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sábado, 27 de junio de 2009

Zenobia

"Ya no quedaba ningún pudor; en las penosas circunstancias por las que pasaba el Estado, se llegó a tal punto que, mientras Galieno se comportaba de un modo incalificable, las mujeres, incluso, gobernaron de manera brillante, y aún las extranjeras".

Trebelio Polión, "Historia Augusta"

Existen nombres que denotan algo más que calificativos. Figuras que ocupan un lugar equidistante entre los dioses y los terrenos, entre la Verdad y el Mito. Como en tantas otras facetas de lo real, en todo lo que rodea al soberano de turno, ello es, aún, más manifiesto. Fuera de los casos de las "egipcias" Hatshepsut o Cleopatra, o la asiria Semíramis (quien se encaprichara de los memorables "jardines colgantes"), es extraño ligar nombres femeninos a la historia greco-romana. Como excepción que confirma la regla, durante el Bajo Imperio Romano - inicios del Imperio Bizantino surgieron nombres de mujer que ostentaron el máximo poder sobre las cabezas de miles de hombres; éste es el caso de Gala Placidia, Amalasunta, Teodora.... o Zenobia.

Refiriéndose a la época en que a la reina Zenobia le tocó vivir, Trebelio Polión, autor a quien se le atribuye comúnmente este fragmento de la "Historia Augusta", habla de un tiempo en el que las mujeres, incluso, gobernaban de una forma brillante (no limitándose a citar a las legendarias matronas romanas, sino que incluso, se atreve a referirse a las mujeres "bárbaras" o extranjeras).

Zenobia, menos conocida como Septimia Bathzabbai Zainib, era viuda de Odenato (príncipe "títere" de Roma, quien defendiera la frontera romana de Oriente frente a las terroríficas huestes persas). Justo cuando estaba en una de sus campañas, Odenato cayó asesinado (por un sobrino suyo, Meonio, según la tradición) junto a su hijo y heredero, Septimio Herodes, fruto de una relación anterior del cónyuge de Zenobia. No es extraño, de hecho, que se opine que bien pudiera haber sido ella quien ordenó su muerte, pues luego se alzó con el poder de su poderosa ciudad (y reino), Palmira, en tanto que regente, siendo herederos sus hijos, quienes estaban por detrás del difunto hijo de Odenato en la línea de sucesión.

El reino de Zenobia sería celebre por ser lugar de tránsito obligado para los mercaderes de la Ruta de la Seda. Allí llegaban las sedas chinas, las especias de la India, así como el incienso árabe. El clima "helenístico" de tolerancia hacia todas las religiones hizo que en su reino se aposentaran grandes sabios de la talla de Longino o de Pablo de Samosata (maestro de Arrio).

Volviendo con nuestra reina, los comentarios "machistas" del cronista romano no cesan con las palabras arriba citadas. Al caracterizar a Zenobia, recurso común en la época, se le tilda de "varonil", así como se afirman anécdotas tan curiosas de la reina como que, por ejemplo: era prudentemente genorosa y "se encargaba de la custodia del erario mejor de lo que es habitual en el género femenino", "cazaba con la pasión de los hispanos" o bebía con los soldados. En defensa de Polión debe decirse que era "cuestión de estilo", o cuanto menos común, considerar que la mujer siempre estaba supeditada al hombre, y como tal, era de inferior valía y mayor debilidad. Al ser válida, o más aún, "poderosa", Zenobia debía tener, como excepción, valores masculinos, y por ello, ser buena gobernante.

En nombre de su hijo (Vallabato), se hizo con el control de buena parte de la mitad oriental del Imperio (incluyendo a Siria, Egipto o Palestina, y por ende, a ciudades como las importantísimas Antioquía o Alejandría). El acto formal de soberanía fue la acuñación de moneda en su nombre, Odenato jamás se atrevió a ello, situándose, aunque fuera mera cuestión diplomática, siempre supeditado al Emperador romano. Zenobia se extralimitó, supero la costumbre de su difunto marido de hacerse llamar "Rey de reyes", con total mofa respecto al monarca persa, quien acostumbraba a llamarse así. Zenobia no usaba carruaje de mujer, dice el cronista, prefería utilizar el vehículo de soberana. Quizá la peor fortuna de Zenobia fuera la llegada al poder de uno de los conocidos como Emperadores de la "mano a la espada" (oriundos de la posterior Yugoslavia, al igual que Diocleciano, o el propio Justiniano), a la sazón, el Divino Aureliano.

Aureliano, dicen los cronistas romanos, no era "buena persona" pero sí un "eficaz gobernante". Reinstauró la unidad del Imperio cuando nadie volvía a apostar por ella (RESTITVTOR), acabando con la pretensiones de Tétrico (quien intentó crear un imperio paralelo en la Galia) y de Zenobia.... No obstante, para cualquier visitante de Roma será fácil reconocer, y admirar, la obra del Emperador romano, al ser él quien mandó construir las más pomposas defensas de la "ciudad eterna", la muralla aureliana.

Las catafractas (caballería acorazada) de la reina Zenobia no supieron aguantar el empuje de las tropas ligeras romanas, y sus auxiliares. Hasta el último momento, Zenobia esperó una ayuda de persas y árabes, la cual no llegó, o distó mucho de ser decisiva. Aureliano intentó ser clemente pidiendo la rendición, sin consecuencias, de la poderosa Palmira, Zenobia se negó, siendo hecha presa, posteriormente, cuando intentaba huir, montada en dromedaria, hacia la rival Persia. El carácter y fama de la reina de Palmira fue tal que el Emperador Aureliano la fue exponiendo en todas las urbes por las que pasaba. Durante su triunfo, suntuosa y bien ataviada, fue atada con gruesas cadenas de oro y enseñada, deshonrada, al pueblo de Roma. La venganza del romano fue sumamente sutil. En vez de morir estrangulada en las mazmorras, como acaecía con todos los monarcas prisioneros que eran exhibidos en los triunfos romanos, Zenobia fue "perdonada". Se le confinó en una rica villa de Tívoli, cerca de la que construyera Adriano con anterioridad (la célebre Villa Adriana, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco).

