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sábado, 5 de marzo de 2011

Extraterrestres bien parecidos

Quizá una de las grandes carencias del premio Nobel es el que nunca le haya sido concedido uno a autores de ciencia ficción. Más allá de inventivas y cavilaciones intrascendentes, buena parte de la ciencia ficción es un experimento intelectual, un cúmulo de hipótesis que juegan a predecir el futuro. Creo, muy sinceramente, que Sir Arthur C. Clarke, Frank Herbert o Isaac Asimov bien pudiera haber ganado el premio.
Para mi sorpresa, pues llegué a pensar que tal vez ya le hubiera sido concedido, Stephen Hawking no lo ostenta. Me pregunto si no sería interesante crear un Premio Nobel de la Divulgación, pues no es “grande” sólo quien únicamente descubre, sino también quien divulga y hace llegar a la población los enigmas y descubrimientos de la Ciencia. Con Hawking y los autores de ciencia ficción podemos comenzar a plantearnos el tema de este artículo: la vida extraterrestre.
Sería un mentiroso si negara que me gusta liberar tensión jugando a video juegos de estrategia. “Starcraft” es mi favorito (sin llegar a los excesos de los surcoreanos, que poco menos que desean declararlo deporte olímpico...). En esta saga existen tres facciones: humanos (terran), unos sofisticados extraterrestres (protoss) y los “típicos” aliens depredadores (zerg). Sea por influencias recíprocas, o por no haber más “elementos” con los que construir seres extraterrestres imaginarios, los seres de esta saga se parecen a los de Starwars, Startreck, Alien... Pienso en los dibujos animados, y también nos encontramos con modelos semejantes. Lo dicho se quedaría en las fronteras de la fantasía si no ahondáramos más en lo real, haciendo referencia ahora a lo que se conoce como “evolución convergente”.
Estoy, más que seguro, de que habrán oído en alguna ocasión decir a alguien que el armadillo o el rinoceronte deben de ser parientes de los dinosaurios (pensemos en el Triceratops). Tal vez, como yo, hayan tenido la suerte de ver esqueletos expuestos que parecían “una cosa” (pienso en el esqueleto de Tchoiria expuesto en “Dinosaurios del Gobi”, la gran exposición de Cosmocaixa Barcelona, que el pasado año estuvo en Madrid) y eran otra, para nada igual, aunque sí “equivalente”. La ciencia ficción “cae” en los mismos derroteros que la propia evolución: buscan soluciones imaginativas usando unos mismos mimbres. “La Creación”, “Dios”, dirán los más devotos, leyes de la física y de la biología, diríamos los más escépticos.
Lleva razón Hawking cuando afirma, respecto a los extraterrestres: que existen (pues el Universo es cuasi infinito y el “azar” de la Vida debió de darse en otro Mundos) y que deben ser más próximos a nuestra idea, cuasi “ancestral”, de hombrecillos verdes que a la de mocos pluridimensionales. Recordemos, las leyes de la física, mientras nadie demuestre lo contrario, son “las mismas” en todo el Universo.
De la misma forma que la evolución ha creado, en tiempos “recientes”, al rinoceronte indio para un ecosistema húmedo plagado de vegetación, millones de años antes creó al Triceratops, un dinosaurio, reptil por ende, sumamente parecido. Esta norma, con cuasi total seguridad, debe de regir la “vida extraterrestre”.
La “moraleja” final es obvia: tendemos a creer siempre en lo particular de lo propio, obviando que, incluso, nuestras leyes de la naturaleza son universales. Aceptando, lo que por otra parte parece una obviedad, podemos concluir, con Hawking entre otros, que es muy probable que existan hombrecillos verdes, aun siendo imposible que hayan llegado a nuestro planeta. Como dice el gran científico, de llegar nos hubieran conquistado o esclavizado... pues las leyes fundamentales de la Naturaleza son universales...
* El famoso rinoceronte indio de Durero v.s. Triceratops (ilustración de http://www.dinosaurpicturesonline.com/1e_ceratopsians.htm).

domingo, 7 de junio de 2009

Los herejes de la Razón

¿Qué sucedería si las farolas no fueran planas, Si todos los huevos no tuvieran una misma “proporción” en cuanto a su forma? ¿Qué pasaría si las ruedas no fueran perfectamente redondas, y las baldosas tampoco rectas? ¿Qué sucedería si nos diéramos cuenta de que todo esto es así, y no de otra manera? Propongo seguir “soltando” delicadezas, y es que... ¿qué sucedería si Pitágoras hiciera más por la Iglesia Católica que San Agustín de Hipona? ¿Y si las matemáticas fueran una ficción, producto de la convención científica, realidad irreal, mal reflejo de la Naturaleza? Según nuestro actual estado de la ciencia, no sería extraño poder hablar de que nos encontramos, al fin, ante el inicio de un nuevo paradigma científico, una "nueva era".

