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lunes, 5 de noviembre de 2012

Viaje a Budapest.

Una introducción a esta hermosísima urbe bien puede comenzar por describir el Puente de las Cadenas. Más allá de la tautología, y tocando la retórica, Budapest es lo que es al Puente de las Cadenas lo que es al Danubio. El puente une a las antiguas localidades de Buda y Pest, hoy unidas en una misma metrópolis (en el año 1873), comunicándolas por encima del río Danubio. El puente fue cuasi totalmente destruido durante la Segunda Guerra Mundial, si bien actualmente se haya reconstruido con todo gusto y rigurosidad. Destacan los elementos estructurales del puente colgante, así como los colosales leones que custodian los accesos al mismo.

Dice el eminente escritor italiano, Claudio Magris, que Budapest es "la más hermosa ciudad del Danubio". No le falta razón, presumo, dada la monumentalidad inherente a esta perla húngara. Buda es una ciudad antigua pero moderna, la antigua capital húngara. Al igual que Dresde y otras muchas ciudades del este de Europa, Buda fue reconstruida tras el conflicto de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque rehecho tras el conflicto, el palacio real de Buda destaca por sus dimensiones y las múltiples esculturas que le rodean. Dentro de Buda me llamó poderosamente la atención la neogótica iglesia de San Matías, una belleza. El Bastión de los pescadores parece sacado de una película de Disney, aconteciendo un marco especial desde el que poder ver el Danubio.

Más dinámica y moderna es Pest. En ella se encuentra el delicioso edificio del Parlamento húngaro. El edificio más voluminoso del país y uno de los más grandes parlamentos (sin lugar a dudas el más bello) del Mundo. No por casualidad, sus dimensiones son mayores que las del Parlamento inglés, en el cual se basaron sus constructores. Dentro de Pest llama la atención la hermosa Basílica de San Esteban. Las reminiscencias a San Pedro del Vaticano y San Pablo de Londres son evidentes. Su interior tiene algunos rasgos que recuerdan a Santa Sofía (Estambul), siendo su decoración algo digno de alabar, al igual que el resto del edificio.

Pest tiene dos grandes arterias histórico, artísticas y comerciales: la Avenida Andrássy y la Vaci Utca. La primera, similar a los Campos Elíseos parisinos y al Paseo de Gracia de Barcelona, cuenta con edificios tan fabulosos como la Ópera de Budapest. Su desembocadura da con la Plaza de los Héroes, poderosa muestra del profundo nacionalismo húngaro, reafirmado, aún más, tras la pérdida de Hungría de buena parte de su extensión tras la Segunda Guerra Mundial (especialmente de Transilvania). Cerca de la plaza se halla el gran parque que contiene el parque zoológico, los baños Széchenyi y el sorprendente castillo romántico de Vajdahunyad. Los baños Széchenyi, que tuve el goce de poder disfrutar, son los más grandes de Europa. El edifico neo-barroco es ya, en sí, un monumento. La piscina termal exterior es todo un espectáculo (personalmente, mejor que los legendarios baños Gellert, marco de múltiples anuncios). Una surrealista forma de pasar el frío inherente a la urbe, gozando con los chorros y gorgoteos divinamente acompasados. En la Plaza de los Héroes se encuentra también el Museo de Bellas Artes (el más imprescindible de la ciudad), que cuenta con obras de El Greco, Velázquez, Tiziano... entre otros. Sin tener un Louvre o un Británico, Budapest cuenta con museos muy interesantes además del susodicho: caso del Museo Nacional o de la Casa del Terror (antiguos cuarteles nazis y soviéticos).

Vaci Utca es la Puerta del Ángel de Budapest. Calle comercial, dotada de gran belleza, allí se encuentran las tiendas más populares, así como varios locales de souvenirs. El final de la calle coincide con el Mercado Central, lugar de obligatoria visita.

Más allá de ser el domicilio del popular Rocco, la urbe danubiana no hace ostentación de su popular título de “capital del porno”, por más que, efectivamente, abunden los sex-shops y los locales de streaptease. La seguridad de la ciudad es total. No hay excesivos carteristas y los transportes son tranquilamente utilizables por la noche. Cuidado especial debe tenerse con los taxistas (personalmente prescindí de sus servicios).

La gastronomía húngara es todo un descubrimiento. El célebre, y delicioso, gulash (guiso de ternera con patatas) es sólo un ejemplo al que añadir la sopa de champiñones, el pato guisado o el hígado de oca (Hungría es el segundo productor mundial tras Francia).

No sólo por ser lugar donde destacaran la célebre Sissi, Atila o el célebre compositor Liszt, Budapest es una ciudad de obligatoria visita. Sus monumentos le hacen ser una suerte de París del Este, dotada de una elevadísima densidad monumental y del encanto inigualable de las urbes del Este de Europa. No se puede justificar viajar fuera de Europa sin haber visto esta ciudad. Europa demuestra por qué es el Viejo Continente, la cuna de la civilización occidental, teniendo lugares como este. Gran viaje por el que celebrar mi 27º cumpleaños, precisamente hoy, 5 de noviembre.

Unas últimas recomendaciones:
- Id a un hotel céntrico, como Sofitel Chain Bridge.
- Escuchar un concierto de música clásica en uno de los numerosos templos existentes (yo tuve ocasión de escuchar el Requiem de Mozart el día de Difuntos, si bien, es común que se ofrezcan conciertos de Liszt, entre otros, en numerosos lugares).
- Disfrutar de la cocina húngara y tener precaución con el popular "palinka", fortísimo aguardiente. 
- Ir a los baños. No son caros y valen la pena, especialmente los Széchenyi.

