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lunes, 14 de junio de 2010

Caravaggio, el genio sin casilla.

Hoy en día existen dos temas incómodos por antonomasia: el sionismo y la homosexualidad. ¿Qué decir si tratamos la prohibición de desfilar en el Día del Orgullo Gay, en Madrid, a la delegación de Israel? No por pudor político, ni miedo a expresarme, dejo este tema a un lado, pues es la punta de un iceberg inabarcable en este sólo artículo. Me atreveré, muy por encima en esta ocasión, del segundo de los temas “tabú”: la homosexualidad. En ciertas zonas de la calle Urgell, y circundantes, de Barcelona, así como en el conocido barrio de Chueca de Madrid se está dando una contingencia, cuanto menos digna de análisis. Son los “barrios gay” de las dos grandes ciudades de España, centros turísticos para los miembros de la comunidad homosexual, donde habitan muchos de ellos, a la vez que se ofrece una variada oferta de ocio relacionada con el “ambiente”. La ambigüedad y oscurantismo que encierra todo lo referente a la homosexualidad es uno de los objetos para el estudio sociológico más sugerentes en la actualidad.
Entrando de lleno en el terreno de lo fangoso, donde uno corre el peligro de no saber expresarse bien, diré que los “barrios gay” me recuerdan, aunque sólo sea levemente, a los célebres guetos judíos. Lugares en los que abunda una comunidad, de alguna forma “diferente”, e incluso “controvertida”, respecto a los miembros estándar de la sociedad. Sinceramente, a veces me da la sensación de que la “fundación” de barrios mayoritariamente homosexuales no hace más que acentuar lo “particular-especial”, en algo que debe ser “natural”: la libertad de orientación sexual. Algo así sucede con los desfiles del día del Orgullo Gay, desde todo punto de vista, a mi ver, un grito hacia la diferencia, hacia la “especialidad” dentro de una sociedad en la que, para algunos, tiene sentido “desfilar”, mostrarse con total sobreiluminación, y en no pocas ocasiones, caricaturización de lo que debiera ser legítimo y natural. Y es que desde una óptica “estándar”, heterosexual (me resisto a decir “normal”, por sus connotaciones peyorativas), me produce cierto rechazo algunos de los estereotipos que acompañan a “lo homosexual”. Pongamos un ejemplo claro.
Una de mis mayores aficiones es el arte, la pintura para ser más exactos. Dentro de los diferentes estilos, movimientos pictóricos, me ha llamado siempre la atención el Barroco, muy especialmente las obras de los pintores flamencos, y cómo no, de los genios patrios: Velázquez, Ribera o Zurbarán. Dentro de mis pintores favoritos destaca Caravaggio, el genial pintor italiano, creador del “tenebrismo”, así como de algunas de las pinturas más realistas de cuantas se puedan contemplar en museo alguno. Muy especialmente me gusta su cuadro: “El amor victorioso”, por la sutileza de la representación del joven Cupido.
Me chocó mucho leer en un libro sobre las pinturas más influyentes de la Historia, promovido por la Fundación BBVA, que el brazo derecho del ángel (ver primera imagen) había hecho correr “ríos de tinta”. Obviamente, y no sólo por joven maldad, pensé que se refería a una eventual condición sexual del pintor, a la vez que del modelo que sirvió para el retrato. No es que me sorprenda o preocupe su eventual condición sexual, es algo accesorio, pero sí que me sorprendió que, una vez más, a un gran genio del arte se le incluya en el amplio campo de la homosexualidad, junto a Da Vinci, Michelangelo o Shakespeare. ¿Acaso la “heterosexualidad” es contraria al sentimiento, es contradictoria con la sensibilidad hacia el arte? Me resisto a creer que una eventual condición homosexual fuera uno de los factores clave para el genio de Caravaggio. Hoy en día, perdonen la expresión, la homosexualidad parece predisponer hacia el arte, ¿no es sólo un tópico más?
Caravaggio fue ante todo alguien singular. Frecuentó los peores barrios de Roma, acompañado siempre de bohemios amigos, en ocasiones violentos, y de prostitutas. Michelangelo Merisi, nombre oficial del pintor, era capaz de extraer una idea de la realidad y hacerla aparecer en lo utópico de un cuadro de temática religiosa. Así, Caravaggio fue capaz de poner la cara de una prostituta, muerta en injustas circunstancias, a la Virgen María, según afirman autorizados críticos en relación con el cuadro: “La muerte de la Virgen” (a la derecha), conservado en el museo del Louvre (cuadro que fue rechazado por la Iglesia, quien lo encargara, y que fascinó a Rubens, otro de los grandes genios de la pintura universal).
Según recoge Helen Langdon, quizá la más autorizada biógrafa del genio barroco, el tópico de la homosexualidad de Caravaggio fue iniciado por el viajero inglés Richard Symonds (quien visitara el Palazzo Giustiniani allá por los años 1649-1650), al que tilda de “turista inglés, convencido de que la sodomía era una de las prácticas predilectas de los italianos”. El chico que le sirve de modelo difícilmente puede identificarse con Cecco del Caravaggio (su discípulo predilecto), sigue la autora, por evidentes razones de edad.
Sea por lo que sea, la sexualidad de Caravaggio es un misterio, como buena parte de toda su vida privada, sin embargo, ¿podemos decir que sólo por su arte debió serlo? ¿Orientación sexual y habilidad artística tienen alguna relación, acaso la tienen con la sensibilidad? Por mi parte creo que no, sería cuestión, de una vez por todas, de fomentar la cultura y a sus creadores, no centrarnos en políticas bobas sobre orientación sexual, cuando lo que debe caracterizar a la misma es, precisamente, su "naturalidad".