“La ciencia es en esencia un esfuerzo del hombre para ayudarse a sí mismo. Homero, en la Ilíada, emancipó al hombre de la tiranía de los dioses, a los que había temido desde los orígenes de la especie, enseñándole a considerarse a considerarse a sí mismo como creador, hasta cierto punto, de su propio futuro. Durante unos cuantos siglos, el hombre avanzó con cierta confianza a lo largo del camino del saber, dándose cuenta del poder que da. Pero cuando el péndulo inició su retroceso, cuando el hombre empezó otra vez a inclinarse delante de los ídolos que él mismo había construido, cuando no tanto las imágenes que había esculpido sino los libros que había escrito llegaron a considerarse como divinos, el humanismo tocó a su fin y la ciencia también”. Estas geniales líneas, escritas por el no menos notable Benjamin Farrington, en su “Ciencia y filosofía en la Antigüedad” (Sant Joan D´Espí, Ed. Ariel, 1980), son una muy profunda reflexión sobre un hecho, por lo demás, evidente.

El hombre tiene en su cerebro un mecanismo de defensa que le prohíbe concebir el infinito. Todo individuo necesita creer, tener incentivos, luchar por unos ideales, aunque se sepa que jamás podrán llevarse a término. Sin embargo, aún llegándose a defender la teoría del “homo religiosus” (por lo demás discutible), es bien cierto que no sólo es recomendable, sino necesario, ser conscientes de la existencia de dos “dimensiones”: la mística y la física, lo irreal y lo real. Por necesidad la Ciencia es, o pretender ser, “realidad”, para lo otro ¡ya está, entre otras disciplinas, la más bella lírica! En efecto, es una carencia global el que aún no sean accesibles para el gran público, ni aún orientativamente, los principios fundamentales de la teoría del Caos, la física cuántica, y cómo no, la teoría evolutiva.Todo ello, empíricamente contrastado, genera un mundo diferente al contenido en los “Elementos” de Euclides, y del cual, en no poca medida, aún somos esclavos…

La culpa la tiene Pitágoras, el “gran matemático” que acabó por la concepción que creía indisociables: números – técnica. Los pitagóricos consiguieron transformar a las matemáticas de un “arte práctico” a un “arte liberal”, en no poca medida arcano y “filosófico”. Pitágoras negaba la realidad del mundo sensible, manteniendo que la única realidad era la unidad estática (lo “transcendente” que diría la teología católica) de un universo a semejanza de Dios. Al respecto, de las ideas de Farrington, por lo general geniales, se me desprende la siguiente reflexión.

Es un postulado unánimemente aceptado que los pilares de Occidente son: el Derecho romano, la filosofía griega y la religión hebrea. Dejando a un margen la jurisprudencia de los romanos (no sólo por razón de oficio), podría afirmarse que tanto la filosofía griega (en parte) como la religión judía “han perjudicado” al avance de la Ciencia, durante largos siglos. Pitágoras puso los cimientos que Euclides consolidó en su obra, sirviendo todo ello de base a una concepción ideal que conoció su máximo explendor con Platón y su recepción por parte del Cristianismo. El mundo de los griegos pudo “acabar” con el clima de progreso, próspero y fecundo, que se había iniciado con los habitantes de la antigua Mesopotamia y Egipto.

El teorema de Pitágoras ya fue conocido por los matemáticos de Babilonia. El valor de π se “supo”, con verdadero rigor, por parte de los egipcios. ¿Quiénes son los herejes de la razón; quienes falsificaron lo que otros descubrieron primero? ¿Fue Persia una mejor alternativa que los “valientes” espartanos? Oriente ha contribuido mucho más con su ciencia que con sus creencias. Bien lo saben la medicina, la física, la química, y ante todo, el bienestar de nuestras vidas.

