Mostrando entradas con la etiqueta Italia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Italia. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de junio de 2010

Caravaggio, el genio sin casilla.

Hoy en día existen dos temas incómodos por antonomasia: el sionismo y la homosexualidad. ¿Qué decir si tratamos la prohibición de desfilar en el Día del Orgullo Gay, en Madrid, a la delegación de Israel? No por pudor político, ni miedo a expresarme, dejo este tema a un lado, pues es la punta de un iceberg inabarcable en este sólo artículo. Me atreveré, muy por encima en esta ocasión, del segundo de los temas “tabú”: la homosexualidad. En ciertas zonas de la calle Urgell, y circundantes, de Barcelona, así como en el conocido barrio de Chueca de Madrid se está dando una contingencia, cuanto menos digna de análisis. Son los “barrios gay” de las dos grandes ciudades de España, centros turísticos para los miembros de la comunidad homosexual, donde habitan muchos de ellos, a la vez que se ofrece una variada oferta de ocio relacionada con el “ambiente”. La ambigüedad y oscurantismo que encierra todo lo referente a la homosexualidad es uno de los objetos para el estudio sociológico más sugerentes en la actualidad.
Entrando de lleno en el terreno de lo fangoso, donde uno corre el peligro de no saber expresarse bien, diré que los “barrios gay” me recuerdan, aunque sólo sea levemente, a los célebres guetos judíos. Lugares en los que abunda una comunidad, de alguna forma “diferente”, e incluso “controvertida”, respecto a los miembros estándar de la sociedad. Sinceramente, a veces me da la sensación de que la “fundación” de barrios mayoritariamente homosexuales no hace más que acentuar lo “particular-especial”, en algo que debe ser “natural”: la libertad de orientación sexual. Algo así sucede con los desfiles del día del Orgullo Gay, desde todo punto de vista, a mi ver, un grito hacia la diferencia, hacia la “especialidad” dentro de una sociedad en la que, para algunos, tiene sentido “desfilar”, mostrarse con total sobreiluminación, y en no pocas ocasiones, caricaturización de lo que debiera ser legítimo y natural. Y es que desde una óptica “estándar”, heterosexual (me resisto a decir “normal”, por sus connotaciones peyorativas), me produce cierto rechazo algunos de los estereotipos que acompañan a “lo homosexual”. Pongamos un ejemplo claro.
Una de mis mayores aficiones es el arte, la pintura para ser más exactos. Dentro de los diferentes estilos, movimientos pictóricos, me ha llamado siempre la atención el Barroco, muy especialmente las obras de los pintores flamencos, y cómo no, de los genios patrios: Velázquez, Ribera o Zurbarán. Dentro de mis pintores favoritos destaca Caravaggio, el genial pintor italiano, creador del “tenebrismo”, así como de algunas de las pinturas más realistas de cuantas se puedan contemplar en museo alguno. Muy especialmente me gusta su cuadro: “El amor victorioso”, por la sutileza de la representación del joven Cupido.
Me chocó mucho leer en un libro sobre las pinturas más influyentes de la Historia, promovido por la Fundación BBVA, que el brazo derecho del ángel (ver primera imagen) había hecho correr “ríos de tinta”. Obviamente, y no sólo por joven maldad, pensé que se refería a una eventual condición sexual del pintor, a la vez que del modelo que sirvió para el retrato. No es que me sorprenda o preocupe su eventual condición sexual, es algo accesorio, pero sí que me sorprendió que, una vez más, a un gran genio del arte se le incluya en el amplio campo de la homosexualidad, junto a Da Vinci, Michelangelo o Shakespeare. ¿Acaso la “heterosexualidad” es contraria al sentimiento, es contradictoria con la sensibilidad hacia el arte? Me resisto a creer que una eventual condición homosexual fuera uno de los factores clave para el genio de Caravaggio. Hoy en día, perdonen la expresión, la homosexualidad parece predisponer hacia el arte, ¿no es sólo un tópico más?
Caravaggio fue ante todo alguien singular. Frecuentó los peores barrios de Roma, acompañado siempre de bohemios amigos, en ocasiones violentos, y de prostitutas. Michelangelo Merisi, nombre oficial del pintor, era capaz de extraer una idea de la realidad y hacerla aparecer en lo utópico de un cuadro de temática religiosa. Así, Caravaggio fue capaz de poner la cara de una prostituta, muerta en injustas circunstancias, a la Virgen María, según afirman autorizados críticos en relación con el cuadro: “La muerte de la Virgen” (a la derecha), conservado en el museo del Louvre (cuadro que fue rechazado por la Iglesia, quien lo encargara, y que fascinó a Rubens, otro de los grandes genios de la pintura universal).
Según recoge Helen Langdon, quizá la más autorizada biógrafa del genio barroco, el tópico de la homosexualidad de Caravaggio fue iniciado por el viajero inglés Richard Symonds (quien visitara el Palazzo Giustiniani allá por los años 1649-1650), al que tilda de “turista inglés, convencido de que la sodomía era una de las prácticas predilectas de los italianos”. El chico que le sirve de modelo difícilmente puede identificarse con Cecco del Caravaggio (su discípulo predilecto), sigue la autora, por evidentes razones de edad.
Sea por lo que sea, la sexualidad de Caravaggio es un misterio, como buena parte de toda su vida privada, sin embargo, ¿podemos decir que sólo por su arte debió serlo? ¿Orientación sexual y habilidad artística tienen alguna relación, acaso la tienen con la sensibilidad? Por mi parte creo que no, sería cuestión, de una vez por todas, de fomentar la cultura y a sus creadores, no centrarnos en políticas bobas sobre orientación sexual, cuando lo que debe caracterizar a la misma es, precisamente, su "naturalidad".

