpeg)

sábado, 18 de julio de 2009

Anguita y la agricultura.

"Esa vida rural que tú llamas agreste es muestra de moderación, diligencia y justicia". Cicerón
Hubo un tiempo en que, frente al hermoso peñasco de "fuente de la Cazuela", grajas y grajillas robaban al pobre labrador sus preciados garbanzos. Un tiempo en que llegaron a sembrarse lentejas (cerca de "la Central", por ejemplo), en que los manzanos no eran vistos como una forma de ocupar el huerto con algo productivo, y en el que éstos mismos, eran trabajados hasta su ínfima extensión. La agricultura era el medio de subsistencia, de un pueblo, de una región y de un país.
“Ganemos con el arado el pan que baste a nuestras mesas” Juvenal
De la práctica de la agricultura en tierras de Celtiberia hay testimonios antiquísimos. En la cercana Ambrona, provincia de Soria, se han encontrado algunos de los restos de cerveza más antiguos del mundo. Los cereales fueron el primer cultivo, y hasta nuestro días, el más importante y extendido. Por razones obvias, las vegas, por antonomasia, fueron el lugar elegido para la siembra. Indicios, algo más que evidentes, parecen indicar que Anguita y toda la Celtiberia ha sufrido un severo proceso de desertización en los últimos tiempos. El propio río Tajuña, así como los arroyos del Prado de Aguilar y la Madre antaño bajaron con más agua, llegándose a poner redes para la pesca en éste último.
“... para los oficios que suponen más de prudencia o atienden a un servicio importante, como la medicina, la arquitectura, la enseñanza de nobles conocimientos, estos oficios son bellos oficios. Pero de todas las empresas en las que se obtiene algún beneficio, nada es mejor que la agricultura, nada más productivo, nada más agradable”… Cicerón
Los primeros anguiteños se instalaron primero en la Hoz, estando más resguardados del inclemente tiempo y, a su vez, mayormente protegidos de lo hostil de aquellos años pretéritos. Con el "ensanche" que experimentaría el pueblo durante la Edad Moderna, y últimos tiempos del Medievo, la estabilidad política de la región ayudaría a que el pueblo creciera y se uniera a la lastra, de la cual el mismo, adoptó Virgen. Con el pueblo en la lastra se ganaba terreno en la vega, y con ello, tierras para el cultivo. Durante todos esos siglos Anguita fue el campo, y el campo el modelo de vida, no sólo para Anguita.
“Más, entre los agricultores se hallan los hombres más fuertes y los soldados más valientes. Y dedicándose a la agricultura es como se consigue la ganancia más digna de respeto, la más estable, la que menos envidias promueve, y, quienes están dedicados a ella, son los que menos traman el mal”. Catón
Los romanos exaltaron a la agricultura como la actividad más pura y noble que practicarse pudiera. En verdad, no sin razón, Cicerón incidió en constatar cómo era la agricultura el único trabajo por el que todo beneficio se obtenía por acción del trabajo de la propia mano, del sudor de la frente. Libanio, filósofo de tiempos del Bajo Imperio Romano (mentor de Juliano "el Apóstata"), defendía al pobre agricultor frente al ávaro intermediario, "Mientras que los negociantes pueden indemnizarse con los especuladores, aquellos a quienes el trabajo apenas da para vivir son aplastados por la carga... Es el tiempo en que la servidumbre se extiende (...)". Henry Buckley, el célebre periodista-cronista inglés, refiriéndose a la España de tiempos de la Guerra Civil constataba cuán poco había progresado nuestro país, pues aún se utilizaba, hasta aquel entonces, el arado de los romanos. Yo añadiría que también se conservaron entre los "celtíberos del siglo XX" los valores que a este actividad aparejaban los siervos del Imperio Romano.
“Si yo cultivo tu campo, yo te habré hecho bien”. Séneca
El cambio del arado por el tractor arruinó a Anguita, tanto, o más, que el paso del batán y los tintes a la industria textil. Las gentes de este pueblo emigraron, buscaron recursos y mejor fortuna, modernizándose, dejando al pueblo como algo sanguíneo, pero anticuado. Sólo la concentración de muchas tierras, o el labrantío de varias parcelas ajenas, a renta, podía sustentar una economía, eminentemente familiar. Por último, llegados a este punto, un texto de John Steinbeck extraído de su obra maestra, “Las uvas de la ira”: “Los tractores vinieron por las carreteras hasta llegar a los campos, igual que orugas, como insectos, con la fuerza increíble de los insectos. Reptaron sobre la tierra, abriendo camino, avanzando por sus huellas, volviendo a pasar sobre ellas. Tractores Diesel que parecían no servir para nada mientras estaban en reposo y tronaban al moverse, para estabilizarse después en un ronroneo. Monstruos de nariz chata que levantaban el polvo revolviéndolo con el hocico, recorriendo en línea recta el campo, atravesándolo, a través de las cercas y de los portones, cayendo y saliendo de los barrancos sin modificar su dirección. No corrían sobre el suelo, sino sobre sus propias huellas, sin hacer caso de las colinas, los barrancos, los arroyos, las cercas, ni las casas (...). No sentía más cariño por la tierra que el que pudiera sentir el banco. (...) Tras el tractor rodaban los discos brillantes que cortaban la tierra con las cuchillas; aquello no era arar, sino una especie de cirugía: la tierra extraída era empujada hacia la derecha, donde la segunda fila de discos la deshacía y la volvía a empujar a la izquierda; cuchillas cortantes que brillaban pulidas por la tierra lacerada. Y, arrastrados tras los discos, llegaban las gradas con sus peines de hierro, deshaciendo los terrones hasta que la tierra quedaba nivelada. Después de las gradas entraban en escena las grandes sembradoras, doce penes curvos de hierro, erectos en la fundición cuyos orgasmos los producían los engranajes, que iban violando la tierra metódicamente, sin pasión. El conductor sentado en su silla de hierro se enorgullecía de la rectitud de las líneas que no se hacían por disposición suya, del tractor que ni poseía ni amaba, de ese poder que no estaba bajo su control. (...). Después de un rato, el arrendatario que no había podido marcharse, salía y se acuclillaba a la sombra, junto al tractor. -Pues ¿no eres tú el hijo de Joe Davis? -Sí que lo soy -respondió el conductor. -Y ¿cómo te dedicas a este trabajo, yendo contra tu propia gente? -Porque son tres dólares al día. Me harté de suplicar para comer y de no conseguir nada. Tengo mujer y niños. Tenemos que comer. Son tres dólares al día y es algo seguro. -Eso es verdad -replicó el arrendatario-. Pero para que tú ganes tres dólares por día, quince o veinte familias se quedan sin comer. Casi cien personas tienen que salir y vagabundear por las carreteras por tus tres dólares diarios. ¿O no?”.

