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sábado, 25 de febrero de 2012

Paranoia de política ficción.


Los cazas sobrevolaban las cumbres del Moncayo. Radares atómicos buscaban entre riscos y quebradas algunos de los últimos guerrilleros que osaban plantar cara a la potencia chinorusa. La escena era sumamente ejemplificativa, uno de los históricos imperios de ultramar reducido a escorias. Guerrilleros armados con viejas armas de la última Gran Guerra plantaban cara a dragones mecanizados, aparatos de última tecnología que llevaban el emblema del oso y el tigre.

Lo que antaño fue España ahora era un terreno virgen excepto en lo nuclear. Poco rastro de vida quedaba por entre las calles de Madrid o Barcelona. Todo se había convertido en un cuadro soñado por el más conspiranoico de entre los locos del pasado. Francia ni existía, el Papa hacía casi un siglo que se había marchado a Pennsylvania, resguardado tras el escudo antinuclear de la Alianza Libre (los antiguos EEUU...).

Sólo quedaba uranio enriquecido en las planicies de Westfalia. Murmullos y promesas rotas eran entonadas en forma de canción de gesta por supervivientes marginales. La resistencia de Munich ya era un mito, la aniquilación de Dortmund un recuerdo. Cuando comenzaron las hostilidades entre la Alianza (EEUU por aquel entonces) y los chinorusos, Europa aún se creía la cuan de la civilización global, el sancto sanctorum de la especie humana.

Todas las profecías situaban a Roma como inviolable. Nadie soñaba con que París, Berlín o Budapest pudieran ser reducidas a cenizas. Los antiguos “bárbaros” de los Urales, aquellos con los que los europeos ni tan siquiera se habían sentado seriamente a negociar jamás, ahora eran los dueños del territorio más densamente histórico en retrospectiva. Europa era un cadáver, una nueva Atlántida que, por primera y necesariamente última vez en su historia, no había sabido medir bien los equilibrios de poder y los peligros de su vecinos, cuasi por determinación biológica, siempre infravalorados.

Los griegos, fieles a una servidumbre ortodoxa milenaria, recuperaron Constantinopla. Moscú se extendía hasta Pekín, formando ambas la conglomeración más extensa jamás soñada. La población mundial se reducía a dos grandes potencias (por siempre enfrentadas) y dos territorios preservados de toda guerra: África y América Latina (dos pulmones verdes para un organismo que no había sabido plantar su simiente por otros lugares del Cosmos).

File:Nuremberg in Ruins 1945 HD-SN-99-02986.JPEGSi bien las catedrales góticas de toda Europa no eran más que macabros camposantos conmemorativos de vetustos explendores, queriéndose reír de toda contingencia y todo eco de gloria, un rebaño de los eternamente en peligro bisontes europeos trotaba por el zoo de Boston, en un gigantesco recinto aledaño al de los linces ibéricos. El hombre, que bien supo salvar especies-bandera, no había sabido repartir la escasa tierra entre los diferentes pueblos del Mundo. La Selección Natural, en su versión social, había acabado con aquellos pueblos más débiles, que antaño monopolizaron el control del Mundo.

Los ciudadanos de Londres alababan a su nueva patria-madre, aquella que desde los Apalaches les había traído un escudo (por los donantes previamente estrenado) que, por el momento, les protegía de los envites nucleares que habían acabado con sus antiguos “socios”. Los hijos de la Gran Bretaña estaban aislados del Continente, no por novedad alguna, sino por haber sabido jugar sus cartas, aunque fuera miserablemente.

Mientras en Manchester y Liverpool seguían practicando el sacro y centenario juego-rito del fútbol, las llanuras del Rin y el Meno no hacían más que llorar la pérdida de la madre germana. No supieron ver el futuro, y se cerraron en sí mismos, quisieron preservar unas presuntas esencias europeas, y no hicieron más que gangrenar a todos sus socios. Alemania sólo existía ya en el mundo de los espíritus, el mundo de Platón jamás visitado por mortal alguno. Alemania no supo elegir, no supo hablar con sus hermanos, no supo medir sus fuerzas, y desde luego, jamás supo comerse su orgullo. Tres Grandes Guerras participadas por ella fueron demasiadas. Llegado el momento, los EEUU se cubrieron con su escudo, olvidándose del resto del Mundo (aquél que buena parte de sus ciudadanos identificaban más con Venus o Marte que con lugares semejantes a su patria). Alemania, con su ceguera ya antológica, no supo salvar al resto para salvarse a sí mismo. Se fió de moralmente pobres compañeros, y al final fue pasto de las llamas. Europa no supo ver que se estaba situando en el centro del choque entre americanos y chinorusos. La franja geopolítica que antaño ocuparon los países del coloquialmente llamado “Están” (Afganistán, Irán....), ahora estaba siendo poblada por los orgullosos Europeos. 

Nínive fue grande en su momento, lo mismo que Madrid o París, pero nada es inmune al paso del tiempo, si la naturaleza del hombre, se sigue consolidando como territorialmente perversa...

NADA DE LO QUE HASTA AQUÍ ESCRITO ES REAL, ESPEREMOS QUE JAMÁS PUEDA LLEGAR A TENER NADA DE CIERTO...

sábado, 17 de diciembre de 2011

El pseudo-borracho


- ¡No conoceréis el miedo! ¡El miedo mata la mente! ¡El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total!

- ¡Sabias palabras para un borracho, amigo mío!

El pseudo-ebrio barbudo se giró repentinamente y vio la efigie del bellotín genio. Zalakín le miraba con cara de entusiasmo, con la típica expresión de aquellos niños que ven a un adulto hacer cosas poco al uso. Con todo, Zalakin era joven sin ser infante. El local no era digno para menores. La taberna “Uno, dos y tres” (de nombre correlativo al número de consumiciones obligatorias) era frecuentada por múltiples víctimas del vicio. Fumadores de especia, querubinas de tres pechos, chupópteros de mil rones... por la taberna merodeaban seres de todos los rincones de Imagina. Las vigas del local tenían rastros de sangres secas multicolor, restos que daban testimonio de violentas peleas. El local era todo en sí una caverna y Zalakín desconocía si iba a encontrar allí al “sabio”.

El hombre barbudo echó de su lado a las dos querubinas dándoles un cachete de camionero en sus esponjosos traseros, y metiendo una moneda en cada uno de sus canalillos. Ambas mercenarias del amor fueron a contentar a otro borracho y el falso ebrio se quedó a solas con Zalakin (todo lo solo que puede quedarse uno en la barra de una taberna).

- Tú cara me dice que no has venido a escuchar las sentencias de un borracho.

- No señor- contestó Zalakín. -vengo en busca del Poeta Solitario, me manda mi abuelo, el Viejo Carrasco.

- ¡Shhhhh! Se dice que los borrachos dicen la verdad... ¡pero nadie se cree que puedan seguir una conversación seria! ¡Disimulemos!

A Zalakin no le dejó de sorprender el proverbial mimetismo que había estado practicando aquel peculiar habitante de tabernas. Lejos del tópico, el sabio simulaba estar borracho. Dejaba caerse su vergüenza so pena de parecer incontrolado, para así no llamar la atención ¡y ser uno más entre borrachos!

- Los vicios son una condición para la supervivencia social. El éxtasis sólo se alcanza sin raciocinio serio, ¡y a ello ayuda el alcohol y todo vicio! No te fíes de quien diga que los borrachos dicen la verdad, pues querrá disimular que a él siempre le ha gustado la religión de Santa Cogorza. El alcohol no es un maná, es un veneno para el intelecto. Un asesino masivo de neuronas, cuya imitación brinda disfraz.

El pseudo-borracho, pues en verdad era sabio, simulaba ser el más vicioso entre iguales. De no haber ese autocontrol entre la sociedad las revoluciones se sucederían como pies en una escolopendra.

- Hazme caso, Zalakin, y no creas que el saber algo es mayoritario. Jamás interesará que la gente sea consciente, pues el inconsciente es manipulable. Condicionar una mente es tener un siervo, enseñarle no es más que fomentar el nacimiento de un eventual rival. ¿Comprendes el por qué es más útil ser falso borracho disimulado que diana justiciera en un mundo de inteligentes interesados?

