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martes, 25 de agosto de 2009

El más alfa de entre los machos alfa.

En marzo de 2003, la prestigiosa “American Journal of Human Genetics[i]” publicó un estudio de lo más sugerente. Un grupo de 23 genetistas, estudiando una muestra de unos 2.000 hombres procedentes de toda Eurasia, encontraron en varias de estas personas muestras de una pauta genética común. Mediante cálculos estadísticos, se intentó buscar el “antepasado común más próximo”, trabajando con 34 generaciones y calculando 30 años por generación, encontrándose que éste debió de existir hace 1.000 años. Teniendo en cuenta qué países se encuentran en la muestra (Kazajstán, Uzbekistán, China, Polonia, Ucrania...) no es de extrañar que a estos científicos les viniera un nombre a la cabeza... Genghis Khan.

John Man, genial autor de quien sacara esta cita, hace un reflexión demoledora: "el poder debió hacer por Genghis y por sus parientes cercanos lo que la cola hace por los pavos". De hecho, en clave "científica", el propio informe concluye que: "nuestros hallazgos demuestran una nueva forma de selección dentro de la población humana basada en el prestigio social". Como dice el autor inglés... Genghis era el más alfa de los machos alfas....

Alguna vez he oído decir que la "gente rica" acostumbra a ser más guapa. Es cierto que la gente con alto poder adquisitivo tiene una mayor facilidad para acceder a tratamientos de belleza, operaciones de estética y demás, sin embargo, también es cierto que, estadísticamente, a lo largo de los tiempos, hablando claro , el rico siempre se ha llevado a la rica.

Ello estaría dentro de una dinámica, un pensamiento, que nos lleva a presuponer que la "selección natural" siempre está en acción, seleccionando los mejores genes por lo que poder mantener la especie. No hay duda de que, en aquellos tiempos, los generales mongoles eran los hombre más poderosos de entre todos. Que las flechas hicieron las veces de astas está claro. Ahora bien, en un mundo en que las armas, al menos en parte, ya no son el único signo de poder, me pregunto si el dinero incide en la "selección natural". Vivimos en un mundo en que siempre ha imperado la "ley del más fuerte", ¿es la "ley del más rico" una variedad de la misma?.

Uno ve un documental de Vida Salvaje y ve cómo un león es el macho alfa, o cómo lo es un gorila o un chimpancé... ¿quién dijo que los hombre somos de otro campo semántico?

Ilustraciones:

1) “Subutai”. Medievil Chinese drawing (начало XVI века/ 16 century).

2) Carl Friedrich Deiker: Hirsch in den Bergen vor tiefer Landschaft


[i] Tatiana Zerjal y otros, “El legado genético de los mongoles”, American Journal of Human Genetics, núm. 72, marzo de 2003. Estudio del que se he sabido por su inclusión en la obra: Man J., Genghis Khan: vida, muerte y resurrección, Madrid, Oberón, 2006.

