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martes, 7 de diciembre de 2010

Escapada a la Reserva africana de Sigean

“Escapada” es una palabra vaga, un término que puede denotar varias ideas: salir de un local sin pagar, escabullirse de un encuentro con una persona especialmente pesada, o más románticamente, hacer un pequeño viaje con tu pareja. “Escapada” es la acción de escapar de la rutina. Salir lo suficientemente lejos, no necesariamente en magnitud métrica, de aquello que constituye tu más común rutina. En tiempos de crisis puede formularse todo un “arte de la escapa”, toda una serie de fórmulas que, dependiendo de cuál sea el lugar de origen, pueden hacerse de la forma más económica y placentera. Les sugiero la escapa que ayer hice desde Barcelona.
Es puente de la Constitución, y la frontera con Francia así me lo confirma. Como si de una “Reconquista” del Rosellón se tratare, legión de coches con matrícula española invaden las tierras de Aquitania en busca de relax y desconexión. Mi pareja, eficaz conductora entre otras muchas virtudes, me conduce a la Reserva Africana de Sigean, su regalo para mi 25 años, una escapada de ensueño que, desde tiempos de infante, poblaba mi mente.
No sin cierto toque “rancio”, revelador de su larga experiencia como centro de protección y divulgación de la fauna (no sólo africana) el trayecto empieza por un tour en coche por diferentes instalaciones. Comenzamos por un primer recinto de herbívoros. En él, con suerte sólo a las puertas de la copiosa vegetación de matorral, nos encontraremos con varios ejemplares de “Syncerus caffer nanus”, o lo que es lo mismo, búfalos africanos enanos. Se trata de una subespecie de búfalo cafre (cusa ausencia, en no poca medida, se justifica por su alto número de incidentes con los individuos de nuestra especie) especialmente adaptada a la vida en la selva tropical. Junto a estos curiosos “toricos” (no confundir con el de Teruel) se ven impalas (uno de los antílopes africanos más célebres y hermosos).
Pasando a un segundo, y después a un tercer, recinto de herbívoros, nos encontramos con los springboks, o gacelas saltarinas. Estos hermosos antílopes son célebres por dar nombre a la selección sudafricana de rugby. Junto a ellos hay cobos (antílopes de gran porte, un tanto tímidos)... y avestruces. Seguramente sea una de las especies “más comunes” pero no podemos dejar de premiar a las avestruces con el título de “animales más simpáticos”. Como si de guardias de tráfico se trataran, las avestruces paran a los visitantes, no pidiéndoles documentación pero sí picando todo lo que tienen a su alcance. Sabida es su glotonería, por lo que procuraremos tener las ventanillas subidas y el coche cerrado (son especialmente amantes del “hurto”, picando con alevosía todas las manillas de las puertas de los automóviles). En el recinto colindante, sin dificultad alguna, veremos a las jirafas y a las cebras, así como a algún antílope ruano.
Tras pasar por la última de las tres separaciones de barras de hierro (que evitan que las pezuñas de las herbívoros pasen de su recinto) nos dirigimos a los recintos más emocionantes. Sería “todo un puntazo” que el excursionista llevara en el coche la banda sonora de Jurassic Park, pues los muros (con alambrada incluida) le recordaran a la célebre película. Cuando uno ya se está preguntado qué huésped poblará la próxima sección, el visitante se sorprenderá al contemplar un recinto superpoblado de osos tibetanos. No será extraño, pues fue nuestro caso, ver cómo se aposentan en medio de la carretera (tumbados). Su peligrosidad (es una de las especie de oso más agresivas) no será proverbial, pues el lujo de su recinto (junto a la vigilancia de un encargado expreso) lo evitarán en todo momento. Dejado este recinto, pasamos al segundo recinto de carnívoros, el de los leones.
La atmósfera del lugar no puede ser más sobrecogedora. Entre matorrales de sabana, charcas y árboles sentiremos la “inquietud” de estar siendo observados. La escena de “miedo contenido” cesa al ver cómo los coches se apelmazan, como si de un actor americano se tratara, en un lugar concreto (junto al guarda en comioneta, que en todo momento, vigila los movimientos del verdadero “monarca” de la reserva). No sin sorpresa contemplaremos la majestuosidad del gran león macho. Con sus rugidos llama a su harem de hembras, las cuales, no dejarán de vigilar a sus traviesos hijos en todo momento (una visión única).
Dejados los leones uno se inserta en tres nuevos recintos de herbívoros. Tras la visita a los grandes felinos, no dejará de ser menos interesante la interacción con los rinocerontes blancos... con no más barrera de separación que el propio coche. Quizá un tanto acostumbrados a los caprichos visuales del “homo sapiens sapiens”, no se inmutarán en exceso ante nuestra visita, y mostrarán sus mejores galas para ser fotografiados. Más que en cualquier otra celda, será importante que no abramos ninguna puerta. Junta a ellos hay una pareja de ñues de cola blanca, unos herbívoros que están entre los más hermosos, y amenazados, del planeta. Pasado este recinto... las avestruces, con su curiosidad congénita, vuelven a repasar nuestros coches, mientras que, no sin gran alegría, nos sorprenderemos al contemplar la belleza de las hermosas cebras. Posiblemente sea uno de los animales que más sorprenda al visitante, verlas en persona no tiene precio. Junto a los toros watussi (un clásico en todo safari europeo...) podremos ver a “mi animal insignia”... el ñu. Tímido y un tanto amedrentado por el público, mi animal favorito no dejará de vigilar los movimientos del viajero, pues a falta de cientos de amigos, es un animal doblemente cauto. Antes de terminar con los herbívoros podremos saludar al asno salvaje de Somalia, un animal en vías de extinción, que nos alegrará la vista con sus “cebradas” piernas. Premio a quien pueda llegar a ver al facocero ("Pumba") corretear por su recinto...
Después de tantas emociones se acaba el periplo en coche. Dejamos el auto y nos disponemos a vivir nuevas emociones. Cerca de los coches tenemos un lugar para hacer pic-nic, eso sí, con compañeros de excepción. Pavos reales... y ¡cigüeñas blancas! serán especialmente impertinentes con su peticiones alimenticias... Una vez se ha descansado visitamos el zoo a pie. Arruís, muflones, dromedarios, kudús, emúes, ñandúes, loros, puerco espines... el surtido es de lo más variopinto, pero una vez más, no serán pocos quienes se sorprendan con la visión de guepardos y licaones (el perro salvaje africano). Por motivos obvios, será a pie como podremos ver a los elefantes africanos. Dependiendo de la época, los veremos juntos o separados, siendo muy interesante poder admirar al gran paquidermo macho en su destierro.
Si Sigean destaca por algo es por el uso que hace del ecosistema natural en que se encuentra el parque. Pelícanos, flamencos, mil y una especies de patos, grullas y cigüeñas pueblan por saturación las marismas de la zona acotada, pudiendo, el visitante, llegar a acercarse (e incluso tocar) a algunas de estas aves. Posiblemente sea esta experiencia una de las más emocionantes de la visita. No se olviden de ver los cocodrilos, los macacos de Gibraltar, los suricatas ("Timón"), las serpientes... y los chimpancés. Sigean es puntero en su estudio, y podremos ver, aunque más intuir, el gran recinto del que disponen (con centro de estudios incluido, obviamente para el estudio de especialistas, que no de los primates).
Tras casi un día entero contemplando animales será muy recomendable que el visitante se acerque a Narbona, una de las ciudades más históricas del Mediterráneo (eso sí, muy venida a menos en cuanto a tamaño) y dependiendo del tiempo, que visita la urbe amurallada de Carcassone (un tanto “achocolatada” para mi gusto...). Es interesante llevar bocadillo para comer durante la visita a la reserva, pero de completar el viaje con algo de ocio cultural, mejor probar el plato típico de la zona: la Cassoulet, un plato (con judías blancas, pato, botifarra...) de lo más suculento y recomendable.
* Todas las imágenes son propiedad del autor.