Zalakín aprendió que todo vicio es una red de dominación, una útil herramienta por la que mantener contento al populacho. Los mitos acerca de lo bueno de estar ebrio claro que le siguieron llegando, pero jamás volvió a creerse que un borracho dijera la verdad, ni que los bares son templos más allá de sus eventuales manjares...


* Imagen: "El borracho", cuadro de Vladimir Makovsky.
* palabras iniciales inspiradas en Dune, de Frank Herbert. 

sábado, 26 de noviembre de 2011

La mejor literatura


Leer es sano. A falta de confirmación oficial-sanitaria se me ocurre decir que es la más eficaz práctica de prevención del Alzheimer, la mejor forma de fortalecer la aptitud para el aprendizaje, y cómo no, una placentera forma de sentirse bien, aprender y, por ende, hacer subir la autoestima. Comenzar un sábado leyendo tranquilamente bajo el edredón de un moribundo (y algo cálido) noviembre, es un placer exquisito.

No es una práctica que siempre me pueda permitir, o que siempre se me ocurra practicar (no así por las noches, cuando acontece “conditio sine qua non” para el sueño), pero este sábado he podido gozar de este pequeño placer, gratuito, leyendo “El lector” de Bernhard Schlink. Es muy gratificante gozar de un libro inesperado. Esta pequeña joya de la literatura alemana contemporánea ha hecho como los grandes aprendices: pasarse las colas (de lectura en este caso) y subir muchos grados y jerarquías de una sola vez.

Leer a Schlink me hace reflexionar en torno a lo excelsas que son ciertas literaturas por encima de otras. Obviando eventuales superioridades de unas culturas sobre otras, no podemos dejar de ver que existen ciertas lenguas más proclives a darnos grandes ejemplos de "alta literatura". Quién sabe si por los fonemas y lexemas, o por el rancio abolengo histórico que arrastran algunas lenguas, existen idiomas que son capaces de emitir un sinfín de grandes novelas, sin apenas acabar con sus recursos. En tiempos de Crisis, de dudas económicas, y también intelectuales, no podemos dejar de preguntarnos sobre lo justo, o erróneo, de los pensamientos que en ocasiones damos por indubitados.

El inglés no es, ni mucho menos, la mejor lengua para la literatura. Estamos cansados de escuchar que es la lengua talismán para la música moderna, y que es una lengua idónea para su aprendizaje rápido y efectivo, sin embargo, ¿acaso es una lengua literaria?. Lo dudo. No por capricho, sino por necesidad, me atrevo a cuestionar lo que el mundo anglosajón nos impone como incuestionable. Tras Shakespeare y Dickens “no todo el monte es orégano”. No deja de ser inquietante ver cómo existen literaturas que, con un menor grado de alfabetización, han brindado a la Humanidad mayor número de grandes obras que la lengua inglesa.

No caeré en el chovinismo excesivo, al menos en esta ocasión, aunque no me prive de decir que Quevedo no tiene nada que envidiar al autor, ¿anónimo?, de “Romeo y Julieta”, pero debo recordar que la literatura española del Siglo de Oro (con Cervantes, Alemán, Quevedo, Góngora...) es uno de los momentos álgidos del genio humano, y eso que la España Imperial no era excesivamente culta y sí, en cambio, profundamente analfabeta (como la mayoría de su época). Algo similar ocurre con la que, a mi juicio, es la mejor de cuantas literaturas haya creado el hombre, la rusa.

Ni el inglés, ni el chino, el ruso es una de las grandes lenguas literarias, o quizá la mayor. Posiblemente ello explique lo difícil de su aprendizaje y lo rico de su fonética. No creo decir nada nuevo, ni rompedor, si afirmo que los mayores prosistas de la Historia son Dostoievsky y Tolstói. Curiosamente, el grado de analfabetismo de la Rusia zarista y de la España Imperial no distan en exceso, al igual que la excelsitud de sus obras, por lo que, no sin cierta curiosidad poco disimulada, me planteo cuál es el carácter que favorece mayormente un alto grado de excelsitud en lo que a literatura se refiere.

Obviamente, el idioma es un factor clave. Tanto el ruso como el español son idiomas que se prestan mucho más a la literatura que el inglés. El “inglés culto” debe recurrir en cuantiosas ocasiones a latinismos, no así el ruso, valga el ejemplo. El español tiene un sustrato único en el Mundo, atesorando en su seno elementos latinos, prerromanos, árabes, germánicos, precolombinos... Pero la cuestión idiomática no parece ser ni la única ni la definitiva.

No hace tanto recuerdo tener una conversación con un buen amigo en la que discutíamos sino eran las calamidades vividas por una sociedad lo que hace que, en muchas ocasiones, se generen grandes obras literarias. Bien mirado, ello podría explicar la gran producción literaria durante los ocasos español y zarista, y muy especialmente, también podría corroborar lo interesante, y elevada, que es la literatura yugoslava (si bien, aquí también intervenga el componente idiomático, al ser lengua eslava).

Se mire por donde se mire, la verdad no es lo que se dice ni lo que parece, sino un calificativo que muchas veces nos transciende, es cuestión de fe, y que pocos podemos conocer. No crean que su literatura es inferior a la del “Imperio”, pues pueden llevarse sorpresas, ¿verdad?

domingo, 20 de junio de 2010

Matriarcado vs. patriarcado.

