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sábado, 16 de noviembre de 2013

Una desgraciada historia con nombre de Imperio.

¿Y si el llamado “Imperio” hubiera sido, en verdad, una gran lacra para el porvenir de España? Es un tanto temerario poder hablar en estos términos, sin ser un historiador profesional, pero existen ciertas evidencias, testimonios, que parecen ir hacia esa dirección. Antes de que la plata de las Américas aumentara la hacienda de los Austrias, lo hizo la lana de Castilla. Célebres en Flandes, sirvieron más para financiar las campañas de los grandes Emperadores, que para sufragar las necesidades estructurales de una nación en construcción, y por todo ello en buena parte, aún hoy en día inacabada.

En estos días, dentro del estrepitoso desplome cualitativo de RTVE, destaca la serie histórica-culebrón “Isabel”. Con fuertes fundamentos históricos y un casting de lo más selecto (destaca la hegemonía catalana, síndrome de que no todos estamos en contra de la historia común…) me atrevería a decir que es lo mejor que tiene en parrilla la 1 (aunque con programas como “Entre todos” o el satánico “Corazón, corazón”, mucho quede por compensar). No cabe duda de que el periodo de la historia española escogido es de lo más adecuado, no sólo por lo que pasó, sino también por lo que pudo haber pasado, y no acaeció. 

En su interesantísimo libro “La mirada del poder” (Temas de Hoy, Madrid, 2006), González-Trevijano (actual Magistrado del TC) ya destacó el papel del Rey Católico, Fernando, como príncipe renacentista ideal, hombre de Estado y gran estratega geopolítico. Se dice que en él se plasmaron todos los ideales de “El Príncipe” de Maquiavelo, y de que fue uno de los soberanos más brillantes, no intelectualmente, que dio este país. Con todo, la desgraciada historia de su estirpe (quedando como Reina heredera, Juana “la Loca”) hizo que sus planes se torcieran y que el futuro de España quedara ligado al de la Casa de los Austrias, más pendientes de la Europa Continental que de las tierras del Ebro y el Duero…

Esta es la interesante tesis que defiende Márquez de la Plata en su obra “El trágico destino de los hijos de los Reyes Católicos” (Aguilar, Madrid, 2007). No cabe duda de que la España que heredaron los Reyes Católicos era una de las zonas más avanzadas de la Cristiandad. Como ocurre con todos los “melting pot”, sean éstos raciales o culturales, la fusión de la Castilla cristiana con el al-Ándalus musulmán hizo que las quintaesencias de ambos se fundieran en un porvenir que se avecinaba glorioso.

No sólo Castilla experimentó prosperidad. La Corona de Aragón mantenía un “imperio mediterráneo” que le situaba como una potencia mercantil, a la que sólo alcanzaran a hacer “algo de sombra” las ciudades-estado italianas (destacando Génova como su archienemiga). Por otro lado, el aún, relativamente joven, Reino de Portugal gozaba también de la prosperidad cultural que reinaba por toda Iberia. Si Castilla hizo bien optando por Isabel y la Corona en vez de por Portugal y la Beltraneja es un tema que aún intriga a los historiadores y a cualquier cábala de “pasado-ficción”. El caso es que la España que aquél entonces comenzaba a fraguarse prometía, y sólo la desgracia de unos nobles chiquillos nos condujo al fiasco histórico de lo que pudo haber sido, y no fue.

El Imperio Español fue de todo, menos español. De España se tomó la lengua, los hombres de armas, y lo que es más importante, las rentas del cereal y las lanas castellanos. Flandes a Segovia le importaba poco, y las guerras que allí se libraron no sirvieron más que a los designios de la Casa de los Austrias. Si una Casa nacional nos hubiera reinado… quizá otro gallo hubiera cantado. Con ello no se puede negar que Carlos V y, sobre todo, Felipe II fueron dos de los dirigentes más poderosos de la Historia (equiparables quizá solamente a Trajano o al gran Gengis Kan, de quien, por cierto, el Rey Juan Carlos I tiene genes).

En España el mayor expolio histórico lo ha sufrido Castilla (incluyendo en ella a los actuales territorios de Extremadura y Andalucía). Si esas rentas se hubieran invertido en nuestras tierras, quizá tuviéramos un país más vertebrado y el Penacho de Moctezuma no se hallara en el Museo de etnología de Viena… Con todo no podemos olvidarnos de una gran lacra española, común, cierto es, al resto de Europa: el patrimonio inmovilizado de las Grandes Casas Nobiliarias, en particular las de Alba, Medinaceli y Medina Sidonia. La gran riqueza agrícola fomentó una aristocracia terrateniente, que no mercantil, lo cual, opina, también influenció en las prioridades soberanas. Todo esto es historia… ¿qué podemos hacer ahora?

Sin lugar a dudas, lo que no fraguó por desgracias familiares en casa de los Reyes Católicos, una vertebración nacional que acabe con este país eternamente adolescente y lo lleve a una posición seria y definida. El debate territorial es una plasmación de lo dicho, lo mismo que la Crisis española (pedánea de la Global pero con caracteres propios), que es más política que económica. Mi opinión: el futuro es Portugal. Si hacemos caso del título de la última obra del gran geopolítico Robert D. Kaplan (“La venganza de la geografía”, RBA Libros, Barcelona, 2013), España debe consolidar su “posición geografía” e integrarse en un nuevo sueño... llamado Iberia

Imágenes: 1) Retrato del Rey Católico; 2) Escudo "propuesto" para Iberia. 

domingo, 27 de octubre de 2013

Anguita en televisión!!!

Para quienes queráis saber algo más de mi, algunas veces nombrado, pueblo... aquí tenéis un vídeo!

viernes, 23 de agosto de 2013

¿Fracking o no fracking?

El Boletín Oficial del Estado (BOE) de 14 de mayo de 2013 publicó el Real Decreto 317/2013, de 26 de abril, por el que se otorga a Frontera Energy Corporation, S.L., el permiso de investigación de hidrocarburos denominado «Cronos». El nombre escogido no podría haber sido mejor.

Cronos era un titán de la mitología griega (Saturno para los romanos). Cuenta la leyenda que Zeus (hijo suyo) consiguió vencerle y arrebatarle el dominio sobre el Mundo, evitando que se lo comiera, tal y como sí hizo con sus hermanos (escena que inmortalizara Goya en su célebre cuadro). Si bien para los griegos Cronos fue un malvado titán, padre de Zeus, para los romanos tuvo mejores connotaciones, al refundirse el mito griego con los de su deidad patria, Saturno. Será el propio lector quien tendrá que ver si “este Cronos” responde más a un símil griego o romano, o lo que es lo mismo, si interesa para Anguita y demás pueblos afectados por el permiso de investigación el conocido como “fracking”.

La primera pregunta a realizarse es obvia… ¿qué es el “fracking? El “fracking”, o fracturación hidráulica (perforación horizontal), se trata de una técnica utilizada para la extracción de gas y petróleo consistente en la perforación-fracturación, a gran profundidad (1-3 km bajo tierra), del sustrato rocoso (pizarras, esquistos, “shale rocks”) que contiene, entre sus poros, el preciado gas. La roca que contiene el gas es fracturada con un compuesto formado, mayoritariamente, por agua mezclada con arena y productos químicos (muchos derivados de la goma guar, planta cultivada en la India). Al romperse la roca, el gas se desprende hacia la superficie, donde es captado y almacenado para su utilización.

