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domingo, 6 de mayo de 2012

Ganar en orgullo. Homenaje a Pep Guardiola.



Corría un tiempo en que ser “culé” te hacía sentir “inferior” cuando se hablaba de éxitos europeos. Cierto es que el F.C. Barcelona será siempre el “rey de Recopas” (competición ya extinta) y que, al igual que sucede con el baloncesto, tenía el dudoso honor de haber sido subcampeón de Europa en numerosas, y demasiadas, ocasiones. Siempre que uno veía el palmarés de “la orejuda” veía a un Nottingham Forest  con 2 Copas de Europa, o a un Estrella Roja de Belgrado o Steaua de Bucarest con una. El Barcelona, por caprichos del destino, sólo tenía una, relativamente reciente, y ganada en la prórroga con gol de falta contra una poco glamurosa Sampdoria. Eran tiempos duros para todo culé.

El equipo de Rijkaard, con los Ronaldinho, Deco y Eto´o, supo subir la moral de los culés con un equipo que se convirtió en uno de los mejores de la Historia. El orgullo blaugrana comenzaba a llegar hasta cuotas insospechadas, y todo hacía prever que las “Champions” no se acabarían en París.

Llegó una breve “crisis” dentro de la época Laporta y todo el mundo creyó ver los inicios de un “fin de ciclo”, tantas veces invocado desde algunos medios, que la irrupción de Pep supo frenar. Con Guardiola no sólo se consiguió recuperar el ánimo y orgullo perdidos, sino que se cambió la esencia de “librejuego” encarnada por Ronaldinho y Rijkaard por una de orden, disciplina y toque que ha convertido al equipo dirigido por Guardiola, con pocas dudas al respecto, en el mejor equipo de la Historia.

Nadie duda de que el once tipo de Pep será recordado, cuando menos, como el quinteto inicial de los Celtics de Larry Bird. El equipo de Pep supo recoger la herencia de Cruyff (deudor, a su vez, de Rinus Michels), incorporando la política de cantera de Van Gaal y los recientes éxitos deportivos de Rijkaard. La grandeza, por siempre reconocida, de Guardiola residiría en saber hacer prevalecer el toque y la calidad de juego (véanse Xavi e Iniesta) sobre la filigrana meramente vistosa o el efectivo contragolpe. El Barcelona de los últimos tiempos se ha caracterizado por un flojo contragolpe y un deficiente juego a balón parado, valores ambos que ayudan a enaltecer la leyenda de un equipo capaz de haberse convertido en el mejor de todos los tiempos.

El buen juego promovido por Guardiola ha sabido encontrar en el entrenador sus “añadidos” ideales: ejemplaridad y buen ser. Ante las contínuas provocaciones, en no pocas ocasiones calumniosas, procedentes de la caverna (véase “central lechera”), Pep siempre ha sabido anteponer el respeto y la defensa irónica sin caer en el insulto o la violencia. Por otra parte, y al mismo tiempo dejando en evidencia a otros partícipes de este “Super-Barça”, como Joan Laporta, Pep ha sabido dejar al margen siempre cualquier connotación política, cosa, que para todo amante del fútbol, como espectáculo y no como continuo mitin, ha sido todo un placer.

¿Quién diría que Mourinho sería quien mejor supiera el nombre del sustituto de Pep? La elección de Tito Vilanova es de lo más acertada, a espera de lo que digan los futuros títulos. Tito encarna unos valores semejantes a los de Pep, sólo que menos utilizados, y por ende, marchitos por el paso del tiempo. La odisea personal, no sólo técnica sino, muy especialmente, médica, del personaje sitúan a Tito en la línea de todo técnico histórico. No nos encontramos ante un escudero de Pep que jamás sabrá llegar a ser caballero por nombre propio. El tiempo lo confirmará.

Guardiola no requiere de reconocimientos expresos, el tiempo le ha sabido dar el más bonito de todos ellos: entrar en la inmortalidad de la memoria perpetua. Ningún líder político o social, más en estos tiempos, ha sabido ocupar un lugar tan privilegiado de forma tan digna. Guardiola, de haber nacido en otro siglo, sería ejemplo en biografías y manuales de filosofía.

Por último, una reflexión ligada al comienzo de este artículo. Pese a la eterna rivalidad, Pep ha conseguido que el culé no tenga por qué preocuparse por los títulos del Real Madrid. Aunque hubieran ganado la Copa de Europa, nadie, en neutrales circunstancias, se hubiera atrevido a comparar el “Pep-Team” con la filosofía de Mourinho. Ya no tenemos “las copas” del Steaua, sino que damos por sentado que superaremos al Bayern de Munich, y quién sabe, si con el tiempo a cualquier otro equipo en palmarés, pues en juego, ya lo hemos hecho, muy probablemente, para toda la eternidad.  

GRÀCIES PEP !!!!



Origen de la imagen: 

