sábado, 4 de septiembre de 2010

"Centurión"

“Este no es el principio de mi historia, ni tampoco el final”. Así empieza “Centurión”, película, dirigida por Neil Marshall, que nos traslada a la época del Emperador Adriano, cuando Roma decidió construir el célebre muro, renunciando a luchar más con los temibles pictos. Michael Fassbender (Centurion Quintus Dias) es tomado como prisionero al caer su guarnición, logra escaparse y enrolarse en la 9ª Legión (que si bien dice tener 3000 miembros, en la película no aparecen ni 30). Víctima de una traición, los legionarios son barridos por las tribus pictas, sobreviviendo sólo un grupo de soldados (que en lo sucesivo intentarán, primero salvar a su general (hecho preso), y segundo, salvarse a sí mismos). La “compañía” de supervivientes, tal y como afirma la crítica, recuerda en exceso a la de Frodo en "El Señor de los Anillos".
El presupuesto del film es comparativamente bajo, y a una muy buena puesta en escena (con geniales paisajes) no le acompaña un detallismo realista, aproximando a la película, peligrosamente, al cada vez más típico género de película histórica de acción (¿se acuerdan de la última sobre “El Rey Arturo”?). Aparentando tener acciones en “tomatera británica”, la película abunda en sangre, tripas y demás repugnancias, queriendo dotar de realismo a la acción (so precio de asimilar la partición de cabezas a la de calabazas). Sin embargo, es precisamente algo relacionado con este aspecto lo que no sólo "salva" a la película sino que la convierte en algo "digno de ver".
Continuando con las tendencias de los últimos tiempos, los soldados de “Centurión” se alejan claramente de los “militares poetas” de los antiguos filmes de Charlton Heston, mostrando los horrores de toda guerra con una crueldad, en ocasiones excesiva. Los excesos en uno y otro bando no dejan de ser una crítica a las guerras en su totalidad. Mujeres violadas, niños asesinados... las “hazañas” de romanos y pictos recuerdan, no gratuitamente, a las de estadoudinenses e iraquíes. El Centurión Quintus Dias se ve traicionado, junto con sus tropas, por la bellísima Olga Kurylenko (Etain en la película), quien, en un principio, estaba enrolada con los romanos (pese a ser de origen picto). La biografía imaginada de Etain es elocuente. Sus padres, pictos, fueron torturados por las tropas del Imperio (su padre cegado, su madre violada, y ella violada, a la vez que le cortaron la lengua para que jamás pudiera contar lo sucedido). Los excesos recuerdan, y mucho, a los cometidos por los militares en la vieja Mesopotamia, actual Iraq... Si bien es cierto que en “Centurión” los personajes son retratadas muy deficientemente en cuanto a su psicología, no deja de serlo menos que la “moraleja” de la película es encomiable y necesaria.
Después de ser traicionado por una rastreadora picta y de sufrir el hostigamiento de un comando picto dirigido por la misma traidora (motivado por el asesinato, en represalia, del hijo del jefe por parte de un romano), nuestro centurión es, en última instancia, traicionado por los romanos. Primero por su Emperador, quien retira la frontera al célebre muro que ostentará su nombre, luego por los guardias del mismo (que dispararán a uno de los supervivientes, cuando éste se acercaba al muro, jubiloso, tras pasar todas las penurias posibles), y por último, por el político romano destinado a la región (quien ve en los supervivientes de la 9ª un peligro para su honra y méritos). El final es previsible, el centurión es el único superviviente y encuentra su amor en la hermosísima Imogen Poots (Arianne), quien había sido antes repudiada por los pictos, al considerársele una hechizera.
Después del éxtasis de sangre y malos hábitos, “Centurión” nos conduce a una reflexión final: el peligro de las identidades no individuales. Nuestro matrimonio final nos hace ver las incongruencias, excesos y demás aspectos para la repulsión, tanto entre los pictos como entre los romanos. En la película se hace mención, en muchas ocasiones, de lo poco que vale una vida humana (sea de un esclavo o de un picto que la pierde buscando vengar al hijo del jefe). Ideas como “en la Guerra mueren hombres y no políticos” se suceden, la crítica es obvia.
La solución, si bien previsible, me parece muy poética. Ambos enamorados (el romano y la picta) renuncian a su “nacionalidad” enfrentada en pro del amor. Nuestro soldado, incluso, afirma irse a “su lugar” cuando planta a los romanos (que han intentado asesinarle a traición) para acompañar a su amor. Las identidades son individuales e intransferibles, jamás colectivas. Las guerras por ideales no son tales, sino instrumentos por los que los dirigentes “juegan” y “cotizan” en el “mercado del Poder y la geoestrategia”. Quizá, si bien sea pedirle mucho a la película, la cuestión clave que se plantea sea la siguiente... ¿acaso no es el mayor misterio de la Humanidad el porque jamás se extinguen las guerras?
Vayan a ver esta película y reflexionen sobre estas ideas. Eso sí, no la vean en más ocasiones, la sangre ofende, más que ilustra.

