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domingo, 12 de octubre de 2014

Definiciones subjetivas

Giuseppe Garibaldi's triumphant arrival in Naples by Ron Embleton
Catetismo: quienes reducen su conocimiento a las costumbres, hablas, conocimientos geográficos... de proximidad. Postura contraria al conocimiento universal y universalista, en ocasiones ligado a una posición económico-social sacrificada, sin recursos con los que poder ampliar horizontes. Llevado a un extremo autoritario, o como dogma de fe, pueda llegar a mutar en nacionalismo.

Nacionalismo: “religión laica” que sustituye a dioses por leyendas y a profetas por celebridades históricas, en mucho inventadas. Se basa en un claro sentimiento de superioridad, considerando, bien que no hay otra “nación” igual a la misma, bien afirmando que en un determinado territorio no hay más legítima postura que la que marca un pensamiento unificado. Se da la paradoja de que, en origen, la esencia del Comunismo y de la Iglesia Católica se basa en negar legitimidad a esta idea: el canto del primer movimiento es “La Internacional”, y “Católico”, significa “Universal”.
          Pros: los que se le puedan atribuir de confundirlo con el patriotismo o con los éxitos del Romanticismo cultural.
          Contras: ser el germen de la desgracia europea del siglo XX, implicando, en esencia, una postura proclive a la “defensa de un ideal imaginario”, y por ende, al conflicto. Implica discriminación, tan siquiera sea en el pensamiento interior del nacionalista, y posturas próximas (o flagrantemente dentro) del racismo y el populismo.
Patriotismo: sensación interior de cercanía hacía el folclore, habla, cocina, lugares geográficos... del lugar de origen, o de aquél en que se vive. Implica un cariño hacia cuestiones inmateriales que no trasciende a posturas de superioridad ideológica o de exclusión de ideas.
  Contras: llevado a sus extremos puede pervertirse en nacionalismo, o de existir con preeminencia y exclusividad, degenerar en catetismo.

Humanismo: término ambiguo que entre sus millares de interpretaciones recoge aquella que defiende al hombre como centro del saber, considerando que el dogma que debe prevalecer en cualquier cuestión política es el de que “todos los seres humanos pertenecen a una única especie biológica con unos mismos derechos mínimos por el mero hecho de ser personas”.

Nación: término ambiguo que bien puede ser considerado como sinónimo de Estado, bien como germen del nacionalismo. En esta segunda acepción, “nación” pretende defender que en un determinado espacio geográfico hay sólo una lengua, religión, costumbres... ideas, pensamiento... legítimamente propios de éste, con preeminencia, en ese territorio, sobre los de cualquier otra nación.

Tribalismo: manifestación en el ser humano de impulsos que son comunes en otras especies animales. Cuando se trasciende del “instinto animal” a la legitimidad político-filosófica se cae en nacionalismo o catetismo.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Popurrí de actualidad


Guerras evitadas y nuevas potencias haciendo ostentación.

En el mundo occidental, cuanto menos en la región mediterránea, un gran indicio de independencia soberana y geopolítica es el grado de descontento que un país, oficialmente, puede tener frente a las acciones del gobierno de Israel en Palestina. Es un tema delicado y espinoso, una auténtica patata caliente que ningún político racional puede atreverse a tocar sin riesgo a ser quemado.

Desde tiempos del esplendor otomano, Turquía jamás había mostrado un potencial tan evidente. Su “conflicto diplomático” con Israel así lo demuestra. Se trata de uno de los Estados con mayor potencial militar, e incluso, se plantea iniciar una carrera espacial en solitario. Más allá de los problemas “religiosos”, cada vez es más evidente que Turquía (ese país soberano que se atreve a contradecir a Israel) no entró en la Unión Europea, ni lo hará, porque de hacerlo Francia y Alemania deberían compartir la dirección del superente. Si a todo ello le sumamos los “millones” de turcos que habitan el gigante germano... la razón resulta algo evidente. Pese a no estar en la UE, es de esperar que el elevadísimo grado de integración de los turcos en la estructura político-económica occidental evite que existan problemas serios de conflicto de intereses, ¡qué decir con armas!.

El “neo-imperialismo” franco-alemán no sólo se manifiesta en su capacidad de cerrar las puertas a Turquía. El invento del euro, por lo demás beneficioso para España (todo sea dicho) es una muestra más, lo mismo que la capacidad para manipular cifras de déficit y paro, o de imponer medidas a los países sureños, tan mal vistos por la opinión pública de esos países.

En cuanto a Francia, y Reino Unido, la UE ha evitado un conflicto actualmente, entre muchos posibles, materializando su función de límite a los conflictos entre países europeos. El interés interesado, y nada comunicado, de Sarkozy y Cameron por los pozos petroleros de Líbia choca frontalmente con las prerrogativas que tuviera Italia sobre el territorio, como antigua metrópolis. La consideración de la UE como “enano político” permite que existan intereses contrapuestos dentro de la propia Unión, pudiendo decirse que la misma, tiene como gran éxito en su palmarés ser capaz de fagotizar eventuales conflictos entre Estados europeos.

La perversión de los medios: los goles de Raúl y el español en la escuela pública catalana.

La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”. Así comienza la célebre obra de Jean-François Revel: “El conocimiento inútil”. La cantidad de información que tenemos a nuestra disposición es algo más que exorbitante y excesiva. Más allá de saturarnos de conocimientos, fomentando la creación de opiniones propias, los medios de información se han convertido en instrumentos de poder y sujeción más efectivos que las propias armas. La mentira, dice bien Revel, es la gran fuerza que mueve la opinión pública, y por ende, la conciencia ciudadana global. Les pondré un ejemplo.

Ayer mismo, mientras cenaba, tuve ocasión de leer el siguiente titular en las noticias de TV3 (canal autonómico catalán), algo así como: “el Tribunal Superior de Justicia impone el castellano en las escuelas”. Este titular nos remite al franquismo, al gran ogro interiorizado que siempre es efectivo entre la población. El titular, del todo incierto y manipulador, poco tiene que ver con el titular que pone el mismo canal en su web, mucho más conforme con la realidad de los hechos: “El TSJC da dos meses para que el castellano también sea lengua vehicular en las escuelas”. Que un ente de comunicación público utilice discursos tan diferentes (en uno habla de “imponer”, en otro de “compartir” la consideración de lengua vehicular, todo ello conforme con una sociedad bilingüe) nos da un buen ejemplo de la afirmación, por lo demás exacta, del gran Revel.

Los medios de comunicación tienen una gran potencialidad para dañar la convivencia y manipular la opinión pública, tanto activa como pasivamente. Desconozco si fue esa la finalidad de quienes lo propusieron, pero no deja de ser impertinente que Raúl (el célebre exjugador del Real Madrid) haya sido finalista del premio Príncipe de Asturias de los Deportes (uno de los premios más relevantes mundialmente, tras el Nobel, y a mucha distancia). En un paradigma donde impera el fútbol de la factoría blaugrana, donde los jugadores insignia, tanto del Barcelona como de la Selección Española, son Xavi e Iniesta, no deja de ser una provocación honrar al jugador que, precisamente, dejó la Selección Española (por no ser llamado, no por voluntad propia) justo antes de que ésta, con Luis Aragonés como Seleccionador, empezara a ganar títulos.

Lo digo y lo reitero, las contingencias partidistas en el mundo del fútbol son mucho más efectivas, para mal, entre la población, que los mitines de partidos secesionistas. Un partido Barcelona-Real Madrid con medidas arbitrales claramente a favor de los blancos en vísperas de una elecciones catalanas bien puede incrementar, más que notoriamente, el porcentaje de votos independentistas. Me pregunto si mi psique animal, su parte tribal e incontrolada, no hubiera sido capaz incluso de plantearse la independencia si le hubiera sido concedido el Premio Príncipe de Asturias a Raúl... Confio en que mi parte racional me hubiese frenado en un pensamiento tan calamitoso.

Un lugar cercano tras Laponia: la España despoblada.

Una pequeña vuelta por Francia rápidamente nos muestra cuál es una de las mayores diferencias entre los países galo y español. Desde Perpiñán, Francia es un país en “tela de araña”, la población se halla dispersa por todo el territorio, habiendo sólo una gran metrópolis, París, 2-3 ciudades grandes (Lyon-Marsella-Lille) y un gran tejido rural con una densidad de población aceptable. En Francia la agricultura “da de comer”. No es extraño ver a franceses que viven rodeados de vacas y hortalizas, conectados a intenet con la mayor velocidad y con un gran supermercado a una distancia más que razonable. La vertebración, que no integración, del territorio en Francia creo que es un éxito.
España, por contra, es un país de ciudades y páramos. Tenemos una gran metrópolis cada vez más cercana a París y Londres, Madrid, una gran urbe metropolitana con cuasi la misma población y mayor potencial industrial y turístico, como es Barcelona, y “muchas” ciudades-áreas metropolitanas que superan con creces el medio millón de habitantes: Sevilla, Zaragoza, Valencia, Bilbao, Gijón-Avilés-Oviedo, Elche-Alicante-Murcia, Málaga... Junto a estas grandes urbes no tenemos más que campos despoblados donde la gente apenas puede medrar con la agricultura y la ganadería y donde las comunicaciones, sea por internet o carretera, son precarias. España, país “potencia” en cuanto a extensión de territorio, sin embargo, es capaz de tener una región, la Celtiberia histórica, que se aproxima a Laponia en cuanto a densidad de población...