Aureliano fue sabio, en vez de hacer un mártir, al que pudieran seguir rebeliones en Egipto o la propia Palmira (de hecho volvió a revelarse la ciudad, siendo, esta vez, destruidas sus murallas, hasta que Diocleciano las reformó, situando un campamento romano, semejante al que hiciera, de forma un tanto "hortera", en el gran templo de Luxor), convirtió a la reina en una "honorable matrona romana", contrayendo, posteriormente, matrimonio con un senador.

Primera imagen: "Puesta de sol en las ruinas de Palmira, Siria." de Yvonnefm (This file is licensed under the Creative Commons Attribution ShareAlike 3.0).

Segunda imagen: "Queen Zenobia's Last Look Upon Palmyra" de Herbert Schmalz (http://www.illusionsgallery.com/Zenobia.html).

Tercera imagen: "Templo de Bel en Palmyra, Syria" de Yvonnefm (This file is licensed under the Creative Commons Attribution ShareAlike 3.0).

Cuarta imagen: Aureliano ("Busto in bronzo dell' imperatore Aureliano, secolo III d.C. Museo di Santa Giulia, Brescia". Italian Wikipedia, original upload mar 18, 2005 by Lotho2). Licencia GNU.

* Otros posts en Nubiru que te pueden interesar: 1) "Las catafractas y el inicio de la Edad Media" 2) "La mirada del águila" 3) "Gala Placidia o sobre el éxito de una mujer romana" 4) "La muerte de Teodora"

martes, 3 de marzo de 2009

Hace DOS años... ¡Felicidades Nubiru!

