Aunque rehecho tras el conflicto, el palacio real de Buda destaca por sus dimensiones y las múltiples esculturas que le rodean. Dentro de Buda me llamó poderosamente la atención la neogótica iglesia de San Matías, una belleza. El Bastión de los pescadores parece sacado de una película de Disney, aconteciendo un marco especial desde el que poder ver el Danubio.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Viaje a Budapest.
Aunque rehecho tras el conflicto, el palacio real de Buda destaca por sus dimensiones y las múltiples esculturas que le rodean. Dentro de Buda me llamó poderosamente la atención la neogótica iglesia de San Matías, una belleza. El Bastión de los pescadores parece sacado de una película de Disney, aconteciendo un marco especial desde el que poder ver el Danubio.
viernes, 10 de diciembre de 2010
El arco de Tito
en un sentido relativo), es el que algún dia espero hacer a la Provenza francesa.
Es curioso, ¿se han dado cuenta de que la desconfianza conduce, en no pocas ocasiones, a la supervivencia? Si la preponderancia del judaísmo como poder económico es tal, se debe, en no poca medida, al pragmatismo de su “clase dirigente” (muy distinta al pueblo llano ciudadano de Israel, y mayoritariamente residente en EEUU, Londres o Moscú). Aun tras el saqueo de Roma por Genserico, y anterioramente, por Alarico, los romanos pensaron que su Estado era “inmortal”, que el nombre de Roma perduraría hasta el infinito. Si algo de ello se cumplió, fíjense, fue porque la Iglesia católica, representada por el Santo Pontífice, desconfió de los tiempos, y aceptó a los nuevos jefes bárbaros como gobernantes.lunes, 19 de abril de 2010
La música de los Balcanes
persas y romanos, los turcos otomanos fueron capaces de unir bajo la soberanía del Sultán de Topkapi a gentes de las más diversas procedencias.
guardia creadora de un país ya difunto. Encarna la fiel tradición balcánica de las bandas musicales, peculiares “charangas” que se encuentran presentes en todos los lugares de la geografía balcánica.domingo, 20 de diciembre de 2009
Por sus ciudades los conoceréis.
Ya hace un tiempo que me apetece escribir un artículo un tanto "sui generis". Quisiera hacer un breve estudio conforme a unos datos, quizá, un tanto escolares, y de cualquiera de las maneras, subjetivos. Me propongo reflexionar sobre "los países" en base a sus "nombres". Aquí va la muestra. Escogeré 10 nombres que a lo largo de la historia han sobresalido en alguna disciplina, característica, arte..., para después hacer algunas reflexiones.
gh (Hol), 10) Rafael (It).
Decía Marx que: "la oposición entre campo y ciudad comienza en el momento en que se pasa de la barbarie a la civilización". No es ningún secreto que las grandes civilizaciones SIEMPRE tuvieron a "la ciudad" como núcleo vertebrador, célula creadora de imperios. Se llamare Babilonia, Samarcanda, Bagdad, Memfis, Antioquía o Roma, las grandes hazañas, los grandes avances siempre tuvieron a la ciudad como centro creador.
Es una idea muy corriente aquella que afirma que "lo que no vale para la ciudad, no tiene valor alguno". La ciudad siempre significa avance, movimiento y superación. Igualmente, también acontece "selva", medio hostil en el que el "animal social" humano tiene su vida, y ante todo, se relaciona.
Un historiador romano, o griego o bizantino, siempre te preguntaría por cómo son las ciudades de tu país. Para ellos las grandes construcciones públicas daban sentido a "la cultura", y por ende, a "la civilización". Bárbaro, ante todo, no sólo era el que llevaba barba y vivía tras las fronteras, o las montañas de la "Catena Mundi". Bárbaro, ante todo, era quien no podía ir al teatro, bañarse en las termas o discutir sobre filosofía (o la Santísima Trinidad), fuere en las puertas de la iglesia o del templo. Le Goff (eminente medievalista de los tiempos modernos) afirma que en la Edad Media la contraposición era "desierto vs ciudad". La ciudad siempre dispone de un "hiterland", un campo que le alimenta, frente al desierto, carente de vida por naturaleza (en el sentido humano del concepto).
