viernes, 7 de diciembre de 2007

Maldición a Cronos

Noche con mismas luces, estrellas que brillan con iguales destellos. Lo eterno parece mirar con gracia, cuán poco dura lo perecedero del tiempo. Tus labios, tus senos, tu piel de fino terciopelo, todo se me remonta al momento primordial, nuestra unión y encuentro, pues todo es uno en un corazón doble, todo es testimonio del sueño de una noche. Las gotas de sudor se ríen de la madrugada, la luna asiste a la operación, el sol calla desde su morada. Tiempo que pasa cuando menos te los esperas, engullendo a sus felices hijos, como Cronos otrora ya hiciera. ¡Dadme segundos de gloria, minutos de dicha, cuán poco es pedir un poco donde la inmensidad siempre brilla!

Los contornos de la escena saben a gloria. La música no existe sonando, la felicidad reina, la belleza canta entre la abundancia. Tus ojos me transforman en velero, mares por los que siempre soñaría navegar saboreando tu nombre, tu cuerpo, tu estima e intelecto. Quién es él para robarme lo que más aprecio, quisiera acabar con el titán, ¡encerrar a Cronos en los Infiernos!

La reflexión por una vez no me hace pensar. El lamento me nutre al comprobar que pasan las agujas del reloj, cual dramática escena, carrera trágica dentro de una consecuencia inevitable. Sin embargo recuerdo tu boca, tu atmósfera irradiada en esplendor, tu mirada deshaciendo el más fuerte hielo. Me percato de la necesidad temporal, de la abstracción que nos sirve de fundamento. ¿!Qué sería de la lluvia sin sol o del blanco sin el negro!?

Pese a todo pienso en lo venidero, en el sueño interestacional de querer permanecer a tu lado, enganchado, sujetando el jarrón en el que reposa lo esencial de todos mis adentros. Pues es barro lo que forma la mujer, materia divina que modela gentil silueta, dulce aroma a nuevo y viejo, eterno, y no en poco, verdadero. Qué es el amor sino una especialidad del magnetismo. La contradicción de los sexos y los géneros, la amistad en unión, y la unión como fundamento.

Pasa una estrella fugaz. De repente pienso que quizás todo pudiera llegar a ser un fragmento dentro de lo real. Llego a pensar que nuestro paso terreno no deja de ser un sueño, un caminar entre ríos y enebros, cráteres y picos que rozan el cielo. Todo unido en la comunión de lo vivo y existente, sometidos al reloj, súbditos del tirano que pudiéndolo tener todo, quítaselo todo al que un único deseo, simplemente tiene.

¡Avaro, voraz, vuelve Cronos de donde siempre mal naces, a las entrañas del olvido, deja abrir las ventanas al rayo de lo eterno! Acepto quedarme sin nube, sin mar, sin el brillo de las estrellas; no me quites el farol, el lucero que me anima a seguir descubriendo en la penumbra, seguir descifrando el jeroglífico de nuestro destino, seguir leyendo hasta donde pone, bien grande entre turquesas, que yo no soy nadie en tanto que mortal, pese a lo cual, reto a los dioses diciéndote que tú me das el mayor de los poderes posibles pudiendo decirte... te quiero

Pintura: “Saturno (Cronos) devorando a sus hijos”, obra de Francisco de Goya.

jueves, 6 de diciembre de 2007

La hipocresía de la dictadura

La bondad quizás sea aquello que mayormente nos hace humanos. La educación en sus valores y su ventura, su futuro y utilidad, son el objetivo de todo aprendizaje social, y por ende, necesaria base de nuestro sistema educativo. Más allá del gen egoísta podríamos hablar de la dictadura de las matemáticas: la necesidad de eficiencia en un mundo donde los recursos, por definición, son notablemente escasos. El hombre tiende hacia el autoritarismo, el mundo de los ideales es una creación propia de su mente, pura fantasía, capacidad de abstracción que, en no pocas ocasiones, nos llevan al abismo del aprovechamiento injusto y coerción sobre nuestros semejantes. Muchas veces he pensado en la democracia como el producto (sumatorio, que dirían los matemáticos) de las dictaduras mentales de las gentes (votantes) que la forman. Nadie puede negar que el sistema deseado, el desideratum político de toda alma, es imponer su propia dictadura: sus propios gustos de televisión, temáticas de libros, vestidos de la gente, sin olvidar, acaso, los precios del menú del día...