“Está bien, lo admito, siguiendo mis consejos, el hombre oprimido acabó con la fase multimilenaria del dominio femenino sin historia, al empezar a enfrentarse con las fuerzas de la Naturaleza, sentar los principios del orden, sustituir el caótico -por incestuoso- matriarcado por la disciplina responsable del derecho patriarcal, dar vigencia a la razón apolínea, pensar utópicamente y hacer Historia en la práctica”.
Günter Grass, “El rodaballo”.
Günter Grass es, bajo mi punto de vista, no sólo uno de los escritores más mediáticos de este pasado siglo XX, y principios del XXI, sino que, también, es uno, quizá el más, original de todos ellos. Más allá de “Pelando la cebolla” o el “Tambor de hojalata”, quisiera destacar “El rodaballo”, una obra ciertamente curiosa. Con suma originalidad, Grass hace una síntesis de historia humana narrando el paso del matriarcado al patriarcado, haciendo especial hincapié en la “guerra de sexos”, tan en boga en nuestros días. La conocida fábula de “El pescador y su mujer”, de los hermanos Grimm, es transmutada en una novela de lo más sugerente, donde el papel de pez lo encarna un rodaballo, simple y llanamente, pero, eso sí, con una inteligencia y capacidad de expresión proverbiales. Esta obra, como toda “obra cumbre” (predestinada a ser un “clásico”, como el propio autor), me ha hecho reflexionar a cerca de varias ideas... Particularmente sobre el éxito del “patriarcado” sobre el “matriarcado”, tema clave en antropología, historia y humanidades en general. Estoy seguro de que no serán pocos los que asocien el término “Prehistoria” con la célebre estatuilla conocida como Venus de Willendorf (conservada en el Museo de Historia Natural de Viena). Obviamente, los estándares de belleza en esta figura son muy distantes de los actuales (y no tanto de los patrones de la Edad Moderna, véase, por ejemplo, el célebre cuadro de Rubens: “Las tres gracias”). En el arte prehistórico predomina el “culto” hacia las espaciosas ingles, y generosos senos, aptos para perfeccionar el proceso de la reproducción. En la mujer se refleja el culto a la “Diosa Madre”, a la fertilidad y la renovación. Afirma Grass en “El rodaballo”, basándose en los estudios clásicos de antropología, que con el fin del matriarcado comenzó la “civilización”. ¿Qué hay de cierto en ello?
No es ningún secreto que el camino que nos separa de la Prehistoria ha sido controlado por el “patriarcado”, o lo que es lo mismo, el dominio del hombre sobre la mujer. Es muy discutible que ello siempre haya significado la represión de lo femenino (me niego a afirmar la mezquindad de la vida de nuestras abuelas y demás “antepasadas”), pero es bien cierto, y de ello no hay duda, que hubo un momento en que las representaciones semejantes a la Venus de Willendorf dejaron de aparecer, curiosamente, coincidiendo con la aparición, en pocos lugares, de determinados “cultos fálicos”.
Se afirma que el paso del matriarcado al patriarcado tuvo un punto de inflexión clave cuando el hombre descubrió que era él, con el semen, quien fecundaba a la mujer, siendo, por ende, padre de la criatura. Un hecho tan bien sabido por cualquier mortal actual, fue todo un descubrimiento (quizá mayor que el del fuego) en los tiempos prehistóricos. Que el hombre pudiera situarse como factor indispensable en lo que a la reproducción se refiere, hizo que comenzara a tomar consciencia de la necesidad de asegurar su paternidad. El culto a la fecundidad femenina se dejó un lado, comenzando la civilización.
El progreso de la cultura no ha sido nunca sencillo. Desde los hititas con el uso del hierro, hasta los EEUU con la invención de la bomba atómica, el progreso humano ha estado intrínsecamente correlacionado con la industria de la guerra. El establecimiento del patriarcado, coinciden los estudiosos, significó la aparición del orden social, las normas jurídicas, la propiedad privada, el Estado, e igualmente, la esclavitud. De una cosmovisión “púbica” se pasó a una cosmovisión donde siempre debía gobernar el más fuerte.
Dicho esto, no es del todo cierto que el patriarcado abandonara desde un primer momento el culto a los dioses de la fertilidad. Si bien es cierto que los mecanismo de control, por ende coercitivos, se expandieron, también lo es que los pueblos agricultores siguieron honrando a las deidades de la tierra, no sólo como causantes de la procreación humana, sino, ante todo, como dadoras de fertilidad para el campo. Al igual que la agricultura en sí, las creencias en diosas de la fertilidad se impusieron, muy especialmente, en el ámbito mediterráneo, así como en el Creciente Fértil.
A diferencia de los pueblos agricultores, en las estepas euroasiáticas imperaba el culto a los dioses de la guerra. Los pueblos pastoriles debían sobrevivir en entornos mucho más hostiles, sufriendo el nomadismo y la escasez de pastos. En estas culturas el culto hacia la fertilidad no existía propiamente, realzándose la figura de los dioses guerreros, así como de las deidades responsables de las catástrofes naturales y las enfermedades. La “fuerza” era vista como el poder máximo terreno, frente a la “fertilidad”, que era el valor clave entre los ganaderos.
Sin ignorar el sumo simplicísmo de lo hasta aquí explicado, los estudiosos coinciden en identificar, en no poca medida, a estos pueblos ganaderos con los indoeuropeos. Las migraciones de estos pueblos provocaron una revolución en toda regla, fundándose nuevas civilizaciones, de mentalidad guerrera, donde antes reinaba la “relativa” paz de los pueblos pastoriles. Efectivamente, dentro del campo semántico “indoeuropeo”, destacarían civilizaciones como la de los hititas, los celtas... o los propios romanos.
Muy sintéticamente, pues, puede afirmarse que la evolución de la cultura en tiempos históricos se ha caracterizado por el paso del matriarcado al patriarcado, el cambio del culto a la fertilidad por el “culto a la guerra”. Dicho esto, no hace falta decir que el elemento “matriarcal” no ha sido del todo eliminado, y se halla mucho más presente en nuestra cultura de lo que nos imaginamos. Cultos como el de los egipcios hacia Osiris, o el propio culto cristiano hacia la resurrección del Hijo de Dios, no dejan de estar relacionados con “lo cíclico”, con el ciclo de la vida y el culto a la fertilidad. ¿Orígenes “matriarcales” del Cristianismo? La historia es una caja de sorpresas, de Pandora en no pocas ocasiones, que siempre sorprende al ser abierta... ¿Es meridianamente cierto lo hasta aquí expuesto? o ¿quiénes fueron los indoeuropeos?... son cuestiones que quizá jamás seamos capaces de ratificar, pero los indicios son evidentes.
Tercera imagen: Yazilikaya, hethitisches Heiligtum bei Hattusa, Türkei, Kammer B Prozession der 12 Unterweltsgötter de Klaus-Peter Simon, GNU Free Documentation License, Version 1.2

domingo, 21 de febrero de 2010

Dostoievski: genio y profeta

“Yo sólo tengo fe en mi idea esencial: la que consiste concretamente en decir que los individuos, por ley de Naturaleza, divídense, en términos generales, en dos categorías: la inferior (la de los vulgares), es decir, si se me permite la frase, la material, únicamente provechosa para la procreación de semejantes, y aquella otra de los individuos que poseen el don o el talento de decir en su ambiente una palabra nueva. Las subdivisiones, naturalmente, serán infinitas, pero los rasgos diferenciales de ambas categorías son harto acusados: la primera categoría, o sea la materia, hablando en términos generales, la forman individuos por su naturaleza conservadores, disciplinados, que viven en la obediencia y gustan de vivir en ella. A juicio mío, están obligados a ser obedientes, por ser ése su destino y no tener, en modo alguno, para ellos nada de humillante. La segunda categoría la componen cuantos infringen las leyes, los destructores y propensos a serlo, a juzgar por sus facultades. Los crímenes de estos tales son, naturalmente, relativos y muy diferentes; en su mayor parte exigen, según los más diversos métodos, la destrucción de los presente en nombre de algo mejor”.

Dostoievski, “Crimen y Castigo”

Zweig dejó escrito que las conversaciones entre Raskólnikov, protagonista de “Crimen y Castigo”, y el inspector de policía, pueden ser consideradas como una de las cimas de la literatura universal; Virginia Woolf se llegó a preguntar si valdría la pena leer a otro autor, siendo admirado, igualmente, por Nietzsche, Sartre, Kafka o Bukowski, entre otros. No hay duda de que Dostoievski es uno de lo más importantes escritores que jamás hayan existido. Se ha afirmado de él que nadie ha sido capaz de conocer tan bien el alma humana. Textos como el arriba transcrito así lo demuestran, sin embargo, es público, a la vez que notorio, que ideas semejantes a las ahí expuestas, han servido para justificar tesis propias del fascismo o el nacionalsocialismo.

Esta diferenciación entre individuos “geniales” y “materiales” está presente también en obras como “Un mundo feliz”, pudiéndose ver en ella, incluso, resquicios de una cierta distinción entre individuos predestinados al éxito, y otros, destinados al sometimiento, en términos biológicos ("individuos alfa"). Según se explique, y así reflexiona Dostoievski, estas ideas pueden justificar, tanto las acciones de los futuros genios, como las inherentes a aquellos grandes crímenes en masa, dirigidos por seres “especiales”, ni tan si quiera fuere, en vileza. La gran virtud del ruso es poder plasmar los ambientes más congestionados, y realidades más contradictorias, en las hojas de sus obras, por lo demás, ya clásicas.

"Si Dios no existe, todo está permitido". Dostoievski, sin pensarlo, da cabida, y fundamento, al más profundo ateísmo, basado en la creencia del Caos. Él siempre se consideró cristiano, y así lo plasma en su obra, sin embargo, no hace falta decir que, en primer lugar, la falta de peligrosidad de las tesis en el fragmento defendidas, se basa en la consideración de que existe un Dios juez, que vigila el correcto devenir de esas tendencias. De no creer en Dios, todo está permitido, el hombre está desamparado y requiere encontrar la base para sus límites. No es de extrañar que Sartre viera en esta frase la clave del existencialismo.

Si Dios no existe, debe haber normas que prohíban. Pero... ¿los genios necesitan saltarse “las normas”, sean sociales, científicas, y no sólo jurídicas, para que la sociedad progrese? Creo que, en cierto modo, el fragmento de Dostoievski es de lo más profundo que jamás haya podido haber leído. Para quienes creen en la “teoría del Caos”, no hace falta decir que la existencia, impredecible, de genios rompedores de conductas preestablecidas (gentes con “palabra nueva”) está plenamente relacionada con el Azar, con la entropía y demás fuerzas que rigen la Realidad, por lo demás, no divina. Es evidente que sin determinismo, sin control divino, el asunto asume una peligrosidad de lo más inquietante. ¿Quién pone unas normas que escapan a la razón?