viernes, 19 de junio de 2009

Hoy es un buen día para rezar

Ha muerto un Santo en vida, D. Vicente Ferrer i Moncho. Víctima de problemas cardio-respiratorios, motivados, fundamentalmente, por la embolia que sufrió el pasado mes de marzo. Hoy es un buen día para rezar. No porque el Mundo sea más justo, no porque Dios haga hecho acto de presencia levantando la bandera de Libra sobre la cabeza de cualquier mortal. Ni mucho menos. La ocasión de rezar viene motivada por una ínfima probabilidad, en algo asegurable: "recen, no viniera el Juicio Final y D. Vicente sin reconocimiento". La beatificación del barcelonés es, hoy más que nunca, inexcusable. Sin embargo, un servidor tiene muchas dudas de que pueda llevarse a efecto. Ferrer muere sin haber recibido el Premio Nobel de la Paz (galardón que recibiera, entre otros, Henry Kissinger (quizá en memoria de Allende)). La beatificación de un hombre que fue "raptado" por la República (alistado en la Quinta del Biberón) y preso en el campo de concentración franquista de Betanzos (año 1939) sería un hecho simbólico. Ferrer abandonó sus estudios de Derecho el año 1944 para pasar a formar parte de las filas de la Compañía de Jesús ("Jesuitas"), la cual abandonó en el año 1970 para pasar a contraer matrimonio con Anne Perry, periodista inglesa. De su unión nacieron varios hijos, sin que por ello dejara de "apadrinar" a más de dos millones de indios pobres. El año 1996 funda la Fundación que lleva su nombre (para organizar su acción y garantizar la continuación de su trabajo). Posteriormente recibiría, entre otros reconocimientos, el premio Príncipe de Asturias de la Concordia (1998), la Cruz de Sant Jordi (2000) o la Gran Cruz del Orden del Mérito Civil (2009). Por todo ello, no es de extrañar que la Unesco lo considere, desde el año 2001, personaje destacado para el estudio del siglo XX. El átomo primordial de su loable acción es, según se nos explica en la web de la Fundación, “El milagro de dar”, el cual consistía en una pequeña ayuda económica y el asesoramiento técnico necesario para obtener agua para los cultivos; instando a cada campesino para que al finalizar la ayuda devolviera lo prestado (sin intereses), un sistema no muy diferente al practicado por el Nobel Muhammad Yunus (más conocido como el "banquero de los pobres"), quien recibiera con Ferrer el premio Príncipe de Asturias ese mismo año 1998. Desde que en 1952 llegara a Mumbai como misionero jesuita, hasta el día de su muerte, Vicente Ferrer ha sido un ejemplo, un "mártir de la injusticia y del insuficiente reconocimiento", luchemos por su memoria y por hacer al Mundo consciente de cuán necesarios son hombres de su talla.... Napoleones de la Humanidad, aniquiladores de la Pobreza y el desamparo humanos.