Esta técnica comenzó a utilizarse en EEUU, donde se está produciendo una auténtica nueva “fiebre del oro”. Con el “fracking”, EEUU está consiguiendo el viejo sueño del Presidente Nixon, la autonomía energética. Los grandes perjudicados son Rusia y los países de Oriente Medio, principales productores de gas, hoy en día.
Precisamente, la gran ventaja de este medio de extracción es obtener recursos que, “a priori”, de otra forma serían inaccesibles. España, particularmente la zona de la Celtiberia histórica, parece tener grandes reservas de hidrocarburos explotables mediante esta técnica. Los efectos beneficiosos de su implantación, siempre hablando desde una perspectiva de país, y no local, serían la bajada del precio de los hidrocarburos, la independencia española frente al gas argelino y la creación de puestos de trabajo por poner algunos ejemplos (en EEUU ha creado 76.000 millones de PIB y 600.000 puestos de trabajo).

El profesor Antón Uriarte Cantolla (autor de “Historia del clima en la Tierra”, entre otras obras de referencia) defiende este método. Uriarte es reconocido por defender una posición escéptica ante la influencia humana en lo referente al conocido como Cambio Climático, alegando que son muchos los intereses, económicos y políticos, que llevan a los gobiernos a defender posiciones “ecologistas”, manipulando los argumentos científicos existentes. En lo referente al “fracking”, Uriarte opina que las críticas medioambientales tienen mucho de ignorancia científica y responden a un evidente interés de quienes invierten en energías renovables o tienen intereses, como Rusia (que “avisa” a Polonia del peligro de los terremotos) o los países de Oriente Próximo (paradójicamente, grandes productores, ahora, de energías renovables), en que no baje el precio de los hidrocarburos. En lo referente al caso americano, Uriarte afirma que “en Estados Unidos son los estados del Middle West, además de Texas y Oklahoma, los que están sacando al país de la crisis, impulsando hacia arriba el empleo”.

En defensa del “fracking”, Daniel Lacalle (Cotizalia, elConfidencial) afirma: “desde que la revolución del fracking -fractura hidráulica- comenzó, el precio del gas en EEUU ha caído más de un 44%, mientras en Europa subía un 23% de media. Eso es un estímulo de verdad. No es una cuestión irrelevante. El coste de la energía supone casi el 30% de los costes totales de las industrias en Europa”.

Hasta aquí, el lector puede estar cuasi convencido, bien de que nos hallamos ante un filón de oro, o bien de que el autor de este artículo es un defensor del “fracking”, nada más lejos de la realidad.

Para Anguita el “fracking” constituye, opino, una gravísima amenaza. Las características geológicas, y sobre todo hidrográficas, del término desaconsejan la utilización de estos métodos. No es ningún secreto que Anguita es una “mina de agua” (bien que, a diferencia del petróleo, el oro o el gas, nos mantiene vivos). La zona del Campo Taranz, sobre todo, está plagada de acuíferos, descubiertos y por descubrir, siendo fuente tanto del río Tajuña como del Jalón. Las filtraciones de compuestos tóxicos procedentes de las inyecciones con las que quebrar la roca son preocupantes (se habla de altos niveles de cloroformo, xileno, tolueno, butano, metano, propano y benceno, especialmente cancerígeno el último). Es muy gráfica la imagen de ciudadanos de EEUU que acercan un mechero al grifo de casa… y el agua prende. Si bien es cierto que ello es consecuencia de accidentes poco probables, también lo es que científicos de la Universidad de Duke (EEUU) han probado la existencia de concentraciones de metano en el agua dulce de las zonas donde se utiliza el “fracking” diecisiete veces mayores a las zonas no activas. Igualmente, estudios realizados en Texas demuestran que hay mayores índices de asmáticos allá donde se practica esta técnica.

Además de una eventual contaminación de los acuíferos (y rotura de los mismos, al perforar), el problema fundamental es el elevadísimo coste hídrico de la práctica. Según GREENPACE, se necesitan entre 9.000 y 29.000 metros cúbicos de agua para las operaciones de un solo pozo. Teniendo en cuenta que el agua potable es un bien escasísimo, y Anguita un lugar plagado de importantes reservas, deberíamos priorizar la conservación y limpieza del agua potable.

En contra de esta afirmación, Jorge Alcalde (de Libertad Digital) alega que: “en Pennsylvania hay 2.916 licencias de explotación por fractura hidráulica. El estado consume unos 9.500 millones de galones diarios de líquido elemento (unos 35.000 millones de litros) De ellos, 1,9 millones se gastan en fracking, 62 millones en ganadería, 96 millones en minería convencional y 770 millones en la industria”. Curiosamente, es también en Pennsylvania (y Nueva York) donde se han detectado, detalle que se obvia por este periodista, una generalizada bajada del precio de la leche de su procedencia, así como varias muertes de ganado por envenenamiento.

Junto a estos contras, GREENPACE cita entre otros argumentos a considerar: el impacto ambiental, contaminación sonora, movimientos de tierras (aspecto sumamente interesante para los vecinos de La Hoz), tráfico de camiones… No pudiendo olvidar, en lo que al caso de Anguita se refiere, que la zona que se vería afectada está protegida al ser Zona Zepa y formar parte de la Red Natura 2000. Es decir, una vez más, como ya aconteciera con los molinos, nuestra “princesa aviar” y más que idónea mascota, la alondra de Dupont (o ricotí), se vería afectada.

La UE no ha regulado esta práctica aún, si bien, sí ha sido prohibida en su territorio por Francia, Holanda o la República Checa. España no cuenta con legislación actualizada para el caso, existiendo sendos debates en gran número de Autonomías (Cantabria, La Rioja o Navarra lo han prohibido). Otra vía es la de Austria, quien ha regulado el “fracking” con tales requisitos… que lo hacen inviable.

La clave para Anguita y el resto de pueblos tiene que ver mucho con el Cronos mitológico: el tiempo. La verdad acabará surgiendo, y sólo faltaría que surgiera cuando en nuestro pueblo ya se hubiera perforado su subsuelo. Anguita ya vio pasar otros “titanes” por su puerta sin que la cosa fuera a mayores (uranio, cantera…), cabrá ver si el peor de todos ellos, Cronos, pasa también sin dejar nada más que anécdotas para un futuro recuerdo.

Algunas fuentes de interés:

Imágenes:
Origen del esquema del fracking:

Origen del mapa sobre el fracking en Europa: http://frack-off.org.uk/europe-against-fracking-a-continent-says-no/

* Para la redacción de este artículo he contado con la ayuda de Antón Uriarte, experto en Medio Ambiente y buen amigo.

miércoles, 6 de marzo de 2013

lunes, 4 de marzo de 2013

Conferencia: Anguita hace 200 años.

El próximo día 30 de Marzo (Sábado Santo), a las 13 h., tendrá lugar, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Anguita, la conferencia: 

Anguita hace 200 años: nace la primera Diputación Provincial. 


por Javier Serrano Copete (autor de "Una historia de Anguita: el pueblo y su entorno").




Más información en:


http://www.tuenti.com/#m=Event&func=view_event&event_key=66424598_1361435666

lunes, 24 de diciembre de 2012

Un regalo de Nochebuena!

lunes, 24 de septiembre de 2012

sábado, 29 de enero de 2011

España: unidos en la diversidad.

