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miércoles, 17 de junio de 2009

Reflexiones futboleras

Existen dos marcadores sociológicos de gran transcendencia, inversamente proporcional a su rigurosidad como medios, son la prensa rosa y la deportiva. De la primera no puedo escribir acaso tres notas, pues no es algo que me interese en exceso, y de ello me siento orgulloso; sin embargo, no puedo decir lo mismo del Sport, ElMundoDeportivo, el As o el Marca, cada mañana los ojeo por Internet, antes incluso, que elPaís o ElMundo... La influencia del balompié amaga con parecerse, cada día más, a la que antaño tuvieran las arenas del Coliseo o las justas caballerescas... De hecho, a nadie se le escapa que un buen calmante para esta "terminal crisis" ha sido el título europeo de la Selección Española. Zapatero debe más a Xavi, Iniesta, Torres o Villa que a muchos de sus Ministros, no lo digo yo, sino también las estadísticas. Del "poder" del fútbol nos hablan las recientes actuaciones de prestigiosas entidades financieras (de las cuales no haré publicidad gratuita). ¡No se esfuercen por comprender los fichajes de Cristiano o Kaká, quizá exista algún paralelismo que podamos esgrimir al negociar nuestra propia hipoteca! No soy amante del deporte, ni tampoco lo practico en exceso. El fútbol me gusta por el "morbo", por experimentar esa sensación "odiosa" de poder faltar el respeto, al día siguiente, al vecino o al compañero, del equipo contrario; es éste, y no otro, el porqué yo leo los diarios deportivos antes de iniciar mi jornada. Sinceramente, nadie puede negar que su lectura es una fuente para posteriores pensamientos, algunas veces, incluso, filosóficos. Es posible ver algo que trascienda a veintidós hombres persiguiendo a una pelota; para demostrar esta afirmación, ahí van algunos ejemplos... Primera reflexión: ¿alguna vez se han preguntado cuál es el impacto político que tienen informaciones, nunca mejor dicho, "partidistas" de la prensa madrileña frente a la catalana, y viceversa? Segunda reflexión: El Betis, uno de esos clubs "queridos" por cuasi todos (grupo al que pertenecerían el Sporting de Gijón, el Cádiz o el Atlético de Madrid), ha bajado a Segunda teniendo una de las masas sociales más considerables de Europa, y un presupuesto algo más que elevado. ¿Transmite una buena imagen un presiente, "caciquil", ejemplo de los peores fantasmas de la Andalucía "subdesarrollada"? Tercera reflexión: Cristiano Ronaldo, asuntos bancarios a parte, es fichado por 94 millones de euros. Cobrará, en el Real Madrid, 10 millones de euros netos, por temporada, durante 6 años. Sus estudios son ínfimos. Sus aficiones: juergas con Paris Hilton y mujeres de buena delantera. ¿El sueño de todo adolescente? ¿Son estos valores los que transmite un "Club señor", un "país", una sociedad occidental "desarrollada? ¿Deseamos este futuro, ejemplar, para nuestros hijos? Cuarta reflexión: el Chelsea, uno de los clubes ingleses más históricos, debe su poderío actual a los petrodólares de un ruso multimillonario, el Manchester City, antes a un tailandés acaudalado, ahora a un miembro de la aristocracia de los Emiratos Árabes. Del mismo país proceden unos "eventuales" compradores del Real Betis Balompié, mientras que en Italia se habla de la entrada de dinero libio, vía Gadaffi, en su legendario, y bien considerado, Calcio... Los millones vienen de fuera para hacer negocios, Europa los ansía con el objetivo de poder seguir siendo competitivos. ¿Eso es sólo cuestión de fútbol, o Europa está perdiendo peso relativo? ¿La Caída del "eurocentrismo"? Un último pensamiento... Haciendo uso de su "pragmatismo" los estadounidenses tienen límites salariales en la NBA (no existiendo posibilidad alguna de hacer grandes fichajes mediante inversión de dinero). Cada equipo es una franquicia, una empresa que, probadamente, genera dinero y se mantiene viable. ¿Para cuándo un sistema equivalente en Europa? ¿Es el fútbol un instrumento de poder, de entretenimiento para la plebe, o simplemente una "tapadera"?. Imágenes: 1) Austrian Forward Rubin Okotie tries to score on Congo Goalkeeper Destin Onka at the 2007 FIFA U-20 World Cup. Onka makes the save. Shot at Commonwealth Stadium, Edmonton, Alberta, Canada. Autor: Nick Wiebe 06:19, 30 October 2007 (UTC), edited by Fir0002
Sujeto a GNU Free Documentation License. 2) Sheikh Sattam de Haddadin of Palmyra by Russian painter Alexandre Evgenevich Iacovleff, born in 1887 in St-Petersburg. The artist of the "Citroen Centre Asie, La Croisiere jaune sur la route de la Soie" in 1931. The expedition started from Beirut throught Palmyra then ended in China.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Propiedad Zoológica

