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domingo, 6 de mayo de 2012

Ganar en orgullo. Homenaje a Pep Guardiola.



Corría un tiempo en que ser “culé” te hacía sentir “inferior” cuando se hablaba de éxitos europeos. Cierto es que el F.C. Barcelona será siempre el “rey de Recopas” (competición ya extinta) y que, al igual que sucede con el baloncesto, tenía el dudoso honor de haber sido subcampeón de Europa en numerosas, y demasiadas, ocasiones. Siempre que uno veía el palmarés de “la orejuda” veía a un Nottingham Forest  con 2 Copas de Europa, o a un Estrella Roja de Belgrado o Steaua de Bucarest con una. El Barcelona, por caprichos del destino, sólo tenía una, relativamente reciente, y ganada en la prórroga con gol de falta contra una poco glamurosa Sampdoria. Eran tiempos duros para todo culé.

El equipo de Rijkaard, con los Ronaldinho, Deco y Eto´o, supo subir la moral de los culés con un equipo que se convirtió en uno de los mejores de la Historia. El orgullo blaugrana comenzaba a llegar hasta cuotas insospechadas, y todo hacía prever que las “Champions” no se acabarían en París.

Llegó una breve “crisis” dentro de la época Laporta y todo el mundo creyó ver los inicios de un “fin de ciclo”, tantas veces invocado desde algunos medios, que la irrupción de Pep supo frenar. Con Guardiola no sólo se consiguió recuperar el ánimo y orgullo perdidos, sino que se cambió la esencia de “librejuego” encarnada por Ronaldinho y Rijkaard por una de orden, disciplina y toque que ha convertido al equipo dirigido por Guardiola, con pocas dudas al respecto, en el mejor equipo de la Historia.

Nadie duda de que el once tipo de Pep será recordado, cuando menos, como el quinteto inicial de los Celtics de Larry Bird. El equipo de Pep supo recoger la herencia de Cruyff (deudor, a su vez, de Rinus Michels), incorporando la política de cantera de Van Gaal y los recientes éxitos deportivos de Rijkaard. La grandeza, por siempre reconocida, de Guardiola residiría en saber hacer prevalecer el toque y la calidad de juego (véanse Xavi e Iniesta) sobre la filigrana meramente vistosa o el efectivo contragolpe. El Barcelona de los últimos tiempos se ha caracterizado por un flojo contragolpe y un deficiente juego a balón parado, valores ambos que ayudan a enaltecer la leyenda de un equipo capaz de haberse convertido en el mejor de todos los tiempos.

El buen juego promovido por Guardiola ha sabido encontrar en el entrenador sus “añadidos” ideales: ejemplaridad y buen ser. Ante las contínuas provocaciones, en no pocas ocasiones calumniosas, procedentes de la caverna (véase “central lechera”), Pep siempre ha sabido anteponer el respeto y la defensa irónica sin caer en el insulto o la violencia. Por otra parte, y al mismo tiempo dejando en evidencia a otros partícipes de este “Super-Barça”, como Joan Laporta, Pep ha sabido dejar al margen siempre cualquier connotación política, cosa, que para todo amante del fútbol, como espectáculo y no como continuo mitin, ha sido todo un placer.

¿Quién diría que Mourinho sería quien mejor supiera el nombre del sustituto de Pep? La elección de Tito Vilanova es de lo más acertada, a espera de lo que digan los futuros títulos. Tito encarna unos valores semejantes a los de Pep, sólo que menos utilizados, y por ende, marchitos por el paso del tiempo. La odisea personal, no sólo técnica sino, muy especialmente, médica, del personaje sitúan a Tito en la línea de todo técnico histórico. No nos encontramos ante un escudero de Pep que jamás sabrá llegar a ser caballero por nombre propio. El tiempo lo confirmará.

Guardiola no requiere de reconocimientos expresos, el tiempo le ha sabido dar el más bonito de todos ellos: entrar en la inmortalidad de la memoria perpetua. Ningún líder político o social, más en estos tiempos, ha sabido ocupar un lugar tan privilegiado de forma tan digna. Guardiola, de haber nacido en otro siglo, sería ejemplo en biografías y manuales de filosofía.

Por último, una reflexión ligada al comienzo de este artículo. Pese a la eterna rivalidad, Pep ha conseguido que el culé no tenga por qué preocuparse por los títulos del Real Madrid. Aunque hubieran ganado la Copa de Europa, nadie, en neutrales circunstancias, se hubiera atrevido a comparar el “Pep-Team” con la filosofía de Mourinho. Ya no tenemos “las copas” del Steaua, sino que damos por sentado que superaremos al Bayern de Munich, y quién sabe, si con el tiempo a cualquier otro equipo en palmarés, pues en juego, ya lo hemos hecho, muy probablemente, para toda la eternidad.  

GRÀCIES PEP !!!!



Origen de la imagen: 

domingo, 29 de mayo de 2011

Si me dejaran a mí...

Es todo un tópico escuchar en bares, reuniones familiares o cafés entre universitarios inquietos, la expresión “si me dejaran a mí”. Jugando con lo improbable de que ello suceda conmigo, aunque bien pudiera ofrecer estas ideas, siempre con rigor propio, y ninguna jocosa indirecta, me gustaría establecer el croquis de lo que sería, a mi ojos, un nuevo y próspero Estado. Sin buscar polémicas nacionalistas, lo primero que haría sería suprimir la actual división autonómica, paliando el centralismo exacerbado de Madrid.
- Estructura territorial y economía: creo en la autonomía financiera, si bien, no en los términos que se proponen desde el gobierno de CiU, por ejemplo. Mi idea sería la de un “Estado ibérico” en el que se ofreciera la entrada a Portugal. Un Estado donde todos los ciudadanos fueran iguales en derechos y obligaciones, y sobre todo, en oportunidades. Me imagino un gran Estado (mayor que Francia y próximo a Alemania en población) donde las administraciones fueran eficientes. ¡Adiós a Autonomías, adiós a provincias y diputaciones! La nueva “Ítaca” con la que yo sueño, es hasta cierto punto “independentista”.
Me imagino un Estado con “tres capitales” (de forma semejante a Holanda). Veo en mi sueño una gran Madrid, junto a una gran Barcelona (y Lisboa). Madrid continuaría siendo la capital oficial, cediendo organismos importantes a ambos ciudades (Ministerios de Economía y Industria, CNMV... por ejemplo, para Barcelona, Ministerios de Exteriores y Defensa para Lisboa). Una España (aunque quizá fuera mejor cambiarle el nombre por Iberia, de entrar Portugal), donde no hubieran transgresiones de la realidad, ni manipulaciones políticas territoriales interesadas (véase la actual Marina y museo anexo en Madrid...).
Me imagino un país donde las estructuras territoriales fueran:
- un Estado fuerte: con competencias exclusivas en la cuasi totalidad de temas generales.
- grandes, y hasta cierto punto independientes, corporaciones metropolitanas.
- programas de incentivo fiscal y fomento serio de las grandes extensiones rurales (que son más de las tres cuartas partes del territorio).
Un uso de la máxima que “el poder más cercano haga lo que hasta ahora hace el más lejano”, impondría un sistema de poderosas corporaciones metropolitanas, próximas al ciudadano. El sistema del concierto económico quedaría absoleto, pues estas ciudades tendrían autonomía financiera plena, vigilada, y siempre con la obligación de hacer cesiones para el fondo común estatal. ¿Por qué tienen que haber Autonomías y Diputaciones que entorpezcan u ocupen compentencias que mejor gestionarían los ayuntamientos? Fíjense en los casos alemanes de Bremen o Hamburgo.
Esas administraciones de nueva planta serían, las corporaciones metropolitanas de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Tridente asturiano (Gijón-Oviedo-Avilés), Tridente de Levante (Murcia-Alicante-Elche), Bahía de Cádiz (Cádiz-Jérez-San Fernando-Puerto de Santa María) Valladolid, Palma de Mallorca, Tarragona-Reus y Vigo-Coruña (por ejemplo). Por poner el ejemplo más cercano, las necesidades de Barcelona, Hospitalet, Mataró o Sabadell, poco o nada tienen qué ver con las de Solsona o Balaguer. Estas grandes urbes podrían tener competencias normativas en exclusiva sobre los problemas cotidianos de la ciudadanía, el establecimiento de comunicaciones, urbanismo... etc.
Dentro de esta gran dispersión, quizá algo caótica, de soluciones que os propongo, estaría establecer un concierto económico, incluso una política de supresión de algunos impuestos, no para zonas prósperas como el País Vasco o Navarra, sino para zonas deprimidas por el tiempo y los cambios económicos. Me estoy refiriendo, por ejemplo, a la “Celtiberia histórica”: Guadalajara, Soria, Teruel, zonas de Calatayud, Tarazona y Daroca, Cuenca y Burgos. De fomentar una política fiscal sumamente atractiva, como se hace en el País Vasco, podría fomentarse la repoblación y el establecimiento de algunas empresas.
Por otra parte, España debiera acabar de dejarse de prejuicios y fomentar los tres grandes pilares en los que puede llegar a ser “potencia mundial”: sistema de salud e investigación en el campo, turismo y energía (explotación en masa, no tanto de los feos molinos de viento, como de las placas solares).
- Cultura: obviamente, un Estado que cambiaría a los “chorizos” por sabios velaría por los derechos culturales de las minorías catalana, vasca, gallega, valenciana o balear, incentivando el estudio de las diferentes culturas, mismamente españolas, en todo el Estado (aunque nunca obligatoriamente fuera de los lugares propios). La lengua debe ser alzada al lugar que le corresponde, el instrumento más importante jamás inventado por la humanidad, donde lo que importa es “el contenido” y no los signos vocales con los que se exprese. El catalán es una de las lenguas europeas, con varios millones de hablantes-conocedores, peor tratadas.... y todo por manipulación política.
- Derecho: abogaría por acabar con los vetustos y decimonónicos códigos legislativos actuales (también los forales) y abogaría por nuevos códigos, modernos y con mínimos, que trataran los temas genéricos, dejando las especialidades y aplicaciones más directas a los nuevos “entes” territoriales que yo propongo. Obviamente, las regiones históricas podrían tener comisiones que velaran por sus particularidades jurídicas, sin necesidad de haber “las mil y una leyes” para decir cosas semejantes (con diferente expresión).
- Reformas más importantes: el establecimiento de una Ley Electoral que velara por el derecho de que cada ciudadano contara como un voto. La racionalidad de las personas (a veces ausente) y la de los políticos (pocas veces presente) debieran ser suficientes como para garantizar los derechos de los territorios menos poblados. Ningún ciudadano de una gran capital va a negarle un ambulatorio o una mejor carretera a un pueblo...
Algunos cargos públicos debieran exigir requisitos, incluso una oposición. El Ministro de Economía, por ejemplo, debiera ser un empresario de éxito o un Catedrático de prestigio internacional.
Reflexión final: ante lo “heterogéneo” de estas propuestas, quisiera que pudiéramos debatir si algunas de ellas no tendrían sentido. Todo lo inventado antes fue soñado, todo lo mejorado, propuesto.