La zona que engloba, Soria, la mayor parte de Guadalajara y Zaragoza, Teruel, sur de Burgos y de la Rioja y Cuenca es una de las zonas menos densamente pobladas de Occidente. No hay ninguna gran urbe y las carreteras son precarias. La producción agrícola, además de ser difícil por lo extremo del clima (con oscilaciones térmicas propias de Siberia) es poco fomentada por la UE, que parece estar más pendiente de los agricultores franceses. Vivir en Molina de Aragón, Anguita, Ateca, Cervera del río Alhama, Coruña del Conde o Tarazona es, cuanto menos, arriesgado socialmente. Uno tiene que resignarse a tener a la “civilización urbana” a una cierta distancia, sin supermercados próximos, sin grandes centros de comercio, industrias, cines, parques de ocio o, por así decirlo, fuentes de progreso. España no puede entrar en una carrera espacial o de lucha por el Ártico o el Antártico... ¡bastante tiene con “repoblar” la Celtibera!

Imágenes:
1) Bandera turca gigante fotografiada desde el Bósforo (foto del autor).
2) Sculpture: Kommunikation (1986) by Heinrich Brockmeier in Herten/Germany (Commons).
3) Molina de Aragón (foto del autor).

domingo, 29 de mayo de 2011

Si me dejaran a mí...

Es todo un tópico escuchar en bares, reuniones familiares o cafés entre universitarios inquietos, la expresión “si me dejaran a mí”. Jugando con lo improbable de que ello suceda conmigo, aunque bien pudiera ofrecer estas ideas, siempre con rigor propio, y ninguna jocosa indirecta, me gustaría establecer el croquis de lo que sería, a mi ojos, un nuevo y próspero Estado. Sin buscar polémicas nacionalistas, lo primero que haría sería suprimir la actual división autonómica, paliando el centralismo exacerbado de Madrid.
- Estructura territorial y economía: creo en la autonomía financiera, si bien, no en los términos que se proponen desde el gobierno de CiU, por ejemplo. Mi idea sería la de un “Estado ibérico” en el que se ofreciera la entrada a Portugal. Un Estado donde todos los ciudadanos fueran iguales en derechos y obligaciones, y sobre todo, en oportunidades. Me imagino un gran Estado (mayor que Francia y próximo a Alemania en población) donde las administraciones fueran eficientes. ¡Adiós a Autonomías, adiós a provincias y diputaciones! La nueva “Ítaca” con la que yo sueño, es hasta cierto punto “independentista”.
Me imagino un Estado con “tres capitales” (de forma semejante a Holanda). Veo en mi sueño una gran Madrid, junto a una gran Barcelona (y Lisboa). Madrid continuaría siendo la capital oficial, cediendo organismos importantes a ambos ciudades (Ministerios de Economía y Industria, CNMV... por ejemplo, para Barcelona, Ministerios de Exteriores y Defensa para Lisboa). Una España (aunque quizá fuera mejor cambiarle el nombre por Iberia, de entrar Portugal), donde no hubieran transgresiones de la realidad, ni manipulaciones políticas territoriales interesadas (véase la actual Marina y museo anexo en Madrid...).
Me imagino un país donde las estructuras territoriales fueran:
- un Estado fuerte: con competencias exclusivas en la cuasi totalidad de temas generales.
- grandes, y hasta cierto punto independientes, corporaciones metropolitanas.
- programas de incentivo fiscal y fomento serio de las grandes extensiones rurales (que son más de las tres cuartas partes del territorio).
Un uso de la máxima que “el poder más cercano haga lo que hasta ahora hace el más lejano”, impondría un sistema de poderosas corporaciones metropolitanas, próximas al ciudadano. El sistema del concierto económico quedaría absoleto, pues estas ciudades tendrían autonomía financiera plena, vigilada, y siempre con la obligación de hacer cesiones para el fondo común estatal. ¿Por qué tienen que haber Autonomías y Diputaciones que entorpezcan u ocupen compentencias que mejor gestionarían los ayuntamientos? Fíjense en los casos alemanes de Bremen o Hamburgo.
Esas administraciones de nueva planta serían, las corporaciones metropolitanas de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Tridente asturiano (Gijón-Oviedo-Avilés), Tridente de Levante (Murcia-Alicante-Elche), Bahía de Cádiz (Cádiz-Jérez-San Fernando-Puerto de Santa María) Valladolid, Palma de Mallorca, Tarragona-Reus y Vigo-Coruña (por ejemplo). Por poner el ejemplo más cercano, las necesidades de Barcelona, Hospitalet, Mataró o Sabadell, poco o nada tienen qué ver con las de Solsona o Balaguer. Estas grandes urbes podrían tener competencias normativas en exclusiva sobre los problemas cotidianos de la ciudadanía, el establecimiento de comunicaciones, urbanismo... etc.
Dentro de esta gran dispersión, quizá algo caótica, de soluciones que os propongo, estaría establecer un concierto económico, incluso una política de supresión de algunos impuestos, no para zonas prósperas como el País Vasco o Navarra, sino para zonas deprimidas por el tiempo y los cambios económicos. Me estoy refiriendo, por ejemplo, a la “Celtiberia histórica”: Guadalajara, Soria, Teruel, zonas de Calatayud, Tarazona y Daroca, Cuenca y Burgos. De fomentar una política fiscal sumamente atractiva, como se hace en el País Vasco, podría fomentarse la repoblación y el establecimiento de algunas empresas.
Por otra parte, España debiera acabar de dejarse de prejuicios y fomentar los tres grandes pilares en los que puede llegar a ser “potencia mundial”: sistema de salud e investigación en el campo, turismo y energía (explotación en masa, no tanto de los feos molinos de viento, como de las placas solares).
- Cultura: obviamente, un Estado que cambiaría a los “chorizos” por sabios velaría por los derechos culturales de las minorías catalana, vasca, gallega, valenciana o balear, incentivando el estudio de las diferentes culturas, mismamente españolas, en todo el Estado (aunque nunca obligatoriamente fuera de los lugares propios). La lengua debe ser alzada al lugar que le corresponde, el instrumento más importante jamás inventado por la humanidad, donde lo que importa es “el contenido” y no los signos vocales con los que se exprese. El catalán es una de las lenguas europeas, con varios millones de hablantes-conocedores, peor tratadas.... y todo por manipulación política.
- Derecho: abogaría por acabar con los vetustos y decimonónicos códigos legislativos actuales (también los forales) y abogaría por nuevos códigos, modernos y con mínimos, que trataran los temas genéricos, dejando las especialidades y aplicaciones más directas a los nuevos “entes” territoriales que yo propongo. Obviamente, las regiones históricas podrían tener comisiones que velaran por sus particularidades jurídicas, sin necesidad de haber “las mil y una leyes” para decir cosas semejantes (con diferente expresión).
- Reformas más importantes: el establecimiento de una Ley Electoral que velara por el derecho de que cada ciudadano contara como un voto. La racionalidad de las personas (a veces ausente) y la de los políticos (pocas veces presente) debieran ser suficientes como para garantizar los derechos de los territorios menos poblados. Ningún ciudadano de una gran capital va a negarle un ambulatorio o una mejor carretera a un pueblo...
Algunos cargos públicos debieran exigir requisitos, incluso una oposición. El Ministro de Economía, por ejemplo, debiera ser un empresario de éxito o un Catedrático de prestigio internacional.
Reflexión final: ante lo “heterogéneo” de estas propuestas, quisiera que pudiéramos debatir si algunas de ellas no tendrían sentido. Todo lo inventado antes fue soñado, todo lo mejorado, propuesto.

