viernes 30 de diciembre de 2011

FELIZ AÑO NUEVO!

Coincidiendo con la entrada y salida de año, tengo el honor, además del de felicitar el año a todo el mundo, de decir que... INAUGURO SECCIÓN EN INMEDIATIKA: "LA PAJARERA DE LAS PLUMAS INVITADAS"!!!! CON UN DODO Y TODO!!! ;-)

os paso el link!!!!



http://www.inmediatika.es/products/arte-ciervo/#.Tv0Mr5yZhcI.facebook

Imagen: Genial composición de Jaime Roig de Diego!! (http://es.wikipedia.org/wiki/Jaime_Roig_de_Diego)

viernes 23 de diciembre de 2011

¡¡¡FELICES FIESTAS!!!



¡Que paséis unas muy buenas fiestas, en paz, armonía... y buena compañía!


Imagen: "La Natividad" de Camillo Boccaccino

sábado 17 de diciembre de 2011

El pseudo-borracho


- ¡No conoceréis el miedo! ¡El miedo mata la mente! ¡El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total!

- ¡Sabias palabras para un borracho, amigo mío!

El pseudo-ebrio barbudo se giró repentinamente y vio la efigie del bellotín genio. Zalakín le miraba con cara de entusiasmo, con la típica expresión de aquellos niños que ven a un adulto hacer cosas poco al uso. Con todo, Zalakin era joven sin ser infante. El local no era digno para menores. La taberna “Uno, dos y tres” (de nombre correlativo al número de consumiciones obligatorias) era frecuentada por múltiples víctimas del vicio. Fumadores de especia, querubinas de tres pechos, chupópteros de mil rones... por la taberna merodeaban seres de todos los rincones de Imagina. Las vigas del local tenían rastros de sangres secas multicolor, restos que daban testimonio de violentas peleas. El local era todo en sí una caverna y Zalakín desconocía si iba a encontrar allí al “sabio”.

El hombre barbudo echó de su lado a las dos querubinas dándoles un cachete de camionero en sus esponjosos traseros, y metiendo una moneda en cada uno de sus canalillos. Ambas mercenarias del amor fueron a contentar a otro borracho y el falso ebrio se quedó a solas con Zalakin (todo lo solo que puede quedarse uno en la barra de una taberna).

- Tú cara me dice que no has venido a escuchar las sentencias de un borracho.

- No señor- contestó Zalakín. -vengo en busca del Poeta Solitario, me manda mi abuelo, el Viejo Carrasco.

- ¡Shhhhh! Se dice que los borrachos dicen la verdad... ¡pero nadie se cree que puedan seguir una conversación seria! ¡Disimulemos!

A Zalakin no le dejó de sorprender el proverbial mimetismo que había estado practicando aquel peculiar habitante de tabernas. Lejos del tópico, el sabio simulaba estar borracho. Dejaba caerse su vergüenza so pena de parecer incontrolado, para así no llamar la atención ¡y ser uno más entre borrachos!

- Los vicios son una condición para la supervivencia social. El éxtasis sólo se alcanza sin raciocinio serio, ¡y a ello ayuda el alcohol y todo vicio! No te fíes de quien diga que los borrachos dicen la verdad, pues querrá disimular que a él siempre le ha gustado la religión de Santa Cogorza. El alcohol no es un maná, es un veneno para el intelecto. Un asesino masivo de neuronas, cuya imitación brinda disfraz.

El pseudo-borracho, pues en verdad era sabio, simulaba ser el más vicioso entre iguales. De no haber ese autocontrol entre la sociedad las revoluciones se sucederían como pies en una escolopendra.

- Hazme caso, Zalakin, y no creas que el saber algo es mayoritario. Jamás interesará que la gente sea consciente, pues el inconsciente es manipulable. Condicionar una mente es tener un siervo, enseñarle no es más que fomentar el nacimiento de un eventual rival. ¿Comprendes el por qué es más útil ser falso borracho disimulado que diana justiciera en un mundo de inteligentes interesados?

Zalakín aprendió que todo vicio es una red de dominación, una útil herramienta por la que mantener contento al populacho. Los mitos acerca de lo bueno de estar ebrio claro que le siguieron llegando, pero jamás volvió a creerse que un borracho dijera la verdad, ni que los bares son templos más allá de sus eventuales manjares...


* Imagen: "El borracho", cuadro de Vladimir Makovsky.
* palabras iniciales inspiradas en Dune, de Frank Herbert. 

sábado 26 de noviembre de 2011

La mejor literatura


Leer es sano. A falta de confirmación oficial-sanitaria se me ocurre decir que es la más eficaz práctica de prevención del Alzheimer, la mejor forma de fortalecer la aptitud para el aprendizaje, y cómo no, una placentera forma de sentirse bien, aprender y, por ende, hacer subir la autoestima. Comenzar un sábado leyendo tranquilamente bajo el edredón de un moribundo (y algo cálido) noviembre, es un placer exquisito.