Tal día como hoy, a la misma hora, día y lugar, nació Nubiru. Fue en época de exámenes, la penúltima de cuantas aquejaría durante mi licenciatura jurídica. El remedio al estrés del momento se extralimitó, absorbiendo buena parte de mis deseos e ilusiones. Nubiru; ese nombre me vino a la cabeza en cuanto quise buscar algún título por el que dar a conocer mi nuevo blog. Y es que, en efecto, la palabra me transmitía buenas vibraciones.
Hace 8 años se me ocurrió escribir un artículo en la revista de mi instituto (el IES VILATZARA, de Vilassar de Mar, Barcelona) sobre algo que me había llamado la atención. Una mañana, tumbado en el sofá (o "tronco de la iguana", como solía conocerlo), estuve viendo un documental del Discovery Channel, en el que para mi sorpresa, se hablaba, entre otras cosas, de Mesopotamia. Junto a mitos y leyendas de Moáis y demás teorías esotéricas sobre civilizaciones antiguas y extraterrestres, pude escuchar algo referente a Sumer y el décimo planeta del sistema solar, Nubiru. Según se decía en tan, personalmente, memorable documental, los nefilim (habitantes de Nubiru) fueron quienes bajaron a la Tierra y fundaron la civilización humana. Desde sus zikkurats, los nefilim se irguieron como los reyezuelos tanto del Tigris, como del Éufrates, enseñando a sus siervos los misterios de la civilización.
La verdad es que, fuera del esoterismo, cierto es que los antiguos sumerios, y babilónicos, supieron de la existencia de un planeta que no se ha identificado con ninguno de los otros 9, hoy en día, oficiales. Sabiendo que la Luna se encuentra representada en la tablilla de la discordia (pues no distinguían "planetas" y "satélites", en los términos actuales), dado el número de planetas representados, el misterio es evidente. Con todo, el éxito del artículo fue notorio. Profesores y alumnos me felicitaron, "llenándome el buche" de esperanzas venideras. Este blog, Nubiru, no sería más que el fruto, algo tardío respecto a aquél momento.
Dado lo especial del día, cuelgo el artículo "primordial" de la saga, aquél que fuera publicado en la revista de mi instituto, junto con "su segunda parte" y un artículo de la misma temática, posteado inicialmente en este blog, y ahora editado en mi primer libro: "Di que fue un sueño". Espero que sea de vuestro interés, y, ante todo, muchas gracias por tan hermosos momentos compartidos, y por el maravilloso futuro que, con toda seguridad, construiremos juntos, con vuestras visitas, comentarios, saludos y abrazos... ¡muchas gracias!
Ciencia y arqueología: Misterios sobre el espacio
Durante toda la historia de la humanidad el espacio ha fascinado siempre al hombre. Tanto como sede del gobierno divino o como mundo por descubrir. Desde tiempos remotos una larga saga de mitos y leyendas han cubierto de magia, fantasía y mentira al cosmos. Pero, ¿Dónde acaba la mentira y acaba la verdad? En este reportaje se intentará aclarar uno de los misterios que siempre ha fascinado y preocupado a la humanidad.
Como se ha dicho, el espacio siempre ha fascinado “a toda la humanidad” no solo a occidente por lo que no es de extrañar que civilizaciones ajenas al Mediterráneo tuvieran conocimientos astronómicos increíbles, es el caso de las civilizaciones maya y sumeria. Las investigaciones hechas sobre ésta última civilización han sido increíbles y nos vuelven a hacer la pregunta de: ¿Hay vida en el espacio?.
Según los sumerios sí. Se preguntarán que porque tanta curiosidad por lo que decía un pueblo tan primitivo, el porque es muy fácil. Los sumerios conocían, ya en su tiempo, el Sistema Solar con centro en el Sol y de nueve planetas, quiero decir diez. Según los sumerios existe un décimo planeta: Nubiru, cuna de la especie de los nefilim.
Los nefilim, según dicha civilización, eran los creadores de la especie humana y sus superiores, dicho de otra manera, unos dioses. Pero, ¿qué hay de cierto en semejante afirmación?
Según los actuales científicos, cerca de Plutón debe existir otro planeta aún sin descubrir pues éste no tiene suficiente fuerza como para tener la órbita que tiene alrededor del Sol.
La pregunta está hecha solo falta saber si existen y como serán. ¿Serán como nosotros?, ¿Son pacíficos? o simplemente no existen.
JAVIER SERRANO COPETE, "Vilatzara Exprés", número 1º (año 2001).
Ciencia y arqueología: Cuando los nefilim se mojaron
Volvamos al vergel mesopotámico, a la civilización de los sumerios. Según expliqué en la pasada revista, los nefilim bajaron de los cielos procedentes de su planeta, Nubiru, según creencias sumerias.
Miremos esta imagen. ¿Cuantos planetas giran alrededor del Sol?
Se sabe que en el comienzo de la civilización sumeria, la región baja de Mesopotámia estaba gobernada por poderosas ciudades estado aspirantes al poder. Cada una de ellas estaba regida por un rey que era considerado un dios, según algunos yacimientos “un nefilim”. Éstos residían en el mayor edificio de la ciudad, mitad templo mitad palacio, el zikkurrat.
El zikkurat, como se puede apreciar, es muy similar a las pirámides mayas y egipcias, aunque éste es muy anterior.
Según los sumerios, en cierto momento de su historia, un gran aguacero irrigó toda la región inundándolo todo lo que hubo a su alcance, el diluvio universal. Los dioses, nefilim, se salvaron junto con un humano y sus familiares, Noé, el Utnapishtim de los sumerios. Científicamente se está estudiando la catastrófica tormenta y hay indicios de su existencia aunque la hipotesis más cercana sea que consistiera en una simple red de inundaciones de los ríos Eufrates y Tigris, comunes en la época.
Esta coincidencia con la Biblia no es extraña pues muchas de las narraciones del sagrado libro proceden precisamente de Mesopotámia, lugar donde habitaron los antiguos judíos.
Una historia curiosa, coincidente también con la Biblia, es la historia del rey Sargón. Dicho rey, de procedencia acadia “como el macabro rey Escorpión”, fue depositado, según la tradición, en una cesta por su madre en cierto río. ¿No os recuerda a la historia de Moisés? Así mismo, Sargón fue un rey próspero y su reino duró hasta el ataque de una tribu un tanto merengona “los gutis”, no los Guti Gutiérrez sino una tribu bárbara.
Javier Serrano Copete. "Vilatzara Exprés", número 2º (año 2001).
Nubiru: el origen del nombre
Dune, Caladan, Namek, Tarsonis, Char… son nombres de planetas imaginarios, existentes sólo en la Memoria de aquellos que los conocieron en sus fantásticas fuentes. Sin embargo, no debe menospreciarse el potencial seductor del pensar en mundos imaginarios, mundos perfectos, espejos de nuestra imaginación y de nuestros sueños. Nubiru cumplió con creces con tales requisitos seduciendo a mis enamoradizas neuronas. Me cogí a él como al más preciado de los tesoros. Indague en sus caracteres, en sus contornos de Realidad y su mar de Fantasía. Nubiru me acerca al fin último que siempre he querido alcanzar en mis adentros. Esa unión sapiencial que me conecte, en un punto, con buena parte de mis aficiones. Como escribí en mi primer artículo, dicho planeta me conecta la ciencia ficción y la astronomía, con Mesopotamia y los sumerios, las ciencias sociales con las naturales, la Ciencia Pura y la Historia.Recuerdo verme contemplando uno de esos sensacionalistas documentales americanos del Discovery Channel. El hecho de que tratara acerca de los sumerios hizo que parara en mi duro deporte de zappinear con el mando. Imágenes increíbles y videos sobre el vergel mesopotámico. ¿Qué era aquello de relacionar planetas y mesopotámicos? Ante mi asombro descubrí tesis de reconocidos físicos y astrónomos que enunciaban la tesis de que por causas físicas, relacionadas con la gravedad y el movimiento orbital, Plutón no disponía del peso necesario para realizar su irremediable trayecto alrededor del Sol. Según afirmaban estos científicos, debía haber una masa complementaria, a parte de su satélite Caronte, para poder perfeccionar tal inevitable misión. Estos científicos fueron quienes me presentaron la idea de la posible existencia de un nuevo planeta.
Aquello que me acabo de seducir, fue la circunstancia de que mostraran cómo los sumerios y babilonios, con su perfeccionada ciencia, lo pudieron haber previsto a juzgar por datos enigmáticos como la existencia de la imagen gravada que enseño en este artículo. Del contar los planetas que aparecen en tal imagen, se constata cómo sobra uno, a juzgar por nuestras creencias, o dos, si tenemos en cuenta que hoy en día parece ser que Plutón ha descendido de categoría, no considerándose ya un planeta. Posiblemente ello sea una mera casualidad, pero no deja de ser fascinante toda la mitología construida en Mesopotamia alrededor de tal contingencia.De forma similar al posterior cesaropapismo justinianeo, en las antiguas ciudad-estado mesopotámicas poder religioso y civil se concentraban en una serie de reyes cuasi divinizados. Detentaban el poder coactivo desde sus imponentes templos escalonados o zikkurats, ayudando a la creación de los primeros estados, la primera burocracia y al nacimiento de la escritura en tanto que herramienta de control de poder. En términos jurídicos, la legitimidad directa de los gobernantes no medraba de elección alguna sino de la metafísica voluntad divina. No del Dios único de las religiones monoteístas, sino del gran panteón politeísta existente en la religión de tal región del Globo. Concretamente, el en o lugal (pues ese es el nombre por el que se conocen tales gobernantes) recibía su legitimidad del poder concedido por la raza superior o nefilim. Mitológicamente, tales seres eran los habitantes de Nubiru, el mundo exterior helado del cual decían proceder tales gigantes.Como es de figurar en los tiempos que corren, tan fascinante asunto fue fácil presa para esa plaga esotérica que parece dominar la divulgación, tanto histórica como científica. Mi óptica pretende pertenecer más al mundo de la religión, ciertamente esotérico en sí mismo en no pocos aspectos, la arqueología y, sobretodo, la mitología. Es evidente, a día de hoy, que no hay evidencias de vida en otros planetas. No obstante, parece ser que Nubiru, o mejor dicho, el compañero planetario de Plutón parece existir. Su nombre genérico continúa siendo X, a expensas de que se confirme su existencia.
Pese a no querer caer en las indeseadas gargantas del esoterismo, quisiera proponer la reflexión de cómo en no pocas ocasiones caemos en el etnocentrismo de creer que todo lo antiguo, todo lo perteneciente a civilizaciones pasadas, es, cuanto menos, anticuado e inferior a los conocimientos de la técnica y la ciencia modernas; los antiguos tuvieron sus propias bases de Conocimiento, que no siempre nos han llegado en su integridad. Tampoco debemos creer que los antiguos fueran algo parecido a magos poseedores de conocimientos arcanos que nos resulten actualmente vedados, simplemente debemos considerar cómo el Mundo, en su interminable caída en el Caos, muta; cambiando él y quienes lo habitan, evolucionando conforme a los dictámenes del transcurso del Tiempo.
(año 2007), publicado en:
Inicio de la Tercera Temporada en Nubiru! ;-)