viernes, 6 de mayo de 2011

Por la radio te escuché

Ha sido una mañana cálida y luminosa, como ya es menester que lo sea habiéndose entrado en el mes de mayo. Conductores irreverentes ante los pasos de peatones (salvo que éstos estén sobre “jode-amortiguadores”), inmundicias caninas, vecinos “cívicos” que lanzan su bolsa de la basura a la papelera... todo ha sido cotidiano, maleducadamente normal, hasta que, como cualquier otra mañana, encendí la radio.
Haciendo uso de esa libertad de escucha, que nos permite seguir cualquier programa radiofónico (por tendencia o ideología que tenga), he puesto ONA FM. No me ha importado intentar alegrarme estas primeras horas del día con un programa de “humor”, y dejé puesta esta emisora (por lo demás, totalmente ausente de entre mis favoritas). Nada excepcional, salvo las típicas bromas chabacanas de costumbre, hasta que pude escuchar, eso sí, “en tono de broma”, hablar del barrio de “La Mina” de Sant Adrià del Besós como de un barrio de putas, gitanos y yonquis jeringueros. Para mi sorpresa en aquel instante (que no en lo general) he podido escuchar como ello, con extrañas bromas y gracias impertinentes, se iba ligando hasta conducir el discurso, más ofensivo que satírico, hasta la Feria de Abril de Cataluña (sita en el parque del Fórum de Barcelona).
Aún siendo de sangre en mitad andaluza, nunca he seguido con devoción las laicas Semanas Santas y “Madrugás”, ni tampoco esos actos de “devoción” rociera, que alcanzan la consideración, en no pocas ocasiones, de bacanales mediáticas. Todo ello me parece tenedor de un toque “algo rancio”, como todo lo folclórico, pero sin embargo, lo respeto, aunque pueda criticarlo en ejercicio de la libertad de expresión. Lo que no me podía haber figurado es que en ese programa, cuyo nombre no publicitaré, se iba a reír uno a costa de “lo mismo”: señores y señoras con acento andaluz en pleno ejercicio de su libertad de expresión cultural.
No sé si será porque los genes hablen, o porque procuro tener un sentido, en intención noble, de la existencia humana, me ha parecido de dudoso gusto acusar a un barrio de “jeringueros” o a una feria folclórica con todos los calificativos usados en tal emisión (por más que fuera en tono de sátira). La alta densidad de insultos y groserías empleados en el programa me confirmó que me hallaba ante un claro ejemplo de cómo la radio “es más libre” que la televisión, también en un sentido peryorativo. Quizá desde una óptica de “ciudadano cabreado”, comienzo a ver que este fenómeno se está convirtiendo en algo común en buena parte de los programas “de humor” realizados por ciertos medios. Mal el programa de ONA FM, mal las continuas gracias de “APM” (de TV3) en relación con el programa (ciertamente trasnochado) de “Juan y medio” en CanalSur.
Ciertamente en España tenemos problemas serios de modernidad. Es cierto que no podemos poner mayores tenderetes en actos folclóricos como la Feria de Abril que en actos plenamente culturales como Sant Jordi (hasta el momento menos pervertido que la Diada “nacional”). Pero también lo es que no podemos crear una sociedad, la catalana, donde las gracias sean siempre “con lo mismo”. En mi opinión, una sociedad claramente diferenciada del resto del Estado, como es la catalana (ni que sea por la tenencia de una lengua endémica), no puede centrar sus bromas en anticuallas folclóricas, ni mucho menos en el insulto a barrios con fuerte inmigración nacional e internacional. Centrarse en la risa respecto a lo ajeno muestra las carencias de lo propio.
La infame, y ofensiva, emisión radiofónica ha venido a coincidir con unas semanas de alta tensión interterritorial. Dejando temas realmente importantes, como la legalidad o no de BILDU, por ejemplo, la actualidad nacional se ha centrado en los cuatro choques entre Barcelona y Madrid. En este caso, no sólo radio, sino también televisión, internet y diarios, se han apuntado a la “moda” de mezclar churras con merinas, fútbol con conspiraciones y políticas. Y es que las acusaciones e insultos públicos desde parte de la población de un territorio a la de otro se están, no sé si generalizando o consolidando.
Comienzo a creerme lo de que la Crisis en España es de valores y educación, más aún que económica. Curiosamente, son los nacionalistas de uno y otro lado quienes más participan de ello. Sea con motivo del fútbol (“triki-atrakas” y conspiraciones de Unicef) o con insultos hacia manifestaciones folclóricas, festivas, que de no gustar siempre pueden no ser visitas.

lunes, 12 de julio de 2010

CAMPEONES!!!!! VIVA ESPAÑA!!!!!

Somos los mejores!!!!!

sábado, 26 de junio de 2010

Mi conflicto con la bandera...