viernes, 6 de mayo de 2011

Por la radio te escuché

Ha sido una mañana cálida y luminosa, como ya es menester que lo sea habiéndose entrado en el mes de mayo. Conductores irreverentes ante los pasos de peatones (salvo que éstos estén sobre “jode-amortiguadores”), inmundicias caninas, vecinos “cívicos” que lanzan su bolsa de la basura a la papelera... todo ha sido cotidiano, maleducadamente normal, hasta que, como cualquier otra mañana, encendí la radio.
Haciendo uso de esa libertad de escucha, que nos permite seguir cualquier programa radiofónico (por tendencia o ideología que tenga), he puesto ONA FM. No me ha importado intentar alegrarme estas primeras horas del día con un programa de “humor”, y dejé puesta esta emisora (por lo demás, totalmente ausente de entre mis favoritas). Nada excepcional, salvo las típicas bromas chabacanas de costumbre, hasta que pude escuchar, eso sí, “en tono de broma”, hablar del barrio de “La Mina” de Sant Adrià del Besós como de un barrio de putas, gitanos y yonquis jeringueros. Para mi sorpresa en aquel instante (que no en lo general) he podido escuchar como ello, con extrañas bromas y gracias impertinentes, se iba ligando hasta conducir el discurso, más ofensivo que satírico, hasta la Feria de Abril de Cataluña (sita en el parque del Fórum de Barcelona).
Aún siendo de sangre en mitad andaluza, nunca he seguido con devoción las laicas Semanas Santas y “Madrugás”, ni tampoco esos actos de “devoción” rociera, que alcanzan la consideración, en no pocas ocasiones, de bacanales mediáticas. Todo ello me parece tenedor de un toque “algo rancio”, como todo lo folclórico, pero sin embargo, lo respeto, aunque pueda criticarlo en ejercicio de la libertad de expresión. Lo que no me podía haber figurado es que en ese programa, cuyo nombre no publicitaré, se iba a reír uno a costa de “lo mismo”: señores y señoras con acento andaluz en pleno ejercicio de su libertad de expresión cultural.
No sé si será porque los genes hablen, o porque procuro tener un sentido, en intención noble, de la existencia humana, me ha parecido de dudoso gusto acusar a un barrio de “jeringueros” o a una feria folclórica con todos los calificativos usados en tal emisión (por más que fuera en tono de sátira). La alta densidad de insultos y groserías empleados en el programa me confirmó que me hallaba ante un claro ejemplo de cómo la radio “es más libre” que la televisión, también en un sentido peryorativo. Quizá desde una óptica de “ciudadano cabreado”, comienzo a ver que este fenómeno se está convirtiendo en algo común en buena parte de los programas “de humor” realizados por ciertos medios. Mal el programa de ONA FM, mal las continuas gracias de “APM” (de TV3) en relación con el programa (ciertamente trasnochado) de “Juan y medio” en CanalSur.
Ciertamente en España tenemos problemas serios de modernidad. Es cierto que no podemos poner mayores tenderetes en actos folclóricos como la Feria de Abril que en actos plenamente culturales como Sant Jordi (hasta el momento menos pervertido que la Diada “nacional”). Pero también lo es que no podemos crear una sociedad, la catalana, donde las gracias sean siempre “con lo mismo”. En mi opinión, una sociedad claramente diferenciada del resto del Estado, como es la catalana (ni que sea por la tenencia de una lengua endémica), no puede centrar sus bromas en anticuallas folclóricas, ni mucho menos en el insulto a barrios con fuerte inmigración nacional e internacional. Centrarse en la risa respecto a lo ajeno muestra las carencias de lo propio.
La infame, y ofensiva, emisión radiofónica ha venido a coincidir con unas semanas de alta tensión interterritorial. Dejando temas realmente importantes, como la legalidad o no de BILDU, por ejemplo, la actualidad nacional se ha centrado en los cuatro choques entre Barcelona y Madrid. En este caso, no sólo radio, sino también televisión, internet y diarios, se han apuntado a la “moda” de mezclar churras con merinas, fútbol con conspiraciones y políticas. Y es que las acusaciones e insultos públicos desde parte de la población de un territorio a la de otro se están, no sé si generalizando o consolidando.
Comienzo a creerme lo de que la Crisis en España es de valores y educación, más aún que económica. Curiosamente, son los nacionalistas de uno y otro lado quienes más participan de ello. Sea con motivo del fútbol (“triki-atrakas” y conspiraciones de Unicef) o con insultos hacia manifestaciones folclóricas, festivas, que de no gustar siempre pueden no ser visitas.

sábado, 29 de enero de 2011

España: unidos en la diversidad.