La situación rusa me hace reflexionar. Recuerdo haber escuchado una conferencia del ex-presidente Felipe González, dentro del Forum de las Culturas de Barcelona 2004, en la que contaba anécdotas de su vida política. Destacó sus viajes y negociaciones con el gobierno chino, paradigma de opuestos y alternativas al modelo europeo. Haciendo jocosa broma con el fenómeno nacionalista, el ex-presidente citó aquella reflexión china que decía “ustedes siendo tan poquitos, cómo no se entienden...”. Y es que la “victoria electoral”, o necesidad-utilidad de Vladimir Putin, para buena parte de la población rusa es innegable. La inmensidad de territorios y gentes que aglutina la superpotencia de los Urales es, bajo los prismas de Occidente, difícilmente gobernable. El inmovilismo que se derivaría de las reivindicaciones minoritarias de cada uno de los pueblos que componen Rusia, acabaría con la eventual vitalidad del Estado, ¡qué decir si debieran respetarse plenamente la voluntad de sus 145 millones de habitantes (2002)!

La democracia representativa incluye cierta maquinaria dictatorial, sometimiento a unos representantes, nominalmente del grueso del pueblo, que han sido legitimados directamente por los votos del ciudadano. Buenas palabras para un sistema un tanto hipócrita. La limitación de dictaduras del particular, a la que hacíamos referencia anteriormente, se perfecciona en el imperio de intereses de ciertos personajes, sean éstos, o no, electos. Muchas veces uno se puede preguntar si en España reina el Rey o el triunvirato del crédito, pero lo cierto es que la dictadura de algunos se impone donde, nominalmente, mandamos todos.

Llegados a este punto me pregunto si no debiéramos discutir los valores que van a regir nuestra sociedad y modo de convivencia antes de descartar la eventualidad de cualquier dictadura. Cuesta decir que los intereses de los “halcones” de Bush sean los de la mayoría de Occidente, pero más nos costaría afirmar que las víctimas del terrorismo islámico son quienes lo piensan o se lucran con la explotación de los caldos de cultivo de la vorágine asesina.

No critiquemos dictaduras ajenas cuando la nuestra está en vigor, llámese centralismo o “partido unificado de Cataluña”, por poner dos ejemplos. Debemos exigir una educación que nos ilustre en los valores que rigen nuestras vidas. Nada de Educación para la Ciudadanía si, después de todo, vamos a continuar siendo siervos incultos. La movilización se requiere más que nunca, la hipocresía quizás deba exprimirse con todas sus consecuencias. Quizás la única solución sea aceptar a Bush y a Putin, y pensar que nuestra vida, acomodada para algunas, se basa en los residuos de sus caprichos y soberanía...

miércoles, 5 de diciembre de 2007

El joven y el mar

Caminar cerca del mar a medianoche es un placer que poca gente tiene la ocasión de experimentar con cierta frecuencia. La llegada a casa a una hora irreverente, la vuelta en tren después de una esperada cita, son excusas que preceden en el camino que te lleva a gozar tan intensamente del magnánimo charco. A quien no conoce otro despertar que la posibilidad de observarlo, no poderlo ver seca las lágrimas del mortal, o quizás, más bien, las consume cuando se encuentra uno lejos, al otro lado, distante de casa y de la gente que te hace sentir amado. Contemplo y suspiro. La tranquilidad de las aguas frente al constante cambio, Neptuno y el Caos, la divinidad y el mortal, yo y el futuro, mi pasado y mis inquietudes. Las aguas marinas suenan a nana, su balanceo a mimo de cuna, ¡cuán necesitado está uno de él cuando lo contempla a estas horas y con tal belleza!