España es un sujeto con sendos problemas de personalidad. Buscando su identidad se sumerge en un océano de prejuicios, que enfrenta a sus partes y no fomenta la razón en “el todo”. Como prototipo de inseguridad, España busca símiles con el resto de naciones. Quién sabe si por falta de autoestima o por psicópata manía, España es rica en copias baratas, piratería institucional que se manifiesta en toda una gama de “trasplantes” de difícil asimilación patria. Ora con base a la filosofía germana, ora con la idiosincrasia francesa, España es capaz de acoger una institución austriaca (como el Tribunal Constitucional) y al mismo tiempo un Código Civil de clara simetría napoleónica. El núcleo duro del funcionamiento nacional es una simbiosis de instituciones foráneas. Cual ejemplo de internacionalismo, España se obceca en soluciones consolidadas en vez de regocijarse de sus propias posibilidades como realidad diversa.
Recientemente, ha vuelto con especial fuerza el “debate territorial” que opone a “nacionalismos periféricos” y “nacionalismo centrípeto, o centralizador”. Declaraciones como las del antiguo Presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, no sirven más que como réplica a las realizadas por otros políticos, como el ex-Presidente del Gobierno, José María Aznar. Más allá de citar a Pla y considerarse heredero de los “grandes políticos” de la Cataluña de principios del s. XX y finales del s. XIX, Aznar, como el resto de españoles, debe reflexionar, con afán de objetividad, en torno a ese “todo” que es España, y esas “partes” que le sirven de sustrato. Sin esconder mi posición favorable a la integración de Portugal en un mismo Estado, sería interesante comenzar a despejar variables e incógnitas, dando a España el reflejo diverso y multicultural que le caracteriza.
Desde Madrid se tiende a hablar del “modelo francés” como un ejemplo de eficiencia. De clara herencia borbónica, la idea de construir una gran capital que eclipse al resto de ciudades hispanas es una de las grandes constantes en la historia española de los últimos siglos. El modelo radial de nuestras comunicaciones (obviando al “Corredor del Mediterráneo”, por ejemplo) es una de las herencias que ello ha comportado, con todo el daño identitario que la idea ha provocado.
Puestos a citar declaraciones de reconocidos políticos nacionales, no quisiera olvidar las recientes palabras dichas por el actual Presidente del Congreso de los Diputados (anterior Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-la Mancha). Hablaba, con su habitual socarronería, del “problema” que en su momento tuvieron con la necesaria elección de una capital para Castilla-la Mancha. Al no haber un “configuración histórica”, ni una consolidación económica como unidad, debió de esgrimirse un criterio, tan débil en la práctica, como es el de haber sido anterior capital del Reino Visigodo y capital del Imperio Español con Carlos V, para elegir a Toledo como lugar en el que situar el Parlamento autonómico de Castilla-la Mancha.
Si a alguna reflexión generalizada se está llegando, es a la de que la época del “café para todos” se está acabando. Indicadores sociales, económicos, culturales... e incluso sentimentales, nos muestran que existan más bien pocas regiones con autonomía e identidad histórica suficientes para justificar su autogobierno y descentralización. En verdad, estas regiones, para algunos “naciones”, son dos: País Vasco - Navarra y Cataluña.
La hegemonía de París dentro de un Estado con capital clara y hegemónica no se da en España. Hasta hace bien poco la industria española se “centralizaba” en la periferia, fuere en Barcelona, en Sabadell, en Mataró, Eibar, Sestao o Portugalete. La existencia de industrias periféricas, obviamente, condujo al nacimiento de grandes capitales periféricos, o lo que es lo mismo, poderosas burguesías periféricas. Centrándome en el caso que mejor conozco, por ser catalán, podría decirse que la historia del “catalanismo” es la historia de la burguesía catalana.
Es defendible, y a la vez legítimo, que la existencia de poderes centrípetos hagan que el poder centralizador entre en conflicto con parcelas de resistencia. Que se quiera imponer una decisión desde Madrid, o considerar que el Decano de un Colegio Profesional o el Director de un organismo deba ser, por naturaleza, aquél que ocupe el sillón del Manzanares, no sólo no es legítimo sino contraproducente. La España de los últimos tiempos ha realizado estas prácticas, y no es de extrañar que en contrapartida existan movimientos soberanistas, que se aprovechan del agravio de habitantes de ciertas regiones, sirviendo a los intereses reivindicatorios de las burguesías periféricas.
La diferencia no puede seguir mostránsose como lacra. Que en Euskadi sean “muy del Bilbao y de la Real Sociedad”, y en Cataluña “muy del Barça”, no deja de ser un síntoma muy gráfico de lo que en verdad sucede. Desde el momento en que se quiere imponer una visión egoísta y anómala de la realidad histórica española, como se viene haciendo en los últimos tiempos, se está justificando que surjan anomalías nacionalistas que hagan dudar a la población de conceptos tan importantes como son los de: “soberanía”, “Estado”, “libertad” o “Nación” (en un sentido liberal del término). Debemos acabar de construir “un Estado” y dejar el disfraz del “centralismo disimulado”. Debemos disfrutar de lo genuínamente propio, lo diverso, no copiando modelos que nos son ajenos.
Mucho daño fue el que produjo el Franquismo y toda la mitología a él aparejada. La época del “Imperio Español” no se caracterizó precisamente por el centralismo (impuesto por los monarcas borbones tras la Guerra de Sucesión). España nació como una unión de reinos, no como producto de conquistas ibéricas. El prisma capitalino, que busca sus símiles con París, se está demostrando que no es sentimentalmente válido. Debemos comenzar a pensar que la Reconquista no empezó sólo en Covadonga y que algo tuvieron que ver, también, los francos de Carlomagno en Cataluña. Debemos darnos cuenta de que el Castellano es nuestra lengua común, pero que existen otras lenguas de necesaria preservación, como el catalán o el gallego. Muy gráficamente... ¿Nadie ha pensado que "la Valencia" del Cid fue una entidad autónoma? ¿o que si Nápoles fue española en algún momento fue "por culpa" de la Corona de Aragón, que no por Castilla?
Precisamente la cuestión lingüística es una de las más espinosas. No sólo desde el centro, sino también, y mucho, desde la periferia, se ha esgrimido como arma arrojadiza. Dejando al margen fueros, decretos, guerras y revoluciones, que el catalán sea una lengua “con poder” y fuerte protección, eficaz, se debe más a la existencia de una burguesía con capital que a batallas heroicas. Lo que diferencia a la lengua catalana, o uno de los factores que más lo hacen, del bable o el aragonés, es la existencia de una clase social poderosa que la ha preservado. La literatura catalana oficial es la que ha seguido el camino que va de La Renaixença a Pompeu Fabra, pasando por el Noucentisme (todos, movimientos burgueses).
Con Fabra como máximo exponente, la creación de una lengua “científicamente separada” se ha utilizado en política. Importando poco que el castellano y el catalán (sobre todo el de ciertas regiones limítrofes, véanse Valencia o Lérida) se parezca tanto. Es algo, precisamente no poco similar, a lo ocurrido con el italiano, tan parecido al castellano en su versión napolitana, pero diferente del oficial, impuesto desde el norte.
Los cantos de “viva España” en el Bernabéu cada vez que juega el Barcelona o algún equipo vasco, la negación de los vínculos del Real Madrid con la burguesía de Mataró que lo creó o las expresiones de “polacos”, “catalufos” y demás, poco ayudan. Reinventemos un país próspero antes de repartirnos la carnaza. Consigamos una España unida en la diversidad y no una crispación que beneficie a los cabecillas de entre las hienas.
Imágenes: Fíjense en el simbolismo que he querido expresar colocando dos cuadros de Tiziano (gran pintor "del Imperio") con sus obras: "Alegoría del Tiempo gobernado por la Prudencia" y su célebre retrato de Carlos V y un cuadro de Goya, "Duelo a garrotazos", tan idóneo para los tiempos actuales...