lunes, 4 de febrero de 2008

La pirámide de Codes (Guadalajara)

El sueño es producto de las sensaciones, no del conocimiento. ¿Qué sentido tiene el esfuerzo si no es correlativo a un agravio (descontento) con la situación del momento? Todo hipotético futuro es la otra cara del imperfecto pasado. El presente inestable genera la crucial pendiente para la cinética de la mejora, la falta da hambre; para el contento, sólo vale el sofá y su asiento.

Si uno vive en la selva apreciará la sabana, para el Tuareg del desierto los pingüinos viven en montañas escarlata. Muchas veces se ha criticado el presupuesto estadoudinense, chino, europeo o ruso en astrofísica y aerodinámica. La investigación espacial es una vía de escape ante la necesaria conciencia ambiental. Buscar marcianos en otros planetas, obviando los tesoros del planeta propio, del fuego, del aire, de la tierra y del agua. Nuestras inquietudes, incentivos y objetivos son totalmente interdependientes de nuestras percepciones. Nadie aprecia su plaza mayor, ¡pero todo el mundo quisiera visitar la Piazza de San Marcos! En no pocas ocasiones, obviamos que nuestra Península ha estado poblada desde hace miles de años. Pensamos en el Diplodocus cuando nadie conoce al Aragosaurus, no vamos a Sos del Rey Católico y, en cambio, ¡todo el mundo desearía pisar Verona o las calles de Carcasona!

La región conocida, por pocos, como Celtiberia es una zona unida tanto en el olvido como en el despropósito. Localidades de recia historia se yerguen esperando al visitante de paso, al afortunado viajero que utilizar la guía, mejor los libros de historia o arqueología, para poder visitar el arco romano de Medinaceli, la catedral de Sigüenza, el Palacio del Virrey de Manila en Molina de Aragón, las ruinas de Bilbilis en las inmediaciones de Calatayud o la pirámide, han leído bien, de Codes (cerca de Maranchón, en el desvío hace Iruecha, Codes y Balbacil yendo en dirección a Molina de Aragón por la Nacional 211).

Tan curioso monumento prehistórico fue localizado en el curso de unas catas en busca de uranio, tal y como se hicieran en otros pueblos cercanos como Anguita o Mazarete. La visión aérea que se realizaría de la zona vino a confirmar la forma, totalmente proporcionada y humana, del pequeño montículo guardián de tantos misterios.

Como es típico en todo monumento que se precie, poco ha tardado la pirámide de Codes en ser sujeto pasivo del esoterismo. Dicen los defensores de esta “luminosa” corriente que las proporciones, medidas, de la construcción, no dejan de recordar a las pirámides de otros lugares (Egipto, Yucatán), haciendo mención a la archiconocida regla áurea. Según parece, creen que éste es uno de los mejores ejemplos de cómo en España existen testimonios de antiguos pobladores atlantes. Siguiendo con sus ideas, tales “expertos” relacionan la pirámide de Codes con las pinturas de gigantes, y petroglifos atlantes, sitos en el paraje conocido como Cueva del Moro, en las inmediaciones de Molina de Aragón, en el Señorío homónimo.

Total. Uno de los más misteriosos castros celtíberos comienza a ser pasto de las más variopintas y sensacionalistas teorías. Ojala todo ello no sea más que el preludio de la futura celebridad del enclave (con todos los ingresos económicos que ello comportaría, en todo más respetuosos que la construcción de los cercanos molinos de viento...). La reflexión es obvia. ¡¿Cuánta gente visita estos lugares antes de salir de nuestras fronteras en busca de ruinas misteriosas, ciudades perdidas y demás productos del marketing de National Geographic y demás compañías de dudosa neutralidad?!

* Estructura de pirámide circular con una altura de 24 metros.* La altura de la parte mas alta del cono respecto al nivel del mar es de 1.318 metros.* El área de la Base que forma el montìculo de la pseudopiramide es de 9.354,30 m2.* El perímetro visible es de 347,55 metros.* El diámetro de Norte a Sur es de 121,20 metros, y de Oeste a Este de 101,16 metros.

Datos: http://www.tartessos.info/html2/piramide_codes.htm.

domingo, 13 de enero de 2008

El lastre de los museos

Es de dominio público que aquello que conocemos, comúnmente, por cultura es de importancia menor; los poderes públicos, cuanto menos en nuestro país, así nos lo demuestran. Más allá de la frustrante situación del mundo editorial, donde los libros, a la vez que caros, están sujetos a los gustos de la masa del best-seller y el imperio del, escandaloso y antieconómico, sistema del “precio fijo”, algo sobre lo que debiéramos reflexionar es el estado español, muy especialmente en Cataluña (pues es el caso que mejor conozco) de los museos.