La belleza del elemento dudo que sea capaz de ser plasmada en letras. La brisa delata el acontecimiento, el agua vive, de forma diferente a como lo hacen fuego, mar y cielo. El Divino contempla toda tu vida, refleja todos tus sueños y pensamientos, uno crece, madura y muere, para ser igualmente observado por quien, prácticamente nunca, retrocede o expande. Quién sabe si soy yo quien tiene necesidad de él o si, como ser humano, el mar nunca me ha dejado.

El lirismo de la escena me sumerge, repentinamente, en el pensamiento. Desconozco si es el mar o el elemento acuático aquello que me remiten al eventualmente único, el nexo que une a toda la vía, el presunto rastro divino que no es más que producto de la existencia del Universo. Uno de los discípulos de Freud, el húngaro Sándor Ferenczi, opinaba que nuestra existencia se base en nuestro anhelo de volver al océano primordial. Como explicara Stephen Jay Gould: “Ferenczi vio el intercurso sexual como un anhelo por volver a las condiciones ancestrales de reposo en un océano sin tiempo – la “tendencia regresiva de Thalassal… procurando volver al modo acuático de existencia abandonado en el tiempo primordial”. El acto sexual satisface esta necesidad primordial en tres formas: 1) el reposo post-eyaculatorio simboliza la tranquilidad del océano; 2) el pene (un pez simbólico, por decir así) intenta alcanzar a útero (sin embargo sólo su secreción llega) – la mujer aquí simplemente pierde; y 3) el producto de la unión pasa su vida embrionaria en un fluido amniótico que representa el océano ancestral”. Y es que el oro líquido es puro, aun siendo cada vez más sucio y afín al petróleo. La “guerra” fáctica y jurídica por el Ártico y la Antártida no han hecho nada más que comenzar, alrededor del Jordán el conflicto es de plena actualidad, el rapto del río por los judíos, mientras pasan sed sus legítimos propietarios. Qué decir de la explotación de los acuíferos en el litoral español o de las faraónicas macroestructuras para hacer fértil Libia con agua del desierto. Plan hidrológico global, es necesidad de nuestra especie, necesario producto de nuestro intelecto.

Quizás yo no vea tan ridícula la idea del psicoanalista magiar, quién sabe si en el fondo el hombre no tiene algo en común con la rana y el sapo: el mantenimiento de un vínculo vital con el agua, con la Vida acuática, con el caldo primordial de Oparin y el componente mayoritario de nuestros átomos... El caso es que nuestra dependencia del agua es aquello que más nos asemeja al laurel o la medusa. Quizás nuestra violencia tenga algo que ver con el chocar de las olas, nuestra búsqueda de la felicidad con la capacidad de adentrarse el agua en el vacío. Si el hombre lucha tan encarnizadamente por los hidrocarburos, ¡quién sabe lo que pasará cuando escasee el agua!

Sobre la pintura: Andreas Achenbach: Sonnenuntergang am Meer mit aufziehendem Gewitter, 1903. Respecto a la última foto: está sujeta a Creative Commons Attribution ShareAlike 2.5 License, siendo de la autoría de Luca Galuzzi - www.galuzzi.it.

martes, 4 de diciembre de 2007

El pollo y el oráculo

Lo intuitivo y supersticioso muchas veces se configura como un residuo, acervo, de pensamientos que tuvieran nuestros antepasados en tiempos pretéritos. A nadie se le escapa que existen signos de la naturaleza que, inmediatamente, identificamos con hechos o acontecimientos de más que probable acaecimiento futuro. Por poner un simple ejemplo, ¡poca gente se atreverá a augurar nieve en un día despejado o sol dentro de una tormenta eléctrica de truenos y relámpagos! Nuestros abuelos eran expertos en predicciones; el vuelo de las aves migratorias, fueran éstas: cigüeñas, grullas o golondrinas, le indicaban el ritmo de las estaciones y su correlativa influencia en las cosechas. Se trata de nexos causales, estadísticas empíricas que han ido elaborando una ciencia alternativa, popular, no siempre corroborada o refutada por las ciencias que llamamos “puras”.