Nuestros tres países ganadores poseen grandes ciudades, y de hecho, desde que produjeron genios, las tuvieron. A diferencia del huevo y la gallina, sí que sabemos que "la ciudad" fue antes
que "el genio". Después de todo... el desarrollo, el avance ¿no es también mérito de la sociedad, y no sólo de quien inventa?.
Veremos que España está presente en estas listas, eso sí, con carácter secundario. De poco sirve que fuera núcleo del Imperio más extenso que jamás haya existido (superando al mongol, y qué decir, al inglés o al romano). España siempre careció de ciudades. Madrid, hasta finales del siglo XX, no se desligó, definitivamente, de su carácter de "villa", y en España sólo existieron dos ciudades: Sevilla y Barcelona (junto a otras como Zaragoza, Valencia o Córdoba). La elevada densidad de Holanda o Italia, no sólo fomenta las posibilidades de generar "genios" sino que constituyen una alegoría de "la ciudad".
El pueblo es calma, naturaleza, trabajo (según los romanos el más noble, el de la tierra). Sin embargo... ¿habríamos avanzado sin ciudades? ¿es posible "desarrollarse" sin el estrés de las urbes? ¿Acaso la "hostilidad" inherente al nerviosismo... no es la materia prima para la superación?
domingo, 8 de marzo de 2009
Azerbaiyán: la perla del Cáucaso
tengamos en cuenta a este Estado, observándolo con un prisma especial, quizá algo caprichoso. Azerbaiyán es un enclave estratégico, cuna de grandes ajedrecistas (Kasparov) y lugar donde generaran grandes fortunas gentes como los hermanos Nobel. A falta de ser un solo país, Azerbaiyán tiene condicionantes que lo hacen ser, él sólo, toda una región “geoestratégica”, hagamos referencia a algunos de ellos.
os riscos y quebradas de Afganistán, penetran en territorio azerbaiyano con el ánimo de “ayudar” en la lucha contra Armenia por el control del Alto Karabaj. domingo, 2 de noviembre de 2008
Argelia y el peligro del islamismo
la actual administración Bush, por no decir “el más”), responsable de la conspiración contra Allende…, Kissinger es una personalidad de la máxima importancia, quizá, a mi ver, una de las cinco personas más importantes del pasado siglo XX. De lo que no hay duda es de su perspicaz, y raramente superable, inteligencia. Leo las frases arriba transcritas y no acabo de poder diferenciar la situación que motivó la redacción de estas palabras (la “Guerra Fría” en los años 70) con la situación que ahora bien las podría motivar. Me gustaría quedarme, muy especialmente, con la idea de que el comunismo es una “es una doctrina de la historia y también una fuerza motivante”, ¿qué pasaría si cambiáramos a la hoz y el martillo por la media luna islámica?
primer nivel. miércoles, 16 de julio de 2008
Una "caída" controvertida
íntimas se estrechan, cuasi sobrenaturalmente. Los amigos ocupan lugares en los que otrora estuvieran nuestros primos, y los abuelos disponen de mayor ocio, que el de cuidar de sus nietos. Poca duda cabe de que nuestros conocimientos acerca de la vida de quienes nos rodean es ínfimamente peor al que tuvieran, de sus vecinos, nuestros abuelos y más remotos ascendientes. Para la ciencia de la historia, una fuente de inexcusable valor, precisamente, son estos “rumores”. Y es que, no sólo de pergaminos, libros, documentos, bulas y archivos vive el historiador, profesional o aficionado. Fuentes que nos remiten al pensar, y a las preocupaciones, de la vida cotidiana del pueblo que medrara por aquellos tiempos, acostumbran a ser, cuanto menos, de igual o mayor valor que las fuentes más “estandarizadas”. Un fenómeno que es de especial interés contrastar con las gentes que lo sufrieron, bien podría ser la Caída de Constantinopla.