domingo, 3 de octubre de 2010

Caminos del Poder

“There are no better civilizers than roads” (Lord Roberts)
La mayor parte de la población relaciona a Roma con los gladiadores, las legiones, los anfiteatros y las grandes bacanales. Poca será la gente que asocie la palabra “Imperio Romano” a “calzada”, binomio clave si queremos valorar, como se merece, el auge de la mayor potencia que haya conocido Occidente. Ciertamente, los caminos son excelentes civilizadores. Sin caminos no hay comercio eficiente que valga, ni tampoco intercambios culturales. Fueron sus numerosas calzadas las que alzaron en palio al pueblo romano. Su lengua y cultura no se impuso tanto por las armas como por la excelencia de llegar a través de grandes vías. Poner en comunicación es fomentar el intercambio. Cuando dos visiones se nutren, la una a la otra, surge una nueva visión, mucho más perfeccionada, ello es matemática vital y Roma bien lo sabía.
Hasta los tiempos recientes, las vías romanas han sido la base de las comunicaciones en España. Ni tan siquiera en tiempos del otro gran imperio europeo, el Español, hubo una red de comunicaciones que le llegara a parangón alguno. Fue con el proceso de “modernización borbónica” del siglo XVIII (punto máximo del arcaísmo hispano) que se inició un nuevo proyecto de construcción de vías de comunicación, a la postre muy defectuoso. El modelo quiso ser, no tanto una expresión mejorada del ingenio romano, sino una copia, defectuosa, del absolutismo francés. El poder único del monarca debía manifestarse en todo lo terreno, incluidas las comunicaciones. Lejos de fomentar la mejora de las carreteras en las zonas más densamente pobladas (Andalucía y Levante) se quiso crear una ciudad hegemónica por encima de todas: Madrid.
La herencia de esos tiempos sigue estando presente. Con notables excepciones (véase la primera línea férrea en España: Barcelona-Mataró (capital industrial del textil en aquella época), que sigue siendo una de las únicas que generan beneficios) las mayores inversiones siempre quisieron hacerse en tierra del Poder centrípeto. “Hazañas” como el tren Madrid-Aranjuez (del todo descabellado) se realizaron antes que las comunicaciones entre Sevilla y Cádiz o entre Valencia y Alicante. En vez de seguir criterios económicos, por ende, de optimización, se crearon líneas "tan curiosas" como la Aranjuez-Tembleque (1853) o Aranjuez-Toledo (1858).
Gracias a una, por lo demás tardía, industrialización de Cataluña y las Vascongadas, España suspiró, quién lo iba a decir, gracias a la periferia. El eje marítimo "Islas Británicas – Bilbao" y el eje pro-europeo "Barcelona – Pirineos", hizo que España se beneficiara de la existencia de otras vías que no pasaban por Madrid. Las inversiones en estas dos regiones comenzaron a hacerse indispensables, España estaba progresando, poco a poco, pero gracias a aquellas regiones donde habían menos aristócratas y mayor contacto con las nuevas tendencias.
La genuina España castellana, de las maravillosas urbes, aún hoy en día, de Medina del Campo, Lerma, Alcázar de San Juan o Medinaceli pasaron de ser las ciudades del Imperio a lugares donde residían unas adineradas casas nobiliarias. Aquellos que se repartieron el Nuevo Mundo a su merced (Alba, Medinaceli, Medina-Sidonia...) no apostaron por una modernización que sí se había producido en otros países. Cataluña, con grandes puertos y mejor tradición comercial, prosperó virtud de la iniciativa privada, la misma que podría haber encumbrado a la bahía de Cádiz o al eje mediterráneo (Alicante-Valencia-Barcelona), de no ser por las “mejores” iniciativas de las clases gobernantes.
Nadie hizo patriotismo, pues la política es siempre interés. Cataluña y País Vasco progresaron gracias a unos factores (geográficos, demográficos y sociales) y no por meras ideas idílicas de sabios dirigentes. Madrid tuvo la suerte de formar parte de un proyecto de pasado, ya carcomido por la decadencia hispánica, y poder disfrutar de severas inversiones. Las consecuencias de ello seguimos pasándolas, no por culpa de Madrid, sino por culpa de quienes no supieron ver que Zaragoza estaba bien situada (ahora se está construyendo la mayor plataforma logística de Europa) o que la bahía de Cádiz era fundamental para el tráfico con América y Norte de África. No es de extrañar que esta visión histórico-centralista colaborara a generar una visión, no menos imaginaria y manipuladora, como fueron los nacionalismos periféricos. Los agravios entre unos y otros dejaron al grueso de España en la picota, sin fábricas ni progreso.
Para un viajante extranjero, sigue siendo escandaloso que las mejores comunicaciones nacionales no sean las existentes entre Barcelona y Madrid. ¿Se ha preguntado alguien por qué la N-II no es la carretera que recibe mayor inversión? ¿Qué hay de las líneas de mercancías entre Madrid y el corredor del Mediterráneo? Es obvio que la Madrid actual, aún siendo cabeza de Estado un Borbón, ya no es “borbónica”, y que ha caído en la cuna de la modernidad, con grandes multinacionales y amplitud de miras. Sin embargo, sigue siendo peligrosa la desconfianza que se genera desde el centro hacia el exterior: obviando que el progreso es buscar lo más eficiente, y no lo más cómodo o adecuado a unas ideologías imperantes.
Se puede, y en mi caso estoy, de acuerdo con varias tesis del centralismo. Nadie se negaría a que El Prado no deba estar en Madrid, o que la final de un hipotético gran acontecimiento deportivo no tenga que ser en la Capital, sin embargo, no podemos dejar de ver que existen ejes de inexcusable fomento. Me refiero al eje mediterráneo, efectivamente, pero también a la mejora en las comunicaciones en la antigua “Vía de la plata” y la reactivación del trinomio: Avilés, Gijón y Oviedo (una de las mayores áreas metropolitanas del país con casi un millón de habitantes). No se puede defender el centralismo en una cuestión y no fomentar que un joven pueda ir a la capital, por poco precio, a ver dónde se invierten los fondos "de todos". Definitivamente, ir a Madrid debiera ser más barato, no generando agravios gratuitos por beneficiar a unos, y no a otros.
En conclusión, no debemos mirar los mapas con prejuicios, y sí con criterios de eficiencia. Los caminos siempre han sido progreso y civilización... ¿por qué se creen que los terroristas tienen tanto “empeño” con el AVE al País Vasco? ¿Puede haber algo peor, más “asimilador”, que una rápida conexión con Madrid? No es que los imperios sean progreso, pero sí las comunicaciones que a lo largo de la historia han construido. Si la Unión Europea quiere ser grande... deberá invertir aún más en vías y menos en agricultura. ¡Vivan los caminos y carreteras, sean en piedra o versados por Machado!
Sobre las próximas inversiones que realizará el Gobierno en los próximos tiempos: ver estos enlaces:
1) Ponte Nomentano - a bridge on the Via Nomentana, Rome
2)Hodler - Tessiner Landschaft - 1893

sábado, 17 de julio de 2010

Reformas para España: el problema territorial.