España es un sujeto con sendos problemas de personalidad. Buscando su identidad se sumerge en un océano de prejuicios, que enfrenta a sus partes y no fomenta la razón en “el todo”. Como prototipo de inseguridad, España busca símiles con el resto de naciones. Quién sabe si por falta de autoestima o por psicópata manía, España es rica en copias baratas, piratería institucional que se manifiesta en toda una gama de “trasplantes” de difícil asimilación patria. Ora con base a la filosofía germana, ora con la idiosincrasia francesa, España es capaz de acoger una institución austriaca (como el Tribunal Constitucional) y al mismo tiempo un Código Civil de clara simetría napoleónica. El núcleo duro del funcionamiento nacional es una simbiosis de instituciones foráneas. Cual ejemplo de internacionalismo, España se obceca en soluciones consolidadas en vez de regocijarse de sus propias posibilidades como realidad diversa.
Recientemente, ha vuelto con especial fuerza el “debate territorial” que opone a “nacionalismos periféricos” y “nacionalismo centrípeto, o centralizador”. Declaraciones como las del antiguo Presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, no sirven más que como réplica a las realizadas por otros políticos, como el ex-Presidente del Gobierno, José María Aznar. Más allá de citar a Pla y considerarse heredero de los “grandes políticos” de la Cataluña de principios del s. XX y finales del s. XIX, Aznar, como el resto de españoles, debe reflexionar, con afán de objetividad, en torno a ese “todo” que es España, y esas “partes” que le sirven de sustrato. Sin esconder mi posición favorable a la integración de Portugal en un mismo Estado, sería interesante comenzar a despejar variables e incógnitas, dando a España el reflejo diverso y multicultural que le caracteriza.
Desde Madrid se tiende a hablar del “modelo francés” como un ejemplo de eficiencia. De clara herencia borbónica, la idea de construir una gran capital que eclipse al resto de ciudades hispanas es una de las grandes constantes en la historia española de los últimos siglos. El modelo radial de nuestras comunicaciones (obviando al “Corredor del Mediterráneo”, por ejemplo) es una de las herencias que ello ha comportado, con todo el daño identitario que la idea ha provocado.
Puestos a citar declaraciones de reconocidos políticos nacionales, no quisiera olvidar las recientes palabras dichas por el actual Presidente del Congreso de los Diputados (anterior Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-la Mancha). Hablaba, con su habitual socarronería, del “problema” que en su momento tuvieron con la necesaria elección de una capital para Castilla-la Mancha. Al no haber un “configuración histórica”, ni una consolidación económica como unidad, debió de esgrimirse un criterio, tan débil en la práctica, como es el de haber sido anterior capital del Reino Visigodo y capital del Imperio Español con Carlos V, para elegir a Toledo como lugar en el que situar el Parlamento autonómico de Castilla-la Mancha.
Si a alguna reflexión generalizada se está llegando, es a la de que la época del “café para todos” se está acabando. Indicadores sociales, económicos, culturales... e incluso sentimentales, nos muestran que existan más bien pocas regiones con autonomía e identidad histórica suficientes para justificar su autogobierno y descentralización. En verdad, estas regiones, para algunos “naciones”, son dos: País Vasco - Navarra y Cataluña.
La hegemonía de París dentro de un Estado con capital clara y hegemónica no se da en España. Hasta hace bien poco la industria española se “centralizaba” en la periferia, fuere en Barcelona, en Sabadell, en Mataró, Eibar, Sestao o Portugalete. La existencia de industrias periféricas, obviamente, condujo al nacimiento de grandes capitales periféricos, o lo que es lo mismo, poderosas burguesías periféricas. Centrándome en el caso que mejor conozco, por ser catalán, podría decirse que la historia del “catalanismo” es la historia de la burguesía catalana.
Es defendible, y a la vez legítimo, que la existencia de poderes centrípetos hagan que el poder centralizador entre en conflicto con parcelas de resistencia. Que se quiera imponer una decisión desde Madrid, o considerar que el Decano de un Colegio Profesional o el Director de un organismo deba ser, por naturaleza, aquél que ocupe el sillón del Manzanares, no sólo no es legítimo sino contraproducente. La España de los últimos tiempos ha realizado estas prácticas, y no es de extrañar que en contrapartida existan movimientos soberanistas, que se aprovechan del agravio de habitantes de ciertas regiones, sirviendo a los intereses reivindicatorios de las burguesías periféricas.
La diferencia no puede seguir mostránsose como lacra. Que en Euskadi sean “muy del Bilbao y de la Real Sociedad”, y en Cataluña “muy del Barça”, no deja de ser un síntoma muy gráfico de lo que en verdad sucede. Desde el momento en que se quiere imponer una visión egoísta y anómala de la realidad histórica española, como se viene haciendo en los últimos tiempos, se está justificando que surjan anomalías nacionalistas que hagan dudar a la población de conceptos tan importantes como son los de: “soberanía”, “Estado”, “libertad” o “Nación” (en un sentido liberal del término). Debemos acabar de construir “un Estado” y dejar el disfraz del “centralismo disimulado”. Debemos disfrutar de lo genuínamente propio, lo diverso, no copiando modelos que nos son ajenos.
Mucho daño fue el que produjo el Franquismo y toda la mitología a él aparejada. La época del “Imperio Español” no se caracterizó precisamente por el centralismo (impuesto por los monarcas borbones tras la Guerra de Sucesión). España nació como una unión de reinos, no como producto de conquistas ibéricas. El prisma capitalino, que busca sus símiles con París, se está demostrando que no es sentimentalmente válido. Debemos comenzar a pensar que la Reconquista no empezó sólo en Covadonga y que algo tuvieron que ver, también, los francos de Carlomagno en Cataluña. Debemos darnos cuenta de que el Castellano es nuestra lengua común, pero que existen otras lenguas de necesaria preservación, como el catalán o el gallego. Muy gráficamente... ¿Nadie ha pensado que "la Valencia" del Cid fue una entidad autónoma? ¿o que si Nápoles fue española en algún momento fue "por culpa" de la Corona de Aragón, que no por Castilla?
Precisamente la cuestión lingüística es una de las más espinosas. No sólo desde el centro, sino también, y mucho, desde la periferia, se ha esgrimido como arma arrojadiza. Dejando al margen fueros, decretos, guerras y revoluciones, que el catalán sea una lengua “con poder” y fuerte protección, eficaz, se debe más a la existencia de una burguesía con capital que a batallas heroicas. Lo que diferencia a la lengua catalana, o uno de los factores que más lo hacen, del bable o el aragonés, es la existencia de una clase social poderosa que la ha preservado. La literatura catalana oficial es la que ha seguido el camino que va de La Renaixença a Pompeu Fabra, pasando por el Noucentisme (todos, movimientos burgueses).
Con Fabra como máximo exponente, la creación de una lengua “científicamente separada” se ha utilizado en política. Importando poco que el castellano y el catalán (sobre todo el de ciertas regiones limítrofes, véanse Valencia o Lérida) se parezca tanto. Es algo, precisamente no poco similar, a lo ocurrido con el italiano, tan parecido al castellano en su versión napolitana, pero diferente del oficial, impuesto desde el norte.
Los cantos de “viva España” en el Bernabéu cada vez que juega el Barcelona o algún equipo vasco, la negación de los vínculos del Real Madrid con la burguesía de Mataró que lo creó o las expresiones de “polacos”, “catalufos” y demás, poco ayudan. Reinventemos un país próspero antes de repartirnos la carnaza. Consigamos una España unida en la diversidad y no una crispación que beneficie a los cabecillas de entre las hienas.
Imágenes: Fíjense en el simbolismo que he querido expresar colocando dos cuadros de Tiziano (gran pintor "del Imperio") con sus obras: "Alegoría del Tiempo gobernado por la Prudencia" y su célebre retrato de Carlos V y un cuadro de Goya, "Duelo a garrotazos", tan idóneo para los tiempos actuales...

lunes, 29 de noviembre de 2010

Crónica de una socialista muerte anunciada.

"Nunca se miente tanto como antes de unas elecciones, durante una guerra y después de una cacería" (Otto von Bismark)
Leía por Facebook esta pertinente frase a un buen amigo. La idoneidad de la reflexión no podía ser mayor. Efectivamente, en las elecciones al Parlament de Cataluña de ayer se mintió, y créanme, no mucho más que en cualquier otro comicio. Los partidos mintieron con sus propuestas, no variando en su esencia, mintieron durante las elecciones (filtrándose informaciones poco corteses) y, por último, están mintiendo en sus referencias al valor de las “presas cobradas”. Resistiéndome a pensar en un vaso ni medio lleno ni medio vacio, la Cataluña representada hoy en el Parlament (que no exactamente la realmente existente) es un jarrón con más agua y una misma grieta.
- CiU ha ganado con holgura las elecciones. Su victoria es incuestionable. En Barcelona capital ha machacado al PSC (partido en el gobierno, tanto autonómico como local), en Badalona ha superado a los socialistas igualmente y en Hospitalet, sin llegar a los resultados del PSOE (que no tanto del PSC, cuanto menos en finalidad del voto), se ha acercado a los resultados de CiU, cosa totalmente inaudita e impensable en circunstancias normales. Que nadie llegue a equívocos, el Cinturón metropolitano no es hoy más nacionalista, ni tampoco más soberanista, simplemente, o se ha abstenido (cifras preocupantes en las grandes urbes) o, simplemente, ha condenado la labor de socialistas, tanto en Cataluña como en el resto de España. Mas deberá tener en cuenta “lo transversal” de su resultado, y no creer en una Cataluña mayoritariamente nacionalista tanto como en una Cataluña manifiestamente contraria a experimentos democráticos como los del Tripartito.
- El PSC ha recibido un “huevazo”. Más allá de lo condenable del acto, jamás un titular podrá resumir tan sucintamente lo acaecido en la calle Nicaragua. Un PSC de “varones burgueses” ha visto expirar su época. El “catalanismo pro nacionalista” de algunos sectores del partido va a verse superado por la realidad. El discurso del próximo candidato, al igual que ha pasado con el PP (más “en las formas” que “en el fondo”), deberá asemejarse más a posiciones defendidas por C´s. El electorado metropolitano ha pasado de más encandilamientos, el PSC deberá trabajar en la “Reconquista electoral”. Urge sangre nueva.
- El PP ha sido el gran triunfador en términos relativos. Cierto es que su éxito se debe más a un despilfarro electoral totalmente desproporcionado con su anterior representación parlamentaria (y aún con ésta), a una pésima gestión del Gobierno Montilla y a un desgaste, cada día más notorio, del Gobierno de ZP. Ha sido, en no poca medida, el triunfo de “una marca blanca” de C´s, partido al que ha copiado buena parte de su novedoso discurso (a excepción de lo económico y social). Al igual que en el caso de PxC, el PP ha sacado rédito electoral de la inmigración.
- ICV se ha confirmado como el partido con un electorado más fiel. Cualquier retroceso de voto es coyuntural. Es, sin lugar a dudas, uno de los partidos que mayormente ha defendido “su esencia”, no aviniéndose a experimentos novedosos. Se mire por donde se mire, su moderada caída es una manifestación de que no sólo por haber erosionado al Tripartito ha ganado CiU. Es el partido-bandera del que podía haber sido un tercer Tripartito.
- ERC ha sido la gran perdedora. Cierto es que CiU ha fagotizado buena parte de su electorado, pero no lo es menos que han hecho “mayor sangría” los pequeños partidos populistas de Laporta y Carretero. Pese a discursos inapropiados e insultos por parte de sus dirigentes (véase Puigcercós frente a Andalucía), ERC ha sacado un resultado mucho peor que el que merecía. Siempre ha sido el “independentismo responsable” (aunque la expresión en sí misma sea una contradicción), ahora se enfrenta a una etapa difícil.
- Laporta ha llegado al Parlament dando ejemplo de cómo los “métodos Berlusconi” son extrapolables a España (populismo, corrupción, sexo y baños de champán, que no siempre de cava). Su discurso radical, sin mayor programa electoral que proponer una imposible independencia, ha calado entre las mentes más radicales. El sistema electoral basado en el Sistema d´Hondt ha dado más escaños a su partido que a C´s, aun contando con muchos menos votos. En un sistema equitativo, posiblemente Laporta no habría salido o hubiera tenido mucha menor representación parlamentaria.
- C´s es el partido sobre el que, no sólo por simpatía, pueden hacerse mayores reflexiones. De sugerirse una frase-resumen, ésta pudiera ser “C´s ha cobrado el seguro”. El partido, no sólo anti nacionalista, ha conseguido los resultados que cualquiera de sus dirigentes hubiera firmado hace muy poco tiempo. Pese a los continuos ataques de los medios de comunicación, y con una campaña, la única, realmente austera, C´s se ha consolidado en el Parlament, consiguiendo un número de votos que supera con creces los obtenidos en la anterior ocasión (muy especialmente en “el resto de Cataluña” y no sólo en el área metropolitana). C´s ha obtenido unos estupendos resultados en lugares como el Valle de Arán o La Seo de Urgell. Ciutadans ha conseguido convertirse en la primera fuerza parlamentaria, menor, que resiste a una segunda elección parlamentaria. Destaca, y no poco, la entrada en el hemiciclo de un hombre de la talla política, y también intelectual, de Jordi Cañas. Pesa, y mucho, la injusta ausencia de Villegas, real ideólogo del “éxito ciudadano”. Además de sacar menos votos que Carmen de Mairena, UPyD, con casi total seguridad, ha conseguido quitar un escaño a C´s, Robles dormirá más tranquilo en lo que a ello respecta.
* El vídeo promocional más conocido de Laporta...

