El papel de la violencia
Nos situamos en un ambiente cálido de finales del Cretácico, hace aproximadamente 65 millones de años. Por entre las ramas de la tupida selva china corretea un peludo e hiperactivo mamífero. Su instinto le hace ser todo un ejemplo de optimización natural, energías concentradas en los sesos de un humilde ser, predestinado a participar de uno de los mayores cambios de todos los tiempos. Zalambdalestes, pues así se llama este animal, tiene el aspecto de una musaraña elefante, un bichejo no mucho más alimenticio que su símil actual. Sin embargo, el animal no puede celebrar su supervivencia, pues algo de energía
conserva entre sus células. Su reproducción es pródiga. El hecho de no poner huevos protege a su estirpe de las violentas condiciones climatológicas de estos tiempos; pues valga decir que se avecinan cambios inminentes, y con ellos, el fin de los dinosaurios.
De pronto, un ruido sacude las húmedas hojas de los helechos. Nuestro amigo salta, brinca, corretea y acaba cayendo entre las fauces de un violento predador de turno; casualidades del pater Azar, su cazador es un Velociraptor. Su imagen no se nos presenta como uno de esos asesinos pseudo-humanos de la legendaria película de Spielberg, tiene plumas en su cuerpo, y su efigie se asemeja más a la de un pavo gigante que a la de un solitario asesino de medianoche. El “combate” mamífero vs. reptil-ave conoce un primer asalto, pero no el definitivo. En la decadencia y caída de los grandes saurios los mamíferos consiguieron vencer el combate más superlativo. Sus adaptaciones como género animal les llevaron a lo alto del podio, a la situación dominante que antes ocuparan los gigantes de escamas. Evolución, transformación y violencia frente a las circunstancias, Zalambdalestes fue honrado por sus congéneres, siendo un eslabón inexcusable para el génesis de la especie humana.
Creo que el mayor reparo para la defensa de una teoría unificada (social, natural, económica y políticamente) darwinista es el papel que debe jugar la violencia dentro de nuestras construcciones conceptuales y filosóficas. Científicos de la talla de Richard Dawkins han defendido la hipótesis de un “gen egoísta” una tendencia evolutiva hacia el combate que ve en la Paz y el altruismo de los nuestros una forma de combatir los peligros del medio, aun a costa de sus semejantes. Zalambdalestes y el resto de los mamíferos del Cretáceo sobrevivieron a las inclemencias de aquellos tiempos satisfactoriamente, ayudando a que, entre otras cosas, esté un servidor aquí narrándolo. Dicho esto, los mayores tabúes, y prejuicios, frente al darwinismo, nos vienen cuando acometemos la difícil misión de unir a las ciencias sociales y a las naturales dentro de una misma teoría.
Cambiemos, con nuestra imaginación, de tiempo y lugar, y viajemos hacia el antiguo Perú, a la ciudad inca de Machu Pichu. La belleza de sus ruinas hace que se nos presente como uno de los mejores enclaves en los que poder reflexionar, y cómo no, soñar con practicar su visita... Uno ve una imagen del lugar y le vienen a la cabeza pensamientos, reflexiones y opiniones acerca de lo que, para él, es este mundo. En mi caso pienso en la conquista española, en cómo pagaron los incas su
derrota haciendo que el Perú sea un país gobernado por las fuerzas superiores de Occidente, sumido en la pobreza. La resistencia de Machu Pichu frente a las tropas del Imperio Español, las de Numancia contra las de Roma o las de Zaragoza frente a Napoleón y el cruel Murat no dejan de mostrarnos los paralelismos entre estas batallas y la pelea entre Zalambdalestes y Velociraptor. Una victoria con una correlativa derrota, predestinadas a influenciar en lo sucesivo.
Si las exitosas adaptaciones mamíferas cimentaron nuestro posterior auge e imperio, las victorias de potencias como España, Roma o Francia condicionaron el lugar que ocuparían sus respectivas sociedades en el devenir de los tiempos. ¿Selección Natural humana? ¿Es la Guerra una manifestación suya, donde las civilizaciones más poderosas subyugan a las más débiles? ¿Es la violencia un condicionante decisivo a la vez que la medida de todas las cosas? Posiblemente seamos egoístas por genética. Es posible. Pero no deja de ser cierto que al darwinismo le falta afrontar retos tan importantes como encontrar una definición para el concepto de “paz”, “justicia”, “bondad” o “moral”. Este es el problema para el que nuestro pensamiento debería encontrar un remedio, si es que se puede sin caer en la redundancia primordial... el esfuerzo es violencia contra las circunstancias (como todo estudio o oposición) y el Velociraptor, metafóricamente hablando, puede vestir diferentes disfraces... ¿cómo ser neutral sin ocupar el papel del reptil o de nuestro Zalambdalestes, al mismo tiempo?