En el fondo, quizá sea eso, el hombre es “homo religiosus”, necesita creer en un patrón, sea antropomorfo o filosófico. El hombre necesita cumplir las tesis de Dostoievski y dar pie, por naturaleza, a que surjan infractores que revolucionen, hagan cambiar la sociedad en la que viven. Será difícil discernir entre revolucionarios innovadores y criminales llanos, pero ¿acaso alguien dijo que los textos de Dostoievski fueran fáciles de comprender? ¿No es la verdad revelada una fuente eterna de discusiones, una verdad que jamás seremos capaces de alcanzar? ¿No fue el propio Cristo un hombre con “nuevas palabras”?

Segundo imagen: “Friedrich Nietzsche”, 1906, cuadro de Edvard Munch.

martes, 10 de noviembre de 2009

Un homenaje a un Maestro nunca conocido... Evaristo Campo Pereiras.

Este otoño, tras largo tiempo de espera, ha visto la luz un libro de imprescindible lectura para todos aquellos que deseen conocer algo sobre la Galicia más auténtica e indómita. El libro del que os hablo, "Pentágona de un Lucense", es un material muy interesante para los interesados en la Post-Guerra Española, así como una fuente, extraordinaria, de reflexiones e ideas, con las que recrearnos, y pensar sabiamente, nuestras elecciones de futuro. Tal vez tenga tanto de Marco Aurelio como de la escuela Regeneracionista. Sin lugar a dudas, la forma más efectiva de tener un "abuelo libro", un libro sabio, con experiencia, que está predispuesto a narrarnos las más aleccionadoras batallas.

A continuación les pongo una reseña sobre el autor hecha por mí. Por cierto... yo mismo he prologado el libro ;-).

Evaristo Campo Pereiras
Nacimiento: 11 de junio de 1911. Bustofrío, Samos, Lugo, España
Defunción: 1977, Barcelona
Seudónimo: Pablo
Ocupación: Ingeniero, Escritor
Nacionalidad: Española
Período: Postguerra Española
Lengua de producción literaria: Español
Lengua materna: Gallego y español
Género: Narrativa

El autor: nacido en la pequeña aldea de Bustofrío (Samos, Lugo), a los 18 años abandona su aldea natal para irse a Bilbao, en compañía de dos amigos. Durante varios años trabaja en la fábrica "Baskonia", volviendo en los años 30 a su Galicia natal. Tras su vuelta, se incorpora al Ejército, teniendo una prometedera carrera. Al estallar la Guerra Civil Española, siendo él un hombre de fuertes convicciones patrias, se postula en defensa de la legalidad, siendo partidario de la Segunda República Española. En 1937, cuando se encontraba en Ferrol, es acusado de un supuesto delito de infidelidad; siendo juzgado en consejo de guerra sumarísimo, pidiendo el fiscal la pena capital.

Después de deliberar, el Tribunal le conmutó la pena de muerte por pena de cadena perpetua. En un principio cumplió condena en la Escollera (mazmorra) de la dársena de Ferrol, hasta su posterior traslado a la Casería de Ossio, en San Fernando (Cádiz).

Finalmente su causa fue revisada, siendo degradado (hasta aquel entonces era Suboficial de Artillería). Tras cuatro años de reclusión, salió con libertad condicionada, volviendo a su aldea natal, de donde se marchó, al poco tiempo, hacia Barcelona. Pasados unos años en la "Ciudad Condal", Evaristo contrajo matrimonio y tuvo dos hijos. Durante aquellos años trabajaría en la "Maquinista Terretre y Marítima", oficio que no abandonaría hasta su posterior jubilación.

Obra: pese a no haber podido contar con estudios universitarios, Evaristo fue una persona docta en múltiples disciplinas, siendo capaz de dar clases particulares a sus hijos de las más variopintas materias: desde la física hasta la literatura, pasando por el Latín o la ingeniería industrial. En el verano de 2009, pasados 32 años de su muerte, su hijo, Ricard Campos Felimón, publica su libro, "Pentágona de un Lucense", con Ediciones Aache. La obra del autor es de especial utilidad si se quiere comprender cuál fue el ambiente, la atmósfera, intelectual, cultural y social de la España de Postguerra, y muy especialmente, de su Galicia natal. Las reflexiones del autor van desde el periodismo de época, pasando por la filosofía, el costumbrismo, la historia o la crítica social. El autor llegó a participar en el premio Nadal.

Pensamiento: Campo Pereiras siempre estuvo muy ligado al monasterio de San Julián de Samos, lugar donde encontró cultura y espiritualidad. A lo largo de su producción literaria destacan sus propuestas, sus proyectos de cambio para la sociedad actual. Sus ideas convergen con los postulados del pensamiento regeneracionista. Campo Pereiras hace especial hincapié en la necesidad de que nuestra sociedad incorpore, con mayor intensidad, tres valores: lealtad, veracidad y disciplina. Destacan sus descripciones bucólicas, y correlativas defensas del mundo rural, con los agricultores al frente.

Dada su experiencia personal y el contexto histórico (Guerra y posterior Post-Guerra Civil Española) en que le tocó vivir, no duda en proponer reformas y cambios de aires en una institución que, desde su punto de vista, es vital en toda nación: el ejército.

"Todos los nacidos en las aldeas aman a las ciudades, mientras no son ciudadanos; mas la ciudad, que se nutre de ellos, si lo hace, tarda en hacerlo. Sin la savia de los pueblerinos, se puede presumir que las grandes urbes llegarían a ser extensas y sombrías necrópolis, en las que se consumiría lo mejor y se conservaría lo peor". (Pentágona de un Lucense)

Campo Pereiras encuentra en la formación, tanto técnica como intelectual, la vértebra indispensable en toda sociedad que se precie, y así lo hace constar en diversas partes de su obra.

"Triste destino el de una nación que no pueda tener su Ejército. El Ejército es la expresión de la alegría de cada nación y todos sus componentes deben ser atendidos, respetados y admirados por todos, puesto que a todos nos representan, y ellos lo saben". (Pentágona de un Lucense)

"Lo mismo que la libertad, en la sociedad, la enseñanza debe estar garantizada; nadie puede ser libre si carece de enseñanza. Todo, dentro de los organismos correspondientes, ha de estar a cargo de la sociedad, y todos debemos pertenecer a ella; el bien común ha de asociarnos a todos".

"Si hemos de considerar como técnicos a todos los que tienen una carrera y a todos los que están especializados en determinadas ramas en el campo de la producción, para regular la productividad, en relación respectiva, se debe considerar como tales a todos los que forman el cuerpo social de la nación, y lo formamos todos, relacionándoles con todas y en cada rama, profesionalizándoles en todas; incluidas la agrícola, la religiosa y la política". (Pentágona de un Lucense)

Pentágona de un lucense: la obra contiene una serie de reflexiones en torno al tiempo en que le tocó vivir al autor (Guerra y posterior Post-guerra Española), siendo un documento de especial interés tanto como para quienes deseen conocer, de primera mano, la atmósfera de aquellos tiempos, como para los que prefieran saber algo más de los pueblos que conocieron al autor, allá en la comarca de Loúzara: Rugueira, Folgoso, Parada, Seoane, Gondriz, Lousadela, Incio, Mercurin, Paderne, Miraz, Meiraos, Villasibil, Piedrafita do Caurel (pueblo del padre del autor), Seceda....

"Pentágona de un Lucense", Ediciones Aache

Reseña del libro "Pentágona de un lucense" en el blog de Antonio Herrera Casado

Reseña en Mispueblos

Concello de Samos (al que pertenece Bustofrío)

1ª imagen: Mosteiro de San Xulián de Samos, Samos, Galicia - Spain, por FreeCat / José Antonio Gil Martínez from Vigo, Galicia. This file is licensed under the Creative Commons Attribution 2.0 License.