lunes, 5 de abril de 2010

Aves migratorias

Ver correr el agua por los hocines, escuchar el intimista rugido de los arroyos del Prado y la Madre o contemplar cómo rezuma la tierra, tras algunos días de frágil lluvia, no son sucesos que se puedan contemplar cada día. Esta Semana Santa Anguita estaba húmeda, fértil doncella propensa a la reproducción; verdeaban los trigos y las aliagas amagaban con deslumbrar al paseante (pronto cambiarán pinchos por flores amarillentas), Anguita tiene algo de humedal, y en vacaciones, mismamente goza de aves migratorias.

Las alas de la grulla se transmutan en neumáticos y volantes, sus plumas en cabellos y faces. Cuales avefrías, ánsares o golondrinas, los que antaño habitaron, vivieron, o simplemente, gozaron con, o en, el pueblo vuelven a sus tierras inundando de vida a un rincón, algo desierto en invierno. La magia del lugar cidiano hace que cada año vuelvan padres y polluelos, vínculos que en un momento fueron de sangre, cada vez se van difuminando más en lo genético, sin que por ello dejen de venir, cada año, más y más gente.

Ese patriotismo que a la grulla le hace ir de Norte a Sur, de Escandinavia a Gallocanta, se repite entre los anguiteños que abandonan Barcelona, Zaragoza, Valencia o Madrid en busca de su pequeña tierra celtíbera. La regularidad de ambos cauces vivos es proverbial, sorprendiendo a propios y foráneos que, pudiendo quedarse quietos, estas aves y gentes recorran kilómetros por el premio de poder reposar, gozar, en las alturas de la serranía. ¿Serán los cantos del abejaruco, o los vuelos, ahora imaginarios, de la cigüeña?

En un tiempo de tecnología y servicios públicos, a Anguita ya no llegan parturientas apuradas. Los nacimientos brillan por su ausencia, en contraposición a las idas y venidas de los niños, desde muy temprana edad, por las calles del pueblo. Por la Ramón y Cajal, la Umbría o el Desengaño, siguen yendo pequeñas bicicletas de dos o cuatro ruedas. Los padres no tienen motivo para la preocupación, siendo los chiquillos capaces de acercarsea un río que, en sus respectivos lugares habituales, les estaría vedado. El contacto con la “realidad natural”, con las raíces y el pasado de cada cual es mucho más intenso que en cualquier granja-escuela.