La tragedia del pasado tsunami de las Navidades de 2004 bien pudiera haberse evitado, en cuanto a número de víctimas mortales, de haberse observado más atentamente el comportamiento de los seres de la naturaleza. Varios testigos afirmaron cómo, por poner un ejemplo, búfalos, elefantes y demás seres de considerable tamaño abandonaron las zonas del litoral de Sri Lanka para adentrarse hacia el centro de la isla, salvándose la mayor parte de la rica macrofauna isleña. Los animales son buenos profesores cuando hay alumnos, concienzudos, que los observan.

Episodios relativos a romanos y aves no nos faltan. Dentro del espectro aviar utilizado por los sacerdotes y pitonisas de los diferentes templos y oráculos, destaca el vuelo del buitre leonado. Batallas y grandes acontecimientos dependieron de ello, a juzgar por el testimonio de los diferentes historiadores romanos, si bien, es altamente probable que más que ante una superstición desaforada, nos encontremos ante un mecanismo de sujeción del Poder por parte de una elite que, nominalmente, decían ver en los caprichos de estos seres el destino del orbe romano... Llegó a existir, incluso, la práctica de interpretar el movimiento de los pollos (a cuya crianza se dedicó con gran devoción el emperador Valentiniano III, dentro de su palacio de Rávena mientras Atila acosaba dentro de las fronteras del Imperio). El hombre siempre ha sido curioso, en tanto que ser dotado de intelecto. Los acontecimientos, coincidencias, entre contingencias observadas en las aves y sucesos, aparejados, estadísticamente, a ellos, han servido de razonamiento científico por inducción-analogía en tiempos donde la ciencia moderna aún no había sido siquiera engendrada.

Algo semejante debiera decirse de los caldeos de Mesopotamia y los astrólogos islámicos. La coronación de monarcas, o la construcción de palacios, se hacían depender de observaciones del cielo, movimientos de estrellas y planetas con los que confirmar o refutar la conveniencia de realizarse algún hecho. Más allá de la justificación, la demostrada relación entre la Luna y la marea nos hace reflexionar sobre cómo los fenómenos que se nos escapan de nuestro conocimiento científico, muchas veces llegan a nosotros, codificados, por el canal de la superstición y el pensamiento mítico-mágico.

Función no excesivamente diferente a la de los augures debieron tener los oráculos. Alejandro Magno visitó el oráculo del Dios Solar Amón (asimilado al Zeus griego) en febrero del 331. El monarca salió pensando que era el hijo de Zeus, capaz de cumplir todas sus expectativas sin gran esfuerzo... Algo así debía pasar en Delfos con su célebre pitonisa. En un ambiente aromatizado con incienso y drogas, la pitonisa debía entrar en un trance (no falto de pomposidad en cuanto a su ceremonial) que convencía al visitante de la veracidad de sus afirmaciones: siendo éstas, más que comunicaciones divinas, reflexiones realizadas en torno a los datos recopilados del “paciente” comparados con las tendencias de los visitantes, estadísticamente, ¿a alguien le recuerda esto a los psicólogos?

El caso es que la huída hacía lo paranormal siempre ha sido una constante cuando no hemos sido capaces de encontrar razonamientos racionales a cuestiones de nuestro Mundo que nos preocupan. Ello, ligado a nuestro atávico miedo por el Caos que todo lo gobierna, nos hace buscar las pautas, constantes, que pese a todo parecen sobrevivir en nuestro entorno, en nuestro medio y atmósfera. Somos adversos al riesgo, faltos de mimo celestial o seguridad divina: la ciencia siempre asusta, la superstición, consuela.