Imagen: genial fotografía de Borja Luque.

http://borjaluquepardo.blogspot.com/

domingo, 15 de marzo de 2009

El porqué soy Cristiano

“Con respecto a los dioses, no puedo decir con seguridad que existen o que no existen, ni tampoco cómo es realmente su figura; porque hay muchas cosas que dificultan nuestro conocimiento seguro, la oscuridad del asunto y la brevedad de la vida humana”.
Protágoras
Ninguna idea es innata” afirmaba John Locke; ciertamente, tampoco lo es la idea de “Dios”. Una de las grandes quimeras de los libros de historia es el olvido que hacen del ateísmo como posibilidad en la historia. Al respecto, hay quien dice ver al ateísmo como pensamiento predominante en civilizaciones como la Antigua China, o en religiones como el Budismo (donde no se reconoce a “un Dios”).
Si bien algunos lo consideran un agnóstico (Bowra), Protágoras bien pudiere haber sido uno de los más eminentes ateos de la antigüedad, junto con figuras de la talla de Confucio. Precisamente, el pensamiento religioso de este último ha sido una continúa controversia. Para algunos, Confucio es el exponente de un librepensamiento ejemplar, al margen de los dogmas religiosos. Para otros, un hombre sumamente espiritual, y por ende, creyente. Unos textos, al respecto, para la reflexión, bien pudieran ser éstos:
"Maestro, ¿cuál es la forma más idónea de servir a los Dioses?".
"Antes de servir a los Dioses, preocúpate de servir a los hombres que te rodean, de hacerlos nobles, valerosos, honrados justos y virtuosos; y una vez realizado lo anterior, dedícate a los Dioses”.
Estas posiciones se han visto enfrentadas a lo largo de los tiempos. La Iglesia católica llegó a investigar su biografía con el afán de convertir al cristianismo a los confucianos (alegando que su Maestro, fue un "ancestral cristiano". Voltaire, en su “Filosofía de la Historia (cap. XVIII)” cita a un jesuita enviado a China, sin conocer una voz en mandarín, para resolver la cuestión. El jesuita volvió afirmando que Confucio, sin lugar a dudas, era ateo. Ciertamente, la Iglesia, a lo largo de la historia, ha asimilado al ateísmo con las religiones opuestas (particularmente en lo que a las animistas se refiere). Por contra, cualquier vestigio de pensamiento “civilizado” ha sido interpretado como indicio de la creencia en un Dios, habiéndose llegado a argumentar el cristianismo, no sólo de Confucio, sino también de Platón o Marco Aurelio.
No cabe duda de que la Iglesia ha sido el mayor exponente de la pedante ignorancia europea de las épocas medieval, moderna, y en no poca medida, contemporánea. Al respecto, Voltaire, en su “Ensayo sobre las costumbres (cap. II)” afirma sobre los europeos, y ante todo, sobre el eurocentrismo, que “nosotros juzgamos sus costumbres sobre la base de las nuestras porque llevamos hasta los confines del mundo los prejuicios de nuestro espíritu litigante”.
Me gustaría destacar dos vertientes de lo religioso: las creencias y la civilización a la que va aparejado. Desde éste último punto de vista, so le pese a Dawkins o a Russell, somos cristianos aquellos que hemos nacido y nos hemos desarrollado en alguno de los países de Occidente. Sin embargo, siguiendo a Russell, en su obra: “Por qué no soy cristiano”, no me considero, al menos en cuanto a mi persona, “cristiano” en lo que se refiere a las creencias, pues no cumplo los postulados, que para serlo exige, acertadamente, el autor: creer en Dios y en la inmortalidad, y tener alguna clase de creencia, como el nombre indica, acerca de Cristo. Niego mayores méritos a Cristo que a Marco Aurelio, Platón, Aristóteles, Plinio o Protágoras, todos ellos fueron grandes sabios de la Antigüedad, y en el caso de Jesús, al igual que Mahoma, claros ejemplos, de lo que hoy llamaríamos, “activistas políticos”.
