viernes, 29 de febrero de 2008

El ser humano: caos y esfuerzo

No conoceréis al miedo. El miedo mata la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Sólo estaré yo.”

Frank Herbert, Dune


Pensando de buena mañana, he creído necesario ponerme a escribir antes de que se me esfumara mi momentánea reflexión. Creo haberme percatado del mayor de los efectos, en el ser humano, de ese difuso ente conocido como Caos. Bajo mi punto vista, cayendo en todas las redundancias, todo lo existente podría limitarse al juego de un poderoso binomio: Caos frente a Orden. El impulso que nos lleva al progreso entre la inoperancia es un misterio. Algunos, como el “pequeño profeta” del pasado artículo, opinan que fue Dios quien nos enseñó tan peculiar misterio, a su imagen y semejanza. No lo sé. Si hacemos una deducción lógica, la presencia de Dios no excluye al Caos, de hecho lo define. Dios creo el Mundo donde antes reinaba el Caos (es lo que recoge la Biblia a semejanza de los demás textos religiosos de las religiones monoteístas, y algunas otras que no lo son). Pero nadie nos dice quien creo a Dios. Se podría sostener que Dios, por definición, es eterno. ¡Bravo! No veo el motivo por el que decir que el “caldo primordial de la caótico” no lo sea también.

Según la Real Academia de la Lengua, “miedo” debe definirse como:perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”, o lo que es lo mismo, “recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea”. De esto a pensar que el miedo no deja de ser la más notoria de las manifestaciones del Caos sólo hay un paso. Si Dios acabó con el Caos, el Código Civil es la mayor de las herejías contemporáneas.

Jurídicamente, un contrato aleatorio es aquel en el que “una de las partes o ambas recíprocamente se obligan a dar o hacer alguna cosa en equivalencia de lo que la otra parte ha de dar o hacer para el caso de un acontecimiento incierto o que ha de ocurrir en un tiempo indeterminado (artículo 1790 del CC)”. Quizás este sea el motivo por el que el Islam prohíbe el juego, se deja margen al Caos, que por definición, es contradictorio con la creencia en un divino rector omnisciente. No sé si países confesionalmente islámicos como Arabia Saudí, los Emiratos Árabes o Qatar opinan lo mismo. El mercado de valores no deja de basarse en ello. El riesgo es la inversión, la incertidumbre quien impera. Más allá de fenómenos locales como Gescartera, no deja de ser curioso la relación que pueda existir entre la Iglesia, el Azar y el contrato de seguro. Si Dios es justo y evita cualquier daño injusto e imprevisible para todo bienaventurado, ¡qué sentido tiene que un sacerdote se asegure el coche! Definitivamente, el ordenamiento secular reconoce la existencia del Caos en sus normas como algo objetivamente existente en nuestro Mundo.

Mucha gente sigue viendo al relativismo que impregna todo lo caótico como un misterio peligroso que no tiene otra finalidad que contradecir todo lo que se nos ha enseñado desde Euclides a Newton, pasando por los Padres de la Santa Iglesia. Autores de notable capacidad para la divulgación, véase Roger Penrose o John Gribbin, creen que debemos cuestionar nuestro modelo de representación del Mundo. Me intento explicar. Por más que lo intentemos, el soporte de un semáforo jamás será totalmente recto, al igual que cualquier gráfica estadística nunca va a tener un ángulo constante o el resultado de las elecciones es, cuanto mucho, simplemente previsible. La experiencia empírica nos muestra que la Diosa Fortuna es soberana sin necesidad de volverse uno ludópata. Trágica conclusión. Uno podría llegar al más extremo de los cinismos o estoicismos y dejar que el Destino le condujera donde está escrito. Hacerse el Diógenes o acomodado Marco Aurelio de turno; craso error.

El esfuerzo, esa fuerza vital que tantas veces nos falla, es algo que nadie sabe cómo se genera por si mismo (sin necesidad de factores externos y/o sustancias). Sin embargo, es notorio que nuestra resistencia contra el miedo, contra la entropía, contra el Caos más absoluto, es lo que nos define. El miedo es una reacción biológica, de pura herencia natural, que nos genera la ansiedad necesaria para incentivar la resistencia frente a un hostil medio. Pero la pregunta sigue ahí, ¿ante la indeterminación y relativismo del Caos, somos alguien sin los incentivos y el esfuerzo?