¿A cuántos pobres explotaremos, a cuántos países arruinaremos? ¿Cómo frenar a los intermediarios, profesionales y burócratas, que arruinan al campesino de aquí y allí?. ¿¡Cuál será el futuro si el campo perdió a sus hombres y su filosofía!? ¿¡ Qué futuro tiene un pueblo de inhumanas perreras y melancólicos "amantes" del campo!? Anguita como urbanización ojalá (raro será que el tiempo me ayude para lo contrario) no sea la última solución.

Imágenes:

1) "Imagen de limpia tradicional del cereal con limpiadora mecánica", foto de Pedro Varela (1955), nota para anguiteños (la foto no es del pueblo...).

2) Vista de Anguita desde la casa abandonada, camino de la Fuensanta.

3) Oleoducto a su paso por Torremocha.

4) Mi tío caminando entre los trigos de Ratilla (Anguita).

* Artículo escrito para la revista "El Cantón (2009)".

miércoles, 10 de junio de 2009

Petición de voto!

He inscrito a Nubiru en la nueva convocatoria "Premios 20Blogs". Si queréis dadme una votillo.... será muy bienvenido ;-) pd: para votar debe darse al número de estrellas de las que se considere merecedor este blog (éstas se encuentran al lado de la imagen de Nubiru). Vótame en: http://lablogoteca.20minutos.es/nubiru-1607/0/

domingo, 7 de junio de 2009

Los herejes de la Razón

¿Qué sucedería si las farolas no fueran planas, Si todos los huevos no tuvieran una misma “proporción” en cuanto a su forma? ¿Qué pasaría si las ruedas no fueran perfectamente redondas, y las baldosas tampoco rectas? ¿Qué sucedería si nos diéramos cuenta de que todo esto es así, y no de otra manera? Propongo seguir “soltando” delicadezas, y es que... ¿qué sucedería si Pitágoras hiciera más por la Iglesia Católica que San Agustín de Hipona? ¿Y si las matemáticas fueran una ficción, producto de la convención científica, realidad irreal, mal reflejo de la Naturaleza? Según nuestro actual estado de la ciencia, no sería extraño poder hablar de que nos encontramos, al fin, ante el inicio de un nuevo paradigma científico, una "nueva era".