Cierto es que los símiles entre aves y demás animales de dos patas no se reducen al moverse por motivos no siempre explicables. Si la mentira de la “aviar” pudo haberse propagado por acción de los flujos migratorios de los pájaros, no menos cierto es que los urbanitas automovilizados también traemos pestes, en este caso, bien reales: residuos y demás guarradas tras largas noches de orgía musical, ruidos similares a tractores (sólo que en este caso para el ocio y no la labranza), trampas y demás mecanismos contra “alimañas”, químicas y residuos que pervierten lo bucólico, latas mal tiradas durante paseos y excursiones, e incluso alguna ceniza de fuegos temerariamente invocados.

Pese a todo, la migración sigue siendo una necesidad, una fuente de vida, para el pueblo, y aún más, para quienes la practican. Es una lástima que grullas y caravanas no coincidan en el tiempo. Unos y otros quizá pudiéramos gritarnos y compartir vivencias nómadas, hablar sobre esa fuerza dinámica, e inexpugnable, que es el “beneficio de ser anguiteño”.

viernes, 30 de octubre de 2009

En busca del sabio emplumado

Dejando la espesura del mangle, Zalakin se dirigió hacia los bosques del monte, en busca del gran sauce llorón, hogar del sabio emplumado. Pasando por hocines cargados de carrascas, angostos poblados por coscojas y acebos, Zalakin se fue acercando a un valle repleto, primero de quejigos, luego de hayas, moreras, e incluso, alguna que otra higuera. Por los bordes del río Mercurín se alzaban sargas centenarias, abedules de merengue, y algún que otro roble descarriado. Siguiendo sus meandros, Zalakin ascendía el curso del río tal y como su abuelo le había indicado. Recordaba, tal cual, sus palabras: "Tras la tercera hoz, en el séptimo giro del joven río, hallarás un sauce longevo. ¡Grita a viva voz tres de los nombres del Cielo, y el gran sabio aparecerá emplumado en su vestido!".

Zalakin continúo habriéndose paso entre los juncos. La espesura de aquella ribera era proverbial, sobre ella revoloteaban mosquiteros, abejarucos y algún que otro lorito carmesí. Como si de un cuadro del Impresionismo se trata, los colores del bosque tan pronto aparecían como se difuminaban entre los haces de luz, que por aquel verano, eran tan copiosos como intensos. Zalakin se fijaba en todos y cada uno de los árboles que iban apareciendo a ras de río. No tardó mucho en localizar un gigantesco organismo milenario, de nomenclatura llorón, aún debiendo sentirse orgulloso de su longevidad, ¡tan bien lograda!.

¡Tengri, Olimpo, Khala!. Tras los gritos del joven duende un silencio se impuso en la atmósfera. Sólo un agudísimo andar de púgil de poco peso parecía romper aquel ambiente sepulcral. Saliendo del centro de un gran ojo horadado en el tronco del árbol, apareció un búho cornudo de reverencial aspecto. El ave no aparentaba haber nacido ayer; sus plumas tenían el acabado de la nieve, asemejándose a curiosas canas, cuales copos de blanca nieve. El pico, curvo de rapaz, era gordo, pareciendo tratarse de un gigantesco gancho jamonero. Sus orejas, altas y corpulentas, parecían hacer las veces de una parabólica, quizá teniendo el objetivo de corroborar todo aquello referente a un mundo, sobre el que el ave no parecía saber poco. A Zalakin le sobresaltó que ese búho hablara con semejante tono. Sólo al escuchar sus primeros "cantos de saber" supo el joven que se trataba de aquél a quien buscaba.

-¿De qué fuente manan los gritos que irrumpen en mi merecido sueño? -dijo el búho con una mueca de curiosidad, por lo real "típica", al tratarse de una rapaz nocturna.

-Mi nombre es Zalakin. Mi abuelo me envía en busca de preguntas, pues dice que eres tú uno de los sabios que mejor conoce los misterios de este Mundo.

-¿Qué misterio perturba tu intelecto joven duende? ¿Acaso sigues la búsqueda de Gilgamesh, la misión de todo héroe que busca el Cielo?

Sabiendo que el búho le había adivinado su mayor inquietud, Zalakin no supo resistirse a felicitar al ser por su certera intuición aviana, previa petición de saber cómo le había leído el pensamiento.

-¿Acaso no has mencionado tres veces al Cielo? ¿Qué mayor motivo que el querer transcender en lo terreno, hasta el Fin de los Tiempos, para mencionarlo con tanta insistencia?

-Mi abuelo así me dijo que hiciera, reverendo Sabio. -Continúo Zalakin.

-¿Creo que no te has dado cuenta de que yo soy siempre quien pregunta, verdad? ¿Acaso no ves que siempre busco la proverbial prolepsis? ¿Conseguir que yo encuentre la pregunta correcta no te ahorra el camino hacia tu respuesta?

