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sábado, 27 de junio de 2009

Zenobia

"Ya no quedaba ningún pudor; en las penosas circunstancias por las que pasaba el Estado, se llegó a tal punto que, mientras Galieno se comportaba de un modo incalificable, las mujeres, incluso, gobernaron de manera brillante, y aún las extranjeras".

Trebelio Polión, "Historia Augusta"

Existen nombres que denotan algo más que calificativos. Figuras que ocupan un lugar equidistante entre los dioses y los terrenos, entre la Verdad y el Mito. Como en tantas otras facetas de lo real, en todo lo que rodea al soberano de turno, ello es, aún, más manifiesto. Fuera de los casos de las "egipcias" Hatshepsut o Cleopatra, o la asiria Semíramis (quien se encaprichara de los memorables "jardines colgantes"), es extraño ligar nombres femeninos a la historia greco-romana. Como excepción que confirma la regla, durante el Bajo Imperio Romano - inicios del Imperio Bizantino surgieron nombres de mujer que ostentaron el máximo poder sobre las cabezas de miles de hombres; éste es el caso de Gala Placidia, Amalasunta, Teodora.... o Zenobia.

Refiriéndose a la época en que a la reina Zenobia le tocó vivir, Trebelio Polión, autor a quien se le atribuye comúnmente este fragmento de la "Historia Augusta", habla de un tiempo en el que las mujeres, incluso, gobernaban de una forma brillante (no limitándose a citar a las legendarias matronas romanas, sino que incluso, se atreve a referirse a las mujeres "bárbaras" o extranjeras).

Zenobia, menos conocida como Septimia Bathzabbai Zainib, era viuda de Odenato (príncipe "títere" de Roma, quien defendiera la frontera romana de Oriente frente a las terroríficas huestes persas). Justo cuando estaba en una de sus campañas, Odenato cayó asesinado (por un sobrino suyo, Meonio, según la tradición) junto a su hijo y heredero, Septimio Herodes, fruto de una relación anterior del cónyuge de Zenobia. No es extraño, de hecho, que se opine que bien pudiera haber sido ella quien ordenó su muerte, pues luego se alzó con el poder de su poderosa ciudad (y reino), Palmira, en tanto que regente, siendo herederos sus hijos, quienes estaban por detrás del difunto hijo de Odenato en la línea de sucesión.

El reino de Zenobia sería celebre por ser lugar de tránsito obligado para los mercaderes de la Ruta de la Seda. Allí llegaban las sedas chinas, las especias de la India, así como el incienso árabe. El clima "helenístico" de tolerancia hacia todas las religiones hizo que en su reino se aposentaran grandes sabios de la talla de Longino o de Pablo de Samosata (maestro de Arrio).

Volviendo con nuestra reina, los comentarios "machistas" del cronista romano no cesan con las palabras arriba citadas. Al caracterizar a Zenobia, recurso común en la época, se le tilda de "varonil", así como se afirman anécdotas tan curiosas de la reina como que, por ejemplo: era prudentemente genorosa y "se encargaba de la custodia del erario mejor de lo que es habitual en el género femenino", "cazaba con la pasión de los hispanos" o bebía con los soldados. En defensa de Polión debe decirse que era "cuestión de estilo", o cuanto menos común, considerar que la mujer siempre estaba supeditada al hombre, y como tal, era de inferior valía y mayor debilidad. Al ser válida, o más aún, "poderosa", Zenobia debía tener, como excepción, valores masculinos, y por ello, ser buena gobernante.

En nombre de su hijo (Vallabato), se hizo con el control de buena parte de la mitad oriental del Imperio (incluyendo a Siria, Egipto o Palestina, y por ende, a ciudades como las importantísimas Antioquía o Alejandría). El acto formal de soberanía fue la acuñación de moneda en su nombre, Odenato jamás se atrevió a ello, situándose, aunque fuera mera cuestión diplomática, siempre supeditado al Emperador romano. Zenobia se extralimitó, supero la costumbre de su difunto marido de hacerse llamar "Rey de reyes", con total mofa respecto al monarca persa, quien acostumbraba a llamarse así. Zenobia no usaba carruaje de mujer, dice el cronista, prefería utilizar el vehículo de soberana. Quizá la peor fortuna de Zenobia fuera la llegada al poder de uno de los conocidos como Emperadores de la "mano a la espada" (oriundos de la posterior Yugoslavia, al igual que Diocleciano, o el propio Justiniano), a la sazón, el Divino Aureliano.

Aureliano, dicen los cronistas romanos, no era "buena persona" pero sí un "eficaz gobernante". Reinstauró la unidad del Imperio cuando nadie volvía a apostar por ella (RESTITVTOR), acabando con la pretensiones de Tétrico (quien intentó crear un imperio paralelo en la Galia) y de Zenobia.... No obstante, para cualquier visitante de Roma será fácil reconocer, y admirar, la obra del Emperador romano, al ser él quien mandó construir las más pomposas defensas de la "ciudad eterna", la muralla aureliana.

Las catafractas (caballería acorazada) de la reina Zenobia no supieron aguantar el empuje de las tropas ligeras romanas, y sus auxiliares. Hasta el último momento, Zenobia esperó una ayuda de persas y árabes, la cual no llegó, o distó mucho de ser decisiva. Aureliano intentó ser clemente pidiendo la rendición, sin consecuencias, de la poderosa Palmira, Zenobia se negó, siendo hecha presa, posteriormente, cuando intentaba huir, montada en dromedaria, hacia la rival Persia. El carácter y fama de la reina de Palmira fue tal que el Emperador Aureliano la fue exponiendo en todas las urbes por las que pasaba. Durante su triunfo, suntuosa y bien ataviada, fue atada con gruesas cadenas de oro y enseñada, deshonrada, al pueblo de Roma. La venganza del romano fue sumamente sutil. En vez de morir estrangulada en las mazmorras, como acaecía con todos los monarcas prisioneros que eran exhibidos en los triunfos romanos, Zenobia fue "perdonada". Se le confinó en una rica villa de Tívoli, cerca de la que construyera Adriano con anterioridad (la célebre Villa Adriana, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco).