Primera Ilustración: “The Last Blow” de Charles Robert Leslie (1794–1859). Segunda ilustración: Diogenes by John William Waterhouse, 1882

martes, 26 de febrero de 2008

Esperando al Mesías evolucionista


Me enseñaba ayer mi admirada hermana, persona inquieta donde las haya, el vídeo de un pequeño infante latinoamericano metido a predicador. La verdad es que una mezcla de pena, y debo confesar, algo de gracia, me envolvió mientras contemplaba tan funesta como infame pantomima. En el más democratizador de los medios de comunicación (véase Youtube) ya han tomado ejemplo del asunto. Los montajes en torno al número del chaval son copiosos: desde los discursos de Chiquito de la Calzada, pasando por Rappeos, documentales ficticios y “bailes del mono”, o como dijera él: “monitos”. Es más que depresivo el asunto. Lo que bien podría ser un genial ejercicio de sátira en la escuela acontece un “miting” de lo miserable entre gentes que osan llevar corbata y traje. Malaventurados.

La broma, indirectamente creada, no deja de ser una materia susceptible de reflexión. Veo en ello un reflejo de las carencias de nuestra sociedad global (y no nacional, por si alguno aún no se había dado cuenta). Falta una “cosmovisión” general que sea accesible a todos los públicos y nos haga llegar un mensaje común, una idea de cuál es el estado actual de la Ciencia que nos lleva a todas las consecuencias del actual paradigma científico. Es sumamente difícil que los niños no se queden con la manipulada copla de que el hombre procede del mono. A los infantes no se les puede presentar su primera visión del actual paradigma científico hablando de genes y de átomos. Una imagen vale más que mil palabras, y ciertamente, ¡es difícil poder enseñar una imagen de una u otra entidad!

Reivindico el papel de la historia natural, sí, de la paleontología. Si a un chaval se le compara al avestruz con el velociraptor seguramente entienda mejor la copla que si se le explica el actual estado de la física basándose en esas piezas de Lego tan pocas veces comprendidas que son los átomos. Lo mismo debe decirse de los genes, si se analizan los resultados antes que las causas, los observadores (aún por edad, exigentes y facultados) difícilmente no se verán incluidos en un pensamiento, que necesariamente, nos incluye a todos en tanto que individuos de la especie humana.

La labor del sacerdote no ha sido del todo suplantada. Ante los poderes de un Supremo y Omnisciente Dios Misericordioso se nos dibuja un mundo compuesto por piezas invisibles a ojos, no sólo humanos, sino también de la mayor parte de los instrumentos posibles. ¡Cómo no iba la gente a optar por la religión ante la ciencia, elegir la parábola y la fábula antes que las difíciles, y la más de las veces incomprensibles, fórmulas de las matemáticas!

Obviamente, esta laguna es un campo totalmente afecto a los rigores de la divulgación barata. Cualquier licenciado en ciencias puede lucrarse divulgando, sin tener gran idea, condicionando las convicciones del ciudadano de forma semejante, pero incluso menos autorizada, que el voluntarioso párroco de turno. Seamos valientes. Muchas veces me he preguntado si actos, como el del niño profeta, no son más que instrumentos con los que tener subyugada a la plebe, puro “Panem et circenses” que dijera el romano Juvenal.

Esta reflexión se me ha ocurrido, en multitud de ocasiones, cuando visito por cualquier motivo uno de esos barrios que, un tanto peyorativamente, se conocen como obreros. La mayoría de la clase acomodada es creyente en cuanto a “quiyos” y “cholos”: gentes de menor capacidad cerebral, opinan, que escuchan a Paco Pil por Mozart o a Chasis por Ray Charles. Condicionantes sociales que nos llegan en forma de individuos, cada uno está sujeto a un barrio, a un pequeño paradigma que le da significado a su status social, a imagen y semejanza de los latinoamericanos de Estados Unidos: carne de profetas a falta de cultura. Lo peor de todo es que estas grietas sociales son, hoy como en todos los tiempos, totalmente imprescindibles para nuestra economía. ¿Si todos fueran catedráticos, perdón por la contundencia, quién iba a querer recoger o limpiar la basura?