No es una práctica que siempre me pueda permitir, o que siempre se me ocurra practicar (no así por las noches, cuando acontece “conditio sine qua non” para el sueño), pero este sábado he podido gozar de este pequeño placer, gratuito, leyendo “El lector” de Bernhard Schlink. Es muy gratificante gozar de un libro inesperado. Esta pequeña joya de la literatura alemana contemporánea ha hecho como los grandes aprendices: pasarse las colas (de lectura en este caso) y subir muchos grados y jerarquías de una sola vez.

Leer a Schlink me hace reflexionar en torno a lo excelsas que son ciertas literaturas por encima de otras. Obviando eventuales superioridades de unas culturas sobre otras, no podemos dejar de ver que existen ciertas lenguas más proclives a darnos grandes ejemplos de "alta literatura". Quién sabe si por los fonemas y lexemas, o por el rancio abolengo histórico que arrastran algunas lenguas, existen idiomas que son capaces de emitir un sinfín de grandes novelas, sin apenas acabar con sus recursos. En tiempos de Crisis, de dudas económicas, y también intelectuales, no podemos dejar de preguntarnos sobre lo justo, o erróneo, de los pensamientos que en ocasiones damos por indubitados.

El inglés no es, ni mucho menos, la mejor lengua para la literatura. Estamos cansados de escuchar que es la lengua talismán para la música moderna, y que es una lengua idónea para su aprendizaje rápido y efectivo, sin embargo, ¿acaso es una lengua literaria?. Lo dudo. No por capricho, sino por necesidad, me atrevo a cuestionar lo que el mundo anglosajón nos impone como incuestionable. Tras Shakespeare y Dickens “no todo el monte es orégano”. No deja de ser inquietante ver cómo existen literaturas que, con un menor grado de alfabetización, han brindado a la Humanidad mayor número de grandes obras que la lengua inglesa.

No caeré en el chovinismo excesivo, al menos en esta ocasión, aunque no me prive de decir que Quevedo no tiene nada que envidiar al autor, ¿anónimo?, de “Romeo y Julieta”, pero debo recordar que la literatura española del Siglo de Oro (con Cervantes, Alemán, Quevedo, Góngora...) es uno de los momentos álgidos del genio humano, y eso que la España Imperial no era excesivamente culta y sí, en cambio, profundamente analfabeta (como la mayoría de su época). Algo similar ocurre con la que, a mi juicio, es la mejor de cuantas literaturas haya creado el hombre, la rusa.

Ni el inglés, ni el chino, el ruso es una de las grandes lenguas literarias, o quizá la mayor. Posiblemente ello explique lo difícil de su aprendizaje y lo rico de su fonética. No creo decir nada nuevo, ni rompedor, si afirmo que los mayores prosistas de la Historia son Dostoievsky y Tolstói. Curiosamente, el grado de analfabetismo de la Rusia zarista y de la España Imperial no distan en exceso, al igual que la excelsitud de sus obras, por lo que, no sin cierta curiosidad poco disimulada, me planteo cuál es el carácter que favorece mayormente un alto grado de excelsitud en lo que a literatura se refiere.

Obviamente, el idioma es un factor clave. Tanto el ruso como el español son idiomas que se prestan mucho más a la literatura que el inglés. El “inglés culto” debe recurrir en cuantiosas ocasiones a latinismos, no así el ruso, valga el ejemplo. El español tiene un sustrato único en el Mundo, atesorando en su seno elementos latinos, prerromanos, árabes, germánicos, precolombinos... Pero la cuestión idiomática no parece ser ni la única ni la definitiva.

No hace tanto recuerdo tener una conversación con un buen amigo en la que discutíamos sino eran las calamidades vividas por una sociedad lo que hace que, en muchas ocasiones, se generen grandes obras literarias. Bien mirado, ello podría explicar la gran producción literaria durante los ocasos español y zarista, y muy especialmente, también podría corroborar lo interesante, y elevada, que es la literatura yugoslava (si bien, aquí también intervenga el componente idiomático, al ser lengua eslava).

Se mire por donde se mire, la verdad no es lo que se dice ni lo que parece, sino un calificativo que muchas veces nos transciende, es cuestión de fe, y que pocos podemos conocer. No crean que su literatura es inferior a la del “Imperio”, pues pueden llevarse sorpresas, ¿verdad?

jueves 27 de octubre de 2011

La muerte de Gadafi: ¿tiranicidio o barbarie?


El pasado jueves veinte de octubre de dos mil once pasará a la hemeroteca como fecha histórica. Gadafi, o lo que es lo mismo, el tirano más singular y déspota en tiempos recientes, cayó asesinado en su ciudad natal de Sirte. La muerte del tirano, como cualquier acontecimiento de importancia, no se le escapa al omnisciente prisma del Derecho, y plantea algunas cuestiones, que lejos de ser solucionadas en este breve artículo, no podemos dejar de plantear.