sábado, 8 de mayo de 2010

El pulpero de Lugo

España jamás fue un país de mercaderes. Obviando a la civilización tartésica, desaparecida con afán de crear el mito, la Península Ibérica fue siempre terreno para la especulación foránea, más que para la generación de capital con el propio comercio. Hubieron intentos notables, y éxitos “imperiales”, al aprovechar la antigua Corona de Aragón las virtudes de una Cataluña abocada al mar, con sucursales en todo el Mediterráneo, sin embargo, a diferencia de los italianos, los españoles jamás fuimos capaces de consolidar un “fondo de comercio exclusivo”, virtud de la venta de lo propio. En las Españas siempre se ha estado siempre más propenso a la religiosidad y al misticismo (ahora político), que a la generación de empresa y capital.

Españoles e italianos, primos hermanos”, es un dicho de lo más incorrecto. A los parecidos físicos y lingüísticos no le acompaña una competitividad a prueba de bombas, quién sabe si heredera de los tiempos del Imperio Romano. En cualquier deporte, y ahora también en los restaurantes, los habitantes de "la bota balompédica" nos ganan en ingenio, quedándose siempre un mayor porcentaje de beneficio, aún siendo rancios con la materia prima.

Por favor, no coman más pizza. Ese plato tan vanagloriado por los esbirros de “Berlusco” aune las mayores glorias del país italiano: la "rentabilidad" de la harina, unida a la "ingeniosa" combinación de unos pocos ingredientes. Tortillas, croquetas, empanadas o demás tapas variadas poco tienen que hacer con tamaño margen comercial, so pena de ser los españoles, por lo general, fácil presa para la italiana “sopa boba”. ¡Gracias a Dios! Cual alabando los escritos de Cicerón (y sus odas al trabajo manual, al cultivo de la tierra y las materias primas), aún existen lugares de nuestra geografía propensos a dar buenos guisos patrios. Como si de aquel programa de documentales se tratara, a veces existen verdaderos “paraísos cercanos” para los más exigentes gurmets, no demasiado lejos de casa, y cerca de los italianos...