Zalakin asintió, las palabras del búho comenzaban a parecerle charlatanería barata.... Y su paciencia, aun siendo fantástica, comenzaba a menguar.

-¿No has pensado que, tal vez, preguntas cosas sobre las que nadie sabemos? ¿Cómo, sino, desde Sumer, Roma, Bizancio o Inglaterra nos lo seguimos preguntando? ¿Acaso no nos podemos conformar con saber que el alma es recuerdo y la carne abono para lo que, en lo venidero, será materia viva?

Zalakin, desconsolado, observó al búho como si de la encarnación del terreno Führer se tratara. Le había levantado todos sus miedos, siendo su mente pasto libre para los espectros de la angustia.

-¿Tal vez te preguntes por qué la Muerte es irracional? ¿Por qué Hades, Tengri, Dios, Alá o las parcas no ponen límite a este vehículo sin rumbo ni volante por le que ser controlado? ¿Por qué nadie nos asegura que las líneas que nos han creado vayan a perdurar, más allá de la vida de un triste blog? ¿Acaso tu mente imperfecta no se da cuenta de la imperfección del conocimiento humano? ¿Acaso no tienen todos los seres ansiedad, ritmos vitales, circadianos... mecanismos por los que estar siempre alerta, y aún así, jamás llegar a alcanzar la perfección de la seguridad absoluta?. ¿Tal vez te decepcionan mis impresiones? ¿Tal vez te has dado cuenta del lado negro de la tortilla metafísica, aquella a la que llamamos "Vida"? ¿No deberías renunciar a sus causas, y luchar por alcanzar la perfección, la dicha, aquello que nos hace tener conciencia entre el Caos, sueños entre mentiras?.


Ilustraciones:
1) Cuadro de Claude Monet: "Sauce llorón".
2) Heubach_Eurasian_Eagle-owl
3) "Death and the Gravedigger" de Carlos Schwabe.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Miscelánea animal

En el, recién creado, grupo de Facebook de Nubiru planteé que se me comentaran todos aquellos temas sobre los que se quisiera que escribiera un post. La pregunta sigue en vigor, pero en esta ocasión haré honor a la propuesta de uno de mis mejores amigos, Ártax, que me comentaba porqué no escribía algo sobre "Mitos y curiosidades del reino animal". Aquí va el post prometido.

En no pocas ocasiones, "lo mitológico" no es más que una representación social de "lo ignorado". Las diferentes religiones, creencias, cuentos, leyendas y rumores populares bien lo saben. Sin embargo, aún dentro de lo inescrutable que es el mundo de Fantasía (en terminología de Ende), si bien no existen fronteras sí que pudieran distinguirse "grados". Así, existen mitos de creación (el libro del Génesis por ejemplo), que ocuparían el primer peldaño dentro de esta pirámide imaginaria que se plantea, mientras que, en último término, existen rumores que han ido dibujando una cierta aureola fantástica en torno a fenómenos naturales que jamás hemos sido capaces de comprender, sin la ayuda del progreso científico, los mitos y leyendas dedicados a los animales son, quizá, el ejemplo más paradigmático.

- Primer mito: "el buitre baja más rápido a comerse la carroña dependiendo del lado en que esté el cadáver".

Se trata de una creencia muy extendida por todo el ámbito de la Celtiberia (Aragón, oeste de Castilla), tal y como Ártax me lo confirma. Según me contara mi tía, en Anguita (Guadalajara) se cree que el buitre olfatea antes la comida si el animal muerto se deja con el hígado enfocado al aire. En verdad, esta creencia es totalmente falsa, dado que el buitre (como todas las rapaces) tiene un privilegiado sentido de la vista, razón por la cual es capaz de ver "comida" desde las alturas, en una gran extensión de terreno.

- Segundo mito: "el ser humano es el único animal que hace uso del sexo por placer".

Una de las creencias más, probadamente, falsas que se puedan tener en torno al mundo animal, citemos dos especies paradigmáticas: la hiena y el bonobo.

* Tradicionalmente se ha dicho que la hiena es una animal hermafrodita, dado que las hembras tienen pene. La realidad es, de nuevo, bien distinta. Nada es lo que parece, pene y clítoris son dos órganos con idéntico origen evolutivo, razón por la cual son los centros de placer, tanto en el sexo masculino como femenino, respectivamente. Las hienas tienen un clítoris superlativo, que hace que se parezca a su "pariente" pene. Las hembras de hiena se estimulan el órgano entre ellas, haciendo del placer un medio por el que poder fortalecer el grupo social. Respecto a este animal les recomiendo otro post: "Las hienas y sus contradicciones".