viernes, 27 de agosto de 2010

Los confines de Celtiberia: Calatayud y su olvidada comarca.

“Si vas a Calatayud...”
Viniendo desde Barcelona, siempre he creído estar llegando a casa una vez se divisan Calatayud y sus tierras. Este marco, tan similar a los que puedan hallarse en el sur de Burgos, en el norte de Guadalajara, o en Teruel, es una puerta de entrada a las agrestes tierras mesetarias, obviamente, sirviendo, en no poca medida, de paisaje de transición. Los frutales aragoneses se mezclan con carrascas y formaciones kársticas, aunando lo típicamente aragonés con lo más propiamente celtíbero. Esta comarca, administrativamente aragonesa, está entre las menos conocidas de nuestro país.
Sus maravillas, tanto naturales como arquitectónicas, le sitúan entre las más ricas de España en lo que a historia y lugares emblemáticos se refiere. Aquí nacieron Baltasar Gracián y Marcial, el célebre escritor romano, razón por la que se puede decir que esta zona es “cuna de sabios”, a la vez que maravilla natural. Obviando lo caprichoso y primando lo ordenado, empezaremos por su capital, la urbe de Calatayud.
La “muy noble, leal, siempre augusta y fidelísima ciudad de Calatayud”, es la ciudad de mayor entidad que podemos encontrar desde Zaragoza hasta Guadalajara. Sus apenas treinta mil habitantes le hicieron ser merecedora de una estación de AVE, infraestructura que parece estar dándole un nuevo empujón hacia el desarrollo. Excelente lugar para ir de compras alimentarias, Calatayud tiene denominación de origen vinícola propia, a la vez que una extraordinaria oferta en productos de la zona (destacando, para mi gusto: las ricas frutas de la comarca, la longaniza y el chocolate, del que luego hablaremos).
Como sabrán buena parte de los escolares de toda España, el gentilicio de los de Calatayud es “bilbilitano”, ello debido a la antigua ciudad romana de Bílbilis, cuna de Marcial. Sita en un altozano próximo a la ciudad actual, en el municipio de Huérmeda, de Bílbilis nos han llegado ruinas de lo más atractivas y sugerentes (teatro, termas, ninfeo, foro...), todo ello en estricta correlación con la importancia del lugar. En el Calatayud actual, en su, más que recomendable, Museo, podremos contemplar algunos de los hallazgos realizados en el yacimiento (destacando los conjuntos pictóricos, la colección numinástica de la ceca del lugar, así como sendas esculturas, destacando la de Augusto “capite velato”).
Con la conquista musulmana, Calatayud experimentó un período de gran esplendor (llegando a tener su propia taifa, desde 1046 a 1055). Reconquistada por Alfonso I el Batallador, la ciudad mantendría una posición geoestratégica de primer orden, siendo la segunda ciudad, en población, de toda Aragón. De estos tiempos destaca su castillo (conocido como “Plaza de armas” por los lugareños), fortificación a la que la ciudad debe su nombre. Ésta es, aun estando en ruinas, la más emblemática de las fortificaciones bilbilitanas, si bien deben destacarse también otras, como la hermosa Puerta de Terrer (que data de la segunda mitad del siglo XVI).
Junto a sus estructuras defensivas, de entre sus monumentos destaca la hermosa Colegiata de Santa María (Monumento Nacional desde 1884 y Patrimonio de la Humanidad desde 2001), construida sobre la antigua mezquita de "Kalat Ayub". Nada más acercarnos a ella podremos contemplar uno de sus mayores encantos: su portada. De espléndido plateresco, con tejaroz, y concebida en forma de retablo, su construcción se debe a Juan de Talavera y Esteban de Obray. Junto a ello, o mejor dicho, por encima de ello, se alza el mayor encanto de la construcción, su torre mudéjar de 68 metros. Efectivamente, según los expertos nos encontramos ante la más perfecta construcción mudéjar protorrenacentista, siendo el principal argumento para que la iglesia recibiera el “galardón” de ser Patrimonio de la Humanidad.