viernes, 6 de mayo de 2011

Por la radio te escuché

Ha sido una mañana cálida y luminosa, como ya es menester que lo sea habiéndose entrado en el mes de mayo. Conductores irreverentes ante los pasos de peatones (salvo que éstos estén sobre “jode-amortiguadores”), inmundicias caninas, vecinos “cívicos” que lanzan su bolsa de la basura a la papelera... todo ha sido cotidiano, maleducadamente normal, hasta que, como cualquier otra mañana, encendí la radio.
Haciendo uso de esa libertad de escucha, que nos permite seguir cualquier programa radiofónico (por tendencia o ideología que tenga), he puesto ONA FM. No me ha importado intentar alegrarme estas primeras horas del día con un programa de “humor”, y dejé puesta esta emisora (por lo demás, totalmente ausente de entre mis favoritas). Nada excepcional, salvo las típicas bromas chabacanas de costumbre, hasta que pude escuchar, eso sí, “en tono de broma”, hablar del barrio de “La Mina” de Sant Adrià del Besós como de un barrio de putas, gitanos y yonquis jeringueros. Para mi sorpresa en aquel instante (que no en lo general) he podido escuchar como ello, con extrañas bromas y gracias impertinentes, se iba ligando hasta conducir el discurso, más ofensivo que satírico, hasta la Feria de Abril de Cataluña (sita en el parque del Fórum de Barcelona).
Aún siendo de sangre en mitad andaluza, nunca he seguido con devoción las laicas Semanas Santas y “Madrugás”, ni tampoco esos actos de “devoción” rociera, que alcanzan la consideración, en no pocas ocasiones, de bacanales mediáticas. Todo ello me parece tenedor de un toque “algo rancio”, como todo lo folclórico, pero sin embargo, lo respeto, aunque pueda criticarlo en ejercicio de la libertad de expresión. Lo que no me podía haber figurado es que en ese programa, cuyo nombre no publicitaré, se iba a reír uno a costa de “lo mismo”: señores y señoras con acento andaluz en pleno ejercicio de su libertad de expresión cultural.
No sé si será porque los genes hablen, o porque procuro tener un sentido, en intención noble, de la existencia humana, me ha parecido de dudoso gusto acusar a un barrio de “jeringueros” o a una feria folclórica con todos los calificativos usados en tal emisión (por más que fuera en tono de sátira). La alta densidad de insultos y groserías empleados en el programa me confirmó que me hallaba ante un claro ejemplo de cómo la radio “es más libre” que la televisión, también en un sentido peryorativo. Quizá desde una óptica de “ciudadano cabreado”, comienzo a ver que este fenómeno se está convirtiendo en algo común en buena parte de los programas “de humor” realizados por ciertos medios. Mal el programa de ONA FM, mal las continuas gracias de “APM” (de TV3) en relación con el programa (ciertamente trasnochado) de “Juan y medio” en CanalSur.
Ciertamente en España tenemos problemas serios de modernidad. Es cierto que no podemos poner mayores tenderetes en actos folclóricos como la Feria de Abril que en actos plenamente culturales como Sant Jordi (hasta el momento menos pervertido que la Diada “nacional”). Pero también lo es que no podemos crear una sociedad, la catalana, donde las gracias sean siempre “con lo mismo”. En mi opinión, una sociedad claramente diferenciada del resto del Estado, como es la catalana (ni que sea por la tenencia de una lengua endémica), no puede centrar sus bromas en anticuallas folclóricas, ni mucho menos en el insulto a barrios con fuerte inmigración nacional e internacional. Centrarse en la risa respecto a lo ajeno muestra las carencias de lo propio.
La infame, y ofensiva, emisión radiofónica ha venido a coincidir con unas semanas de alta tensión interterritorial. Dejando temas realmente importantes, como la legalidad o no de BILDU, por ejemplo, la actualidad nacional se ha centrado en los cuatro choques entre Barcelona y Madrid. En este caso, no sólo radio, sino también televisión, internet y diarios, se han apuntado a la “moda” de mezclar churras con merinas, fútbol con conspiraciones y políticas. Y es que las acusaciones e insultos públicos desde parte de la población de un territorio a la de otro se están, no sé si generalizando o consolidando.
Comienzo a creerme lo de que la Crisis en España es de valores y educación, más aún que económica. Curiosamente, son los nacionalistas de uno y otro lado quienes más participan de ello. Sea con motivo del fútbol (“triki-atrakas” y conspiraciones de Unicef) o con insultos hacia manifestaciones folclóricas, festivas, que de no gustar siempre pueden no ser visitas.

sábado, 29 de enero de 2011

España: unidos en la diversidad.

España es un sujeto con sendos problemas de personalidad. Buscando su identidad se sumerge en un océano de prejuicios, que enfrenta a sus partes y no fomenta la razón en “el todo”. Como prototipo de inseguridad, España busca símiles con el resto de naciones. Quién sabe si por falta de autoestima o por psicópata manía, España es rica en copias baratas, piratería institucional que se manifiesta en toda una gama de “trasplantes” de difícil asimilación patria. Ora con base a la filosofía germana, ora con la idiosincrasia francesa, España es capaz de acoger una institución austriaca (como el Tribunal Constitucional) y al mismo tiempo un Código Civil de clara simetría napoleónica. El núcleo duro del funcionamiento nacional es una simbiosis de instituciones foráneas. Cual ejemplo de internacionalismo, España se obceca en soluciones consolidadas en vez de regocijarse de sus propias posibilidades como realidad diversa.
Recientemente, ha vuelto con especial fuerza el “debate territorial” que opone a “nacionalismos periféricos” y “nacionalismo centrípeto, o centralizador”. Declaraciones como las del antiguo Presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, no sirven más que como réplica a las realizadas por otros políticos, como el ex-Presidente del Gobierno, José María Aznar. Más allá de citar a Pla y considerarse heredero de los “grandes políticos” de la Cataluña de principios del s. XX y finales del s. XIX, Aznar, como el resto de españoles, debe reflexionar, con afán de objetividad, en torno a ese “todo” que es España, y esas “partes” que le sirven de sustrato. Sin esconder mi posición favorable a la integración de Portugal en un mismo Estado, sería interesante comenzar a despejar variables e incógnitas, dando a España el reflejo diverso y multicultural que le caracteriza.
Desde Madrid se tiende a hablar del “modelo francés” como un ejemplo de eficiencia. De clara herencia borbónica, la idea de construir una gran capital que eclipse al resto de ciudades hispanas es una de las grandes constantes en la historia española de los últimos siglos. El modelo radial de nuestras comunicaciones (obviando al “Corredor del Mediterráneo”, por ejemplo) es una de las herencias que ello ha comportado, con todo el daño identitario que la idea ha provocado.
Puestos a citar declaraciones de reconocidos políticos nacionales, no quisiera olvidar las recientes palabras dichas por el actual Presidente del Congreso de los Diputados (anterior Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-la Mancha). Hablaba, con su habitual socarronería, del “problema” que en su momento tuvieron con la necesaria elección de una capital para Castilla-la Mancha. Al no haber un “configuración histórica”, ni una consolidación económica como unidad, debió de esgrimirse un criterio, tan débil en la práctica, como es el de haber sido anterior capital del Reino Visigodo y capital del Imperio Español con Carlos V, para elegir a Toledo como lugar en el que situar el Parlamento autonómico de Castilla-la Mancha.
Si a alguna reflexión generalizada se está llegando, es a la de que la época del “café para todos” se está acabando. Indicadores sociales, económicos, culturales... e incluso sentimentales, nos muestran que existan más bien pocas regiones con autonomía e identidad histórica suficientes para justificar su autogobierno y descentralización. En verdad, estas regiones, para algunos “naciones”, son dos: País Vasco - Navarra y Cataluña.
La hegemonía de París dentro de un Estado con capital clara y hegemónica no se da en España. Hasta hace bien poco la industria española se “centralizaba” en la periferia, fuere en Barcelona, en Sabadell, en Mataró, Eibar, Sestao o Portugalete. La existencia de industrias periféricas, obviamente, condujo al nacimiento de grandes capitales periféricos, o lo que es lo mismo, poderosas burguesías periféricas. Centrándome en el caso que mejor conozco, por ser catalán, podría decirse que la historia del “catalanismo” es la historia de la burguesía catalana.
Es defendible, y a la vez legítimo, que la existencia de poderes centrípetos hagan que el poder centralizador entre en conflicto con parcelas de resistencia. Que se quiera imponer una decisión desde Madrid, o considerar que el Decano de un Colegio Profesional o el Director de un organismo deba ser, por naturaleza, aquél que ocupe el sillón del Manzanares, no sólo no es legítimo sino contraproducente. La España de los últimos tiempos ha realizado estas prácticas, y no es de extrañar que en contrapartida existan movimientos soberanistas, que se aprovechan del agravio de habitantes de ciertas regiones, sirviendo a los intereses reivindicatorios de las burguesías periféricas.
La diferencia no puede seguir mostránsose como lacra. Que en Euskadi sean “muy del Bilbao y de la Real Sociedad”, y en Cataluña “muy del Barça”, no deja de ser un síntoma muy gráfico de lo que en verdad sucede. Desde el momento en que se quiere imponer una visión egoísta y anómala de la realidad histórica española, como se viene haciendo en los últimos tiempos, se está justificando que surjan anomalías nacionalistas que hagan dudar a la población de conceptos tan importantes como son los de: “soberanía”, “Estado”, “libertad” o “Nación” (en un sentido liberal del término). Debemos acabar de construir “un Estado” y dejar el disfraz del “centralismo disimulado”. Debemos disfrutar de lo genuínamente propio, lo diverso, no copiando modelos que nos son ajenos.
Mucho daño fue el que produjo el Franquismo y toda la mitología a él aparejada. La época del “Imperio Español” no se caracterizó precisamente por el centralismo (impuesto por los monarcas borbones tras la Guerra de Sucesión). España nació como una unión de reinos, no como producto de conquistas ibéricas. El prisma capitalino, que busca sus símiles con París, se está demostrando que no es sentimentalmente válido. Debemos comenzar a pensar que la Reconquista no empezó sólo en Covadonga y que algo tuvieron que ver, también, los francos de Carlomagno en Cataluña. Debemos darnos cuenta de que el Castellano es nuestra lengua común, pero que existen otras lenguas de necesaria preservación, como el catalán o el gallego. Muy gráficamente... ¿Nadie ha pensado que "la Valencia" del Cid fue una entidad autónoma? ¿o que si Nápoles fue española en algún momento fue "por culpa" de la Corona de Aragón, que no por Castilla?
Precisamente la cuestión lingüística es una de las más espinosas. No sólo desde el centro, sino también, y mucho, desde la periferia, se ha esgrimido como arma arrojadiza. Dejando al margen fueros, decretos, guerras y revoluciones, que el catalán sea una lengua “con poder” y fuerte protección, eficaz, se debe más a la existencia de una burguesía con capital que a batallas heroicas. Lo que diferencia a la lengua catalana, o uno de los factores que más lo hacen, del bable o el aragonés, es la existencia de una clase social poderosa que la ha preservado. La literatura catalana oficial es la que ha seguido el camino que va de La Renaixença a Pompeu Fabra, pasando por el Noucentisme (todos, movimientos burgueses).
Con Fabra como máximo exponente, la creación de una lengua “científicamente separada” se ha utilizado en política. Importando poco que el castellano y el catalán (sobre todo el de ciertas regiones limítrofes, véanse Valencia o Lérida) se parezca tanto. Es algo, precisamente no poco similar, a lo ocurrido con el italiano, tan parecido al castellano en su versión napolitana, pero diferente del oficial, impuesto desde el norte.
Los cantos de “viva España” en el Bernabéu cada vez que juega el Barcelona o algún equipo vasco, la negación de los vínculos del Real Madrid con la burguesía de Mataró que lo creó o las expresiones de “polacos”, “catalufos” y demás, poco ayudan. Reinventemos un país próspero antes de repartirnos la carnaza. Consigamos una España unida en la diversidad y no una crispación que beneficie a los cabecillas de entre las hienas.
Imágenes: Fíjense en el simbolismo que he querido expresar colocando dos cuadros de Tiziano (gran pintor "del Imperio") con sus obras: "Alegoría del Tiempo gobernado por la Prudencia" y su célebre retrato de Carlos V y un cuadro de Goya, "Duelo a garrotazos", tan idóneo para los tiempos actuales...

