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jueves, 22 de mayo de 2014

Mi postura ante las próximas elecciones!




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Mi postura ante las próximas elecciones y ante la "política internacional" en general...

sábado, 16 de noviembre de 2013

Una desgraciada historia con nombre de Imperio.

¿Y si el llamado “Imperio” hubiera sido, en verdad, una gran lacra para el porvenir de España? Es un tanto temerario poder hablar en estos términos, sin ser un historiador profesional, pero existen ciertas evidencias, testimonios, que parecen ir hacia esa dirección. Antes de que la plata de las Américas aumentara la hacienda de los Austrias, lo hizo la lana de Castilla. Célebres en Flandes, sirvieron más para financiar las campañas de los grandes Emperadores, que para sufragar las necesidades estructurales de una nación en construcción, y por todo ello en buena parte, aún hoy en día inacabada.

En estos días, dentro del estrepitoso desplome cualitativo de RTVE, destaca la serie histórica-culebrón “Isabel”. Con fuertes fundamentos históricos y un casting de lo más selecto (destaca la hegemonía catalana, síndrome de que no todos estamos en contra de la historia común…) me atrevería a decir que es lo mejor que tiene en parrilla la 1 (aunque con programas como “Entre todos” o el satánico “Corazón, corazón”, mucho quede por compensar). No cabe duda de que el periodo de la historia española escogido es de lo más adecuado, no sólo por lo que pasó, sino también por lo que pudo haber pasado, y no acaeció. 

En su interesantísimo libro “La mirada del poder” (Temas de Hoy, Madrid, 2006), González-Trevijano (actual Magistrado del TC) ya destacó el papel del Rey Católico, Fernando, como príncipe renacentista ideal, hombre de Estado y gran estratega geopolítico. Se dice que en él se plasmaron todos los ideales de “El Príncipe” de Maquiavelo, y de que fue uno de los soberanos más brillantes, no intelectualmente, que dio este país. Con todo, la desgraciada historia de su estirpe (quedando como Reina heredera, Juana “la Loca”) hizo que sus planes se torcieran y que el futuro de España quedara ligado al de la Casa de los Austrias, más pendientes de la Europa Continental que de las tierras del Ebro y el Duero…

Esta es la interesante tesis que defiende Márquez de la Plata en su obra “El trágico destino de los hijos de los Reyes Católicos” (Aguilar, Madrid, 2007). No cabe duda de que la España que heredaron los Reyes Católicos era una de las zonas más avanzadas de la Cristiandad. Como ocurre con todos los “melting pot”, sean éstos raciales o culturales, la fusión de la Castilla cristiana con el al-Ándalus musulmán hizo que las quintaesencias de ambos se fundieran en un porvenir que se avecinaba glorioso.

No sólo Castilla experimentó prosperidad. La Corona de Aragón mantenía un “imperio mediterráneo” que le situaba como una potencia mercantil, a la que sólo alcanzaran a hacer “algo de sombra” las ciudades-estado italianas (destacando Génova como su archienemiga). Por otro lado, el aún, relativamente joven, Reino de Portugal gozaba también de la prosperidad cultural que reinaba por toda Iberia. Si Castilla hizo bien optando por Isabel y la Corona en vez de por Portugal y la Beltraneja es un tema que aún intriga a los historiadores y a cualquier cábala de “pasado-ficción”. El caso es que la España que aquél entonces comenzaba a fraguarse prometía, y sólo la desgracia de unos nobles chiquillos nos condujo al fiasco histórico de lo que pudo haber sido, y no fue.

El Imperio Español fue de todo, menos español. De España se tomó la lengua, los hombres de armas, y lo que es más importante, las rentas del cereal y las lanas castellanos. Flandes a Segovia le importaba poco, y las guerras que allí se libraron no sirvieron más que a los designios de la Casa de los Austrias. Si una Casa nacional nos hubiera reinado… quizá otro gallo hubiera cantado. Con ello no se puede negar que Carlos V y, sobre todo, Felipe II fueron dos de los dirigentes más poderosos de la Historia (equiparables quizá solamente a Trajano o al gran Gengis Kan, de quien, por cierto, el Rey Juan Carlos I tiene genes).

En España el mayor expolio histórico lo ha sufrido Castilla (incluyendo en ella a los actuales territorios de Extremadura y Andalucía). Si esas rentas se hubieran invertido en nuestras tierras, quizá tuviéramos un país más vertebrado y el Penacho de Moctezuma no se hallara en el Museo de etnología de Viena… Con todo no podemos olvidarnos de una gran lacra española, común, cierto es, al resto de Europa: el patrimonio inmovilizado de las Grandes Casas Nobiliarias, en particular las de Alba, Medinaceli y Medina Sidonia. La gran riqueza agrícola fomentó una aristocracia terrateniente, que no mercantil, lo cual, opina, también influenció en las prioridades soberanas. Todo esto es historia… ¿qué podemos hacer ahora?

Sin lugar a dudas, lo que no fraguó por desgracias familiares en casa de los Reyes Católicos, una vertebración nacional que acabe con este país eternamente adolescente y lo lleve a una posición seria y definida. El debate territorial es una plasmación de lo dicho, lo mismo que la Crisis española (pedánea de la Global pero con caracteres propios), que es más política que económica. Mi opinión: el futuro es Portugal. Si hacemos caso del título de la última obra del gran geopolítico Robert D. Kaplan (“La venganza de la geografía”, RBA Libros, Barcelona, 2013), España debe consolidar su “posición geografía” e integrarse en un nuevo sueño... llamado Iberia. 