y en "Periódico Liberal":
Siempre he sido especialmente obsesivo con las comparaciones. No es que haya participado jamás en las cutres competiciones fálicas de gimnasia, allá por los tiempos de Educación Primaria (todo sea dicho de paso, por no tener mal gusto y haber madurado con cierta ventaja), pero sí que es cierto que cualquier novedad en Barcelona inmediatamente la comparaba con su equivalente en Madrid, cuasi como reflejo condicionado, o que siempre me preguntaba qué dinosaurio era el mayor o qué rascacielos era el más alto. El tamaño “sí importaba”, y todo mi mundo, en no poca medida, giraba en torno a las comparaciones. Tal vez esté dotando de demasiada singularidad a algo tan evidente. El hombre se relaciona irremediablemente con su entorno, y lo normal es que se compare con él, o lo haga entre lo que va observando, imaginando, leyendo o escribiendo.
En relación con ello, los postulados del estructuralismo tienen algo de interés. Las oposiciones “neutras”, las oposiciones “privativas”... son términos, enseñanzas del “Maestro romanista”, que siempre me vendrán a la cabeza. “F.C. Barcelona – Real Madrid”, “Beatles – The Rolling Stones”, “Prince – Mickael Jackson”... las oposiciones son interminables, lo mismo, por definición, que las comparaciones. Algunos pretenden ver algo semejante a un “Inglaterra – Escocia” en un “España – Cataluña”, sólo que saltándose la lógica y asimilando dos “todos separados” a un “todo” y una de sus partes.
Quizá por mi manía de compararlo todo, hoy he salido, algo preocupado, cuando me dirigía al bar, a ver el España – Chile con unos amigos. Llevaba mi bandera de España en el bolsillo, y no me la había puesto sobre mi espalda, por el mero motivo de no querer ser objeto de “furias invisibles”. Me preguntaba si, dentro de mi particular cruzada contra todos los nacionalismos, no estaba yo cayendo en el “nacionalismo español”. Una bandera... pero dejando a un lado la lengua única, los sentimientos únicos, los bailes singulares y los himnos cutres, instigadores de la violencia. Me intentaba autoconvencer: “Javi, tú no eres nacionalista”. Viendo el partido uno se exalta. Parecería que en los chicos de Del Bosque viera las tropas perdidas en Flandes de nuevo conquistando el Mundo. Cierto es que la bandera de España salió del bolsillo, y volvió puesta a mis espaldas cuando tomé el camino a casa; aún con éstas, seguía preocupado por ser nacionalista.
Pasé por las calles y algunos se giraron sonriendo, con cierta complicidad, ¿quizá estaba descubriendo el por qué no soy nacionalista? Llego a casa y reflexiono. He sido capaz de ir con el mismo equipo que iban todos los del bar y buena parte de las personas que me he ido topando por la calle. Polémica ninguna, sólo identificación con unos chicos que me son más familiares que el resto, por gustos, edad y procedencia. No he podido ver el partido en una pantalla gigante, como sí lo habrán podido hacer los de Madrid, Zaragoza o Sevilla, pero me lo he pasado en grande siguiendo a “La Roja”.
No soy nacionalista, pero debo reconocer que el nacionalismo político tiene un principio activo que encuentra descripción en el resentimiento. Uno tiene más ganas de salir con una bandera, de cantar un himno (por lo demás, musicalmente malo), y más aún, cuando sabe que ello molesta a quienes pretenden poner “caspa” en “todos los cabellos”. Salgo de mi casa con la bandera en el bolsillo, y eso que la estelada lleva meses puesta en frente mío. ¿Soy nacionalista o víctima del resentimiento? ¿No es normal que, de gustarte el fútbol, tengas más complicidad con quienes comparten tantas cosas contigo, no precisamente el salario,
y, además, de conseguir la victoria, harán más famoso tu Estado, y quizá con ello se provoque alguna externalidad positiva en nuestra malograda economía?
En este puente de San Juan son las fiestas locales de Vilassar de Mar. Dado el leviatánico apetito de la Crisis es normal que se reduzcan gastos, pero no que se centren en conciertos de músicos subvencionados y fiestas “populares” donde falta la libertad y se fomenta el fanatismo, cada vez más religioso. Me pregunto, y ciertamente tengo ahora un conflicto interno con ello, si no debiera pasarme por el Ayuntamiento y pedirle al Alcalde que me pague las cervezas y el bocadillo tomado mientras veía a “la Roja”, después de todo, me he comportado con mayor civismo, y, a mi modo, he participado de algo “identitario”, sólo que en lo privado, sin recibir un duro.
La identidad es parecerse a uno, no quererlo hacer igual a unos ideales ficticios. El nacionalismo nubla la mente, sólo que, como en otras tantas cosas, las nubes no son fáciles de movilizar, y la libertad, pese a todo, acaba saliendo de dentro de ti, diciéndote: “si te gusta ver a aquellos que se parecen a ti no eres nacionalista, eres humano”. ¿Algún día dejarán de poner opio en las banderas? Tal vez el verdadero déficit fiscal sea el existente entre los poderes nacionalistas y los ciudadanos “libres”, con ideologías privadas, y por definición, diversas.
Segunda imagen: sujeta a This file is licensed under the Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported license.

jueves, 22 de abril de 2010

Un estadio para Samaranch

La ambición está muy mal vista. Se entiende como algo negativo, carente de solidaridad, íntimamente ligada al egoísmo. Se tiene por equivalente a las “ansias de poder”, al querer ser superior y alcanzar prerrogativas y consideraciones superiores a las del común de los terrenos, véase “hombre estándar”. Se ignoran los sueños que llevan a la superación, y se incide en los aspectos que, de alguna forma, nos conducen a nuestra propia envidia.
Ayer falleció Juan Antonio Samaranch, Presidente honorífico del Comité Olímpico Internacional. Las reacciones no se han hecho esperar, y junto a las muestras de consuelo y solidaridad para con la familia, a las que me uno, han aparecido increpaciones y tergiversaciones de etapas conflictivas. Al Samaranch “dador” de los Juegos Olímpicos a Barcelona se le contrapone, por algunos, el de Samaranch esbirro del franquismo. Hay quienes no le perdonan haber trepado por el organigrama del régimen dictatorial, por más que en su subida hacia la “gloria olímpica” beneficiara a todos los barceloneses, y a todos los españoles en general.
Oía ayer en una emisora catalana, comúnmente posicionada con el socialismo, que gracias a Samaranch se “normalizó” (legitimó mejor dicho, no fuere que alguien lo llevara a falsas interpretaciones, basándose en fenómenos, funestos, de la actualidad) el uso del catalán entre la élite (en particular, durante su paso por la Diputación de Barcelona), abriendo el paso hacia la “normalidad democrática” de Cataluña (uniendo realidad social y política, justo lo contrario de lo que acontece ahora...). Sin embargo, y ante todo, si por algo se caracterizó Juan Antonio fue por conseguir abrir España al Mundo.
“Desde dentro” Samaranch hizo salir la rosa del capullo, eso sí, sin connotaciones de generación en cuanto al embrión vegetal (sino más bien todo lo contrario), pues España estaba atravesando el peor momento de su historia. Un país sumido en la decadencia, en una dictadura del Terror, aún herido por la peor catástrofe de su vida como Estado, pudo, gracias a él, acoger el máximo acontecimiento mundial, unos Juegos Olímpicos.
Barcelona no es lo que es hoy por la gestión de ninguno de sus alcaldes. Barcelona no es una metrópolis universal por ser capital de nación alguna, ni feudo de ningún glorioso equipo (del cual soy fan entusiasta). Barcelona es, valga la redundancia, la Barcelona de hoy en día, gracias a unos Juegos Olímpicos. Dice algún periódico de Inglaterra que Samaranch introdujo oscurantismo en el COI, quizá, simplemente, conservó un tanto las nieblas que siguen emanando del mundo anglosajón. Tal vez se le pueda echar en cara que no pudiera dar las olimpiadas a Atenas en su momento, que EEUU consiguiera un bodrio olímpico con Atlanta y que París y Londres, sin vergüenza alguna, hayan podido optar, con posibilidades una, con efectividad la otra, a unas olimpiadas que ya habían celebrado en más de una ocasión. Seguramente no fue culpa suya, y sí de una institución que tiene sombras, no atribuibles exclusivamente a la persona del difunto. Tal y como han hecho eco varios medios de información, y propuesto un partido político, ayer creé una iniciativa que promueve poner el nombre de Juan Antonio Samaranch al estadio olímpico. Sin lugar a dudas, y ante la carencia de méritos deportivos del actualmente homenajeado por el campo, esta iniciativa sea más cuestión de decencia que de necesidad. ¿Acaso se precia cualquier “entidad moral” que no sabe recordar a sus difuntos? Samaranch no fue perfecto, pues fue humano. No fue el hombre ejemplar para todo ciudadano, pues se puede no haber compartido ideas o prismas con él. Pero debemos ser empíricos y no metafísicos, reales y no soñadores. La ambición de un hombre nos hizo ser olímpicos, y por más que esté mal visto el querer alcanzar poder en medio alguno, a veces, como en este caso, de ser válido quien lo alcanza... se sacan ventajas. Quisiera que este fuera el principio de un pensamiento. Quisiera que pudiera llegar el día en que nuestros ilustres muertos no fueran meros políticos, por definición partidistas. ¿Dónde está el homenaje de Barcelona a Salvador Dalí, al Quijote (que pisó, aunque fuera literariamente, el barrio de la Barceloneta) o a Copito de Nieve (por ser un emblema simpático)? ¿Dónde están los ilustres científicos y filósofos que trabajaron o hicieron más grande, intelectualmente, la sombra de Barcelona (Ramón y Cajal)? Quizá sea el momento de construir imaginarios racionales, enaltecer el mérito, la razón y los éxitos colectivos, incluyentes. Dejemos a un lado el potiqueo tribalista y seamos bien nacidos, como diría el dicho. Os invito a esta reflexión, muy encarecidamente.