sábado, 6 de diciembre de 2008

El Imperio calavera

Platón fue el sumo creador de un mundo de ideas. Por él pululaban caballos, yetis, uzbekos, parroquianos, gladiadores, futbolistas y malabaristas. Las gentes acudían a la discoteca, al Coliseo o los burdeles y clubes de ambiente. En aquel lugar no habían familias, sólo campos semánticos. El infinito saber eventual se representaba en ideas, nominalmente puras. La falta de profanación del templo sapiencial impedía que se hiciera mella en un mundo, por definición, ideal. Todo tenía una recreación terrena o una eventual salida en el Futuro, si es que no la había tenido ya, en el pretérito Pasado.
Como genuina entelequia, ésta tuvo su fin. Los de la contrada de la Cruz, haciendo honor al corporativismo de los de su campo semántico, sometieron a las ideas a esclavitud, y el recto camino se impuso, llamando al mundo ideal, Cielo. Como vieran que ello les parecía bueno, crearon a su vez el Infierno. Todo lo residual de entre lo completo fue a parar a este cajón de sastre del Demonio; fiel servidor inventado, persa a la vez que sagrado. No obstante, de entre todos estos campos, destacaba el de las ideologías. Una, la cristiandad, decidió monopolizar los cielos, sirviéndose de las caras de la religión, como si de un mismo fenómeno pareciera haber varios (Islam, hinduismo, judaísmo…). El resto de las ideas huyó al suelo. Como si de lozanas novatas se tratare, sin control, se dejaron fecundar por los humanos, pariendo seres perturbados, cosas malas, imperios…
El ser de la calavera entró entre las estalactitas de “kalagnikovs” y las quebradas de espadas, gladius y hachas incrustadas. Allá no crecían telarañas, sino que pendían medievales mazas. No había fuegos, sino hipocresía. Las “calles” de lamentos estaban pobladas por ladrones, estafadores, rufianes, contrabandistas, irreverentes y ministros. El lugar era fúnebre como el Hades, en gran parte, porque de ello se trataba. Calavera caminaba, con cigarrillo en boca. No sabía dónde se hallaba, pues era nuevo en el lugar, no podía hablar con nadie de los que le rodeaban, pues ninguno era de confianza.
Absorto en el whisky y su paquete de Malboro, rápidamente, el de la calavera se acercó a un fuego donde había un grupo asando patatas. El grupo era peculiar, pues cada cual tenía unos atributos y características tan detonantes como asonantes. Había uno con casco de legionario, túnica de lado a lado, calígulas en pies y traje trapero de esclavo. Otro no era del todo humano, tenía ojos orientales, efigie de centauro, con pies de caballo; en la espalda llevaba un curioso arco y de su barbilla colgaba una rala perilla. Dos de sus acompañantes, cada uno a un lado, rivalizaban con él en originalidad: pues uno de ellos enseñaba su palpitante corazón ensangrentado, mientras lucía penacho de quetzal y bebía chocolate caducado. Al otro lado del ser acaballado, un genuino ser de dos caras, de expresión anciana en una y faraónica en otra, hacia galas de superior, vistiendo alas en la espalda, y pies de león por zapatos. De entre todos, había dos especialmente curiosos. El niño adulto, con casco de león de plata y rizos de oro, de expresión un tanto sensual, y a la vez, amanerada y el espigado hombre de castizo acento, con lonchas de jamón por orejas, cantimpalo por nariz y quijotesco casco por segundo cráneo. La conversación que entre ellos tenían versaba sobre cómo habían conseguido la patata.
El de la toga decía no conocerla, a lo cual, el de las dos caras asentía. Ambos proponían cultivarlas manteniendo a mano de obra barata: endeudados, criminales, opositores, y en definitiva, esclavos; sólo que uno los prefería del detrito social y el bifronte por derecho divino. El de alma extremeña dijo que él las tendría que descubrir primero, para luego implantar entre los jornaleros, a lo que el centauro dijo que él no las quería ver, pues tenía mucho de carnicero, y las hierbas y tubérculos eran para tiempos de hambre. Calavera se sentó en un lugar, que aparentemente, tenía pre-asignado. Sentóse en él y abogó por conseguir copiosas cantidades de patata sometiendo a pueblos de los que no estaban representados. A todos les pareció curioso y, alguno incluso se sorprendió por la intervención del nuevo huésped.
A la reunión llegaron dos nuevos huéspedes. Uno leía Fausto mientras se tocaba el bigote con la otra mano, y el segundo llevaba botella de vodka por compañera, cuales dos amigos, en verdad, borrachos. Ellos no se sorprendieron tanto al ver al inquilino. Calavera por fin se congratuló de poder ver a quienes consideraba los Srs. Comunismo y Fascismo; gran decepción se llevó cuando se enteró de que tales, no eran sus nombres.
Calavera se vio, de repente, sumergido en un lugar fuera de sus reglas. Sentía que algo en su realidad había cambiado, que todo lo que veía no acontecía lo creído, y que lo soñado no parecía tampoco lo visto, sino lo deseado. Ambos parecían conocer las vestiduras del nuevo. Sobre su cuerpo llevaba una chaqueta negra con aires de militar, con un águila calva grabada en hilo barato. Su trasero se sponsorizaba por CocaCola y, de entre sus peticiones, dos de tres eran alcohol y tabaco. Para cerciorarse, los de acentos del Rhin uno, y de los Urales el otro, le preguntaron por su nombre, el de la calavera dijo que le podían llamar “Capital”, aunque en verdad, su verdadero nombre, fuere acompañado por un “ismo”. Todos empezaron a reír, pues el “ismo” era el “Expósito” de entre los de aquél lugar. El nombre utilizado por quienes no sabían su verdadero nombre. La pareja de tertulianos se sentó, con risa entrecortada. Saludaron al nuevo con acento tejano, presentándose como Rusia y Alemania, dos de los del grupo de “Imperios” que allá se reunían.
A él lo trataron por EEUU, él no se dio por aludido, pues su nombre era Capital, y en todo caso, Capitalismo. Pregunto al frío bebedor de vodka si conocía a un tal Comun, y él le contestó que tal era el nombre del hijo que pretendía tener, sólo que jamás había sido concebido. Todos los Imperios comenzaron a reír en el Infierno, riéndose de las gruesas, y tetudas, madres ideologías que a todos ellos parieron. El mongol trotaba de alegría, el romano se moría de risa. El español no paraba de dar en la espalda al azteca, y éste sonreía al niño adulto, para algunos Magno. Calavera cambio su Expósito por nombre real, y díose cuenta de que estaba muerte en el Infierno de los Imperios, y de que su nombre, era EEUU…
Primera imagen: Sodom and Gomorrha, a painting by en:John Martin (artist), died 1854, thus 100 years.
Segunda imagen: dibujo del prometedor, y notabilísimo, ilustrador, D. Rodrigo Martín Campo, de Mar de Plata, "lugar de buenas ensaladeras" ;-)