Esta hermosa torre mudéjar sólo guarda parangón con la de San Andrés, también en la propia urbe. Junto a estos dos templos destacan la Colegiata del Santo Sepulcro (casa matriz de la Orden del Santo Sepulcro en España, y que es una réplica del Santo Sepulcro de Jerusalén), la iglesia de San Pedro de los Francos (de la que destaca su espléndida portada del gótico levantino), el santuario de la Virgen de la Peña y la iglesia de San Juan el Real (dentro de la cual se custodian frescos de Goya en la pechinas de la sala capitular, y que es muy gentilmente enseñada por el párroco del templo). De entre las edificaciones civiles, junto a una preciosa Plaza Mayor (con el edificio antiguo del Consistorio destacando por encima de cualquier otro), destaca el Mesón de la Dolores (hermoso edificio renacentista que ha hecho las veces de palacio y hospedería a lo largo de los siglos) y el Palacio del barón de Warsage (posterior casino).
Dejando Calatayud, de entre las localidades de su región cabría destacar a Ateca, capital histórica del chocolate español (allí se producen los famosos “Huesitos”), Cetina (dominada por su imponente palacio-castillo, en cuya hermosa capilla isabelina se casó Quevedo) y Alhama de Aragón (auténtica maravilla de la naturaleza, que cuenta con varios de los más célebres balnearios hispanos, destacando su lago termal). Sobre el embalse de la Tranquera, no muy lejos de estos lugares, se encuentra el pintoresco pueblo de Nuévalos. En él se encuentran restos de un castillo perteneciente a la Orden del Santo Sepulcro (que, como recordaremos, tenía su “sede española” en Calatayud), así como diferentes iglesias y demás enclaves de interés, si bien, el hecho de que sea la segunda localidad más visitada de Aragón se debe al hecho de encontrarse cerca del lugar el maravilloso Monasterio de Piedra.
Alfonso II, monarca aragonés, cedió a los catalanes monjes de Poblet este “trozo de Cielo” con el objetivo de que realizaran allí una fundación cisterciense. Trece monjes, presididos por Gaufrido de Rocabertí, salieron del templo tarraconense, iniciando las obras del nuevo monasterio en 1195, y finalizando en 1218 (fecha de su consagración). El lugar fue ocupado por los monjes hasta que en 1835, en tiempos de revolución, fueron expulsados del lugar. En la actualidad el recinto es de propiedad privada, manteniéndose el edificio del monasterio en un estado ruinoso. Si bien la edificación no tiene que ver nada con los hermosos monasterios de Santa María de Huerta o Veruela, bien es cierto que la extraordinaria belleza del lugar no se debe a lo estrictamente humano...
El vergel sobre el que se encuentra el monasterio es un hermoso valle confeccionado por la paulatina acción del río Piedra. Sus cascadas, cuevas, balsas y poblaciones, tanto animales como vegetales, le hacen ser un lugar más próximo a lo Divino que a lo terreno. En pleno contraste con la aridez de la comarca, allí se encuentra un lugar donde los árboles parecen querer tocar el cielo, y las aguas esculpen (en alguna ocasión con ayuda del hombre) accidentes que son dignos de contemplar, fondos idílicos, para la relajación y la reflexión. Históricamente, el monasterio es importante en dos aspectos: fue el primer lugar donde se construyó una piscifactoría en España (actualmente en funcionamiento), así como el primer lugar en el que se elaboró chocolate en Europa (inicio de una tradición chocolatera que sigue teniendo a esta región como espléndido baluarte). De entre sus joyas paisajísticas, por lo demás muy abundantes, destaca la cascada de la Cola de Caballo (con un salto de más de 50 metros) y el lago Espejo. Actualmente también se realizan exhibiciones de cetrería, destacando el amplio repertorio de especies que se muestran.
Junto al Monasterio de Piedra, son especialmente interesantes las diferentes opciones deportivas y de excursiones arqueológicas que brinda la zona. De entre éstas últimas cabe destacar el yacimiento de Segeda (entre Mara y Belmonte de Gracián), que bajo la dirección de la máxima autoridad en cultura y civilización celtíbera, el profesor Burillo Mozota, se está convirtiendo en un “centro de peregrinación” para todos aquellos que quieren saber algo más acerca de los pueblos prerromanos peninsulares.
Imágenes:
1) Imagen de la Colegiata de Santa María (Calatayud)
2) La Cola de Caballo, Monasterio de Piedra.