Aureliano fue sabio, en vez de hacer un mártir, al que pudieran seguir rebeliones en Egipto o la propia Palmira (de hecho volvió a revelarse la ciudad, siendo, esta vez, destruidas sus murallas, hasta que Diocleciano las reformó, situando un campamento romano, semejante al que hiciera, de forma un tanto "hortera", en el gran templo de Luxor), convirtió a la reina en una "honorable matrona romana", contrayendo, posteriormente, matrimonio con un senador.

Primera imagen: "Puesta de sol en las ruinas de Palmira, Siria." de Yvonnefm (This file is licensed under the Creative Commons Attribution ShareAlike 3.0).

Segunda imagen: "Queen Zenobia's Last Look Upon Palmyra" de Herbert Schmalz (http://www.illusionsgallery.com/Zenobia.html).

Tercera imagen: "Templo de Bel en Palmyra, Syria" de Yvonnefm (This file is licensed under the Creative Commons Attribution ShareAlike 3.0).

Cuarta imagen: Aureliano ("Busto in bronzo dell' imperatore Aureliano, secolo III d.C. Museo di Santa Giulia, Brescia". Italian Wikipedia, original upload mar 18, 2005 by Lotho2). Licencia GNU.

* Otros posts en Nubiru que te pueden interesar: 1) "Las catafractas y el inicio de la Edad Media" 2) "La mirada del águila" 3) "Gala Placidia o sobre el éxito de una mujer romana" 4) "La muerte de Teodora"

domingo, 26 de abril de 2009

Recelos alemanes

A lo largo de los tiempos, quién sabe si sin solución de continuidad, Europa Central ha encarnado la geopolítica en esencia. Se trata de un gran territorio de difuminados contornos. Otrora tierra de tribus bárbaras, hoy en día, los bosques (selvas) de la antigua Germania han dejado paso, en no poca medida, a ciudades y Estados que han sido, y en el futuro, que nadie se engañe, lo continuarán siendo, potencias, sea regional o, en el caso alemán, mundialmente. La etapa más pacífica de cuantas ha conocido Europa mucho tiene que ver con el "falso equilibrio" que se aprecia en el mapa actual de la zona. No obstante, con una cierta mirada crítica, tal vez podamos llegar a sorprendernos, o cuanto menos preocuparnos sobre cómo puede ser que "un trozo" de Rusia se halle en el Báltico (rodeado por otros países), o que el idioma alemán se hable, no sólo en Alemania, sino también en regiones, zonas y comunidades que incluyen a la totalidad de Austria, buena parte de Suiza y zonas de Italia, Francia, Ucrania... y Kazajstán.

Muy agudamente, Samir Amin (célebre economista y ensayista) contrapone Francia a Alemania de la siguiente manera: "la grandeza de la revolución francesa funda una nación nueva, no en referencia a una sangre común, a los ancestros y a la cristiandad, sino definiéndose como la nación de los hombres libres que han hecho la revolución conjuntamente y quieren vivir bajo sus leyes (...). En el caso de Alemania, la constitución de este Estado ha sido el producto combinado de la fuerza militar prusiana y la adhesión de los aristócratas de los antiguos regímenes de los estados alemanes al proyecto bismarckiano, sin revolución burguesa (...). Esta "nación brumosa" se alimentaba de un mito fundador de otra naturaleza distinta, hundiendo sus raíces en el lejano pasado de las tribus germánicas. Y contemplaba (...) la herencia religiosa como un elemento constituyente de la cultura nacional. Reaccionaria y casi biologista, esta concepción de la nación, que culminó con el crimen racista nazi, no ha sido extirpada nunca de la conciencia germánica".

Este, bajo mi punto de vista, excepcional fragmento procede de una cita en el libro, no menos excepcional, de Michel Collon: "El juego de la mentira. Las grandes potencias: Yugoslavia, la OTAN y las próximas guerras". Este periodista norteamericano, especializado en "buscar las cosquillas" de los medios afines al poder imperante, desarrolla interesantísimas tesis, muy bien documentadas, sobre cuáles han sido los motivos de la disolución de Yugoslavia, y los intereses de la OTAN, EEUU, y ante todo, Alemania, en esta zona. Obviando este último tema, filón del que poder extraer gruesas enciclopedias enteras, volvamos al "tema alemán" que nos ocupa.

Durante la Baja Edad Media, Europa Central fue pasto de mercaderes. Gentes relacionadas con la Hansa, apoderados, comerciantes y demás hombres en busca de mejor fortuna dejaron los territorios de la actual Alemania con el ánimo de practicar el intercambio comercial "con y en" las tierras, en cierto sentido "vírgenes", de todas las Rusias. Los barrios alemanes en las ciudades rusas tuvieron un papel, muy semejante, al que tuvieran los barrios judíos, armenios o sirios en las ciudades del Mediterráneo. Catalina la Grande, Emperatriz de todas las Rusias, se valió de estas poblaciones, al igual que Pedro el Grande, para modernizar y "europeizar" su Reino. Sin embargo, la convivencia ruso-alemana se volvería difícil con el paso del tiempo...