lunes, 29 de noviembre de 2010

Crónica de una socialista muerte anunciada.

"Nunca se miente tanto como antes de unas elecciones, durante una guerra y después de una cacería" (Otto von Bismark)
Leía por Facebook esta pertinente frase a un buen amigo. La idoneidad de la reflexión no podía ser mayor. Efectivamente, en las elecciones al Parlament de Cataluña de ayer se mintió, y créanme, no mucho más que en cualquier otro comicio. Los partidos mintieron con sus propuestas, no variando en su esencia, mintieron durante las elecciones (filtrándose informaciones poco corteses) y, por último, están mintiendo en sus referencias al valor de las “presas cobradas”. Resistiéndome a pensar en un vaso ni medio lleno ni medio vacio, la Cataluña representada hoy en el Parlament (que no exactamente la realmente existente) es un jarrón con más agua y una misma grieta.
- CiU ha ganado con holgura las elecciones. Su victoria es incuestionable. En Barcelona capital ha machacado al PSC (partido en el gobierno, tanto autonómico como local), en Badalona ha superado a los socialistas igualmente y en Hospitalet, sin llegar a los resultados del PSOE (que no tanto del PSC, cuanto menos en finalidad del voto), se ha acercado a los resultados de CiU, cosa totalmente inaudita e impensable en circunstancias normales. Que nadie llegue a equívocos, el Cinturón metropolitano no es hoy más nacionalista, ni tampoco más soberanista, simplemente, o se ha abstenido (cifras preocupantes en las grandes urbes) o, simplemente, ha condenado la labor de socialistas, tanto en Cataluña como en el resto de España. Mas deberá tener en cuenta “lo transversal” de su resultado, y no creer en una Cataluña mayoritariamente nacionalista tanto como en una Cataluña manifiestamente contraria a experimentos democráticos como los del Tripartito.
- El PSC ha recibido un “huevazo”. Más allá de lo condenable del acto, jamás un titular podrá resumir tan sucintamente lo acaecido en la calle Nicaragua. Un PSC de “varones burgueses” ha visto expirar su época. El “catalanismo pro nacionalista” de algunos sectores del partido va a verse superado por la realidad. El discurso del próximo candidato, al igual que ha pasado con el PP (más “en las formas” que “en el fondo”), deberá asemejarse más a posiciones defendidas por C´s. El electorado metropolitano ha pasado de más encandilamientos, el PSC deberá trabajar en la “Reconquista electoral”. Urge sangre nueva.
- El PP ha sido el gran triunfador en términos relativos. Cierto es que su éxito se debe más a un despilfarro electoral totalmente desproporcionado con su anterior representación parlamentaria (y aún con ésta), a una pésima gestión del Gobierno Montilla y a un desgaste, cada día más notorio, del Gobierno de ZP. Ha sido, en no poca medida, el triunfo de “una marca blanca” de C´s, partido al que ha copiado buena parte de su novedoso discurso (a excepción de lo económico y social). Al igual que en el caso de PxC, el PP ha sacado rédito electoral de la inmigración.
- ICV se ha confirmado como el partido con un electorado más fiel. Cualquier retroceso de voto es coyuntural. Es, sin lugar a dudas, uno de los partidos que mayormente ha defendido “su esencia”, no aviniéndose a experimentos novedosos. Se mire por donde se mire, su moderada caída es una manifestación de que no sólo por haber erosionado al Tripartito ha ganado CiU. Es el partido-bandera del que podía haber sido un tercer Tripartito.
- ERC ha sido la gran perdedora. Cierto es que CiU ha fagotizado buena parte de su electorado, pero no lo es menos que han hecho “mayor sangría” los pequeños partidos populistas de Laporta y Carretero. Pese a discursos inapropiados e insultos por parte de sus dirigentes (véase Puigcercós frente a Andalucía), ERC ha sacado un resultado mucho peor que el que merecía. Siempre ha sido el “independentismo responsable” (aunque la expresión en sí misma sea una contradicción), ahora se enfrenta a una etapa difícil.
- Laporta ha llegado al Parlament dando ejemplo de cómo los “métodos Berlusconi” son extrapolables a España (populismo, corrupción, sexo y baños de champán, que no siempre de cava). Su discurso radical, sin mayor programa electoral que proponer una imposible independencia, ha calado entre las mentes más radicales. El sistema electoral basado en el Sistema d´Hondt ha dado más escaños a su partido que a C´s, aun contando con muchos menos votos. En un sistema equitativo, posiblemente Laporta no habría salido o hubiera tenido mucha menor representación parlamentaria.
- C´s es el partido sobre el que, no sólo por simpatía, pueden hacerse mayores reflexiones. De sugerirse una frase-resumen, ésta pudiera ser “C´s ha cobrado el seguro”. El partido, no sólo anti nacionalista, ha conseguido los resultados que cualquiera de sus dirigentes hubiera firmado hace muy poco tiempo. Pese a los continuos ataques de los medios de comunicación, y con una campaña, la única, realmente austera, C´s se ha consolidado en el Parlament, consiguiendo un número de votos que supera con creces los obtenidos en la anterior ocasión (muy especialmente en “el resto de Cataluña” y no sólo en el área metropolitana). C´s ha obtenido unos estupendos resultados en lugares como el Valle de Arán o La Seo de Urgell. Ciutadans ha conseguido convertirse en la primera fuerza parlamentaria, menor, que resiste a una segunda elección parlamentaria. Destaca, y no poco, la entrada en el hemiciclo de un hombre de la talla política, y también intelectual, de Jordi Cañas. Pesa, y mucho, la injusta ausencia de Villegas, real ideólogo del “éxito ciudadano”. Además de sacar menos votos que Carmen de Mairena, UPyD, con casi total seguridad, ha conseguido quitar un escaño a C´s, Robles dormirá más tranquilo en lo que a ello respecta.
* El vídeo promocional más conocido de Laporta...