miércoles, 20 de octubre de 2010

Guarra

Era una tarde cualquiera de octubre. El tren de Cercanías Renfe (Hospitalet-Mataró) realizaba su periplo habitual por la costa del Maresme. En aquella ocasión había sitio donde sentarse. La gente estaba absorta en el viaje, unos pensando en qué les esperaría en casa después de un largo día de trabajo, otros, en cuál sería el resultado del próximo partido del F.C. Barcelona. Nada era diferente en la más absoluta normalidad; en mí sólo era especial el pensamiento que me corría por la mente, refiriéndose a la chica que descansaba sus pies sobre el asiente de enfrente.
“Guarra”, ese adjetivo me vino rápidamente a la cabeza. Era curioso ver que ni tan siquiera me había fijado en sus rasgos, en su cara o pechos, sólo me interesaba aquel comportamiento simiesco, aquellos ademanes de aberrante prepotencia. Sin cuidado reposaba las suelas de sus extravagantes bambas sobre el asiento, mientras, aparentando ser recatada, se maquillaba. “Guarra”. La chica parecía contestar a mi indiscreta mirada con un habla ocular que se preguntaba el por qué de mi vigilancia. “Guarra”. No me importaba que mis ojos se cruzaran con aquel espécimen de fauna patria; mis ansias de denuncia deseaban ser rebeladas. Aquella guarra figura continuó con su acicalamiento. Llamaba al móvil y mi mirada seguía fija en ella sin anhelo alguno de sensualidad. Mis ojos eran furia contenida, pensamiento político que reflexionaba sobre los por qués de nuestra falta de educación como civilización.
Me imaginaba, siempre vestida, a aquella chica espatarrada en el sofá de su casa, o mejor aún, en el viejo sillón de su abuelo. Me la imaginé restregando sus zapatillas deportivas por los diferentes muebles, cual gata, cual animal. Reflexionaba sobre los motivos que podrían esgrimir aquellos que siempre intentan parecernos a Dios, y no a los animales. “Guarra”. La chica me parecía morsa sin estar en carnes, cabra, mono y cerdo, sin mayores semejanzas aparentes que su conducta.
El tren estaba llegando a mi destino, y la guarra conocida parecía que iba a bajarse en mi estación. Mi mirada observó cómo quitaba los pies del asiento, y no lo limpiaba ni con la mirada. El desprecio de aquél que pisa una piedra, grande o pequeña, se desprendía de sus andares. De nada servía que el transporte fuera público, de nada servía que sus impuestos sirvieran para sufragar sus guarros caprichos. Salí de la puerta del tren y me planteé si no teníamos la culpa la gente que, cada día, vemos a alguien pisando nuestros asientos y no decimos nada. Me pregunté si no quedaba nadie en este país que supiera distinguir la educación del mal gusto.
No hay duda de que el hombre es un lobo para otro hombre, y que lo malo es lo que nos sale inherente por naturaleza. ¿Cómo no fomentar la educación y las buenas costumbres si la “libertad frente a educación alguna" nos conduce a lo malo de nuestra naturaleza? La guarra seguirá siendo una chica moderna, una rebelde sin causa. Los trenes continuarán llevando en su seno a hijos bastardos de nuestra cultura. Espero equivocarme, pero... ¿no hay más Crisis en las gentes, en los valores de toda persona, que en la Bolsa?

lunes, 12 de julio de 2010

CAMPEONES!!!!! VIVA ESPAÑA!!!!!

Somos los mejores!!!!!

viernes, 28 de mayo de 2010

Querido museo

Querido museo,
No hace tanto que pude despedirme de ti, durante una de esas jornadas nocturnas de puertas abiertas. Recuerdo que al rededor de tus decimonónicas vitrinas actuaban jóvenes miembros de coral, de indumentaria un tanto fantasmagórica, cual anunciando tu próximo final. De entre todos los museos has sido siempre mi preferido, pues tus colecciones reúnen un requisito único, gustar a gentes de todas las edades.
Me haces recordar anécdotas de lo más curiosas, retales de un pasado, que aún siento excesivamente presente. ¿Recuerdas aquella vez que, sin saber leer, solucioné la duda de unos “chicos grandes” acerca de si una de las muestras era un lobo o un tigre, resultando ser una hiena? ¿Recuerdas el “cachondeo” que tuvimos con mi chica al ver tu singular ejemplar de poto? Dentro de lo físico fuiste capaz de penetrar en lo metafísico. Tu dromedario en la puerta, tus cornamentas de antílopes y cérvidos en las escaleras, el elefante que custodia el pasillo, o el célebre esqueleto de ballena, siempre estarán en mi íntimo imaginario, al lado de todos aquellos restos de mi propio pasado.
¡Qué poco saben de museos en Barcelona! Tú tienes las colecciones al estilo de “la vieja Europa”, gozando de un edificio que, en no poco, recuerda al célebre museo de Historia Natural de Londres. Cierto es que siempre te faltaron dinosaurios, y que los museos de ciencias naturales sin fósiles notorios no son lo mismo, que más da. Quizá te faltó también algún dodo, y desde luego, una mayor muestra de cariño por parte de las instituciones, que ahora “te cierran”, con la excusa de un traslado. Celoso se ha puesto el Ayuntamiento de la caja soberana, desean hacer un sucedáneo de Cosmocaixa en los restos de un certamen, por muchos, totalmente incomprendido.
Qué lástima que un museo como tú deba adaptarse a los tiempos, a estos años que avecinan con tormenta, de crisis y declive occidental. Tú que representabas la Ilustración pasarás a ser un nuevo “museo moderno”, esperemos que no un “Memorial Democràtic”, y que el traslado acabe justificando los hechos.
¡No hablemos de Madrid! La hegemónica capital que todo lo atesora... ¿¡cómo jamás te cedió muestras “nominalmente pertenecientes a todo el Estado”, cuando el 90 % de sus fondos se apila en almacenes!? ¿Se hará ahora? ¿Qué hay de las universidades que “raptan” y se quedan los fósiles para ser objeto de estudios en primicia? Mi psique de niño revive y quisiera abrazarse sempiternamente a tus queridos muros. ¡Oh Museo! Tu sola efigie me ha inspirado siempre cariño, momentos de intimidad gozosa, tiempo para el cultivo de mis más profundas aficiones. Ahora “mueres” para ser “reencarnado”, quisiera controlar la ley hindú, y que tu nueva vida te honrara de veras.
Seguramente pasarás a ser un proyecto de museo “nacional”, sin mayores innovaciones que diseños y modelos artificiales. Ojalá me equivoque. Quisiera que tú, museo, conservaras tu alma y no se redujera tu existencia a una selección, menor, de las muestras zoológicas y geológicas que atesoras en tus dos edificios. ¿Es necesario recortar el gasto, o en verdad hay buenas intenciones?
No puedo confiar en estos gobernantes, amigo, pues ahora me desolan con tu muerte anunciada. Ojalá nos veamos con provechosa renovación, dentro de poco. Sepas que tus muros siempre estarán en mi imaginario, y tus colecciones en mis recuerdos. Cuida bien de “mi hiena”, del poto y demás especímenes. ¡Lástima que no admitieran a Copito! Tus ejemplares no son macabros a mi ver, sino ejemplos de tiempos pasados, fatalmente perdidos. ¿No volverán los buenos museos a tener vitrinas con muestras de interés? ¿Toda va a reducirse a interacciones sin “dinos ni momias"? La política de Barcelona con sus museos no es de mi agrado, espero que contigo, como mereces, me equivoque. Te deseo la mejor nueva vida, amigo mío, museo de mis recuerdos.
* Enlace facilitado por Artax:
http://www.lavanguardia.es/premium/publica/publica?COMPID=53935359195&ID_PAGINA=200806163&ID_FORMATO=9&PAGINACIO=1&SUBORDRE=3&TEXT=