Obtenido de: http://es.wikipedia.org/wiki/Evaristo_Campo_Pereiras

viernes, 30 de octubre de 2009

En busca del sabio emplumado

Dejando la espesura del mangle, Zalakin se dirigió hacia los bosques del monte, en busca del gran sauce llorón, hogar del sabio emplumado. Pasando por hocines cargados de carrascas, angostos poblados por coscojas y acebos, Zalakin se fue acercando a un valle repleto, primero de quejigos, luego de hayas, moreras, e incluso, alguna que otra higuera. Por los bordes del río Mercurín se alzaban sargas centenarias, abedules de merengue, y algún que otro roble descarriado. Siguiendo sus meandros, Zalakin ascendía el curso del río tal y como su abuelo le había indicado. Recordaba, tal cual, sus palabras: "Tras la tercera hoz, en el séptimo giro del joven río, hallarás un sauce longevo. ¡Grita a viva voz tres de los nombres del Cielo, y el gran sabio aparecerá emplumado en su vestido!".

Zalakin continúo habriéndose paso entre los juncos. La espesura de aquella ribera era proverbial, sobre ella revoloteaban mosquiteros, abejarucos y algún que otro lorito carmesí. Como si de un cuadro del Impresionismo se trata, los colores del bosque tan pronto aparecían como se difuminaban entre los haces de luz, que por aquel verano, eran tan copiosos como intensos. Zalakin se fijaba en todos y cada uno de los árboles que iban apareciendo a ras de río. No tardó mucho en localizar un gigantesco organismo milenario, de nomenclatura llorón, aún debiendo sentirse orgulloso de su longevidad, ¡tan bien lograda!.

¡Tengri, Olimpo, Khala!. Tras los gritos del joven duende un silencio se impuso en la atmósfera. Sólo un agudísimo andar de púgil de poco peso parecía romper aquel ambiente sepulcral. Saliendo del centro de un gran ojo horadado en el tronco del árbol, apareció un búho cornudo de reverencial aspecto. El ave no aparentaba haber nacido ayer; sus plumas tenían el acabado de la nieve, asemejándose a curiosas canas, cuales copos de blanca nieve. El pico, curvo de rapaz, era gordo, pareciendo tratarse de un gigantesco gancho jamonero. Sus orejas, altas y corpulentas, parecían hacer las veces de una parabólica, quizá teniendo el objetivo de corroborar todo aquello referente a un mundo, sobre el que el ave no parecía saber poco. A Zalakin le sobresaltó que ese búho hablara con semejante tono. Sólo al escuchar sus primeros "cantos de saber" supo el joven que se trataba de aquél a quien buscaba.

-¿De qué fuente manan los gritos que irrumpen en mi merecido sueño? -dijo el búho con una mueca de curiosidad, por lo real "típica", al tratarse de una rapaz nocturna.

-Mi nombre es Zalakin. Mi abuelo me envía en busca de preguntas, pues dice que eres tú uno de los sabios que mejor conoce los misterios de este Mundo.

-¿Qué misterio perturba tu intelecto joven duende? ¿Acaso sigues la búsqueda de Gilgamesh, la misión de todo héroe que busca el Cielo?

Sabiendo que el búho le había adivinado su mayor inquietud, Zalakin no supo resistirse a felicitar al ser por su certera intuición aviana, previa petición de saber cómo le había leído el pensamiento.

-¿Acaso no has mencionado tres veces al Cielo? ¿Qué mayor motivo que el querer transcender en lo terreno, hasta el Fin de los Tiempos, para mencionarlo con tanta insistencia?

-Mi abuelo así me dijo que hiciera, reverendo Sabio. -Continúo Zalakin.

-¿Creo que no te has dado cuenta de que yo soy siempre quien pregunta, verdad? ¿Acaso no ves que siempre busco la proverbial prolepsis? ¿Conseguir que yo encuentre la pregunta correcta no te ahorra el camino hacia tu respuesta?

Zalakin asintió, las palabras del búho comenzaban a parecerle charlatanería barata.... Y su paciencia, aun siendo fantástica, comenzaba a menguar.

-¿No has pensado que, tal vez, preguntas cosas sobre las que nadie sabemos? ¿Cómo, sino, desde Sumer, Roma, Bizancio o Inglaterra nos lo seguimos preguntando? ¿Acaso no nos podemos conformar con saber que el alma es recuerdo y la carne abono para lo que, en lo venidero, será materia viva?

Zalakin, desconsolado, observó al búho como si de la encarnación del terreno Führer se tratara. Le había levantado todos sus miedos, siendo su mente pasto libre para los espectros de la angustia.

-¿Tal vez te preguntes por qué la Muerte es irracional? ¿Por qué Hades, Tengri, Dios, Alá o las parcas no ponen límite a este vehículo sin rumbo ni volante por le que ser controlado? ¿Por qué nadie nos asegura que las líneas que nos han creado vayan a perdurar, más allá de la vida de un triste blog? ¿Acaso tu mente imperfecta no se da cuenta de la imperfección del conocimiento humano? ¿Acaso no tienen todos los seres ansiedad, ritmos vitales, circadianos... mecanismos por los que estar siempre alerta, y aún así, jamás llegar a alcanzar la perfección de la seguridad absoluta?. ¿Tal vez te decepcionan mis impresiones? ¿Tal vez te has dado cuenta del lado negro de la tortilla metafísica, aquella a la que llamamos "Vida"? ¿No deberías renunciar a sus causas, y luchar por alcanzar la perfección, la dicha, aquello que nos hace tener conciencia entre el Caos, sueños entre mentiras?.


Ilustraciones:
1) Cuadro de Claude Monet: "Sauce llorón".
2) Heubach_Eurasian_Eagle-owl
3) "Death and the Gravedigger" de Carlos Schwabe.

martes, 18 de agosto de 2009

El Señor de la Celtiberia

Aquel hombre siempre tenía ideas inteligentes de las que hablar. Fuere ante una carrasca, en su casa, en tiempos de guerra, o de paz, el sumo sacerdote siempre tenía alguna explicación convincente para todo aquél que supiera hacerle las preguntas pertinentes. Hace tiempo, cuando aún era un infante imberbe, recuerdo haberme sentado sobre el tocón de sabina sito en la puerta del sabio. Recuerdo que me encontró dibujando en el suelo la efigie de un buitre que sobrevolaba nuestro humilde castro del Hocincavero. Al viejo le llamó la atención el que estuviere dibujando tal y no otro animal; por ello, me invitó a entrar a su casa, diciendo que iba a contarme una historia sobre los orígenes de aquel ave, y de su sagrada función, en tanto que servidor de los dioses de la Celtiberia.
"Se dice que el dios de la luz, Lug, andaba un día preocupado. El hombre medraba por la tierra sin tener que rendir cuentas ante él, y eso le ponía en peor posición respecto al resto de los dioses. Lug, de ninguna de las maneras quería renunciar a ser la deidad principal, eligió al ave más poderosa de cuantas existieran y le abrió el estómago, de forma que siempre estuviera hambrienta. El buitre, pues ella era el ave elegida, se vio con la necesidad de comer cualquier cosa que se hallara en su camino. Se dice que un día, durante una de las muchas batallas que sacudían a la Celtiberia, un guerrero cayó muerto en mitad del campo de batalla. Su causa perdió, quedándose su cadáver a voluntad de los elementos. Un buitre que sobrevolaba el lugar, bajó a tierra. Lug aprovechó la ocasión para condicionar a los de su especie de por vida. En lo sucesivo, el buitre siempre estaría hambriento, y comería carroña siempre que se la encontrara.
Sin embargo, Lug no consiguió sus propósitos a la perfección. Cierto es que, al limpiar los cadáveres, el buitre subía el alma del difunto al Reino de los Cielos, ante Lug, pero también lo es que, al ser un ave condenada al hambre eterna, el buitre siempre comía, como si del último de sus días se tratara. Si, en un principio, con el ave, Lug había conseguido librar a la difunta carne mortal de la acción de los espíritus demoniácos (de las enfermedades y las pestes), cierto es que una parte del difunto quedaba siempre en tierra, pues el buitre debía vomitar parte de su alimento, con el afán de poder alzar el vuelo".
Al acabar este relato, el viejo sacerdote me miró fijamente. Me preguntó si había comprendido cuál era el papel del buitre en nuestro mundo. Lástima que, virtud de la fantasía, yo sea de tiempos antiguos, de tiempos de Celtiberia, cuando ante los indicios de realidad, la verdadera ciencia, siempre se acudía a la falsa, pero bonita, leyenda...
* Nota aclaratoria: la leyenda es un recurso lírico del autor, pese a que bien pudiera haber sido contada en tiempos de los celtíberos, cuando la "ciencia" era leyenda y mitología. Los comportamientos del buitre leonado, aquí mencionados, son ciertos. Lug era la deidad principal de los celtíberos, y a ella se brindaban los buitres, siendo comidos y "llevados" hacia la deida por estas aves. Testimonios de ello se tienen en la ciudad celtíbera de Tiermes.
En lo que a Anguita se refiere, los cadáveres de mulas, ovejas y demás bestias se dejaban en el "muladar" (en el Salidero, camino de los Altos). Se dice que el higado debía ponerse cara al sol, pues los buitres así lo olían y bajaban antes. Esta creencia es falsa, pues el buitre ve los cadáveres, dada su privilegiada vista.
Imagen: " Imagen de un Gyps fulvus (Gyps fulvus), un residente del Zoológico de Morelia, en el estado de Michoacán, México", obra de El Ágora, imagen sujeta a GNU Free Documentation License