martes, 7 de diciembre de 2010

Escapada a la Reserva africana de Sigean

“Escapada” es una palabra vaga, un término que puede denotar varias ideas: salir de un local sin pagar, escabullirse de un encuentro con una persona especialmente pesada, o más románticamente, hacer un pequeño viaje con tu pareja. “Escapada” es la acción de escapar de la rutina. Salir lo suficientemente lejos, no necesariamente en magnitud métrica, de aquello que constituye tu más común rutina. En tiempos de crisis puede formularse todo un “arte de la escapa”, toda una serie de fórmulas que, dependiendo de cuál sea el lugar de origen, pueden hacerse de la forma más económica y placentera. Les sugiero la escapa que ayer hice desde Barcelona.
Es puente de la Constitución, y la frontera con Francia así me lo confirma. Como si de una “Reconquista” del Rosellón se tratare, legión de coches con matrícula española invaden las tierras de Aquitania en busca de relax y desconexión. Mi pareja, eficaz conductora entre otras muchas virtudes, me conduce a la Reserva Africana de Sigean, su regalo para mi 25 años, una escapada de ensueño que, desde tiempos de infante, poblaba mi mente.
No sin cierto toque “rancio”, revelador de su larga experiencia como centro de protección y divulgación de la fauna (no sólo africana) el trayecto empieza por un tour en coche por diferentes instalaciones. Comenzamos por un primer recinto de herbívoros. En él, con suerte sólo a las puertas de la copiosa vegetación de matorral, nos encontraremos con varios ejemplares de “Syncerus caffer nanus”, o lo que es lo mismo, búfalos africanos enanos. Se trata de una subespecie de búfalo cafre (cusa ausencia, en no poca medida, se justifica por su alto número de incidentes con los individuos de nuestra especie) especialmente adaptada a la vida en la selva tropical. Junto a estos curiosos “toricos” (no confundir con el de Teruel) se ven impalas (uno de los antílopes africanos más célebres y hermosos).
Pasando a un segundo, y después a un tercer, recinto de herbívoros, nos encontramos con los springboks, o gacelas saltarinas. Estos hermosos antílopes son célebres por dar nombre a la selección sudafricana de rugby. Junto a ellos hay cobos (antílopes de gran porte, un tanto tímidos)... y avestruces. Seguramente sea una de las especies “más comunes” pero no podemos dejar de premiar a las avestruces con el título de “animales más simpáticos”. Como si de guardias de tráfico se trataran, las avestruces paran a los visitantes, no pidiéndoles documentación pero sí picando todo lo que tienen a su alcance. Sabida es su glotonería, por lo que procuraremos tener las ventanillas subidas y el coche cerrado (son especialmente amantes del “hurto”, picando con alevosía todas las manillas de las puertas de los automóviles). En el recinto colindante, sin dificultad alguna, veremos a las jirafas y a las cebras, así como a algún antílope ruano.
Tras pasar por la última de las tres separaciones de barras de hierro (que evitan que las pezuñas de las herbívoros pasen de su recinto) nos dirigimos a los recintos más emocionantes. Sería “todo un puntazo” que el excursionista llevara en el coche la banda sonora de Jurassic Park, pues los muros (con alambrada incluida) le recordaran a la célebre película. Cuando uno ya se está preguntado qué huésped poblará la próxima sección, el visitante se sorprenderá al contemplar un recinto superpoblado de osos tibetanos. No será extraño, pues fue nuestro caso, ver cómo se aposentan en medio de la carretera (tumbados). Su peligrosidad (es una de las especie de oso más agresivas) no será proverbial, pues el lujo de su recinto (junto a la vigilancia de un encargado expreso) lo evitarán en todo momento. Dejado este recinto, pasamos al segundo recinto de carnívoros, el de los leones.
La atmósfera del lugar no puede ser más sobrecogedora. Entre matorrales de sabana, charcas y árboles sentiremos la “inquietud” de estar siendo observados. La escena de “miedo contenido” cesa al ver cómo los coches se apelmazan, como si de un actor americano se tratara, en un lugar concreto (junto al guarda en comioneta, que en todo momento, vigila los movimientos del verdadero “monarca” de la reserva). No sin sorpresa contemplaremos la majestuosidad del gran león macho. Con sus rugidos llama a su harem de hembras, las cuales, no dejarán de vigilar a sus traviesos hijos en todo momento (una visión única).
Dejados los leones uno se inserta en tres nuevos recintos de herbívoros. Tras la visita a los grandes felinos, no dejará de ser menos interesante la interacción con los rinocerontes blancos... con no más barrera de separación que el propio coche. Quizá un tanto acostumbrados a los caprichos visuales del “homo sapiens sapiens”, no se inmutarán en exceso ante nuestra visita, y mostrarán sus mejores galas para ser fotografiados. Más que en cualquier otra celda, será importante que no abramos ninguna puerta. Junta a ellos hay una pareja de ñues de cola blanca, unos herbívoros que están entre los más hermosos, y amenazados, del planeta. Pasado este recinto... las avestruces, con su curiosidad congénita, vuelven a repasar nuestros coches, mientras que, no sin gran alegría, nos sorprenderemos al contemplar la belleza de las hermosas cebras. Posiblemente sea uno de los animales que más sorprenda al visitante, verlas en persona no tiene precio. Junto a los toros watussi (un clásico en todo safari europeo...) podremos ver a “mi animal insignia”... el ñu. Tímido y un tanto amedrentado por el público, mi animal favorito no dejará de vigilar los movimientos del viajero, pues a falta de cientos de amigos, es un animal doblemente cauto. Antes de terminar con los herbívoros podremos saludar al asno salvaje de Somalia, un animal en vías de extinción, que nos alegrará la vista con sus “cebradas” piernas. Premio a quien pueda llegar a ver al facocero ("Pumba") corretear por su recinto...
Después de tantas emociones se acaba el periplo en coche. Dejamos el auto y nos disponemos a vivir nuevas emociones. Cerca de los coches tenemos un lugar para hacer pic-nic, eso sí, con compañeros de excepción. Pavos reales... y ¡cigüeñas blancas! serán especialmente impertinentes con su peticiones alimenticias... Una vez se ha descansado visitamos el zoo a pie. Arruís, muflones, dromedarios, kudús, emúes, ñandúes, loros, puerco espines... el surtido es de lo más variopinto, pero una vez más, no serán pocos quienes se sorprendan con la visión de guepardos y licaones (el perro salvaje africano). Por motivos obvios, será a pie como podremos ver a los elefantes africanos. Dependiendo de la época, los veremos juntos o separados, siendo muy interesante poder admirar al gran paquidermo macho en su destierro.
Si Sigean destaca por algo es por el uso que hace del ecosistema natural en que se encuentra el parque. Pelícanos, flamencos, mil y una especies de patos, grullas y cigüeñas pueblan por saturación las marismas de la zona acotada, pudiendo, el visitante, llegar a acercarse (e incluso tocar) a algunas de estas aves. Posiblemente sea esta experiencia una de las más emocionantes de la visita. No se olviden de ver los cocodrilos, los macacos de Gibraltar, los suricatas ("Timón"), las serpientes... y los chimpancés. Sigean es puntero en su estudio, y podremos ver, aunque más intuir, el gran recinto del que disponen (con centro de estudios incluido, obviamente para el estudio de especialistas, que no de los primates).
Tras casi un día entero contemplando animales será muy recomendable que el visitante se acerque a Narbona, una de las ciudades más históricas del Mediterráneo (eso sí, muy venida a menos en cuanto a tamaño) y dependiendo del tiempo, que visita la urbe amurallada de Carcassone (un tanto “achocolatada” para mi gusto...). Es interesante llevar bocadillo para comer durante la visita a la reserva, pero de completar el viaje con algo de ocio cultural, mejor probar el plato típico de la zona: la Cassoulet, un plato (con judías blancas, pato, botifarra...) de lo más suculento y recomendable.
* Todas las imágenes son propiedad del autor.

viernes, 27 de agosto de 2010

Los confines de Celtiberia: Calatayud y su olvidada comarca.