Primera imagen sujeta a Creative Commons Attribution 2.5. Procede de http://www.exobank.fr/
Segunda Imagen propiedad de Herbert T (original); edit by Waugsberg, sujeta a GNU Free Documentation License

lunes, 3 de diciembre de 2007

Por siempre Persia

Nos cuenta el profesor Javier Arce (en su genial obra: La frontera, de Alianza Editorial) que el gran emperador persa, Shappur II, tenía tres tronos alrededor del suyo: uno reservado para el Emperador de China, otro para el Khagan de los pueblos de la estepa, y un tercer y último para el Emperador de los romanos. El heredero de Sasán deseaba someter a todos los reyes del mundo conocido, él era un astro más, compañero en divinidad del Sol y de la Luna, último monarca dentro del escalafón jerárquico, Rey de Reyes, monarca de soberanos. La altiplanicie irania siempre ha sido fuente de formidables imperios: primero fueron los medos (verdugos del hegemónico Imperio Asirio), después el Imperio Persa (y sus intenciones de conquista de Grecia), el Parto, y en éste caso, pero no en último, el Sasánida. Nombre que vendría del abuelo del primer gran señor sasánida (Ardashir I), Sasán, quien viviera en la provincia de Fars, siendo sacerdote del antiguo culto aqueménida de Ahura Mazda, y su profeta, Zaratustra (conocido personaje dentro de la producción del gran filósofo del pasado siglo XX, Friedrich Nietzsche).

Bajo el yugo del divino emperador prosperaron ciudades como Ctesifonte, Seleucia, Susa, Babilonia o Alejandría (no confundir con la egipcia). La tolerancia religiosa imperante en varios períodos del Imperio, como ya sucediera con la Dinastía Aqueménida, hizo que se instalaran en él considerables poblaciones hebreas y de cismáticos de Roma como maniqueos y nestorianos. Una exitosa política de repoblación con pueblos conquistados (en buena parte con romanos víctimas del conflicto entre los dos gigantes) ayudaría a fortalecer al Imperio. Ciertamente, Persia fue el gran enemigo de romanos y bizantinos, de forma similar a como antaño lo fuera de Grecia, Babilonia, Egipto y Alejandro Magno. El potencial militar sasánida se sustentaba en su afamada caballería pesada, arqueros y demás combatientes expertos en la táctica del ataque y posterior huída, haciendo uso de las razzias que tanto inspirarían a los señores islámicos de la posterioridad. Al respecto, decir que la caballería acorazada persa, los célebres catafractos, sería adoptada por Bizancio, configurándose como los más inmediatos predecesores de los caballeros del Medievo europeo.

Una maldición persa parece afirmar que Roma jamás sería capaz de pasar de Ctesifonte. Craso, César, Trajano, Constantino y un largo etcétera hasta llegar a Juliano no fueron capaces de conquistar más allá de estas tierras. Persia fue una bendición para el equilibrio global: siendo la mayor detonante para que Roma y China jamás entraran en inmediato conflicto de militar y de intereses. El caso es que Irán ha sido cuna de múltiples imperios hegemónico. Con la conquista musulmana no se acabaría con tal contingencia, apareciendo bajo las sombras de la legendaria Isfahan la dinastía de los Safávidas (encarnizados rivales de los otomanos), sin olvidar la existencia de los hassassin y su fortaleza de Alamut, cerca de la actual capital iraní de Teherán.

Lejos de la monotonía del radicalismo y de una visión excesivamente etnocentrista y de prejuicios, Irán debe ser vista como un coloso histórico, a la altura de Europa o Egipto, digna de los más rigurosos y especializados estudios. La sequedad del desierto no puede cegarnos ante un país con múltiples riquezas, no sólo por su nazca o hidrocarburos, sino también por su gran potencial en la producción de mercancías (como el pistacho y su “guerra comercial” con Turquía y los EEUU) y papel clave en cuanto a transición entre Occidente y Oriente, los herederos de Roma frente a los del soberano Mongol y el Emperador de la Ciudad Prohibida.