miércoles, 22 de julio de 2009

Una educación "a mi manera...".

Año X, a un servidor le nombran “Ministro de Educación”, teniendo que promover ideas y reformas por las que mejorar el sistema educativo español, y en particular, el catalán. Siguiendo esta ficción, del todo totalmente improbable, a uno se le ocurre proponer toda una serie de ideas que le han ido viniendo durante su corto intervalo de vida. Empezando por lo más mundano, uno piensa en algo fundamental, qué asignaturas, qué lecturas debieran leer los jóvenes escolares (pongamos que en edad de cursar la actual ESO, “educación soberanamente ominosa”).
Suprimiría las lecturas obligatorias en cuanto a títulos, exigiendo sólo un número determinado de lecturas, libremente elegibles, que sólo tuvieran que pasar por el “refrendo” del maestro. Así, por ejemplo, durante los primeros años de educación, estaría bien que se leyera “El Señor de los Anillos” o “La Historia Interminable”, siempre y cuando no fueran obligatorios, sino meras recomendaciones. De tal forma que se impregnara el hábito de leer y, no tanto, la exigencia de contenidos concretos. De las asignaturas de lengua suprimiría historia de la literatura y, sobretodo fonética. Esta última me parece, en casos como el catalán, una herramienta por la que cribar “quiénes los hablan como lengua materna” y “quiénes no”. La historia de la literatura debería ir a una asignatura de nueva cuño, fundamental, que recibiera el nombre de “cultura universal”. Esta asignatura cubriría las horas lectivas que actualmente ocupan la música, parte de las horas de lengua, historia, tutoría, educación para la ciudadanía y filosofía. Siguiendo el orden de la “propia historia”, en los sucesivos los cursos se empezaría por enseñar: Prehistoria, Historia Antigua, Edad Media, Edad Moderna, Edad Contemporánea, y Actualidad. En Prehistoria podrían incorporarse “algunos” temas de ciencias naturales, como la evolución humana o la propia teoría evolutiva, deriva continental, etc. En las siguientes etapas, se estudiarían las civilizaciones-culturas más importantes (Roma, Mesopotamia, India, China, Mayas...), no centrándose tanto en si Vic forma parte de la Citerior o la Ulterior como en quién fue, muy someramente, Atila o Gengish Khan. Dentro de los diferentes períodos se podrían proponer lecturas optativas por las que subir nota. Por ejemplo, la literatura griega se explicaría durante el curso en que se estudiara la Grecia Clásica, proponiéndose, a su vez, la lectura de las obras más características de cada periodo (sin penalización en caso de negativa del estudiante). La historia regional-local se intentaría dar de forma, lo más objetiva posible, y en cursos posteriores. No se puede hablar de los factores que llevaron a la Guerra Civil Española si el estudiante antes no ha oído hablar de Montesquieu o Marx (mejor aún si se ha leído antes, "Han matado a un hombre, han roto un paisaje" de Francisco ("Paco") Candel). Esta macro-asignatura se complementaría con otras como: “redacción” (no tanto enseñar sintagmas y complementos del nombre como ENSEÑAR a redactar, con toda la carga de corrección que ello conlleva para el profesor), “oratoria-retórica”, pequeña “asignatura” de pocas horas lectivas en las que se enseñara a debatir, exponer, defender y educación plástica (más que nada centrada en fundamentos de dibujo técnico, creatividad y dominio de la geometría, “expulsándose” su enseñanza dentro de las matemáticas). Más horas lectivas que a todo lo explicado se aplicarían al segundo bloque de materias. La materia reina serían las matemáticas (con estadística, álgebra y demás), que se darían cada día, siendo, con diferencia, la asignatura con más horas lectivas. Una asignatura que se daría de la mano de ésta serían las “ciencias de la naturaleza”, que se referirían a la Química, Geología, Biología y Física, centrando ésta última en casos prácticos que ejemplificaran la utilidad de las matemáticas para comprender la realidad que nos envuelve (incorporaría fundamentos de tecnología-mecánica). Eliminaría esas actividades “prevacacionales” conocidas como “créditos de síntesi”, “proyectos finales” y demás. Temas como el “Tercer Mundo”, “la Guerra de los Balcanes”, “Palestina” o “Oriente Próximo”, serían temas a debatir en “retórica-oratoria”, así como materia de obligatoria explicación en “cultura general”. Gimnasia seguiría con su configuración actual, primándose siempre las actividades “gimnásticas” sobre otros deportes como el “bádminton” o coreografías…. En referencia a la figura del maestro, se reduciría plantilla. Existirían dos tipos de maestros: de ciencias o de cultura general, es decir, los alumnos tendrían familiarizada la cara del profesor con el ámbito de conocimiento que enseñara. El profesor de mates daría física, y el de redacción, también historia y literatura, dentro de “cultura general”. El de gimnasia, obviamente, sería profesor diferente. Todos los maestros serían miembros de prestigio en sus respectivas promociones universitarias, no los últimos de las mismas, como sucede, hoy, con frecuencia. Recibirían, en coherencia con lo dicho, un generoso sueldo, que fuera, cuanto menos, equivalente a la suma de todos los sueldos que quedarían vacantes al reducir, a más de la mitad, la plantilla. Otras medidas a tener en consideración, vitales, serían, por ejemplo, que el segundo bloque (matemáticas-ciencias) se diera íntegramente en inglés (existiendo, desde primaria, una fuerte enseñanza del mismo, de tal forma que sólo fuera necesario una asignatura de redacción en lengua inglesa, llegados a la adolescencia). Igualmente, las prácticas de matemáticas y ciencias se harían utilizando, lo máximo posible, aplicaciones multimedias (siendo la informática núcleo duro de la asignatura de ciencia, especialmente en las edades más precoces). Sin ánimo de meterme demasiado en otro tema, de controversia aún mayor, en cuanto a las licenciaturas universitarias se suprimiría el gran haz actual de opciones posibles. Humanidades y demás desaparecerían, dejando paso a carreras como Historia o Biología, que sólo fueran accesibles para aquellos alumnos más brillantes, con muy pocas plazas, y que aseguraran un porvenir profesional seguro y muy bien remunerado. Las ingenieras se transmutarían en una poderosa Formación Profesional, que se asemejara a la actualmente existente en Alemania. Por último, se me ocurre que los profesores universitarios, al menos en un alto porcentaje, bien pudieran ser profesionales retirados (pre-jubilados) de gran rodaje, con buenos sueldos, y a los que sólo se les exigiera doctorado y acreditado currículum académico (publicaciones etc.). Y con todo esto... acabaría mi ficticio "mandato"... ¿qué nota le pondríais?. Ilustraciones: 1) Aristotle; wall picture in Rome. Painter: ? (dead for more than 100 years, so original is public domain). This is part of image:Aristotelesrp.jpg Photographer: Anton (rp) 2005 Licensed under GNU-FDL 2) Deutsches Bundesarchiv (German Federal Archive), B 145 Bild-F001941-0003. (15 June 1954, Brodde) Commons:Bundesarchiv. 3) Shigeyoshi_Inoue_as_English_teacher.jpg‎ (349 × 312 pixels, file size: 105 KB, MIME type: image/jpeg)