Para el común del gran público, no existe mayor información que la que se publica en los medios "oficiosos" u "oficiales", o lo que no necesariamente es lo mismo, masificados. La Caída de Constantinopla en no pocas ocasiones ha sido vista como el final de la Edad Media, y principio del Mundo Moderno; el fin del último bastión cristiano en Oriente y el auge del endemoniado enemigo turco. Son muy escasos, por no decir inexistentes, quienes se atreven a reflexionar sobre otras posibles versiones de fenómenos, que como éste, son muchas veces tergiversados, e incluso, politizados.
Para enjuiciar la situación, de forma irremediablemente sensacionalista, por definición, humana, siempre nos fijamos en una Constantinopla esplendorosa donde prosperaba el comercio y las diferentes culturas a la sombra de la maravillosa Santa Sofía. Desde una óptica “occidental”, no turca (aunque no sea por definición), es una herejía decir que la conquista otomana revitalizó la antigua capital devolviéndole una vida que acaso había perdido desde los tiempos del gran Basilio. Nadie se atreverá a ver a la antigua Bizancio como un obstáculo para la eficiencia del comercio en el ámbito turco. Nadie se centrará en los “piratas” e inconvenientes que desde las murallas de Constantinopla debieron de crearse a las, cada vez más prósperas, flujos de comunicación otomanos.
El Conquistador, Mehmet, no fue, en ningún caso, un asesino sangriento. Claro que debieron haber muertes, como en todo conflicto bélico, sin excepción, más aún en un duelo de la intensidad de un asedio. Sin embargo, no podemos obviar que Mehmet no exilió a la población originaria de la capital, permitiendo que siguiera, la mayoría, en sus puestos laborales; llegando, incluso, a adoptar como consejeros a miembros de la antigua corte bizantina. Según qué parámetros se utilicen, el Estambul otomano preservó más características de la antaño próspera Bizancio que cualquier otra cultura sobre la faz de la Tierra. Trascendiendo a la Religión, de forma equivalente a lo que sucede con los conflictos actuales, la lucha ent
re cristianos y turcos tuvo más de económico que de ideológico. - primera imagen: Bisanzio nel medioevo Tratta da http://www.allempires.com/empires/byzantine1/constantinople.jpg,
- segunda imagen: Abdullah frères - Sultan Ahmet camii, Istanbul
martes, 13 de mayo de 2008
Vlad "El Empalador"
mismo. Del antiguo Próximo Oriente es de donde tenemos más testimonios antiguos. Ello no se debe, precisamente, al hecho de ser la zona donde mayores brutalidades se realizaban. Nada más lejos de la realidad, es del vergel mesopotámico desde donde han surgido los más fiables testimonios, en ciudades-estado como Ur, Kish, Lagash o Uruk, producto de ser estas urbes, cunas primordiales del arte de la escritura.De entre todas las culturas mesopotámicas destacó Asiria. En verdad, fueron sus tropas las primeras en fundar un imperio de garantías, un organismo soberano capaz de subyugar a una vasta extensión de territorio con vocación de permanencia. Fuera mediante una refinada y compleja estructura política-económica, o por la introducción del hierro en la fabricación de armas para el combate (tecnología que antes utilizaron hititas, y quien sabe si también los urarteos), está, a día de hoy, meridianamente claro que Asiria se alzó con el poder virtud de un pródigo, y brutal, uso de la violencia, no sólo en sede penal, sino también en la guerra, fuere ésta actual o preventiva. Métodos sancionadores locales se exageraron y diversificaron generando toda una maquinaria para el terror, que asustara a los vecinos del exterior con el afán de ser, inmediatamente, subyugados. El más terrorífico de entre todos estos medios seguramente fue la técnica del empalamiento. Desde su origen, presumiblemente en Asiria, el empalamiento se configuraría como la medida coercitiva más temida y efectiva.
