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lunes, 1 de agosto de 2011

"El olor de los pedos" (reflexiones evolutivas)

No hace mucho tuve la suerte de leer algunos fragmentos de la obra: “Soy un gato”, de Natsume Soseki. Sin lugar a dudas, lo que más que me atrajo de ese libro fue el hecho de que antaño soñara con escribir un cuento “ecologista” donde el narrador fuera un lince ibérico que reflexionara sobre la idiotez humana, en persona y comportamiento. ¡Mira por dónde, alguien mucho más reconocido escribió algo parecido, también con un felino, adelantándoseme!
Algunas de las reflexiones gatunas que tuve ocasión de leer son de lo más sugerentes. En general, la tónica es la de criticar la renuncia humana a las características que la Naturaleza nos ha brindado como especie. La excusa me sirvió para reflexionar y recordar algunos pensamientos que en muchas ocasiones me vienen a la cabeza, no pensando como un gato, pero sí con cierto sigilo mental felino y vergüenza, que la ocasión hace que quiera plasmar por escrito. Sin ánimo de reducirme a lo coloquial, pero con ansias de incentivar una reflexión sobre algo plenamente mundano, me atrevo a hacer la siguiente afirmación: ¿se han fijado que no todos los pedos huelen iguales? Sin risa, y con intento de usar un “bisturí” científico, que no penetre en la materia física sino en lo que connota, me gustaría sugerir que prueben de “oler” un lavabo propio (de ser hombres) antes y después de haber pasado otro hombre por él. Pruébenlo después con su mujer, ¿son las mismas sensaciones? ¿los mismos “olores”?.
Generalmente, los animales carnívoros, u omnívoros, producen unas heces más olorosas. No es de extrañar que muchas especies las utilicen con “otros propósitos” que los meramente evacuatorios, particularmente, para delimitar su territorio. Dejando a un margen la polisemia del término “mojón”, no puedo dejar de pensar en que nuestros olores más íntimos quizá tengan algo de “identificativo”. Con todo, no puede desconocerse que nos encontramos ante uno de los ejemplos más claros, y olorosos, valga la broma, de cómo el ser humano “ha renunciado” a características dadas por la evolución, en pro de una “evolución cultural”, que en no pocas ocasiones ha inhibido buena parte de nuestras particulares adaptaciones físicas. Ello, incluso, ocurre muy especialmente con las funciones de uno nuestros sentidos.
No será nada innovador decir que la nariz es nuestro sentido más abandonado. En comparación con el resto de mamíferos, la nariz no pasa de ser una protuberancia en la faz que guarda, ínfimamente, alguna utilidad en casos extremos. La higiene, por otro lado recomendable, ha acabado con nuestro “hedor” personal, haciendo que perdamos la “adaptación biológica” de ser capaces de identificarnos por el olor. Quizá queden vestigios de ello en nuestro “poco agradable” ejemplo anterior, quién sabe.
El eminente biólogo inglés, Desmond Morris (autor de “El mono desnudo”) es el autor de algunas de las observaciones evolucionistas más llamativas (entre las que se encuentran buena parte de las vertidas en este artículo). Morris defiende que la función de nuestra nariz es, en cierto modo, eminentemente sexual. Dado que hemos conseguido prescindir, cuasi totalmente, de nuestro sentido del olfato, no deja de ser paradójico que la evolución nos haya dotado de preeminentes narices (algunas superlativas, como dijera Quevedo). Poniendo el ejemplo de una especie africana de babuino, los gelada (que tienen “señales sexuales”, en forma de colores, tanto en sus genitales como en sus pechos), el insigne científico opina que tal vez nuestra nariz sea una “señal sexual”, guardando correlato con nuestro pene.
Sea a través del desuso de partes de nuestro cuerpo, sea a través del abandono de la percepción de señales naturales antaño usadas (campo magnético por poner otro ejemplo), el cambio de “animal común” a “animal cultural” es más que evidente, evolutivamente hablando. Si bien, nuestra cultura no queda jamás totalmente al margen de nuestra naturaleza congénita, nutriéndose de ella en no pocas ocasiones.
Quizá coincidiendo con algunos psicoanalistas (pero sin reconocerles la consideración de “científicos” infalibles), cabe decir que muchas manifestaciones sociales del humano de hoy en día tienen un trasfondo fálico que obviamos. Sea a través del típico corte de mangas, con la apertura de la botella de cava en una celebración (similar a una eyaculación), con la forma de las guitarras (sean españolas o eléctricas), o con el diseño de los coches deportivos, el trasfondo “sexual-natural” parece presente. ¿Nos desvinculamos de lo naturalmente predeterminado o, simplemente, evolucionamos, como todo ser en este Mundo, sin apenas darnos cuenta, dejando en vigor, camuflándolo, aquello que la Naturaleza nos regala en tanto que predeterminado?
* Sobre la segunda imagen: sujeta a GNU Free Documentation License.