Las hostilidades que enfrentarían a lo largo de los siglos XIX y XX a Rusia con Prusia (y demás estados embrionarios de la actual República Federal Alemana) tuvieron fatales consecuencias para estas poblaciones de "alemanes rusos". El caso más singular, y diabólico, fue el perpetrado por Stalin, pues (al igual que ya hicieran, en menor proporción, otros gobernantes rusos) trasladó a las poblaciones alemanas de los territorios bajo dominio ruso (en Europa Central), a campos de trabajos forzosos en Siberia (gulags), en la gran mayoría de casos sin juicio ni argumentación previa. El motivo es obvio, el mal georgiano temía la actuación de quintacolumnistas. Por ese motivo, Kazajstán recibió una gran contingente de alemanes. Siendo, aún hoy en día, una población a tener en cuenta (en 1999, había 353.441 alemanes en Kazajstán. Y en Astana, la próspera capital del país, representan aproximadamente el 6% de la población). Ciertamente, el caso de estos "alemanes" es verdaderamente dramático, más aún cuando nos percatamos de que hubieron gentes de raíz germana que sufrió en sus carnes penas equivalentes a las perpetradas por las hordas hitlerianas. Junto a estos casos, están otros muchos.

No por casualidad, el Parlamento Europeo se halla en Estrasburgo, ciudad más importante de Alsacia, región germanoparlante en territorio francés como consecuencia de la derrota alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Denuncia Michael Collon, que al igual que en el Tirol italiano, en la región de Sudetes (entre Silesia y Bohemia, parte de las actuales Chequia y Polonia), en Hungria, Ucrania y, cómo no, en el "trozo ruso" de Europa Central (Kaliningrado, cuna, entre otros, del alemán Kant), Alemania instiga movimientos progermanos en busca de una "nueva reunificación".

Inquietante. Sin embargo, es muy cierto que en el paradigma actual Alemania no parece estar dispuesta a armar otro conflicto, invadiendo territorios de aliados, e igualmente miembros de la Unión Europa. Lo realmente preocupante, más allá de la virtualidad de todo eventual conflicto, es el "nacionalismo" que queda en estas regiones, y sobretodo, cómo lo utilizan las "antiguas metrópolis" contra los actuales Estados propietarios de estos territorios, y en general, contra la Paz y correlativa Seguridad Internacional. Está claro que hay territorios como Kaliningrado que debieran ser de quienes los reclaman, pero existen otros que son más posos del Pasado que verdaderas reclamaciones factibles. Alemania no es la única en practicar medidas de este tipo, me remito a casos como el del "catalán de Perpiñán"... pero eso, una vez más, es una larga, y diferente historia...

Imágenes:

1) Kaliningrado (Rusia actualmente): Castillo de Königsberg, el cual fue mandado destruir por las autoridades soviéticas por constituir un "símbolo del fascismo y del militarismo prusiano".

2) Poster: A political cartoon of Adolf Hitler in swastika-covered boxers. Destroyed Panzer tanks litter the background. Origin: Northwestern University Library, poster database. Source: U.S. Government Printing Office.

Libro citado: Collon, Michel, "El juego de la mentira: las grandes potencias, Yugoslavia, la OTAN y las próximas guerras", Hondarribia, Hiru, 1999