miércoles, 20 de octubre de 2010

Guarra

Era una tarde cualquiera de octubre. El tren de Cercanías Renfe (Hospitalet-Mataró) realizaba su periplo habitual por la costa del Maresme. En aquella ocasión había sitio donde sentarse. La gente estaba absorta en el viaje, unos pensando en qué les esperaría en casa después de un largo día de trabajo, otros, en cuál sería el resultado del próximo partido del F.C. Barcelona. Nada era diferente en la más absoluta normalidad; en mí sólo era especial el pensamiento que me corría por la mente, refiriéndose a la chica que descansaba sus pies sobre el asiente de enfrente.
“Guarra”, ese adjetivo me vino rápidamente a la cabeza. Era curioso ver que ni tan siquiera me había fijado en sus rasgos, en su cara o pechos, sólo me interesaba aquel comportamiento simiesco, aquellos ademanes de aberrante prepotencia. Sin cuidado reposaba las suelas de sus extravagantes bambas sobre el asiento, mientras, aparentando ser recatada, se maquillaba. “Guarra”. La chica parecía contestar a mi indiscreta mirada con un habla ocular que se preguntaba el por qué de mi vigilancia. “Guarra”. No me importaba que mis ojos se cruzaran con aquel espécimen de fauna patria; mis ansias de denuncia deseaban ser rebeladas. Aquella guarra figura continuó con su acicalamiento. Llamaba al móvil y mi mirada seguía fija en ella sin anhelo alguno de sensualidad. Mis ojos eran furia contenida, pensamiento político que reflexionaba sobre los por qués de nuestra falta de educación como civilización.
Me imaginaba, siempre vestida, a aquella chica espatarrada en el sofá de su casa, o mejor aún, en el viejo sillón de su abuelo. Me la imaginé restregando sus zapatillas deportivas por los diferentes muebles, cual gata, cual animal. Reflexionaba sobre los motivos que podrían esgrimir aquellos que siempre intentan parecernos a Dios, y no a los animales. “Guarra”. La chica me parecía morsa sin estar en carnes, cabra, mono y cerdo, sin mayores semejanzas aparentes que su conducta.
El tren estaba llegando a mi destino, y la guarra conocida parecía que iba a bajarse en mi estación. Mi mirada observó cómo quitaba los pies del asiento, y no lo limpiaba ni con la mirada. El desprecio de aquél que pisa una piedra, grande o pequeña, se desprendía de sus andares. De nada servía que el transporte fuera público, de nada servía que sus impuestos sirvieran para sufragar sus guarros caprichos. Salí de la puerta del tren y me planteé si no teníamos la culpa la gente que, cada día, vemos a alguien pisando nuestros asientos y no decimos nada. Me pregunté si no quedaba nadie en este país que supiera distinguir la educación del mal gusto.
No hay duda de que el hombre es un lobo para otro hombre, y que lo malo es lo que nos sale inherente por naturaleza. ¿Cómo no fomentar la educación y las buenas costumbres si la “libertad frente a educación alguna" nos conduce a lo malo de nuestra naturaleza? La guarra seguirá siendo una chica moderna, una rebelde sin causa. Los trenes continuarán llevando en su seno a hijos bastardos de nuestra cultura. Espero equivocarme, pero... ¿no hay más Crisis en las gentes, en los valores de toda persona, que en la Bolsa?

domingo, 3 de octubre de 2010

Caminos del Poder

“There are no better civilizers than roads” (Lord Roberts)
La mayor parte de la población relaciona a Roma con los gladiadores, las legiones, los anfiteatros y las grandes bacanales. Poca será la gente que asocie la palabra “Imperio Romano” a “calzada”, binomio clave si queremos valorar, como se merece, el auge de la mayor potencia que haya conocido Occidente. Ciertamente, los caminos son excelentes civilizadores. Sin caminos no hay comercio eficiente que valga, ni tampoco intercambios culturales. Fueron sus numerosas calzadas las que alzaron en palio al pueblo romano. Su lengua y cultura no se impuso tanto por las armas como por la excelencia de llegar a través de grandes vías. Poner en comunicación es fomentar el intercambio. Cuando dos visiones se nutren, la una a la otra, surge una nueva visión, mucho más perfeccionada, ello es matemática vital y Roma bien lo sabía.
Hasta los tiempos recientes, las vías romanas han sido la base de las comunicaciones en España. Ni tan siquiera en tiempos del otro gran imperio europeo, el Español, hubo una red de comunicaciones que le llegara a parangón alguno. Fue con el proceso de “modernización borbónica” del siglo XVIII (punto máximo del arcaísmo hispano) que se inició un nuevo proyecto de construcción de vías de comunicación, a la postre muy defectuoso. El modelo quiso ser, no tanto una expresión mejorada del ingenio romano, sino una copia, defectuosa, del absolutismo francés. El poder único del monarca debía manifestarse en todo lo terreno, incluidas las comunicaciones. Lejos de fomentar la mejora de las carreteras en las zonas más densamente pobladas (Andalucía y Levante) se quiso crear una ciudad hegemónica por encima de todas: Madrid.
La herencia de esos tiempos sigue estando presente. Con notables excepciones (véase la primera línea férrea en España: Barcelona-Mataró (capital industrial del textil en aquella época), que sigue siendo una de las únicas que generan beneficios) las mayores inversiones siempre quisieron hacerse en tierra del Poder centrípeto. “Hazañas” como el tren Madrid-Aranjuez (del todo descabellado) se realizaron antes que las comunicaciones entre Sevilla y Cádiz o entre Valencia y Alicante. En vez de seguir criterios económicos, por ende, de optimización, se crearon líneas "tan curiosas" como la Aranjuez-Tembleque (1853) o Aranjuez-Toledo (1858).
Gracias a una, por lo demás tardía, industrialización de Cataluña y las Vascongadas, España suspiró, quién lo iba a decir, gracias a la periferia. El eje marítimo "Islas Británicas – Bilbao" y el eje pro-europeo "Barcelona – Pirineos", hizo que España se beneficiara de la existencia de otras vías que no pasaban por Madrid. Las inversiones en estas dos regiones comenzaron a hacerse indispensables, España estaba progresando, poco a poco, pero gracias a aquellas regiones donde habían menos aristócratas y mayor contacto con las nuevas tendencias.
La genuina España castellana, de las maravillosas urbes, aún hoy en día, de Medina del Campo, Lerma, Alcázar de San Juan o Medinaceli pasaron de ser las ciudades del Imperio a lugares donde residían unas adineradas casas nobiliarias. Aquellos que se repartieron el Nuevo Mundo a su merced (Alba, Medinaceli, Medina-Sidonia...) no apostaron por una modernización que sí se había producido en otros países. Cataluña, con grandes puertos y mejor tradición comercial, prosperó virtud de la iniciativa privada, la misma que podría haber encumbrado a la bahía de Cádiz o al eje mediterráneo (Alicante-Valencia-Barcelona), de no ser por las “mejores” iniciativas de las clases gobernantes.
Nadie hizo patriotismo, pues la política es siempre interés. Cataluña y País Vasco progresaron gracias a unos factores (geográficos, demográficos y sociales) y no por meras ideas idílicas de sabios dirigentes. Madrid tuvo la suerte de formar parte de un proyecto de pasado, ya carcomido por la decadencia hispánica, y poder disfrutar de severas inversiones. Las consecuencias de ello seguimos pasándolas, no por culpa de Madrid, sino por culpa de quienes no supieron ver que Zaragoza estaba bien situada (ahora se está construyendo la mayor plataforma logística de Europa) o que la bahía de Cádiz era fundamental para el tráfico con América y Norte de África. No es de extrañar que esta visión histórico-centralista colaborara a generar una visión, no menos imaginaria y manipuladora, como fueron los nacionalismos periféricos. Los agravios entre unos y otros dejaron al grueso de España en la picota, sin fábricas ni progreso.
Para un viajante extranjero, sigue siendo escandaloso que las mejores comunicaciones nacionales no sean las existentes entre Barcelona y Madrid. ¿Se ha preguntado alguien por qué la N-II no es la carretera que recibe mayor inversión? ¿Qué hay de las líneas de mercancías entre Madrid y el corredor del Mediterráneo? Es obvio que la Madrid actual, aún siendo cabeza de Estado un Borbón, ya no es “borbónica”, y que ha caído en la cuna de la modernidad, con grandes multinacionales y amplitud de miras. Sin embargo, sigue siendo peligrosa la desconfianza que se genera desde el centro hacia el exterior: obviando que el progreso es buscar lo más eficiente, y no lo más cómodo o adecuado a unas ideologías imperantes.
Se puede, y en mi caso estoy, de acuerdo con varias tesis del centralismo. Nadie se negaría a que El Prado no deba estar en Madrid, o que la final de un hipotético gran acontecimiento deportivo no tenga que ser en la Capital, sin embargo, no podemos dejar de ver que existen ejes de inexcusable fomento. Me refiero al eje mediterráneo, efectivamente, pero también a la mejora en las comunicaciones en la antigua “Vía de la plata” y la reactivación del trinomio: Avilés, Gijón y Oviedo (una de las mayores áreas metropolitanas del país con casi un millón de habitantes). No se puede defender el centralismo en una cuestión y no fomentar que un joven pueda ir a la capital, por poco precio, a ver dónde se invierten los fondos "de todos". Definitivamente, ir a Madrid debiera ser más barato, no generando agravios gratuitos por beneficiar a unos, y no a otros.
En conclusión, no debemos mirar los mapas con prejuicios, y sí con criterios de eficiencia. Los caminos siempre han sido progreso y civilización... ¿por qué se creen que los terroristas tienen tanto “empeño” con el AVE al País Vasco? ¿Puede haber algo peor, más “asimilador”, que una rápida conexión con Madrid? No es que los imperios sean progreso, pero sí las comunicaciones que a lo largo de la historia han construido. Si la Unión Europea quiere ser grande... deberá invertir aún más en vías y menos en agricultura. ¡Vivan los caminos y carreteras, sean en piedra o versados por Machado!
Sobre las próximas inversiones que realizará el Gobierno en los próximos tiempos: ver estos enlaces:
1) Ponte Nomentano - a bridge on the Via Nomentana, Rome
2)Hodler - Tessiner Landschaft - 1893