lunes, 15 de marzo de 2010

Contra el nacionalismo (Segunda parte)

Pero ¿sabe qué quiere decir una nación?; y aquél responde: "Una nación es la misma gente viviendo en el mismo sitio".
J. Joyce, Ulises.
"Para nosotros, ciudadanos de la República Federal, el patriotismo de la Constitución significa, entre otras cosas, el orgullo de haber logrado superar duraderamente el fascismo, establecer un Estado de Derecho y anclar éste en una cultura política, que, pese a todo, es más o menos liberal".
Jurgen Habermas

Muchos serán quienes se habrán dado cuenta de los problemas sociales que, poco a poco, va causando el nacionalismo catalán dentro de la sociedad catalana. Aún a riesgo de parecer querer tirar “piedras sobre mi tejado”, he traspasado las fronteras de lo “oficialista” para ejercer de blogger, es decir, expresarme libremente. Sin embargo, la primera parte de mi ensayo no acaba de tener “todo” su significado, si no se lee también esta segunda sección.

Se ha escrito antes sobre uno de los más genuinos “nacionalismos periféricos”, tratemos, ahora, el no menos criticable, a mi modo de ver, “nacionalismo centrípeto”. Junto a la “ley de convocatoria de referéndums con permiso del Estado”, a lo largo de la semana pasada destacaron las diferentes comparecencias en orden a discutir la prohibición, o no, de las corridas de toros en Cataluña. Coincidiendo con esta iniciativa, para nada centrada en el sufrimiento animal (o al menos no tanto como en el debate identitario), el gobierno de la Comunidad de Madrid ha propuesto declarar a la “fiesta nacional” como bien de interés cultural. Este juego de “vasos comunicantes” es un ejemplo de cómo funciona, en la mayoría de los casos, el fenómeno nacionalista.

Comúnmente se afirma que existen dos tipos de nacionalismos (así lo hace, por ejemplo, Walter Feinberg, de la Universidad de Illinois): el nacionalismo de exclusión y el nacionalismo de resistencia (pudiendo darse casos en el que ambos se predican en un mismo ámbito, por ejemplo, de resistencia frente al Estado, y de exclusión frente a los inmigrantes)1. El alza de uno es correlativamente proporcional al aumento del otro; el aumento del centralismo madrileño siempre provoca un auge del independentismo catalán. Cuando a “unos” se les ocurre prohibir los toros, a “otros” les falta tiempo para declarar las corridas como “bien de interés cultural”. Ello está claramente correlacionado, y encuentra su fundamento en una misma cosmovisión nacionalista, instrumentalizada, del mundo que les rodea.

Desde el gobierno de Madrid se cree en una nación española imaginaria. Se identifica a los toros como un “bien propio”, una “fiesta nacional”, obviando su hondo arraigo en Latinoamérica, Portugal o sur de Francia. Precisamente, con motivo de la discusión actualmente en curso en el Parlament de Cataluña, el Alcalde de Arlés (Francia) ha tenido ocasión de defender a los toros como un patrimonio del sur de Europa. No entraremos en temas de tauromaquia, pero es evidente que la manipulación del toreo es un hecho en el debate, no sólo catalán, sino también del resto de España. España equivale a Estado Español, y Cataluña a Comunidad Autónoma de Cataluña, en ambos casos contraponemos el nombre “oficial” a la administración que le representa. No podemos reconocer “culturas” o “identidades” propias de una u otra, cuando precisamente, el criticar los excesos de una, implica criticar los de la otra. Analicemos, visto esto, un ejemplo un tanto “populista”.

Para todo buen aficionado catalán “culé”, los lunes son un día de honda indignación “nacionalista”. Los comentarios de la “totalidad” de emisoras con sede en Madrid (por nombre “nacionales”) critican al equipo de la periferia por excelencia, el F.C. Barcelona, hablando, en muchas ocasiones, con prepotencia, de cagómetros, “villaratos” y demás entelequias de poca monta, propias del periodismo malo, caduco, y en muchas ocasiones, ofensivo. En alguna ocasión habrán visto que afirmo que no hay mayor “fábrica de independentistas” que una mala actuación arbitral en contra del F.C. Barcelona, o la lectura de uno de los periódicos de “ámbito nacional”, con sede en Madrid: véanse diario As o Marca. El fútbol es un fruto, claro, del tribalismo que reside en los nacionalismos. Solo hace falta ver cómo se esgrime la bandera de “la nación común” por algunos aficionados del Real Madrid, siempre que va a jugar el F.C. Barcelona, Atlétic de Bilbao o Real Sociedad.