domingo, 9 de mayo de 2010

¡Enhorabuena campeones!

Hoy me he resarcido de uno de mis peores recuerdos de infancia. Si los chicos de Guardiola fueron capaces de ganar la Copa de Europa, evitando que tuviera que aguantar comparaciones con el Nottinghan Forest, ahora lo han hecho los jugadores de la sección de baloncesto del F.C. Barcelona, no sin menos brillantez, y equivalente esfuerzo. ¡Adiós a aquel tapón ilegal contra Panathinaikos! Barcelona se está acostumbrando velozmente a recibir Copas de Europa... todas ellas con un sello muy curioso, muy especial y digno de alabanza.Xavi, Navarro, Puyol, Sada... la cantera tiene un peso clave dentro de un equipo ganador, ridiculizando a todos aquéllos que, como Olympiakos, sólo cultivan las inversiones multimillonarias, obviando el trabajo constante y el compromiso psicológico. “El Barça és més que un Club”, fuera de políticas (quizá la peor lacra de los últimos años en el Camp Nou), este equipo, en todas sus secciones, es una muestra de “estilo”, de gusto por lo excelsamente estético, lo puramente deportivo, lo similar a lo épico.
Me ha gustado que esta final se ganara así, y contra un equipo que representa lo más mezquino del deporte. Al igual que Chelsea, y Madrid, Olympiakos se une a aquellas escuadras que supieron demasiado de “Zidanes”, presumiendo de ineficientes “Pavones”. Un equipo es un grupo de trabajo, demasiado bien pagado, cierto, pero que, en todo caso, siempre juega mejor con el paso de los años. Aunque pueda parecer paradójico para algunos, los éxitos de las secciones del F.C. Barcelona son la garantía que ha servido a España para, al fin, conseguir títulos con sus Selecciones. En un panorama de crisis aguda, de pesimismo desenfrenado, se agradece, y mucho, que el deporte nos muestre que “algo” se está haciendo bien por estas tierras.
Quédense con Navarro y Xavi, ambos no son productos de esta junta directiva, ni tampoco sólo de la anterior, son producto de una “filosofía de club” que les ha permitido crecer como personas y, ante todo, como deportistas. El Barça se está convirtiendo en un rompe-mitos masivo, capaz de ridiculizar a aquellos griegos, italianos y serbios que tanto nos han hecho sufrir con su juego sucio, llamado en ocasiones, “saber competir”. Esta vez no le sobró a Papaloukas el presionar a los árbitros, ni a Teodosic el agredir a un rival, con total alevosía. El Campeón ha sido de los que hace historia, y no tanto por el título, sino por cómo lo han conseguido.
¿Se han fijado que tanto Ibrahimovic como Lakovic, por ejemplo, han sido los que menos han brillado en ambos equipos? ¿Se han fijado en sus salarios, en lo que ha costado traerlos al equipo? Sé que muchos dirán que Ricky se convirtió en el fichaje más caro de Europa, pero, después de todo, ¿acaso no ha sido invertido el dinero en un joven español, producto de esos valores que conducen a una entidad al éxito?
Este Barça es más que un Club, y de ello debieran aprender Florentinos y rusos. Se podrán ganar ligas esporádicamente, eliminar a equipos de buen juego (véase Inter)... pero, ni aún ganando, se conseguirá crear un equipo legendario, ejemplar para todos los jóvenes, si no es con la fórmula de “estos” Barças.
¡Enhorabuena campeones!

sábado, 8 de mayo de 2010

El pulpero de Lugo

España jamás fue un país de mercaderes. Obviando a la civilización tartésica, desaparecida con afán de crear el mito, la Península Ibérica fue siempre terreno para la especulación foránea, más que para la generación de capital con el propio comercio. Hubieron intentos notables, y éxitos “imperiales”, al aprovechar la antigua Corona de Aragón las virtudes de una Cataluña abocada al mar, con sucursales en todo el Mediterráneo, sin embargo, a diferencia de los italianos, los españoles jamás fuimos capaces de consolidar un “fondo de comercio exclusivo”, virtud de la venta de lo propio. En las Españas siempre se ha estado siempre más propenso a la religiosidad y al misticismo (ahora político), que a la generación de empresa y capital.

Españoles e italianos, primos hermanos”, es un dicho de lo más incorrecto. A los parecidos físicos y lingüísticos no le acompaña una competitividad a prueba de bombas, quién sabe si heredera de los tiempos del Imperio Romano. En cualquier deporte, y ahora también en los restaurantes, los habitantes de "la bota balompédica" nos ganan en ingenio, quedándose siempre un mayor porcentaje de beneficio, aún siendo rancios con la materia prima.

Por favor, no coman más pizza. Ese plato tan vanagloriado por los esbirros de “Berlusco” aune las mayores glorias del país italiano: la "rentabilidad" de la harina, unida a la "ingeniosa" combinación de unos pocos ingredientes. Tortillas, croquetas, empanadas o demás tapas variadas poco tienen que hacer con tamaño margen comercial, so pena de ser los españoles, por lo general, fácil presa para la italiana “sopa boba”. ¡Gracias a Dios! Cual alabando los escritos de Cicerón (y sus odas al trabajo manual, al cultivo de la tierra y las materias primas), aún existen lugares de nuestra geografía propensos a dar buenos guisos patrios. Como si de aquel programa de documentales se tratara, a veces existen verdaderos “paraísos cercanos” para los más exigentes gurmets, no demasiado lejos de casa, y cerca de los italianos...

El pulpero de Lugo” roza lo sacrílego. Situado en la calle Joan Maragall de Sant Adrià del Besós (poesía pura a la gastronomía), es el lugar idóneo al cual pudiera llevarse a Cicerón, de resucitar y querer comprobar “in situ” sus sabias tesis. ¡Déjense de pizzas, pepperonis, calzones y demás intrusismos napolitanos! Cuales héroes en un mundo donde la comida tradicional no se precia, los dueños del local cumplen con creces la labor de anfitriones, aunando buen hacer a simpatía. Su pulpo es proverbial, con secreto (jamás revelable), son capaces de cocinar al molusco de tal forma que, lo que en otros lugares parece plástico, aquí acontece gloria.

Puestos a alabar, diré, con serios tintes realistas, que en ese lugar son propensos a romper mitos. A la leyenda de que “lo bueno” de España se va fuera, ellos anteponen los productos frescos que traen desde la misma Galicia. Carnes de los valles de O Caurel, navajas de Finisterre, todo ello bañado en caldo legendario, hacedor de inolvidables veladas entre amigos. El “turbio”, dulce y con esa propiedad de “pasar por agua, para subir como el wisky” bien pudiera tomar el puesto del sobrevalorado “Lambrusco”, a la vez que su pan, típico gallego, nada tiene que ver con cualquier masa de pizza, como si la mafiosa harina no entendiera la lengua de Cela o Pardo Bazán.

¡Vayan con amigos, con la novia/o, la amante o los suegros (de llevarlos la “primera vez”, los tendrán rendidos cual los de Breda)! ¡Hora era de que aparecieran lugares, bastiones, donde la harina no se haga oro, y en los que pagando “poco” uno, a base de comer, pueda, bien bien, volverse, gastronómicamente, loco de satisfacción!