Ilustraciones:

1) "Pythagoreans celebrate sunrise" de Fyodor Bronnikov, (1827—1902)

2) Assyria - Portal Guardian from Nimroud. British Museum

jueves, 19 de febrero de 2009

Serpientes de cascabel, reflexiones ante la Crisis

"Cita: En Lawrenceville un ayudante del sheriff deshaució a un emigrante, éste se resitió, obligando al oficial a hacer uso de la fuerza. El hijo de once años del emigrante disparó contra el ayudante con un rifle calibre 22 y lo mató. ¡Serpientes de cascabel! No te arriesgues; si discuten, dispara primero. Si un chiquillo mata a un policía, ¿qué no harán los hombres? Lo que hay que hacer es ponerse más duro que ellos. Tratarlos sin contemplaciones. Tenerlos asustados. ¿Y qué pasa si no se amedrentan?¿Qué si plantan cara y disparan a su vez? Estos hombres han estado armados desde que eran niños. Un revólver es una extensión de ellos mismos. ¿Qué hacemos si no se amilanan? ¿Qué si en algún momento marchan como un ejército igual que los lombardos lo hicieron sobre Italia, los germanos sobre la Galia y los turcos en Bizancio? Aquellas también eran hordas mal armadas y ansiosas de territorio, y las legiones no pudieron detenerlas. Ni las matanzas ni el terror pusieron fin a su avance. ¿Cómo se puede asustar a un hombre que carga con el hambre de los vientres estragados de sus hijos además de la que siente en su propio estómago acalambrado? No se le puede atemorizar, porque este hombre ha conocido un miedo superior a cualquier otro".
John Steinbeck, "Las uvas de la ira" (traducción de Juan José Coy, en: Madrid, Cátedra, 2007)
El hombre tiene una gran lacra como especie. Siendo "inteligente" es el único ser que puede ver lo aparentemente inmutable del presente, sin poder centrarse en lo eternamente cambiante de lo evolutivo. Cualquier fiera vivirá aprovechándose de sus adaptaciones naturales, de las innovaciones (o mutaciones) que le ha brindado la Selección natural, con el afán de adaptarle mejor a su ecosistema; no tendrá mayor visión sobre el tiempo que aquélla que le faciliten sus genes. El hombre es algo más, cultura e incultura unidas en un binomio mortal, e inseparable. No podemos soñar con cambios si nuestra consciente existencia es pasajera. Desde los de CroMagnon hasta las hordas de marines norteamericanas, no tanto ha cambiado. ¡Monos armados, con veneno fatal y cascabeles en forma de políticas y viles propagandas!
Dicen que el buen maestro enseña a aprender de los errores, razón por la cual concluyo que Maese Tiempo es un Catedrático de pobre intelecto. El texto de Steinbeck (redactado en los fatídicos años 30 del pasado siglo) invoca a nuestro pasado histórico, a cómo los hambrientos siempre han luchado por su pan, con mayor intensidad si es bien sabido quién se lo quita. La era global es doncella de pocos secretos. Todo se sabe, o al menos, en parte.
Las crisis económicas son cíclicas, dicen los expertos, algo así como los “paradigmas científicos” de los que Thomas Kuhn hablara hace ya un tiempo. Los “giros copernicanos” siempre tienen desgracias en sus causas, razones por las que el ingenio humano se agudiza y persigue resultados mejores para la optimización, para los avances y el progreso. La Crisis, ya hablando en singular, seguro que reparará un mundo distinto, de ello no hay dudas.