jueves, 3 de julio de 2008

Los hidrocarburos del futuro

No demasiado lejos de la plaza Taksin, bajando hacia el Bósforo desde el Museo Militar, existe un amplio parque con multitud de rostros y efigies erguidos en honor a viejas glorias turcas. Dados mis intereses e inquietudes, la sorpresa fue mayúscula cuando puede ver a Gengis Khan, Atila o Tamerlán (Timur “el cojo”) compartiendo parque y monumento en Estambul. Lógicamente, las fotos no se hicieron esperar, y pude hacerme sendas fotografías con héroes de mi juventud e infancia. Las fotos, como la cámara, se perdieron esa misma noche, si bien el recuerdo del hallazgo permanece, inmune, en mi memoria. La posición geopolítica de Turquía siempre ha sido un quebradero de cabeza. Para muchos es la cabeza visible del Islam, para otros un candidato miembro a la UE, mientras que hay quienes la acercan a India o Pakistán o no saben encontrarle zona-región de influencia o procedencia. Una mirada a un mapa mundi actualizado, donde, al menos, no aparezca la URSS, nos mostrará toda una constelación de países, entre Europa y China, de curiosos nombres y vastas extensiones: Kazajstán, Uzbekistán, Tajikistán, Kirguistán, Tayikistán o Turkmenistán. Los nombres de algunos de éstos países, especialmente éste último, nos remite a un origen, cuanto menos etimológico, común al término “turco”. Los “pueblos turcos, o turcomanos”, quizá denominación que dista mucho de la mayor de entre todas las precisiones historiográficas posibles, otrora se extendieron por buena parte de Eurasia, desde la Gran Muralla China hasta las fronteras de Viena. Sin lugar a dudas nos encontramos algunos de los pueblos más poderosos de la historia de la Humanidad: véase a los mongoles, los hunos, los selyúcidas, los otomanos o los actuales turcos. Más allá de las controversias que nos acarrea Turquía, muy especialmente a los “oficialmente” europeos, los países anteriormente citados son de una importancia creciente, quién sabe si en algún momento motivo de conflictos a gran escala. Kazajstán es el hermano mayor de todos ellos. Se trata del noveno país más grande del mundo, si bien su árida superficie no lo sitúa entre los más poblados. Su economía es una de las más prósperas del globo (llegando a crecer un 100% durante el pasado lustro). Si examinamos sus copiosos recursos naturales, nos percataremos del hecho de que se trata de uno de los Estados con más uranio, hierro, cobre o manganeso, por no mencionar su mayor fuente de riqueza, el petróleo (se cree que de 32 millones de toneladas producidas al año, en el 2006, podrá pasar a las 92 en 2010). Su potencial energético, a la vez que nuclear, hacen de Kazajstán un gigante a tener en cuenta, una potencia con inminente necesidad de reconocimiento. Si bien Kazajstán está en vías de fortalecerse como una de las grandes potencias del globo, sus vecinos también disponen de copiosas riquezas, actuales y potenciales. Con motivo de la progresiva desertización, por explotación masiva (y penosa administración por los soviéticos), del Mar de Aral, países como Turkmenistán han visto reducida su producción de algodón en pro de la explotación de recursos como el gas natural (1,6% de las reservas globales, frente al 1,7%, ambas cifras aproximadas, de su vecino kazako). Por si aún no hubieran motivos para la sorpresa, el resto de países citados en este artículos poseen multitud de recursos por explotar (señalar a Uzbekistán especialmente, el país de Samarkanda, y también el más poblado de Asia Central). Un tema de especial interés es la conflictividad, de importancia global, en torno al mar Caspio, una de las fuentes de riqueza, por explotar, más importantes de nuestro planeta. Azerbaiyán, Kazajstán, Irán, Turkmenistán o Rusia se disputan un “mar o lago” salado plagado de hidrocarburos, sueño, y seguro, para un mundo, a día de hoy, plenamente dependiente del petróleo.