“Ésta era una muerte singularmente terrible. Primero los ejecutores cortaban una estaca de madera de unos tres metros de largo, bastante delgada en una punta, siendo esta punta finalmente afilada y bien engrasada con manteca de cerdo. El otro extremo era más grueso, para que actuase como una base segura. Las piernas de la víctima eran separadas por unos hombres que tiraban de cuerdas, su ropa cordada, y la estaca martillada dentro del ano con exquisito cuidado y frecuentes pausas para no dañar los órganos internos. La estaca avanzaba a empujones apartando los intestinos, el colon, el estómago, el hígado y los pulmones, hasta que llegaba al hombro, saliendo con la ayuda de un cuchillo a través de la piel de la parte superior de la espalda, a un lado de la columna”. Así describe John Man (“Atila: el rey bárbaro que desafió a Roma”), siguiendo, en cuanto a los detalles, la magnífica obra del Nobel, Ivo Andric (“Un puente sobre el Drina”), la horrible técnica del empalamiento. Sin ánimo de caer en la redundancia, desde antiguo sería una técnica practicada por diversas civilizaciones: Asiria, Persia, Hunos, Turcos y Turcomanos, Otomanos, Mongoles y valacos, entre otros (todo ello sin olvidar la técnica romana de la crucifixión, no diferente en exceso de la aquí mencionada). Fue un gobernante de la Valaquia (sur de Rumania), quien popularizó tan cruel práctica. Vlad Tepes
“El Empalador”, más conocido por Conde Drácula.La leyenda del Conde Drácula alcanzaría la popularidad virtud de la célebre obra de Bram Stroker (sus hechos fueron inmortalizados, anteriormente, por por el juglar alemán Michel Beheim, en su obra poética Von ainem wutrich der hies Trakle waida von der Walachei en 1463), si bien el personaje ya disponía en su biografía, de peripecias algo más que negras. De hecho, a tan funesto personaje se le atribuyen méritos de lo más rocambolescos. Más allá de su afición por el “arte” del empalamiento, Vlad sería recordado por hechos tales como la petición de que se quitaran el turbante en señal de respeto a unos embajadores del poderoso Sultán turco, a cuya negativa respondió el príncipe devolviendo a la Sublime Puerta los mismos, clavados en sus respectivos cráneos.
Sería considerado héroe nacional por Ceauşescu, azote y gran enemigo para los turcos. Vlad es una alegoría a la miseria del hombre, sea considerado éste en singular, o en masa. Los valacos sufrieron en sus carnes el eslizón del tirano, quizás no tanto como el miedo que irradió a sus vecinos. Sean bombas en Irak o Afganistán, caídas de Roma o Constantinoplas, el miedo sigue venciendo a la razón, la prevención de desobediencia es una herramienta cruel y efectiva. Sólo nos faltaría reflexión sobre si existe una solución alternativa, ¿cuál será? ¿por cuánto tiempo?
- Imágenes: en primer lugar, Vlad III. of Wallachia. Known as Vlad Tepes - The Impaler or Dracula. Portrait. Bamberg, 1491 (British Library). En segundo término: Theodor Aman - Vlad the Impaler and the Turkish Envoys
jueves, 10 de abril de 2008
Turcos en Montenegro
Antiguo proverbio
El 3 de junio del año 2006 Montenegro proclamó su independencia. Ejerciendo su derecho de autodeterminación (reconocido por el Derecho constitucional de su anterior Estado), Montenegro adquirió la independencia cumpliendo todos los
requisitos conforme a Derecho Internacional. Los intereses (acercamiento a la Unión Europea) de quienes la promovieron no han dejado ver los inconvenientes de constituir un Estado más pequeño e irrelevante que aquel que otrora formaron con Serbia. Pese a todo, Montenegro tiene unos rasgos que le identifican como un territorio singular, un sujeto pasivo para cábalas, leyendas y pensamientos. Para bien o para mal, Montenegro tiene una historia, sui generis, que le define como un territorio especial.En los Balcanes “lo turco” es un factor definitorio. Las diferencias identitarias, y acaso también de idiosincrasia, se fundamentan en la antigua presencia, o no, de los otomanos y en lo duradero, o efímero, del tiempo por el que pertenecieron al Imperio de la Sublime Puerta. Montenegro, en su mayor parte, jamás fue subyugado; los copiosos riscos y quebradas que configuran el relieve del país lo convierten en un terreno, arado a conciencia para la resistencia y la guerra de guerrillas. Vivo ejemplo de ello, sobre sus riscos surgió una clase dominante que concentraba el poder, no solo terreno sino también espiritual.