domingo, 19 de septiembre de 2010

Barracudas sociales

Artículo publicado en El Reformista: Periódico Liberal
Nos acercamos a las próximas elecciones al Parlamento Autonómico catalán, y una baja participación en los comicios parece ser que se confirmará, una vez más, el próximo 28 de noviembre (día del F.C.Barcelona – Real Madrid). Lejos de preocupar en exceso, la falta de participación se antoja como un beneficio, en parte buscado, para ciertos partidos políticos. Aquellos partidos con un electorado más disciplinado (generalmente los partidos nacionalistas) se ven beneficiados por la baja participación, más cuando, como bien se sabe, los simpatizantes de centro-izquierda (PSC y Ciutadans) son más propensos al “absentismo electoral”. Para los gorrones, “free riders” que dirían los ingleses, echar a las partes del organismo es ley de vida. Me explico.
Ya en la Edad de Oro de la literatura en lengua catalana, Francesc Eiximenis escribió acerca de la sociedad como un todo, como un cuerpo, donde cada parte del hombre figurado representaba un estamento, un sector de la sociedad real (los brazos eran los hombres de armas, los ojos y oídos, los jueces y oficiales). Todo está en perfecta armonía dentro de la ciudad ideal de Eiximenis. Más tarde, Thomas Hobbes tomaría un modelo similar, representado a su “leviatánico” Estado de una forma similar.
Sin querer emular la sabiduría del célebre gerundense, compararía la sociedad actual con un banco de peces. Dentro de él hay miles de individuos formando un sólo todo, por más que, en no pocas ocasiones, existan otros especímenes interesados en hacerles “romper filas”, y conseguir que el cuerpo único se desinfle, echando a la parte del organismo común. Estos individuos de malévolo propósito pudieran recibir el nombre de “barracudas sociales”, seres depredadores que intentan agujerear el cuerpo social, para sus propios propósitos. Gentes que, lejos de tener prejuicio alguno, se nutren de la desunión con el fin de alimentar una situación de privilegio (so pena de dañar a la representatividad real). Guste o no, hay a quien le gusta que el “banco” democrático esté disperso, que no todos formen parte del sistema electoral. Una participación masiva perjudica a los partidos del “establishment” político... ¿qué interés van a tener en promover la participación ciudadana masiva en las elecciones? Utilizar a la gente, sacándola del organismo democrático, es una forma de sujetar el Poder.
Recuerdo cómo uno de mis más entrañables profesores nos exhortaba en clases de Derecho Administrativo a que jamás dejáramos de participar en política, que no permitiéramos que la política no fuera terreno para las mentes más preparadas, dejando el paso libre a los interesados de turno. Ciertamente, suscribí esa afirmación entonces, y lo hago ahora. La participación política no sólo debe de manifestarse en las urnas, sino también en la participación dentro de los partidos políticos. El trabajo de militante debe de dejar de parecerse al del sindicalista (gente interesada por el ámbito público, desconectada de la realidad, y sin dar cuentas directas con el pueblo). Debemos adaptar nuestro sistema representativo a la cambiante sociedad que representa.
La regeneración democrática se hace indispensable. No sólo se requiere que el “banco” vuelva a funcionar, sino que lo haga antes de ser carroña para barracudas (algo que ya está sucediendo...). Hablar de política no puede llegar a convertirse en un “hablar de cosa ajena”, de “negocios de otros”. La “cosa pública” debe ser una parte de nosotros mismos, no podemos obviar que nuestra vida como animal social se basa en la convivencia, y sin política, ésta es imposible. Debemos volver al ágora de la oratoria, volver a vivir la política, participando en todo aquello que nos afecta.
Tal vez la falta de solidaridad social, el incivismo y demás actos vandálicos tengan algo que ver con ello. El Estado (o la Comunidad Autónoma, el Ayuntamiento o la Provincia), no es visto como algo propio de cada cuál, sino como un “individuo social” ajeno. Las propiedades públicas son sólo de los entes públicos (entes ajenos a nosotros), colarse en el tren es robar a Renfe, y no a cada cuál de los ciudadanos que con nuestros impuestos sufragamos las infraestructuras de este país... La desconexión entre realidad y urnas es flagrante. ¿Podrán ser capaces aquellos que se benefician (nuestras “barracudas”) de buscar una solución para el problema? Por mi parte lo dudo, pero no por ello dejaré de participar o hablar de política.
* Aprovecho para recordar a un defensor de la libertad recién difunto. ¡Descanse en Paz, D. José Antonio Labordeta!