Nuestro mundo, tan manipulado como falto de paradigma, no conoce tan bien la teoría de la evolución como los mínimos (bases) que fundan nuestra propia economía. Nadie conoce la cultura hindú, eso sí, practicando la sociedad de castas: desigualdades sociales cada día igual de eternas, que, parafraseando a nuestros políticos en campaña electoral, son temas, que al menos a un servidor, sí que nos importan.

Imagen: PROTOAVIS "Mother of all Birds". Fortean Times front cover March 1998. Autor: Luis Rey (http://www.luisrey.ndtilda.co.uk/html/fort.htm)

lunes, 25 de febrero de 2008

Islam: ¿sumisión o revolución?

Es altamente probable que la separación entre ciencias sociales y naturales se deba a un profundo temor. Si integramos, en una única filosofía, historia y teoría del Caos nos damos cuenta de que el oficio del historiador es, ante todo, literario, y de que la narración de hechos pasados acontece, irremediablemente, una mayor o menor mentira. Todo lo que sabemos de tiempos pasados es mediato. Lo imposible de retroceder en el tiempo hace que todo aquello que supere el ámbito generacional sea de difícil reflejo. Cada sujeto incidirá en unos factores u otros, no digamos ya si la descripción se halla condicionada por prejuicios sociales, políticas de los regimenes de turno. Un, tan afortunado como acertado, regalo me ha hecho reflexionar al respecto.

Si bien las Santas Escrituras fueron dictadas por un ser metafísico, no menos idílico fue la efigie que me reparó la “Historia Turco-Bizantina” de Ducas (editorial Antonio Machado). Esta ediciónde la célebre crónica del autor bizantino, por fin en lengua hispana, es todo un tesoro. Ducas perteneció al partido “unionista”, es decir, a aquel sector de Bizancio que abogaba por una unión con la Iglesia de Roma con el ánimo de recabar refuerzos con los que poder hacer frente al enemigo turco. Por contra, el partido “ultra-ortodoxo”, o mejor dicho, “pro-turco”, contemplaba con mejor ojos la barba del sultán que el gorro del Santo Padre vaticano. El aristócrata Lucas Notarás, principal valedor de éstos, creía en la subordinación al turco como instrumento con el que conseguir un cambio de régimen.

La toma de Constantinopla por los turcos (año 1453) no deja de tener cierto olor a revolución. En una sociedad decadente, saturada de golpes de Estado y guerras civiles, la población civil no veía otra solución que unirse al superior enemigo. Los turcos eran islámicos, cierto, pero la alternativa romana a buena parte de la población le parecía infinitamente peor (valga recordar que la verdadera “caída de Constantinopla” no fue ante los turcos sino en el año 1204 ante los católicos venecianos). El Islam, una vez más, entraba por las puertas de la urbe de Constantino aprovechándose de un conflicto social, semejante al que antes le sirviera para hacerse con Alejandría, inmersa en su eterna disputa con la centralista capital bizantina.

Definitivamente, el mundo islámico es uno de los aspectos más agraviados de nuestra común historia. Estamos hartos de oír pasadas invasiones masivas de bereberes que sometieron el reino godo a su soberanía. Roza lo socialmente penado opinar que la etapa islámica de nuestro país no deja de ser un movimiento social, endémico, de una diferente aristocracia, gobernante sobre una misma gente.

Ignacio Olagüe, ninguneado historiador donde los haya, propuso una nueva teoría respecto a la invasión árabe de la península. A través de su libro: “La Revolución islámica en Occidente” (editorial plurabelle), el autor vasco expuso sus dudas respecto a una gran invasión en masa procedente de las arenas de África o Arabia. Más bien, no sin cierta razón, cree en la conversión al Islam de Hispania como respuesta a una sociedad en crisis, un ejemplo de cómo Occidente había caído en discusiones mundanas (trinitarismo frente a arrianismo) en un contexto de gentes empobrecidas y faltas de tutela. El Islam, en contra de su significado etimológico, aconteció más una “revolución” que “sumisión”; Hispania era presa fácil para unos exiguos guerreros-predicadores que daban más soluciones que cuestiones, de forma, un tanto análoga, a como antes lo hubieran hecho, salvando las distancias, los celtas, los romanos o los godos.