Imágenes: 1) Retrato del Rey Católico; 2) Escudo "propuesto" para Iberia. 

jueves, 28 de enero de 2010

El momento de Iberia

Artículo publicado en la revista ICTINEO http://www.ictineo.org/
Que España está en crisis es algo que nadie duda. Las medidas adoptadas por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tardan en dar frutos, y la economía del país, en palabras de Nouriel Roubini, es “una amenaza para la zona euro”. Sí, efectivamente, mi país se adentra en una etapa de lo más ominosa, y parece, a primera vista, que la solución no va ha ser fácil. Sin embargo, y aún sin saber economía, creo que las afirmaciones de Roubini son “partidistas”, y bien propias de un economista procedente de los EEUU, por antonomasia, rival económico del Euro y, por derivación, de la economía europea.

A mi ver el mayor lastre actual, tanto a nivel español como europeo, no son los políticos tanto como las instituciones. Por más que cambien “caras y bigotes” en el fondo se respira incompetencia e incultura, por lo que quizá fuera más productivo comenzar a hablar de “instituciones” y no de “nombres”. Definitivamente, creo que esta crisis es el momento ideal para una profunda reforma de nuestro país, y tal vez, también de Europa (como ya habrán podido comprobar, este post es producto de un ejercicio personal de confesión de ideas, sin mayor pretensión que ello, más siendo un profano en economía y en otras tantas ciencias).

Ojalá la reforma constitucional, tan presente en los discursos políticos actuales, se lleve a término. Obviamente, los peligros de tocar la “norma normarum” están ahí, destacando, para la clase dirigente, el miedo a que se pudiera elegir “otro” sistema político, o mejor dicho, otra organización. En la España actual sobran autonomías, y faltan territorios para volver a ser un país rentable en potencia. Es mi opinión, la España “grande y única” no tiene futuro, menos, aún, que la España “cúmulo de reinos taifas”.

Siguiendo a personalidades de la talla de Saramago o Unamuno, creo que puede ser el momento de pensar en Iberia. Geográficamente la Península Ibérica es una unidad geográfica, que se separa del resto de Europa por la cordillera de los Pirineos. El Miño, el Duero, el Guadiana o el Tajo son todos ellos ríos íberos, que nacen en España, para desembocar en Portugal, sin lugar a dudas, metáfora ribereña de cuál es el futuro, en cualquier caso compartido, de ambos Estados. Muy expresivamente, tras ganar las elecciones de 2005, el actual Primer Ministro luso, José Sócrates, exclamaba: “¡La prioridad es España; luego España, y después España!”.

A todos los factores que unen a ambos países debieran unirse algunos datos, antes de formarnos un juicio sobre la conveniencia de unir a ambos países. Una información aparecida en “Terra Noticias”, el 27 de Septiembre de 2009 nos ilustra acerca del “potencial” que tendría este hipotético país: “El resultado de una Iberia unida resultaría en el país más grande de la Unión Europea en extensión (el tercero en Europa tras Rusia y Ucrania), el quinto en población (casi 60 millones de habitantes, rozando el número de habitantes de Francia, Reino Unido e Italia) y una potencia lingüística hispano-lusa (608 millones de personas) sólo superada por los 1.000 millones de chinos que hablan mandarín”.

¿Y por qué no? Más de un 40% estarían a favor de esta unión, la mayor parte de las internacionales sitúan una filial “ibérica”, Telefónica y demás empresas dominan sus respectivos mercados, GALP cada vez expande más sus gasolineras por suelo español. ¿Miedos a Yugoslavia? ¿No es España un país, ya, lo suficientemente diverso? Imagínense un lugar del mundo donde las lenguas convivieran en paz, donde una eficaz administración descentralizada diera eficiencia, y nervio, a una economía, cuasi siempre, menospreciada. Si las “antiguas colonias”, con Brasil a la cabeza, cada vez unen más puentes entre ellas (el castellano ya es oficial en la Patria de la Amazonia), ¿por qué no las antiguas metrópolis? Tal vez esto ayudara a recuperar “el patriotismo” de dos países cada vez más perdidos, a diferentes intensidades, en unos mismos problemas.

Claro que habría que “ceder” en muchas cuestiones. La Corona no tendría razón de ser (escollo importante para este proyecto, sin lugar a dudas), y la capitanía del nuevo Estado tal vez debiera dividirse al “estilo holandés”. Como dijera Maragall en su momento, ¿por qué no podría estar el Senado en Zaragoza? A lo que añado yo, ¿y el Parlamento en Madrid, y el Gobierno en Lisboa?. Por qué no refundar un país donde las antiguas potencias medievales, Portugal, Castilla y la Corona de Aragón, “volvieran” en una versión actual.

Los nacionalismos cederían, de alguna manera. El nacionalismo centrípeto ante la fuerza, ya no sólo de Cataluña y el País Vasco, sino también de Portugal. El nacionalismo periférico perdería razón de ser, pues el nuevo “hijo político”, sería producto necesario del mestizaje.

Si las crisis son para reflexionar... ¿¡Por qué no se iba a poder soñar!? Los inicios de un movimiento, sobretodo en Portugal, se han configurado. ¿Hasta dónde llegará?

Primera imagen de Małgorzata Kaczor

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