El pulpero de Lugo” roza lo sacrílego. Situado en la calle Joan Maragall de Sant Adrià del Besós (poesía pura a la gastronomía), es el lugar idóneo al cual pudiera llevarse a Cicerón, de resucitar y querer comprobar “in situ” sus sabias tesis. ¡Déjense de pizzas, pepperonis, calzones y demás intrusismos napolitanos! Cuales héroes en un mundo donde la comida tradicional no se precia, los dueños del local cumplen con creces la labor de anfitriones, aunando buen hacer a simpatía. Su pulpo es proverbial, con secreto (jamás revelable), son capaces de cocinar al molusco de tal forma que, lo que en otros lugares parece plástico, aquí acontece gloria.

Puestos a alabar, diré, con serios tintes realistas, que en ese lugar son propensos a romper mitos. A la leyenda de que “lo bueno” de España se va fuera, ellos anteponen los productos frescos que traen desde la misma Galicia. Carnes de los valles de O Caurel, navajas de Finisterre, todo ello bañado en caldo legendario, hacedor de inolvidables veladas entre amigos. El “turbio”, dulce y con esa propiedad de “pasar por agua, para subir como el wisky” bien pudiera tomar el puesto del sobrevalorado “Lambrusco”, a la vez que su pan, típico gallego, nada tiene que ver con cualquier masa de pizza, como si la mafiosa harina no entendiera la lengua de Cela o Pardo Bazán.

¡Vayan con amigos, con la novia/o, la amante o los suegros (de llevarlos la “primera vez”, los tendrán rendidos cual los de Breda)! ¡Hora era de que aparecieran lugares, bastiones, donde la harina no se haga oro, y en los que pagando “poco” uno, a base de comer, pueda, bien bien, volverse, gastronómicamente, loco de satisfacción!

Mis saludos a los miembros del “pulpero”, con ánimo de no hacerles publicidad gratuita, y sí, alabanza por su trabajo. ;-)

domingo, 20 de diciembre de 2009

Por sus ciudades los conoceréis.