Estudios dirigidos por el Catedrático de Genética de la Universidad Pompeu Fabra, Jaume Bertranpetit, demuestran que los habitantes de la Península Ibérica están más emparentados con los propios habitantes de Oriente Próximo (y el resto de europeos) que con los bereberes de allende el Mediterráneo. La Ciencia, una vez más dinamita las creencias establecidas por una ciencia histórica politizada, irremediablemente, desde los primeros tiempos escritos.

Reflexionemos. Una vez más en la historia, actualmente el Islam (como cualquier otra religión en sus circunstancias) no puede ser visto como la causa, sino más bien como el síntoma de una enfermedad global, basada en las diferencias y el neoimperialismo. Nadie debe de obviar a las necesidades humanas, más exageradamente atávicas, en un mundo globalizado donde los medios nos hacen ver irracionales controversias religiosas o ideológicas. Los fundamentos son y serán siempre el hambre, la desesperación, la injusticia o la falta de aprendizaje. Seamos honestos en la reflexión, críticos con las consecuencias, ¡quién sabe si la irracional hipocresía de nuestros gobernantes no sea más que una inevitable consecuencia del Caos que todo lo impregna! Quizás sea que esté equivocado, sea un mal historiador aficionado, o simplemente, que haya caído en la trampa de la literatura, vestir de verdad lo que está condenado a ser mentira...

Primera ilustración: grabado de Doré: Gustave Doré (1832-1883), Entry of the Crusaders into Constantinopel. . Segunda ilustración: Painter: Charles Gleyre, 1835 Title: fr: Trois fellahs en: Three Fellahs de: Drei Fellachen

jueves, 21 de febrero de 2008

Países parásitos

Toda gran casa tiene un buen patio para el recreo. La vida requiere de un lugar en el que poder dejar a un lado los rigores de lo cotidiano y los nervios del estrés. De forma pareja, cuando no equivalente, los grandes sistemas geopolíticos tienen lugares de recreo, despensas para chorizos, lavabos que blanquear y cocinas en las que practicar el arte de Maese Palomo, todo bien condimentando con los más graciosos productos del bazar del expolio, las desigualdades y el neocolonialismo. Pocos serán quienes no hayan visto la serie de Heidi: Pedro y sus cabras, junto con un austero abuelo montañés y la cándida Clara. Menos aún no habrán probado jamás una chocolatina, véase también bombón, helvética. Alguno llegará a tener parientes en los Alpes, otros habrán aprendido que los relojes suizos son de lo mejorcito en precisión y calidad, ¡no digamos ya si están a buen precio!

Por profesionalidad y extensión son unos maestros en el arte egipcio, su palmarés incluye a célebres enemigos: desde judíos a palestinos, pasando por nazis, republicanos, estadoudinenses, terroristas o jeques árabes. Verdades vacas sagradas de áureo chocolate. Suiza es un país ejemplar, en cuanto a individuo significativo, neutral ante las desgracias, parte de todo negocio. La legión de estudiantes, que visten con el velo de la nacionalidad y demás artificios, es grande: Liechtenstein, Gibraltar, San Marino, Mónaco... La despensa del charcutero es pródiga en inmunidad y discreción; de nada sirven los sorprendentes índices de riqueza de países, con no más recursos que un par de estaciones de esquí y cuatro coníferas replantadas, en el objetivo de hacernos despertar de la presencia de estos enemigos de la mano obrera sin ahorros y de todo buen ciudadano honesto que se precie.