Artículo publicado en WebIslam: http://www.webislam.com/?idt=10397

Sobre el tema, otro artículo del autor: "En el tablero sí que están", publicado en el libro: "Di que fue un sueño" y también en WebIslam: http://www.webislam.com/?idt=7650

viernes, 4 de enero de 2008

Matrimonio por rapto

El matrimonio siempre ha sido una institución curiosa. Aquello que para algunas civilizaciones ha sido considerada como la más sagrada de las instituciones, en otras ha acontecido objeto de rapto, y cómo no, de comercio. La mentalidad mercantilizadora de los de nuestra especie ha llegado a extremos considerables; véanse instituciones como la dote o los matrimonios, aún hoy en día concertados, en ciertos países islámicos. Poca duda cabe de que el matrimonio es unión: la más íntima y perfecta de las asociaciones, sólo que variando en relación con qué sea lo elegido para unirse.

Los Ordenamientos Jurídicos modernos abogan por la regularización del “consortium omnis vitae”, o lo que es lo mismo, la comunidad de vida de dos individuos. Desde el derecho canónico se creó el concepto de “consortium totius vitae”, el matrimonio irrevocable, la imposibilidad de divorcio (sólo cabrá la nulidad en supuestos de matrimonios imperfectos por razón de incompatibilidad psico-sexual etc). Frente a estas posiciones, existirían otras civilizaciones, o paradigmas históricos, en los que se vería a la institución matrimonial como una forma de establecer alianzas, tratos, políticas (sucesorios o, incluso, militares). Dentro de estos últimos casos llegaría a imponerse la práctica del rapto en algunas culturas.

La civilización grecolatina recoge dos raptos “fundacionales”. En primer lugar, coincidiendo con los rituales de fertilidad y renovación, el rapto de Perséfone por Hades (motivo de enfado de la madre de ésta, Ceres, que daría explicación a las estaciones y al paso de la prosperidad al invierno y viceversa). Poro otra parte, el rapto de las sabinas sería uno de los sucesos (más mitológicos que reales) que más importancia tuvo en los tiempos primordiales de Roma.