En su brillantísimo artículo, Glover2 hace mención de un estudio psicosocial practicado hace ya algunos años3. Se hicieron dos grupos de chavales (unos serían, durante bastante tiempo, “policías”, y los otros “ladrones”). La duración del juego hizo que el mismo se debiera suspender por el surgimiento de roces e inicios de “crueldad” en el trato de unos contra los otros. ¿Qué nos indica un común juego de “polis” y “cacos”? Que las rivalidades deportivas comparten con los juegos muestras de un tribalismo (una peligrosa relación entre “identifiación” y “hostilidad”), quién sabe si no inherente a nuestra especie.

Ello puede verse en relación con el nacionalismo. El nacionalismo de “imposición” (desde el centro) provoca siempre un nacionalismo de “frustración”, fuere en la periferia o, en otros casos (no en el español), en las minorías étnicas. Insistiré en lo dicho en la primera parte (pasado post), las ideas, y citas, propuestas por los autores ya vistos pueden aplicarse a “cualquier” tipo de nacionalismo, fuere éste español, vasco, catalán, serbio, galés o canadiense. Tan nocivos son los informativos manipuladores del centro hispano como los discursos populistas de políticos secesionistas. La “razón” no es que sea necesariamente una, pero como dicen los neurocientíficos, no tiene por qué venir del mismo lugar que los sentimientos, que el tribalismo, que el nacionalismo. Separemos lo correcto de lo querido. Espero que, con esta segunda parte, queden más claros los “conceptos”. ¿Qué opinan?

Ejemplos de binominos naconalistas:

Ejemplo 1: Se construyen la mayoría de instalaciones olímpicas sin haber ganado su candidatura. En Madrid se dice que es un valor de la propia candidatura, y que, en todo caso, son equipamientos que requiere la urbe capitalina. En Barcelona se afirma que, con el pretexto olímpico, se han asignado fondos a Madrid, cuando no tenían que ser necesariamente, ni para esa región, ni para ese proyecto. Antes, no en modo marginal alguno, se dijo que Madrid y el resto de España estaban pagando los juegos olímpicos a Barcelona.

Ejemplo 2: Un actor conocido en su región aparece en un partido F.C. Barcelona - Valencia clamando por la independencia de los “Países catalanes”. Mientras, en la cadena pública de Madrid, TeleMadrid, existen ciertos periodistas que atacan, reiteradamente, a los que viven en Cataluña.

Ejemplo 3: En Madrid, dicen en Barcelona, son “catetos”; en Barcelona, dicen en Madrid, son “peseteros” y hablan “polaco” (la cadena pública de Cataluña, con esa broma, tiene un programa de humor titulado: “Polonia”).

…. los ejemplos son varios, seguramente muy similares a los que tengan Marsella y Lyon con París, o Milán con Roma. Son síntomas de “populismo”, “sentimientos comunes”, y como en el experimento entre “policías y ladrones”, de tribalismo. El propio Glover hace una excepcional referencia a un fragmento de la “Guerra del Peloponeso” de Tucídides: “Lo que hizo inevitable la guerra fue el crecimiento del poder de Atenas y el temor que esto causó en Esparta”. Obviamente, la antigua Grecia Clásica se caracterizó por no ser un sólo Estado, cuestión que no se solventaría hasta la conquista macedonia. Pero no deja de ser “indicativo” el correlato entre los sentimientos espartanos y atenienses.

¿Es capaz que exista un país sin nacionalismos? ¿Es el nacionalismo un factor con beneficios y lacras, o, simplemente, un “mal necesario”? ¿Qué opinan?

* Nota final: vistos el nacionalismo “periférico” y el nacionalismo “centralista”, queda un tercer tipo, más que de nacionalismo, de “conflicto identitario”. Se intentará hacerle mención en otro post pero, a modo de avance, quisiera dejar claro que, en comparación con los “problemas” existentes en países como España, Bélgica o Italia, hay un problema europeo que sobrepasará, con creces, lo hasta aquí visto. ¿Qué sucederá cuando un partido islamista turco consiga representación parlamentaria en Alemania? Virtud del principio de libertad religiosa ¿es posible la construcción de la mezquita más grande de Europa en Sevilla, cuando el islamismo radical sigue reivindicando el sur de España como territorio musulmán?

Los problemas “nacionalistas-identitarios” tienen una magnitud “in crescendo”, y en cualquier caso, como ya recogiera Alexis de Tocqueville en su Democracia en América, no podemos comparar estos problemas, ante todo europeos, con ejemplos norteamericanos. Los modelos defendidos, por ejemplo, por Kymlicka (aplicables al Québec), no son de posible aplicación en España o cualquier otro país europeo. ¿Por qué? Por los restos de aristocracia, historia y privilegios sociales... Aunque, como afirmo, esto es motivo para otros posts.

1W. Feinber, “El nacionalismo desde una perspectiva comparada. Una respuesta a Charles Taylor” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.
2Glover, “Naciones, identidad y conflicto” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.
3 C. Haney, C. Banks, y P. Zimbardo, “International Dynamics in a Simulated Prison”, International Journal of Criminology and Penology, 1973.

sábado, 17 de octubre de 2009

El triste adiós de un "jugón".