* Por otra parte, el bonobo es la especia animal más íntimamente relacionada con el hombre. Su comportamiento, especialmente en lo íntimo, es sumamente sorprendente. Los más prestigiosos expertos en la materia han observado prácticas de sexo oral, anal... e incluso el uso de la "postura del misionero" por parte de los bonobos (de hecho, junto con el hombre, somos los únicos animales que tenemos coítos de frente respecto a nuestra pareja). Los bonobos utilizan el sexo como instrumento para la resolución de conflictos (el hallazgo de comida, por ejemplo, hace que todo el grupo participe en una orgía, consecuencia del nivel de excitación social), siendo sumamente curioso que sus niveles de natividad sean equiparables a los de sus parientes, los chimpances, por más que la actividad sexual es, superlativamente, más frecuente en los bonobos. Respecto de estos animales, es muy interesante el artículo de Richard Wrangham y Dale Peterson, publicado en el Washington Post, y disponible en internet, titulado: "Demonic Males: Apes and the Origins of Human Violence".

- Tercer mito: "las avestruces meten la cabeza en un agujero cuando se sienten en situación de peligro".

Totalmente falso, sin tenerse pruebas de que este compartimiento se haya visto, jamás, en ningún individuo de la especie. No hace falta decir que, lejos de ser una solución, sería una trampa mortal para sí misma, siendo presa fácil. Lejos de la ficción, la avestruz es un animal "peligroso", capaz de alcanzar los 90 km/h y dotado de unas poderosas patas que le facultan para dar peligrosísimas coces (el casuario, especia emparentada con el avestruz que habita Nueva Guinea y parte de Australia, es capaz de acabar con la vida de un humano sin demasiada dificultad).

- Cuarto mito: "Cría cuervo y te sacarán los ojos".

Los cuervos, al igual que el resto de especies con hábitos carroñeros (los buitre por ejemplo) tienen especial predilección por los órganos blandos. Efectivamente, son las piezas del cadáver que antes entran en putrefacción, y por lo tanto, las que antes deben ser comidas. Dado que los ojos son una de estas partes, los cuervos (que acostumbran a ser quienes primero ven los cadáveres) pueden llegar a comerse estas partes (¡aunque no en seres, aún, vivos!). Por otra parte, es importante recordar que el cuervo es uno de los animales más inteligentes que existen, al respecto véase el post siguiente: "El más humano de los pájaros".

- Quinto mito: Existen paquidermos y plantígrados (y éstos tienen relación con el hombre).

El "orden" de los "paquidermos" es, ya, más propio de la Enciclopedia Álvarez que de la ciencia moderna. Por este término se identificaba a aquellos animales de piel gruesa y gran tamaño, a saber: elefantes, hipopótamos y rinocerontes. Lejos de la realidad, los elefantes son del orden "Proboscidea", siendo los pequeños damanes, sus parientes más cercanos; los rinocerontes forman parten del orden "Perissodactyla", al igual que caballos y tapires; mientras que a los hipopótamos se les acostumbra a relacionar más con los cerdos. Lo aquí visto no deja de ser un ejemplo de "evolución divergente" (en el caso de damanes y elefantes) y de "evolución convergente" (en el caso de los paquidermos.

Los "plantígrados" no son más que un campo semántico integrado por todos aquellos animales que son capaces de mantenerse en pié gracias a la planta del pie. A este "grupo" pertenecen osos, primates, tejones o glotones, sin embargo, no nos encontramos más que ante un caso, de nuevo, de evolución convergente. Es interesante, al respecto, el post: "Platón y los dinosarios". Desde luego, la afirmación de que los plantígrados están relacionados con el hombre, no tiene sentido.

Más casos de evolución convergente, que se me ocurren, serían estos...:

Ictiosaurio y delfín.

Delfín y tiburón.

Rinoceronte indio y Triceratops.

Lobo y lobo de Tasmania.

Rata canguro y canguro.

Cóndor y zopilotes (emparentado con las cigüeñas) y buitres (leonados, negros...).

Ilustraciones:

1) "The Nayika as the lovers of all creatures" (1780), Kotah State Rajasthan.

2) Un chimpancé (que no bonobo) pintor: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Brassau.jpg

3) El terrible casuario: foto de Dezidor, sujeta a Creative Commons Attribution 3.0 Unported .

4) Damán en Israel (el "pariente" más próximo del elefante): Israeli Pikiwiki project, sujeto a Creative Commons Attribution 2.5 .

domingo, 30 de agosto de 2009

Nada es lo que parece

Nada es lo que parece. Ésta es una frase “ambivalente”, una suerte de panacea que nos puede servir para introducir mil y un temas. Es una oración “vaga”, signos de escritura que deben ponerse en un contexto, con un significado (además de significante). Si esta frase se inserta en un escrito sobre actualidad, el asunto cambia. “Nada es lo que parece” es el estribillo perfecto cuando se habla de geopolítica. Todo son mensajes vacíos (“política” por antonomasia), que requieren, siempre, una explicación precisa y concluyente.

No hace mucho tiempo, escuché una noticia que me llenó de tristeza y preocupación. Los buitres de la India se están extinguiendo a marchas forzadas, habiéndose reducido su número en más de un noventa y cinco por ciento…. Coincidiendo con esta noticia, los telediarios hablan de una peligrosa pandemia conocida como “gripe del pollo”. A un servidor, creo que por razones obvias, lo primero que creyó es que los buitres se habían contagiado, en masa, por tan feroz virus. Nada es lo que parece. Pese a que las noticias parecieron “dejar ir” reflexiones equivalentes a la mía, la realidad surgiría, muy posteriormente, con afán de ilustrarme en mi ignorancia.