sábado, 14 de mayo de 2011

Koalas asesinos

Miquel Barceló, auténtico “gurú” de la ciencia ficción en España, (no confundir con el pintor contemporáneo) afirma que es bien curioso cómo la mayoría de novelas del género tienden siempre hacia un futuro caótico sacudido de guerras y decadencia. Ciertamente, no abundan las novelas donde el Futuro sea puesto "en color de rosa", con facilidades por todos lados y una mejora exponencial de la calidad de vida humana. Aplicado a la zoología, no cabe duda de que “todas” las predicciones se encaminan hacia una “Sexta Extinción” (como escribiera Richard Leakey), donde muchas de las especies animales y vegetales desaparecerán de nuestro Planeta, algunas sin haber llegado a ser descubiertas... Permítanme escribir en estas líneas una cábala al respecto.
Más allá de una óptica de destrucción, quisiera “girar la tortilla” y hacer que nos fijemos en las posibles, aunque siempre imprevisibles, novedades que pueden acaecer en los tiempos futuros. Estoy prácticamente seguro de que pasados unos años no habrá ningún territorio virgen. Toda la Tierra habrá sido, de una u otra forma, colonizada. Es bien probable que el déficit natural sea suplido con soluciones ingeniosas. Veo grandes rascacielos culminados por bosques urbanos. Árboles robóticos capaces de intercambiar dióxido de carbono por oxígeno a gran ritmo. Veo una capa de ozono “reparada”. Los grandes jardines (cuasi genuinamente tropicales) no serán difíciles de encontrar, y NINGUNA de nuestras especies animales “más queridas” habrá desaparecido. Quédense con lo de “queridas”.
Dentro de las diferentes líneas evolutivas adoptables por la Naturaleza, tal vez se generalice aquella que conduce hacia bestias más amigables. El “atractivo”, lo apreciable, lo cariñoso y amigable seguro que serán factores evolutivos muy positivos para todas aquellas especies que los adopten. El panda gigante, el oso hormiguero, el titi leonado... o el koala, seguro que estarán presentes en los próximos tiempos, aunque su supervivencia sea plenamente artificial, producto de programas de laboratorio y cría en lugares especializados.
Aunque pueda parecernos mentira, los servicios medioambientales australianos se han visto forzados en varias ocasiones a esterelizar o reducir las poblaciones de koala. En ciertos lugares su número amenaza a los propios eucaliptos, siendo todo un problema el hecho de que se haya potenciado la superviviencia de esta amigable especie, y no de sus depredadores. Seguramente, en los próximos tiempos los grandes depredadores desaparezcan, o bien se conviertan en seres alimentados con carne de granja. La tendencia es obvia: cualquier animal peligroso para el ser humano acabará siendo expulsado de su hábitat. Animales como el koala o el oso panda estarán entre algodones cuasi eternamente. El propio “merchandising” que generan los transformará, de hecho ya ha sucedido, en valiosos activos.
Parece mentira que el koala haya tenido alguna vez “primos” feos y de gran tamaño, excavadores de surcos o, incluso, feroces depredadores. La evolución, junto a la acción humana (que no deja de ser un factor de ésta, cada vez más imprescindible) ha ido potenciado la aparición de seres tiernos e inofensivos, y no parece que vaya a cambiar la tendencia de seguir los humanos por muchos millones de años.
De todos sus primos, el koala ha tenido, sin lugar a dudas, uno especialmente pavoroso: el león marsupial (Thylacoleo carnifex). Cojan lápiz y papel y dibujen un koala “en forma”, sin gorduras y con un cuerpo felino. Añadan una dentadura de wombat (sus primos) con dientes más desarrollados y tendremos a un espécimen muy parecido al terrible Thylacoleo. A diferencia de otros depredadores australianos existentes o extintos (véanse el lobo marsupial o tilacino o el célebre diablo de Tasmania), el león marsupial no dejaba de ser un primo “malo” de wombats, koalas y canguros. Fue el miembro malvado del orden de los dripodontos.
Su existencia tenía una justificación evolutiva en un Mundo sin humanos. Con hábitos similares al león o el leopardo (con quienes experimentó una cierta evolución convergente, pero siempre desde la ausencia de parentesco), fue un controlador clave de canguros y demás marsupiales. La llegada del hombre, junto a un gravísimo Cambio Climático que desertizó cuasi la totalidad de la isla-continente australiana, hizo que el león marsupial fuera desapareciendo hasta su total extinción. Además de por no presentar peligro alguno para el hombre, su “primo”, el koala, sobrevivió entre las ramas de eucalipto, experimentando en la actualidad una suerte de “renacimiento como especie”. ¿Podemos comenzar a decir que el ser “bonito”, “amigable”, “tierno”... es un factor evolutivo positivo? ¿Es la garantía de que especies como el koala, el oso panda o el kiwi vayan a sobrevivir, aunque sea en jardines zoológicos? Creo que sí.
Fotografías:
1) Koala (http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Australia_Cairns_Koala.jpg) sujeto a CC-BY-SA licence.
2)Esqueleto del Thylacoleo carnifex en la Cueva de Naracoorte, en Australia Meridional.
*Al poco de escribir esta reflexión descubrí este vídeo:

sábado, 5 de marzo de 2011

Extraterrestres bien parecidos

Quizá una de las grandes carencias del premio Nobel es el que nunca le haya sido concedido uno a autores de ciencia ficción. Más allá de inventivas y cavilaciones intrascendentes, buena parte de la ciencia ficción es un experimento intelectual, un cúmulo de hipótesis que juegan a predecir el futuro. Creo, muy sinceramente, que Sir Arthur C. Clarke, Frank Herbert o Isaac Asimov bien pudiera haber ganado el premio.
Para mi sorpresa, pues llegué a pensar que tal vez ya le hubiera sido concedido, Stephen Hawking no lo ostenta. Me pregunto si no sería interesante crear un Premio Nobel de la Divulgación, pues no es “grande” sólo quien únicamente descubre, sino también quien divulga y hace llegar a la población los enigmas y descubrimientos de la Ciencia. Con Hawking y los autores de ciencia ficción podemos comenzar a plantearnos el tema de este artículo: la vida extraterrestre.
Sería un mentiroso si negara que me gusta liberar tensión jugando a video juegos de estrategia. “Starcraft” es mi favorito (sin llegar a los excesos de los surcoreanos, que poco menos que desean declararlo deporte olímpico...). En esta saga existen tres facciones: humanos (terran), unos sofisticados extraterrestres (protoss) y los “típicos” aliens depredadores (zerg). Sea por influencias recíprocas, o por no haber más “elementos” con los que construir seres extraterrestres imaginarios, los seres de esta saga se parecen a los de Starwars, Startreck, Alien... Pienso en los dibujos animados, y también nos encontramos con modelos semejantes. Lo dicho se quedaría en las fronteras de la fantasía si no ahondáramos más en lo real, haciendo referencia ahora a lo que se conoce como “evolución convergente”.
Estoy, más que seguro, de que habrán oído en alguna ocasión decir a alguien que el armadillo o el rinoceronte deben de ser parientes de los dinosaurios (pensemos en el Triceratops). Tal vez, como yo, hayan tenido la suerte de ver esqueletos expuestos que parecían “una cosa” (pienso en el esqueleto de Tchoiria expuesto en “Dinosaurios del Gobi”, la gran exposición de Cosmocaixa Barcelona, que el pasado año estuvo en Madrid) y eran otra, para nada igual, aunque sí “equivalente”. La ciencia ficción “cae” en los mismos derroteros que la propia evolución: buscan soluciones imaginativas usando unos mismos mimbres. “La Creación”, “Dios”, dirán los más devotos, leyes de la física y de la biología, diríamos los más escépticos.
Lleva razón Hawking cuando afirma, respecto a los extraterrestres: que existen (pues el Universo es cuasi infinito y el “azar” de la Vida debió de darse en otro Mundos) y que deben ser más próximos a nuestra idea, cuasi “ancestral”, de hombrecillos verdes que a la de mocos pluridimensionales. Recordemos, las leyes de la física, mientras nadie demuestre lo contrario, son “las mismas” en todo el Universo.
De la misma forma que la evolución ha creado, en tiempos “recientes”, al rinoceronte indio para un ecosistema húmedo plagado de vegetación, millones de años antes creó al Triceratops, un dinosaurio, reptil por ende, sumamente parecido. Esta norma, con cuasi total seguridad, debe de regir la “vida extraterrestre”.
La “moraleja” final es obvia: tendemos a creer siempre en lo particular de lo propio, obviando que, incluso, nuestras leyes de la naturaleza son universales. Aceptando, lo que por otra parte parece una obviedad, podemos concluir, con Hawking entre otros, que es muy probable que existan hombrecillos verdes, aun siendo imposible que hayan llegado a nuestro planeta. Como dice el gran científico, de llegar nos hubieran conquistado o esclavizado... pues las leyes fundamentales de la Naturaleza son universales...
* El famoso rinoceronte indio de Durero v.s. Triceratops (ilustración de http://www.dinosaurpicturesonline.com/1e_ceratopsians.htm).

domingo, 4 de julio de 2010

Jugando a ser dioses.

