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Hace 23 horas
todo, en oportunidades. Me imagino un gran Estado (mayor que Francia y próximo a Alemania en población) donde las administraciones fueran eficientes. ¡Adiós a Autonomías, adiós a provincias y diputaciones! La nueva “Ítaca” con la que yo sueño, es hasta cierto punto “independentista”.
tener competencias normativas en exclusiva sobre los problemas cotidianos de la ciudadanía, el establecimiento de comunicaciones, urbanismo... etc.
simpatizantes de centro-izquierda (PSC y Ciutadans) son más propensos al “absentismo electoral”. Para los gorrones, “free riders” que dirían los ingleses, echar a las partes del organismo es ley de vida. Me explico.
de turno. Ciertamente, suscribí esa afirmación entonces, y lo hago ahora. La participación política no sólo debe de manifestarse en las urnas, sino también en la participación dentro de los partidos políticos. El trabajo de militante debe de dejar de parecerse al del sindicalista (gente interesada por el ámbito público, desconectada de la realidad, y sin dar cuentas directas con el pueblo). Debemos adaptar nuestro sistema representativo a la cambiante sociedad que representa.
Quizá en aquélla que sea la más profunda de todas las Españas, exista un país de leyenda, un lugar mitológico del cual sólo queden pequeños rastros, sutiles huellas. Carrascas, sabinas albares, endrinos, espinos, y ante todo, tomillos y trigo, configuran el carácter de esta fría tierra, fuerte y guerrera. Coronando el “país de los celtíberos”, región de Celtiberia, está su monte sagrado, mojón entre Soria y Aragón, punto de unión entre los antepasados maños y castellanos. Moncayo es su nombre, ésta una de sus muchas leyendas.
pos. La mujer, serrana en cuanto a su descripción (recordar las del “Libro de Buen Amor”), les señaló la guarida de aquél que resultó ser su hermano, ¡cogiendo los bueyes y el arado para señalizarlo!.
a actualidad crecen cual maná, parece que les disuadió de dar una respuesta afirmativa, no fuera a ser que la demanda europea de maíz americano se resintiera. Los años pasaron, con el progreso económico-tecnológico de España regiones como los Monegros, Ciudad Real o Murcia pasarían a ser vergeles con altos coeficientes de productividad, ganando el terreno a varias de las zonas más áridas de la cuenca del Mediterráneo.
se regocijan en sus casas, sitas donde antes existieron, cuanto menos en lo referente al caso catalán, riquísimos y frondosos ecosistemas. Nadie debe escabullirse de la cuestión, ni nuestra propia conciencia ciudadana, ni mucho menos, ningún político. El problema se asemeja al del Amazonas (y quizás también al de la selva del Congo y la Antártida), el binomio naturaleza-progreso sigue siendo inestable. ¿Cómo dejar a Bujaraloz, con sus ricas mantecadas, mientras grandes urbes se yerguen en otros lugares, ante la atónita mirada de melancólicos, veteranos y viejos?
de un término, ficticio como el que más, que en no pocas ocasiones oculta intereses que le transcienden. Si acaso habláramos estrictamente de naciones, ningún sentido tendría ello si nos situamos fuera de la Edad Industrial, no obstante, si de hecho hacemos referencia al concepto de región-territorio, espacio en el que habitan gentes con unas costumbres afines en función de las características de un medio determinado-peculiar que hacen de todo el conjunto algo endémico, algo propio, no cabe duda alguna de que la Celtiberia es uno de esos territorios, y si acaso, el menos reconocido de todos.
dignos de la mejor prosa como la resistencia de Segontia o la más conocida toma de Numancia.
presumibles descendientes, nosotros, no habiendo menor constancia de movimiento alguno a favor de una presunta región celtibera. De hecho hay quien afirma que lo mejor que ha ocurrido a nuestra región “celtibera” es que ha nadie se le haya ocurrido defender una presunta nacionalidad celtibera, siendo algo, a mi ver, realmente cierto en tanto la improductividad de la discusión de términos más propios de la metafísica como identidad, derechos históricos o nación, no obstante, sí que parece ser evidente que la región celtibera, en buena parte el posterior Ducado de Medinaceli, presenta no solo unos rasgos culturales-folklóricos peculiares sino unos intereses económicos, educacionales así como unas necesidades parecidas, sino idénticas, que se basan en las propias carencias de un sistema que, lejos de beneficiar a la “antigua Castilla”, en virtud de una “castellanización” del Estado, en lo referente a nuestra parte, le privó no solo de esperanzas sino también de sus gentes. Por eso, tal vez pudiera ser conveniente la adopción por nuestros gobernantes de medidas que vinieran a impulsar medidas eficientes a toda la región, no reduciéndose las mismas a meras políticas autonómicas pues es precisamente dicha división territorial, y aun antes la división provincial la que quebrantó reduciendo a la nada una región, ya al parecer, irremediablemente partida, pues poco parece tener que ver Medinaceli con Astorga, Ariza con Fraga o Anguita con Valdepeñas, o incluso, valga decir, con Azuqueca, no teniéndose, claro está, nada en contra de los lugares citados.Nota: mapa sacado de la web http://www.uwm.edu/Dept/celtic/ekeltoi/volumes/vol6/6_4/images/fig04_600.jpg
Segunda imagen (Viriato): sujeta a Creative Commons Attribution ShareAlike 2.5