domingo, 8 de marzo de 2009

Azerbaiyán: la perla del Cáucaso

Desde junio del pasado año, Madrid es candidata para albergar los Juegos Olímpicos del año 2016, junto a otras megalópolis como: Tokio, Río de Janeiro o Chicago. No obstante, las urbes que me llamaron más la atención, fueron las ciudades que se quedaron a las puertas de su nombramiento como candidatas. No me estoy refiriendo a Praga (ni tampoco, en esta ocasión, a la enigmática Doha), en verdad, y de ello trata este artículo, me refiero a la capital de Azerbaiyán, Bakú (Baky). Y es que no sólo los 6.000 millones de inversión prevista (que no le han servido para ser proclamada como candidata) me llaman la atención respecto a esta urbe, y por extensión, respecto a todo el país (cultura, pueblo, nación o etnia). Son múltiples, e importantísimos, los detalles que justifican que tengamos en cuenta a este Estado, observándolo con un prisma especial, quizá algo caprichoso. Azerbaiyán es un enclave estratégico, cuna de grandes ajedrecistas (Kasparov) y lugar donde generaran grandes fortunas gentes como los hermanos Nobel. A falta de ser un solo país, Azerbaiyán tiene condicionantes que lo hacen ser, él sólo, toda una región “geoestratégica”, hagamos referencia a algunos de ellos.
Sin caer en “nacionalismo” alguno, cuanto menos en su declinación “ibérica”, Azerbaiyán está compuesto por un Estado y dos territorios iraníes: Azerbaiyán Occidental y Azerbaiyán Oriental (con capital en Tabriz, histórica ciudad de 2 millones de habitantes). Al igual que en toda la zona de Asia Central, la dinámica histórica y política de esta región se ha regido por baremos muy diferentes a los vigentes en la Vieja Europa. La extinta URSS, los continuos cambios políticos en la antigua Persia, así como la conflictividad inherente a la región, han moldeado a los azerbaiyanos como una “nación sin Estado”, o mejor dicho, una etnia sin identidad política, unida, reconocida.
Religión y Nación han sido dos de las armas arrojadizas utilizadas en la región, tanto por parte de Irán como por parte rusa, turca y occidental. A principios de los años 90 surge el fenómeno del “Movimiento Despertar Nacional del Sur de Azerbaiyán”, con sede en Trabiz. Su jefe, el profesor universitario Mahmudali Chehraqanly, fue detenido, y posteriormente deportado a EEUU (quizás refugiándose en quien le había “pagado” su propaganda…). Nunca mejor dicho, dice Arif Yunusov (Jefe del Departamento de Estudios sobre Conflictos del Instituto de Paz y Democracia de Azerbaiyán), a los persas les “salió el tiro por la culata”.
Irán se acoge al islamismo radical con afán de convencer a las poblaciones (esencialmente rurales) de azerbaiyanos, intentado encontrar “aliados” entre las minorías kurdas, tayikas…. Por su parte, hordas de muyahidines, amaestrados en los riscos y quebradas de Afganistán, penetran en territorio azerbaiyano con el ánimo de “ayudar” en la lucha contra Armenia por el control del Alto Karabaj.
El Alto Karabaj se trata de una región “de iure” en territorio azerbaiyano, pero, “de facto”, administrado por las fuerzas de la República Independiente del Alto Karabaj (sólo reconocida por Armenia, siendo la mayoría étnica de la región armenios). La disputa por este territorio conllevó un conflicto armado que duraría, oficialmente, desde febrero de 1988 hasta mayo de 1994.
Intentando mediar entre Armenia y Azerbaiyán, Irán quiso consolidar su influencia en la región, con muy malos resultados. En pleno periodo de negociaciones, Armenia se hizo con el control, por sorpresa, de una de las plazas fuertes azerbaiyanas en el lugar (Shusha). El hecho de que Irán hubiere garantizado el cese, temporal, de cualquier hostilidad por parte de los armenios, hizo que Azerbaiyán culpara de los hechos a sus vecinos de Teherán. Era el principio, oficial, de unas tensas relaciones entre ambos países.
La rivalidad entre el “David” de Bakú y el “Goliat” persa debe buscarse, igualmente, en la gran disputa existente entre ambos países por hacerse con el control de los hidrocarburos del Mar Caspio (tema que será para otro artículo), eso sí, siempre ante la atenta mirada de EEUU y Rusia. La burocracia azerbaiyana supo aprovecharse de las hostilidades entre americanos e iraníes, aceptando (y a la vez rechazando) la instalación de bases estadoudinenses en su territorio. Irán ha amenazado a los de Bakú con la guerra, de aceptar éstos las bases del “enemigo yanqui”. No cabe duda de que en un hipotético conflicto EEUU-Irán, Azerbaiyán sería una de las claves… Algunas de las fuentes que se han seguido, principalmente:
- "Los conflictos del Cáucaso", Vanguardia Dossier Nº30, Enero-Marzo 2009.
Ilustraciones:
1) Baku. General view of town.
2) Situación del Alto Karabaj (Nagorno Karabaj)

jueves, 3 de julio de 2008

Los hidrocarburos del futuro

No demasiado lejos de la plaza Taksin, bajando hacia el Bósforo desde el Museo Militar, existe un amplio parque con multitud de rostros y efigies erguidos en honor a viejas glorias turcas. Dados mis intereses e inquietudes, la sorpresa fue mayúscula cuando puede ver a Gengis Khan, Atila o Tamerlán (Timur “el cojo”) compartiendo parque y monumento en Estambul. Lógicamente, las fotos no se hicieron esperar, y pude hacerme sendas fotografías con héroes de mi juventud e infancia. Las fotos, como la cámara, se perdieron esa misma noche, si bien el recuerdo del hallazgo permanece, inmune, en mi memoria. La posición geopolítica de Turquía siempre ha sido un quebradero de cabeza. Para muchos es la cabeza visible del Islam, para otros un candidato miembro a la UE, mientras que hay quienes la acercan a India o Pakistán o no saben encontrarle zona-región de influencia o procedencia. Una mirada a un mapa mundi actualizado, donde, al menos, no aparezca la URSS, nos mostrará toda una constelación de países, entre Europa y China, de curiosos nombres y vastas extensiones: Kazajstán, Uzbekistán, Tajikistán, Kirguistán, Tayikistán o Turkmenistán. Los nombres de algunos de éstos países, especialmente éste último, nos remite a un origen, cuanto menos etimológico, común al término “turco”. Los “pueblos turcos, o turcomanos”, quizá denominación que dista mucho de la mayor de entre todas las precisiones historiográficas posibles, otrora se extendieron por buena parte de Eurasia, desde la Gran Muralla China hasta las fronteras de Viena. Sin lugar a dudas nos encontramos algunos de los pueblos más poderosos de la historia de la Humanidad: véase a los mongoles, los hunos, los selyúcidas, los otomanos o los actuales turcos. Más allá de las controversias que nos acarrea Turquía, muy especialmente a los “oficialmente” europeos, los países anteriormente citados son de una importancia creciente, quién sabe si en algún momento motivo de conflictos a gran escala. Kazajstán es el hermano mayor de todos ellos. Se trata del noveno país más grande del mundo, si bien su árida superficie no lo sitúa entre los más poblados. Su economía es una de las más prósperas del globo (llegando a crecer un 100% durante el pasado lustro). Si examinamos sus copiosos recursos naturales, nos percataremos del hecho de que se trata de uno de los Estados con más uranio, hierro, cobre o manganeso, por no mencionar su mayor fuente de riqueza, el petróleo (se cree que de 32 millones de toneladas producidas al año, en el 2006, podrá pasar a las 92 en 2010). Su potencial energético, a la vez que nuclear, hacen de Kazajstán un gigante a tener en cuenta, una potencia con inminente necesidad de reconocimiento. Si bien Kazajstán está en vías de fortalecerse como una de las grandes potencias del globo, sus vecinos también disponen de copiosas riquezas, actuales y potenciales. Con motivo de la progresiva desertización, por explotación masiva (y penosa administración por los soviéticos), del Mar de Aral, países como Turkmenistán han visto reducida su producción de algodón en pro de la explotación de recursos como el gas natural (1,6% de las reservas globales, frente al 1,7%, ambas cifras aproximadas, de su vecino kazako). Por si aún no hubieran motivos para la sorpresa, el resto de países citados en este artículos poseen multitud de recursos por explotar (señalar a Uzbekistán especialmente, el país de Samarkanda, y también el más poblado de Asia Central). Un tema de especial interés es la conflictividad, de importancia global, en torno al mar Caspio, una de las fuentes de riqueza, por explotar, más importantes de nuestro planeta. Azerbaiyán, Kazajstán, Irán, Turkmenistán o Rusia se disputan un “mar o lago” salado plagado de hidrocarburos, sueño, y seguro, para un mundo, a día de hoy, plenamente dependiente del petróleo.