Justo antes de seguir con el estudio, no es extraño que mire, durante un rato, alguno de los documentales de "la 2". Un día, viendo el clásico reportaje de leones y ñus en la sabana africana, a uno de mis tíos (doctos siempre en geniales reflexiones y muestras de gran sabiduría) se le ocurrió decir que “cómo podía ser que en África pastaran grandes rebaños mientras la gente pasaba hambre, cómo no cultivaban esa tierra para conseguir alimentos”. La verdad es que, como buen amante de los animales, mi respuesta no se hizo esperar, pero bien cierto es que la misma no pudo mantenerse ajena al condicionante de considerar cuál pudiera ser la solución a este real binomio entre progreso y naturaleza, agricultores y vida salvaje, animales y personas. Pocos días después de la reflexión de mi tío, pude leer en el diario “elPaís” el artículo: “La tierra para quien la paga”, ciertamente sobrecogedor.

Mi padre, con gran jocosidad, siempre se ha preguntado si supe decir antes “ñu” o “papá”. La verdad es que yo también lo dudo. Mi afición por los animales (y dentro de los mismos, por los dinosaurios) siempre ha sido bastante sólida, desde la infancia y la adolescencia a nuestros días, en los que, aún, con gran fuerza, pervive. Cierto es que todo amante defiende lo que ama, mi caso no es diferente. Sin embargo, propongo una reflexión sobre algunas variables, un pensamiento responsable y congruente con lo que nuestros gobiernos realizan, muy especialmente, en el continente africano.

Dejando a un lado las restricciones a la libre competencia, que entes como la UE protagonizan respecto a los países africanos, grandes proyectos para la humanidad, de mayor o menor ética, se ven implicados en este asunto. A nadie se le escapa que a los habitantes de ciudades, literalmente en el desierto, como Dubai o Doha, requieren de alimentos con los que nutrir a sus habitantes, cada vez más numerosos. De hecho, los países de la Península Arábiga, tienen una consolidada tradición de invertir en la compra de tierras en países extranjeros, para cultivar en ellas los alimentos que posteriormente van a importar a sus feudos domésticos. Con el auge de estos asentamientos las inversiones se han disparado. Más población y más ingresos (en su mayoría “petrodólares”) alimentan al monstruo, con especial virulencia. Esta situación, ya de por sí inquietante, se ha visto acentuada con la aparición en escena de nuevos países.

Según recoge este genial artículo, de más que recomendable lectura, países como Alemania o Corea del Sur están adquiriendo miles de hectáreas en lugares como Tanzania y Madagascar, ambos con un elevadísimo índice de habitantes dentro del umbral de la pobreza. Si bien en el segundo caso se trata de una excusa “mínimamente excusable”, valga la redundancia, en el primer caso no deja de ser miserable que un país como el gigante teutón maquine con sembrar 200.000 hectáreas para biodiesel en Tanzania, un Estado de gran pobreza, a la vez que riqueza medioambiental (caso equivalente, como decimos, a la compra por la coreana Daewoo Logistics Corporation, de la mitad de la superficie cultivable de la isla de Madagascar, uno de los últimos enclaves donde pueden contemplarse ecosistemas vírgenes para la vida salvaje). Más allá del reparto de la riqueza, pues proyectos como estos parecen, prima facie, amenazar sobremanera a los pequeños agricultores (la gran mayoría de ellos sin título dominical alguno), debemos de centrarnos en una disyuntiva vital para la especie humana, la misma que un principio ya apuntábamos. Animales frente a desarrollo.