Mis saludos a los miembros del “pulpero”, con ánimo de no hacerles publicidad gratuita, y sí, alabanza por su trabajo. ;-)

jueves, 29 de abril de 2010

"Las calles de todos"

"Las calles de todos"
Nuevo artículo en LA VOZ LIBRE

Es curioso el trato que Roma siempre dispensó a sus antiguos enemigos. A aquéllos que le habían puesto contra las cuerdas siempre se les reservó una posición de preeminencia, de figura ejemplar, muy lejos del peligro que para la propia República, posterior Imperio, hubiera podido representar el entonces honrado. Aníbal es un claro ejemplo. La fealdad inherente al hecho de haberse quedado tuerto durante su heroico cruce de los Alpes, los asesinatos cometidos en suelo itálico o el hecho de que su fortuna hubiera surgido de una economía profundamente esclavista, como fuera la cartaginesa, poco influyeron en su representación posterior. Aníbal era un ‘héroe’, ante todo, porque debía serlo. El motivo era obvio: debía convencerse a la población de que sólo una figura con la irradiación del púnico podía haber vencido a quienes la gobernaban. El enemigo como heroicidad, la tergiversación del ‘enemigo’ en ‘ejemplo’.

Gellner, tal vez el más grande teórico del nacionalismo, dejó escrito que “una alta cultura impregna toda la sociedad, la define y exige ser sostenida por esa forma de sociedad y de organización política. Ése es el secreto del nacionalismo”. Obviamente, lo arriba explicado debiera verse más desde el prisma de la ‘naturaleza humana’, que desde el del nacionalismo, pues como afirmara el autor, no hay naciones o nacionalismos anteriores al proceso de industrialización. Sin embargo, no pueden dejarse de ver semejanzas entre las construcciones ‘ejemplarizantes’ de los romanos con las posiciones que sostienen los nacionalistas contemporáneos.

Dentro de esa ‘alta cultura’ normalmente están los políticos. Si comenzamos con Turquía, por ejemplo, nos daremos cuenta del superlativo peso, totalmente irracional, que descansa sobre la biografía de Kemal Atatürk. Si nos centráramos en la difunta Yugoslavia, algo así podría verse en Tito, lo mismo que en la antigua URSS con Stalin. También sucede algo semejante con ‘dirigentes escogidos’, véanse los casos de De Gaulle, Lincoln o el propio Garibaldi. Todo movimiento nacionalista requiere de personajes sobre los que hacer caer los valores de esa ‘alta cultura’, esos valores que incitan a imitar, lo máximo posible, la biografía, muchas veces inventada, de quienes son puestos como ejemplo. A nadie se le escapará que esta tendencia ‘ejemplarizante’ tiene una especial manifestación en lo que se refiere a la imposición de nombres para los diferentes espacios públicos. Los propios aeropuertos de Estambul o París así nos lo confirman, lo mismo que muchas, muchísimas, calles de Barcelona.

No es el único lugar, aunque muchos seguramente nos hayamos fijado muy especialmente en éste, pero en Barcelona, en sus principales calles y plazas, se manifiesta esta práctica nacionalista de ‘mitificar’ y buscar ‘ejemplos’ por los que defender unos ideales muy precisos, una ‘alta cultura’ sobre la que argumentar su pensamiento nacionalista: plaza Francesc Macià, paseo Lluís Companys, Estadio Olímpico Lluís Companys, calle Pau Claris, etc. Lo mismo sirve para los homenajes realizados, por ejemplo, a figuras como Cánovas del Castillo o Sagasta en las vías de Madrid. Con todos los males de esa legendaria ‘patria’ que algunos dicen encontrar en España, otros en los Países Catalanes o en Euskal Herria, es curioso que siempre se tienda a honrar a quienes son excluyentes por definición, aquellos que defienden ideas políticas y no resultados objetivos, indubitados y contrastables.

Es odioso pasear por la calle Sabino Arana de Barcelona, dedicada, como es bien sabido, a un fascista ‘ejemplar’, sin poder explicar a un hijo el porqué del nombre de Salvador Dalí de esa calle. Es poco más gratificante ver la plaza Francesc Macià sin tener la ocasión de explicar a un nieto que esa plaza se llama, por ejemplo, ‘De la neurona’, porque en la Ciudad Condal se descubrió este tipo de célula por Santiago Ramón y Cajal. Se honra a políticos que antes fueron producto de sufragio censatario y de ideas particularistas de una determinada clase social -la aristocracia y la alta burguesía- por unos políticos, que siguen siendo sectarios, y a falta de títulos nobiliarios ostentan, con pocas exclusiones, ‘nacionalidad’ y ‘alta cultura’.

Me pregunto dónde está la cultura de quienes no honran a sus muertos ilustres. Me pregunto cuándo honrará Barcelona, mi ciudad, a gentes como Dalí, los científicos Margalef, Crusafont u Oró, cuándo se le dedicará a nuestro queridísimo Copito de Nieve una plaza o cuándo Samaranch, quien trajo los Juegos Olímpicos a Barcelona, tendrá un premio, dándosele su nombre al estadio, gracias a él, olímpico... No tergiversemos como los romanos, no busquemos aníbales ni escipiones, tenemos gentes que bien valen un bravo o, en el menor de los casos, un simple reconocimiento. ¿Queremos nuevos Cajales, nuevos Dalíes u Oroes o nos quedamos con más esbirros de una política caduca, necesitada de regeneracionismo? Mi opinión es evidente: ojalá coincida, en muchos casos, con la suya propia.

Artículo aparecido en la web de Ciutadans-Partido de la Ciudadanía.

http://www.ciudadanos-cs.org/prensa/Javier_Serrano_Copete_Las_calles_de_todos/3680/

jueves, 22 de abril de 2010

Un estadio para Samaranch

La ambición está muy mal vista. Se entiende como algo negativo, carente de solidaridad, íntimamente ligada al egoísmo. Se tiene por equivalente a las “ansias de poder”, al querer ser superior y alcanzar prerrogativas y consideraciones superiores a las del común de los terrenos, véase “hombre estándar”. Se ignoran los sueños que llevan a la superación, y se incide en los aspectos que, de alguna forma, nos conducen a nuestra propia envidia.
Ayer falleció Juan Antonio Samaranch, Presidente honorífico del Comité Olímpico Internacional. Las reacciones no se han hecho esperar, y junto a las muestras de consuelo y solidaridad para con la familia, a las que me uno, han aparecido increpaciones y tergiversaciones de etapas conflictivas. Al Samaranch “dador” de los Juegos Olímpicos a Barcelona se le contrapone, por algunos, el de Samaranch esbirro del franquismo. Hay quienes no le perdonan haber trepado por el organigrama del régimen dictatorial, por más que en su subida hacia la “gloria olímpica” beneficiara a todos los barceloneses, y a todos los españoles en general.
Oía ayer en una emisora catalana, comúnmente posicionada con el socialismo, que gracias a Samaranch se “normalizó” (legitimó mejor dicho, no fuere que alguien lo llevara a falsas interpretaciones, basándose en fenómenos, funestos, de la actualidad) el uso del catalán entre la élite (en particular, durante su paso por la Diputación de Barcelona), abriendo el paso hacia la “normalidad democrática” de Cataluña (uniendo realidad social y política, justo lo contrario de lo que acontece ahora...). Sin embargo, y ante todo, si por algo se caracterizó Juan Antonio fue por conseguir abrir España al Mundo.
“Desde dentro” Samaranch hizo salir la rosa del capullo, eso sí, sin connotaciones de generación en cuanto al embrión vegetal (sino más bien todo lo contrario), pues España estaba atravesando el peor momento de su historia. Un país sumido en la decadencia, en una dictadura del Terror, aún herido por la peor catástrofe de su vida como Estado, pudo, gracias a él, acoger el máximo acontecimiento mundial, unos Juegos Olímpicos.
Barcelona no es lo que es hoy por la gestión de ninguno de sus alcaldes. Barcelona no es una metrópolis universal por ser capital de nación alguna, ni feudo de ningún glorioso equipo (del cual soy fan entusiasta). Barcelona es, valga la redundancia, la Barcelona de hoy en día, gracias a unos Juegos Olímpicos. Dice algún periódico de Inglaterra que Samaranch introdujo oscurantismo en el COI, quizá, simplemente, conservó un tanto las nieblas que siguen emanando del mundo anglosajón. Tal vez se le pueda echar en cara que no pudiera dar las olimpiadas a Atenas en su momento, que EEUU consiguiera un bodrio olímpico con Atlanta y que París y Londres, sin vergüenza alguna, hayan podido optar, con posibilidades una, con efectividad la otra, a unas olimpiadas que ya habían celebrado en más de una ocasión. Seguramente no fue culpa suya, y sí de una institución que tiene sombras, no atribuibles exclusivamente a la persona del difunto. Tal y como han hecho eco varios medios de información, y propuesto un partido político, ayer creé una iniciativa que promueve poner el nombre de Juan Antonio Samaranch al estadio olímpico. Sin lugar a dudas, y ante la carencia de méritos deportivos del actualmente homenajeado por el campo, esta iniciativa sea más cuestión de decencia que de necesidad. ¿Acaso se precia cualquier “entidad moral” que no sabe recordar a sus difuntos? Samaranch no fue perfecto, pues fue humano. No fue el hombre ejemplar para todo ciudadano, pues se puede no haber compartido ideas o prismas con él. Pero debemos ser empíricos y no metafísicos, reales y no soñadores. La ambición de un hombre nos hizo ser olímpicos, y por más que esté mal visto el querer alcanzar poder en medio alguno, a veces, como en este caso, de ser válido quien lo alcanza... se sacan ventajas. Quisiera que este fuera el principio de un pensamiento. Quisiera que pudiera llegar el día en que nuestros ilustres muertos no fueran meros políticos, por definición partidistas. ¿Dónde está el homenaje de Barcelona a Salvador Dalí, al Quijote (que pisó, aunque fuera literariamente, el barrio de la Barceloneta) o a Copito de Nieve (por ser un emblema simpático)? ¿Dónde están los ilustres científicos y filósofos que trabajaron o hicieron más grande, intelectualmente, la sombra de Barcelona (Ramón y Cajal)? Quizá sea el momento de construir imaginarios racionales, enaltecer el mérito, la razón y los éxitos colectivos, incluyentes. Dejemos a un lado el potiqueo tribalista y seamos bien nacidos, como diría el dicho. Os invito a esta reflexión, muy encarecidamente.