¿Qué son las diputaciones? ¿Qué son las naciones? ¿Qué son las Comunidades Autónomas? ¿Qué son las comarcas? Los límites establecidos en el ámbito político pretenden, en no pocas ocasiones, volverse pétreos cuales montañas. Si un linde separa dos provincias, allí nace un político “Himalaya”, si una ciudad es capital autonómica da igual que esté más o menos cerca del resto de su provincia, lo que importa es la norma jurídica.
Las fisonomías de los territorios se ven más desde la ventanilla del coche que a través de un mapa de provincias. De ello puede percatarse uno haciendo diferentes recorridos, de los cuales yo les recomendaré un par. Durante el pasado verano quise enseñar algunas de las mejores atracciones turísticas de la zona "celtíbera" a mi chica. Fuimos a Molina de Aragón y al Barranco de la Hoz (Guadalajara), pasando por los pueblos de Milmarcos y parte, minúscula, de la provincia de Zaragoza, para llegar a Santa María de Huerta y su monasterio (Soria). Me chocó mucho que ella no pudiera imaginarse que durante aquel corto trayecto habíamos pasado por tres provincias y tres autonomías. Un segundo trayecto lo hice recientemente con mis primos. Desde Madrid, saliendo de Alcalá de Henares fuimos hacia la estación de Guadalajara-Yebes, pasando por parte del corredor del Henares. En aquel momento no tenía a mi chica al lado, y fui yo mismo quien reflexionó sobre lo “gilipollesco” que es la existencia de dos comunidades, en lo terreno, y ¡tres diócesis en lo sagrado!
Las provincias son abstracciones políticas, lo mismo que las autonomías o los propios Estados. Dejan de tener sentido cuando se configuran más como “límites” que como “marcos”. Obviamente los independentismos nacionalistas se nutren de esa gran verdad, queriendo dibujar epopeyas en el mapa, que no tienen sentido en lo social o económico. El tema “provinciano”, sin ningún tipo de matiz peyorativo, no defiende tanto historias o lenguas comunes como una mejor representación de la realidad social, económica, y hasta cierto punto, geo-biológica.
Recientemente, cual ave fénix, a vuelto a oírse el término “Celtiberia”. De entre las cenizas de esta “región histórica” (no me acabo de sentir a gusto con la expresión) surge el proyecto “Paisajes de la Celtiberia” (TERRITORIO IBERKELTIA), proyecto de Cooperación Interterritorial financiado a través de la iniciativa europea LEADER+. La inclusión de las comarcas de Molina de Aragón (y su Señorío), algunos pueblos del área de Sigüenza (Anguita), tierras de Medinaceli, Daroca, Calatayud... no deja de ser de lo más ilustrativo y pertinente. Esta iniciativa cultural, a mi ver, deja en evidencia lo conveniente que sería crear una “autonomía” que, como mínimo, incluyera a estas tierras. El motivo es obvio: todos estos territorios han sufrido la despoblación y la represión económica (con pocas excepciones). Una “división territorial” podría facilitar la gestión de estas comarcas, evitando, por ejemplo, que los vecinos del Alto Jalón “soriano” no puedan ir al hospital de Calatayud o los de Molina de Aragón al de Teruel.
Y es que, ciertamente, si por algo se ha caracterizado el reciente debate sobre el “Estatut” de autonomía catalán es por haber dejado en evidencia que España requiere cambios substanciales y contundentes. Debe dejarse a un lado la eventual comparación que pudiera hacerse entre regiones, a primera vista con igual rango jurídico, y centrarse, con algo de neutralidad, en las necesidades de las personas que viven en los territorios, obviando, a poder ser, los criterios de historia remota y metafísicas nacionales. Así, es difícil sostener la viabilidad de una Comunidad Autónoma de La Rioja, o de una Murcia uniprovincial, por poner dos claros ejemplos. Sin ánimo de ser De Burgos, quien no hizo una división precisamente infalible, quisiera exponer mi idea de división territorial, y compartir con todos ustedes eventuales argumentos para el debate.
En circunstancias como las actuales, con una Crisis económica de la que aún no sabemos cuándo, ni cómo, podremos salir, es evidente la necesidad de “racionalizar el gasto”. El modelo de diecisiete autonomías actual está caduco. Es evidente que Cataluña tiene motivos, y razones de peso, para opinar que su identidad económico-social (que no nacional, o "nacionalista") no es equiparable a otras autonomías. Los próximos años serán vitales para la reestructuración del país, no porque desde aquí se quiera emular a Nostradamus, sino porque la necesidad está bien vigente, y es del todo inexcusable.
Así, por ejemplo, junto a la región de “Celtiberia”, yo sería partidario de unir a Galicia, León y Asturias en una sola autonomía, lo mismo que Cantabria, Burgos, Rioja y Soria (capital). Un caso curioso es el aragonés. Si hacemos caso de criterios históricos, está claro que Aragón está “bien representada” en su actual organización, pero las necesidades de la población, y los desequilibrios territoriales, nos afirman todo lo contrario. Particularmente, creo que la Aragón de Calatayud y Daroca dista, y mucho, de la Aragón pirenáica. Algo así ocurre con algunas provincias de esa gran comunidad hecha a partir de retales: Castilla-la Mancha (Albacete bien pudiera ir con Murcia, y Ciudad Real con Extremadura, yendo Guadalajara capital con Madrid, lo mismo que Toledo).
Obviamente, los entes debieran reducirse, quedando menos Autonomías, más descentralizadas, y con una representación mayor de sus necesidades. Las grandes ciudades debieran ser “cuasi-autónomas” con su propia entidad de gestión metropolitana con capacidad normativa en los ámbitos cotidianos, pudiendo darse esta solución para Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Elche-Alicante-Murcia, Gijón-Avilés-Oviedo, bahía de Cádiz, Málaga, Bilbao o Valladolid.
Se mire por donde se mire, la gente cambia, y su organización territorial también. Podremos ponernos de acuerdo en varias cosas, en otras no (yo suprimiría el concierto vasco-navarro), pero es evidente que España requiere cambios, y que la duplicidad de administraciones es un cáncer para la situación actual (lo mismo que los excesos nacionalistas (ataque al bilingüismo) y los intentos centrípetos, véase la desmesurada deuda de la ciudad de Madrid, o las obras olímpicas injustificadas...).
¿No es el momento de opinar sin influencias externas? ¿No es el momento de reflexionar y de "romper" con los corruptos políticos que medran en lo metafísico y sin sentido? Aquí están algunas de "mis tesis", ¿qué opinan?
* Imágenes:
1) Vista de Molina de Aragón
2) Ermita de Nuestra Señora de la Lastra (Anguita).
Ambas fotos son del autor.

domingo, 4 de julio de 2010

Jugando a ser dioses.