Dentro de la resistencia montenegrina adquirirá tintes de leyenda la efigie de Iván “el Negro”. Una leyenda narraba la profecía de que él sería quien algún día se levantaría con sus huestes y echaría a los turcos de Europa. Nada más lejos de la realidad, el soberano se conformó con fundar un obispado en la ciudad de Cetinia, lugar donde se construiría un monasterio. Los obispos que en él vivían, una vez muerto el último soberano de la estirpe del “Negro”, adquirieron el poder absoluto sobre el país, siendo conocidos como los Vladikas. Primero electos, luego hereditarios, concentraron el poder de la Iglesias y de las armas sobre el t
erreno, practicando razzias e incursiones continuas contra el invasor turco.Frente a Serbia, Montenegro dice ostentar “pureza”. Si Belgrado adquirió, incluso cierta prosperidad, durante el gobierno del Sultán de Estambul, Montenegro “resistió” en lo austero de las montañas y sus rebaños. Lo agreste se esgrime como prueba para exaltar y glorificar, por más que los Vladikas no permitieran más religiones que la suya propia. Más allá del medio físico, “lo turco” define a Montenegro. Algo así acontece con Kosovo, con Bosnia, Albania y un largo etcétera. Por más que nos neguemos a verlo, Turquía forma parte, en un lugar privilegiado, de la cultura-historia europea.
Los Balcanes son tierra de nadie, de sangre, de cruces y movimientos migratorios que hacen, más que nunca, imposible el anhelo de la igualdad de “raza” pura, identidad o sentimientos. “Lo turco" decide, mostrándonos cómo para países más opuestos a nuestros ideales como Albania y Kosovo, más rústicos e islámicos que los vecinos de la Mezquita Azul, no existen dudas sobre su pertenencia a Europa.
Si Montenegro es un Estado europeo por resistir a los turcos, más puro que Belgrado. Si admitimos que Kosovo es un estado, no sólo soberano sino digno de necesaria ayuda. Si negamos su historia a Rumania, Bulgaria, Albania, Bosnia-Herzegovina, Creta, Chipre o a la propia Grecia, y privamos a Turquía de su entrada comunitaria... ¿qué papel queda para el juicio neutral, para los criterios, para las balanzas de valores no practicada con interesada alevosía...?
Imágenes: en primer lugar, el Monte Durmitor; segunda imagen: vista de la localidad de Kotor. Ambas sujetas a: GNU Free Documentation license. Origen: http://commons.wikimedia.org/
lunes, 25 de febrero de 2008
Islam: ¿sumisión o revolución?
acontece, irremediablemente, una mayor o menor mentira. Todo lo que sabemos de tiempos pasados es mediato. Lo imposible de retroceder en el tiempo hace que todo aquello que supere el ámbito generacional sea de difícil reflejo. Cada sujeto incidirá en unos factores u otros, no digamos ya si la descripción se halla condicionada por prejuicios sociales, políticas de los regimenes de turno. Un, tan afortunado como acertado, regalo me ha hecho reflexionar al respecto.Si bien las Santas Escrituras fueron dictadas por un ser metafísico, no menos idílico fue la efigie que me reparó la “Historia Turco-Bizantina” de Ducas (editorial Antonio Machado). Esta ediciónde la célebre crónica del autor bizantino, por fin en lengua hispana, es todo un tesoro. Ducas perteneció al partido “unionista”, es decir, a aquel sector de Bizancio que abogaba por una unión con la Iglesia de Roma con el ánimo de recabar refuerzos con los que poder hacer frente al enemigo turco. Por contra, el partido “ultra-ortodoxo”, o mejor dicho, “pro-turco”, contemplaba con mejor ojos la barba del sultán que el gorro del Santo Padre vaticano. El aristócrata Lucas Notarás, principal valedor de éstos, creía en la subordinación al turco como instrumento con el que conseguir un cambio de régimen.