sábado, 24 de julio de 2010

Reflexiones kosovares

Más allá de una eventual llegada del hombre a la Luna, del descubrimiento de la energía nuclear o del auge de la informática, con casi total seguridad, el descubrimiento del genoma humano es el hito científico por excelencia de nuestro tiempo, a la vez que filosófico. Este descubrimiento constituye, en sí mismo, un re-descubrimiento del homo sapiens sapiens como especie única. Atrás quedan las asimilaciones de los hunos de Atila con centauros, o de los pigmeos africanos con monos, la especie humana es una, por más que difiera en rasgos. Los movimientos de exclusión social de grupos “étnicos”, siempre políticamente interesados, no han sido inmunes a estos cambios científicos.
Sabino Arana, padre del Partido Nacionalista Vasco (PNV), examinó diferentes cráneos en busca de una “especificidad vasca” fundada en la diferencia racial. Xabier Arzalluz (conocido por sus simpatías juveniles con el movimiento hitleriano) daba eco en los años noventa de una investigación científica, a la postre defectuosa, que vinculaba a los vascos con un Rh negativo singular. Los motivos biológicos (las leyes “naturales” siempre han sido más inmutables que las “jurídicas”) siempre han sido buscados cual “Sagrado Cáliz”, pues, en sus sueños excluyentes, serían la pétrea base para una política de la diferenciación.
Dicho esto, la etnificación no es un fenómeno exclusivo de los tiempos actuales. Todos hemos oído algunos de los múltiples nombres de tribus bárbaras que otrora acosaron las fronteras del Imperio Romano. Gépidos, Ostrogodos, Visigodos, Sármatas, Vándalos, Ávaros, Alanos, Hunos... la lista es cuasi interminable, más si hacemos casos a subdivisiones (Hunos negros, hunos blancos...) y consideraciones de “clanes”. Estudios científicos demuestran que buena parte de estos pueblos ni tan siquiera tenían diferencias “raciales” por lo que la diferenciación, valga la redundancia, entre unos y otros respondía, la más de las veces, a intereses de la potencia agredida (Roma, Bizancio o Persia, según los casos), más que a criterios “científicos”. La verdad es que “crear pueblos”, “naciones”, “hechos diferenciales”, sigue siendo hoy en día una herramienta tan poderosa como efectiva y peligrosa.
El concepto “conflicto étnico” en no pocas ocasiones lo asimilamos a los Balcanes. La disolución del Estado Federal Yugoslavo, y las guerras que ha conllevado, son partícipes de actualidad del campo semántico conocido como “guerra étnica”. Ya en un primer momento, sin afán reduccionista, cabe decir que no es tan distinta, en cuanto a "artificiosidad" en no pocas ocasiones, la lista de pueblos bárbaros anteriormente citada de la compuesta por: serbios, croatas, eslovenos, musulmanes, húngaros, zíngaros o albaneses. No deja de ser curioso, y altamente ejemplificativo, que en censos realizados en el año 1990 la mayoría de “intelectuales” se definiera como “yugoslavo” o “checoslovaco”. Las divisiones territoriales, una vez aceptada la identidad de especie, sólo debiera sujetarse a criterios políticos, a criterios de viabilidad económica y social. La reciente decisión de la Corte Internacional de Justicia acerca del “asunto Kosovo” no deja de ser un motivo de reflexión, más cuando uno vive en Cataluña.
Efectivamente, tal y como apuntara Albert Rivera (líder de C´s) en el Parlamento Autonómico de Cataluña, Kosovo no es el modelo. Apuntaría yo que Kosovo no es el modelo, no sólo por las formas, sino también por el sujeto. Cataluña no es un ente diferenciado “étnicamente” del resto de España, por más que se intente ver por parte de algunos. Muchos se reafirmaran en su indepentismo con argumentos tipo “caso esloveno” o “caso eslovaco”, quizá sea el momento de hacer una reflexión, algo superficial, sobre lo ficticio de estas comparaciones.
La pacífica escisión eslovaca ("divorcio de terciopelo") es uno de los experimentos territoriales menos conocidos en sede hispana. Lejos de ser un instrumento de “realización nacional”, nos encontramos con que los eslovacos sienten cierto “arrepentimiento” de su separación, siendo muchos los que desearían la refundación de Checoslovaquia. La separación de Eslovaquia fue una decisión parlamentaria, sin consulta ciudadana, que benefició más a Chequia que no al sujeto independizado. Las aspiraciones nacionalistas eslovacas, no hegemónicas, se vieron satisfechas, no con una mayor autonomía (que era lo que se pretendía) sino con la escisión. El motivo, un tanto simplicista, parece cada día más obvio... Eslovaquia está mucho menos desarrollada que la República Checa e iba a ser un escollo para ésta en sus aspiraciones europeas. País rico que “echa” al pobre, ¿algún símil con España? Creo que ninguno. Todo este proceso no es tan diferente del de la disolución de Yugoslavia en un claro aspecto: el interés Americano-Europeo de dividir los antiguos países de la órbita soviética; Checoslovaquia, y sobre todo Yugoslavia, podían llegar a ser un obstáculo para los intereses imperiales de “las águilas”, sea ésta negra o calva.