lunes, 15 de marzo de 2010

Contra el nacionalismo (Segunda parte)

Pero ¿sabe qué quiere decir una nación?; y aquél responde: "Una nación es la misma gente viviendo en el mismo sitio".
J. Joyce, Ulises.
"Para nosotros, ciudadanos de la República Federal, el patriotismo de la Constitución significa, entre otras cosas, el orgullo de haber logrado superar duraderamente el fascismo, establecer un Estado de Derecho y anclar éste en una cultura política, que, pese a todo, es más o menos liberal".
Jurgen Habermas

Muchos serán quienes se habrán dado cuenta de los problemas sociales que, poco a poco, va causando el nacionalismo catalán dentro de la sociedad catalana. Aún a riesgo de parecer querer tirar “piedras sobre mi tejado”, he traspasado las fronteras de lo “oficialista” para ejercer de blogger, es decir, expresarme libremente. Sin embargo, la primera parte de mi ensayo no acaba de tener “todo” su significado, si no se lee también esta segunda sección.

Se ha escrito antes sobre uno de los más genuinos “nacionalismos periféricos”, tratemos, ahora, el no menos criticable, a mi modo de ver, “nacionalismo centrípeto”. Junto a la “ley de convocatoria de referéndums con permiso del Estado”, a lo largo de la semana pasada destacaron las diferentes comparecencias en orden a discutir la prohibición, o no, de las corridas de toros en Cataluña. Coincidiendo con esta iniciativa, para nada centrada en el sufrimiento animal (o al menos no tanto como en el debate identitario), el gobierno de la Comunidad de Madrid ha propuesto declarar a la “fiesta nacional” como bien de interés cultural. Este juego de “vasos comunicantes” es un ejemplo de cómo funciona, en la mayoría de los casos, el fenómeno nacionalista.

Comúnmente se afirma que existen dos tipos de nacionalismos (así lo hace, por ejemplo, Walter Feinberg, de la Universidad de Illinois): el nacionalismo de exclusión y el nacionalismo de resistencia (pudiendo darse casos en el que ambos se predican en un mismo ámbito, por ejemplo, de resistencia frente al Estado, y de exclusión frente a los inmigrantes)1. El alza de uno es correlativamente proporcional al aumento del otro; el aumento del centralismo madrileño siempre provoca un auge del independentismo catalán. Cuando a “unos” se les ocurre prohibir los toros, a “otros” les falta tiempo para declarar las corridas como “bien de interés cultural”. Ello está claramente correlacionado, y encuentra su fundamento en una misma cosmovisión nacionalista, instrumentalizada, del mundo que les rodea.

Desde el gobierno de Madrid se cree en una nación española imaginaria. Se identifica a los toros como un “bien propio”, una “fiesta nacional”, obviando su hondo arraigo en Latinoamérica, Portugal o sur de Francia. Precisamente, con motivo de la discusión actualmente en curso en el Parlament de Cataluña, el Alcalde de Arlés (Francia) ha tenido ocasión de defender a los toros como un patrimonio del sur de Europa. No entraremos en temas de tauromaquia, pero es evidente que la manipulación del toreo es un hecho en el debate, no sólo catalán, sino también del resto de España. España equivale a Estado Español, y Cataluña a Comunidad Autónoma de Cataluña, en ambos casos contraponemos el nombre “oficial” a la administración que le representa. No podemos reconocer “culturas” o “identidades” propias de una u otra, cuando precisamente, el criticar los excesos de una, implica criticar los de la otra. Analicemos, visto esto, un ejemplo un tanto “populista”.

Para todo buen aficionado catalán “culé”, los lunes son un día de honda indignación “nacionalista”. Los comentarios de la “totalidad” de emisoras con sede en Madrid (por nombre “nacionales”) critican al equipo de la periferia por excelencia, el F.C. Barcelona, hablando, en muchas ocasiones, con prepotencia, de cagómetros, “villaratos” y demás entelequias de poca monta, propias del periodismo malo, caduco, y en muchas ocasiones, ofensivo. En alguna ocasión habrán visto que afirmo que no hay mayor “fábrica de independentistas” que una mala actuación arbitral en contra del F.C. Barcelona, o la lectura de uno de los periódicos de “ámbito nacional”, con sede en Madrid: véanse diario As o Marca. El fútbol es un fruto, claro, del tribalismo que reside en los nacionalismos. Solo hace falta ver cómo se esgrime la bandera de “la nación común” por algunos aficionados del Real Madrid, siempre que va a jugar el F.C. Barcelona, Atlétic de Bilbao o Real Sociedad.

En su brillantísimo artículo, Glover2 hace mención de un estudio psicosocial practicado hace ya algunos años3. Se hicieron dos grupos de chavales (unos serían, durante bastante tiempo, “policías”, y los otros “ladrones”). La duración del juego hizo que el mismo se debiera suspender por el surgimiento de roces e inicios de “crueldad” en el trato de unos contra los otros. ¿Qué nos indica un común juego de “polis” y “cacos”? Que las rivalidades deportivas comparten con los juegos muestras de un tribalismo (una peligrosa relación entre “identifiación” y “hostilidad”), quién sabe si no inherente a nuestra especie.

Ello puede verse en relación con el nacionalismo. El nacionalismo de “imposición” (desde el centro) provoca siempre un nacionalismo de “frustración”, fuere en la periferia o, en otros casos (no en el español), en las minorías étnicas. Insistiré en lo dicho en la primera parte (pasado post), las ideas, y citas, propuestas por los autores ya vistos pueden aplicarse a “cualquier” tipo de nacionalismo, fuere éste español, vasco, catalán, serbio, galés o canadiense. Tan nocivos son los informativos manipuladores del centro hispano como los discursos populistas de políticos secesionistas. La “razón” no es que sea necesariamente una, pero como dicen los neurocientíficos, no tiene por qué venir del mismo lugar que los sentimientos, que el tribalismo, que el nacionalismo. Separemos lo correcto de lo querido. Espero que, con esta segunda parte, queden más claros los “conceptos”. ¿Qué opinan?

Ejemplos de binominos naconalistas:

Ejemplo 1: Se construyen la mayoría de instalaciones olímpicas sin haber ganado su candidatura. En Madrid se dice que es un valor de la propia candidatura, y que, en todo caso, son equipamientos que requiere la urbe capitalina. En Barcelona se afirma que, con el pretexto olímpico, se han asignado fondos a Madrid, cuando no tenían que ser necesariamente, ni para esa región, ni para ese proyecto. Antes, no en modo marginal alguno, se dijo que Madrid y el resto de España estaban pagando los juegos olímpicos a Barcelona.

Ejemplo 2: Un actor conocido en su región aparece en un partido F.C. Barcelona - Valencia clamando por la independencia de los “Países catalanes”. Mientras, en la cadena pública de Madrid, TeleMadrid, existen ciertos periodistas que atacan, reiteradamente, a los que viven en Cataluña.

Ejemplo 3: En Madrid, dicen en Barcelona, son “catetos”; en Barcelona, dicen en Madrid, son “peseteros” y hablan “polaco” (la cadena pública de Cataluña, con esa broma, tiene un programa de humor titulado: “Polonia”).

…. los ejemplos son varios, seguramente muy similares a los que tengan Marsella y Lyon con París, o Milán con Roma. Son síntomas de “populismo”, “sentimientos comunes”, y como en el experimento entre “policías y ladrones”, de tribalismo. El propio Glover hace una excepcional referencia a un fragmento de la “Guerra del Peloponeso” de Tucídides: “Lo que hizo inevitable la guerra fue el crecimiento del poder de Atenas y el temor que esto causó en Esparta”. Obviamente, la antigua Grecia Clásica se caracterizó por no ser un sólo Estado, cuestión que no se solventaría hasta la conquista macedonia. Pero no deja de ser “indicativo” el correlato entre los sentimientos espartanos y atenienses.