Habiéndose quedado Roma sin población femenina suficiente, Rómulo convocó unos juegos a los que acudieron diferentes pueblos (entre ellos los sabinos, junto a sus mujeres). A una señal del monarca, los romanos raptaron a las mujeres sabinas con el afán de convertirlas en sus esposas. Los sabinos fueron echados, sin perjuicio de que se levantaran después en armas contra el enemigo romano. En plena batalla, dice la leyenda, las mujeres sabinas se interpusieron entre ambos contingentes, gritando por la paz dado que de una forma perderían bien a sus maridos e hijos o bien a sus padres y hermanos.

Más allá de alegorías, leyendas y demás conceptos partícipes de la mitología, el rapto ha llegado a extenderse, y ser común, en no pocas culturas. En el caso español, es interesante citar la costumbre de los godos (y de todos los pueblos germánicos en general) de “raptar” a la esposa deseada, sin perjuicio de que ello fuera motivo inexcusable para el conflicto entre clanes y familias. La seguridad jurídica (y ante todo, la “romanización” del derecho de los godos) acabó, en parte, con la barbarie del mismo imponiéndose la voluntad de los contratantes, fueran los novios o los padres, sobre la fuerza del encaprichado enamorado (o interesado) de turno.

El rapto llegó a tener una importancia primordial en sociedades como las de los pueblos de las estepas. Los clanes guerreros de la basta estepa altiplanicie euroasiática eran, ante todo, hombres guerreros, ligados en sangre e ideales en la persecución del más sagrado de los objetivos, el provecho propio. Quizás como manifestación, una vez más, de una práctica social ligada a una necesidad biológica-genética, el rapto de mujeres procedentes de clanes y tribus rivales aseguraba el intercambio de material genético, y la inhibición de los efectos ligados a la reproducción entre miembros de una misma familia. Lo común de la práctica haría que el propio Genghis Khan no estuviera al margen del suceso.

El padre de Temujin (nombre real del gran Khan), el caudillo Yesuguei, raptó a Joguelún, mujer con la que concebiría al gran Señor de los mongoles. Los merkitas, tribu a la que pertenecía la raptada, quisieron vengarse de la ofensa raptando a la mujer del Khan, Borte. Se dice que el jefe de los raptores copuló con la mujer de Temujin, engendrando al primigenio del conquistador, Jochi Khan (favorito del gran Khan, pese a no ser su hijo biológico). Definitivamente, el rapto le devolvió la jugada a su estirpe, mostrándonos a la posterioridad lo ambivalente de las malas prácticas.

viernes, 20 de abril de 2007

Sobre reyes y velociraptores

El tiempo se dice que condena toda imprecisión, incorrección o infamia. Ya lo dijera Séneca que el transcurso de los años coloca a todo príncipe dentro de su categoría. Poco equivocado estaba el sabio bético, mas valga recordar que lo mismo se acepta respecto a los acontecimientos históricos, eventuales hazañas o meros fenómenos casuales. El tiempo es juez limando cualquier atisbo de subjetivismo. Sin embargo, ello parece no ser operativo de vérselas con el interés del dominante o la manipulación en la emanación de las fuentes. Un ejemplo claro de ello es el presunto descubrimiento de América por Cristóbal Colón. ¿Cómo alguien en su sano juicio pudiera defender la novedad de tal descubrimiento estando acreditada la existencia de poblaciones indígenas en tales tierras? ¿Cómo alguien pudiera defender que fuera el primero de los europeos en conseguirlo si fueron anteriormente los vikingos? La respuesta es obvia, fue el primer, presuntamente, navegante que llegó a las Americas con mandato de Estado Hegemónico, la España de los Reyes Católicos. El Poder seduce, impregna y ante todo domina. Nuestra recreación de la Historia se ve profundamente condicionada por sus caprichos y designios. Aquello que recibimos es un saber tan acumulado como condicionado y subjetivado; pese a ello, el esplendor de la Era de la Información nos repara caminos alternativo. Después de una, nada breve, introducción intentemos responder a una pregunta de imposible solución pero que nos sirve de ejemplo manifiesto de los escrito y de excusa por la que razonar un rato. ¿Cuál es el país más rico en historia de la faz de la Tierra?