Volviendo al caso de mayor actualidad, Kosovo, cabe decir que las posiciones internacionales al respecto son muy variadas, a la vez que antagónicas. Junto a las potencias independientes de EEUU (Rusia, China), Kosovo no ha sido reconocido como Estado por España, Eslovaquia, Grecia, Malta, Rumanía y Chipre (entre otros países). Los motivos son diversos, pero siempre guardando similitudes en común, Kosovo ha sido una “amputación sin anestesia” (como se ha escrito en varias ocasiones) que abre precedentes peligrosos, no para el País Vaco, Cataluña, Escocia, Córcega o Flandes (donde los similitudes con el caso kosovar son nulas), pero sí para Bosnia, entre otros territorios.
El miedo a un nuevo conflicto bosnio, si es que en algún momento se solucionó, está más que justificado. La población del lugar se divide, cuasi matemáticamente, en tres tercios: musulmanes, croatas y serbios, por lo que la independencia de un grupo, en base a los métodos utilizados por Kosovo, podría llegar a justificarse, de esgrimirse su legitimidad. En la propia Kosovo, región de Mitrovica, podría suceder algo semejante, al ser una zona de mayoría serbia (muy castigada por la políticas promocionadas por la autoridad kosovar).
El argumento de la “autosuficiencia” es el mayor escollo para la viabilidad de un Estado Kosovar. A día de hoy, y sin expectativas para el cambio, Kosovo es totalmente dependiente de Serbia. Mientras que Kosovo no exporta prácticamente nada a Serbia, ésta exporta a Kosovo bienes por valor de más de 200 millones de euros (todo ello datos recopilados por Jens Bastian, "La independencia de Kosovo y sus repercusiones internacionales", Anuario IEMed 2009). La mayoría de la electricidad, combustible, e incluso el propio suministro de agua (el principal acueducto kosovar procede de la parte serbia del lago Gazivoda) proceden del país de Belgrado. Junto a estas contingencias, y otras muchas más, existe el problema de la deuda contraída con causa en Kosovo, cuando aún era parte de Yugoslavia, y que sigue pagando Belgrado o los más de 30.000 casos que la Agencia de Propiedad de Kosovo (APK), organismo ejecutivo de Pristina, financiado por donantes, debe resolver (en su mayoría con relación a propiedades de serbios que abandonaron la zona, cuando aún estaba bajo el poder de Belgrado).
Es cierto que las horribles matanzas de Ustashi y Chetniks, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, o que las acciones cometidas, por unos y otros, en tiempos recientes, han crispado el conflicto yugoslavo, haciéndolo de difícil, o incluso inviable, solución. Pero ha llegado el momento de reflexionar, y de evitar cualquier paralelismo, desde España, Bélgica o Reino Unido, con una región que ha sido despedazada “por águilas y no chacales”, en no poca medida. La Yugoslavia multinacional era el único Estado capaz de garantizar, por ejemplo, una Bosnia en paz, opinan los expertos, ¿dónde estaban los motivos para su destrucción?
Las etnias son ficciones, lo mismo que las naciones. La metafísica y la filosofía son indispensables en la formación del hombre actual, pero siempre deben quedar sujetas a la eficiencia económica y al bienestar social. Ninguna independencia reciente ha sido un éxito, ninguna ha provocado un incremento en la calidad de vida de quienes la han experimentado. En tiempos donde la unión se requiere, donde se debiera tender más hacia un “Estado Ibérico” y no hacia la segregación, o hacia una Europa similar al antiguo Imperio Romano (pero sin César), y no hacia una superfragmentación en “taifas” e inventos modernos de segmentación, hablar de Kosovo, Bosnia o Eslovaquia debe hacerse consecuentemente. No nos centremos en los medios que sirven para la manipulación, y dejemos un mayor peso a los argumentos racionales y a aquellos que unen, más que separan.
* Más artículos del autor sobre el tema:

sábado, 17 de julio de 2010

Reformas para España: el problema territorial.