En el año 2008, un estudio publicado en la prestigiosa revista Ecological Economics” afirmaba que la falta de buitres había causado más de 50.000 muertes indirectas en la India. Con la proliferación de cadáveres no comidos por estas aves, el número de perros se ha incrementado, y con ello, los casos de rabia. El buitre, sea en la India o en Celtiberia, es el “barrendero biológico” por excelencia, come sin molestar, y limpia los campos de carroña, con el “ahorro en enfermedades” que ello comporta. En relación con lo que antes hemos comentado, la tragedia del buitre no tiene que ver con la archiconocida “gripe aviar” o “gripe del pollo”, ni tampoco con la “gripe A” o “gripe porcina”… la cuasi total extinción del buitre en la India se debe, curiosamente, al uso de un producto farmacéutico: el diclofenac, anti-inflamatorio de uso ganadero que les colapsa los riñones.

Curiosamente, la “gripe aviar”, aunque no directamente, también ha tenido fatales consecuencias para los buitres en España. Si bien no se ha encontrado rastro alguno del uso de este fármaco en ningún rincón del país, sí que es cierto que las poblaciones de buitre leonado se han visto especialmente diezmadas en los últimos tiempos. Parece obvio que el declive de la ganadería ovina y caprina es un factor clave, sin embargo, no el único.

En primera persona, he podido ver cómo en Anguita (Guadalajara), las ovejas enfermas no podían dejarse en el campo para alimentar a los hambrientos buitres. Por más que los celtíberos lo consideraran un signo de divinidad (el buitre era visto como siervo de Lug, divinidad principal), el Gobierno prohibió esta práctica, obligando a depositar los cadáveres en contenedores especiales. Por fortuna, en los últimos tiempos, la prohibición ha sido revocada, volviéndose a utilizar los muladares (eso sí, con requisitos previos).

Los buitres, al menos los que tienen alas y plumas, no podrán denunciar esta “conjuración” de las grandes farmacéuticas, sin embargo, nosotros sí. Donald Rumsfeld (ex-Secretario de Defensa de EEUU) es el principal accionista de Gilead Sciences Inc., empresa que vendiera a la suiza Roche el Tamiflu, antiviral que fuera fabricado en masa durante el año 2005, precisamente cuando se vendieron millones de dosis, dada las informaciones de riesgo de pandemia que diera, precisamente, el Pentágono. Como bien escribe Walter Goobar, “ahora hay millones de dosis que tienen fecha de vencimiento en seis meses”. Rumsfeld, “Madoff a gran, e infernal, escala”, escribe Goobar, recibe el 10 por ciento del precio de cada caja vendida en el mundo. Nada es lo que parece. Si bien pudieran tratarse de empresas en la élite empresarial, la realidad es bien distinta, Roche, según datos de la Bolsa de Zurich, estaba al borde de la quiebra.

El descubrimiento del genoma de la gripe española, las armas químicas, la guerra de Iraq, la existencia de especímenes tóxicos para la especie humana, como el dicho político, no son más que indicios de un negocio que juega con vidas humanas. ¿Dónde está lo real y dónde lo ficticio? Quizá nunca lo sepamos….

Mil gracias a mi “Vulcano soltero”, gran maestro y amigo, por abrirme “la pista”.

Sobre las imágenes:

1) “Gyps bengalensis” (Image: Goran Ekstrom) Permission This image was published in a Public Library of Science journal. Their website states that the content of all PLoS journals is published under the Creative Commons Attribution 2.5 license.

Artículo clave: Switching Drugs for Livestock May Help Save Critically Endangered Asian Vultures. Gross L, PLoS Biology Vol. 4/3/2006, e61

http://dx.doi.org/10.1371/journal.pbio.0040061

2) Donald Rumsfeld, Secretary of Defense of the United States. This image is a work of a U.S. military or Department of Defense employee, taken or made during the course of an employee's official duties. As a work of the U.S. federal government, the image is in the public domain.

Lectura recomendada: Walter Goobar, “Rumsfeld y una epidemia con puntualidad suiza” (http://www.elargentino.com/nota-39772-Rumsfeld-una-epidemia-puntual.html)

* Tras la redacción de este artículo, D. Jorge, un amigo de la mayor estima, me recomendó este vídeo que ahora les facilito, sencillamente espectacular, ¡gracias de corazón Jorge!.