“Si vas a Calatayud...”
Viniendo desde Barcelona, siempre he creído estar llegando a casa una vez se divisan Calatayud y sus tierras. Este marco, tan similar a los que puedan hallarse en el sur de Burgos, en el norte de Guadalajara, o en Teruel, es una puerta de entrada a las agrestes tierras mesetarias, obviamente, sirviendo, en no poca medida, de paisaje de transición. Los frutales aragoneses se mezclan con carrascas y formaciones kársticas, aunando lo típicamente aragonés con lo más propiamente celtíbero. Esta comarca, administrativamente aragonesa, está entre las menos conocidas de nuestro país.
Sus maravillas, tanto naturales como arquitectónicas, le sitúan entre las más ricas de España en lo que a historia y lugares emblemáticos se refiere. Aquí nacieron Baltasar Gracián y Marcial, el célebre escritor romano, razón por la que se puede decir que esta zona es “cuna de sabios”, a la vez que maravilla natural. Obviando lo caprichoso y primando lo ordenado, empezaremos por su capital, la urbe de Calatayud.
La “muy noble, leal, siempre augusta y fidelísima ciudad de Calatayud”, es la ciudad de mayor entidad que podemos encontrar desde Zaragoza hasta Guadalajara. Sus apenas treinta mil habitantes le hicieron ser merecedora de una estación de AVE, infraestructura que parece estar dándole un nuevo empujón hacia el desarrollo. Excelente lugar para ir de compras alimentarias, Calatayud tiene denominación de origen vinícola propia, a la vez que una extraordinaria oferta en productos de la zona (destacando, para mi gusto: las ricas frutas de la comarca, la longaniza y el chocolate, del que luego hablaremos).
Como sabrán buena parte de los escolares de toda España, el gentilicio de los de Calatayud es “bilbilitano”, ello debido a la antigua ciudad romana de Bílbilis, cuna de Marcial. Sita en un altozano próximo a la ciudad actual, en el municipio de Huérmeda, de Bílbilis nos han llegado ruinas de lo más atractivas y sugerentes (teatro, termas, ninfeo, foro...), todo ello en estricta correlación con la importancia del lugar. En el Calatayud actual, en su, más que recomendable, Museo, podremos contemplar algunos de los hallazgos realizados en el yacimiento (destacando los conjuntos pictóricos, la colección numinástica de la ceca del lugar, así como sendas esculturas, destacando la de Augusto “capite velato”).
Con la conquista musulmana, Calatayud experimentó un período de gran esplendor (llegando a tener su propia taifa, desde 1046 a 1055). Reconquistada por Alfonso I el Batallador, la ciudad mantendría una posición geoestratégica de primer orden, siendo la segunda ciudad, en población, de toda Aragón. De estos tiempos destaca su castillo (conocido como “Plaza de armas” por los lugareños), fortificación a la que la ciudad debe su nombre. Ésta es, aun estando en ruinas, la más emblemática de las fortificaciones bilbilitanas, si bien deben destacarse también otras, como la hermosa Puerta de Terrer (que data de la segunda mitad del siglo XVI).
Junto a sus estructuras defensivas, de entre sus monumentos destaca la hermosa Colegiata de Santa María (Monumento Nacional desde 1884 y Patrimonio de la Humanidad desde 2001), construida sobre la antigua mezquita de "Kalat Ayub". Nada más acercarnos a ella podremos contemplar uno de sus mayores encantos: su portada. De espléndido plateresco, con tejaroz, y concebida en forma de retablo, su construcción se debe a Juan de Talavera y Esteban de Obray. Junto a ello, o mejor dicho, por encima de ello, se alza el mayor encanto de la construcción, su torre mudéjar de 68 metros. Efectivamente, según los expertos nos encontramos ante la más perfecta construcción mudéjar protorrenacentista, siendo el principal argumento para que la iglesia recibiera el “galardón” de ser Patrimonio de la Humanidad.
Esta hermosa torre mudéjar sólo guarda parangón con la de San Andrés, también en la propia urbe. Junto a estos dos templos destacan la Colegiata del Santo Sepulcro (casa matriz de la Orden del Santo Sepulcro en España, y que es una réplica del Santo Sepulcro de Jerusalén), la iglesia de San Pedro de los Francos (de la que destaca su espléndida portada del gótico levantino), el santuario de la Virgen de la Peña y la iglesia de San Juan el Real (dentro de la cual se custodian frescos de Goya en la pechinas de la sala capitular, y que es muy gentilmente enseñada por el párroco del templo). De entre las edificaciones civiles, junto a una preciosa Plaza Mayor (con el edificio antiguo del Consistorio destacando por encima de cualquier otro), destaca el Mesón de la Dolores (hermoso edificio renacentista que ha hecho las veces de palacio y hospedería a lo largo de los siglos) y el Palacio del barón de Warsage (posterior casino).
Dejando Calatayud, de entre las localidades de su región cabría destacar a Ateca, capital histórica del chocolate español (allí se producen los famosos “Huesitos”), Cetina (dominada por su imponente palacio-castillo, en cuya hermosa capilla isabelina se casó Quevedo) y Alhama de Aragón (auténtica maravilla de la naturaleza, que cuenta con varios de los más célebres balnearios hispanos, destacando su lago termal). Sobre el embalse de la Tranquera, no muy lejos de estos lugares, se encuentra el pintoresco pueblo de Nuévalos. En él se encuentran restos de un castillo perteneciente a la Orden del Santo Sepulcro (que, como recordaremos, tenía su “sede española” en Calatayud), así como diferentes iglesias y demás enclaves de interés, si bien, el hecho de que sea la segunda localidad más visitada de Aragón se debe al hecho de encontrarse cerca del lugar el maravilloso Monasterio de Piedra.
Alfonso II, monarca aragonés, cedió a los catalanes monjes de Poblet este “trozo de Cielo” con el objetivo de que realizaran allí una fundación cisterciense. Trece monjes, presididos por Gaufrido de Rocabertí, salieron del templo tarraconense, iniciando las obras del nuevo monasterio en 1195, y finalizando en 1218 (fecha de su consagración). El lugar fue ocupado por los monjes hasta que en 1835, en tiempos de revolución, fueron expulsados del lugar. En la actualidad el recinto es de propiedad privada, manteniéndose el edificio del monasterio en un estado ruinoso. Si bien la edificación no tiene que ver nada con los hermosos monasterios de Santa María de Huerta o Veruela, bien es cierto que la extraordinaria belleza del lugar no se debe a lo estrictamente humano...
El vergel sobre el que se encuentra el monasterio es un hermoso valle confeccionado por la paulatina acción del río Piedra. Sus cascadas, cuevas, balsas y poblaciones, tanto animales como vegetales, le hacen ser un lugar más próximo a lo Divino que a lo terreno. En pleno contraste con la aridez de la comarca, allí se encuentra un lugar donde los árboles parecen querer tocar el cielo, y las aguas esculpen (en alguna ocasión con ayuda del hombre) accidentes que son dignos de contemplar, fondos idílicos, para la relajación y la reflexión. Históricamente, el monasterio es importante en dos aspectos: fue el primer lugar donde se construyó una piscifactoría en España (actualmente en funcionamiento), así como el primer lugar en el que se elaboró chocolate en Europa (inicio de una tradición chocolatera que sigue teniendo a esta región como espléndido baluarte). De entre sus joyas paisajísticas, por lo demás muy abundantes, destaca la cascada de la Cola de Caballo (con un salto de más de 50 metros) y el lago Espejo. Actualmente también se realizan exhibiciones de cetrería, destacando el amplio repertorio de especies que se muestran.
Junto al Monasterio de Piedra, son especialmente interesantes las diferentes opciones deportivas y de excursiones arqueológicas que brinda la zona. De entre éstas últimas cabe destacar el yacimiento de Segeda (entre Mara y Belmonte de Gracián), que bajo la dirección de la máxima autoridad en cultura y civilización celtíbera, el profesor Burillo Mozota, se está convirtiendo en un “centro de peregrinación” para todos aquellos que quieren saber algo más acerca de los pueblos prerromanos peninsulares.
Imágenes:
1) Imagen de la Colegiata de Santa María (Calatayud)
2) La Cola de Caballo, Monasterio de Piedra.