Siempre me han gustado los juegos de estrategia (a poder ser “en tiempo real”, y no tanto “por turnos”). Stracraft (cuya segunda entrega espero con ansias), Age of Empires, Empire Earth, o los Total War, incluso, son juegos que me han seducido muy especialmente, quizá como correlato a mis fantasiosas ganas, tan joviales, de dirigir ejércitos, construir ciudades, o Imperios. Podemos decir que se trata de uno de los géneros de videojuegos más existosos, junto a los simuladores deportivos o los arcade bélicos (ambas categorías, no muy de mi agrado). Si hay algo que sobresale en estos productos, son las posibilidades que prestan al jugador: ser “un dios” en un submundo virtual, y finito. Me pregunto si desde los dogmas de la Iglesia (o del Islam u otra religión), estos juegos no debieran ser prohibidos. A lo largo de la Historia se ha demostrado que “jugar a ser Dios” es uno de los grandes pecados capitales, pues por definición, la Religión implica “misterio” y “transcendencia”.
Personalmente apoyo incondicionalmente a la Ciencia. Existen muy pocos reductos que puedan serle privados. El progreso del hombre se basa en la investigación, sin rígidos moldes o límites, y no me parecería legítimo que la “metafísica” pudiera imponerse “a la física” privándonos de mejoras, muchas veces saludables, en lo que se refiere a nuestra calidad de vida. Desde la ignorancia, siempre he creído en la existencia de un cierto “clero” en lo que a las ciencias se refiere, especialmente en las biológicas.
Un concepto que siempre me ha picado la curiosidad es el de “especie invasora”. Tradicionalmente identificamos el concepto con las cotorras argentinas (un ejemplar de los cuales tuve por mascota, quién sabe si ello me condiciona) o los cangrejos americanos, por poner dos claros ejemplos. Se afirma, y constata, que estos seres producen gravísimos desequilibrios en los ecosistemas que los reciben, produciendo, en no pocas ocasiones, la mengua, e incluso desaparición, de las especies nativas. Tal sería el caso, muy especialmente, de las especies introducidas en las islas de todo el Mundo. Serán pocos quienes no hayan oído hablar del kiwi neozelandés o del dodo de San Mauricio. Al tratarse de especies muy adaptadas a su medio, evolucionadas virtud del aislacionismo físico de sus hogares en la naturaleza, el impacto que la introducción de especies foráneas (incluidos nosotros mismos como especie) ha causado, en algunas ocasiones, la reducción drástica de individuos, en otras, su extinción.
Hace unos días, pasándome por la mejor taberna bloggera de cuantas conozco, me estoy refiriendo a “La taberna del Drunkerosteus”, me enteré de la reintroducción del bisonte europeo en España, concretamente en la localidad palentina de San Cebrián de Mudá. Se trata de siete ejemplares traídos desde la célebre selva de Bielowieza, en Polonia, todos ellos de “pura sangre” salvaje, no mestizada con ganado vacuno. Como indica mi avispado amigo bloggero, su introducción puede que tenga efectos en la conservación del urogallo, por lo que se deberá estar atento. Dicho esto, se confirma una idea que llevaba tiempo paseándose por mi cabeza, y es que me pregunto si no sería posible que estos experimentos se realizaran más a menudo. ¿Por qué no comenzar a creer en la generación de “ecosistemas artificiales”? ¿Por qué no jugar a ser divinidades creadoras de jardines del Edén? Al invocar este sueño, tal vez irrealizable, a muchos les vendrá a la cabeza del ejemplo de las islas Hawaii.
Con la llegada del hombre occidental, llegaron a las Hawaii otros animales. Al igual que ocurriera en los archipiélagos del Pacífico Sur, el hombre trajo consigo a los gatos, los perros, las cabras, los cerdos... y las ratas. Las plagas de ratas en Jamaica y Hawaii fomentaron la introducción de mangostas, con el fin de que éstas las exterminaran. El resultado fue más bien funesto, las mangostas acabaron con buena parte de las biodiversidad de ambos lugares, pues se comieron los huevos de unas aves que no estaban acostumbrados a este tipo de depredadores. La introducción del siluro, caso especialmente conocido por los aragoneses, ha sido también un factor de desestabilización del equilibrio ecológico. Estos peces de gran longitud son especialmente voraces, y son capaces de acabar con las poblaciones de otros peces. Efectivamente, lo mismo que una especie puede llegar a extinguirse en su hábitat, puede llegar a acabar con otras de ser "movida" de su lugar de origen.
Una vez más, nos encontramos no ante un "aspecto artificial" sino ante un "aumento de velocidad". El traspaso de especies entre los diferentes lugares es un fenómeno constante, en buena parte fomentador de la creación de nuevas especies. Los camélidos, por ejemplo, surgieron en América del Norte, y de no haberse movido de sus planicies originales, no habrían sobrevivido hasta nuestros tiempos. El dingo, el famoso cánido australiano, ha llegado a convertirse en un depredador fundamental, siendo juez del equilibrio zoológico en lo que a las sabanas autralianas se refiere. La "introducción" no es un problema, lo mismo que "el calentamiento global", lo peligroso es la alteración de velocidades que provocamos con nuestras acciones.
Ojalá pudiera llegar el momento en que nuestros conocimientos nos ayuden a "alterar el medio" en pro de la conservación de las diferentes especies del Globo. El caso del bisonte europeo es un ejemplo para la experanza, pero no es el único (destaca el "reencuentro", después de siglos, del tigre y el león asiático en la India), ni tampoco el único que se practica en España (véase el problemático caso del oso pirenáico). ¿Podremos crear, innovar en lo natural, lo mismo que acceleramos los procesos naturales? ¿Sabemos fabricar "carrocerías", o sólo sabemos de "cambios de marchas"?
2) Dos ejemplares disecados de dodo, Museo Nacional de Historia Natural, Londres (foto del autor).