El post de hoy, de ninguna de las maneras, iba a tratar sobre este asunto; nadie podía llegarse a imaginar esta tragedia. Como tantos otros jóvenes de mi generación (centenares, millares), me aficioné al baloncesto con expresiones tipo: "ratatatatá", "jugón", "pincho de merluza". Sus "motes", por lo general cariñosos y faltos de malicia alguna, nos hicieron guardar en la retina nombres de jugadores que, quizás sin esa ayuda, no hubieran perdurado tanto en nosotros. ¿Quién no recordará a Felipe Reyes como "Espartaco", a Nowitzki como "Robin Hood", a "Oh la la Parker", o a "E.T. Gasol". "Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana" es una frase, que jocosamente, a veces, he llegado a decir a mi pareja. Se la oí al "profe" (sea por maestro o profesional) Montes, cuando narraba los partidos de Utah Jazz, con su legendario dúo: Karl Malone y John Stockton (siendo ambos ya veteranos).
Montes era un periodista diferente, para algunos un "lingüista del deporte", por la facilidad con que sacaba expresiones de su genial chistera; para otros, tenía pinitos de humorista de élite, siendo único, al más puro estilo Chiquito de la Calzada, en el arte de conseguir que niños y jóvenes utilicen su "diccionario particular" para la narración de sus propios "acontecimientos deportivos": sean partidos de recreo escolar o visiones de partidos con papá sentados juntos en el sofá.
Posteriormente se pasó al fútbol. Algunos lo criticaron, lo quisieron devolver al "mundo de la canasta", pero muchos, entre los que me incluyo yo, llegamos a ver partidos "fofos", apáticos, por el mero hecho de ser retransmitidos por su memorable persona. Jamás el fútbol tuvo tanto arte desde los tiempos en que aún se le conocía por Balompié (y los jugadores lucían efigies de torero). Coincidiendo con un Barça (mi equipo) estelar, bautizó a muchos de sus jugadores con motes legendarios (tal y como ya lo hiciera con las estrellas del baloncesto estadounidense): "Sweet Iniesta", "Tiburón Puyol"..., o diciendo frases como "Tócala otra vez Sam...", cada vez que Xavi Hernández le deleitaba con uno de sus milimétricos pases.
No es la primera vez que lo hago, o lo haré, pero la profesión de periodista deportivo cada vez se acerca más a una dimensión política, por lo demás deleznable. Lo único que se le podía oponer a Andrés es el haber reconocido su "militancia colchonera", siendo uno de los pocos locutores merengues, o, menos frecuentes, culés, de la televisión española. Sus comentarios creaban adicción, generaban pasión, y sobre todo (el fútbol, como cualquier otro deporte, no es, o debería ser, otra cosa) ENTRETENIMIENTO.
Su muerte nos ha pillado a todos "con el carrito del helado". Andrés Montes será recordado por los de mi "quinta" y colindantes....
¡gracias por enseñarnos que "la vida puede ser maravillosa"!
Imagen sacada de:

Genial artículo sobre él en Marca, con Daimiel: http://www.marca.com/2009/10/19/baloncesto/nba/1255974037.html

sábado, 10 de octubre de 2009

Una corazonada predestinada al infarto...

Es cuasi un tópico sospechar de la lealtad de los barceloneses (y del resto de los catalanes) a la candidatura de Madrid 2016. Pocas cosas se me ocurren más generalistas, y en no poca parte, ofensivas, que este triste pensamiento. Sin embargo, ahora que "el toro ha pasado" y es tiempo de reflexión, cabe poder expresar algunas críticas, errores y demás factores, que a mi humilde entender, han perjudicado, y mucho, a la candidatura española. Todo es más fácil a "toro pasado", cierto, y tampoco voy a caer en el oportunismo.
Crítica número 1: Madrid debía haber esperado a 2020. Samaranch, uno de los cinco españoles más importantes, e influyentes, del pasado siglo XX, recomendó a Madrid no presentarse para esta candidatura. Según la normativa tácita, y hasta cierto punto justa, que rige en este tipo de elecciones, las diferentes celebraciones deben ir cambiando de continente, y en un mundo cada día más globalizado, por ello no cabe entender ya la alternancia "EEUU y sus corrales" v.s. Europa con Rusia.
Me pregunto si la elección de Río de Janeiro será un pistoletazo de salida para que los Juegos se hagan en lugares, ciertamente, que se lo han ganado a pulso. Me pregunto si se acabaron las elecciones "tipo Atlanta", y si, en lo sucesivo, cabrán esperar juegos globales (de eso no hay duda) que se celebren por "todo" el globo.
A mi entender, con la elección de Río se ha conseguido que América Latina (y muy especialmente Brasil, predestinada a ser una de las grandes potencias del Mundo) tenga "sus" Olimpiadas. Sin embargo, no dejan de existir "civilizaciones", en terminología de Huntington (autor de la teoría, y libro, "El choque de civilizaciones") que aún, tristemente, no han gozado de "sus" Olimpiadas. Fundamentalmente me estoy refiriendo al África negra, a Asia Central, y cómo no, al mundo islámico. Una buena excusa para la paz sería la celebración de unos Juegos en El Cairo o Teherán, y por qué no, llegado el momento, en la propia Bagdad (con compromiso internacional de reconstrucción de la esplendorosa capital histórica del Islam).
Crítica número 2: Madrid no es España, si no que "sólo" es su capital. Existe cierto movimiento, igualmente tácito y oculto en el pensamiento de muchos, que pretende equiparar la parte al todo, la capital al Reino. Barcelona 92 fueron las primeras olimpiadas para España, para la región de Cataluña, y muy especialmente, para la ciudad, y entonces también Área Metropolitana, de Barcelona. Una de las mayores críticas a la candidatura madrileña es la elección de sus "subsedes", ¿se pretendía, así, "vertebrar" España?. Obviamente, hubiera sido un honor que Barcelona formara parte de unas segundas Olimpiadas (esta vez como subsede), sin embargo, por parte de Madrid me parece un despropósito.
Cualquier catalán, "amb seny", apoya, apoyará y apoyó el sueño de Madrid (obviamente, con ínfimo entusiasmo en comparación con el apoyo dispensado para con la candidatura propia; ello es cuasi biológico). Por ello, precisamente, no es necesario que el Estadio Olímpico de Barcelona (aquél que recibió una perversión en su nombre) participe, puesto que la lealtad de la ciudad de Barcelona se supone (pues apoyamos las cosas buenas para España, y cualquier cosa que beneficie a Madrid desde fuera, genera externalidades positivas, que dirían los economistas, en Barcelona, y viceversa). Si esa "cursilada" de las "ciudades hermanadas" tiene sentido, no hace falta decir que Barcelona y Madrid son hermanas, y por ello existen "celos", por más que ambas sirvan a una igualdad, cuasi plena, de intereses.
Si fuera Alcalde de Alcalá de Henares, de Guadalajara, de Getafe, de Valladolid, Segovia o Toledo estaría muy enfadado. ¿Por qué se cuenta con Barcelona, Málaga o Córdoba, cuando lo "lógico" hubiera sido que participaran las ciudades que, para lo bueno y lo malo, configuran el ámbito de influencia, directo, de la capital?. Habiendo campo, Coliseo mejor dicho, en Getafe, ¡qué pinta el Olímpico de Barcelona!. ¿Acaso Getafe o Valladolid podrán participar en otras Olimpiadas que no sean las de Madrid (con el permiso, hasta el momento improbable, quién sabe si en el futuro, de Zaragoza)?.
Tercera, y fundamental, crítica: las Olimpiadas de Barcelona regeneraron, y modernizaron, la ciudad de "cabo a rabo". Con cuasi total seguridad, de una forma equivalente a como lo harían unas Olimpiadas en Sevilla, Valencia o Zaragoza. Creo que Madrid no iba a cambiar en exceso con el acontecimiento. Como diría un amigo mío, Madrid no iba a mejorar demasiado con el asunto: las instalaciones estaban ya hechas y... ¿acaso se atreverían a construir más cinturones?.
Crítica, causa final y contundente: Madrid se haya inmersa en un nebulosa de fantasía fomentada por la incompetencia política. ¿Qué es eso de que Madrid se presente a unas elecciones que se sabe que no las puede ganar por la alternancia? ¿Por qué se ha cometido la cobardía de no presentarse cuando París y Roma tenían previsto hacerlo (2020)?.
Madrid, o mejor dicho, sus dirigentes, han jugado a que son los mejores "contra viento y marea". De nada sirvió el consejo de Samaranch, ni las impresiones de todo el pueblo. Ahora nos encontramos con una Madrid, que ha fracasado en su tercer intento, con instalaciones hechas, y que "ganada" una eventual candidatura para 2020, cuasi las tendría ya anticuadas. ¿Alguien no podrá sospechar que todo ha sido un "como mínimo tendremos excusa para construir todo esto"?.
Madrid 2016 ha sido un fracaso y un despropósito, mal organizado y peor explicado. Esperemos que haya más suerte en otra ocasión, aunque no debiera ser en 2020, pues no estaría bien visto, al menos por mí. La "Madrid olímpica" no puede, ni debe, ser un "acoso y derribo" (ello sin tener en cuenta, que Sevilla... o Valencia puedan reclamar que se les deje a ellas intentarlo...).
2ª imagen: The famous monument Christ the Redeemer on the Corcovado hill, in Rio de Janeiro, Brazil. de Jorge Morales Piderit (public domain).
3ª imagen: Logo de Madrid 2016.