Durante esta agradable mañana dominical he realizado una visita que era de mi total, y sincera, ilusión y gracia. La compañía justificaba, con creces, el paseo por sus calles señoriales y centro histórico; la verdad es que queriendo visitar un museo llevé a Sabadell un monumento. Cerca del Mercado, no demasiado lejos de los actuales Juzgados, se halla el Museo Paleontológico Miquel Crusafont, considerado como el más especializado, y pionero, en todo el territorio español (sin perjuicio de proyectos actuales como el Museo de Historia Natural de Cuenca o el parque temático y laboratorios de Dinópolis, en Teruel). Sus fondos, ocultos en su mayoría (como es norma en estos lugares, pues debe recordarse al respecto, el bochornoso e inexplicable caso del Museo de Historia Natural de Madrid) son considerables si tenemos en cuenta la escasez de museos de calidad en nuestro país.

El 15 de enero de 1759 el Museo Británico abrió sus puertas en Londres. Con el paso del tiempo, no sólo acontecería una de las instituciones más longevas en cuanto a la materia se refiere, sino que también sería fuente de fuertes polémicas y contradicciones. El auge de la institución coincidiría con el esplendor del Imperio Británico. Dinosaurios de EEUU, momias de Egipto, relieves mesopotámicos o armaduras de samuráis vinieron a engarzar una de las mayores joyas culturales de Europa, en virtud al rapto y expolio de las regiones más variopintas de nuestro globo. Cierto es que los mármoles del Partenón se trajeron de una Grecia decadente sujeta al dominio otomano, o que las momias y demás joyas egipcias fueran “salvadas” del expolio de los furtivos virtud de su conservación en la institución británica. Nada más lejos de la realidad, véase la situación actual de Irak, si los muros del palacio asirio de Nínive no estuvieran en Londres... ¿hubieran llegado a la perpetuidad?

Para el caso catalán, ya hace tiempo que el ex-conseller, y ex-regidor del Ayuntamiento de Barcelona, Ferran Mascarell (PSC) propuso la creación de un gran museo de ciencias naturales que recogiera, agrupara mejor dicho, todos los fondos sobre la materia existentes en el Principado. La propuesta no sólo sería obviada por la opinión pública, sino también por los políticos y medios de comunicación que hubieran tenido que estar, aunque fuera moralmente, obligados a difundir la idea como cualquier otra procedente de un órgano de gobierno. Quién sabe si por tener los fondos destinados a la Cultura comprometidos con la manipulación de la “lengua”, o por no ser más diestros en la administración que en el parasitismo social, el caso es que hoy, día 13 de Enero del 2008, ni hay Museo de Historia Natural nuevo, ni de Historia, ni Mascarell en el gobierno.

Bajo mi punto de vista, el concepto (al igual que el de zoológico o el de parque de atracciones) ha cambiado hoy en día. Los pueblos, ciudades y enclaves son más conscientes de sus riquezas, el valor dado a los fósiles y las ruinas ha crecido exponencialmente y la inversión en museos, ya sólo no es un mecanismo de sorprender a las masas del pueblo, sino un método peligroso de invertir, “desmesuradamente”, en su formación y cultura. Quizás la mejor solución sean las exposiciones itinerantes, tales como la muestra de relieves asirios en Alicante, los dinosaurios en Vigo o acontecimientos temporales como la Expo de Zaragoza. Esa es mi opinión. Los fondos dispersos no hacen nada, pero también es verdad que cada uno tiene amor a lo propio y derecho a defenderlo, quizás sea el momento de hacer una reflexión, poner un punto en un lugar intermedio.


En las imágenes: Museo Arqueológico de Tarragona y cráneo de Triceratops expuesto en el Museo de Historia Natural de Londres (similar a la réplica expuesta en el Museo Crusafont de Sabadell). Ambas fotografías sujetas a: GNU Free Documentation License.

jueves, 27 de diciembre de 2007

El camello de Melchor

Empieza a ser rutina de cada año defender a los Reyes Magos frente a la perversión, por ese foráneo anciano vestido de rojo, de las chimeneas de nuestras ciudades. El arrastre histórico de la festividad de Reyes (6 de enero) es indudable. Una multitud de moralejas, investigaciones, alegorías, metáforas e historias bien pudieran ser extraídas de tal material, mitológico y seductor como pocos. Conforme con el ceremonial de cada año, no creo haber sido la única persona que en mi infancia ha dejado agua para los camellos. Pese a mi sincero amor por el estudio de la fauna salvaje, rara fue la ocasión en que hablé de dromedarios, por más que me empecinara en corregir, en más de una ocasión, a aquellas personas que tildaban de camellos a seres que eran miembros de otra especie (aunque sea algo controvertido, de difícil deslinde). La solución al misterio reside, en buena parte, en las tierras de Bactria (tierra que se corresponde con los actuales norte de Afganistán, sur de Uzbekistán y Tayikistán).

Bactria (o Bactriana) fue la patria de personajes como la bella Roxana (“pequeña estrella” en bactriano), doncella que fue capaz de rendir en amores al mismísimo Alejandro Magno o Iskander (de quien siempre se ha cuestionado sus gustos sexuales). Es un lugar inhóspito, cerrado al progreso y movimiento del mundo. Por sus colinas se oyen los disparos del eterno conflicto afgano, mezclados con la nieve, el frío y el rugir de los últimos camellos salvajes, los camellos bactrianos (“Camelus bactrianus”).