sábado, 10 de abril de 2010

Las gorgonas del Pérmico

"la gorgona Medusa tenía serpientes por cabellos, grandes dientes, la lengua saliente y, en general, un rostro tan feo que quien lo miraba quedaba petrificado por el terror".
Graves, Robert, "Los mitos griegos"

Existe entre nosotros una mala costumbre de reducir la ciencia a lo sensacionalista, a acercar lo sublime a lo humano y a centrar lo característico en lo superlativo. La ciencia es atractiva en cuanto es pervertida, despojada de sus descripciones óseas y demás estudios serios de taxonomía. Hablar de prehistoria, para el gran público, en no pocas ocasiones se reduce a tratar de los dinosaurios (preferiblemente del T. Rex, el Triceratops , y acaso, también del "inexistente" Brontosaurus ) y de los mamutes. Son muy pocos quienes hacen caso de otros seres, de especies tan sorprendentes, o más, que las "conocidas", "mencionadas" mejor dicho. Cayendo en la contradicción, por lo demás a efectos meramente líricos, de invocar, en no poca medida, el "sensacionalismo prehistórico", en este post vamos a hablar de los gorgonópsidos, posiblemente, las criaturas más pavorosas que hayan pisado la Tierra.

La nomenclatura de las especies prehistóricas es, en sí, todo un campo para la reflexión y el entretenimiento. Analizar el por qué de los nombres, el por qué de los adjetivos calificativos que contienen los nombres en latín de los seres extintos es todo un ejercicio de imaginación, tal y como, por otra parte, ya lo fuera para quienes los nombraron. De alguna forma, analizar la etimología de estos nombres científicos es "colarse" en la mente, pretérita, de quienes antes los nombraron. Es una forma de disfrutar de las sensaciones que los fósiles provocaron en quienes los clasificaron.

Los gorgonópsidos deben su nombre a las gorgonas griegas, extrañas criaturas aterradoras de entre las cuales destaca Medusa, la única mortal, y la sazón, asesinada por el héroe Perseo. Se afirma que los panaderos de la antigua Grecia tenían representadas cabezas de gorgona en la puerta de sus hornos, avisando del peligro que corría quien pretendiera abrila antes de tiempo. Los cráneos de estos animales del Pérmico (299,0 - 251,0 millones de años) debieron de producir en sus descubridores un efecto parecido. Estas "gorgonas prehistóricas" eran reptiles mamiferoides, o lo que es lo mismo, reptiles precursores de lo que luego serían los mamíferos. Su tamaño, sus dientes, su locomoción y estructura no dejan lugar a dudas de que debieron ser unos seres magníficos. Inostrancevia (segunda imagen), Arctops o Lycaenops fueron contrincantes poco preferibles a los grandes saurios. Se cree que pudieron tener sangre caliente, lo que, lejos de tener connotaciones eróticas, debió facultarles para el poblamiento de diferentes ambientes; comenzaron a experimentar de cierta autonomía frente al Sol, hecho que debió ayudarles en una época geológica, el Pérmico, que pronto acontecería como la más fatídica de cuantas ha habido sobre nuestro Planeta.

Pese a no compartir "remisiones a la Medusa", otras especies de mamiferoides aterrorizaron a los diferentes animales, por lo demás desafortunados, que poblaron la Tierra por aquel entonces. Los anteosáuridos (tercera imagen) o el Titanosuchus, participaron mismamente de una naturaleza "pseudo-felina" que les asemejaron a criaturas, no sólo mitológicas, sino también propias de videojuegos y películas de ciencia ficción (¿a alguien no le recuerdan a seres de Pandora?).

Las luchas, la vida y adversidades de estos asesinos de los bosques de finales del Paleozoico introdujo el terror entre los suelos de la Prehistoria, como queriendo rendir homenaje a los seres, de mayor tamaño, que inmediatamente heredarían este curioso escenario de operaciones. Los tiempos en que el Mar todo lo monopolizó, en términos de historia evolutiva, tocaban a su fin, estos seres, y demás miembros del clan de los mamiferoides, fueron poniendo, a mordiscos y coletazos, los cimientos de un "Imperio" que aún tardarían en heredar sus descendientes. La extinción de finales del Pérmico, la "madre" de todas ellas ("Great Dying"), retrasó el dominio de estas especies hasta el fin de los dinosaurios. ¿Circunstancias del Azar que los grupos que han prologado las mayores extinciones de la Historia, estén emparentados? Desde luego que sí, sólo que esperemos no ganar a nuestros "ancestros del Terror", en lo que catastróficas coincidencias se refiere.