Siempre me han gustado los juegos de estrategia (a poder ser “en tiempo real”, y no tanto “por turnos”). Stracraft (cuya segunda entrega espero con ansias), Age of Empires, Empire Earth, o los Total War, incluso, son juegos que me han seducido muy especialmente, quizá como correlato a mis fantasiosas ganas, tan joviales, de dirigir ejércitos, construir ciudades, o Imperios. Podemos decir que se trata de uno de los géneros de videojuegos más existosos, junto a los simuladores deportivos o los arcade bélicos (ambas categorías, no muy de mi agrado). Si hay algo que sobresale en estos productos, son las posibilidades que prestan al jugador: ser “un dios” en un submundo virtual, y finito. Me pregunto si desde los dogmas de la Iglesia (o del Islam u otra religión), estos juegos no debieran ser prohibidos. A lo largo de la Historia se ha demostrado que “jugar a ser Dios” es uno de los grandes pecados capitales, pues por definición, la Religión implica “misterio” y “transcendencia”.
Personalmente apoyo incondicionalmente a la Ciencia. Existen muy pocos reductos que puedan serle privados. El progreso del hombre se basa en la investigación, sin rígidos moldes o límites, y no me parecería legítimo que la “metafísica” pudiera imponerse “a la física” privándonos de mejoras, muchas veces saludables, en lo que se refiere a nuestra calidad de vida. Desde la ignorancia, siempre he creído en la existencia de un cierto “clero” en lo que a las ciencias se refiere, especialmente en las biológicas.
Un concepto que siempre me ha picado la curiosidad es el de “especie invasora”. Tradicionalmente identificamos el concepto con las cotorras argentinas (un ejemplar de los cuales tuve por mascota, quién sabe si ello me condiciona) o los cangrejos americanos, por poner dos claros ejemplos. Se afirma, y constata, que estos seres producen gravísimos desequilibrios en los ecosistemas que los reciben, produciendo, en no pocas ocasiones, la mengua, e incluso desaparición, de las especies nativas. Tal sería el caso, muy especialmente, de las especies introducidas en las islas de todo el Mundo. Serán pocos quienes no hayan oído hablar del kiwi neozelandés o del dodo de San Mauricio. Al tratarse de especies muy adaptadas a su medio, evolucionadas virtud del aislacionismo físico de sus hogares en la naturaleza, el impacto que la introducción de especies foráneas (incluidos nosotros mismos como especie) ha causado, en algunas ocasiones, la reducción drástica de individuos, en otras, su extinción.
Hace unos días, pasándome por la mejor taberna bloggera de cuantas conozco, me estoy refiriendo a “La taberna del Drunkerosteus”, me enteré de la reintroducción del bisonte europeo en España, concretamente en la localidad palentina de San Cebrián de Mudá. Se trata de siete ejemplares traídos desde la célebre selva de Bielowieza, en Polonia, todos ellos de “pura sangre” salvaje, no mestizada con ganado vacuno. Como indica mi avispado amigo bloggero, su introducción puede que tenga efectos en la conservación del urogallo, por lo que se deberá estar atento. Dicho esto, se confirma una idea que llevaba tiempo paseándose por mi cabeza, y es que me pregunto si no sería posible que estos experimentos se realizaran más a menudo. ¿Por qué no comenzar a creer en la generación de “ecosistemas artificiales”? ¿Por qué no jugar a ser divinidades creadoras de jardines del Edén? Al invocar este sueño, tal vez irrealizable, a muchos les vendrá a la cabeza del ejemplo de las islas Hawaii.
Con la llegada del hombre occidental, llegaron a las Hawaii otros animales. Al igual que ocurriera en los archipiélagos del Pacífico Sur, el hombre trajo consigo a los gatos, los perros, las cabras, los cerdos... y las ratas. Las plagas de ratas en Jamaica y Hawaii fomentaron la introducción de mangostas, con el fin de que éstas las exterminaran. El resultado fue más bien funesto, las mangostas acabaron con buena parte de las biodiversidad de ambos lugares, pues se comieron los huevos de unas aves que no estaban acostumbrados a este tipo de depredadores. La introducción del siluro, caso especialmente conocido por los aragoneses, ha sido también un factor de desestabilización del equilibrio ecológico. Estos peces de gran longitud son especialmente voraces, y son capaces de acabar con las poblaciones de otros peces. Efectivamente, lo mismo que una especie puede llegar a extinguirse en su hábitat, puede llegar a acabar con otras de ser "movida" de su lugar de origen.
Una vez más, nos encontramos no ante un "aspecto artificial" sino ante un "aumento de velocidad". El traspaso de especies entre los diferentes lugares es un fenómeno constante, en buena parte fomentador de la creación de nuevas especies. Los camélidos, por ejemplo, surgieron en América del Norte, y de no haberse movido de sus planicies originales, no habrían sobrevivido hasta nuestros tiempos. El dingo, el famoso cánido australiano, ha llegado a convertirse en un depredador fundamental, siendo juez del equilibrio zoológico en lo que a las sabanas autralianas se refiere. La "introducción" no es un problema, lo mismo que "el calentamiento global", lo peligroso es la alteración de velocidades que provocamos con nuestras acciones.
Ojalá pudiera llegar el momento en que nuestros conocimientos nos ayuden a "alterar el medio" en pro de la conservación de las diferentes especies del Globo. El caso del bisonte europeo es un ejemplo para la experanza, pero no es el único (destaca el "reencuentro", después de siglos, del tigre y el león asiático en la India), ni tampoco el único que se practica en España (véase el problemático caso del oso pirenáico). ¿Podremos crear, innovar en lo natural, lo mismo que acceleramos los procesos naturales? ¿Sabemos fabricar "carrocerías", o sólo sabemos de "cambios de marchas"?
2) Dos ejemplares disecados de dodo, Museo Nacional de Historia Natural, Londres (foto del autor).

sábado, 6 de febrero de 2010

Por las calles de Sigüenza.

No es extraño sentir las más curiosas ensoñaciones al pasar por las calles de la anciana urbe episcopal. Sigüenza, la antiguamente esplendorosa ciudad de la Edad Media, se alza cual hombrecillo perdido tras haber usado una máquina del tiempo.
Sus empedradas vías, señoriales casas y demás monumentos (a destacar una catedral y un castillo) no nos dejan duda de que nos hallamos ante un digno testimonio de la historia, sí, ese cúmulo de acontecimientos pasados, en una inmensidad de los casos no vividos, que narramos cada cuál cuan creemos, o en su defecto, sabemos. La calle Medina es un ring intertemporal. A un lado las tiendas del hoy, y seguro que también del mañana (no hace falta recordar a la librería Rayuela), al otro el esqueleto de un sobervio monumento, cual es la catedral de Sigüenza, hito eclesiástico de una ciudad que recién ha perdido a su obispo. “Jamás España tuvo un periodo tan largo de paz y prosperidad”, esta sentencia la he escuchado en diferentes ocasiones y medios, fuere en boca de filósofos, historiadores, o Presidentes del Gobierno. Como punto clave por el que sostener tal postulado siempre se alega la “igualdad”, el hecho de que, hoy, menos que nunca, existan grandes diferencias (pese a seguir habiéndolas) entre aristócratas y pueblo llano. Me pregunto si este es un punto siempre válido, si es el argumento esencial por el que decir que la España de nuestro tiempo es la mejor que jamás haya existido. Tengo mis dudas, o cuanto menos, opiniones dependiendo del “registro”.

Si las urbes tuvieran voz, a la vez que nombre, estoy seguro de que Sigüenza no estaría conforme con la afirmación ahora dicha. Cierto es que hoy en día todo el mundo comparte carnicería, pescadería o ambulatorio médico, que los Arce no maravillan al Mundo con sus sepulturas y que, sobre todo, los Mendoza no gobiernan el lugar a su antojo. En las iglesias se puede uno ausentar los domingos, y los tañidos de la Catedral, en la mayoría de las ocasiones, parecen tener más de pitido de bus turístico, que de llamada a una oración a la que, cada día, menos gente acude.