sábado, 24 de julio de 2010

Reflexiones kosovares

Más allá de una eventual llegada del hombre a la Luna, del descubrimiento de la energía nuclear o del auge de la informática, con casi total seguridad, el descubrimiento del genoma humano es el hito científico por excelencia de nuestro tiempo, a la vez que filosófico. Este descubrimiento constituye, en sí mismo, un re-descubrimiento del homo sapiens sapiens como especie única. Atrás quedan las asimilaciones de los hunos de Atila con centauros, o de los pigmeos africanos con monos, la especie humana es una, por más que difiera en rasgos. Los movimientos de exclusión social de grupos “étnicos”, siempre políticamente interesados, no han sido inmunes a estos cambios científicos.
Sabino Arana, padre del Partido Nacionalista Vasco (PNV), examinó diferentes cráneos en busca de una “especificidad vasca” fundada en la diferencia racial. Xabier Arzalluz (conocido por sus simpatías juveniles con el movimiento hitleriano) daba eco en los años noventa de una investigación científica, a la postre defectuosa, que vinculaba a los vascos con un Rh negativo singular. Los motivos biológicos (las leyes “naturales” siempre han sido más inmutables que las “jurídicas”) siempre han sido buscados cual “Sagrado Cáliz”, pues, en sus sueños excluyentes, serían la pétrea base para una política de la diferenciación.
Dicho esto, la etnificación no es un fenómeno exclusivo de los tiempos actuales. Todos hemos oído algunos de los múltiples nombres de tribus bárbaras que otrora acosaron las fronteras del Imperio Romano. Gépidos, Ostrogodos, Visigodos, Sármatas, Vándalos, Ávaros, Alanos, Hunos... la lista es cuasi interminable, más si hacemos casos a subdivisiones (Hunos negros, hunos blancos...) y consideraciones de “clanes”. Estudios científicos demuestran que buena parte de estos pueblos ni tan siquiera tenían diferencias “raciales” por lo que la diferenciación, valga la redundancia, entre unos y otros respondía, la más de las veces, a intereses de la potencia agredida (Roma, Bizancio o Persia, según los casos), más que a criterios “científicos”. La verdad es que “crear pueblos”, “naciones”, “hechos diferenciales”, sigue siendo hoy en día una herramienta tan poderosa como efectiva y peligrosa.
El concepto “conflicto étnico” en no pocas ocasiones lo asimilamos a los Balcanes. La disolución del Estado Federal Yugoslavo, y las guerras que ha conllevado, son partícipes de actualidad del campo semántico conocido como “guerra étnica”. Ya en un primer momento, sin afán reduccionista, cabe decir que no es tan distinta, en cuanto a "artificiosidad" en no pocas ocasiones, la lista de pueblos bárbaros anteriormente citada de la compuesta por: serbios, croatas, eslovenos, musulmanes, húngaros, zíngaros o albaneses. No deja de ser curioso, y altamente ejemplificativo, que en censos realizados en el año 1990 la mayoría de “intelectuales” se definiera como “yugoslavo” o “checoslovaco”. Las divisiones territoriales, una vez aceptada la identidad de especie, sólo debiera sujetarse a criterios políticos, a criterios de viabilidad económica y social. La reciente decisión de la Corte Internacional de Justicia acerca del “asunto Kosovo” no deja de ser un motivo de reflexión, más cuando uno vive en Cataluña.
Efectivamente, tal y como apuntara Albert Rivera (líder de C´s) en el Parlamento Autonómico de Cataluña, Kosovo no es el modelo. Apuntaría yo que Kosovo no es el modelo, no sólo por las formas, sino también por el sujeto. Cataluña no es un ente diferenciado “étnicamente” del resto de España, por más que se intente ver por parte de algunos. Muchos se reafirmaran en su indepentismo con argumentos tipo “caso esloveno” o “caso eslovaco”, quizá sea el momento de hacer una reflexión, algo superficial, sobre lo ficticio de estas comparaciones.
La pacífica escisión eslovaca ("divorcio de terciopelo") es uno de los experimentos territoriales menos conocidos en sede hispana. Lejos de ser un instrumento de “realización nacional”, nos encontramos con que los eslovacos sienten cierto “arrepentimiento” de su separación, siendo muchos los que desearían la refundación de Checoslovaquia. La separación de Eslovaquia fue una decisión parlamentaria, sin consulta ciudadana, que benefició más a Chequia que no al sujeto independizado. Las aspiraciones nacionalistas eslovacas, no hegemónicas, se vieron satisfechas, no con una mayor autonomía (que era lo que se pretendía) sino con la escisión. El motivo, un tanto simplicista, parece cada día más obvio... Eslovaquia está mucho menos desarrollada que la República Checa e iba a ser un escollo para ésta en sus aspiraciones europeas. País rico que “echa” al pobre, ¿algún símil con España? Creo que ninguno. Todo este proceso no es tan diferente del de la disolución de Yugoslavia en un claro aspecto: el interés Americano-Europeo de dividir los antiguos países de la órbita soviética; Checoslovaquia, y sobre todo Yugoslavia, podían llegar a ser un obstáculo para los intereses imperiales de “las águilas”, sea ésta negra o calva.
Volviendo al caso de mayor actualidad, Kosovo, cabe decir que las posiciones internacionales al respecto son muy variadas, a la vez que antagónicas. Junto a las potencias independientes de EEUU (Rusia, China), Kosovo no ha sido reconocido como Estado por España, Eslovaquia, Grecia, Malta, Rumanía y Chipre (entre otros países). Los motivos son diversos, pero siempre guardando similitudes en común, Kosovo ha sido una “amputación sin anestesia” (como se ha escrito en varias ocasiones) que abre precedentes peligrosos, no para el País Vaco, Cataluña, Escocia, Córcega o Flandes (donde los similitudes con el caso kosovar son nulas), pero sí para Bosnia, entre otros territorios.
El miedo a un nuevo conflicto bosnio, si es que en algún momento se solucionó, está más que justificado. La población del lugar se divide, cuasi matemáticamente, en tres tercios: musulmanes, croatas y serbios, por lo que la independencia de un grupo, en base a los métodos utilizados por Kosovo, podría llegar a justificarse, de esgrimirse su legitimidad. En la propia Kosovo, región de Mitrovica, podría suceder algo semejante, al ser una zona de mayoría serbia (muy castigada por la políticas promocionadas por la autoridad kosovar).
El argumento de la “autosuficiencia” es el mayor escollo para la viabilidad de un Estado Kosovar. A día de hoy, y sin expectativas para el cambio, Kosovo es totalmente dependiente de Serbia. Mientras que Kosovo no exporta prácticamente nada a Serbia, ésta exporta a Kosovo bienes por valor de más de 200 millones de euros (todo ello datos recopilados por Jens Bastian, "La independencia de Kosovo y sus repercusiones internacionales", Anuario IEMed 2009). La mayoría de la electricidad, combustible, e incluso el propio suministro de agua (el principal acueducto kosovar procede de la parte serbia del lago Gazivoda) proceden del país de Belgrado. Junto a estas contingencias, y otras muchas más, existe el problema de la deuda contraída con causa en Kosovo, cuando aún era parte de Yugoslavia, y que sigue pagando Belgrado o los más de 30.000 casos que la Agencia de Propiedad de Kosovo (APK), organismo ejecutivo de Pristina, financiado por donantes, debe resolver (en su mayoría con relación a propiedades de serbios que abandonaron la zona, cuando aún estaba bajo el poder de Belgrado).
Es cierto que las horribles matanzas de Ustashi y Chetniks, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, o que las acciones cometidas, por unos y otros, en tiempos recientes, han crispado el conflicto yugoslavo, haciéndolo de difícil, o incluso inviable, solución. Pero ha llegado el momento de reflexionar, y de evitar cualquier paralelismo, desde España, Bélgica o Reino Unido, con una región que ha sido despedazada “por águilas y no chacales”, en no poca medida. La Yugoslavia multinacional era el único Estado capaz de garantizar, por ejemplo, una Bosnia en paz, opinan los expertos, ¿dónde estaban los motivos para su destrucción?
Las etnias son ficciones, lo mismo que las naciones. La metafísica y la filosofía son indispensables en la formación del hombre actual, pero siempre deben quedar sujetas a la eficiencia económica y al bienestar social. Ninguna independencia reciente ha sido un éxito, ninguna ha provocado un incremento en la calidad de vida de quienes la han experimentado. En tiempos donde la unión se requiere, donde se debiera tender más hacia un “Estado Ibérico” y no hacia la segregación, o hacia una Europa similar al antiguo Imperio Romano (pero sin César), y no hacia una superfragmentación en “taifas” e inventos modernos de segmentación, hablar de Kosovo, Bosnia o Eslovaquia debe hacerse consecuentemente. No nos centremos en los medios que sirven para la manipulación, y dejemos un mayor peso a los argumentos racionales y a aquellos que unen, más que separan.
* Más artículos del autor sobre el tema:

sábado, 17 de julio de 2010

Reformas para España: el problema territorial.