miércoles, 17 de junio de 2009

Reflexiones futboleras

Existen dos marcadores sociológicos de gran transcendencia, inversamente proporcional a su rigurosidad como medios, son la prensa rosa y la deportiva. De la primera no puedo escribir acaso tres notas, pues no es algo que me interese en exceso, y de ello me siento orgulloso; sin embargo, no puedo decir lo mismo del Sport, ElMundoDeportivo, el As o el Marca, cada mañana los ojeo por Internet, antes incluso, que elPaís o ElMundo... La influencia del balompié amaga con parecerse, cada día más, a la que antaño tuvieran las arenas del Coliseo o las justas caballerescas... De hecho, a nadie se le escapa que un buen calmante para esta "terminal crisis" ha sido el título europeo de la Selección Española. Zapatero debe más a Xavi, Iniesta, Torres o Villa que a muchos de sus Ministros, no lo digo yo, sino también las estadísticas. Del "poder" del fútbol nos hablan las recientes actuaciones de prestigiosas entidades financieras (de las cuales no haré publicidad gratuita). ¡No se esfuercen por comprender los fichajes de Cristiano o Kaká, quizá exista algún paralelismo que podamos esgrimir al negociar nuestra propia hipoteca! No soy amante del deporte, ni tampoco lo practico en exceso. El fútbol me gusta por el "morbo", por experimentar esa sensación "odiosa" de poder faltar el respeto, al día siguiente, al vecino o al compañero, del equipo contrario; es éste, y no otro, el porqué yo leo los diarios deportivos antes de iniciar mi jornada. Sinceramente, nadie puede negar que su lectura es una fuente para posteriores pensamientos, algunas veces, incluso, filosóficos. Es posible ver algo que trascienda a veintidós hombres persiguiendo a una pelota; para demostrar esta afirmación, ahí van algunos ejemplos... Primera reflexión: ¿alguna vez se han preguntado cuál es el impacto político que tienen informaciones, nunca mejor dicho, "partidistas" de la prensa madrileña frente a la catalana, y viceversa? Segunda reflexión: El Betis, uno de esos clubs "queridos" por cuasi todos (grupo al que pertenecerían el Sporting de Gijón, el Cádiz o el Atlético de Madrid), ha bajado a Segunda teniendo una de las masas sociales más considerables de Europa, y un presupuesto algo más que elevado. ¿Transmite una buena imagen un presiente, "caciquil", ejemplo de los peores fantasmas de la Andalucía "subdesarrollada"? Tercera reflexión: Cristiano Ronaldo, asuntos bancarios a parte, es fichado por 94 millones de euros. Cobrará, en el Real Madrid, 10 millones de euros netos, por temporada, durante 6 años. Sus estudios son ínfimos. Sus aficiones: juergas con Paris Hilton y mujeres de buena delantera. ¿El sueño de todo adolescente? ¿Son estos valores los que transmite un "Club señor", un "país", una sociedad occidental "desarrollada? ¿Deseamos este futuro, ejemplar, para nuestros hijos? Cuarta reflexión: el Chelsea, uno de los clubes ingleses más históricos, debe su poderío actual a los petrodólares de un ruso multimillonario, el Manchester City, antes a un tailandés acaudalado, ahora a un miembro de la aristocracia de los Emiratos Árabes. Del mismo país proceden unos "eventuales" compradores del Real Betis Balompié, mientras que en Italia se habla de la entrada de dinero libio, vía Gadaffi, en su legendario, y bien considerado, Calcio... Los millones vienen de fuera para hacer negocios, Europa los ansía con el objetivo de poder seguir siendo competitivos. ¿Eso es sólo cuestión de fútbol, o Europa está perdiendo peso relativo? ¿La Caída del "eurocentrismo"? Un último pensamiento... Haciendo uso de su "pragmatismo" los estadounidenses tienen límites salariales en la NBA (no existiendo posibilidad alguna de hacer grandes fichajes mediante inversión de dinero). Cada equipo es una franquicia, una empresa que, probadamente, genera dinero y se mantiene viable. ¿Para cuándo un sistema equivalente en Europa? ¿Es el fútbol un instrumento de poder, de entretenimiento para la plebe, o simplemente una "tapadera"?. Imágenes: 1) Austrian Forward Rubin Okotie tries to score on Congo Goalkeeper Destin Onka at the 2007 FIFA U-20 World Cup. Onka makes the save. Shot at Commonwealth Stadium, Edmonton, Alberta, Canada. Autor: Nick Wiebe 06:19, 30 October 2007 (UTC), edited by Fir0002
Sujeto a GNU Free Documentation License. 2) Sheikh Sattam de Haddadin of Palmyra by Russian painter Alexandre Evgenevich Iacovleff, born in 1887 in St-Petersburg. The artist of the "Citroen Centre Asie, La Croisiere jaune sur la route de la Soie" in 1931. The expedition started from Beirut throught Palmyra then ended in China.