¿Es capaz que exista un país sin nacionalismos? ¿Es el nacionalismo un factor con beneficios y lacras, o, simplemente, un “mal necesario”? ¿Qué opinan?

* Nota final: vistos el nacionalismo “periférico” y el nacionalismo “centralista”, queda un tercer tipo, más que de nacionalismo, de “conflicto identitario”. Se intentará hacerle mención en otro post pero, a modo de avance, quisiera dejar claro que, en comparación con los “problemas” existentes en países como España, Bélgica o Italia, hay un problema europeo que sobrepasará, con creces, lo hasta aquí visto. ¿Qué sucederá cuando un partido islamista turco consiga representación parlamentaria en Alemania? Virtud del principio de libertad religiosa ¿es posible la construcción de la mezquita más grande de Europa en Sevilla, cuando el islamismo radical sigue reivindicando el sur de España como territorio musulmán?

Los problemas “nacionalistas-identitarios” tienen una magnitud “in crescendo”, y en cualquier caso, como ya recogiera Alexis de Tocqueville en su Democracia en América, no podemos comparar estos problemas, ante todo europeos, con ejemplos norteamericanos. Los modelos defendidos, por ejemplo, por Kymlicka (aplicables al Québec), no son de posible aplicación en España o cualquier otro país europeo. ¿Por qué? Por los restos de aristocracia, historia y privilegios sociales... Aunque, como afirmo, esto es motivo para otros posts.

1W. Feinber, “El nacionalismo desde una perspectiva comparada. Una respuesta a Charles Taylor” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.
2Glover, “Naciones, identidad y conflicto” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.
3 C. Haney, C. Banks, y P. Zimbardo, “International Dynamics in a Simulated Prison”, International Journal of Criminology and Penology, 1973.

sábado, 13 de marzo de 2010

Contra el nacionalismo

En Cataluña cada vez es más frecuente jugar con las abstracciones. Hace ya años que se utilizan estratagemas filosófico-surrealistas con el fin de fomentar el ego nacional del pueblo (o de parte de él, mejor dicho), vulnerando el mayor derecho político que se conoce en democracia, poder votar y ser justamente representado. Los mismos diputados que no fueron capaces de reformar una ley electoral (existiendo propuestas donde se defendían límites temporales en los mandatos y listas abiertas) esgrimen derechos ciudadanos como panacea por la que solventar todos, o buena parte, de los problemas de los catalanes.

El pasado miércoles, día 10 de marzo de 2010, se aprobó por el Parlament de Cataluña la “Ley de consultas populares por vía de referéndum”, norma que “autoriza” la convocatoria de un referéndum (se piensa, claro está, en la “independencia de Cataluña”), siempre y cuando, se tenga “el permiso del Estado”. Ni aún soñando la sabiduría de Odiseo (Ulises), los nacionalistas, con “socialistas”, han construido un caballo de Troya (quizá “ruc” mejor, después de todo) en el que pretenden caber ellos solos, sin necesidad de otros partidos, ni de normas. El objetivo no es otro que entrar de lleno en la política española, su feroz enemiga, embaucando y consiguiendo discusiones que buen rédito electoral les reparará, con toda seguridad. Con disfraz y una constitucionalidad rígida (en cuanto a la “forma” se respeta plenamente la Constitución de 1978), la nueva ley nace en un clima de consultas populares por la independencia. Consultas, que por otro lado, han sido de minoritaria participación. ¿Fiesta de la democracia? El nacionalismo es un campo semántico en el que han cabido, especialmente en los últimos tiempos, buena parte de los peores sucesos que ha conocido la especie humana: la trágica desmembración de Yugoslavia o el conflicto árabe-israelí.

“Una alta cultura impregna toda la sociedad, la define y exige ser sostenida por esa forma de sociedad y de organización política. “Ese” es el secreto del nacionalismo”. Ernest Gellner1, teórico esencial del nacionalismo, escribió estas palabras en su obra clave: “Naciones y nacionalismo”, por razones temporales, sin haber sido capaz de poder ver la situación catalana de nuestros días. La “cultura superior” es aquélla que sale de las fuentes “autorizadas”: prensa nacionalista, o afín, canales públicos (controlados por el nacionalismo) y libros, personajes famosos y demás maquinaria que pretenden gobernar los fondos de un “corral” al que aspiran gobernar como “gallos” únicos.

"Para decirlo en pocas palabras, el nacionalismo es una teoría de legitimidad política que prescribe que los límites étnicos no deben contraponerse a los políticos, y especialmente —posibilidad ya formalmente excluida por el principio en su formulación general— que no deben distinguir a los detentadores del poder del resto dentro de un estado dado”. Es así como define Gellner al nacionalismo, considerando que, a diferencia de lo que pretende, se caracteriza por confundir “discurso” y “efectos reales de la acción”2 . Generalmente, el nacionalismo “inventa” naciones, no las resucita, ni mucho menos, reconoce. Los mitos de una “lengua común” y de una “historia común” son falacias abocadas al absurdo.

Empezando por la “historia común”, el nacionalismo requiere, por definición, de una “nación”, búsqueda que tradicionalmente se hace, como ya sucediera con el Romanticismo, en el Medievo. Grave error. El problema nacionalista es, siempre, así opina la ciencia, un problema “moderno”, propio de los estados industrializados. Como bien expresa Jonathan Glover, “historiadores y los científicos sociales tienden a describir a las naciones como productos de los Estados-nación y no lo contrario. Y los Estados-nación, a su vez, se explican recurriendo a su utilidad, bien para los industriales y los capitalistas, bien para los gobernantes coloniales3”. Es decir, bien puede defenderse que el “nacionalismo” intenta un proceso de “construcción nacional” con el orden de perseguir un futuro estado. La “nación catalana” jamás ha existido, es una creación política, abstracta, por parte de un movimiento secundado por una pequeña parte, poderosa, de la burguesía catalana. El correlato económico ha sido obvio a lo largo de los últimos tiempos, fuere con los anteriores “proteccionismos” o las actuales demandas por agravio y déficit fiscal. Con todo, el nacionalismo catalán pudiera llegar a estar en auge. Un control, como el que se tiene, sobre la educación de los niños asegura un porcentaje, nada despreciable, de futuros partidarios. La permeabilidad de los niños para aprender una ideología y una lengua, cuasi como “selladas” en su subconsciente, es increíble. Poco a poco comienzan a verse sus frutos.

No es extraño ver cómo los nuevos jóvenes catalanes hablan un catalán más estándar, próximo a la lengua formal de Pompeu Fabra, que el de sus abuelos catalanoparlantes (en el caso, por nada mayoritario, de que se tengan). Ello no deja de recordarme a la célebre anécdota de que en Italia un porcentaje ínfimo de la población hablaba un italiano estándar antes de la creación del Estado Italiano... La lengua es un instrumento, en el caso de los nacionalistas, con clara finalidad de manipulación política.

Steven Pinker4, quizá el más conocido neurocientífico de nuestros tiempos, defiende que “lengua” y “pensamiento” tienen un origen diferente dentro de nuestro cerebro. Es decir, ambos nacen en lugares diferentes, no estando vinculados el uno al otro. De ser esto cierto, como bien deduce el profesor George Fletcher (poseedor de la cátedra Cardozo de Jurisprudencia en la Facultad de Derecho de Columbia), ello significaría que “el pensamiento opera de forma autónoma respecto de la lengua, lo que implica que la estructura de la lengua es irrelevante respecto de nuestra propensión a pensar de una u otra forma5”. Dicho por mí, el asunto carece de rigurosidad, corroborado por personalidades de la talla de Pinker o Fletcher, la afirmación “la lengua sólo es un conjunto de ruidos que sirve como instrumento”, empieza a coger fuerza. “Desde mi punto de vista, la única forma auténtica de multiculturalismo es el multiculturalismo lingüístico”, afirma Fletcher.

Se mire por donde se mire, el nacionalismo puede llegar a ser más perverso de lo que muchos creen. Mis ideas no importan, pues pudieran, a priori, llegar a ser fruto de la juventud y la inexperiencia, sin embargo, ¿existen argumentos fáciles por los que poder discutir con las referencias aquí esgrimidas? Incito al desafío, al diálogo, incito a la democracia discursiva. Hablemos, escribamos aquí, o en otro sitio, dejemos las patéticas leyes del nacionalismo a un lado, y tratemos temas empíricos como la electricidad o las carreteras. El nacionalismo es invención, y para ello, sigo prefiriendo muchas novelas.

1Gellner, Naciones y Nacionalismo, Madrid, Alianza Editorial, 2001

2Cruz Revueltas, “Estado y nacionalismo tras Gellner, evaluación de su teoría” en Historia Mexicana, octubre-diciembre año/volumen LIII, número 002, El Colegio de México, México D.F.

3Glover, “Naciones, identidad y conflicto” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.

4Pinker, The Language Instinct, 1994

5Fletcher, George, “Razones para la autodefensa lingüística” en La moral del nacionalismo, Barcelona, Gedisa editorial, 2003.