Autor de segunda imagen:Original uploader was DiBgd at en.wikipedia

tercera imagen:Original uploader was ДиБгд at ru.wikipedia

miércoles, 20 de enero de 2010

El "show" de las especies.

Recién acabado el “año Darwin”, en el que tanto se ha honrado al eventual “descubridor” de la teoría de la evolución de las especies, quizá sea momento de hacer balance, reflexiones en torno a conceptos más controvertidos de lo que, muy apriorísticamente, pudieran parecernos. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, una especie es:
Cada uno de los grupos en que se dividen los géneros y que se componen de individuos que, además de los caracteres genéricos, tienen en común otros caracteres por los cuales se asemejan entre sí y se distinguen de los de las demás especies. La especie se subdivide a veces en variedades o razas”.

No es necesario decir que de esta definición no se extraen conclusiones definitivas, y que, de la lectura del texto, no se deprende más que el hecho de que “clasificar” es una actividad inherente al ser humano, necesaria, “logísticamente”, para el funcionamiento de sus teorías y demás quehaceres intelectuales. La “norma” comúnmente aceptada los dice que dos individuos son de una diferente especie cuando son incapaces de tener descendencia fértil entre sí (ejemplos clave son el burro y la yegua, o el tigre y el león, ambos pueden tener una mula o un “ligre”, sólo que este individuo no será fértil). Existen casos “más dudosos”. El chiguagua y el San Bernardo son “razas” de una misma “especie”... ¡pero difícilmente conseguirá nadie aparearlos! Un caso muy curioso es el que sucede con los dinosaurios.

Sí, efectivamente... debo reconocer que existe una especie de dinosaurio a la que le tengo manía, se trata del Einosaurus. Esta especie de dinosaurio ceratópsido se asemeja al célebre Triceratops, sólo que con un sólo cuerno, no tres, hacía bajo, en vez del pavoroso puñal erecto de su pariente. Recuerdo cómo un día, cuando aún no tenía la decena de años siquiera, mi padre me sorprendió leyendo mi nuevo fascículo de “Dinosaurios”, la célebre colección de Planeta Agostini. La verdad es que, lo que no había conseguido aún en edad sí lo estaba alcanzado en pasión por los dinos, y la legendaria enciclopedia ya comenzaba a aproximarse a los diez tomos. A mi padre se le ocurrió decirme que no podían existir “tantas” especies de dinosaurios, que seguramente algunas estaban inventadas. Como todo dinófilo aficionado ni hice caso de su comentario, pero me acuerdo perfectamente de que, delante mío, en aquel fascículo, estaba el Einosaurus. Su cuerno en forma de garra de Velociraptor me hizo sospechar, fruto de ese “aroma de veracidad” que en esos años de infante, a todos nos irradian nuestros padres.

No fue hasta las postrimerías del pasado año que leí un interesantísimo artículo de mi buen amigo Dinorider, donde se reseña un artículo de National Geographic en el que se hace mención de los 10 descubrimientos paleontológicos más interesantes de 2009. Entre todos ellos me llamó, y mucho, la atención el tercero de ellos: al parecer, un tercio de las especies de dinosaurio que conocemos... ¡jamás existieron! Al leer aquello me vino a la cabeza el “día del Einosaurus” y el comentario de mi padre, “aquel hombre tenía razón...” díjose mi cerebro... A decir verdad, no fue demasiado extraño constatar que el principal implicado en esta farsa es el Tyrannosaurus Rex, ¿quién si no?

Es comúnmente sabido, sobretodo en el “freaki-universo paleontológico” que el Tiranosaurio no fue, de ninguna de las maneras, el dinosaurio carnívoro (terépodo) más grande de todos los tiempos. Tres especies (Giganotosaurus, Carcharodontosaurus y Spinosaurus) le arrebataron este “mérito”, ya hace un tiempo. Quizá, o mejor dicho, sin lugar a dudas, lo menos conocido de esta especie es su “instrumentalización política” por parte de los medios de EEUU, me explico. Aún, hoy en día, en los libros de dinosaurios de divulgación actuales (que no actualizados) se afirma que el Tiranosaurio fue el mayor carnívoro de todos los tiempos (obviando al cachalote actual...) y que, ante todo, vivió en EEUU, y Canadá... Si uno se interesa más por estos seres, se dará cuenta de que el Tiranosaurio tuvo todo una “corte” de parientes de menor tamaño (Daspletosaurus, Albertosaurus...), y, ante todo, primos menores que vivieron “en otros lugares”, véase el Tarbosaurus (gran depredador de las Mongolia y China de finales del Cretáceo).

Investigaciones actuales han demostrado que buena parte de las especies de dinosaurio conocidas, un tercio aproximadamente, no fueron tales, sino individuos jóvenes de las mismas. Así, especies como el Nanotyrannus han tenido la “deshonra” de tener que ser “degradados” a adolescentes especímenes de Tiranosaurio (adiós a las tesis que afirmaban que éstos eran parte de una especie menor, especializada en comerse la carroña de sus “primos” de mayor tamaño).