¿Qué son las diputaciones? ¿Qué son las naciones? ¿Qué son las Comunidades Autónomas? ¿Qué son las comarcas? Los límites establecidos en el ámbito político pretenden, en no pocas ocasiones, volverse pétreos cuales montañas. Si un linde separa dos provincias, allí nace un político “Himalaya”, si una ciudad es capital autonómica da igual que esté más o menos cerca del resto de su provincia, lo que importa es la norma jurídica.
Las fisonomías de los territorios se ven más desde la ventanilla del coche que a través de un mapa de provincias. De ello puede percatarse uno haciendo diferentes recorridos, de los cuales yo les recomendaré un par. Durante el pasado verano quise enseñar algunas de las mejores atracciones turísticas de la zona "celtíbera" a mi chica. Fuimos a Molina de Aragón y al Barranco de la Hoz (Guadalajara), pasando por los pueblos de Milmarcos y parte, minúscula, de la provincia de Zaragoza, para llegar a Santa María de Huerta y su monasterio (Soria). Me chocó mucho que ella no pudiera imaginarse que durante aquel corto trayecto habíamos pasado por tres provincias y tres autonomías. Un segundo trayecto lo hice recientemente con mis primos. Desde Madrid, saliendo de Alcalá de Henares fuimos hacia la estación de Guadalajara-Yebes, pasando por parte del corredor del Henares. En aquel momento no tenía a mi chica al lado, y fui yo mismo quien reflexionó sobre lo “gilipollesco” que es la existencia de dos comunidades, en lo terreno, y ¡tres diócesis en lo sagrado!
Las provincias son abstracciones políticas, lo mismo que las autonomías o los propios Estados. Dejan de tener sentido cuando se configuran más como “límites” que como “marcos”. Obviamente los independentismos nacionalistas se nutren de esa gran verdad, queriendo dibujar epopeyas en el mapa, que no tienen sentido en lo social o económico. El tema “provinciano”, sin ningún tipo de matiz peyorativo, no defiende tanto historias o lenguas comunes como una mejor representación de la realidad social, económica, y hasta cierto punto, geo-biológica.
Recientemente, cual ave fénix, a vuelto a oírse el término “Celtiberia”. De entre las cenizas de esta “región histórica” (no me acabo de sentir a gusto con la expresión) surge el proyecto “Paisajes de la Celtiberia” (TERRITORIO IBERKELTIA), proyecto de Cooperación Interterritorial financiado a través de la iniciativa europea LEADER+. La inclusión de las comarcas de Molina de Aragón (y su Señorío), algunos pueblos del área de Sigüenza (Anguita), tierras de Medinaceli, Daroca, Calatayud... no deja de ser de lo más ilustrativo y pertinente. Esta iniciativa cultural, a mi ver, deja en evidencia lo conveniente que sería crear una “autonomía” que, como mínimo, incluyera a estas tierras. El motivo es obvio: todos estos territorios han sufrido la despoblación y la represión económica (con pocas excepciones). Una “división territorial” podría facilitar la gestión de estas comarcas, evitando, por ejemplo, que los vecinos del Alto Jalón “soriano” no puedan ir al hospital de Calatayud o los de Molina de Aragón al de Teruel.
Y es que, ciertamente, si por algo se ha caracterizado el reciente debate sobre el “Estatut” de autonomía catalán es por haber dejado en evidencia que España requiere cambios substanciales y contundentes. Debe dejarse a un lado la eventual comparación que pudiera hacerse entre regiones, a primera vista con igual rango jurídico, y centrarse, con algo de neutralidad, en las necesidades de las personas que viven en los territorios, obviando, a poder ser, los criterios de historia remota y metafísicas nacionales. Así, es difícil sostener la viabilidad de una Comunidad Autónoma de La Rioja, o de una Murcia uniprovincial, por poner dos claros ejemplos. Sin ánimo de ser De Burgos, quien no hizo una división precisamente infalible, quisiera exponer mi idea de división territorial, y compartir con todos ustedes eventuales argumentos para el debate.
En circunstancias como las actuales, con una Crisis económica de la que aún no sabemos cuándo, ni cómo, podremos salir, es evidente la necesidad de “racionalizar el gasto”. El modelo de diecisiete autonomías actual está caduco. Es evidente que Cataluña tiene motivos, y razones de peso, para opinar que su identidad económico-social (que no nacional, o "nacionalista") no es equiparable a otras autonomías. Los próximos años serán vitales para la reestructuración del país, no porque desde aquí se quiera emular a Nostradamus, sino porque la necesidad está bien vigente, y es del todo inexcusable.
Así, por ejemplo, junto a la región de “Celtiberia”, yo sería partidario de unir a Galicia, León y Asturias en una sola autonomía, lo mismo que Cantabria, Burgos, Rioja y Soria (capital). Un caso curioso es el aragonés. Si hacemos caso de criterios históricos, está claro que Aragón está “bien representada” en su actual organización, pero las necesidades de la población, y los desequilibrios territoriales, nos afirman todo lo contrario. Particularmente, creo que la Aragón de Calatayud y Daroca dista, y mucho, de la Aragón pirenáica. Algo así ocurre con algunas provincias de esa gran comunidad hecha a partir de retales: Castilla-la Mancha (Albacete bien pudiera ir con Murcia, y Ciudad Real con Extremadura, yendo Guadalajara capital con Madrid, lo mismo que Toledo).
Obviamente, los entes debieran reducirse, quedando menos Autonomías, más descentralizadas, y con una representación mayor de sus necesidades. Las grandes ciudades debieran ser “cuasi-autónomas” con su propia entidad de gestión metropolitana con capacidad normativa en los ámbitos cotidianos, pudiendo darse esta solución para Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Elche-Alicante-Murcia, Gijón-Avilés-Oviedo, bahía de Cádiz, Málaga, Bilbao o Valladolid.
Se mire por donde se mire, la gente cambia, y su organización territorial también. Podremos ponernos de acuerdo en varias cosas, en otras no (yo suprimiría el concierto vasco-navarro), pero es evidente que España requiere cambios, y que la duplicidad de administraciones es un cáncer para la situación actual (lo mismo que los excesos nacionalistas (ataque al bilingüismo) y los intentos centrípetos, véase la desmesurada deuda de la ciudad de Madrid, o las obras olímpicas injustificadas...).
¿No es el momento de opinar sin influencias externas? ¿No es el momento de reflexionar y de "romper" con los corruptos políticos que medran en lo metafísico y sin sentido? Aquí están algunas de "mis tesis", ¿qué opinan?
* Imágenes:
1) Vista de Molina de Aragón
2) Ermita de Nuestra Señora de la Lastra (Anguita).
Ambas fotos son del autor.

sábado, 26 de junio de 2010

Mi conflicto con la bandera...

y en "Periódico Liberal":
Siempre he sido especialmente obsesivo con las comparaciones. No es que haya participado jamás en las cutres competiciones fálicas de gimnasia, allá por los tiempos de Educación Primaria (todo sea dicho de paso, por no tener mal gusto y haber madurado con cierta ventaja), pero sí que es cierto que cualquier novedad en Barcelona inmediatamente la comparaba con su equivalente en Madrid, cuasi como reflejo condicionado, o que siempre me preguntaba qué dinosaurio era el mayor o qué rascacielos era el más alto. El tamaño “sí importaba”, y todo mi mundo, en no poca medida, giraba en torno a las comparaciones. Tal vez esté dotando de demasiada singularidad a algo tan evidente. El hombre se relaciona irremediablemente con su entorno, y lo normal es que se compare con él, o lo haga entre lo que va observando, imaginando, leyendo o escribiendo.
En relación con ello, los postulados del estructuralismo tienen algo de interés. Las oposiciones “neutras”, las oposiciones “privativas”... son términos, enseñanzas del “Maestro romanista”, que siempre me vendrán a la cabeza. “F.C. Barcelona – Real Madrid”, “Beatles – The Rolling Stones”, “Prince – Mickael Jackson”... las oposiciones son interminables, lo mismo, por definición, que las comparaciones. Algunos pretenden ver algo semejante a un “Inglaterra – Escocia” en un “España – Cataluña”, sólo que saltándose la lógica y asimilando dos “todos separados” a un “todo” y una de sus partes.
Quizá por mi manía de compararlo todo, hoy he salido, algo preocupado, cuando me dirigía al bar, a ver el España – Chile con unos amigos. Llevaba mi bandera de España en el bolsillo, y no me la había puesto sobre mi espalda, por el mero motivo de no querer ser objeto de “furias invisibles”. Me preguntaba si, dentro de mi particular cruzada contra todos los nacionalismos, no estaba yo cayendo en el “nacionalismo español”. Una bandera... pero dejando a un lado la lengua única, los sentimientos únicos, los bailes singulares y los himnos cutres, instigadores de la violencia. Me intentaba autoconvencer: “Javi, tú no eres nacionalista”. Viendo el partido uno se exalta. Parecería que en los chicos de Del Bosque viera las tropas perdidas en Flandes de nuevo conquistando el Mundo. Cierto es que la bandera de España salió del bolsillo, y volvió puesta a mis espaldas cuando tomé el camino a casa; aún con éstas, seguía preocupado por ser nacionalista.
Pasé por las calles y algunos se giraron sonriendo, con cierta complicidad, ¿quizá estaba descubriendo el por qué no soy nacionalista? Llego a casa y reflexiono. He sido capaz de ir con el mismo equipo que iban todos los del bar y buena parte de las personas que me he ido topando por la calle. Polémica ninguna, sólo identificación con unos chicos que me son más familiares que el resto, por gustos, edad y procedencia. No he podido ver el partido en una pantalla gigante, como sí lo habrán podido hacer los de Madrid, Zaragoza o Sevilla, pero me lo he pasado en grande siguiendo a “La Roja”.
No soy nacionalista, pero debo reconocer que el nacionalismo político tiene un principio activo que encuentra descripción en el resentimiento. Uno tiene más ganas de salir con una bandera, de cantar un himno (por lo demás, musicalmente malo), y más aún, cuando sabe que ello molesta a quienes pretenden poner “caspa” en “todos los cabellos”. Salgo de mi casa con la bandera en el bolsillo, y eso que la estelada lleva meses puesta en frente mío. ¿Soy nacionalista o víctima del resentimiento? ¿No es normal que, de gustarte el fútbol, tengas más complicidad con quienes comparten tantas cosas contigo, no precisamente el salario,
y, además, de conseguir la victoria, harán más famoso tu Estado, y quizá con ello se provoque alguna externalidad positiva en nuestra malograda economía?
En este puente de San Juan son las fiestas locales de Vilassar de Mar. Dado el leviatánico apetito de la Crisis es normal que se reduzcan gastos, pero no que se centren en conciertos de músicos subvencionados y fiestas “populares” donde falta la libertad y se fomenta el fanatismo, cada vez más religioso. Me pregunto, y ciertamente tengo ahora un conflicto interno con ello, si no debiera pasarme por el Ayuntamiento y pedirle al Alcalde que me pague las cervezas y el bocadillo tomado mientras veía a “la Roja”, después de todo, me he comportado con mayor civismo, y, a mi modo, he participado de algo “identitario”, sólo que en lo privado, sin recibir un duro.
La identidad es parecerse a uno, no quererlo hacer igual a unos ideales ficticios. El nacionalismo nubla la mente, sólo que, como en otras tantas cosas, las nubes no son fáciles de movilizar, y la libertad, pese a todo, acaba saliendo de dentro de ti, diciéndote: “si te gusta ver a aquellos que se parecen a ti no eres nacionalista, eres humano”. ¿Algún día dejarán de poner opio en las banderas? Tal vez el verdadero déficit fiscal sea el existente entre los poderes nacionalistas y los ciudadanos “libres”, con ideologías privadas, y por definición, diversas.
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