* Otro vídeo de interés: http://www.vimeo.com/6790193 (cortesía de Pi)

martes, 18 de agosto de 2009

El Señor de la Celtiberia

Aquel hombre siempre tenía ideas inteligentes de las que hablar. Fuere ante una carrasca, en su casa, en tiempos de guerra, o de paz, el sumo sacerdote siempre tenía alguna explicación convincente para todo aquél que supiera hacerle las preguntas pertinentes. Hace tiempo, cuando aún era un infante imberbe, recuerdo haberme sentado sobre el tocón de sabina sito en la puerta del sabio. Recuerdo que me encontró dibujando en el suelo la efigie de un buitre que sobrevolaba nuestro humilde castro del Hocincavero. Al viejo le llamó la atención el que estuviere dibujando tal y no otro animal; por ello, me invitó a entrar a su casa, diciendo que iba a contarme una historia sobre los orígenes de aquel ave, y de su sagrada función, en tanto que servidor de los dioses de la Celtiberia.
"Se dice que el dios de la luz, Lug, andaba un día preocupado. El hombre medraba por la tierra sin tener que rendir cuentas ante él, y eso le ponía en peor posición respecto al resto de los dioses. Lug, de ninguna de las maneras quería renunciar a ser la deidad principal, eligió al ave más poderosa de cuantas existieran y le abrió el estómago, de forma que siempre estuviera hambrienta. El buitre, pues ella era el ave elegida, se vio con la necesidad de comer cualquier cosa que se hallara en su camino. Se dice que un día, durante una de las muchas batallas que sacudían a la Celtiberia, un guerrero cayó muerto en mitad del campo de batalla. Su causa perdió, quedándose su cadáver a voluntad de los elementos. Un buitre que sobrevolaba el lugar, bajó a tierra. Lug aprovechó la ocasión para condicionar a los de su especie de por vida. En lo sucesivo, el buitre siempre estaría hambriento, y comería carroña siempre que se la encontrara.
Sin embargo, Lug no consiguió sus propósitos a la perfección. Cierto es que, al limpiar los cadáveres, el buitre subía el alma del difunto al Reino de los Cielos, ante Lug, pero también lo es que, al ser un ave condenada al hambre eterna, el buitre siempre comía, como si del último de sus días se tratara. Si, en un principio, con el ave, Lug había conseguido librar a la difunta carne mortal de la acción de los espíritus demoniácos (de las enfermedades y las pestes), cierto es que una parte del difunto quedaba siempre en tierra, pues el buitre debía vomitar parte de su alimento, con el afán de poder alzar el vuelo".
Al acabar este relato, el viejo sacerdote me miró fijamente. Me preguntó si había comprendido cuál era el papel del buitre en nuestro mundo. Lástima que, virtud de la fantasía, yo sea de tiempos antiguos, de tiempos de Celtiberia, cuando ante los indicios de realidad, la verdadera ciencia, siempre se acudía a la falsa, pero bonita, leyenda...
* Nota aclaratoria: la leyenda es un recurso lírico del autor, pese a que bien pudiera haber sido contada en tiempos de los celtíberos, cuando la "ciencia" era leyenda y mitología. Los comportamientos del buitre leonado, aquí mencionados, son ciertos. Lug era la deidad principal de los celtíberos, y a ella se brindaban los buitres, siendo comidos y "llevados" hacia la deida por estas aves. Testimonios de ello se tienen en la ciudad celtíbera de Tiermes.
En lo que a Anguita se refiere, los cadáveres de mulas, ovejas y demás bestias se dejaban en el "muladar" (en el Salidero, camino de los Altos). Se dice que el higado debía ponerse cara al sol, pues los buitres así lo olían y bajaban antes. Esta creencia es falsa, pues el buitre ve los cadáveres, dada su privilegiada vista.
Imagen: " Imagen de un Gyps fulvus (Gyps fulvus), un residente del Zoológico de Morelia, en el estado de Michoacán, México", obra de El Ágora, imagen sujeta a GNU Free Documentation License

jueves, 21 de mayo de 2009

El imperio de las grullas

"Muy pocos comen cigüeñas o grullas en nuestro tiempo. Me pregunto cuál es la razón".

Leonardo da Vinci "Notas de cocina"

"The western wind has blown but a few days;

Yet the first leaf already flies from the bough.

On the drying paths I walk in my thin shoes;

In the first cold I have donned my quilted coat.

Through shallow ditches the floods are clearing away;

Through sparse bamboos trickles a slanting light.

In the early dusk, down an alley of green moss,

The garden-boy is leading the cranes home".

PO CHÜ-I

La grulla es una doncella emplumada, zancuda caminante con glamour y estilo. Es capaz de seducir al ser humano con su belleza, figura esbelta y melancólica migración. Las grullas, de hablar de reencarnaciones hinduistas, seguro que antaño fueron bailarinas. Para algunos sus carnes no eran apetitosas, para otros, pura devoción gastronómica. D. Enrique de Villena, Maestre de Calatrava, cita en su "Tratado del arte del cortar del cuchillo", la carne de este animal (el cual, se llegó a criar en granjas hasta la llegada a Europa del pavo; de ahí, se supone, el nombre del pueblo de Grulleros, en la provincia de León, España). ¡Cuánto se vino a menos el linaje de los gruiformes! ¡Ser comidos por parientes de los simios, cuando, hace un tiempo, los de la familia fueron capaces de cazar caballos!