Especies según conviene. El término “especie” es un convencionalismo, como toda palabra humana. Así pues, si el lenguaje es convención, ¿es todo manipulable? ¿Llega la política, incluso, a estos derroteros? Einosaurus, al parecer, sí resulta ser una especie diferenciada... ¿ven el por qué le tengo manía?

Imágenes: Einosaurus y Nanotyrannus, de http://www005.upp.so-net.ne.jp/JurassicGallery/

jueves, 1 de octubre de 2009

Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Anfibio

Seguramente sean muchos quienes no sepan que desde las planicies de Mongolia se creó el imperio más grande que jamás haya existido. Pocos habrán caído en la cuenta de que la escritura, parece ser, se descubrió en Iraq (Mesopotamia), o que una de las primeras, y más enigmáticas, civilizaciones surgió en Pakistán (la del Indo). Una vez más, permítanme extrapolar escalas humanas al ámbito de la naturaleza (si es que hay alguien que aún no englobe a ambos ámbitos dentro de un mismo, y universal, campo semántico…).
En lo que a la “historia natural” se refiere, algo similar ocurre. A nadie le costará entender el por qué hubo un tiempo en que los dinosaurios dominaron la Tierra (sólo hace falta llevar a un “incrédulo” a un museo, o enseñarle un libro científico con medidas detalladas). Tal vez, a alguno le cueste un poco más creer que una especie de rinoceronte haya sido el mamífero más grande que haya pisado suelo terreno (el Indricotherium pakistaní), pero, sin lugar a dudas, mayor será el número de incrédulos si afirmamos que hubo un tiempo en que los anfibios “dominaron la tierra”, durante un período inmediatamente posterior a aquél en que los artrópodos llegaron a liderar la carrera evolutiva (con escorpiones gigantes, capaces de tumbar a un caballo).
El Carbonífero (hace 359,2 ± 2,5, hasta 299,0 ± millones de años) fue la época de esplendor de los “abuelos rana”. Existieron anfibios con formas de dragón, de iguana, de martillo, de cocodrilo, e incluso, superdepredadores capaces de hacer retirarse a un tigre actual, e incluso a un oso. Fue la época de los grandes helechos y equisetos, libélulas como Meganeura (75 cm. de envergadura) volaban por entre las húmedas selvas de este período, mientras los anfibios, descendientes directos de los peces, comenzaban a hacerse con el dominio de la tierra. Como es bien sabido, la avanzadilla anfibia fracasó, y no fue hasta el auge de los reptiles (los primeros surgieron ya en este período) que los vertebrados consiguieron independizarse del medio acuático.
Historia non facit saltus”, y en lo que a su vertiente natural se refiere, tampoco. Reptiles y anfibios compartieron durante el Pérmico, período geológico posterior al Carbonífero (hace 299,0 ± 0,8, y hasta hace 251,0 millones de años), el dominio de la Tierra. Especies como Eryops (en la ilustración), con sus 2 metros de longitud, se alimentaban de otros anfibios, reptiles y peces, siendo, a su vez, rivales de otros depredadores, más conocidos, como el célebre reptil mamiferoide, Dimetrodon. La vegetación también era pasto de los anfibios. Diadectes, con aspecto de iguana de gran tamaño (cuyo esqueleto podemos contemplar en nuestra última imagen), comía helechos y equisetos, siendo la especie más significativa, y conocida, del claro de los Reptiliomoformos.
Es curioso, pero nosotros no somos ajenos, al menos completamente, a estas luchas “inter-especies” (al respecto, recordar el siguiente post, clickea aquí). Dimetrodon, o mejor dicho, los reptiles mamiferoides, serán los precursores de los tetrápodos con pelo, o lo que es lo mismo, los mamíferos. Al mismo tiempo, y en tanto que reptiles, los mamiferoides están emparentados, remotamente, con los anfibios, los primeros descienden de los reptiliomoformos, ya citados, anfibios, por lo general, de gran tamaño. Si tenemos en cuenta que los anfibios descendieron de cierto tipo de peces, podemos llegar a la conclusión, que nadie se asuste, de que ranas y humanos… ¡estamos relacionados!. Con lo que se acaba de decir no tenemos por qué alarmarnos, ni pensar que, en el fondo, todos somos “renacuajos”. Se mire por donde se mire, se sea, erróneamente (no sin ignorancia) creacionista o evolucionista, se llega siempre a la misma conclusión: “todos somos hijos del Señor”, o productos, ramificaciones, del proceso de evolución….
Dicho esto, a nadie le sorprenderá comprobar cómo el “imperio de los anfibios” ya hace tiempo que finalizó. Podríamos decir que, de hecho, su antiguo reinado a penas se ve correspondido en nuestros días, con unos cuantos miles de especies, la mayoría de ellas, en peligro de extinción por los efectos del cambio climático (De las 5.743 de especies conocidas, un tercio está en peligro de extinción. En los últimos 25 años, los científicos creen que al menos 122 especies han desaparecido).
¡Qué lejos quedan los tiempos en que un anfibio del tamaño de un cocodrilo del Nilo cazaba dinosaurios en lo que hoy es la Antártida (el Koolasuchus)! ¿Habrá un día en que los mamíferos se vean abocados, en general (humanos incluidos), a esta situación? Más de uno, espero, seguro que en lo sucesivo… tendrá más respeto a tritones, sapos, ranas y salamandras… ;-).
1ª imagen: Edops craigi, de dmitrchel@mail.ru, Licencia de documentación libre GNU 2ª imagen: Dimetrodon gigas & Eryops megacephalus de dmitrchel@mail.ru, GNU Free Documentation License, Version 1.2. 3ª imagen: Vertebrae of Diadectes phaseolinus, a fossil tetrapod, de Ghedoghedo. public domain.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Miscelánea animal