viernes, 4 de junio de 2010

Madrid

Precisamente tuvo que ser un pequeño carnerillo, una obra cumbre del Maestro Zurbarán aquello que hiriera más mis sentimientos artísticos. La posición del animal, la profundidad de su pelaje, su lana (no blanca en hipérbole, sino un tanto sucia dándole realidad a la imagen)... son muchos los factores que hacen que el “Agnus Dei” sea uno de mis cuadros favoritos. Este cuadro encarna muchos valores, muchos designios para una moral excelsa, por definición no plenamente alcanzable. Sencillez, pureza existencial, veracidad, empirismo y falta de ambigüedades. El animal no es ni arcaico ni contemporáneo, simplemente puro, siendo tal y como lo seguirá siendo hasta el fin de los de su especie. Este cuadro de Zurbarán es toda una excusa para la reflexión. Me confirma que el arte, muchas veces llamado “contemporáneo”, no deja de ser una moda pasajera, sólo apta, en la mayoría de los casos, para “iniciados”. Las novelas de Dostoiewski o Cervantes jamás serán best-sellers o viejos libros aptos para el análisis arqueológico, son joyas perdurables en el tiempo, al igual que “Agnus Dei”, o “Las Meninas”. Poder admirar la sencillez y la verdad, en tiempos de tanta hipocresía, es todo un gustazo, un dador de sabor, de lo más sugerente. Mi reciente viaje a Madrid me ha dado muchos motivos para llegar a este postulado.
Cierto será que la “verdad objetiva”, la “última”, no existe. No soy especialmente místico al respecto, pero temo, y menosprecio, todo aquello que tiene que ver con la mentira intencionada. El campo semántico de “lo falso” es una caja de herramientas para la conducta social. A veces es motivo para la broma o la filosofía, pero, en demasiadas ocasiones, todo ello queda en la búsqueda del provecho propio. ¿Existe alguna justificación para los actos familiares de compromiso? ¿Hay verdaderos motivos para querer a una persona por parentela y no “por méritos”? No se me ocurren mejores anfitriones. Sencillos cual el “Agnus”, mis primos me han ayudado a reflexionar con Zurbarán y la urbe que custodia sus mayores tesoros, ¡qué bonito es querer, y ser querido, no aparentar, y ser natural en el cariño! No por falta de ganas, sino por privacidad y compromiso con las cosas poco recargadas, diré que de Madrid volví más entero, con más puros sentimientos, y mejores gustos. Cargado de cariño dado, y de leyendas rotas.
Madrid no es menos castizo que el cordero. La arquitectura de sus céntricas plazas, calles y carreras forman un conglomerado urbano que aglutina lo tradicional con lo sencillo, todo ello sin dejar a un lado el orden y lo geométrico. Madrid es una ciudad cosmopolita, de capital del “nacional-catetismo” ha pasado a ser una de las grandes urbes europeas, en no pocos sentidos equiparable, o superior, a las más famosas de ellas. Para un barcelonés convencido, y de nacimiento, no eran pocos los reparos que uno tenía respecto a la gran urbe mesetaria, lo deportivo, precisamente, no ayuda para lo contrario.
Madrid está inmersa en un proceso de modernización, que ya empezara en pasados siglos, que la están haciendo cada vez más irreconocible. El hecho de ser el centro geográfico, además de su capitalidad, le han dado privilegios por encima de otras grandes urbes, muchas veces sin justificación, y sí, con mucha injusticia. Los tiempos han cambiado y Madrid no recoge, sino que da. La villa no es un ejemplo del centralismo franco-borbónico, sino, cada vez más, el cerebro de un país cada vez más dinámico (con permiso de la actual Crisis). Si bien es inferior a Barcelona y Sevilla en monumentos históricos, Madrid ostenta algunos tesoros sin parangón en el resto del Globo; el “Agnus Dei” es un bello ejemplo.
Es precisamente en Madrid donde quedan los rastros del más menospreciado imperio. Las obras de Rubens, Velázquez o Zurbarán parecen ser obviadas en un ambiente en donde se insiste en enaltecer lo popular: el fútbol chovinista de dirigentes megalomanos y sus medios de comunicación, santo y seña del “catetismo” ya en peligro de extinción. Madrid es algo más que un equipo de fútbol, algo más que una lengua o una nación. Madrid es una ciudad sencilla, con grandes avenidas y mejores museos e infraestructuras. Es una imagen de lo sencillamente bueno, de lo inútiles que son los problemas en mal día buscados. Madrid parece haber abandonado su triste cárcel del reciente Pasado, ya no reside en ella lo represivo, sino que luce en sus entrañas lo dinámico, lo moderno. Ciudad sin conservantes, mágicas obras sin adornos artificiales, civismo en la calle, y familiares sin conveniencias ni formalismos sanguíneos. Madrid me ha dado varias lecciones. Eso es lo bueno de viajar, y jamás pensé que un tal destino podía estar “tan al lado”.

lunes, 19 de octubre de 2009

Anguita en el Afilador!!

El número 70 del periódico "El Afilador" publica un artículo sobre Anguita y su historia titulado: "Anguita: un reducto de paz". Artículo de mi autoría. Espero que os guste.

sábado, 4 de agosto de 2007

Suspiros del Moncayo: reflexiones de un viaje


El fenómeno étnico puede ser visto en tanto que pertenencia, caracterización social diferente del resto. Cuando como, bajo mi punto de vista, la mayoría (unicidad) de los casos se reduce ello a las sensaciones de una persona, debemos de hablar de memoria, sentimientos, recuerdos. Se me ocurre que quizás la etnia o nación no sean nada más que alianzas de conveniencia, pequeñas asociaciones de belicosas gentes, fuere en lo marcial o con el pensamiento. No alcanzo a comprender si ello tendrá significado alguno de obviar el velo del oportunista político de turno, sin embargo, he de reconocer que como individuo, y no como miembro de la tribu, me identifico muchas veces con tal contingencia.

Suele acaecer pasada Calatayud, en mi viaje hacia tierra anguiteñas. Hoy ocurrió, abandoné mi casa para visitar mi tierra, mis raíces, ese río de sentimientos y sensaciones que aún no sabe qué es chocar con el infortunio de la pérdida. Mi joven vida me ha reparado no separarme jamás del participar en el viaje, el cambio de aires lo comporta también de miradas y de letras, de pensamientos y de ideas. Para alguien dañado por la más fiera de las melancolías, contemplar al gran coloso le hace reflexionar, pensar en visiones pretéritas, viajes a un mismo sitio, en diversos tiempos.

El verano nos repara descanso a algunos, cambios a muchos, nuevas experiencias para el joven, quizás alguna que otra sorpresa para el viejo. El verano custodia a Anguita, sus montes y paisajes y los senderos que a ello conducen. Me quedo con el Sistema Ibérico, esos montes maños de poca altitud y mil y una leyendas. Hogar de Baltasar Gracián, Marcial, El Cid y la Dolores. Calatayud, Morata, Ateca o Terrer, villas ilustres protegidas por geológicas fortalezas.

Las obras del tren de alta velocidad agujerean sus entrañas, quizás con más pena que gloría, pero perfeccionándose la contingencia. Se trata de tierras infames, sin mayores pretensiones que el progreso de turno y contemplar cómo pasa el Mercedes apartando a la burra. ¡Largo! Alguien debiera recordar la CE y eso de la igualdad de los españoles, la comunidad de destino, acaso de sueños. Calatayud se impone pidiendo respeto, yo me decanto por seguir contemplando al Moncayo.
Las faldas del montañés sistema asemejan caderas de gentiles doncellas. La fertilidad se concentra en el pubis, naciendo frutales, olivos y viñedos de entre las áridas colinas. El Moncayo todo lo contempla, quizás como deidad celtibera, marcando el terreno frente a quines llevan camisetas con referencias a Montana, las Rocosas, los Montes Apalaches o las playas de Miami, ¿acaso fuera el bello monte menos digno? Aragón existe, así lo demuestra la colosal, y próspera, ciudad de Zaragoza. Mi “pseudo-nacionalismo” poco disimulado se me disfraza de mal, aun siendo mero sentimiento. Un recordatorio de buenos momentos en el viaje, sin más exigencias de rancia lingüística o metafísicos agravios. No ha peor insulto que el empobrecer, mayor envidia que la de la riqueza. Los montes serranos son tan cultivables como ninguneados, apareciendo sólo cuando a priori se les está maltratando. No marchemos al Amazonas, acaso Bilbilis no tendrá derecho a progresar agujereando sus tierras, hacer infraestructuras en pro del progreso, ¿se ríen de PlaZa aquellos que acabaron con sus riberas o dunas de marisma?