sábado, 6 de diciembre de 2008

El Imperio calavera

Platón fue el sumo creador de un mundo de ideas. Por él pululaban caballos, yetis, uzbekos, parroquianos, gladiadores, futbolistas y malabaristas. Las gentes acudían a la discoteca, al Coliseo o los burdeles y clubes de ambiente. En aquel lugar no habían familias, sólo campos semánticos. El infinito saber eventual se representaba en ideas, nominalmente puras. La falta de profanación del templo sapiencial impedía que se hiciera mella en un mundo, por definición, ideal. Todo tenía una recreación terrena o una eventual salida en el Futuro, si es que no la había tenido ya, en el pretérito Pasado.
Como genuina entelequia, ésta tuvo su fin. Los de la contrada de la Cruz, haciendo honor al corporativismo de los de su campo semántico, sometieron a las ideas a esclavitud, y el recto camino se impuso, llamando al mundo ideal, Cielo. Como vieran que ello les parecía bueno, crearon a su vez el Infierno. Todo lo residual de entre lo completo fue a parar a este cajón de sastre del Demonio; fiel servidor inventado, persa a la vez que sagrado. No obstante, de entre todos estos campos, destacaba el de las ideologías. Una, la cristiandad, decidió monopolizar los cielos, sirviéndose de las caras de la religión, como si de un mismo fenómeno pareciera haber varios (Islam, hinduismo, judaísmo…). El resto de las ideas huyó al suelo. Como si de lozanas novatas se tratare, sin control, se dejaron fecundar por los humanos, pariendo seres perturbados, cosas malas, imperios…
El ser de la calavera entró entre las estalactitas de “kalagnikovs” y las quebradas de espadas, gladius y hachas incrustadas. Allá no crecían telarañas, sino que pendían medievales mazas. No había fuegos, sino hipocresía. Las “calles” de lamentos estaban pobladas por ladrones, estafadores, rufianes, contrabandistas, irreverentes y ministros. El lugar era fúnebre como el Hades, en gran parte, porque de ello se trataba. Calavera caminaba, con cigarrillo en boca. No sabía dónde se hallaba, pues era nuevo en el lugar, no podía hablar con nadie de los que le rodeaban, pues ninguno era de confianza.
Absorto en el whisky y su paquete de Malboro, rápidamente, el de la calavera se acercó a un fuego donde había un grupo asando patatas. El grupo era peculiar, pues cada cual tenía unos atributos y características tan detonantes como asonantes. Había uno con casco de legionario, túnica de lado a lado, calígulas en pies y traje trapero de esclavo. Otro no era del todo humano, tenía ojos orientales, efigie de centauro, con pies de caballo; en la espalda llevaba un curioso arco y de su barbilla colgaba una rala perilla. Dos de sus acompañantes, cada uno a un lado, rivalizaban con él en originalidad: pues uno de ellos enseñaba su palpitante corazón ensangrentado, mientras lucía penacho de quetzal y bebía chocolate caducado. Al otro lado del ser acaballado, un genuino ser de dos caras, de expresión anciana en una y faraónica en otra, hacia galas de superior, vistiendo alas en la espalda, y pies de león por zapatos. De entre todos, había dos especialmente curiosos. El niño adulto, con casco de león de plata y rizos de oro, de expresión un tanto sensual, y a la vez, amanerada y el espigado hombre de castizo acento, con lonchas de jamón por orejas, cantimpalo por nariz y quijotesco casco por segundo cráneo. La conversación que entre ellos tenían versaba sobre cómo habían conseguido la patata.
El de la toga decía no conocerla, a lo cual, el de las dos caras asentía. Ambos proponían cultivarlas manteniendo a mano de obra barata: endeudados, criminales, opositores, y en definitiva, esclavos; sólo que uno los prefería del detrito social y el bifronte por derecho divino. El de alma extremeña dijo que él las tendría que descubrir primero, para luego implantar entre los jornaleros, a lo que el centauro dijo que él no las quería ver, pues tenía mucho de carnicero, y las hierbas y tubérculos eran para tiempos de hambre. Calavera se sentó en un lugar, que aparentemente, tenía pre-asignado. Sentóse en él y abogó por conseguir copiosas cantidades de patata sometiendo a pueblos de los que no estaban representados. A todos les pareció curioso y, alguno incluso se sorprendió por la intervención del nuevo huésped.
A la reunión llegaron dos nuevos huéspedes. Uno leía Fausto mientras se tocaba el bigote con la otra mano, y el segundo llevaba botella de vodka por compañera, cuales dos amigos, en verdad, borrachos. Ellos no se sorprendieron tanto al ver al inquilino. Calavera por fin se congratuló de poder ver a quienes consideraba los Srs. Comunismo y Fascismo; gran decepción se llevó cuando se enteró de que tales, no eran sus nombres.
Calavera se vio, de repente, sumergido en un lugar fuera de sus reglas. Sentía que algo en su realidad había cambiado, que todo lo que veía no acontecía lo creído, y que lo soñado no parecía tampoco lo visto, sino lo deseado. Ambos parecían conocer las vestiduras del nuevo. Sobre su cuerpo llevaba una chaqueta negra con aires de militar, con un águila calva grabada en hilo barato. Su trasero se sponsorizaba por CocaCola y, de entre sus peticiones, dos de tres eran alcohol y tabaco. Para cerciorarse, los de acentos del Rhin uno, y de los Urales el otro, le preguntaron por su nombre, el de la calavera dijo que le podían llamar “Capital”, aunque en verdad, su verdadero nombre, fuere acompañado por un “ismo”. Todos empezaron a reír, pues el “ismo” era el “Expósito” de entre los de aquél lugar. El nombre utilizado por quienes no sabían su verdadero nombre. La pareja de tertulianos se sentó, con risa entrecortada. Saludaron al nuevo con acento tejano, presentándose como Rusia y Alemania, dos de los del grupo de “Imperios” que allá se reunían.
A él lo trataron por EEUU, él no se dio por aludido, pues su nombre era Capital, y en todo caso, Capitalismo. Pregunto al frío bebedor de vodka si conocía a un tal Comun, y él le contestó que tal era el nombre del hijo que pretendía tener, sólo que jamás había sido concebido. Todos los Imperios comenzaron a reír en el Infierno, riéndose de las gruesas, y tetudas, madres ideologías que a todos ellos parieron. El mongol trotaba de alegría, el romano se moría de risa. El español no paraba de dar en la espalda al azteca, y éste sonreía al niño adulto, para algunos Magno. Calavera cambio su Expósito por nombre real, y díose cuenta de que estaba muerte en el Infierno de los Imperios, y de que su nombre, era EEUU…
Primera imagen: Sodom and Gomorrha, a painting by en:John Martin (artist), died 1854, thus 100 years.
Segunda imagen: dibujo del prometedor, y notabilísimo, ilustrador, D. Rodrigo Martín Campo, de Mar de Plata, "lugar de buenas ensaladeras" ;-)