Se trata de un camélido más robusto que su primo, el dromedario. Su pelaje le hace ser más resistente a las inclemencias del frío clima de la altiplanicie iraní (y alrededores), siendo su fiero temperamento objeto de disfrute humano, virtud de las peleas en las que se enfrentan para regocijo del morboso, y por lo general violento, intelecto de los de nuestra especie. El camello, propiamente dicho, tiene dos jorobas. Se cree que el dromedario (“Camelus dromedarius”) bien pudiera haber sido una variedad doméstica del camello, siendo un producto de ganadería, al igual que lo fuera nuestro toro del uro.

El caso es que el camello ruge en tierra de conflicto. El Cambio Climático ha desecado en buena parte los oasis de un país que fue, antaño, fértil. Pese a quedar algunos de ellos, la zona fue otrora rica en vergeles dignos del más caprichoso jardín de las Hespérides. Bellas doncellas se bañaban en sus aguas, mientras los jóvenes las observaban tras los troncos de los diversos árboles frutales que se cultivaban: el Paraíso, o al menos algo parecido. Su privilegiada posición estratégica convirtió a Bactria en un lugar de inexcusable paso para la Ruta de la Seda. Ciudades, equiparables a las no muy lejanas urbes de Bujara o Samarkanda, se alzaban en un lugar favorecido por los dioses. Merv (la Alejandría de Margiana que fundara el Magno) se alzó como la gran ciudad del lugar.

Antes del conflicto talibán, se descubrieron en Afganistán increíbles tesoros que nos remiten a la época de esplendor de Bactria (destacar la necrópolis de Tillia-Tepe, la "colina de oro" (siglo I. A. C.) o los vasos de oro de Fulol). El historiador romano, Justino (en sus Epítome de las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo, XLI 1 y 4-5) nos narra la derrota del reino bactrio ante los partos, fieros enemigos del imperio. El caso es que el lugar pasaría a formar parte del territorio parto, para pasar a ser, posteriormente, territorio sasánida (Zoroastro, el Zaratustra de Nietzsche, se cree que predicó por los montes de Bactria), y territorio islámico (periodo en el que adquirirá su mayor prestigio y esplendor. Antes de la irrupción de Occidente, antes de la barbarie talibán y, posteriormente, estadoudinense, Bactria fue presa de los mongoles, encontrándose allí Marco Polo (quien fue conducido ante el poderoso Kublai Khan).

El caso es que, una vez más, un país olvidado como Afganistán se une a otros, como Uzbekistán, Tayikistán, Kazajistán y un largo etcétera, en su empeño de mostrarnos cuán intensa es la rigidez de miras que impregna nuestra cultura. Bactria, Samarkanda, Iskander, Roxana o el oro de Fulol no son nada más que ejemplos de historias dignas de ser transcritas en los mayores best-sellers. Testimonios privilegiados de las relaciones entre Oriente y Occidente, la Ruta de la Seda, los Viajes de Alejandro Magno o Marco Polo..., la tierra del camello se empeña en mostrar una cara más amable e interesante que la del burka y el opio, el talibán y el choque de civilizaciones.


Foto de niña afgana (Sharbat Gula): http://www.sites.si.edu/images/exhibits/In%20Focus/images/Afghan-Girl_jpg.jpg. Foto de Steve McCurry para NATIONAL GEOGRAPHIC.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Por siempre Persia

Nos cuenta el profesor Javier Arce (en su genial obra: La frontera, de Alianza Editorial) que el gran emperador persa, Shappur II, tenía tres tronos alrededor del suyo: uno reservado para el Emperador de China, otro para el Khagan de los pueblos de la estepa, y un tercer y último para el Emperador de los romanos. El heredero de Sasán deseaba someter a todos los reyes del mundo conocido, él era un astro más, compañero en divinidad del Sol y de la Luna, último monarca dentro del escalafón jerárquico, Rey de Reyes, monarca de soberanos. La altiplanicie irania siempre ha sido fuente de formidables imperios: primero fueron los medos (verdugos del hegemónico Imperio Asirio), después el Imperio Persa (y sus intenciones de conquista de Grecia), el Parto, y en éste caso, pero no en último, el Sasánida. Nombre que vendría del abuelo del primer gran señor sasánida (Ardashir I), Sasán, quien viviera en la provincia de Fars, siendo sacerdote del antiguo culto aqueménida de Ahura Mazda, y su profeta, Zaratustra (conocido personaje dentro de la producción del gran filósofo del pasado siglo XX, Friedrich Nietzsche).

Bajo el yugo del divino emperador prosperaron ciudades como Ctesifonte, Seleucia, Susa, Babilonia o Alejandría (no confundir con la egipcia). La tolerancia religiosa imperante en varios períodos del Imperio, como ya sucediera con la Dinastía Aqueménida, hizo que se instalaran en él considerables poblaciones hebreas y de cismáticos de Roma como maniqueos y nestorianos. Una exitosa política de repoblación con pueblos conquistados (en buena parte con romanos víctimas del conflicto entre los dos gigantes) ayudaría a fortalecer al Imperio. Ciertamente, Persia fue el gran enemigo de romanos y bizantinos, de forma similar a como antaño lo fuera de Grecia, Babilonia, Egipto y Alejandro Magno. El potencial militar sasánida se sustentaba en su afamada caballería pesada, arqueros y demás combatientes expertos en la táctica del ataque y posterior huída, haciendo uso de las razzias que tanto inspirarían a los señores islámicos de la posterioridad. Al respecto, decir que la caballería acorazada persa, los célebres catafractos, sería adoptada por Bizancio, configurándose como los más inmediatos predecesores de los caballeros del Medievo europeo.

Una maldición persa parece afirmar que Roma jamás sería capaz de pasar de Ctesifonte. Craso, César, Trajano, Constantino y un largo etcétera hasta llegar a Juliano no fueron capaces de conquistar más allá de estas tierras. Persia fue una bendición para el equilibrio global: siendo la mayor detonante para que Roma y China jamás entraran en inmediato conflicto de militar y de intereses. El caso es que Irán ha sido cuna de múltiples imperios hegemónico. Con la conquista musulmana no se acabaría con tal contingencia, apareciendo bajo las sombras de la legendaria Isfahan la dinastía de los Safávidas (encarnizados rivales de los otomanos), sin olvidar la existencia de los hassassin y su fortaleza de Alamut, cerca de la actual capital iraní de Teherán.