El progreso tiene mucho de hipocresía. Existen pocos equilibrios, muchas pérdidas y desilusiones para idealistas. Sin embargo algo queda. Un poso de melancolía que observar cuando paso al ir a mi pueblo. Las vacaciones son para descansar, pero también para seguir escribiendo. Devolver la atención al Moncayo y seguir respirando los puros aires del Sistema Ibérico....

domingo, 29 de julio de 2007

Mundos paralelos

Nuestra percepción del Mundo se halla condicionada por la existencia de dos dimensiones paralelas. Desde tiempos antiguos se ha distinguido pensamiento y psique, razón e instinto. La Fantasía, los sueños... son pequeñas muestras de cómo existe un mundo interior que subyace a todo lo empíricamente real. Materia etérea dentro de lo fáctico y observable. Quizás hiciera falta leer más a Ende, contemplar cómo el hecho fenomenológico, tal vez religioso, lejos de imponerse a la Ciencia la complementa; siendo ese resquicio que nos diera la Naturaleza, de tal forma que actuara sin poder ser jamás dominado. Los méritos, y a su vez el éxito, muchas veces deben interactuar en ambas dimensiones. No vale la justicia de los hechos sino se gana con las sensaciones, con los sentimientos.

Siniestras ideas, hacedoras de engendros del marketing, muestran cuán importante es tener buena prensa para ser considerada “oficialmente” una nueva maravilla del Mundo. ¡Como si no tuviera cada uno su propia maravilla en su mente!, su propio cuadro de melancolía, su propio resto del Pasado. Quizás para mí fuera Anguita mi mayor maravilla, Vilassar y Hospitalet otras dos de ellas, quién sabe si no serían Londres, Berlín, Estambul con Santa Sofía, y alguna que otra más, como la Sagrada Familia o la Giralda, el resto. Lo siento, la Torre de la Cigüeña de Anguita me denota mayores sensaciones que el Taj Majal, porque impera con creces en los senderos de mi imaginario.

La Fantasía es propiedad privada. Cosmos alimentado por estímulos externos, custodiados por tus propias neuronas. Lo placentero, lo conocido, lo querido, son piezas con las que construir tu personal muro, ese cúmulo de sensaciones que se graba, con letras de oro, en tu propio diario vital, tu particular saco de experiencias.

Pese a todo, es cierto que la estadística nos brinda la posibilidad de considerar la existencia de grandes imaginarios colectivos. Poca gente habrá echado en falta el Templo de Angkor Bat en la lista de nominadas, no por no cumplir los requisitos (fue una de las más esplendorosas ciudades de la Antigüedad), sino por no haber sabido ganar el imaginario del pueblo globalizado. Pudiera decirse lo mismo de grandes urbes históricas como Samarcanda o Damasco, contraponiéndose su innata belleza a la gloria de monumentos como el Big Beng, la Puerta de Branderburgo o la Torre Eiffel.

Esta última es el mayor ejemplo de cómo el éxito es bipolar. Cómo la Fantasía se hace igualmente inexcusable que la Realidad, siendo consciente el chovinismo francés de la necesidad de saber promocionar el producto. Para el gran público sería poco más que una ofensa considerar que la Torre estuvo a punto de ser derruida una vez acabo la Exposición o que fuera rechazada con anterioridad por Barcelona, por preferir la Ciudad Condal las Fuentes de Colores de Montjuïc de Carles Buigas.

Un análisis de estricta rigurosidad técnico-artística, no sin cierta consideración del tiempo en el que fueron construidos ambos monumentos, mostraría una mayor riqueza de la elección barcelonesa. Sin embargo, no sólo el número de visitantes de la torre (monumento más visitado del Mundo), sino su éxito en lo metafísico de las sensaciones, decantaría el éxito para la obra de Eiffel.

Fue el edificio más alto en su época, siendo una construcción descomunalmente lograda para aquel tiempo, sin embargo, no sería ello, sino más bien el número de enamorados amantes que la contemplaron, la constelación de besos lanzados desde sus miradores, o las finales televisivas del Tour de Francia las que demostraron un mayor simbolismo, mayores visitas, y por lo tanto, mayor presencia en los imaginarios individualizados.

La conclusión acontece de necesaria imperatividad, debemos tener en cuenta siempre las dos líneas que influyen en nuestro Mundo, comprender que la justicia, en todas sus facetas, es el más inmaterial de los principios y que, lejos de las corrientes actuales, el estricto análisis empírico sólo nos lleva al absurdo, a una Realidad que ignora nuestra psique e instintos, una voluntad de querer descalificar al resto de la Humanidad en cuanto a sus tendencias y pensamientos, cayendo en la falacia del original, y de quien no supo rectificar a tiempo…

martes, 10 de julio de 2007

De vuelta


Después de haber pasado cinco días en La Puebla de Cazalla, pueblo de mis abuelos maternos, estoy de vuelta, cansado por la aventura, ansioso en disfrutar del afortunado clima barcelonés. La verdad es que los contrastes entre ambas tierras no dejan de ser notables. Como muestra de ello, quizás también en tanto que tributo a una afortunada experiencia, les presento la versión "bloggiana" de algunos escritos que se me fueron ocurriendo por tales tierras. Quizás pequen de monotonía en varios aspectos, pero siempre tiene mayor belleza la realidad de los sentido, que lo artificial de lo correcto...

jueves, 19 de abril de 2007

La soledad de un coloso

Estambul, Bizancio, Constantinopla. Con vistas a dos continentes, al Bósforo y al más glorioso de los pretéritos tiempos, Estambul saluda al porvenir con la alegría del quinceañero y la melancolía del viejo. La historia, la cultura, consolidadas costumbres y otros tantos misterios, tejen un urbano vestido devoto del hedonismo y del buen gusto. Quizás para un ojo foráneo, humanamente parcial, una de las cosas que más pudieran sorprender es el misterio emplumado de las mezquitas otomanas.

Durante la noche, las esplendorosas mezquitas reciben la visita de enjambres de gaviotas blancas que parecen manifestar la gracia de Alá en la sacralización de tales templos. Lo sorprendente y maravilloso se nutre de tales acontecimientos siendo aún más notoria la imponente, así como seductora, soledad del solitario coloso. Santa Sofía parece desafiar los siglos permaneciendo esencialmente inmutable a los envites del tiempo. Sin embargo, como en el caso del destino de la más bella modelo, su existencia se halla estrechamente ligada a la febril competencia que contamina todo lo humano. Obviamente con ventaja, los sucesivos habitantes del dorado cuerno han intentado superador la magnitud de Santa Sofía construyendo seres empedrados dignos de la más épica de todas las epopeyas.