Artículo publicado en WebIslam: http://www.webislam.com/?idt=10397

Sobre el tema, otro artículo del autor: "En el tablero sí que están", publicado en el libro: "Di que fue un sueño" y también en WebIslam: http://www.webislam.com/?idt=7650

martes, 8 de enero de 2008

Armenia: "el instrumento"

Lo más sobresaliente de la Naturaleza siempre ha sido susceptible de recibir culto por parte de la especie humana. La fertilidad dada por la crecida del río Nilo, el cálido amanecer del Sol de Oriente o las lluvias purificadoras del Monzón Índico, son ejemplos de factores del biotopo que han sido deificados por las diferentes religiones que han poblado nuestro planeta. Las grandes montañas no han sido una excepción: el Moncayo fue una deidad para las tribus celtíberas, de forma equivalente a cómo el Monte Olimpo llegaría a ser la sede de los antiguos dioses griegos. Una de estas cimas mágicas, mitológicas, y ante todo, simbólicas, es el Monte Ararat. Con sus cerca de 5.200 metros, el Monte Ararat se alza en terreno turco, destacando en las tierras de kurdos y armenios. La tradición dice que en sus nieves descansa el Arca de Noé, en tanto que recordatorio de toda, eventual, impiedad humana. El caso es que la Iglesia de Armenia es una de las más antiguas del globo (junto con la Copta). La población de lugar destaca en un enclave donde imperan las mayores potencias del mundo islámico (Turquía e Irán, antiguos Bizantinos-Otomanos, Partos-Sasánidas-Islámicos, respectivamente). Buena parte de los oyentes del término “armenio” lo relacionan con el genocidio de principios del Siglo XX, finales de XIX. El Dragoman Jefe (intérprete turco) de la embajada británica informaba de las matanzas de 1894-96 afirmando que: “[Los autores] son guiados en su actuación general por las prescripciones de la charia. Esa ley prescribe que si los “rayah” [dhimmíes] cristianos intentan, recurriendo a las potencias extranjeras, sobrepasar los límites de los privilegios concedidos por sus amos musulmanes, y se liberan de su yugo, pierden el derecho a sus vidas y propiedades, y están a merced de los musulmanes. Para la mentalidad turca los armenios habían intentado sobrepasar esos límites apelando a potencias extranjeras, especialmente Inglaterra. En consecuencia consideraban que era su deber religioso y un acto justo destruir y apoderarse de las vidas y de las propiedades de los armenios...” El genocidio armenio no sería más que la última, y más dramática, instrumentalización a la que fueron sometidos los armenios. Para Roma (Bizancio) y Persia (partos, sasánidas), Armenia era una mesa de negociaciones: un trozo de tierra en el que poder cambiar, irracionalmente, el monarca de turno, sin mayor objetivo que el de provocar y/o maniobrar contra el contrario (finalidad equivalente a la que tuviera para otomanos y rusos antes del genocidio). Respeto a su notabilísimo pasado, la relación que tiene Armenia con la antigua Urartu parece indudable. Ereván (capital del actual estado) fue fundada por el poderoso estado de los urarteos, civilización que llegaría a ser una de las más poderosas dentro de su paradigma histórico: archienemiga de rivales tales como los medos o los asirios. Posteriormente llegarían los tiempos del gran Tigranes (y el Imperio contra el que luchó el romano Pompeyo), monarca que fuera capaz de formar un imperio que incluía la mayor parte del Creciente Fértil (Fenicia, Siria, siendo el antiguo reino de Israel vasallo). Tigranes llegó a tratar con Roma con la igualdad que suele desembocar en guerra. Su derrota le alejaría de su alianza con el terrible Mitrídates, dejándose así la etapa de mayor esplendor armenio. Definitivamente, por más que el Monte Ararat siga mirando hacia la capital armena, esta región, cerca de donde nacen los ríos Tigris y Éufrates, sigue desconociendo qué es la piedad del hombre. Quizás debiera irse en busca del Arca, escalar las nieves del coloso geológico. ¿Quién sabe?. El futuro del país no parece reparar mayores glorias que un romántico recuerdo por parte de Occidente o una nueva instrumentalización, no sólo por quienes quieren hacer pasar por ella oleoductos o gaseoductos, sino también por aquellos que pretenden justificar la no entrada de Turquía en la Unión Económica Europea basada en el no reconocimiento turco del genocidio.
Imágenes sujetas a GNU Free Documentation License. Autor de la primera: Andrew Behesnilian (MrAndrew47), autor de la segunda: Eupator