Ya hace un tiempo que me apetece escribir un artículo un tanto "sui generis". Quisiera hacer un breve estudio conforme a unos datos, quizá, un tanto escolares, y de cualquiera de las maneras, subjetivos. Me propongo reflexionar sobre "los países" en base a sus "nombres". Aquí va la muestra. Escogeré 10 nombres que a lo largo de la historia han sobresalido en alguna disciplina, característica, arte..., para después hacer algunas reflexiones.
* 10 escritores: 1) Dante (It), 2) Cervantes (Esp), 3) Shakespeare (Ing), 4) Dostoyesvski (Ru), 5) Dickens (Ing), 6) Víctor Hugo (Fr), 7) Tolstói (Ru), 8) Goethe (Ale), 9) Borges (Arg), 10) Ovidio (It).
* 10 capitales de la Historia: 1) Roma (It), 2) Londres (Ing), 3) París (Fr), 4) Estambul-Constantinopla (Tur-Gre), 5) Atenas (Gre), 6) Alejandría (Eg.), 7) Nueva York (EEUU), 8) Viena (Aust), 9) Venecia (It), 10) Pekín (Ch).
* Músicos-Compositores: 1) Bach (Al), 2) Beethoven (Al), 3) Mozart (Aust), 4) Wagner (Ale), 5) Beatles (Ing), 6) Chopin (Pl-Fr), 7) Tchaicovsky (Ru), 8) Verdi (It), 9) Michael Jackson (EEUU) 10) Haendel (Al).
* Pintores: 1) Rembrandt (Hol), 2) Velázquez (Esp), 3) Durero (Al), 4) Rubens (Hol), 5) Miguel Ángel (It), 6) Da Vinci (It), 7) Picasso (Esp), 8) Boticelli (It), 9) van Gogh (Hol), 10) Rafael (It).
* Puertos históricos: 1) Amsterdam (Hol), 2) Sevilla (Esp), 3) Estambul-Constantinopla (Tur), 4) Alejandría (Eg), 5) Lisboa (Por), 6) Los Ángeles (EEUU), 7) Hamburgo (Al), 8) Rotterdam (Hol), 9) Venecia (It), 10) Singapur.
* Filósofos: 1) Aristóteles (Gr), 2) Platón (Gr), 3) Erasmo (Hol), 4) Séneca (Esp), 5) Maquiavelo (It), 6) Nietzsche (Al), 7) Confucio (Ch.), 8) Santo Tomás Aquino (It), 9) Marx (Al), 10) Descartes (Fr.).
* Reyes-Emperadores: 1) César (It.), 2) Augusto (It.), 3) Justiniano (Yug), 4) Napoleón (Fr.), 5) Felipe II (Esp), 6) Carlos V (Esp), 7) Victoria (Ingl), 8) Solimán (Tur), 9) Gengis Khan (Mong), 10) Stalin (Ru).
* Científicos: 1) Galileo (It), 2) Copérnico (Pol), 3) Arquímedes (Gr-It), 4) Flemming (Ing), 5) Pasteur (Fr), 6) Mendel (Che), 7) Edison (EEUU), 8) Newton (Ing), 9) Einstein (Al), 10) Darwin (Ing).
* Juristas: 1) Papiniano, 2) Ulpiano, 3) Triboniano (Tur), 4) Grocio (Hol), 5) De Vitoria (Esp), 6) Kelsen (Aust), 7) Ihering (Al), 8) Savigny (Al), 9) Pothier (Fr), 10) Bártolo (It).
Antes de continuar, una "fe de prejuicios": las elecciones arriba hechas están condicionadas, obviamente por mi persona y mis ideas y convicciones, pero ante todo, por le hecho de ser europeo "occidental". Seguramente falten representantes del mundo islámico, chino, hindú o de la América Precolombina, sin embargo, creo que la mayoría de los lectores podrán llegar a una elección "similar" a la arriba hecha. Dicho esto, valga decir que de los resultados se pueden sacar unos resultados, ciertamente, muy significativos.
El país ganador, con bastante diferencia, es Italia (16), seguida por Alemania (11) (sin tener en cuenta algunos de los nacidos en la actual Italia, romanos, ni tratando como alemanes a los austriacos, pese a formar parte de una misma "unión cultural" a lo largo de la historia). Dejando esto a un margen, choca cuán potente fue la cultura greco-romana (17), o el elevadísimo "índice de genios-puntos significativos" de los Países Bajos (si dividimos su número de apariciones por habitante). ¿Qué conclusiones podemos sacar de este "rudimentario y simple" estudio? ¿Qué tienen en común nuestras grandes vencedoras (Italia, Alemania y Holanda)? Ello bien puede reducirse al concepto de "ciudad".

Decía Marx que: "la oposición entre campo y ciudad comienza en el momento en que se pasa de la barbarie a la civilización". No es ningún secreto que las grandes civilizaciones SIEMPRE tuvieron a "la ciudad" como núcleo vertebrador, célula creadora de imperios. Se llamare Babilonia, Samarcanda, Bagdad, Memfis, Antioquía o Roma, las grandes hazañas, los grandes avances siempre tuvieron a la ciudad como centro creador.

Es una idea muy corriente aquella que afirma que "lo que no vale para la ciudad, no tiene valor alguno". La ciudad siempre significa avance, movimiento y superación. Igualmente, también acontece "selva", medio hostil en el que el "animal social" humano tiene su vida, y ante todo, se relaciona.

Un historiador romano, o griego o bizantino, siempre te preguntaría por cómo son las ciudades de tu país. Para ellos las grandes construcciones públicas daban sentido a "la cultura", y por ende, a "la civilización". Bárbaro, ante todo, no sólo era el que llevaba barba y vivía tras las fronteras, o las montañas de la "Catena Mundi". Bárbaro, ante todo, era quien no podía ir al teatro, bañarse en las termas o discutir sobre filosofía (o la Santísima Trinidad), fuere en las puertas de la iglesia o del templo. Le Goff (eminente medievalista de los tiempos modernos) afirma que en la Edad Media la contraposición era "desierto vs ciudad". La ciudad siempre dispone de un "hiterland", un campo que le alimenta, frente al desierto, carente de vida por naturaleza (en el sentido humano del concepto).