Un país, a primera vista, tan poco sospechoso de custodiar grandes fortunas mundiales, como es España, linda con dos de estos experimentos: Andorra y Gibraltar. Francia tiene su Casino con prensa rosa, Italia su fortaleza (con selección nacional), y Gran Bretaña, como todo gran marinero, alguien que le guarde la bolsa en cada puerto. Alemania parece haber querido levantar, ni tan si quiera sea un poco, la manta de su “corralito”; Liechtenstein parece sorprender al Mundo con sus prácticas poco sanas. ¿Cómo puede ser que salga semejante coloso liliputiense, entre riscos y plácidos pastos?

Más allá de su escaso tamaño, a Liechtenstein y a San Marino les unen varios aspectos en común. Bajo el disfraz de una curiosa historia, medran en un Mundo que los ignora conociéndolos, usándolos y abusando de la confianza del resto. Nos encontramos ante “países” que participan del progreso comunitario sin participar de sus reglamentos y directivas. Hacen uso del Euro, y algunos incluso lo acuñan, sin tener interés alguno en tener que responder ante las exigencias de los países “limpios” que se precien.

La historia les hizo ser pequeños reinos perdidos. Fósiles políticos dotados de las últimas tecnologías en evasión y demás tomaduras de pelo. San Marino ha sido reconocido, desde tiempos pretéritos, por el Congreso de Viena, Napoleón o el propio Papa. Partícipe de los estragos de la II Guerra Mundial (presa de las tropas nazis en dos ocasiones), el pequeño “Estado” no participó de la unificación italiana del siglo XIX. No deja de ser curioso, que aún detentando tanta historia, un territorio de menos de 30.000 habitantes censados, sea capaz de tener Banco Central, Jueces, Parlamento y demás instituciones.

El país de Vaduz no deja de participar de una misma esquizofrenia política. En este caso, la capital del soberano Estado de Liechtenstein ronda en las cinco mil almas (apenas población para un par o tres de carnicerías) poseyendo todo un emporio de bancos y tiendas libres de impuestos. Definitivamente, si anteriormente hablábamos de estados independientes y dependientes (véase Kosovo), me atrevo a insertar dentro de esta, por lo demás artificiosa, clasificación la categoría de Estados-parásito, lugares que medran, cuales crueles garrapatas, inflándose con fondos corruptos para después “purificarlos” con el velo de la neutralidad y el prestigio.

Ilustraciones: en primer lugar, residencia del Príncipe de Liechtenstein, en Vaduz; en segundo lugar, vista de San Marino. Ambas imágenes sujetas a: GNU Free Documentation License. Origen: http://commons.wikimedia.org/wiki/Portada

miércoles, 20 de febrero de 2008

Un nuevo formato de conquistas


Son varios los países que ya han reconocido al nuevo “Estado” de Kosovo: EEUU, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Turquía.... Sin perjuicio de que otros, no menos potentes, se hayan negado a ello: China, Rusia, Grecia o España. Sorprende más aún, a quienes pretenden establecer paralelismos con situaciones como la española, que Eslovaquia y la República Checa no lo hayan acogido con buenos ojos, al igual que Chipre o Rumania. Cambiarán los tiempos y pasarán los años, pero la geopolítica seguirá estando en un lenguaje cifrado, confuso, que sólo los magnates macroeconómicos son capaces de comprender, por su bien e intereses.

A Turquía no le ha costado demasiado reconocer a Kosovo. De poco ha servido que fuera en Kosovo la celebre batalla (fundadora nacional) de serbios contra otomanos. No se acaba de saber si con el ánimo de contentar a sus “eventuales” socios comunitarios o, simplemente, por solidaridad con los albaneses musulmanes que, poco a poco, han desbancado a los serbios y sus iglesias. Por otra parte, ayer se anunciaron movimientos significativos hacía una unificación de Chipre (Estado miembro y condición “sine qua non” para el ingreso de Turquía en la UE). Es muy curioso cómo se le acusa a Turquía de no poder entrar en la UE por ser islámica, ¡cuándo es precisamente esta religión aquella que más está creciendo en el continente europeo[1]!