¿Qué son las diputaciones? ¿Qué son las naciones? ¿Qué son las Comunidades Autónomas? ¿Qué son las comarcas? Los límites establecidos en el ámbito político pretenden, en no pocas ocasiones, volverse pétreos cuales montañas. Si un linde separa dos provincias, allí nace un político “Himalaya”, si una ciudad es capital autonómica da igual que esté más o menos cerca del resto de su provincia, lo que importa es la norma jurídica.
Las fisonomías de los territorios se ven más desde la ventanilla del coche que a través de un mapa de provincias. De ello puede percatarse uno haciendo diferentes recorridos, de los cuales yo les recomendaré un par. Durante el pasado verano quise enseñar algunas de las mejores atracciones turísticas de la zona "celtíbera" a mi chica. Fuimos a Molina de Aragón y al Barranco de la Hoz (Guadalajara), pasando por los pueblos de Milmarcos y parte, minúscula, de la provincia de Zaragoza, para llegar a Santa María de Huerta y su monasterio (Soria). Me chocó mucho que ella no pudiera imaginarse que durante aquel corto trayecto habíamos pasado por tres provincias y tres autonomías. Un segundo trayecto lo hice recientemente con mis primos. Desde Madrid, saliendo de Alcalá de Henares fuimos hacia la estación de Guadalajara-Yebes, pasando por parte del corredor del Henares. En aquel momento no tenía a mi chica al lado, y fui yo mismo quien reflexionó sobre lo “gilipollesco” que es la existencia de dos comunidades, en lo terreno, y ¡tres diócesis en lo sagrado!
Las provincias son abstracciones políticas, lo mismo que las autonomías o los propios Estados. Dejan de tener sentido cuando se configuran más como “límites” que como “marcos”. Obviamente los independentismos nacionalistas se nutren de esa gran verdad, queriendo dibujar epopeyas en el mapa, que no tienen sentido en lo social o económico. El tema “provinciano”, sin ningún tipo de matiz peyorativo, no defiende tanto historias o lenguas comunes como una mejor representación de la realidad social, económica, y hasta cierto punto, geo-biológica.
Recientemente, cual ave fénix, a vuelto a oírse el término “Celtiberia”. De entre las cenizas de esta “región histórica” (no me acabo de sentir a gusto con la expresión) surge el proyecto “Paisajes de la Celtiberia” (TERRITORIO IBERKELTIA), proyecto de Cooperación Interterritorial financiado a través de la iniciativa europea LEADER+. La inclusión de las comarcas de Molina de Aragón (y su Señorío), algunos pueblos del área de Sigüenza (Anguita), tierras de Medinaceli, Daroca, Calatayud... no deja de ser de lo más ilustrativo y pertinente. Esta iniciativa cultural, a mi ver, deja en evidencia lo conveniente que sería crear una “autonomía” que, como mínimo, incluyera a estas tierras. El motivo es obvio: todos estos territorios han sufrido la despoblación y la represión económica (con pocas excepciones). Una “división territorial” podría facilitar la gestión de estas comarcas, evitando, por ejemplo, que los vecinos del Alto Jalón “soriano” no puedan ir al hospital de Calatayud o los de Molina de Aragón al de Teruel.