Nuestros tres países ganadores poseen grandes ciudades, y de hecho, desde que produjeron genios, las tuvieron. A diferencia del huevo y la gallina, sí que sabemos que "la ciudad" fue antes que "el genio". Después de todo... el desarrollo, el avance ¿no es también mérito de la sociedad, y no sólo de quien inventa?.

Veremos que España está presente en estas listas, eso sí, con carácter secundario. De poco sirve que fuera núcleo del Imperio más extenso que jamás haya existido (superando al mongol, y qué decir, al inglés o al romano). España siempre careció de ciudades. Madrid, hasta finales del siglo XX, no se desligó, definitivamente, de su carácter de "villa", y en España sólo existieron dos ciudades: Sevilla y Barcelona (junto a otras como Zaragoza, Valencia o Córdoba). La elevada densidad de Holanda o Italia, no sólo fomenta las posibilidades de generar "genios" sino que constituyen una alegoría de "la ciudad".

El pueblo es calma, naturaleza, trabajo (según los romanos el más noble, el de la tierra). Sin embargo... ¿habríamos avanzado sin ciudades? ¿es posible "desarrollarse" sin el estrés de las urbes? ¿Acaso la "hostilidad" inherente al nerviosismo... no es la materia prima para la superación?

sábado, 19 de septiembre de 2009

Siervo del "momento"