El tablero que se dibuja en los Balcanes, una vez más, se transforma en una pródiga pizarra en la que representar modelos, sueños y pesadillas con los más variopintos disfraces. Las grandes democracias actuales apoyan la rotura con el precedente internacional, mientras que las terroríficas, y autoritarias, potencias en alza: Rusia y China, se niegan a dar su visto bueno al nacimiento de un Estado, que lejos de adquirir el calificativo deseado, si por algo se caracteriza es por ser totalmente dependiente.

A los historiadores les recordará, un tanto, a las maniobras que Roma hiciera en Asia Menor con los múltiples reinos helenísticos, a los que acabaría por conquistar. Divide y vencerás dice el “adaggio”, y vistos los acontecimientos, nada puede ser tan cierto como ello. EEUU se caracteriza por no tomar posesión material sobre lo que ostenta dominio real, a la vez que fáctico. Lejos de imponer su himno o leyes, se conforma con conquistar a los miembros de este planeta, ante todo globalizado, mediante su cultura pop, sus redes económicas, el idioma inglés y ante todo, su riqueza. Kosovo es una pequeña conquista de esta águila hegemónica, ante todo difusa, que son los EEUU y su Imperio.

Ante un conflicto como el iraquí, donde todo son malas noticias, EEUU obtiene una victoria sentenciando la dificultosa vida de su enemigo serbio (último de los grandes aliados rusos, que no ha caído aún dentro de las garras de su sistema, cuanto menos plenamente). Primero fueron Eslovenia (quien ahora coloniza Belgrado con sus empresas), Croacia, Bosnia-Herzegovina (en ebullición con las últimas noticias) y Macedonia (en eterno conflicto con Grecia). Luego serían Montenegro y, ahora, Kosovo, quién sabe si no vendrá después Vojvodina[2] (con capital en Novi Sad) o si Bosnia y Herzegovina se harán independientes dentro de la más radical dependencia. Conquistas de nueva generación, en un Mundo donde todo parece estar más unido y globalizado, para después, a imagen y semejanza de otros tiempos, demostrar que seguimos siendo, generalmente, ignorantes sujetos a unos mismos designios, con tan poca bondad como escrúpulos: dinero, Poder e Imperio.


[1] Al respecto, Bernard Lewis habla de una futura “islamización” general de Europa.
[2] Vojvodina viven mas de dos millones de habitantes, que tiene seis lenguas oficiales, 26 minorías nacionales y comunidades étnicas y mas de 30 iglesias u otras comunidades confesionales registradas.

Sobre las imágenes: primera imagen, vista panorámica de Sarajevo; segunda imagen, Novi Sad (capital de la región de Vojvodina) durante los años 20.

domingo, 17 de febrero de 2008

Contra Kosovo: despertar de gélidas trompetas


Existe un gran sueño colectivo que une a toda la comunidad científica: la creencia en que todo lo existente es susceptible de argumento racional, de ser sujeto de descubrimiento. De nada sirve que, una vez y otra, nos topemos con el infinito irracional: Dios para unos, teoría del Caos y neurociencia para otros. La política no es ajena al supuesto, no existen argumentos, ni autoritarios ni democráticos, que demuestren-delimiten claramente la conveniencia de una u otra alternativa. La geopolítica global es un claro ejemplo. Hoy nos sorprenden los informativos con la declaración unilateral de independencia de Kosovo, asunto, se mire por donde se mire, del máximo interés, no sólo para Rusia, España (o la promotora USA) sino también para cualquier perspectiva de la conocida como ciencia de la política.

Es largo y confuso el problema del derecho de autodeterminación de los pueblos; en España sabemos de ello, como coloquialmente se diría, un rato largo. Más allá de lo metafísico de los sentimientos de pertenencia y nacionales, existen conceptos, no por ello faltos de utilitarismo, que nos sirven como parámetros fiables de la conveniencia de una u otra posibilidad. La autodeterminación depende, entre otros factores, del caso, de la sociedad, la naturaleza y la economía.

A nadie se le ocurriría discutir la conveniencia de la declaración de independencia de los EEUU o Argentina en su tiempo. Su situación ultramarina les hacia de ineficiente administración por parte de las superpotencias inglesa y española, no sólo a efectos patrióticos, sino también de bienestar de los ciudadanos. Algo equivalente podría decirse de la necesidad de que, hoy en día, los cuatros países mencionados deban estar en contacto dentro de un mundo totalmente global e interrelacionado.