Lejos de la monotonía del radicalismo y de una visión excesivamente etnocentrista y de prejuicios, Irán debe ser vista como un coloso histórico, a la altura de Europa o Egipto, digna de los más rigurosos y especializados estudios. La sequedad del desierto no puede cegarnos ante un país con múltiples riquezas, no sólo por su nazca o hidrocarburos, sino también por su gran potencial en la producción de mercancías (como el pistacho y su “guerra comercial” con Turquía y los EEUU) y papel clave en cuanto a transición entre Occidente y Oriente, los herederos de Roma frente a los del soberano Mongol y el Emperador de la Ciudad Prohibida.

El acervo histórico siempre ha sido, estadísticamente, un claro germen-condicionante. Existen pruebas, más que evidentes, de que donde antaño surgió una poderosa nación es mayormente probable que aparezca un nuevo imperio. El condicionante ambiental-geográfico se manifiesta con todo el poder e intensidad que le son aparejados a su esencia. Irán es digna de tener en cuenta, tal y como, después de todo, siempre lo ha sido. Y es que en geopolítica hay pocos países que despierten tanto interés, Bien lo sabe EEUU y sus múltiples amenazas. Quizás nos encontremos ante una nueva lucha entre los sucesores de Persia y los del Magno, quizás alguién tenga que mirar cómo los imperios iraníes siempre han experimentado un exponencial auge cuando su rival estaba ya sumamente deteriorado.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Los misioneros misteriosos en la Prehistoria

Escribir un libro es una excusa perfecta para la investigación, y el aprendizaje, de materias en las que antes uno no tenía porqué haberse fijado. La Prehistoria siempre me fascinó, no tanto los seres humanos sino los animales que la poblaron. El cambio de edad va correlacionado al de inquietudes y los gustos no dejan de ser un espejo de las mismas. Un tema que se me ha acontecido como de sumo interés es el arte megalítico. No sólo en cuanto a técnicas de construcción, por ejemplo del colosal Stonehenge, sino en cuanto a su propia génesis, ¿cómo pudo darse un movimiento “religioso-artístico” en todo un continente, incluidas algunas islas como las Baleares o Malta, si se sostiene que el comercio no llegó hasta los fenicios?.

Se dice que el megalitismo no fue nada más que una pauta religiosa, un ritual que se impuso en el necesitado “homo religiosus” con el objetivo de solventar sus necesidades de encontrar un logos dentro del Caos, o simplemente, uno explicación a los misterios del Mundo. Excavar tumbas antiguas tiene incentivos superiores a la necromancia barata. Una tumba no deja de ser un “cuadro” en el que se observar cómo se caracterizaba una sociedad antigua. En el caso del megalitismo, los entierros colectivos en dólmenes no dejan de ser una muestra de cuán importante era la “casa”, familia o gens en tanto que unidad de sustento, no sólo económico, sino también social, político y religioso.

El sensacionalismo inherente a nuestra psique muchas veces no hacer ser ajenos a posibilidades más consecuentes como aquella que aboga por considerar a los dólmenes como muestra de un poder religioso que se reflejaba en el mandamás de la época en tanto que dios terrenal de turno, siervo de la divinidad celestial. Tal tesis pudiera llegar a ser cierto, no me acabo de creer lo teoría de los misioneros y todo lo que ello comporta.

Según la Historia de España y las Américas de la Editorial Rialp, bajo la dirección de José Luis Comellas, la cerámica campaniforme, al igual que el megalitismo, se extendieron por el continente debido a la labor de ciertos sacerdotes-nómadas, profetas o misioneros, que convencieron a la población para que se convirtiera a unos nuevos rituales, de forma equivalente a lo acaecido en tiempos romanos con el Cristianismo.

Que el reduccionismo mercantil al que se somete a los pueblos primitivos tiene cada día menos sentido es un hecho, en otras palabras, no podemos creer que las poblaciones, ya desde el Neolítico, dejaron el nomadismo totalmente para permanecer, estáticos, en sus pueblos sin practicar ni tan si siquiera el más rudimentario comercio. Hallazgos fascinantes en Anatolia demuestran cómo existieron comunidades con cierta complejidad comercial, como fue el caso de yacimientos como Arslantepe-Malatya donde se hallaron pruebas de un comercio a largas distancias con otras poblaciones con las que se comerciaba con la obsidiana, piedra volcánica similar al sílex en cuanto a propiedades y usos.

En fin, si el comercio se expandió, parece ser, desde tiempos pretéritos, ¿porqué no los mecanismos de sujeción del Poder?

sábado, 19 de mayo de 2007

Reflexión yucateca

Hace cinco años que visité Mérida. Sus pálidas calles parecían remontarse a sus orígenes ibéricos, a un equivalente colombino de Guadix o Osuna. Puede que del observar se me encaprichara regalar a la imagen un toquecito de Compay Segundo y escenarios de un anuncio de ron caribeño. Su hermosura era tan grave como la de sus contrastes, de pobres a señores, de mansiones arruinadas a cabañas monumentales. Algunos atisbos de hispanidad recuerdo encontrar en el núcleo urbano, ante esa maciza catedral pétrea, cogida a lo sacro y los años. Pensaría que estoy en tierras pacenses de no ver la variedad de los rostros, el mestizaje yucateco bañado por la leche caucásica del europeo rostro, clímax de humanidad y de razas que se alza en un lugar complejo, monumento a lo variado de nuestra época.