“La ciencia es en esencia un esfuerzo del hombre para ayudarse a sí mismo. Homero, en la Ilíada, emancipó al hombre de la tiranía de los dioses, a los que había temido desde los orígenes de la especie, enseñándole a considerarse a considerarse a sí mismo como creador, hasta cierto punto, de su propio futuro. Durante unos cuantos siglos, el hombre avanzó con cierta confianza a lo largo del camino del saber, dándose cuenta del poder que da. Pero cuando el péndulo inició su retroceso, cuando el hombre empezó otra vez a inclinarse delante de los ídolos que él mismo había construido, cuando no tanto las imágenes que había esculpido sino los libros que había escrito llegaron a considerarse como divinos, el humanismo tocó a su fin y la ciencia también”. Estas geniales líneas, escritas por el no menos notable Benjamin Farrington, en su “Ciencia y filosofía en la Antigüedad” (Sant Joan D´Espí, Ed. Ariel, 1980), son una muy profunda reflexión sobre un hecho, por lo demás, evidente.

El hombre tiene en su cerebro un mecanismo de defensa que le prohíbe concebir el infinito. Todo individuo necesita creer, tener incentivos, luchar por unos ideales, aunque se sepa que jamás podrán llevarse a término. Sin embargo, aún llegándose a defender la teoría del “homo religiosus” (por lo demás discutible), es bien cierto que no sólo es recomendable, sino necesario, ser conscientes de la existencia de dos “dimensiones”: la mística y la física, lo irreal y lo real. Por necesidad la Ciencia es, o pretender ser, “realidad”, para lo otro ¡ya está, entre otras disciplinas, la más bella lírica! En efecto, es una carencia global el que aún no sean accesibles para el gran público, ni aún orientativamente, los principios fundamentales de la teoría del Caos, la física cuántica, y cómo no, la teoría evolutiva.Todo ello, empíricamente contrastado, genera un mundo diferente al contenido en los “Elementos” de Euclides, y del cual, en no poca medida, aún somos esclavos…

La culpa la tiene Pitágoras, el “gran matemático” que acabó por la concepción que creía indisociables: números – técnica. Los pitagóricos consiguieron transformar a las matemáticas de un “arte práctico” a un “arte liberal”, en no poca medida arcano y “filosófico”. Pitágoras negaba la realidad del mundo sensible, manteniendo que la única realidad era la unidad estática (lo “transcendente” que diría la teología católica) de un universo a semejanza de Dios. Al respecto, de las ideas de Farrington, por lo general geniales, se me desprende la siguiente reflexión.

Es un postulado unánimemente aceptado que los pilares de Occidente son: el Derecho romano, la filosofía griega y la religión hebrea. Dejando a un margen la jurisprudencia de los romanos (no sólo por razón de oficio), podría afirmarse que tanto la filosofía griega (en parte) como la religión judía “han perjudicado” al avance de la Ciencia, durante largos siglos. Pitágoras puso los cimientos que Euclides consolidó en su obra, sirviendo todo ello de base a una concepción ideal que conoció su máximo explendor con Platón y su recepción por parte del Cristianismo. El mundo de los griegos pudo “acabar” con el clima de progreso, próspero y fecundo, que se había iniciado con los habitantes de la antigua Mesopotamia y Egipto.

El teorema de Pitágoras ya fue conocido por los matemáticos de Babilonia. El valor de π se “supo”, con verdadero rigor, por parte de los egipcios. ¿Quiénes son los herejes de la razón; quienes falsificaron lo que otros descubrieron primero? ¿Fue Persia una mejor alternativa que los “valientes” espartanos? Oriente ha contribuido mucho más con su ciencia que con sus creencias. Bien lo saben la medicina, la física, la química, y ante todo, el bienestar de nuestras vidas.

Ilustraciones:

1) "Pythagoreans celebrate sunrise" de Fyodor Bronnikov, (1827—1902)

2) Assyria - Portal Guardian from Nimroud. British Museum

viernes, 1 de mayo de 2009

"Romance del Prisionero" SEGUNDA PARTE

"Versión del opositor"

Que por mayo era, por mayo, cuando hace la calor, cuando los artículos se encallan, con diaria rutina y extraña devoción; canto como otros tantos días, ante un Código rudo y simplón, mayordomo del Diablo, que ni siente, ni regala amor; sino yo, tristeopositor, que siempre merodeo aquí, encerrado en mi habitación que sí sé cuándo es de noche, por cuando muchos parten al botellón, quédome yo en en casa hipotecado, ¡menos mal que tengo el Proevolution!; quisiera no acostarme con García Goyena, ni levantarme con mercante tostón, qué mundo más feliz sería sin Código, y yo habiendo pasado esta oposición. Imagen:

THE LABOUR LORD CHANCELLOR.

A forecast.

Lord Haldane.


en:Richard Burdon Haldane, 1st Viscount Haldane - Punch cartoon - Project Gutenberg eText 16563

From The Project Gutenberg EBook of Punch, or the London Charivari, Vol. 158, March 3rd, 1920, by Various

http://www.gutenberg.org/etext/16563