Kosovo es, debe ser, una provincia serbia. Su escaso tamaño, no mayor que la Comunidad de Navarra, le priva de ser eficiente sujeto de política internacional. Su sostenibilidad está abocada a la necesidad de ayuda europea y estadoudinense, quien, por encima de todo, le ha ayudado en su “sueño” con el ansia de provocar a ese gran gigante dormido (que usa uranio por somier y kilómetros cuadrados por ropaje). Rusia, y el resto del Mundo, contemplan cómo los EEUU están proponiendo una nueva Guerra Fría. Esta vez sin soviéticos, pero sí con rusos y sus aliados. Ante el conflicto yugoslavo, por más que la ONU le niegue el privilegio a Serbia de usar ese nombre, Rusia y Turquía (potencias de la zona) callan o recelan con ambigüedades. Se contrarían sin estorbar a americanos y europeos; España asiste a un funeral, identificándose con el muerto.

Es un buen momento para mi teoría política. El Caos lo impregna todo, incluidas las fronteras de los Estados. El derecho que ostenta Kosovo podría asemejarse al del País Vasco, al de Sicilia, al de Mataró, al de Calatayud o al de los vecinos de mi barrio. La dignidad y derecho a la autodeterminación no conocen ningún justificante, todo son relativismos variables sujetos a indefinición, susceptibles de rancios aprovechamientos y manipulaciones. La minoría serbia contempla como lo óptimo les excluye. Veinticuatro horas de independencia nominal y ya se tienen resultados: migraciones, miedos y disturbios contra la embajada norteamericana en Belgrado.

Tal vez sea un ataúd yugoslavo en el que, definitivamente, se quiere esconder lo que queda de Europa. Ante la ignorancia, seremos atrevidos. Jamás se conoció un país próspero, o imperio, que no dispusiera de múltiples etnias, pueblos y religiones, en su haber. La soledad de lo propio nos cierra en lo inútil de un autismo antinatural: si el hombre es un animal social ¡¿cómo no iban a serlo los países?!

Primera fotografía: la ciudad de Gjakova, imagen sujeta a: GNU Free Documentation License. Origen: http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Gjakova.jpg
"El orden mundial se rige por la regla enunciada por Groucho Marx: estos son mis principios, si no le gustan tengo otros. Criterios de quita y pon, guiados por una brújula a la que le ordenamos dónde debe señalar el norte. En Dayton, en el noventa y cinco, la solución para Bosnia fue la separación por étnias, el desastre máximo. Ahora, en Kosovo, la aceptación de una independencia unilateral. En ninguno de los dos casos se respetaban los principios grandilocuentemente pregonados. Estados Unidos, Francia, Alemania ya reconocen al nuevo estado. Seguro que Rajoy pide explicaciones a sus amigos Bush, Sarkozy y Merkel. Kosovo es el resultado de múltiples fracasos, la peor solución a excepción de todas las demás. Y la prueba de que no logramos resolver los problemas de la pluralidad. En España, los centrífugos saludan a Kosovo como un precedente, los centrípetos hacen sonar las alarmas. Pero seguimos sin valorar ni entender el estado que hemos construido aquí. Esta mañana, un periódico de difusión nacional ofrecía el resultado de una encuesta que decía: los españoles creen que se prima a las autonomías más que al estado. Ya lo ven, asan los años y seguimos en el mismo desenfoque. No hay un Estado y, enfrente, unas autonomías. Las autonomías son el Estado. En Cataluña, no están la Generalitat y, además el Estado. La generalitat es el Estado en Cataluña. Y lo mismo en la Rioja, en Euskadi, en Andalucía o en Madrid. Cuando la encuesta dice Estado está diciendo España, porque se cree que las autonomías no son del todo España. Lo mismo le pasa al lehendakari cuando dice nosotros frente al Estado. Él es el Estado en el País Vasco. Algún día tal vez descubramos que lo que buscábamos ya lo teníamos."