Eran tiempos convulsos. La corrupción sacudía los huesos de un, por lo demás, polvoriento Imperio. Sangre nueva se quedaba fuera del organismo, y los aires de cambio eran tapados por cánceres personificados en piel de romano. Las grandes migraciones acontecían invasiones, y en vez de surgir un poderoso ente mestizo, se avecinaba la muerte de un gigante, quizá el más poderoso que haya pisado suelo terreno.
Por entre los campos de la llanura húngara sólo se podía ver un enorme campamento, sin mayor muestra de sedentarismo que alguna choza, en exceso rústica, hecha con paja, madera y pieles. Etzelburgo, pues así dice la leyenda que se llamaba el lugar, tenía en aquel momento más poder que la mismísima Roma, y de hecho, tenía sujeta a tributo a la mismísima Constantinopla. Sus guardines, cabezones, chatos y peludos, distaban mucho de Apolo, y acaso también de Hades. Sus ojos recordaban a Oriente, su crueldad, resonaba por todo Occidente.
Una tienda destacaba de entre todas ellas, pues allí habitaba el caudillo de aquella poderosa horda. Él era un Emperador sin Imperio, Atila, “Rey de los Hunos”, era el gran jefe de aquella algarabía bárbara. Ante él, sin mayores conocimientos que los atávicos, se arrodillaban caudillos godos, alanos, e incluso, en ocasiones, romanos. Desde mucho antes de que él naciera, a los jóvenes de su horda se les dañaba la cara, por lo general aún imberbe, con una hoja de acero hirviendo; de esta forma conocían el dolor, además de conocer que en la guerra antes había sufrimientos, para después fáciles placeres. A diferencia de todos los de su raza, a Atila le enseñaron en una misma lección cuáles eran los deberes del guerrero, sus sufrimientos, los juegos de los dioses, y cómo no, qué era, en verdad, el miedo.
Atila gustaba de rodearse de los más variopintos sacerdotes. Era gustoso de recibir consejos divinos y premoniciones, y, de hecho, tal vez fuere el soberano más supersticioso que haya habido en la Tierra. Era un siervo del “momento”; siempre lo buscaba en sueños y visiones, de hecho, la idiosincrasia de las estepas le hacía propenso a ello.
Los hunos, como pueblo bárbaro, no dominaban el arte del asedio. Constantinopla, y sus inexpugnables murallas, era demasiado premio, fijaronse, pues, en su homónima vaticana. El “momento” se aguardaba, Orestes (padre de Rómulo Augustulo, último Emperador de Occidente, y consejero principal de Atila) se preguntaba, una y otra vez, a qué esperaban para invadir el reino de los romanos. No sabía, pues era de orígenes urbanos, que se esperaba a la dicha, al azar, al “momento”.
Un día llegó al rústico palacio un romano montado en corcel ligero. Llevaba una carta sellada, con un enigmático anillo de piedras preciosas en su interior. Su remitente era Honoria, la díscola hermana del purpúreo Emperador de Occidente, Valentiniano III. Le ofrecía matrimonio, pues quería vengarse de las limitaciones impuestas por su hermano, y muy especialmente, por su madre, la célebre Gala Placidia. A Atila le llegó el “momento”. Reclamó la mitad del Imperio de Occidente como dote matrimonial, yendo con sus huestes en su búsqueda. La Galia fue la provincia romana inicialmente elegida, sus tropas arrasaron Orleans y sólo pudieron ser vencidas en las Campos Catalaúnicos, cerca de Chalons, la previsión que contemplaba el bárbaro supersticioso no fue del todo cierto: pues, para aquel “momento”, Aecio (gran general de los romanos) había formado una memorable coalición con los visigodos (el pueblo germánico más poderoso), los francos y algunos otros pueblos de entidad menor.
La búsqueda de Atila resultó ser un fracaso. Ninguno de los sacerdotes que le rodeaban le supo dar respuesta a la pregunta que él inicialmente formulara. En otro “momento”, la intervención del Papa de Roma evitó la debacle de la ciudad eterna (junto a una epidemia de fatales consecuencias para los hunos, así como una campaña militar organizada por el Emperador oriental, Marciano). En un “momento” una conspiración perpetrada por los bizantinos acabó con su vida. Marciano había vencido, y por ello, sería reconocido en vida como uno de los más poderosos emperadores romanos, ¿dominando el momento? ¿perpetrando bajo su manto?.
Atila jamás dominó el “momento”, no supo utilizarlo, pese a buscarlo. Preguntó a sus hechiceros, sacerdotes y demás clérigos cuál debía ser su siguiente paso. Quizá… ¿no supo ver que el “momento” se rige por el azar y el Caos, no por ninguna pauta lógica? Quizá, en eso, los herederos de Roma tampoco hayamos acabado siendo demasiado diferentes al gran bárbaro….
* Última fotografía: The theme of the Seventh International Sand Sculpture Festival was "discoveries". This Dali-inspired work on the theme of clocks has the Clock Tower (please note the proper name - Big Ben is the bell) of the Palace of Westminster at its summit. GNU Free Documentation License