No recuerdo ver ninguna play-station pero sí cómo los pequeños ruiseñores amagaban con ser Hugos Sánchez y Maradonas de los cenotes. Destellos de globalización irradiaban las pupilas de los críos, el ansia de bienestar, las ganas de no tener la comida fría. La eficiencia se les exige con ánimo de procurarles vestido en la hostil vida. No hay lugar para la tradición pero siempre lo habrá para los dólares. El yucateco habla maya, español, alemán y todos los lenguajes que el tiempo les requiera; no es que deseen abrir fronteras, pero sí darles a sus hijos un devenir más próspero.

Recuerdo cómo sus caritas y sus bucólicas chozas me remitían a pensamientos próximos a la reflexión política. A cómo iba a ser yo quién les quitara el teclado del ordenador y la licenciatura en Bellas Artes. Se me acontece que lo más selecto de los intelectos yucatecos desea prosperar en el competitivo mundo del conocimiento. Quizás quieran un master, una beca para pagarlo y un viaje a un resort en el que poder descansar con su cónyuge.

Alto. ¿Dónde estaba mi respeto por los indígenas? De golpe me percaté de que me dirigía a Uxmal, o quizás a Kabah, pero el caso es que iba a experimentar el éxtasis maya, la observación del templo serpentino y de los mascarones del lluvioso Tlatoc. Constaté como esas gentes eran sus descendientes, los guardianes del tesoro maya, de su lengua y del acerbo de sus costumbres. Es curioso. En Chichen Itzá descubrí que existe un campo de pelota, la canasta se hallaba en horizontal y el estadio compuesto por dos encarados frontones. La recreación parece curiosa, pero los regates representados no eran ni a lo Pelé ni a lo Maradona.

El niño tiene al ídolo globalizado, no conoce a Moctezuma ni a Diego de Landa, si acaso habrá oído hablar de Ronaldinho y de las alturas de los rascacielos. Quizás haya soñado con disponer de una suite a doscientos metros del suelo, con diplomas de Harvard enmarcados en plato y oro. Se me ocurre que posiblemente se vea casado con un sucedáneo de Scarlett Johanson, rubia cuidada, dada a las malas artes de lo fashion. No, no puede ser, el yucateco no parece estar por la labor de reivindicar su esencia maya, seguramente desee escribir un blog a invocar a Kukulkán, quizás sueñe con ir a la Universidad antes que a una manifestación antisistema. Seguramente reflexione acerca del egoísmo del privilegiado, de aquél que deterioró su tierra, del que vive en una orgía devota del consumo y del contamino, luego existo. Es impactante, el indígena acontece cordero globalizado, objeto de fantásticos sueños acerca de mundos mejores, mayormente equilibrados, donde el paternal europeo o norteamericano de turno no intente enseñar al yucateco lo que a ellos jamás les enseñaron.

viernes, 16 de marzo de 2007

Elegía a un viejo amigo


No son pocas, en mi aún corta vida, las veces que al llegar a San Vicente, en lugar de seguir por la actual carretera he seguido por el camino de piedra que nace a los pies del humilde monumento. No muy lejos, entre campos de trigo y juncos buscadores de agua, se alza el antaño servicial, ahora torturado, puente romano.Construido, casi con toda seguridad, por funcionarios del antiguo Imperio Romano, lleva prácticamente inmutable la increíble vida, que sus aproximados 18 siglos le han proporcionado.Muchos y variados pesos ha tenido que soportar, desde el paso de las legiones romanas y hordas bárbaras a humildes pero serviciales mulas cargadas con pesados carros. Pero en la actualidad no son estos cuadrúpedos animales quienes le producen sus particulares dolores lumbares sino que son bestias de la tecnología moderna y de nuestro continuo afán por el dinero y la destrucción.“Hordas” de pesados tractores y cosechadoras, por no hablar de otros transportes, han ido pasando a largo de los últimos años por nuestro anciano puente produciéndole heridas que pueden ser mortales. Gabriel García Márquez bien podría haberse referido a su muerte en su célebre obra pues es casi segura su realización.El problema está en la mesa, bien puede ser ignorado, pero si su muerte se consume: ¿Quiénes serán los elementos que nos expliquen nuestra propia historia colectiva y la de nuestro pueblo? ¿Quién será el buen samaritano que preste su gentil mano al único propósito de darle los más meros reconocimientos a su milenaria labor? ¿Serán acaso aquellos que le han herido? Ahí esta la pregunta, pero ésta exige respuesta.

(publicado en la Revista El Cantón del año 2003)

En febrero de 2003 el anciano puente se hallaba, como denunciaba este breve artículo para la revista de la Asociación Cultural de Amigos de Anguita, en un mal estado, muestra del paso del tiempo no sólo en lo orgánico sino también en lo pétreo e inanimado. Sin embargo, cierto es que en demasiadas ocasiones el remedio es peor que la enfermedad y se estropean vestigios del pasado con implantes del presente, puestos como muletas a la pétrea artrosis de la que adolecen, dejando mucho que desear, no sólo al arqueólogo aficionado, sino también al científico y al ojo profano. La verdad es que hay veces que es preferible el desgaste a la mala arte y así me lo confirman rehabilitaciones presentes como la del arco romano de Medinaceli o la propia Torre de la Cigüeña emblema del propio pueblo de Anguita. Restaurar o estropear, si es que alguna vez se diferenciaron, parecen ser el inexcusable binomio actual sellado en nuestro cerebro, quizás es que sea para algunos difícil de comprender para qué fueron creados estos jubilados monumentos y hacer un buen uso de ellos sin que se les pudiera calificar de ancianos maltratados.

Para conocer la Torre de la Cigüeña, y el pueblo de Anguita en general, pueden visitar la excelente web indicada en la lista de links favoritos:

http://www.geocities.com/anguita_guadalajara/

Para conocer la bellísima localidad de Medinaceli existe la posibilidad de realizar una visita virtual a través del siguiente link:

http://www.medinaceli.info/aytomedinaceli/visitavirtual/VisitaMedinaceli.html