En los últimos meses me ha llamado mucho la atención los grandes avances, que cuanto menos, han sido “anunciados”. Haré mención de algunos de ellos. La edición de “ElPaís” de 24 de noviembre de 2008 incorporaba una noticia de gran calado. Javier Sampedro, genial periodista y divulgador, nos presentaba un mineral, la peridotita, capaz de absorber dióxido de carbono (CO2) convirtiéndolo en cuarzo. Los estudios realizados por Peter Kelemen y Juerg Matter, de la Universidad de Columbia en Nueva York, han ido a dar fruto justo en tiempos de crisis. No por casualidad.
Más allá de lo útil o verídico del hallazgo, este tipo de anuncios no escasearán en los sucesivo. A la vez que la búsqueda de nuevos combustibles (al respecto, citar cómo se ha llegado a defender la piel seca de los cítricos como fuente de energía), la eliminación de externalidades contaminantes, o cuanto menos, de sus productos, es uno de los grandes objetivos de las grandes economías. Curiosamente, en el desierto de Omán (en la península Arábiga) es donde se han realizado estos experimentos, siendo la empresa petrolífera estatal ("Petroleum Development Oman") la primera que va a realizar pruebas con el mineral. Según se afirma, esta roca ígnea (volcánica) está asociada al olivino y se halla en cantidad tanto en las arenas de Arabia como en las costas de la antigua Yugoslavia. El principal problema, o al menos uno de ellos, será conseguir “inyectar” grandes cantidades de dióxido de carbono en el manto terrestre, lugar donde se encuentra, mayormente, el preciado maná “anticontaminante”.
Y es que, precisamente hoy, otros nuevos avances se me han presentado en diferentes medios: los avances en inteligencia artificial, la investigación sobre la fusión nuclear o el famoso gran acelerador de partículas de Ginebra. En un nuevo artículo de Sampedro ("Ahora comienza la etapa de los descubrimientos científicos", “El País”, 10/9/08) se nos ilustra sobre cuán cierto es que, tras los grandes descubrimientos tecnológicos, se acerca el momento de dar un paso hacia los avances científicos.
El, ya citado, Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) se halla, actualmente, en reparación. El primer intento ha fallado, sin embargo, siguen intactas las expectativas puestas en él. La gran inversión, aparentemente, “sólo” tiene el objetivo de descubrir una partícula, el conocido como “bosón de Higgs”; sin perjuicio de que “esa partícula” sea capaz de demostrar el Big Bang y buena parte de los postulados de la ciencia moderna (a la vez que acabar, de una vez por todas, con los últimos vestigios de la ignorancia creacionista). Algunos científicos informan de los peligros ocultos de esta investigación. Según se afirma, existiría un riesgo “ínfimo” de que la máquina fuera capaz de crear un agujero negro que acabara con todos nosotros… idea un tanto esotérica, para mi ignorante conciencia.
Caerán las acciones, los bancos, quizás alguna que otra guerra y varios millones de niños desnutridos, pero la Ciencia, inhumanamente, continuará su camino. Sin conocer la moral, la justicia, o el “orden”, la Ciencia seguirá persiguiendo acabar con la Crisis de turno a base de la optimización de los beneficios virtud de nuevos medios y fuentes de recursos. ¿El hombre es un lobo para el resto? ¿O es un buitre, un cerdo… una serpiente de cascabel que sigue temiendo la rebelión de los hambrientos…?
Imágenes:
1) "Wall Street Rag", by Scott Joplin sheet music cover from 1909.
2) Panorama de 120 (!) photo. Dent de Vaulion, Canton de vaud, Suisse. Photo issue de la série Wee planetsd'Alexandre Duret-Lutz. Autor: Alexandre Duret-Lutz from Paris, France.
(This file is licensed under Creative Commons Attribution ShareAlike 2.0 License).