Ejemplo clave al respecto es la Mezquita Azul, coqueta hija del afán de superación, que por ministerio del Sultán Ahmet intentó desbancar del podium de lo sublime, a Hagia Sofía. Los mil años aproximados de diferencia entre ambas no fueron suficiente para ganar a la antaño catedral; si acaso, aquella jugada más ingeniosa, y que resulta mayormente palpable para el ojo occidental-europeo, es el cómo las gaviotas imperan en las cúpulas de las mezquita durante la noche, y en cambio no en Santa Sofía. Quizás sea Alá haciendo recordar el pasado cristiano del coloso catedralicio. Quizás. O puede que sea simplemente un producto de la casualidad que viene a confirmar la idea sobre la que parece sustentarse el sentimiento turco actual; la actualidad del Islam como esencia también europea frente al anacronismo del Cristianismo bizantino.

Parece claro que no se descubre misterio alguno al constatarse el inevitable paso del tiempo junto la caótica entropía del paso. Parece claro. Pero no deja de preocupar al amante de Estambul, tanto como al de Constantinopla, cómo ambos nombres de una misma ciudad, parece que irremediablemente, chocan inmisericordemente entre ellos, en el más cainista de los duelos.

Durante la visita a Santa Sofía, y quizás aún más cuando se completa la excursión con la visita a San Salvador de Chora, aquello que más enoja al atávico sentimiento occidental sea la omnipresente imagen de banderas turcas, fotos de Atatürk y antiguas iglesias desacralizadas por los minaretes islámicos. No es debido a problemas religiosos, sino al afán de diferenciar, de autoafirmación, aquello que detesto de tales estampas. Por supuesto que no son pocos aquellos que opinan que los minaretes añadidos a Santa Sofía le salvaron de las iras del fanatismo contra los, no sólo religiosamente, adversos a Occidente.

La narración de la historia, el periodismo así como los testimonios de personajes presuntamente bien informados, no en pocas ocasiones, dibujan un fresco tintado de odio atávico a Occidente y de fanatismo. Nada más lejos de la realidad. Las imágenes contempladas durante este maravilloso viaje de final de carrera corroboran la necedad de lo patriótico y la universalidad de lo económico. Estambul sustenta su identidad en su contraposición a Constantinopla y lo bizantino. Cómo reconocer su precedencia bizantina evitando dar la razón a fantasiosas cuestiones patrióticas helenas. A todo ello se le suman graves consideraciones: cómo defender la falta de legitimación para vivir y medrar a los turcos que en Estambul nacieron o pasaron sus mejores años, afirmado la falta de pertencia de la islámica urbe al cuadro de caracteres clasificables respecto a la humana existencia.

Lo actual resulta ser más legítimo que lo pretérito y sumamente más útil para escrutar los senderos del futuro. Lo histórico es parte constitutiva de un cuerpo transformado en una ciudad y sus diversas gentes. La homogeneización, aún yendo en contra de la evolución y de la mutabilidad exigida, se nota manifestándose a nivel global, careciendo cada vez más de contenido los favoritismos patrios y sueños nacionales.

Griegos y turcos se homogenizan al escuchar Madonna, comer Pizza o pintarse las uñas con marcas francesas. La construcción “nacional” entendida por contraposición al vecino perfecciona el adagio del gran khan de no haber gran pueblo de no tener un enemigo. El paseo desde Taksim a Dolembache por los jardines que los comunican corroboran tal hecho al existir cierta plaza donde se alzan los bustos, junto a Atatürk, de Atila y de Tamerlán. Lo olvidaba. La búsqueda, inexcusable para un jurista, del legado justinianeo se basa en la negación en tanto que exaltación de lo turco. No se prima a las personas sino a metafóricos sueños, que han provocado tragedias escandalosas en la bella tierra turca. Rumíes, armenios o kurdos son fuente de una diversidad incomprendida que se rinde a las excesos de la autoafirmación nacional y de los superlativos huracanes del nacionalismo.

Quizás sea la vaguedad del adjetivo europeo, los grandes cambios históricos en la cuenca del Mediterráneo, o simplemente, el sueño incomprendido de un joven enamorado de Estambul, aquello que me hace constatar la improcedencia de negar el ingreso a Europa de un país eventualmente hegemónico. ¿Porqué?. Hoy en día las diferencias son de intereses que no de caracteres étnicos o nacionales, las lenguas se ven superadas por el inglés y las religiones por la play-station, la choque de civilizaciones se caracteriza en flujos envidiosos y de codicia. De la olla llena y de la olla vacía. De las universidades frente a los hospitales de pésima cirugía. ¡Qué se le va a hacer! Nuestro nivel de vida en ello encuentra sustento y es irremediable que el sirio, el boliviano o el filipino pudiera tener odio frente al occidental, claro, es que uno se alimenta opíparamente y juega a la play-station. El materialismo lo impregna todo y Turquía se convierte en Europa desde el momento en que participa del invento. El resto del Islam le ve con malos ojos, no por falta de rigidez en el Islam, la Sunna o los dictámenes de ulemas expertos, simplemente por tener cada día la olla más llena y participar del desarrollo del leviatán globalizado, del mundo capitalista, del mundo del consumo, de la televisión y de la play-station.

miércoles, 18 de abril de 2007

A tribute to my new friends

I don’t know what can be better than perfome a dream. However, I can say what it’s absolutely worse. To finish a dream, to return at home, to leave friends in another country, there are worse things, bad sensations. I’ll be valiant and I wont forget my gratitude to a lot of people that have been really important in my travel to Istanbul. I am writing this article in English in order to it could be understood for this people that leave in Istanbul and, since I have return to Spain, in my heart. It’s a incredible thing to meet people in another country, to meet friends with you can speak about your restlessness and your sensation about your travel. I’ll remember my friend Musa form the phone booth (a great friend and an incalculable adviser), also I couldn’t forget my friend Vedat and theirs teas, or my friends from Hakikat Kitabevi.

The world could be a friend and an enemy. You cannot rely on all the people of the world, but you cannot repeal good relationships by your distrusting. It cannot be. The Hell can be at Earth but also only in ours brains. People is bad for biology but everyone get some education from their parents and their school. The education is the key for the goodness, and I think that in Istanbul I have known people with a great education and a great heart.

Despite being a victim of some people that haven’t got any good education (specially by a barber (do you remember my friend?? ;-) ) I have had the luck of meeting plenty of good persons. I think that goodness always is superior than the Hells’s arms.

The world is a melting pot of good and bad things. Despite lost my camera in my last taxi in from Hagia Sophia from my Hotel (Nazar) I have keep with my the photos’s majority. Despite have a bad experience with the barber, I have had a beautiful relationship with my friend Musa from the locutory. Despite being a little bad the hotel, I have met an incredible friend (Vedat) and theirs incredibles teas.

I love Istanbul. I think that it can be considered as a mirror where everyone can watch the diversity of our world. You can visit mosques, Santa Sofia, palaces… and also go out at night to a Taksim discoteque or to have a really good dinner. Istanbul is incredible, a dream performed, a dream that have experimented a mutation, the wish to return, to visit my new friends, to speak with the ruins of Santa Sofia, to remember the muslim’s beauty of their creations, to experiment the orgasm of be conscious of understand the World, my life, the great city of Istanbul.

miércoles, 11 de abril de 2007

Testimonio desde el Cielo

El Caos parece ımperar en la atmosfera de esta gran urbe entre todas las cıudades. La utıl herramıenta que es el telefono mobıl se manıfıesta en una, algo malıntencıonada, vespertına alarma. Los moacınes llaman a la oracıon, dıfundıendo el canto de Ala por lo ınfınıto de los aıres. Las mezquıtas parecen hablar, entre grıtos del mas fenıcıo de los mercaderes y olores a especıas, calles en putefraccıon y algo de excesıva contamınacıon ambıental y de trafıco de consıderacıon, cıertamente desenfrenada.