jueves, 16 de octubre de 2008

Entrevista en el Cantón

link de la entrevista:
Reseña del Dr. Herrera Casado en:
Por Santiago Ulises Montero
Javier Serrano Copete es descendiente de Anguita, de la "familia de los nenes", y ya tiene publicado a sus 22 años dos libros, un ensayo de articulos de su blog, Nubiru, y el libro "Una historia de Anguita".
Esta entrevista saldra publicada en el proximo numero del canton , que saldra en breve, y aqui lo teneis en primicia. Cuentanos quien eres y como surge escribir tu primer libro. Nací en Barcelona el 5 de noviembre de 1985, pero por aquel entonces, y hasta los 11 años, viví en Bellvitge Ahora vivo en Vilassar de Mar, pueblo de gran tranquilidad y belleza, pese a no alcanzar lo bucólico de Anguita. Obviamente, ¡como anguiteño tengo la obligación de decirlo! Estudié Eduación Primaria en el Juan XXIII de Bellvitge, ESO y Bachillerato en el Instituto de Vilassar y la Licenciatura de Derecho en la Universidad Pompeu Fabra. Más que mi primer libro, me gustaría referirme a mi primera cosa “seria”. Durante la tanda de exámenes de último de carrera (marzo del 2007), tuve la necesidad de “imitar” a un profesor que acababa de tener en Derecho Urbanístico y que regentaba un blog de opinión y tal. Me picó la curiosidad de probar con Blogger y así me dio por crear Nubiru, mi blog-web. Al principio los artículos eran más “casuales”, opiniones y reflexiones cotidianas sin excesiva, en la mayoría de los casos, profundidad. Con el tiempo me envicié con el asunto, al poder ver cómo mis escritos “pescaban” cada vez a más lectores. Un buen día se me ocurrió mandar un email a algunas editoriales invitándoles a visitar mi blog y proponiéndoles, así mismo, si verían sentido (a la vez que salida) a una eventual publicación de un libro de mi autoría. La respuesta fue afirmativa, y mis dos “padrinos” en el mundo editorial me propusieron, desinteresadamente, dos sendos proyectos: D. Luis Videla (Director Editorial de elAleph.com) se dirigió a mi animándome con ello (surgiendo así mi primer libro: “Di que fue un sueño”), mientras que el Dr. Antonio Herrera Casado (Cronista Provincial y Director de la Editorial Aache) me dio una de las mayores alegrías de mi vida al proponerme la redacción de “Una historia de Anguita: el pueblo y su entorno”. ¿Cómo surge tu vocación de escritor? Supongo que, como decía antes, el punto álgido fue atreverme con Nubiru. Sin embargo, mi gusto por la escritura viene, como todo lo personal, de mi adolescencia e infancia. Durante la ESO y Bachillerato participé en los diferentes concursos literarios de mi Instituto, ganando en poesía todas las veces sin conseguir nada en Narrativa, que era (y es) el género que de verdad me agrada, ¡después del Ensayo, claro! ¿Sobre que te gusta escribir? De pequeño sobre animales y dinosaurios, aunque ya se entreveía que lo mío no serían las Ciencias sino las Letras. Roma, Bizancio, Mesopotamia o, ahora mismo, Historia Contemporánea (especialmente de lugares como la ex-Yugoslavia, Rusia o Oriente Próximo) son mis reales vocaciones (a la vez que el Derecho, ¡ojo!). De los artículos de Nubiru, de “Di que fue un Sueño” y de la historia de Anguita se desprenden estas aficiones, como, después de todo, no podría ser de otra manera dentro de lo libre y anárquico que es el pensamiento de cada uno. ¿Qué escritores o que libro consideras que te ha incitado a iniciarte en la escritura? Siempre he sido más , algunos dicen que lo sigo siendo, de lectura “desordenada”. Me gustaba leer textos de enciclopedias de Vida Salvaje, Dinosaurios, Historia o Mitología, más que leerme novelas enteras. Ahora sigo siendo, “poco amante” de la literatura profunda, siendo más aficionado a los libros de ensayo y todos aquellos, que ya sólo con la cubierta, intuyes que te van a enseñar algo más de lo que cualquier libro, por el mero hecho de serlo, te enseña. ¿Cuáles podrían ser algunos de ellos? Pues me decantaría por diferentes obras en función de la temática. Para las Ciencias y la Historia algunos de los libros que más, y mejor, me han formado durante mi juventud han sido los libros del maestro Isaac Asimov sobre las diferentes civilizaciones de la Antigüedad (lamentablemente no de todas). Puestos a elegir dos o tres grandes novelas “Nerópolis” (la mejor novela ambientada en Roma que leerse pueda), “Alamut” y “El Nombre de la Rosa”. Para los más “freakys”: la primer trilogía de Dune, y, sobre todo, para todos los públicos, “La Historia Interminable” de Ende. Cuéntanos tus trucos o rutinas para escribir asiduamente. Tener la mente disconforme con el mundo que te rodea. No me refiero a ser una suerte de “enano gruñón”, sino a tomar la costumbre de preguntarse cosas (y buscar las correlativas respuestas); todo ello sin renunciar a la libertad de opinión que nos brinda nuestra época y los medios, que como Internet, se han abierto a los de mi generación y sucesivas. No sé qué explicación daría la Neurociencia pero creo que se me ocurren mejores escritos en vísperas de ir a dormir o cuando mi mente no puede fagotizar más artículos del Código Civil... También vas a escribir un libro sobre la Historia de Anguita ¿por qué te decidiste a escribirla? Publicar “Una Historia de Anguita: el pueblo y su entorno” es una forma de hacer “deberes por anticipado”. Siempre he escuchado decir a mi tío Ángel, desde pequeño, que algún día deberíamos de escribir una historia sobre el pueblo (pues los materiales y, ante todo libros, que se iban acumulando en nuestra biblioteca familiar daban para ello y más). Al final, decidí atreverme con la faena durante un período de cierta calma antes de comenzar a opositar. ¿El resultado? Los lectores dirán. ¿Cuánto tiempo has tardado en hacerla? Empecé en otoño, teniéndolo acabado “má o menos” para Semana Santa (si bien durante el Invierno la labor fue más de ir contrastando opiniones con estudiosos de las diferentes materias, especialmente en cuanto a la arqueología se refiere, y recopilar fotos y materiales). ¿Cómo y donde has buscado las fuentes? Supongo que aquí me podría aplicar aquello de “cada maestrillo tiene su librillo”, pero, dado que no soy maestro sino un eterno alumno (a mucha honra), diré que he conseguido la información gracias a un cóctel de ilusión y amor por la materia mezclado con una fuerte dosis de “sinvergüencería” al atreverme a dirigirme a todos los medios, que se me han ocurrido que tendrían algo interesante que decirme respecto a la historia de Anguita. ¿Te gustaría dedicarte a escribir o te tira más la abogacía?. Bueno... La escritura sería una gran profesión si todo no estuviera tan mercantilizado el mundo editorial o si las letras tuvieran forma de lingote, o mejor aún, de pelota o ladrillo. Dada la realidad, me tira más brindarme un futuro aceptable (no sólo para mí sino especialmente para los míos: presentes y los que espero que vengan en algún momento de mi vida). ¿Tienes alguna idea para próximos libros? Cuando tenga más tiempo me gustaría atreverme con una “historia de Celtiberia” o una novela histórica, quizás un libro de divulgación histórica novelado, ¡no sé! Aunque tengo claro que, ahora mismo, una de las cosas que más ilusión me haría es escribir sobre la Caída del Imperio Romano, con personajes como Atila, Aecio o Estilicón, y ¿por qué no?, incluyendo a Belisario y Justiniano. De sueños se puede uno llenar, aunque no siempre se saque provecho. A diferencia de lo acaecido con el libro de Anguita, pocos sueños pasan el etéreo filtro que separa la Verdad de la Fantasía... En fin.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL CANTÓN" (verano de 2008)

jueves, 17 de julio de 2008

NUEVO LIBRO A LA VENTA! : "Una historia de Anguita: el pueblo y su entorno"

"Este libro ofrece la historia completa de un pueblo emblemático de la Serranía del Ducado: ANGUITA es un espacio cubierto de pinares, de altos páramos y curiosos entornos naturales, en cuyo territorio existió una densa población celtibérica que ha dejado huellas singular es en forma de castros, necrópolis, campamentos, dólmenes, y un largo etcétera de sitios. La historia antigua se complementa con la medieval, y con épocas sucesivas que son referidas por el autor con gran cantidad de datos y enorme sencillez y claridad. Se ofrece también una descripción amenizada de multitud de grabados del patrimonio cultural de Anguita: la iglesia, las ermitas, la torre medieval, los espacios naturales, las fiestas y un largo etcétera de cuestiones que hacen de este libro una auténtica enciclopedia sobre Anguita, la villa serrana que desvela aquí sus misterios y sus encantos, dispuesta siempre a su visita".
Reseña de la solapa
PVP: 20 €
YA A LA VENTA EN LAS MEJORES LIBRERÍAS!