Y es que, ciertamente, si por algo se ha caracterizado el reciente debate sobre el “Estatut” de autonomía catalán es por haber dejado en evidencia que España requiere cambios substanciales y contundentes. Debe dejarse a un lado la eventual comparación que pudiera hacerse entre regiones, a primera vista con igual rango jurídico, y centrarse, con algo de neutralidad, en las necesidades de las personas que viven en los territorios, obviando, a poder ser, los criterios de historia remota y metafísicas nacionales. Así, es difícil sostener la viabilidad de una Comunidad Autónoma de La Rioja, o de una Murcia uniprovincial, por poner dos claros ejemplos. Sin ánimo de ser De Burgos, quien no hizo una división precisamente infalible, quisiera exponer mi idea de división territorial, y compartir con todos ustedes eventuales argumentos para el debate.
En circunstancias como las actuales, con una Crisis económica de la que aún no sabemos cuándo, ni cómo, podremos salir, es evidente la necesidad de “racionalizar el gasto”. El modelo de diecisiete autonomías actual está caduco. Es evidente que Cataluña tiene motivos, y razones de peso, para opinar que su identidad económico-social (que no nacional, o "nacionalista") no es equiparable a otras autonomías. Los próximos años serán vitales para la reestructuración del país, no porque desde aquí se quiera emular a Nostradamus, sino porque la necesidad está bien vigente, y es del todo inexcusable.
Así, por ejemplo, junto a la región de “Celtiberia”, yo sería partidario de unir a Galicia, León y Asturias en una sola autonomía, lo mismo que Cantabria, Burgos, Rioja y Soria (capital). Un caso curioso es el aragonés. Si hacemos caso de criterios históricos, está claro que Aragón está “bien representada” en su actual organización, pero las necesidades de la población, y los desequilibrios territoriales, nos afirman todo lo contrario. Particularmente, creo que la Aragón de Calatayud y Daroca dista, y mucho, de la Aragón pirenáica. Algo así ocurre con algunas provincias de esa gran comunidad hecha a partir de retales: Castilla-la Mancha (Albacete bien pudiera ir con Murcia, y Ciudad Real con Extremadura, yendo Guadalajara capital con Madrid, lo mismo que Toledo).
Obviamente, los entes debieran reducirse, quedando menos Autonomías, más descentralizadas, y con una representación mayor de sus necesidades. Las grandes ciudades debieran ser “cuasi-autónomas” con su propia entidad de gestión metropolitana con capacidad normativa en los ámbitos cotidianos, pudiendo darse esta solución para Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Elche-Alicante-Murcia, Gijón-Avilés-Oviedo, bahía de Cádiz, Málaga, Bilbao o Valladolid.
Se mire por donde se mire, la gente cambia, y su organización territorial también. Podremos ponernos de acuerdo en varias cosas, en otras no (yo suprimiría el concierto vasco-navarro), pero es evidente que España requiere cambios, y que la duplicidad de administraciones es un cáncer para la situación actual (lo mismo que los excesos nacionalistas (ataque al bilingüismo) y los intentos centrípetos, véase la desmesurada deuda de la ciudad de Madrid, o las obras olímpicas injustificadas...).
¿No es el momento de opinar sin influencias externas? ¿No es el momento de reflexionar y de "romper" con los corruptos políticos que medran en lo metafísico y sin sentido? Aquí están algunas de "mis tesis", ¿qué opinan?
* Imágenes:
1) Vista de Molina de Aragón
2) Ermita de Nuestra Señora de la Lastra (Anguita).
Ambas fotos son del autor.