conserva entre sus células. Su reproducción es pródiga. El hecho de no poner huevos protege a su estirpe de las violentas condiciones climatológicas de estos tiempos; pues valga decir que se avecinan cambios inminentes, y con ellos, el fin de los dinosaurios.De pronto, un ruido sacude las húmedas hojas de los helechos. Nuestro amigo salta, brinca, corretea y acaba cayendo entre las fauces de un violento predador de turno; casualidades del pater Azar, su cazador es un Velociraptor. Su imagen no se nos presenta como uno de esos asesinos pseudo-humanos de la legendaria película de Spielberg, tiene plumas en su cuerpo, y su efigie se asemeja más a la de un pavo gigante que a la de un solitario asesino de medianoche. El “combate” mamífero vs. reptil-ave conoce un primer asalto, pero no el definitivo. En la decadencia y caída de los grandes saurios los mamíferos consiguieron vencer el combate más superlativo. Sus adaptaciones como género animal les llevaron a lo alto del podio, a la situación dominante que antes ocuparan los gigantes de escamas. Evolución, transformación y violencia frente a las circunstancias, Zalambdalestes fue honrado por sus congéneres, siendo un eslabón inexcusable para el génesis de la especie humana.
Creo que el mayor reparo para la defensa de una teoría unificada (social, natural, económica y políticamente) darwinista es el papel que debe jugar la violencia dentro de nuestras construcciones conceptuales y filosóficas. Científicos de la talla de Richard Dawkins han defendido la hipótesis de un “gen egoísta” una tendencia evolutiva hacia el combate que ve en la Paz y el altruismo de los nuestros una forma de combatir los peligros del medio, aun a costa de sus semejantes. Zalambdalestes y el resto de los mamíferos del Cretáceo sobrevivieron a las inclemencias de aquellos tiempos satisfactoriamente, ayudando a que, entre otras cosas, esté un servidor aquí narrándolo. Dicho esto, los mayores tabúes, y prejuicios, frente al darwinismo, nos vienen cuando acometemos la difícil misión de unir a las ciencias sociales y a las naturales dentro de una misma teoría.
Cambiemos, con nuestra imaginación, de tiempo y lugar, y viajemos hacia el antiguo Perú, a la ciudad inca de Machu Pichu. La belleza de sus ruinas hace que se nos presente como uno de los mejores enclaves en los que poder reflexionar, y cómo no, soñar con practicar su visita... Uno ve una imagen del lugar y le vienen a la cabeza pensamientos, reflexiones y opiniones acerca de lo que, para él, es este mundo. En mi caso pienso en la conquista española, en cómo pagaron los incas su
derrota haciendo que el Perú sea un país gobernado por las fuerzas superiores de Occidente, sumido en la pobreza. La resistencia de Machu Pichu frente a las tropas del Imperio Español, las de Numancia contra las de Roma o las de Zaragoza frente a Napoleón y el cruel Murat no dejan de mostrarnos los paralelismos entre estas batallas y la pelea entre Zalambdalestes y Velociraptor. Una victoria con una correlativa derrota, predestinadas a influenciar en lo sucesivo.Si las exitosas adaptaciones mamíferas cimentaron nuestro posterior auge e imperio, las victorias de potencias como España, Roma o Francia condicionaron el lugar que ocuparían sus respectivas sociedades en el devenir de los tiempos. ¿Selección Natural humana? ¿Es la Guerra una manifestación suya, donde las civilizaciones más poderosas subyugan a las más débiles? ¿Es la violencia un condicionante decisivo a la vez que la medida de todas las cosas? Posiblemente seamos egoístas por genética. Es posible. Pero no deja de ser cierto que al darwinismo le falta afrontar retos tan importantes como encontrar una definición para el concepto de “paz”, “justicia”, “bondad” o “moral”. Este es el problema para el que nuestro pensamiento debería encontrar un remedio, si es que se puede sin caer en la redundancia primordial... el esfuerzo es violencia contra las circunstancias (como todo estudio o oposición) y el Velociraptor, metafóricamente hablando, puede vestir diferentes disfraces... ¿cómo ser neutral sin ocupar el papel del reptil o de nuestro Zalambdalestes, al mismo tiempo?
- Genial imagen de Velociraptor obra de http://www.dinosauromorpha.de/.