Es curioso, pero la grulla ha encarnado, en varias mitologías, valores marciales. Muy especialmente, la tradición greco-romana (seguida por los “bestiarios” medievales) la trató como ejemplo paradigmático de disciplina, pues se dice que las había que, dentro del grupo, hacían las veces de centinelas por turnos, así como, en pleno vuelo, y perfecta formación, no era extraño que sujetaran a sus cansadas compañeras, hasta que éstas se reanimaran. De la tradición clásica destaca la leyenda de Génara.

En la Ilíada, leemos sobre las grullas que: “entre graznidos vuelan sobre las corrientes del Oceano, a los hombres pigmeos reportando carnicerías y funestas muertes”. Tan curioso fragmento se debe a la creencia de que las grullas “hacían la guerra” con estas tribus del África, encarnizadamente. De hecho, una historia, la leyenda de Génara, nos cuenta lo siguiente…

Entre los pueblos pigmeos no había sucesión masculina, rigiéndose por el matriarcado. Génera alcanzó el poder, siendo una reina muy adorada por sus súbditos, dada a vanagloriarse y los atrevimientos. Se creía superior a todo, lo terreno y lo divino. Hera, enojada por su ofensa, al tratarla de menos valía que ella, la convirtió en el ave más horrenda que podía imaginarse, y que a la sazón, se encontraba en perpetua guerra con su tribu. Cuando era humana, Génera tuvo a un hijo, Mopso, en busca del cual iba siempre, una vez ya, siendo grulla, aunque para su desgracia, sus antiguos súbditos se lo impedían siempre, con especial ensañamiento. Lo curioso no termino aquí, y es que, transcendiendo lo mítico, siempre según Mariño Ferro, los antropólogos, efectivamente, conocen poblaciones de pigmeos que cazan grullas, coronadas, como la de la foto, oponiendo éstas cierta resistencia, dado que son aves un tanto violentas, o cuanto menos, territoriales... Pese a todo, la visión "marcial" de este ave elegante no puede quedar aquí.

Hagamos un salto en el tiempo. Tras la extinción de los dinosaurios, la Tierra se quedó sin "seres dominantes" que "gobernaran" los diferentes ecosistemas. Más allá de la ficción, a semejanza de sus primos velociraptores, las aves experimentaron un incremento sobrenatural en su tamaño, llegando algunas a ser tan pesadas que perdieron la habilidad de volar. Este es el inicio del "imperio de las grullas".

Este grupo de superpredadores, (emparentados con las actuales grullas, y muy especialmente, con el cariama argentino) recibiría el nombre de "aves del terror". De entre todas ellas destacarían estas especies:

- Kelenken guillermoi: hallado en Argentina, se trata del ave más grande de todos los tiempos. Su cráneo alcanzó las proporciones de un caballo, detentando un poderoso, y afilado, pico que nos presenta a este animal como el superpredador de las Américas del Mioceno. Según la web Aragosaurus sus dimensiones eran las siguientes: 71,6 cm. de cráneo, tres metros de altura y 160 kg de peso aprox. Igualmente, se cree que eran capaces de alcanzar los 50 km/h, frente a los 100 km/h que bien pudieran haber alcanzado las crías.

* Por los mismos tiempos y lugares, aunque de dimensiones más modestas, vivió el Phorusrhacos (ave "más conocida", ni que sea por haber aparecido en series como "Caminando entre las bestias").

- Gastornis (nombre oficial, origen europeo de los fosiles) o Diatryma (como se le conocía mayormente hasta el momento, origen americano de los fósiles, posteriores a los europeos, de ahí la prevalencia del nombre) es, con toda seguridad, la especie más conocida de la saga. Su existencia se remonta al Paleoceno-Eoceno, recién extintos los dinosaurios. Sus dimensiones fueron algo más modestas que las anteriores; sin embargo, ello no le impidió ser capaz de cazar "caballos" como Hyracotherium (antepasado de los equinos, que no superaba las medidas de un perro de compañía).

En cualquier caso, siguiendo la precisión de nuestro amigo, y especialista, destacamos que se trata de un "eslabón" remoto de la saga de Phorusrhacos, un "primer intento" evolutivo de ave del terror.

- Titanis walleri fue una de las últimas "reínas" de esta cruel saga. Su tamaño llegó a alcanzar los 2,5 metros de alto, pesando alrededor de 150 kg. Se extinguió en el Plioceno (no mucho antes de la llegada del hombre), habiéndose encontrado sus restos en Florida (EEUU).

Definitivamente, se mire por donde se mire…. las grullas no son un pájaro cualquiera. Si no opinan lo mismo, vean el siguiente vídeo sobre el cortejo nupcial de la grulla japonesa (grus japonensis).

Ilustraciones:

1. “Cranes take-off” de Józef Chełmoński; 1870;

2. Grey Crowned Crane in a zoo in Osaka, Japan. de Kuribo (This file is licensed under Creative Commons Attribution ShareAlike 2.0 License).

3. Size comparison of some of the better known large, flightless, extinct predatory birds. Kelenken, Phorusrhacos, Titanis and Gastornis.

4. Titanis walleri, obra de dmitrchel@mail.ru

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