Nada más lejos de la realidad, el lado “bueno y seductor” del fenómeno religioso, cuanto menos en lo que a las grandes religiones se refiere, nos viene dado por el componente sincretista de las mismas. La religión islámica, por poner el más claro ejemplo, tuvo en sus inicios tintes de “revolución”. Que ciudades como Alejandría o Damasco se entregaran a la fe de Mahoma se explica a través de la economía, y no mediante argumentos místicos, pues en estos casos se trataba de urbes “explotadas” por el centralismo bizantino, mientras que en la Hispania goda, la “invasión”, o mejor dicho, “revolución islámica” (siguiendo a Olagüe, entre otros) se debió a una situación de crisis ligada al desgobierno y a los excesos de la clase dirigente (todas estas explicaciones, claro está, hechas desde una óptica breve y superficial, acorde con la extensión de este post).
Lo realmente bueno del Islam fue el haber unido a varios miles de personas y cientos de culturas en un mismo seno; ayudando a extender la cultura hindú en España, o la Persa en Sicilia, a la vez que parte de la Europea en Oriente. Una vez todo “se extendió”, el Islam comenzó a secarse, no tan sólo por la intolerancia correlativa a la hostilidad occidental, sino también por la falta de argumentos. Así, el Islam no es ni mejor ni peor que otras religiones, simplemente una opción cultural más y una creencia religiosa, a mi ver, tan trasnochada como el resto. Algo así hubiera ocurrido en Europa sin el Humanismo.
Las religiones son respetables, definitorias de una civilización, y en fases primarias de conocimiento científico, remedios con los que encauzar nuestra potencial ignorancia. Una vez la ciencia avanza, los postulados atribuidos a Darwin ganan peso, y las matemáticas tienen en consideración, cada vez más, la estadística y las leyes del Caos, la religión como “creencia” carece, a mi ver, de sentido, es por eso que soy “culturalmente” cristiano, sólo que no creo en la existencia de lo místico…
Un último texto para la reflexión:
"Muchos de nosotros veíamos a la religión como una tontería inofensiva. Puede que las creencias carezcan de toda evidencia pero, pensábamos, si la gente necesitaba un consuelo en el que apoyarse, ¿dónde está el daño? El 11 de septiembre lo cambió todo. La fe revelada no es una tontería inofensiva, puede ser una tontería letalmente peligrosa. Peligrosa porque le da a la gente una confianza firme en su propia rectitud. Peligrosa porque les da el falso coraje de matarse a sí mismos, lo que automáticamente elimina las barreras normales para matar a otros. Peligrosa porque les inculca enemistad a otras personas etiquetadas únicamente por una diferencia en tradiciones heredadas. Y peligrosa porque todos hemos adquirido un extraño respeto que protege con exclusividad a la religión de la crítica normal. ¡Dejemos ya de ser tan condenadamente respetuosos!"
Dawkins
* Libro recomendado: Formigari Lia, “El mono y las estrellas”, Barcelona, Ediciones El Serbal, 1984