jueves, 27 de diciembre de 2007

El camello de Melchor

Empieza a ser rutina de cada año defender a los Reyes Magos frente a la perversión, por ese foráneo anciano vestido de rojo, de las chimeneas de nuestras ciudades. El arrastre histórico de la festividad de Reyes (6 de enero) es indudable. Una multitud de moralejas, investigaciones, alegorías, metáforas e historias bien pudieran ser extraídas de tal material, mitológico y seductor como pocos. Conforme con el ceremonial de cada año, no creo haber sido la única persona que en mi infancia ha dejado agua para los camellos. Pese a mi sincero amor por el estudio de la fauna salvaje, rara fue la ocasión en que hablé de dromedarios, por más que me empecinara en corregir, en más de una ocasión, a aquellas personas que tildaban de camellos a seres que eran miembros de otra especie (aunque sea algo controvertido, de difícil deslinde). La solución al misterio reside, en buena parte, en las tierras de Bactria (tierra que se corresponde con los actuales norte de Afganistán, sur de Uzbekistán y Tayikistán).

Bactria (o Bactriana) fue la patria de personajes como la bella Roxana (“pequeña estrella” en bactriano), doncella que fue capaz de rendir en amores al mismísimo Alejandro Magno o Iskander (de quien siempre se ha cuestionado sus gustos sexuales). Es un lugar inhóspito, cerrado al progreso y movimiento del mundo. Por sus colinas se oyen los disparos del eterno conflicto afgano, mezclados con la nieve, el frío y el rugir de los últimos camellos salvajes, los camellos bactrianos (“Camelus bactrianus”).

Se trata de un camélido más robusto que su primo, el dromedario. Su pelaje le hace ser más resistente a las inclemencias del frío clima de la altiplanicie iraní (y alrededores), siendo su fiero temperamento objeto de disfrute humano, virtud de las peleas en las que se enfrentan para regocijo del morboso, y por lo general violento, intelecto de los de nuestra especie. El camello, propiamente dicho, tiene dos jorobas. Se cree que el dromedario (“Camelus dromedarius”) bien pudiera haber sido una variedad doméstica del camello, siendo un producto de ganadería, al igual que lo fuera nuestro toro del uro.

El caso es que el camello ruge en tierra de conflicto. El Cambio Climático ha desecado en buena parte los oasis de un país que fue, antaño, fértil. Pese a quedar algunos de ellos, la zona fue otrora rica en vergeles dignos del más caprichoso jardín de las Hespérides. Bellas doncellas se bañaban en sus aguas, mientras los jóvenes las observaban tras los troncos de los diversos árboles frutales que se cultivaban: el Paraíso, o al menos algo parecido. Su privilegiada posición estratégica convirtió a Bactria en un lugar de inexcusable paso para la Ruta de la Seda. Ciudades, equiparables a las no muy lejanas urbes de Bujara o Samarkanda, se alzaban en un lugar favorecido por los dioses. Merv (la Alejandría de Margiana que fundara el Magno) se alzó como la gran ciudad del lugar.

Antes del conflicto talibán, se descubrieron en Afganistán increíbles tesoros que nos remiten a la época de esplendor de Bactria (destacar la necrópolis de Tillia-Tepe, la "colina de oro" (siglo I. A. C.) o los vasos de oro de Fulol). El historiador romano, Justino (en sus Epítome de las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo, XLI 1 y 4-5) nos narra la derrota del reino bactrio ante los partos, fieros enemigos del imperio. El caso es que el lugar pasaría a formar parte del territorio parto, para pasar a ser, posteriormente, territorio sasánida (Zoroastro, el Zaratustra de Nietzsche, se cree que predicó por los montes de Bactria), y territorio islámico (periodo en el que adquirirá su mayor prestigio y esplendor. Antes de la irrupción de Occidente, antes de la barbarie talibán y, posteriormente, estadoudinense, Bactria fue presa de los mongoles, encontrándose allí Marco Polo (quien fue conducido ante el poderoso Kublai Khan).

El caso es que, una vez más, un país olvidado como Afganistán se une a otros, como Uzbekistán, Tayikistán, Kazajistán y un largo etcétera, en su empeño de mostrarnos cuán intensa es la rigidez de miras que impregna nuestra cultura. Bactria, Samarkanda, Iskander, Roxana o el oro de Fulol no son nada más que ejemplos de historias dignas de ser transcritas en los mayores best-sellers. Testimonios privilegiados de las relaciones entre Oriente y Occidente, la Ruta de la Seda, los Viajes de Alejandro Magno o Marco Polo..., la tierra del camello se empeña en mostrar una cara más amable e interesante que la del burka y el opio, el talibán y el choque de civilizaciones.


Foto de niña afgana (Sharbat Gula): http://www.sites.si.edu/images/exhibits/In%20Focus/images/Afghan-Girl_jpg.jpg. Foto de Steve McCurry para NATIONAL GEOGRAPHIC.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Por siempre Persia

Nos cuenta el profesor Javier Arce (en su genial obra: La frontera, de Alianza Editorial) que el gran emperador persa, Shappur II, tenía tres tronos alrededor del suyo: uno reservado para el Emperador de China, otro para el Khagan de los pueblos de la estepa, y un tercer y último para el Emperador de los romanos. El heredero de Sasán deseaba someter a todos los reyes del mundo conocido, él era un astro más, compañero en divinidad del Sol y de la Luna, último monarca dentro del escalafón jerárquico, Rey de Reyes, monarca de soberanos. La altiplanicie irania siempre ha sido fuente de formidables imperios: primero fueron los medos (verdugos del hegemónico Imperio Asirio), después el Imperio Persa (y sus intenciones de conquista de Grecia), el Parto, y en éste caso, pero no en último, el Sasánida. Nombre que vendría del abuelo del primer gran señor sasánida (Ardashir I), Sasán, quien viviera en la provincia de Fars, siendo sacerdote del antiguo culto aqueménida de Ahura Mazda, y su profeta, Zaratustra (conocido personaje dentro de la producción del gran filósofo del pasado siglo XX, Friedrich Nietzsche).