La toma de Constantinopla por los turcos (año 1453) no deja de tener cierto olor a revolución. En una sociedad decadente, saturada de golpes de Estado y guerras civiles, la población civil no veía otra solución que unirse al superior enemigo. Los turcos eran islámicos, cierto, pero la alternativa romana a buena parte de la población le parecía infinitamente peor (valga recordar que la verdadera “caída de Constantinopla” no fue ante los turcos sino en el año 1204 ante los católicos venecianos). El Islam, una vez más, entraba por las puertas de la urbe de Constantino aprovechándose de un conflicto social, semejante al que antes le sirviera para hacerse con Alejandría, inmersa en su eterna disputa con la centralista capital bizantina.
Definitivamente, el mundo islámico es uno de los aspectos más agraviados de nuestra común historia. Estamos hartos de oír pasadas invasiones masivas de bereberes que sometieron el reino godo a su soberanía. Roza lo socialmente penado opinar que la etapa islámica de nuestro país no deja de ser un movimiento social, endémico, de una diferente aristocracia, gobernante sobre una misma gente.
Ignacio Olagüe, ninguneado historiador donde los haya, propuso una nueva teoría respecto a la invasión árabe de la península. A través de su libro: “La Revolución islámica en Occidente” (editorial plurabelle), el autor vasco expuso sus dudas respecto a una gran invasión en masa procedente de las arenas de África o Arabia
. Más bien, no sin cierta razón, cree en la conversión al Islam de Hispania como respuesta a una sociedad en crisis, un ejemplo de cómo Occidente había caído en discusiones mundanas (trinitarismo frente a arrianismo) en un contexto de gentes empobrecidas y faltas de tutela. El Islam, en contra de su significado etimológico, aconteció más una “revolución” que “sumisión”; Hispania era presa fácil para unos exiguos guerreros-predicadores que daban más soluciones que cuestiones, de forma, un tanto análoga, a como antes lo hubieran hecho, salvando las distancias, los celtas, los romanos o los godos.Estudios dirigidos por el Catedrático de Genética de la Universidad Pompeu Fabra, Jaume Bertranpetit, demuestran que los habitantes de la Península Ibérica están más emparentados con los propios habitantes de Oriente Próximo (y el resto de europeos) que con los bereberes de allende el Mediterráneo. La Ciencia, una vez más dinamita las creencias establecidas por una ciencia histórica politizada, irremediablemente, desde los primeros tiempos escritos.
Reflexionemos. Una vez más en la historia, actualmente el Islam (como cualquier otra religión en sus circunstancias) no puede ser visto como la causa, sino más bien como el síntoma de una enfermedad global, basada en las diferencias y el neoimperialismo. Nadie debe de obviar a las necesidades humanas, más exageradamente atávicas, en un mundo globalizado donde los medios nos hacen ver irracionales controversias religiosas o ideológicas. Los fundamentos son y serán siempre el hambre, la desesperación, la injusticia o la falta de aprendizaje. Seamos honestos en la reflexión, críticos con las consecuencias, ¡quién sabe si la irracional hipocresía de nuestros gobernantes no sea más que una inevitable consecuencia del Caos que todo lo impregna! Quizás sea que esté equivocado, sea un mal historiador aficionado, o simplemente, que haya caído en la trampa de la literatura, vestir de verdad lo que está condenado a ser mentira...