jueves, 28 de mayo de 2009

Año 2009, cuando Roma fundó un nuevo Imperio...

Hay quienes jamás pudieron dormir tranquilos por miedo a que les raptara el hombre del saco; otros, malaventurados todos ellos, por temer a Belcebú. Como miembro de la quinta del 85, yo lloré con el suceso de Atenas, y mi pesadilla, sin afán racista, tenía tez negra, y apellido Desailly. ¡Cuánto me deprimí ante el televisor, viendo cómo el Milán de Capello (para el resto de mis días el Club más temido) nos arrebataba nuestra segunda Copa de Europa! Hoy al fin puedo saludar, con muy buenas ganas, a mi cómoda almohada.

Que nadie se engañe. El Barça tenía “otros motivos” por los que ganar, obligatoriamente, esta Copa, mal llamada Liga, de Campeones. España gana en número de copas a las poderosas ligas inglesa e italiana. El Barcelona, no sólo ha evitado que el Manchester United consiga el doble de Copas de Europa, sino que le ha igualado. Ya ganamos a Inter y Juventus, también al Oporto y, ¡gracias a Dios!, al Nottingham Forest. La inercia del palmarés más reciente nos hace estar, a los culés, orgullosos de un equipo plagado de valores, en su mayoría, centrifugados por una única y sublime persona: Pep Guardiola.

Escucharlo hablar es un placer, tanto como ver jugar a su equipo, observar su estilo y vestimenta, o sus gestos con los jóvenes valores de la cantera. Se intentó personificar en él, hace no tanto tiempo, todos los siniestros designios del proceso de “construcción nacional”, cosa que rechazó de la mejor manera de entre las posibles... no haciendo caso. Disciplina, justicia, honradez y humildad son algunas de esas ideas que, esta vez en serio, dan sentido al eslogan de “ser més que un Club”. Sólo el condal Alcalde sabrá el por qué aún no se está proyectando dedicarle una plaza bien grande (donde pueda ir la afición culé a celebrar, sus cada vez más frecuentes, copas).

El partido, por lo demás, fue insustituible. En él se vieron reflejados, y al fin superados, muchos de los defectos, precisamente, producto de ese acerbo histórico al que nos refiríamos. El Barça demostró sobriedad defensiva, un gran portero, presión por todo el campo… y un gol marcado en su primera ocasión (como queriendo reivindicar que allá en Roma, hacía lo que hacen los romanos, o mejor dicho, futbolistas italianos). Los ingleses no se esperaron un equipo tan “veteranamente” curtido en cuanto a psicología. Pasados unos, inquietantes, primeros minutos, el fútbol inglés desapareció, quedándose la escudería anglosajona sin circo ni payaso (sí, ese Cristiano Ronaldo).

El Barça lideró la rebelión de los jugones. Supo no hacer notar, trabajo de estrategia y maestría (cuasi-íntegramente imputable a la labor de Pep), las carencias defensivas de un equipo plagado de lesiones, así como las molestias de algunos jugadores en baja forma. Lo demás fue pura literatura cervantina, en contradicción con las galeras del buen Felipe que no lograron vencer, ni tan si quiera, con tamaña honra.

Este Barça no es sentimiento, es fútbol y espectáculo. Un motivo por el que sentirse orgullosos por un buen rato, pues, hoy más que nunca, me siento miembro activo de un grupo de individuos unidos por su amor a un lugar del Mediterráneo: Barcelona, la ciudad campeona de Europa. No obstante, antes de acabar debo reconocer que hay algo que me hace más feliz que todo lo dicho (más aún que el 2-6 o la paliza al Bayern) y es que, después de varios años de penurias, podemos volver a pensar que las Copas de Europa de Di Stefano y compañía… ¡fueron en blanco y negro!.

FORÇA BARÇA

*Origen foto: http://www.futbolflash.com/wp-content/uploads/2008/12/guardiola2.jpg