lunes, 12 de julio de 2010

CAMPEONES!!!!! VIVA ESPAÑA!!!!!

Somos los mejores!!!!!

domingo, 4 de julio de 2010

Jugando a ser dioses.

Siempre me han gustado los juegos de estrategia (a poder ser “en tiempo real”, y no tanto “por turnos”). Stracraft (cuya segunda entrega espero con ansias), Age of Empires, Empire Earth, o los Total War, incluso, son juegos que me han seducido muy especialmente, quizá como correlato a mis fantasiosas ganas, tan joviales, de dirigir ejércitos, construir ciudades, o Imperios. Podemos decir que se trata de uno de los géneros de videojuegos más existosos, junto a los simuladores deportivos o los arcade bélicos (ambas categorías, no muy de mi agrado). Si hay algo que sobresale en estos productos, son las posibilidades que prestan al jugador: ser “un dios” en un submundo virtual, y finito. Me pregunto si desde los dogmas de la Iglesia (o del Islam u otra religión), estos juegos no debieran ser prohibidos. A lo largo de la Historia se ha demostrado que “jugar a ser Dios” es uno de los grandes pecados capitales, pues por definición, la Religión implica “misterio” y “transcendencia”.
Personalmente apoyo incondicionalmente a la Ciencia. Existen muy pocos reductos que puedan serle privados. El progreso del hombre se basa en la investigación, sin rígidos moldes o límites, y no me parecería legítimo que la “metafísica” pudiera imponerse “a la física” privándonos de mejoras, muchas veces saludables, en lo que se refiere a nuestra calidad de vida. Desde la ignorancia, siempre he creído en la existencia de un cierto “clero” en lo que a las ciencias se refiere, especialmente en las biológicas.
Un concepto que siempre me ha picado la curiosidad es el de “especie invasora”. Tradicionalmente identificamos el concepto con las cotorras argentinas (un ejemplar de los cuales tuve por mascota, quién sabe si ello me condiciona) o los cangrejos americanos, por poner dos claros ejemplos. Se afirma, y constata, que estos seres producen gravísimos desequilibrios en los ecosistemas que los reciben, produciendo, en no pocas ocasiones, la mengua, e incluso desaparición, de las especies nativas. Tal sería el caso, muy especialmente, de las especies introducidas en las islas de todo el Mundo. Serán pocos quienes no hayan oído hablar del kiwi neozelandés o del dodo de San Mauricio. Al tratarse de especies muy adaptadas a su medio, evolucionadas virtud del aislacionismo físico de sus hogares en la naturaleza, el impacto que la introducción de especies foráneas (incluidos nosotros mismos como especie) ha causado, en algunas ocasiones, la reducción drástica de individuos, en otras, su extinción.
Hace unos días, pasándome por la mejor taberna bloggera de cuantas conozco, me estoy refiriendo a “La taberna del Drunkerosteus”, me enteré de la reintroducción del bisonte europeo en España, concretamente en la localidad palentina de San Cebrián de Mudá. Se trata de siete ejemplares traídos desde la célebre selva de Bielowieza, en Polonia, todos ellos de “pura sangre” salvaje, no mestizada con ganado vacuno. Como indica mi avispado amigo bloggero, su introducción puede que tenga efectos en la conservación del urogallo, por lo que se deberá estar atento. Dicho esto, se confirma una idea que llevaba tiempo paseándose por mi cabeza, y es que me pregunto si no sería posible que estos experimentos se realizaran más a menudo. ¿Por qué no comenzar a creer en la generación de “ecosistemas artificiales”? ¿Por qué no jugar a ser divinidades creadoras de jardines del Edén? Al invocar este sueño, tal vez irrealizable, a muchos les vendrá a la cabeza del ejemplo de las islas Hawaii.
Con la llegada del hombre occidental, llegaron a las Hawaii otros animales. Al igual que ocurriera en los archipiélagos del Pacífico Sur, el hombre trajo consigo a los gatos, los perros, las cabras, los cerdos... y las ratas. Las plagas de ratas en Jamaica y Hawaii fomentaron la introducción de mangostas, con el fin de que éstas las exterminaran. El resultado fue más bien funesto, las mangostas acabaron con buena parte de las biodiversidad de ambos lugares, pues se comieron los huevos de unas aves que no estaban acostumbrados a este tipo de depredadores. La introducción del siluro, caso especialmente conocido por los aragoneses, ha sido también un factor de desestabilización del equilibrio ecológico. Estos peces de gran longitud son especialmente voraces, y son capaces de acabar con las poblaciones de otros peces. Efectivamente, lo mismo que una especie puede llegar a extinguirse en su hábitat, puede llegar a acabar con otras de ser "movida" de su lugar de origen.
Una vez más, nos encontramos no ante un "aspecto artificial" sino ante un "aumento de velocidad". El traspaso de especies entre los diferentes lugares es un fenómeno constante, en buena parte fomentador de la creación de nuevas especies. Los camélidos, por ejemplo, surgieron en América del Norte, y de no haberse movido de sus planicies originales, no habrían sobrevivido hasta nuestros tiempos. El dingo, el famoso cánido australiano, ha llegado a convertirse en un depredador fundamental, siendo juez del equilibrio zoológico en lo que a las sabanas autralianas se refiere. La "introducción" no es un problema, lo mismo que "el calentamiento global", lo peligroso es la alteración de velocidades que provocamos con nuestras acciones.
Ojalá pudiera llegar el momento en que nuestros conocimientos nos ayuden a "alterar el medio" en pro de la conservación de las diferentes especies del Globo. El caso del bisonte europeo es un ejemplo para la experanza, pero no es el único (destaca el "reencuentro", después de siglos, del tigre y el león asiático en la India), ni tampoco el único que se practica en España (véase el problemático caso del oso pirenáico). ¿Podremos crear, innovar en lo natural, lo mismo que acceleramos los procesos naturales? ¿Sabemos fabricar "carrocerías", o sólo sabemos de "cambios de marchas"?
2) Dos ejemplares disecados de dodo, Museo Nacional de Historia Natural, Londres (foto del autor).