Primera ilustración: grabado de Doré: Gustave Doré (1832-1883), Entry of the Crusaders into Constantinopel. . Segunda ilustración: Painter: Charles Gleyre, 1835 Title: fr: Trois fellahs en: Three Fellahs de: Drei Fellachen
martes, 8 de enero de 2008
Armenia: "el instrumento"
deificados por las diferentes religiones que han poblado nuestro planeta. Las grandes montañas no han sido una excepción: el Moncayo fue una deidad para las tribus celtíberas, de forma equivalente a cómo el Monte Olimpo llegaría a ser la sede de los antiguos dioses griegos. Una de estas cimas mágicas, mitológicas, y ante todo, simbólicas, es el Monte Ararat.
Con sus cerca de 5.200 metros, el Monte Ararat se alza en terreno turco, destacando en las tierras de kurdos y armenios. La tradición dice que en sus nieves descansa el Arca de Noé, en tanto que recordatorio de toda, eventual, impiedad humana. El caso es que la Iglesia de Armenia es una de las más antiguas del globo (junto con la Copta). La población de lugar destaca en un enclave donde imperan las mayores potencias del mundo islámico (Turquía e Irán, antiguos Bizantinos-Otomanos, Partos-Sasánidas-Islámicos, respectivamente).
Buena parte de los oyentes del término “armenio” lo relacionan con el genocidio de principios del Siglo XX, finales de XIX. El Dragoman Jefe (intérprete turco) de la embajada británica informaba de las matanzas de 1894-96 afirmando que: “[Los autores] son guiados en su actuación general por las prescripciones de la charia. Esa ley prescribe que si los “rayah” [dhimmíes] cristianos intentan, recurriendo a las potencias extranjeras, sobrepasar los límites de los privilegios concedidos por sus amos musulmanes, y se liberan de su yugo, pierden el derecho a sus vidas y propiedades, y están a merced de los musulmanes. Para la mentalidad turca los armenios habían intentado sobrepasar esos límites apelando a potencias extranjeras, especialmente Inglaterra. En consecuencia consideraban que era su deber religioso y un acto justo destruir y apoderarse de las vidas y de las propiedades de los armenios...”
El genocidio armenio no sería más que la última, y más dramática, instrumentalización a la que fueron sometidos los armenios. Para Roma (Bizancio) y Persia (partos, sasánidas), Armenia era una mesa de negociaciones: un trozo de tierra en el que poder cambiar, irracionalmente, el monarca de turno, sin mayor objetivo que el de provocar y/o
maniobrar contra el contrario (finalidad equivalente a la que tuviera para otomanos y rusos antes del genocidio).
Respeto a su notabilísimo pasado, la relación que tiene Armenia con la antigua Urartu parece indudable. Ereván (capital del actual estado) fue fundada por el poderoso estado de los urarteos, civilización que llegaría a ser una de las más poderosas dentro de su paradigma histórico: archienemiga de rivales tales como los medos o los asirios. Posteriormente llegarían los tiempos del gran Tigranes (y el Imperio contra el que luchó el romano Pompeyo), monarca que fuera capaz de formar un imperio que incluía la mayor parte del Creciente Fértil (Fenicia, Siria, siendo el antiguo reino de Israel vasallo). Tigranes llegó a tratar con Roma con la igualdad que suele desembocar en guerra. Su derrota le alejaría de su alianza con el terrible Mitrídates, dejándose así la etapa de mayor esplendor armenio.
Definitivamente, por más que el Monte Ararat siga mirando hacia la capital armena, esta región, cerca de donde nacen los ríos Tigris y Éufrates, sigue desconociendo qué es la piedad del hombre. Quizás debiera irse en busca del Arca, escalar las nieves del coloso geológico. ¿Quién sabe?. El futuro del país no parece reparar mayores glorias que un romántico recuerdo por parte de Occidente o una nueva instrumentalización, no sólo por quienes quieren hacer pasar por ella oleoductos o gaseoductos, sino también por aquellos que pretenden justificar la no entrada de Turquía en la Unión Económica Europea basada en el no reconocimiento turco del genocidio. miércoles, 11 de abril de 2007
Testimonio desde el Cielo
aptos a automatısmos, pues las ıs no tıenen puntos, nı mucho menos c trencades.