El desarrollo rıge en la mas melancolıca de las cıudades, ya lo dıjo Pamuk y parece confırmarlo el alto ındıce de monumentabılıdad y de ruıdo sagrado. Estambul es Constantınopla, ası como tambıen es Bızancıo, nombres de un mısmo cuerpo. Eterno, sagrado, seductor, ınımagınable. De entre todo el cumulo de sensacıones que ırrıgan mıs sentıdos bıen pudıera destacarse lo reına de las sofıas, esa catedral en buen hora enmezquıtada. Quıen sabe sı por no ofender ahora sea museo, o sımplemente por el afan de cobrar entrada. El caso es que es la nueva Babılonıa, prostıtuta de todas las dolencıas del Mundo y de las vırtudes de la socıedad globalızada.

Es tan seductora como bastarda; es musulmana, judıa y tambıen algo crıstıana. Es la mas bella de las cıudades, lo reconozco, pero a la vez es contradıctorıa, y eso es lo que mas me agrada. La escrıtura de este texto ası lo delata. Las neglıgentes faltas son producto de una contradıccıon enteclada. La arcaıca cıvılızacıon musulmana se conecta por claves a la Red, con teclados no aptos a automatısmos, pues las ıs no tıenen puntos, nı mucho menos c trencades.
Es genıal. Topkapı, Santa Sofıa, Mezquıta Azul: todo es un meeltıng pot de sensacıones y de fragancıas. Acaso ınevıtables enemıgas pero necesarıamente emperentadas. Algo ası como el aspecto de las calles, jovenes trajeados y ancıanos con largas barbas se juntan a turıstas en mınıfalda y mujeres enveladas. Europa parece quedar en una orılla, pero quızas pudıera parecer algo mas lejana. La semılla parece estar plantada, la tıerra regada, pero algo falta, no es ılusıon, pero sı la ımposıbılıdad de las cabalas. Turquıa parece estar cercana a sus cercanos paıses, como cualquıer Estado o, dıcen algunos, patrıas. Todos son parte del Mundo, y parece que la gente no lo comprende. Todo es producto de la lascıva globalızacıon, portadora de malestares, pero tambıen de ganancıas.
La globalızacıon es un camıno sın marcha atras. Y quızas yo dıera las gracıas. Hay grandes ventajas. Poder dısfrutar de Turquıa y constatar como la gente es, en todo el mundo, algo sınverguenza, servıcıal, carınyosa (no hay enyes en mı teclado) o ıncluso borracha, y algo desenfrenada. Todos somos sapıens o al menos lo decımos. Santa Sonfıa es mezquıta, catedral y museo, es el orgasmıco clımax de la humanıdad globalızada.

La tradıcıon en Turquıa se me manıfıesta a dıarıo en graves comıdas, seductoras en sensacıones, gustos y calıdad ınesperada. Me gusta todo parece ser y no solo por mı atavıco apetıto que me enclaustra. Turquıa es cojonuda y bıen pudıera ser aquello que le dıera la realısıma gana. Me gusta, me encanta. Es un espejo de este Mundo, de mıs suenyos, de mıs gustos, de una forma, que realmente no me esperaba lo sufıcıentemente, aunque mı mente sıga, por momentos, exponencıalmente tendente al desenfreno de la obsesıon y de la gran gracıa que de arrıba agnostıcamente esperas, acaso ınmejorablemente perfeccıonada.

domingo, 8 de abril de 2007

Por los senderos de la Fantasía

Dicen que la imaginación es el ojo del alma, que todo lo imaginado puede ser alcanzado, creado. Los surcos que se aran por nuestra, necesariamente, imperfecta comprensión del mundo, se llenan de aquella semilla imaginaria. No siempre placentera, dolorosa, hedonista o meticulosa. Todo lo querido se alza en las nubes inescrutables de nuestros involuntarios sueños; esos reflejos de los anhelos y miedos de nuestra psique; ese panfleto de fobias, ilusiones, y ante todo, de deseos.

La irrupción de la conciencia del uno mismo, así como la vanidad de creerse independiente de la existencia del Otro, me hacen ser el dueño de un mundo imaginario, residente vitalicio, tenaz y sincero de las, inevitablemente fantasiosas almenas de mi enclaustrado cerebro. ¡Qué se le va a hacer! La imperfección mueve el Mundo y somos víctimas irremediables de un mundo imperfecto. No obstante, como en el más cruel de los naufragios, el soporte se nos acontece como indispensable. Necesariamente, vital para guardar el rumbo en las tinieblas de nuestro hostil entorno. No sé si ello bien pudiera reducirse a neurososis freudedianas, pero parece bastante claro que la Imaginación es un lazarillo en nuestros ciegos destinos, un transporte a nuestros necesarios sueños y un calmante para nuestra ansiosa esencia.

Obviamente, toda gran fantasía requiere ser un esbozo, mayor o menormente asemejado, a nuestra propia percepción de la Realidad. Se requiere un instrumento comparativo que nos lleve a nuestra propia comprensión. Cómo pudiera explicarse mi interior mundo achaparrado, ondulado como las arenas arrakeñas, coronado por los minaretes de doradas mezquitas, sonidos de almuecines llamando a la plegaria en un Mundo complejo y personal, dotado de placenteros ritmos.

Los contornos que me conducen al clímax son claramente perceptibles. Anguita, Barcelona, Estambul, y si acaso pudiera diferenciarse, Constantinopla. Quizás con ánimos de alcanzar las metas propuestas por Einstein de asemejar fantasía a eventuales logros alcanzables, mañana mismo parto a tierras turcas, no sin antes haber disfrutado de las serranas tierras de Anguita y sus vientos gélidos pero encariñados, bañados en tajuñesca agua e impregnados en enebro y carrasca, tomillo y algo de melancólica tierra amada.

No podemos estar en varios sitios a la vez por los dictámenes de la física, pero ¿acaso alguien pudiera evitar que disfrutemos de un Mundo creado en nosotros con fragmentos de nuestra Realidad?

El tiempo corre y los depara mana en forma de alcanzados sueños e inevitables desilusiones. Los minaretes de la azul Mezquita rivalizan con los de Santa Sofía en intentar decirme a quien de ellas dos, en el futuro, más querría. Tal vez pudiera compartirse tal honor, con el resto de la futura experiencia, así como comparto el gusto, de poder contradecir la Terminal finalidad de mi anterior despedida, para acariciar este blog, y desear que en la Realidad se impongan las queridas hordas, engalanadas de la más personal y maravillosa, Fantasía.

martes, 3 de abril de 2007

Adiós temporal a un ejercicio bienaventuradamente encontrado

Dicen que el tiempo es una magnitud artificialmente creada. Instrumento para clavar hitos de referencia en nuestra vital escalada, espejos donde mirar el pasado y reflejar nuestros rostros en constante cambio. No alcanzo a comprender el porqué de los meses sin dejar de constatar la irrupción de sus pasos. El choque de sensaciones, bien pudiera ser de bueyes encabestrados, que produce el torbellino temporal y los vientos raramente encauzados, me hace sentir sólo y perdido en el inmenso cuartel del carcelero tiempo, del ansioso Futuro y del pretérito Pasado.