jueves, 24 de abril de 2008

Iglesia v.s. física cuántica

Imaginemos que hoy nos tocó en suerte una genial clase de Física y Matemáticas. El profesor, sólo para esta sesión, será Gödel, Hofstadter, Feynman, o quizás, de haber suerte, Heinserberg o Bohr. A estas alturas pocos serán quienes no se hayan percatado de que se trata de una clase poco habitual, una lección predestinada a cambiarnos nuestra concepción sobre la vida, la imagen que percibimos de nuestro mundo, presuntamente perfecto, pese a estar, locamente, abocado al impredecible infinito. Para iniciar nuestra sesión científica el profesor comienza hablando del Sumo Pontífice. Según Joseph Ratzinger, nombre mortal del actual Papa, el relativismo “es el problema más grande de esta época”. “Abdicar de la verdad no salva al hombre”, añadiendo que “la fe cristiana impulsa inexorablemente hacia la verdad”. Seguramente, en nuestra jerarquía de citas, el Papa bien pueda ocupar una de las posiciones más, al menos socialmente, predominantes. Cuanto menos, el testimonio del Papa Benedicto en su obra: «Fede, verità, tolleranza - Il cristianesimo e le religioni del mondo» nos resulta de gran utilidad para resumir la percepción “existencial” que hasta nuestros días se nos ha enseñado de éste, nuestro mundo. Dios es Orden, la Verdad, la culminación final de todo camino vital: llegar a encontrarse con el platónico cielo de las ideas de Platón, llámese, equivalentemente, Cielo cristiano. Sin ostentar militancia religiosa, acaso tampoco política, podemos llegar a reconocer que estamos totalmente influidos por la mayor parte de los postulados de la ciencia occidental histórica, resumidos y esgrimidos, desde ya hace siglos, por la teología cristiana. No serán pocos quienes se frustraran cuando nuestro imaginario profesor diga que hemos sido ciegos hasta el momento. Rápidamente, despojándose de toda pretensión mesiánica, el maestro nos aclara su falta de propósitos adoctrinadores, mucho menos religiosos. Sigue la explicación. Será ínfima la proporción de alumnos que haya pensado alguno vez en la irregularidad de la farola, lo malamente esférico de la naranja o la falsa rectitud del lápiz. Asombrosamente, algo tan “a priori” perfectamente geométrico no deja de ser una abstracción que realiza nuestro cerebro, consecuente con lo percibido por nuestros sentidos, al no poder contemplar o analizar los infinitésimos átomos, y quarks, que componen nuestro mundo. Un matemático de la talla de Gödel afirmó que ningún sistema formal, por bien construido que esté, puede ser perfecto, en el sentido de reproducir toda proposición verdadera bajo la forma de teorema. Tal y como puntualiza Hofstadter (en su inexcusable libro: “Gödel, Escher, Bach. Un eterno y grácil bucle”), “el hecho de que la verdad trascienda a la teoremidad, en cualquier sistema formal dado, es conocido como “incompletitud” de tal sistema”. La lógica pierde buena parte de su sentido con lo dicho, recogiéndose puros cartuchos de explosivo con los que erosionar los fundamentos de nuestra ciencia “enseñada”, que no en todo moderna. Newton erró, al igual que tantos antes. El paradigma científico actual nos muestra cómo las leyes elementales de la física o la geometría de Euclides están sucumbiendo a nuevas teorías de mayor, y más necesitado, alcance. El miedo encarnado por el jefe de la Iglesia católica encuentra correlato en la amenaza de que se erija una nueva “gran teoría” que explique fenómenos tanto de las ciencias sociales como de la Naturaleza, del medio ambiente al hombre, pasando por toda empírica existencia. Plenamente relacionado con ello está una de las grandes contribuciones al pensamiento humano de los últimos tiempos, la física cuántica. Teorías, para nada cercanas al gran público (salvo contados libros como el de Hofstadter o los varios, y a cuál más útil, de John Gribbin), se están aproximando a un gran cambio predestinado a trastornar nuestra concepción global del pensamiento, y por definición de todas las ciencias. Conceptos como Azar (la tan temida diosa Fortuna), incertidumbre, entropía, termodinámica, y sobre todo, la teoría de campos, son algunas de las nuevas lecciones que, lejos de quedar en lecciones imaginarias como la de hoy, pronto monopolizarán las aulas de los centros impregnados en el progreso (al menos en actualidad) inherente al conocimiento científico. El relativismo no es nada más que la vida empírica del infinito. Como diría Niels Bohr: “es incorrecto pensar que la teoría de la física es descubrir cómo es la naturaleza. La física se preocupa de lo que podemos decir sobre la naturaleza”. Uno de los grandes divulgadores de nuestro tiempo, Isaac Asimov, destacó la necesidad de diferenciar lo “desconocido” de lo “incognoscible”, es decir, aquello a lo que no ha alcanzado la Ciencia atribuir explicación frente a aquello otro para lo cual jamás estará facultada para atribuírselo. Heinserberg nos propone un pensamiento genial para la reflexión: “es imposible determinar simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula”, formulación científica de la que extraería su “principio de incertidumbre”, virtud del cual: todas las formas de materia son indeterminadas por su propio carácter, no por problemas de medición. El objetivismo hecho pedazos, relativismo con el que destrozar nuestra ciencia clásica, a Descartes, a los lógicos y demás matemáticos idealistas, todo ellos, literalmente, tirados a la basura por la teoría del Caos y la incertidumbre. Pese a todo, todo ello nos ayuda a crear, dentro del más imperfecto desorden, los incentivos que nos motivan para el conocimiento.
  • En primer término, fractal con cierta forma de "Buda": http://commons.wikimedia.org/. En segundo lugar, montaje de Saturno con sus lunas: Montage of Saturn and several of its satellites, Dione, Tethys, Mimas, Enceladus, Rhea, and Titan. From site of NASA

domingo, 16 de septiembre de 2007

Lo sentimental del Tiempo


In the beginning there was Aristotle/and objects at rest tended to remain at rest/and objects in motion tended to come to rest/and God saw that it was boring, although very restful.