jueves, 24 de abril de 2008

Iglesia v.s. física cuántica

Imaginemos que hoy nos tocó en suerte una genial clase de Física y Matemáticas. El profesor, sólo para esta sesión, será Gödel, Hofstadter, Feynman, o quizás, de haber suerte, Heinserberg o Bohr. A estas alturas pocos serán quienes no se hayan percatado de que se trata de una clase poco habitual, una lección predestinada a cambiarnos nuestra concepción sobre la vida, la imagen que percibimos de nuestro mundo, presuntamente perfecto, pese a estar, locamente, abocado al impredecible infinito. Para iniciar nuestra sesión científica el profesor comienza hablando del Sumo Pontífice. Según Joseph Ratzinger, nombre mortal del actual Papa, el relativismo “es el problema más grande de esta época”. “Abdicar de la verdad no salva al hombre”, añadiendo que “la fe cristiana impulsa inexorablemente hacia la verdad”. Seguramente, en nuestra jerarquía de citas, el Papa bien pueda ocupar una de las posiciones más, al menos socialmente, predominantes. Cuanto menos, el testimonio del Papa Benedicto en su obra: «Fede, verità, tolleranza - Il cristianesimo e le religioni del mondo» nos resulta de gran utilidad para resumir la percepción “existencial” que hasta nuestros días se nos ha enseñado de éste, nuestro mundo. Dios es Orden, la Verdad, la culminación final de todo camino vital: llegar a encontrarse con el platónico cielo de las ideas de Platón, llámese, equivalentemente, Cielo cristiano. Sin ostentar militancia religiosa, acaso tampoco política, podemos llegar a reconocer que estamos totalmente influidos por la mayor parte de los postulados de la ciencia occidental histórica, resumidos y esgrimidos, desde ya hace siglos, por la teología cristiana. No serán pocos quienes se frustraran cuando nuestro imaginario profesor diga que hemos sido ciegos hasta el momento. Rápidamente, despojándose de toda pretensión mesiánica, el maestro nos aclara su falta de propósitos adoctrinadores, mucho menos religiosos. Sigue la explicación. Será ínfima la proporción de alumnos que haya pensado alguno vez en la irregularidad de la farola, lo malamente esférico de la naranja o la falsa rectitud del lápiz. Asombrosamente, algo tan “a priori” perfectamente geométrico no deja de ser una abstracción que realiza nuestro cerebro, consecuente con lo percibido por nuestros sentidos, al no poder contemplar o analizar los infinitésimos átomos, y quarks, que componen nuestro mundo. Un matemático de la talla de Gödel afirmó que ningún sistema formal, por bien construido que esté, puede ser perfecto, en el sentido de reproducir toda proposición verdadera bajo la forma de teorema. Tal y como puntualiza Hofstadter (en su inexcusable libro: “Gödel, Escher, Bach. Un eterno y grácil bucle”), “el hecho de que la verdad trascienda a la teoremidad, en cualquier sistema formal dado, es conocido como “incompletitud” de tal sistema”. La lógica pierde buena parte de su sentido con lo dicho, recogiéndose puros cartuchos de explosivo con los que erosionar los fundamentos de nuestra ciencia “enseñada”, que no en todo moderna. Newton erró, al igual que tantos antes. El paradigma científico actual nos muestra cómo las leyes elementales de la física o la geometría de Euclides están sucumbiendo a nuevas teorías de mayor, y más necesitado, alcance. El miedo encarnado por el jefe de la Iglesia católica encuentra correlato en la amenaza de que se erija una nueva “gran teoría” que explique fenómenos tanto de las ciencias sociales como de la Naturaleza, del medio ambiente al hombre, pasando por toda empírica existencia. Plenamente relacionado con ello está una de las grandes contribuciones al pensamiento humano de los últimos tiempos, la física cuántica. Teorías, para nada cercanas al gran público (salvo contados libros como el de Hofstadter o los varios, y a cuál más útil, de John Gribbin), se están aproximando a un gran cambio predestinado a trastornar nuestra concepción global del pensamiento, y por definición de todas las ciencias. Conceptos como Azar (la tan temida diosa Fortuna), incertidumbre, entropía, termodinámica, y sobre todo, la teoría de campos, son algunas de las nuevas lecciones que, lejos de quedar en lecciones imaginarias como la de hoy, pronto monopolizarán las aulas de los centros impregnados en el progreso (al menos en actualidad) inherente al conocimiento científico. El relativismo no es nada más que la vida empírica del infinito. Como diría Niels Bohr: “es incorrecto pensar que la teoría de la física es descubrir cómo es la naturaleza. La física se preocupa de lo que podemos decir sobre la naturaleza”. Uno de los grandes divulgadores de nuestro tiempo, Isaac Asimov, destacó la necesidad de diferenciar lo “desconocido” de lo “incognoscible”, es decir, aquello a lo que no ha alcanzado la Ciencia atribuir explicación frente a aquello otro para lo cual jamás estará facultada para atribuírselo. Heinserberg nos propone un pensamiento genial para la reflexión: “es imposible determinar simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula”, formulación científica de la que extraería su “principio de incertidumbre”, virtud del cual: todas las formas de materia son indeterminadas por su propio carácter, no por problemas de medición. El objetivismo hecho pedazos, relativismo con el que destrozar nuestra ciencia clásica, a Descartes, a los lógicos y demás matemáticos idealistas, todo ellos, literalmente, tirados a la basura por la teoría del Caos y la incertidumbre. Pese a todo, todo ello nos ayuda a crear, dentro del más imperfecto desorden, los incentivos que nos motivan para el conocimiento.
  • En primer término, fractal con cierta forma de "Buda": http://commons.wikimedia.org/. En segundo lugar, montaje de Saturno con sus lunas: Montage of Saturn and several of its satellites, Dione, Tethys, Mimas, Enceladus, Rhea, and Titan. From site of NASA

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La Cienciología o sobre el peligro de las sectas