Un tirano es aquél que «sustrae la propiedad de los particulares y la saquea, impelido por vicios tan impropios de un rey como la lujuria, la avaricia, la crueldad y el fraude... los tiranos intentan perjudicar y arruinar a todo el mundo, pero dirigen sus ataques en especial contra los hombres ricos y justos que viven en su reino, consideran el bien más sospechoso que el mal, y temen como a nada precisamente esas mismas virtudes de las que carecen... los tiranos expulsan del reino a los mejores con la excusa de que ha de rebajarse a quienquiera que destaque sobre el resto... dejan exhausto al pueblo para que no pueda reunirse, exigiendo casi a diario nuevos tributos, promoviendo disputas entre los ciudadanos y empalmando el fin de una guerra con el comienzo de otra. De situaciones así surgieron las pirámides de Egipto... el tirano no puede menos de temer que aquellos a quienes esclaviza puedan intentar derrocarlo... por eso prohíbe que los ciudadanos se reúnan o formen asambleas o discutan en común los asuntos del reino, arrebatándoles con métodos propios de policía secreta la ocasión misma de hablar o escuchar con libertad, impidiendo incluso que puedan expresar sus quejas libremente...».

Obviamente, bien se habrá percatado el lector, estas palabras no son propias sino de un ilustre clásico español, Juan de Mariana. Las palabras del inmortal jesuita nos confirman, por si acaso alguien pudiera tener duda alguna, que Gadafi era un tirano. Virtud de las tesis del autor, creador de la doctrina del “tiranicidio”, Gadafi bien pudo acabar sus días de la forma más conforme al Derecho Natural. Sin embargo, y no sólo por haber pasados largos siglos desde esta afirmación, la opinión aquí defendida no puede sostener a ultranza la consecuencia “lógica” de una interpretación “mariánica” de estos hechos.

Más allá del prisma de quien analiza los hechos, debemos observar quiénes realizaron estos hechos. Los verdugos del dictador no le hicieron saber que iba a pagar sus crímenes con una ejecución sumaria. Los asesinos del sátrapa invocaban a Alá, mostrando cómo el islamismo, lejos de haber sido motivo por el que Occidente ha ayudado al derribo del general, es una de las opciones, que en puros términos democráticos, parece estar abriéndose puertas.

La doctrina de Mariana, tan presente en el subconsciente de la psique occidental común, no es aplicable al caso. Los presupuestos que impregnaron al jesuita, más allá de Aristóteles o los Evangelios, no han sido invocados mentalmente por los verdugos de Gadafi, no pensando en ningún momento en términos de justicia, sino de venganza. La “cruzada por una democracia global” que tanto mencionó el Presidente Bush vuelve a caer en el ridículo, tal y como ya lo hiciera con Sadam o Bin Laden. Los crímenes de la Alemania Nazi, si bien no en plenitud, bien pueden servirnos de ejemplo de cómo hasta el más villano debe ser objeto de juicio (véanse los “Procesos de Nurémberg”). La norma justificadora es premisa inexcusable para todo sistema organizado en torno a unas leyes y un Estado de Derecho.

Para un mundo globalizado, nominalmente construido en torno a unos derechos y libertades irrenunciables, hubiera sido necesario el juicio de los tres villanos. Más allá del morbo, en buena parte periodístico, de oír a Gadafi dando la lista de todos los beneficiarios de sus interesadas dádivas, hubiera sido todo un ejemplo para la ciudadanía, una muestra de cómo los jueces son siempre pieza clave en el engranaje, no prescindible. La lucha nominalmente a favor de los derechos humanos y de la justicia se está convirtiendo en una gran parodia respecto a los objetivos inicialmente perseguidos.

El asesinato inmisericorde del sanguinario líder derrocado es una flecha afilada que ataca frontalmente a una eventual, y necesaria, pedagogía del Estado de Derecho. No deja de ser una muestra de cómo los países ocupantes de Libia no están interesados por crear un Estado fuerte, socio privilegiado y próspero que sepa aprovechar justamente sus recursos. La pedagogía indispensable para ejercer la democracia falta, y tampoco va a ser fomentada. Es mucho más fácil negociar con cuatro jefes tribales analfabetos que con un loco tirano, aunque débil y manejable.

Tremendamente gráfico es enterarse de cuánto se parecieron los ejecutores de Gadafi a los bonobos (o chimpancés pigmeos)... sodomizaron al líder derrocado antes de ser ejecutado. ¿Furia incontrolada o “derecho al tiranicidio”? Soluciones así, aun con Hitler o con el Diablo, no dejan lugar a dudas del porcentaje de material genético que compartimos con nuestros primos primates... aunque, tampoco esto, sea visto así por el islamismo.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Teoria/practica/tiranicidio/elpepisoc/20111028elpepisoc_1/Tes horas después de publicar mi post... sacan esto en ElPais, muy concorde con las tesis de este artículo.

Imagen: "El Día del Juicio Final", Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique
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