Una explotación responsable de las tierras africanas, de donde pudiera extraerse alimentos para terceros países (siempre y cuando se asegurara el suministro para los países explotados) podría estudiarse; si bien, el mero pensar en ello ya atenta contra la conservación de la vida salvaje de estos lugares. Pese a todo, llegados a este punto, a nadie se le debe escapar que en los Estados desarrollados, también en España, el propio “desarrollo” ha atentando en infinidad de ocasiones contra la biodiversidad, acabando con buena parte de las especies que antaño poblaron estas ricas naciones. Privar de “su derecho” a los países en desarrollo no es ético, sí que lo es, sin embargo, vigilar que terceros pretendan esgrimir la espada de la justicia distributiva para subyugar los países ricos en terreno cultibable, hoy en día, aconteciendo “ranchos” para el inversor coreano, japonés, saudí o alemán de turno.

Creo que el camino hacia la explotación de las tierras vírgenes es inevitable. Antes o después los lugares fértiles serán explotados, no sólo con el argumento de alimentar a los de nuestra especie, sino también con la expectativa de mantener el nivel de vida de los países desarrollados (y de todos aquellos que desean serlo algún día). La ciudad es un antónimo del campo, ello debe ser recordado. Pero bien cierto es que la vida urbana nos ha brindado, ya desde Mesopotamia, un caldo de cultivo para las ciencias, la técnica y la mejora en nuestras condiciones de vida. Visto todo esto, las especies en peligro de extinción parecen condenadas al abismo. Defendiendo siempre el superior valor del bienestar de las personas (no siendo tolerable la pobreza y hambre de miles de millones de seres), debemos asimilar una filosofía “ambiental” que nos permita hacer posible una conservación de aquellos animales a los que tanto amamos. Por mi parte, la solución se centra en un concepto, la idea de “patrimonio zoológico”.

No puede sostenerse, por más que se empeñe el movimiento ecologista más radicalizado, que los animales tengan derechos; pues “tener un derecho” implica un potencial sapiencial por parte del beneficiado, circunstancia, que hasta día de hoy, nos pertenece en exclusiva a los Homo Sapiens Sapiens. Sin embargo, parafraseando al inmortal Ihering, bien pudiéramos hablar de un “interés jurídicamente protegible”, en este caso, la biodiversidad global.
El futuro son las reservas, las grandes extensiones de parques naturales, nacionales y reservas de la biosfera. Una distribución del globo que reconozca la hegemonía humana, pero siempre supeditada al interés de conservar la Tierra y sus especies para quienes vengan después, o lo que es lo mismo, una solidaridad intergeneracional que nos lleve a preservar los animales en peligro de extinción. Es por ello, que los proyectos de protección de los animales son tan necesarios, no como una suerte de "reunión constituyente" reconocedora de derechos, sino más bien como proyectos de restauración, ideas conservacionistas que asimilen la Naturaleza con el Patrimonio histórico, pues a nadie se le debe escapar, la Historia Natural es un concepto que incluye a la genuinamente nuestra.

* Casos donde la intervención humana ha asegurado la pervivencia de especies "virtualmente extintas" son los del bisonte europeo y, muy notoriamente, el ñú de cola blanca (criado en reservas y granjas de Sudáfrica).