Hace un mes tuve una genial idea. Reflexionar y relajarme escribiendo unas cortas líneas. Escribir pensando, y pensando lo que no siempre escribo. Quién iba a decir que el escribir sirve de guía, en los senderos nerviosos de nuestro inescrutable cerebro. De brújula con la que no perdernos entre nuestros veloces pensamientos de turno e inherentes sentimientos. Quién iba a decirme que practicaría otras lenguas, conocería gentes de muchos sitios, maestros en el escribir y en el narrar, rapsodas, en mí perdurables, dentro de un (acaso irremediablemente) imperdurable tiempo.

El condicionamiento de vivir en este siglo, hace que mis sensaciones se hallen ilustradas en vivas imágenes. Recuperables en diversos formatos, pero sensibles con un mismo órgano, ese corazón que parece imponerse no sólo en lo metafórico. Algo así acontece cuando tengo la posibilidad de disfrutar de un vacacional tiempo. Él mismo se para, como los acordes de la eléctrica melodía del radiocaset de turno. En mí sólo pienso en volver a mi vergel en el Tajuña, mi casa espiritual, la cárcel en la que mi esencia parece flagelarse queriendo sentirse enclaustrada, detenida, cautiva.

Anguita es oteada en el horizonte. Entrañable hogar de queridas gentes. Las empedradas paredes del familiar palacio. Maderas, que al sonar, parecen aún lamentar nuestra anterior partida con sus llantos. Ese pueblo es mágico, desde el sentido de que la magia tiende a sustituir a todo lo que no podemos comprender, ni buscar explicación de un modo rápido. Me acontece ello al pasar por el monolítico servidor de San Vicente, pasando por la puerta del camposanto. No sé si existe el Cielo, pero mi cuerpo sigue estremeciéndose al acaecer tan ceremonial paso. Mis antepasados parecen descansar con los ojos materialmente cerrados, pero abiertos en voluntad, en el sentimiento obsesivo mío, de que nunca me han abandonado.

Uno entre todos parece ser que siempre me está contemplando. Quizás sea por familiares invocaciones, o simplemente por ser de noche y estar ya delirando. Sé que voy a pisar Estambul pero siempre queda el sueño a un lado, cuando puedo pensar que mañana dormiré en armonía, guarecido por el anguiteño cielo estrellado. Quizás no conozca la felicidad, tanto como el tonto sentimiento de inconformidad, desasosiego y el estar desilusionado, pero todo ello queda a un lado, cuando se avecina tan querida marea con sabor rural, a familia y charlas largas como la llama del mayor de los candelabros.

No sé si es verdad aquello de profeta en su pueblo, pero cierto es que en el fantasioso mundo de mi psique, Anguita hace de pregonero, dictador y amante. Que espere Santa Sofía, el Hipódromo, el Sultán y los cansinos párrafos de este afortunado blog; dolido por el olor a novato que transmite, quien a este texto ahora mismo se siente pegado. Espero que paséis unos días felices pues este blog hasta que vuelva de Estambul, mucho me temo, que va a permanecer inmutado. Pero entrañable lector, sepa usted que con su ocular esfuerzo, a un servidor ha cautivado.

lunes, 2 de abril de 2007

La Obsesión Bizantina

Me viene a la cabeza una imagen especialmente melancólica. El viejo Golf combatiendo, con lograda fidelidad, al canino amigo; mi imberbe, y acaso algo dormida, silueta meneándose conforme al camino dictado por el volante de mi palafrén mecanizado; mi imaginación desenfrenada; mis padres disfrutando, durante el placentero trayecto, de una novedosa cinta de George Michael... El caso es que no sé si por no haber descansado la noche anterior, por los orígenes del cantante o por la última clase dada por el profesor de historia de turno, recuerdo imaginarme al frente de las acorazadas catafractas justinianeas luchando contra los godos y los persas, comiendo al lado de Justiniano y familiarizándome con los femeninos y sensuales contornos de Teodora. Las estrofas de "Jesus to a Child" o de "Fast love” mutan en historia bizantina versada. No veía los contornos de mi pueblo sino marmóreos hipódromos, el ritmo del chipriota, junto al deslumbrar de los faros del auto vecino, me hacían ver Antioquia, el Bósforo y, quizás con un suplementario empujoncito de sana droga imaginativa, a la colosal y maravillosa joya bizantina, ofrenda a la arquitectura y la humana retina, ella la hermosa, basílica de Santa Sofía.

Al bajarme del coche, recuerdo darme cuenta de cómo todo era un nebuloso cúmulo de sensaciones, revueltas en ese mar dudoso de conocimientos sin asentar, de aficiones sin manifestarse. Estambul acontecería como una meta en mi vital odisea, un premio a mis jóvenes sentidos, una esperanza por la que luchar contra el viento, la marea, contra la contemporánea hidra enmochilada, los interminables viajes en galeras escolares, y los no menos terribles, godos, y acaso algo persas, exámenes de matemáticas.

No alcanzo a dilucidar qué fue exactamente aquello que me seduzco de la civilización bizantina. Si el anhelo de haber podido salvar los vestigios del Imperio Romano, vivir en las empedradas callejuelas de la urbe constantina o sencillamente, las ganas de soñar con aventuras de príncipes y caballeros, ligadas a nuestro Mundo por algún contorno devoto de nuestro rico acervo histórico, con pilares de Realidad que arañan los límites de la fantasía.

Camelot, Namek o la morada de la Corona Mágica parecían existir en mi imaginada Constantinopla. Un mundo regido por la felicidad, el cariño y el poder primordial de la voluntad de uno. Ansias de destacar, de verme en púrpura sobre el Imperio Romano. La vuelta al mundo terrenal era imposible, era difícil dejar aquel sueño placentero, no escuchar en cualquier ritmo musical la trompeta del lugarteniente de Belisario o ver en televisada noticia alguna correspondencia con los antaño años romanos.

A diferencia de muchos, no veía en Estambul al musulmán enemigo, ni tampoco al herido griego, sólo veía la ingenua visión de una juvenil fantasía. Obvié las mezquitas que tanto, algo después, me interesarían. ¿Qué se le iba a hacer? Mi edad me impidió la sensación de convivir con compañeros de religiones diferentes y negaba, en mis adentros, su acaso eventual, pero desde luego concebible, existencia. Sólo me veía a mí marchando entre laureles, obviando la eventual felicidad terrena y cultivando mi cerebro con historias inverosímiles derivadas de retales fidedignos de enjoyada Realidad. La explicada por los libros abiertos, que no comprendidos; la denotada por fotografías, documentales y comentarios escuchados por mis, en aquel entonces más que ahora, diminutas orejillas.

¡Basta! El reloj me recuerda el paso del tiempo. ¡Qué trivial! ¡¿Pues acaso no es lo cotidiano lo más predecible de nuestra conducta?! Cruzarnos con el espejo y ver cómo han pasado los años, cómo comprendes, aun siendo joven, aquello que pudiera sentir el anciano octogenario. El tiempo pasa, y sus olas no se sabe a que orillas modelarán ni hacia donde irá la corriente, los flujos, la marea. El discurrir de los años amenaza con erosionar lo poco que me queda ya de Carrera, qué se le va a hacer, pero recuerdo el sueño infantil, las cúpulas de la azulada mezquita de Ahmet, y los, quirúrgicamente añadidos, minaretes de Santa Sofía. Precisamente hoy, a estas horas, recuerdo que ya no soy aquel niño ya y que, dentro de una semana, por fin pisaré Turquía, veré Estambul y podré disfrutar la serenidad de tomar contacto carnal con la más reina de entre las sofías.