El bienestar social jamás estuvo ligado a la relevancia patria. España en un país que ha alcanzado las mayores cuotas gracias a la existencia de grandes nobles concentradores del poder (sean los de Alba, o los de Medinaceli). Ahora, Amancios y Botines parecen cogerles el testigo, pero la población, pese a todo, vive mucho mejor que en los tiempos de Cervantes o Murillo. España da la sensación de que es un país predestinado para la catástrofe, que su potencial, en buena parte fundado en el ladrillo, amenaza con conducirle al Hades de los entes históricos.

Caminar por Sigüenza, pese a lo hermoso que sigue siendo como experiencia, cada vez me recuerda más a un viaje imaginario. Recuerden, a través de la lectura, cuáles debieron ser las sensaciones que experimentaron aquellos que recorrieron Numancia en tiempos romanos, o alto-medievales, cuáles debieron ser las pulsaciones de aquellos beduinos árabes que corretearon por las pretéritamente esplendorosas vías de Antioquía, a mí me pasa algo “parecido” al andar por Segontia.

La Catedral, las diferentes iglesias, el propio palacio episcopal, o la antigua universidad, tan cierto toque barroco a una situación, por días, más ominosa. ¿Estamos transitando por un ejemplo de esqueleto? ¿Qué diferencia a Sigüenza de Trujillo, Plasencia, Solsona o las propias Toledo o Tarragona? Cada día menos, hasta que el día del “olvido” nos lleve a la “nada”. Es difícil defender que los mejores años de España han llegado, cuando existen mil y un testimonios de una situación precaria, no sólo en el campo, ¿acaso no han visto barrios “desiertos”, donde sólo hay grúas y edificios en venta? ¿no abundan éstos en Zaragoza, Madrid o Barcelona?

El encanto de Sigüenza sigue residiendo en sus incentivos para la reflexión. Las esencias fantasmagóricas de sus monumentales paredes me llenan de motivos por los que decir que “algo está cambiando”. ¿Nos llevará el destino a un puerto glorioso? ¿Dejaremos mi generación de ser la primera, en siglos, que vivió peor que la de sus padres? Quizá sea tiempo de oración en la Catedral, o cuanto menos, de reflexionar recorriendo las seguntinas calles.

Hermoso cuadro de Xisco Fuentes: http://xiscofuentes.com/siguenza/183.jpg Artículo publicado en "El Afilador": http://elafilador.net/2010/03/las_calles_siguenza

jueves, 28 de enero de 2010

El momento de Iberia

Artículo publicado en la revista ICTINEO http://www.ictineo.org/
Que España está en crisis es algo que nadie duda. Las medidas adoptadas por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tardan en dar frutos, y la economía del país, en palabras de Nouriel Roubini, es “una amenaza para la zona euro”. Sí, efectivamente, mi país se adentra en una etapa de lo más ominosa, y parece, a primera vista, que la solución no va ha ser fácil. Sin embargo, y aún sin saber economía, creo que las afirmaciones de Roubini son “partidistas”, y bien propias de un economista procedente de los EEUU, por antonomasia, rival económico del Euro y, por derivación, de la economía europea.

A mi ver el mayor lastre actual, tanto a nivel español como europeo, no son los políticos tanto como las instituciones. Por más que cambien “caras y bigotes” en el fondo se respira incompetencia e incultura, por lo que quizá fuera más productivo comenzar a hablar de “instituciones” y no de “nombres”. Definitivamente, creo que esta crisis es el momento ideal para una profunda reforma de nuestro país, y tal vez, también de Europa (como ya habrán podido comprobar, este post es producto de un ejercicio personal de confesión de ideas, sin mayor pretensión que ello, más siendo un profano en economía y en otras tantas ciencias).

Ojalá la reforma constitucional, tan presente en los discursos políticos actuales, se lleve a término. Obviamente, los peligros de tocar la “norma normarum” están ahí, destacando, para la clase dirigente, el miedo a que se pudiera elegir “otro” sistema político, o mejor dicho, otra organización. En la España actual sobran autonomías, y faltan territorios para volver a ser un país rentable en potencia. Es mi opinión, la España “grande y única” no tiene futuro, menos, aún, que la España “cúmulo de reinos taifas”.

Siguiendo a personalidades de la talla de Saramago o Unamuno, creo que puede ser el momento de pensar en Iberia. Geográficamente la Península Ibérica es una unidad geográfica, que se separa del resto de Europa por la cordillera de los Pirineos. El Miño, el Duero, el Guadiana o el Tajo son todos ellos ríos íberos, que nacen en España, para desembocar en Portugal, sin lugar a dudas, metáfora ribereña de cuál es el futuro, en cualquier caso compartido, de ambos Estados. Muy expresivamente, tras ganar las elecciones de 2005, el actual Primer Ministro luso, José Sócrates, exclamaba: “¡La prioridad es España; luego España, y después España!”.

A todos los factores que unen a ambos países debieran unirse algunos datos, antes de formarnos un juicio sobre la conveniencia de unir a ambos países. Una información aparecida en Terra Noticias”, el 27 de Septiembre de 2009 nos ilustra acerca del “potencial” que tendría este hipotético país: “El resultado de una Iberia unida resultaría en el país más grande de la Unión Europea en extensión (el tercero en Europa tras Rusia y Ucrania), el quinto en población (casi 60 millones de habitantes, rozando el número de habitantes de Francia, Reino Unido e Italia) y una potencia lingüística hispano-lusa (608 millones de personas) sólo superada por los 1.000 millones de chinos que hablan mandarín”.

¿Y por qué no? Más de un 40% estarían a favor de esta unión, la mayor parte de las internacionales sitúan una filial “ibérica”, Telefónica y demás empresas dominan sus respectivos mercados, GALP cada vez expande más sus gasolineras por suelo español. ¿Miedos a Yugoslavia? ¿No es España un país, ya, lo suficientemente diverso? Imagínense un lugar del mundo donde las lenguas convivieran en paz, donde una eficaz administración descentralizada diera eficiencia, y nervio, a una economía, cuasi siempre, menospreciada. Si las “antiguas colonias”, con Brasil a la cabeza, cada vez unen más puentes entre ellas (el castellano ya es oficial en la Patria de la Amazonia), ¿por qué no las antiguas metrópolis? Tal vez esto ayudara a recuperar “el patriotismo” de dos países cada vez más perdidos, a diferentes intensidades, en unos mismos problemas.

Claro que habría que “ceder” en muchas cuestiones. La Corona no tendría razón de ser (escollo importante para este proyecto, sin lugar a dudas), y la capitanía del nuevo Estado tal vez debiera dividirse al “estilo holandés”. Como dijera Maragall en su momento, ¿por qué no podría estar el Senado en Zaragoza? A lo que añado yo, ¿y el Parlamento en Madrid, y el Gobierno en Lisboa?. Por qué no refundar un país donde las antiguas potencias medievales, Portugal, Castilla y la Corona de Aragón, “volvieran” en una versión actual.

Los nacionalismos cederían, de alguna manera. El nacionalismo centrípeto ante la fuerza, ya no sólo de Cataluña y el País Vasco, sino también de Portugal. El nacionalismo periférico perdería razón de ser, pues el nuevo “hijo político”, sería producto necesario del mestizaje.

Si las crisis son para reflexionar... ¿¡Por qué no se iba a poder soñar!? Los inicios de un movimiento, sobretodo en Portugal, se han configurado. ¿Hasta dónde llegará?