Secta. f. Doctrina enseñada por un maestro y seguida y defendida por otros. ║ Doctrina religiosa considerada errónea, o que se aparta de la oficial o tradicional. ║ Grupo que la sigue. ║ Sociedad secreta dedicada espec. a la política.
“Psiquiatría: una industria de la muerte” es el nombre de un documental que ha llegado a buena parte de las oficinas de profesionales relacionados con el mundo del Derecho. Firmada por Kendrick Moxon, presunto Asesor General, el DVD se envía dentro de un estuche que roza lo grotesco: un título e imágenes desmesuradamente sensacionalistas con el único objetivo de generar impacto dentro de nuestras mentes. El vídeo en cuestión parece venir de Naciones Unidas; el nombre de “Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos” (“institución” que lo envía) así nos hace creer, no siendo más que al realizarse una aplicación de una de las grandes reglas del jurista (leer la letra pequeña) que nos hace percatarnos que nos encontramos ante una maniobra de la “iglesia” de la Cienciología.
A todos nos sonará la imagen de Tom Cruise (y sus estrambóticos actos) o, aquélla tan cómica, de las bodas con sartenes por medio. La Ciencielogía crece ante la indiferencia de los grandes poderes: se trata de una secta que coloniza las mentes de una sociedad huérfana, donde el valor religioso se ha perdido y la búsqueda de la Verdad, contentado con los avances, no siempre conocidos por la masa social, de la Ciencia. Nada más lejos de la realidad, y es que el hombre dista de haberse emancipado, del todo, de la necesidad de "tutela religiosa".
La teoría del Caos, al igual que la darwinista, no han sabido, por el momento, ser enseñadas de tal forma que calen en las mentes del ciudadano medio. Sigue siendo más fácil prometer el Paraíso terrenal que leer un libro de Penrose o Tipler. Ciertamente, la mayor parte de la gente se queda con que venimos del mono y que la suerte y el azar son los grandes motores del mundo en que vivimos... El hombre busca su logos en el más absoluto caos sin saber hacerse un hueco. El Viejo de las Montañas, con sus píldoras de hachís, parece estar riéndose desde su trono en los infiernos; el hombre tropieza con la misma piedra, necesitando de un consuelo que no sabe dónde encontrarlo.
Muchas veces se ha tildado al propio cristianismo de secta, de movimiento revolucionario con la única finalidad de acabar con el orbe romano. Personajes como Constantino o Justiniano desmontan tales tesis, la religión de Cristo no sólo se adoptó sino que se configuraría como fuente de legitimación del poder del basileo. Frente a un mundo donde el folklore religioso estaba en crisis, ¿por qué no pensar en el cristianismo como cambio de paradigma? ¿Un cambio de perspectiva y quién sabe si, propiamente, científica? La Cienciología no encuentra fuente racional alguna. Se basa en la bondad del hombre y la comunidad en secta, todo son críticas a los psiquiatras.
Anteponiendo a sus ideólogos a Freud o Jung: “iglesias” por divanes, manipulación mental por ayuda médica. Casos pasados como el de “Los Legionarios de Cristo”, los cataros o los hassassin ismaelitas no son más que manifestaciones de un mismo mal: el inmovilismo de la jerarquía de la religión imperante ante una sociedad que cambia continuamente.
Al igual que el derecho (siempre respetando su autonomía), el paradigma existencial y legitimador de nuestra sociedad debe modularse en base a nuestras percepciones y creencias como grupo. No puede hablarse de milagros, de canonizaciones y de ángeles, ¡sin saberse argumentar cómo corría Adán delante del tiranosaurio u ordeñaba Eva a la hembra de rinoceronte lanudo! Religión y Ciencia deben salvar la crisis “existencial” que sufre nuestra sociedad, verdadera arma final con la que poder luchar contra las sectas. El psicólogo-psiquiatra y el cura no son antónimos sino una misma cosa: tutores de unas creencias. Llegar, mayormente, a la sociedad debe ser el primer objetivo de los cardenales y demás jerarcas de la Santa Madre Iglesia, al igual para los musulmanes, hebreos y budistas. La coordinación de los avances científicos con la educación y las creencias es una necesidad para el homo religiosus, no importando si debe aceptarse que Dios sea el orden dentro del Azar o los dinosaurios producto de la evolución que rige las leyes de la Naturaleza...