domingo, 23 de noviembre de 2008

Gomorra o sobre el eterno problema de Italia

Se dice que el Emperador Nerón gustaba de ir camuflado por entre las calles de Roma. Escoltado por guardias, igualmente disfrazados, veía, gozaba y reflexionaba acerca de la vida nocturna de su capital. Prostíbulos, tabernas… el ojo purpúreo del César ansiaba conocer los vicios y costumbres de su pueblo. Posiblemente fuere en una de estas visitas cuando se le ocurriera la idea de quemar el grueso de la ciudad, eliminar el desorden reconstruyendo una urbe nueva.
Nerón fue uno más en una sucesión de viciosos. Los biógrafos del Poder, en aquel momento romano, nos hablan de un Augusto, ávido desvirgador” de niñas inocentes, de un promiscuo Tiberio, un obseso Calígula o un “curioso”, con todos los significados posibles, Nerón. Pese a todo, no cabe duda de que fue uno de los gobernantes más ingeniosos, un Emperador equiparable al más grande, una persona enigmática. No cuesta pensar que los continuos disturbios callejeros le molestaran. El orden era su obligación, y la plebe más radicalizada, unos incómodos inquilinos.
El Imperio Romano, en cuanto a su nacimiento se refiere, mucho debería a la Guerra Civil entre Pompeyo y César, y la victoria de éste, al domino en la guerra de “pandillas”. Estuvieren inmersos en la lascivia del lupanar, o en el enojo de no ser recompensando por un pueblo honorable, está meridianamente claro que pensar en los ojos de Nerón, del Princeps de la antigua Roma y haber visto el film-documental, “Gomorra”, sirven para recapacitar sobre el problema italiano, cuasi por necesaria definición, mediterráneo. Hace un tiempo tuve a un entrañable profesor de italiano, D. Giaccomo. Cuando aún no había sido, siquiera, traducida al español, fue la primera persona de la que oí hablar respecto al libro, en lo sucesivo “obra maestra”, de Roberto Saviano. Mi “primordial” nivel de italiano en aquel momento me privó de poder hacerle caso, sólo ahora he podido comprender cuánto me arrepiento. Tal y como ya se hiciera en España con el memorable “Diario de un Skin”, Saviano se sumerge en las vergüenzas de Italia, no sin peligros, sí con coraje y rigurosidad. Nerón, haciendo un cambio de paradigma en el tiempo, que no en el espacio, bien podría haber sacado provecho del mismo libro.
Italia se caracteriza por ser un país densamente poblado, ya desde la antigüedad. La abundante emigración italiana, a lo largo del globo, es proverbial, fácilmente comprensible si tenemos en cuenta el tamaño de su territorio en comparación, por ejemplo, con España. Muy intuitivamente, creo ver cierta correlación entre la densidad y la violencia. La sobrepoblación de los barrios bajos con una autonomía del Poder, monopolizada por aquellos que mejor saben valerse, es decir, los violentos. César ganó su Guerra Civil en parte a ellos, algunos políticos actuales ganan elecciones. El fenómeno “mafioso” no es tanto un tipo delictivo como una estructura de poder. Sin miedo a equivocarnos, podríamos llegar a decir que Italia forma parte del G-8, en parte por su mayor internacional, la propia mafia.
De la misma forma que es cuasi imposible acabar con el árbol sin desenterrar sus raíces, algo semejante pasa con la mafia. Los motivos, en no pocas veces, nos remiten a misteriosos intereses, pendientes resbaladizas donde sólo los valientes, como Saviano, son capaces de husmear. Allá donde actúa, monopoliza la delincuencia. No existen bandas de albano-kosovares o de gitanos rumanos donde se alza el águila de Roma. Sufrirla siempre implica monopolizarla, pues se trata de un segundo Estado, que como tal, intenta monopolizar el uso de la violencia.
Siendo utilitaristas, y en esta ocasión “egoístas” al preocuparnos sólo de nuestro problema interno, debemos decir que España se halla, según se nos informa por multitud de medios, en el punto de mira de los mafiosos. Sin llegar a envenenar la tierra sepultando bidones de residuos tóxicos (véase el “caso de la mozzarella”), o el alto índice de asesinatos de la región de Nápoles, diversos enclaves de la geografía patria comienzan a sufrir los achaques de esta genuina internacional (sobre todo, en forma de semi-desiertas pizzerías).
La globalización, una vez más, extiende los tentáculos del pulpo local hacia el global océano. Somos víctimas de unos mismos males, al igual que partícipes de una misma economía internacionalizada. Los problemas de unos nos agotan al resto, no habiendo sido capaces, aún, de percatarnos sobre cómo los problemas de un rincón de Europa son capaces de ensuciar al resto de la Unión Europea. ¿A qué espera la “eventual potencia”? ¿Cuándo habrá una firme respuesta contra los violentos camorristas? ¿Será posible que vuelva a pasar un tiempo como el que nos separa de Nerón? Esperemos que nuestros hijos, no vean a través de los ojos del César…
Ilustraciones:
1) Image by John Leech, from: The Comic History of Rome by Gilbert Abbott A Beckett.
2) Frank_Costello_-_Kefauver_Committee