Primera imagen de Małgorzata Kaczor

GNU Free Documentation License

jueves, 22 de octubre de 2009

Guadalajara, donde la tierra se hace monumento.

Link del vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=dJCmDpyyik0

Votad para que "Guadalajara, donde la tierra se hace monumento" sea el eslogan publicitario de la provincia. Campaña organizada por la Diputación de Guadalajara, a través de LAURADOM.

¿Dónde votar?:

http://www.tantrankilitos.com/DesktopDefault.aspx?tabid=12072

Poned en la casilla "alias": fujur.

Sólo se puede votar una vez al día.

Gracias a todos! ;-)

lunes, 19 de octubre de 2009

Anguita en el Afilador!!

El número 70 del periódico "El Afilador" publica un artículo sobre Anguita y su historia titulado: "Anguita: un reducto de paz". Artículo de mi autoría. Espero que os guste.

sábado, 10 de octubre de 2009

Una corazonada predestinada al infarto...

Es cuasi un tópico sospechar de la lealtad de los barceloneses (y del resto de los catalanes) a la candidatura de Madrid 2016. Pocas cosas se me ocurren más generalistas, y en no poca parte, ofensivas, que este triste pensamiento. Sin embargo, ahora que "el toro ha pasado" y es tiempo de reflexión, cabe poder expresar algunas críticas, errores y demás factores, que a mi humilde entender, han perjudicado, y mucho, a la candidatura española. Todo es más fácil a "toro pasado", cierto, y tampoco voy a caer en el oportunismo.
Crítica número 1: Madrid debía haber esperado a 2020. Samaranch, uno de los cinco españoles más importantes, e influyentes, del pasado siglo XX, recomendó a Madrid no presentarse para esta candidatura. Según la normativa tácita, y hasta cierto punto justa, que rige en este tipo de elecciones, las diferentes celebraciones deben ir cambiando de continente, y en un mundo cada día más globalizado, por ello no cabe entender ya la alternancia "EEUU y sus corrales" v.s. Europa con Rusia.
Me pregunto si la elección de Río de Janeiro será un pistoletazo de salida para que los Juegos se hagan en lugares, ciertamente, que se lo han ganado a pulso. Me pregunto si se acabaron las elecciones "tipo Atlanta", y si, en lo sucesivo, cabrán esperar juegos globales (de eso no hay duda) que se celebren por "todo" el globo.
A mi entender, con la elección de Río se ha conseguido que América Latina (y muy especialmente Brasil, predestinada a ser una de las grandes potencias del Mundo) tenga "sus" Olimpiadas. Sin embargo, no dejan de existir "civilizaciones", en terminología de Huntington (autor de la teoría, y libro, "El choque de civilizaciones") que aún, tristemente, no han gozado de "sus" Olimpiadas. Fundamentalmente me estoy refiriendo al África negra, a Asia Central, y cómo no, al mundo islámico. Una buena excusa para la paz sería la celebración de unos Juegos en El Cairo o Teherán, y por qué no, llegado el momento, en la propia Bagdad (con compromiso internacional de reconstrucción de la esplendorosa capital histórica del Islam).
Crítica número 2: Madrid no es España, si no que "sólo" es su capital. Existe cierto movimiento, igualmente tácito y oculto en el pensamiento de muchos, que pretende equiparar la parte al todo, la capital al Reino. Barcelona 92 fueron las primeras olimpiadas para España, para la región de Cataluña, y muy especialmente, para la ciudad, y entonces también Área Metropolitana, de Barcelona. Una de las mayores críticas a la candidatura madrileña es la elección de sus "subsedes", ¿se pretendía, así, "vertebrar" España?. Obviamente, hubiera sido un honor que Barcelona formara parte de unas segundas Olimpiadas (esta vez como subsede), sin embargo, por parte de Madrid me parece un despropósito.
Cualquier catalán, "amb seny", apoya, apoyará y apoyó el sueño de Madrid (obviamente, con ínfimo entusiasmo en comparación con el apoyo dispensado para con la candidatura propia; ello es cuasi biológico). Por ello, precisamente, no es necesario que el Estadio Olímpico de Barcelona (aquél que recibió una perversión en su nombre) participe, puesto que la lealtad de la ciudad de Barcelona se supone (pues apoyamos las cosas buenas para España, y cualquier cosa que beneficie a Madrid desde fuera, genera externalidades positivas, que dirían los economistas, en Barcelona, y viceversa). Si esa "cursilada" de las "ciudades hermanadas" tiene sentido, no hace falta decir que Barcelona y Madrid son hermanas, y por ello existen "celos", por más que ambas sirvan a una igualdad, cuasi plena, de intereses.
Si fuera Alcalde de Alcalá de Henares, de Guadalajara, de Getafe, de Valladolid, Segovia o Toledo estaría muy enfadado. ¿Por qué se cuenta con Barcelona, Málaga o Córdoba, cuando lo "lógico" hubiera sido que participaran las ciudades que, para lo bueno y lo malo, configuran el ámbito de influencia, directo, de la capital?. Habiendo campo, Coliseo mejor dicho, en Getafe, ¡qué pinta el Olímpico de Barcelona!. ¿Acaso Getafe o Valladolid podrán participar en otras Olimpiadas que no sean las de Madrid (con el permiso, hasta el momento improbable, quién sabe si en el futuro, de Zaragoza)?.
Tercera, y fundamental, crítica: las Olimpiadas de Barcelona regeneraron, y modernizaron, la ciudad de "cabo a rabo". Con cuasi total seguridad, de una forma equivalente a como lo harían unas Olimpiadas en Sevilla, Valencia o Zaragoza. Creo que Madrid no iba a cambiar en exceso con el acontecimiento. Como diría un amigo mío, Madrid no iba a mejorar demasiado con el asunto: las instalaciones estaban ya hechas y... ¿acaso se atreverían a construir más cinturones?.
Crítica, causa final y contundente: Madrid se haya inmersa en un nebulosa de fantasía fomentada por la incompetencia política. ¿Qué es eso de que Madrid se presente a unas elecciones que se sabe que no las puede ganar por la alternancia? ¿Por qué se ha cometido la cobardía de no presentarse cuando París y Roma tenían previsto hacerlo (2020)?.
Madrid, o mejor dicho, sus dirigentes, han jugado a que son los mejores "contra viento y marea". De nada sirvió el consejo de Samaranch, ni las impresiones de todo el pueblo. Ahora nos encontramos con una Madrid, que ha fracasado en su tercer intento, con instalaciones hechas, y que "ganada" una eventual candidatura para 2020, cuasi las tendría ya anticuadas. ¿Alguien no podrá sospechar que todo ha sido un "como mínimo tendremos excusa para construir todo esto"?.
Madrid 2016 ha sido un fracaso y un despropósito, mal organizado y peor explicado. Esperemos que haya más suerte en otra ocasión, aunque no debiera ser en 2020, pues no estaría bien visto, al menos por mí. La "Madrid olímpica" no puede, ni debe, ser un "acoso y derribo" (ello sin tener en cuenta, que Sevilla... o Valencia puedan reclamar que se les deje a ellas intentarlo...).
2ª imagen: The famous monument Christ the Redeemer on the Corcovado hill, in Rio de Janeiro, Brazil. de Jorge Morales Piderit (public domain).
3ª imagen: Logo de Madrid 2016.