Enlace recomendado:
Imágenes:
En primer lugar, "Drawing of Nyassaland Wildebeest ((Connochaetes taurinus johnstoni), from "British Central Africa", Sir H. H. Johnston" (1903).
En segundo lugar, "The skyline of dubai from sheik zayed road" de Iardo, sujeta a GNU Free Documentation License.

lunes, 26 de marzo de 2007

Arte o poder

Me acuerdo de un día en el que estaba saliendo de un restaurante cercano al seminario de Barcelona. Salí, como otras veces después de una opípara comida, pensando en asuntos variados, con ese toque de atontamiento que producen las buenas comidas. Reflexioné sobre la conveniencia, o no, de llamar cuadros a unos dibujos, con precio, colgados de las paredes. Se trataba de un conjunto de “cuadros” de estructura amorfa, que bien bien no sé qué querían representar pero que en el tercio sur del cuadro tenían adjunta una gran cebolla, no imaginándome utilidad artística, debota del buen gusto, alguna. El caso es que en se momento recordé cierta excursión maravillosa hecha no hace demasiado tiempo. Este verano tuve la divina, nunca mejor dicho, suerte de visitar Burgos. Una ciudad a una catedral pegada. No en sentido desprestigioso sino con cariño. Son poseedores de un monumento a Dios y al resto de los mortales. Un edificio bello, ejemplar, grandioso; en fin, espectacular.

Seguramente por mi excesiva limitación de miras, no acabo de entender el llamado arte contemporáneo así como las nuevas tendencias cubistas, abstractas, tapianas y mironianas. No sé. Será que estoy, como me dicen, anticuado y entiendo aquello que se hizo en la Edad Media o bajo el Imperio Romano sin dificultad, y en cambio me cuesta entender aquello que, con presunto empeño, realizan los artistas que me son contemporáneos. Realmente, se deduce una clara oposición privativa: o soy tonto artísticamente hablando, o estoy sumamente anticuado, o sencillamente, sin generalizar, buena parte del presunto arte contemporáneo no lo es.

Seamos benévolos. Es algo más que posible que el inconveniente sea la desvinculación, en muchos casos, del arte con el poder. En otras palabras, el componente emotivo que descansa sobre las paredes de la catedral burgalesa o sobre la cúpula de Santa Sofía son algo más que arte, tal y como lo entendemos ahora. Son manifestaciones de poder, propaganda del imperium del soberano y de la necesaria sujeción del pueblo a sus deseos, por su voluntad, y la del Dios al que dedican tales monumentos. Mi obsesión mesopotámica, me recuerda cómo los reyes asirios eran propensos a construir cada cual su palacio, siendo cada uno más grande y espectacular que su predecesor. Basta recordar cómo Sargón II fue capaz de mandar construir una ciudad-palacio para enaltecer su imperial ego (Khorsabad). Claro está que la desvinculación hoy en día no es total.

En un artículo anterior hablé de Dubai (La Nueva Guerra Fría: Tanques que rozan el cielo). En el más paradisíaco de los infiernos actuales, se alzan proyectos de rascacielos que alcanzarán el kilómetro de altitud. Otros, algo más “humildes”, ya sobrepasan los 300 metros en la actualidad y, parece ser, que su extensión promete convertirse en una imparable plaga urbanística. Bien. ¡De vuelta con los orgásmicos destellos de egocentrismo y chulería inherentes a lo humano! Cuanto más alto más poder, más demostración de dominio, más orgullo: aunque sea merced a trabajos y dinámicas más bien poco deslumbrantes y dotadas de ciertas manchas negras hidrocarburizadas, o aún peor, ensangrentadas.

¡Qué se le va a hacer! Continuamos perteneciendo al Reino Animal so que nos pese. No acabo de ver diferencia alguna con la cola del pavo real o el desproporcionado buche rosado de la fragata o rabihorcado con las macroconstrucciones. Claro que no es para cortejar a hembras sino a súbditos y subordinados. Demostraciones de poder que algunos, ya localmente, ni se molestan en mostrar. ¡Para qué, si ya les votamos!

lunes, 19 de marzo de 2007

La nueva Guerra Fría: Tanques que rozan el cielo.