El acervo histórico siempre ha sido, estadísticamente, un claro germen-condicionante. Existen pruebas, más que evidentes, de que donde antaño surgió una poderosa nación es mayormente probable que aparezca un nuevo imperio. El condicionante ambiental-geográfico se manifiesta con todo el poder e intensidad que le son aparejados a su esencia. Irán es digna de tener en cuenta, tal y como, después de todo, siempre lo ha sido. Y es que en geopolítica hay pocos países que despierten tanto interés, Bien lo sabe EEUU y sus múltiples amenazas. Quizás nos encontremos ante una nueva lucha entre los sucesores de Persia y los del Magno, quizás alguién tenga que mirar cómo los imperios iraníes siempre han experimentado un exponencial auge cuando su rival estaba ya sumamente deteriorado.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Quién fuera un Sloth...

Existen pensamientos ligados a días. La amargura quizás debiera identificarse con el domingo tarde, la ilusión con el viernes noche, el resentimiento con el miércoles, así como el ocio y diversión con el sábado con todos sus términos. Siete sensaciones para los siete días de la semana, un espectro tan representativamente limitado como realmente diverso; incertidumbre diaria de un mundo impredecible. No resultará extraño, pues, imaginarme el porqué uno debe sentirse felino los lunes para después convertirse en hipopótamo los fines de semana de verano. Ante los rigores del diciembre europeo, ¡qué mejor animal que el perezoso tridáctilo para enseñarnos cómo aprovechar nuestro tiempo!
La familia de los desdentados siempre ha sido uno de los grupos animales que más me han fascinado. Su extraordinaria especialidad, así como su genial adaptación a los más variopintos hábitats y medios nos dan, creo yo, ideas sobre cómo alcanzar la eficiencia en las más dispares circunstancias. A muchos nos vendrá a la cabeza el oso hormiguero (y el tamandúa) con sus festines a base de hormigas y termes, quizás sean menos lo que relacionen a este animal con el armadillo (quién sabe si mi animal favorito de entre todos los existentes), e incluso habrá quien piense en el perezoso, monumento (superior al león, el águila o el oso) animal del cual ¡ningún Estado u organización a tomado eslogan o ejemplo!

Posiblemente nos encontremos ante el único animal con pelo verde, producto de los vegetales que se instalan en su torso (dense cuenta de los máximos que alcanza el concepto humano de “vagancia” en el animal). Su rutina se define por el comer y desplazarse poco, dormir más de quince horas diarias, y eso sí, realizar el único “esfuerzo” de mantenerse cogido a los árboles con sus garfios tridáctilos. Podríamos decir que dentro de un ecosistema, como el amazónico, a nadie se le ocurrió ocupar el papel de “don’t worry be happy” o, simplemente, tomar ejemplo de los italianos y su “Dolce Vita”.

El perezoso, "sloth" en inglés, es un resquicio de un grupo taxonómico que fue más común y diverso en la antigüedad. Una visita al Museo de Historia Natural, pendiente en mi caso, brinda al afortunado visitante la ocasión de contemplar un esqueleto completo de Megatherium, “el primo de Zumosol” de este animal tan aleccionador como enigmático. Se trata del primer vertebrado fósil montado para fines de exposición, en algo relacionado con el conocimiento tiene que destacar España, legado de D. Pedro Franco de Ávila, primer Director del Gabinete de Historia Natural impulsado por el monarca Carlos III.

La eficiencia del animal es extraordinaria, come y duerme sin mayores gastos que mantenerse colgado del árbol, siendo capaz de nadar por los ríos, sólo cuando es menester, y bajar a la base del tronco de su hogar arbóreo con el fin de depositar sus eventuales heces. Quisiera adoptarlo como emblema de una eventual “República Independiente de Mi Casa”, doctor en bienestar, agradecimiento y complacencia. Bello ser donde los halla, profesor de vida, adaptación, y acaso también de economía. La verdad es que ante el dinamismo de la sociedad natural, equivalente al de su sección humana, el perezoso ocupa el lugar de Diógenes, o lo que es lo mismo, ser capaz de ser feliz con poco, no quitando al resto de seres su trozo de pastel, su propio medio de supervivencia.