Seguro que hubiera quien dijera que los EEUU en tanto que leviatán hegemónico de nuestros días. Otros más “fashion” dirían China o la India, mientras que el resto del común de los mortales seguro que se decantaría por España, Italia o Turquía. Aquello que, con toda seguridad, no acaecería es que alguno de los eventualmente encuestados respondiera con Mongolia. Haciendo caso de esa gran idea que es la metahistoria, es decir, considerar no sólo los tiempos humanos sino también aquellos que nos precedieron, poca duda cabe de que Mongolia es testigo de buena parte de los acontecimientos que han sacudido nuestro Mundo.

Comenzando por el Mesozoico, Mongolia está reconocida como una de las zonas con mayores, y mejores, testimonios paleontológicos, especialmente referentes a los dinosaurios. De los Acantilados de Fuego recorridos por el aventurero Roy Andrews Chapman (personaje que sirvió de inspiración para la concepción de Indiana Jones) surgirían algunos de los dinosaurios más conocidos por todo lo largo y ancho del orbe: velociraptor, protoceratops, tarbosaurus, oviraptor, deinocherius… Parece ser que las arenas del desierto del Gobi fueron testigos de los andares de tales seres dignos de la más grata y fabulosa fantasía. Los dos primeros, velociraptor y protoceratops, son especialmente conocidos por haber sido hallado un fósil en el que un ejemplar de cada uno de ellos murió en plena lucha por conservar su vida. Más allá de ello, velociraptor sería mayormente popular con la realización del filme Jurassic Park, en el que surgirían seres más próximos a dragones que a testigos de la pretérita realidad cretácica (que no jurásica). Ya en tiempos humanos, Mongolia sería conocida por personajes como Marco Polo o la Ruta de la Seda, pero mayormente reconocido será su prestigio de recordar la figura de Genghis Khan, el gran emperador de los mongoles.

Temujin, más conocido como Genghis Khan, sería el primero de los grandes monarcas mongoles. A él le seguirían nombres como Batú Khan, Kublai Khan o Tamerlán. (Valga recordar que a ellos hay historiadores que les suman los hunos como pueblo de origen mongol). Conocidos por su fiereza y inmisericordia, no deja de ser curioso que se les considere como asesinos cuando meramente hicieron aquello que igualmente perfeccionarían personajes del prestigio de Napoleón, Julio César o Felipe II. El chovinismo impera nuestros corazones viendo a aquello deficientemente desconocido como más rico, no sólo en misterio, sino también en maldad y desconcierto.

Aunque pueda parecer tabú afirmarlo en nuestros días, el gran Khan aportó grandes beneficios a la sociedad de su época en base a la concepción de los cimientos de un Imperio que unificaría buena parte del continente euroasiático: facilitando tanto el comercio como los intercambios culturales. La paz que imperaría en sus dominios trajo prosperidad para reinados posteriores, valga constatar la magnificencia que aún emite la capital tamerlana de Samarcanda.

Mongolia fue tierra de reyes y velociraptores. Seres famosos en nuestro actual imaginario y que parecen tener que disculparse por ser más loables e interesantes que los existentes en otros países. Será que Mongolia poco pinte. Más que otra cosa. Nuestros sentidos reciben multitud de filmes y de novelas referentes a episodios de interés algo escaso y bañados de un imaginario, tétrico, así como dotado de un desagradable sabor a rancio. El mundo anglosajón domina los medios, su Historia la humana y sus saurios los mejores. Qué se le va a hacer. Así lo hicieron romanos y españoles con anterioridad, valga decir que cuando existe un Imperio hay más probabilidad de que surjan personajes célebres, pero aún más cierto es que existe el peligro de que todo personaje estándar pueda ser recordado como célebre por la gloria del Imperio.
Imagen de velociraptory protoceratops: cortesía de