Then God created Newton/and objects at rest tended to remain at rest/and objects in motion tended to remain in motion/and energy was conserved, and momentum was conserved,/and matter was conserved/and God saw that it was conservative.

The God created Einstein/and everything was relative/and fast things became short/and straight things became curved/and the universe was filled with inertial frames/and God saw that it was relatively general/but some of it was especially relative./Then God created Bohr/and there was the principle/and the principle was quantum/and all things were quantified/but some things were still relative/and God saw that it was confusing.

The God was going to create Ferguson/and Ferguson would have unified/and he would have fielded a theory/and all would have been one./But it was the seventh day/and God rested/and objects at rest tend to remain at rest
.”

Ferguson and the Grand Unified Theory” de Tim Joseph

Einstein está considerado como uno de los mayores genios de la Humanidad. Su teoría de la relatividad revolucionó nuestra cosmovisión del Mundo, “lo rápido se hizo corto” y “el Universo se llenó de sistemas de referencia inerciales”. El poema de Tim Joseph hallado en la, por otra parte maravillosa, obra de Detlev Ganten: Vida, Naturaleza y Ciencia (todo lo que hay que saber) de la Editorial Taurus, es un resumen, ejemplar, tanto en lo estético como en lo enunciativo, del pensamiento de los mayores genios respecto al espacio y el tiempo. Las grandes religiones monoteístas de la Actualidad, se han empeñado en diferenciar lo Eterno de lo Temporal. Así, tal y como recoge Coomaraswamy en su ya clásico “El tiempo y la eternidad” (Ed. Kairós) “en arjei, in prinicipio, no implica un “comienzo en el tiempo” sino un origen en el primer principio; y de esto se sigue la deducción lógica de que Dios lo eterno está creando ahora, lo mismo que siempre”.

Una ayuda de Fabber, a quién se lo agradezco muy especialmente, me informaba de la genial frase de Lovecraf que afirmaba que “nuestro mundo es una isla de orden en medio de un océano de entropía”. Algo así es lo que se nos viene a la cabeza cuando hablamos del concepto de Tiempo. Tal reflexión no me vino por aburrimiento, más bien por todo lo contrario, al constatar cómo existen momentos que pasan cortos, sin percibirse el tiempo, mientras que otros se hacen eternos en cuanto a irremediablemente largos y severos. Una cita con tu pareja siempre se hace más brece que un tedioso examen de matemáticas, la física se caracteriza por tener ejemplos tópicos y cotidianos, quienes se refereren a ella por no comprenderla del todo y la materia en sí misma a escabullirse de cualquier encasillado con el sino de hacer sufrir a nuestros cerebros.

Dudo que los animales, y mucho menos las plantas, sean conscientes de lo temporal. El cambio climático nos lo demuestra al mostrarnos plantas que florecen en invierno, al hacer temperaturas primaverales, o constatar cómo animales como el oso no hibernan o las cigüeñas dejan de volar al Ecuador por estar cómodas en las antaño gélidas cumbres de los campanarios. Se me ocurre que la “percepción temporal” de la que disponen estos seres no es más que un cúmulo de sensaciones entre las que se encuentran el frío, el calor, el hambre o la alarma. El ser humano, en tanto que animal, no es en exceso diferente. El tiempo es una magnitud “metafísica” por antonomasia. Nadie lo ha visto pero todo el mundo lo vigila. El Tiempo es oro dicen, pero lo es, quizás, más su contenido. El tiempo son emociones y sentimientos. El componente sentimental-emocional lo distorsiona haciéndolo poco empírico para nuestros sentidos. Quizás el amor no sea más que una fuerza de la entropía, relatividad en estado puro, comportamiento caótico sin razón absoluta que sólo entiende de lo inescrutable y no de lo contrastable o predecible. El Tiempo nos “determiniza”, nos sirve de pauta y falsa referencia. El envejecimiento parece apoyarse en él, cuando en Realidad el Tiempo es más Estadística que números enteros. Que el tiempo nos conduce a la Muerte es una idea devota de no haber conocido ningún inmortal, de la misma forma que el sospechar de una muerte inminente, menos en jóvenes que en viejos, no deja de ser pura estadística que no nos asegura frente al acaecimiento de un accidente de tráfico, un cáncer o un infarto para el lozano en existencia. El Tiempo no es soberano, y a caso tampoco relevante, el Tiempo son sensaciones de lo eternamente caótico de nuestro Mundo. Lo que trasciende de nuestras vidas es en qué se materializa su uso y no en su paso.