Bajo el yugo del divino emperador prosperaron ciudades como Ctesifonte, Seleucia, Susa, Babilonia o Alejandría (no confundir con la egipcia). La tolerancia religiosa imperante en varios períodos del Imperio, como ya sucediera con la Dinastía Aqueménida, hizo que se instalaran en él considerables poblaciones hebreas y de cismáticos de Roma como maniqueos y nestorianos. Una exitosa política de repoblación con pueblos conquistados (en buena parte con romanos víctimas del conflicto entre los dos gigantes) ayudaría a fortalecer al Imperio. Ciertamente, Persia fue el gran enemigo de romanos y bizantinos, de forma similar a como antaño lo fuera de Grecia, Babilonia, Egipto y Alejandro Magno. El potencial militar sasánida se sustentaba en su afamada caballería pesada, arqueros y demás combatientes expertos en la táctica del ataque y posterior huída, haciendo uso de las razzias que tanto inspirarían a los señores islámicos de la posterioridad. Al respecto, decir que la caballería acorazada persa, los célebres catafractos, sería adoptada por Bizancio, configurándose como los más inmediatos predecesores de los caballeros del Medievo europeo.

Una maldición persa parece afirmar que Roma jamás sería capaz de pasar de Ctesifonte. Craso, César, Trajano, Constantino y un largo etcétera hasta llegar a Juliano no fueron capaces de conquistar más allá de estas tierras. Persia fue una bendición para el equilibrio global: siendo la mayor detonante para que Roma y China jamás entraran en inmediato conflicto de militar y de intereses. El caso es que Irán ha sido cuna de múltiples imperios hegemónico. Con la conquista musulmana no se acabaría con tal contingencia, apareciendo bajo las sombras de la legendaria Isfahan la dinastía de los Safávidas (encarnizados rivales de los otomanos), sin olvidar la existencia de los hassassin y su fortaleza de Alamut, cerca de la actual capital iraní de Teherán.

Lejos de la monotonía del radicalismo y de una visión excesivamente etnocentrista y de prejuicios, Irán debe ser vista como un coloso histórico, a la altura de Europa o Egipto, digna de los más rigurosos y especializados estudios. La sequedad del desierto no puede cegarnos ante un país con múltiples riquezas, no sólo por su nazca o hidrocarburos, sino también por su gran potencial en la producción de mercancías (como el pistacho y su “guerra comercial” con Turquía y los EEUU) y papel clave en cuanto a transición entre Occidente y Oriente, los herederos de Roma frente a los del soberano Mongol y el Emperador de la Ciudad Prohibida.

El acervo histórico siempre ha sido, estadísticamente, un claro germen-condicionante. Existen pruebas, más que evidentes, de que donde antaño surgió una poderosa nación es mayormente probable que aparezca un nuevo imperio. El condicionante ambiental-geográfico se manifiesta con todo el poder e intensidad que le son aparejados a su esencia. Irán es digna de tener en cuenta, tal y como, después de todo, siempre lo ha sido. Y es que en geopolítica hay pocos países que despierten tanto interés, Bien lo sabe EEUU y sus múltiples amenazas. Quizás nos encontremos ante una nueva lucha entre los sucesores de Persia y los del Magno, quizás alguién tenga que mirar cómo los imperios iraníes siempre han experimentado un exponencial auge cuando su rival estaba ya sumamente deteriorado.

jueves, 15 de noviembre de 2007

La paradoja del león: Mesopotamia y el Cambio Climático

Muchos han sido quienes han visto en el vergel mesopotámico los restos del bíblico Edén. Y es que no hace tanto tiempo que Mesopotamia fue un ecosistema rico en flora y fauna, sabanas y bosques poblados de elefantes, avestruces, guepardos, leopardos o leones. África pasaba el Sinaí para llegar, prácticamente, a la altiplanicie irania. Obviamente, la fauna que habitara la fértil región sita entre el Tigris y el Éufrates no eran más que especies, no siempre idénticas, a las que puedan verse por el Seregenti, destacando entre todas ellas, muy especialmente, el león asiático (Panthera leo persica). Nos encontramos ante una de los dos especies de leones que han sobrevivido hasta nuestros tiempos.
Más pequeño que su pariente africano, el león asiático sólo habita la reserva del bosque de Gir (India), habiendo sido exterminado de la práctica totalidad de su anterior ámbito de distribución. La importancia del felino no sería tal de no ser consciente de su, algo más que importante, representación en el arte de esta parte de Oriente Medio. Un paseo por uno de los grandes museos de Europa (Británico, Louvre, Pergamom, Estambul...) nos repara el hallazgo de impresionantes restos de palacios asirios. Genios alados, o querubines según la Biblia, que defienden las puertas del Paraíso, en este caso del Palacio, de seres malignos y demás peligros para el soberano. El león, a la vez que guardián, aparece en otras ocasiones como símbolo de poder asociado al monarca. Su caza se reserva al Rey, sólo él puede medirse en combate con su homólogo de la selva, el poder del Rey se manifiestan en la subyugación del felino. En otras ocasiones, el león simbolizara el poder real frente al enemigo, clavando sus dientes, en tanto que puñales, en la yugular del rebelde insumiso.
Los palacios asirios, al igual que los persas, difícilmente pudieron basarse en la sabana africana. Reminiscencias del león asiático, tal y como se ha visto, quedan en la actualidad, sirviéndonos, a la que de fuente de inspiración, e interpretación de la simbología del arte, como metáfora de cuán cambiantes son las circunstancias ambientales, espejo de cómo el propio Paraíso terrenal puede pasar a ser pasto del desierto. El tiempo cambia, los paisajes con él. Más allá de lo que digan los políticos, y sus primos, el cambio climático existe, como siempre lo ha sido. El hombre modula, incide en su fecha de perfección sin saber evitarlo. Con la impotencia de quien no sabe ni comprender ni dominar fuerzas que le han sido privadas definitivamente. Mesopotamia, al igual que el Magreb y buena parte de desiertos como el Sáhara, han sido parajes que se han desecado hasta caer en su actual aspecto. Valga de ejemplo, la provincia romana de Mauritania (actual Magreb) era el granero de Roma, Níger un oasis, hace millones de años, donde habitaban gigantescos cocodrilos y dinosaurios. La Naturaleza es indómita, como siempre lo ha sido. El hombre no alcanza a saber coger la azada, ni a prepararse para lo que viene. El cambio se mueve con los ecosistemas y las especies, la Selección Natural actúa. Sólo hace falta ver si el león está igual de inadaptado que el soberano humano, o simplemente nuestro cerebro nos brinda, en lo ecológico, un afortunado y operativo intelecto...