Reconozco tener cierto vicio que me produce un muy grato desahogo una vez termino, o dejo en suspense, mi tiempo de estudio. Se trata de ese maravilloso juego de estrategia conocido como Simcity 4. Es un extraordinario ajusticiador de tiempos muertos. Sí. Esas ciudades ficticias, producto del ordenador y de mi imaginación, que se someten al libre albedrío de mi divertida y anárquica cabeza. Eso es. Autopistas interminables, barrios colosales, parques surreales y sobre todo, bloques, pisos, rascacielos, torres y torreones. Este opíparo festín de ladrillos, calles, carreteras y golpes de ratón. Esos asistentes ficticios que te hacen sentir el Julián Muñoz de turno, sin paquirrines ni pantojas. Ese Ruíz Gallardón sin madrileños demandando el fin de sus faraónicas obras. Aquel Belloch que consigue Expos e internacionales zaragozas. Sí. Los golpes de ratón pasan de lo físico a lo cuasi orgásmico. Ni que decir cabe que todo ello llega a su clímax cuando me conecto a http://www.simtropolis.com/ y comienzo a bajarme rascacielos a destajo para mi irremediablemente fantástica ciudad.

Mi excreción de nervios se materializa en Torres Mafres, Picasos, Sears, Petronas, Kios y Pirellis, pero nada más placentero que colocar esa gran Torre de Marfil, salida de la más interminable de las historias, en esa ciudad que, una vez apague mi computadora, se esfumará como el más extraordinario sueño. Se trata del Burj Dubai, ese monumento al monopolio sobre la droga madre, ese reflejo de ávara existencia, de cristal impregnado de hidrocarburo, ese minarete cainísta que se enorgullece de pisotear a sus hermanos.

Si existe el Hades no hace falta decir que bien pudiera hallarse en las tierras arábicas de Dubai y Abu Dabi. Esos estigmas del capitalismo, espejos de la desigualdad y del nuevo Leviatán globalizado. Quizás mejor que no exista la educación en tales lugares, pues cómo se explicaría la esclavitud en tiempos de los romanos viendo a las gentes de la otra orilla del Índico ganarse el sustento con hazañas más propias de Heracles que de meras almas humanas, doloridas, mortales.

El 21 de marzo de 2006, la crónica de una revuelta anunciada se materializó en daños en vehículos, oficinas, ordenadores… generándose pérdidas de más de un millón de dólares. Multitud de organizaciones internacionales tiran sus dardos sobre el régimen de los Emiratos Árabes exigiéndoles el respeto de los derechos humanos y la firma de las convenciones clave de la OIT (87 y 88).

Sin embargo, ello no es un fenómeno aislado. Madrid está construyendo dos torres que superarán los 200 metros (Torre Repsol y Torre Sacyr, en la archiconocida Ciudad Deportiva), Shangai discute la construcción de la Torre Biónica (proyectada por los españoles: Eloy Celaya, Javier Gómez Pioz y Mª Rosa Cervera (http://www.torrebionica.com/bvs/bvs.htm)) que sobrepasaría el quilómetro de altura y podría albergar a 100.000 personas viviendo en su seno. Qué decir de la Torre Solar de Australia (http://es.wikipedia.org/wiki/Torre_solar) o del sustituto de las Torres Gemelas en Nueva York, esas gigantescas víctimas destinadas a ratificar como el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra dos, o más, veces.

Burj Dubai se eleva en el más enigmático de los misterios. Los dirigentes de Dubai esconden cualquier dato acerca de su altura final. La carrera por el rascacielos más alto se sigue ante el silencio de los medios, la estupefacción del pueblo, los petrodólares de los jeques y la enigmática sonrisa del ultracapitalismo soberano. Dubai se alza, como Babilonia resucitada, quien sabe si como el más infernal de los fantasmas, queriendo rendir cuentas con aquello que le niega descanso. Con la avaricia humana, con ese presunto ser doblemente sapiens, esa civilización hegemónica de los tiempos. El Mundo sigue siendo un gigantesco folio donde la mano de cada global dirigente continúa queriendo dibujar su Voluntad, su nuevo zigurat, su monumento emblemático, su Burj Dubai, su Torre Biónica, su tanque que roza el cielo.

En las imágenes: Torres Petronas de Kuala Lumpur (452 metros) y las obras del Burj Dubai en los Emiratos Árabes.