lunes, 2 de julio de 2007

El leopardo de las nieves

Jamás he comprendido el oficio de escalador. Cómo puede un individuo adentrarse en el tártaro de las quebradas, del hielo y de su enchorlitado armamento. No, no podría poner en peligro poder sentir lo que más quiero, sufrir el riesgo de pérdida aun por ver bellas estampas, extraños seres, mágicas realizaciones de la Naturaleza. Por más que avistara al yeti, al irbis o al barhal, el Tibet es un buen tema para un libro, un mal presagio para un eventual Futuro. Supongo que lo copos del tiempo no alcanzan a cubrir lo adverso al riesgo. La Ley del eterno hedonismo se retroalimenta nutriendo mis sueños y sensaciones. ¿Dónde está el sentido para la experiencia si la Vida te da, o parece conseguirlo, suficiente complacencia?

Pese a la contingencia, uno, en su aún presente juventud, se percata de cómo son las necesidades aquello que más condicionan nuestra odisea por los terrenos tiempos. El deseo no deja de ser otra cara del sueño, efigies devotas de un presunto dios de lo recto, negaciones de lo eternamente variable del pensamiento. "El leopardo de las nieves" (Ediciones Siruela) de Peter Matthiessen amenaza con finalizar, el sentido del viaje literario parece encontrar sentido en algo más que en la publicación de tan preciado libro. La progresión personal del sujeto protagonista deja de ser espiritualismo barato para alcanzar algún sentido. Más allá del yoga, los tantras o el más tierno budismo, Matthiessen nos enseña cómo nuestro cuerpo es un acorazado vehículo desafiador de los tiempos. Lo rutinario de nuestra sociedad no deja vernos lo trascendente de nuestras posibilidades. Los largos viajes en aviones nos tapan las gestas de legendarios marineros, los cruceros por la Antártida, el sentido, alguno, de los exploradores que se desplazaron por el Himalaya.

“¿Sabes una cosa? Hemos visto tanto que quizá sea mejor que nos queden por ver algunas cosas” es lo que le digiera GS (compañero del autor en su viaje) al no poder ver al leopardo de las nieves. El irbis no deja de ser una metáfora de la vivo, el autor no deja de ver cómo no haberlo podido localizar te impide caer en la desolación posterior al éxito, mantener alimentado ese motor que conocemos como duda. El misterio es la droga que nos hace entrar en esfuerzos, la incertidumbre es presupuesto ineludible para el movimiento.

Quizás sea eso el sentido que debamos atribuir al eterno deseo de detentar más dinero, de parecer más atractivos, querer alcanzar El Eliseo o desear participar de un venidero mundo celestial bajo la perfección del Cielo. La meta incita, la necesidad condiciona. La Selección Natural nos brinda un celebro vulnerable a las sensaciones, un devorador de sueños, un místico sin sentido alguno.

Contemplar un bello felino bien puede justificar el viaje de Matthiessen. Que uno tenga comida en abundancia o generosos fondos en el banco, es motivo suficiente para tener otros incentivos. El misterio de la Cultura y de su monopolio por los ricos encuentra significado. La Cultura más refinada, acaso pedante, no deja ser un vital esfuerzo en buscar sentido a la propia deriva. Buscar algo cuando sobra la comida, ocupar el cerebro en actividades rentables, si la reina moneda ya te mina en su regazo.

Siempre habrá excepciones, beneficios y mentalidades que te inhiban del suceso, haciéndote ver lo banal del perfeccionismo. Ser consciente de las virtudes de lo terreno, de la sostenibilidad de la más humilde economía, siempre que haya comida y fuego. El lama que Peter encuentra en el Monasterio de Cristal es docto en filosofía aun vistiendo sucios harapos con defectuosamente curtidos cueros.

La riqueza del alma deja de ser repelentada, el saber no conoce de dineros aunque éste a veces lo potencie. Quizás ese sea el sentido que el Destino a querido dar a mi lectura, el motivo por el que quizás yo también hubiera cruzado el Himalaya, viendo al irbis, y el espejo reflejo de mi alma.
Imagen del irbis sujeta a GNU Free Documentation License, la priemera a Creative Commons Attribution ShareAlike 2.5 (origen: Wikipedia Commons)