En el, recién creado, grupo de Facebook de Nubiru planteé que se me comentaran todos aquellos temas sobre los que se quisiera que escribiera un post. La pregunta sigue en vigor, pero en esta ocasión haré honor a la propuesta de uno de mis mejores amigos, Ártax, que me comentaba porqué no escribía algo sobre "Mitos y curiosidades del reino animal". Aquí va el post prometido.

En no pocas ocasiones, "lo mitológico" no es más que una representación social de "lo ignorado". Las diferentes religiones, creencias, cuentos, leyendas y rumores populares bien lo saben. Sin embargo, aún dentro de lo inescrutable que es el mundo de Fantasía (en terminología de Ende), si bien no existen fronteras sí que pudieran distinguirse "grados". Así, existen mitos de creación (el libro del Génesis por ejemplo), que ocuparían el primer peldaño dentro de esta pirámide imaginaria que se plantea, mientras que, en último término, existen rumores que han ido dibujando una cierta aureola fantástica en torno a fenómenos naturales que jamás hemos sido capaces de comprender, sin la ayuda del progreso científico, los mitos y leyendas dedicados a los animales son, quizá, el ejemplo más paradigmático.

- Primer mito: "el buitre baja más rápido a comerse la carroña dependiendo del lado en que esté el cadáver".

Se trata de una creencia muy extendida por todo el ámbito de la Celtiberia (Aragón, oeste de Castilla), tal y como Ártax me lo confirma. Según me contara mi tía, en Anguita (Guadalajara) se cree que el buitre olfatea antes la comida si el animal muerto se deja con el hígado enfocado al aire. En verdad, esta creencia es totalmente falsa, dado que el buitre (como todas las rapaces) tiene un privilegiado sentido de la vista, razón por la cual es capaz de ver "comida" desde las alturas, en una gran extensión de terreno.

- Segundo mito: "el ser humano es el único animal que hace uso del sexo por placer".

Una de las creencias más, probadamente, falsas que se puedan tener en torno al mundo animal, citemos dos especies paradigmáticas: la hiena y el bonobo.

* Tradicionalmente se ha dicho que la hiena es una animal hermafrodita, dado que las hembras tienen pene. La realidad es, de nuevo, bien distinta. Nada es lo que parece, pene y clítoris son dos órganos con idéntico origen evolutivo, razón por la cual son los centros de placer, tanto en el sexo masculino como femenino, respectivamente. Las hienas tienen un clítoris superlativo, que hace que se parezca a su "pariente" pene. Las hembras de hiena se estimulan el órgano entre ellas, haciendo del placer un medio por el que poder fortalecer el grupo social. Respecto a este animal les recomiendo otro post: "Las hienas y sus contradicciones".

* Por otra parte, el bonobo es la especia animal más íntimamente relacionada con el hombre. Su comportamiento, especialmente en lo íntimo, es sumamente sorprendente. Los más prestigiosos expertos en la materia han observado prácticas de sexo oral, anal... e incluso el uso de la "postura del misionero" por parte de los bonobos (de hecho, junto con el hombre, somos los únicos animales que tenemos coítos de frente respecto a nuestra pareja). Los bonobos utilizan el sexo como instrumento para la resolución de conflictos (el hallazgo de comida, por ejemplo, hace que todo el grupo participe en una orgía, consecuencia del nivel de excitación social), siendo sumamente curioso que sus niveles de natividad sean equiparables a los de sus parientes, los chimpances, por más que la actividad sexual es, superlativamente, más frecuente en los bonobos. Respecto de estos animales, es muy interesante el artículo de Richard Wrangham y Dale Peterson, publicado en el Washington Post, y disponible en internet, titulado: "Demonic Males: Apes and the Origins of Human Violence".

- Tercer mito: "las avestruces meten la cabeza en un agujero cuando se sienten en situación de peligro".

Totalmente falso, sin tenerse pruebas de que este compartimiento se haya visto, jamás, en ningún individuo de la especie. No hace falta decir que, lejos de ser una solución, sería una trampa mortal para sí misma, siendo presa fácil. Lejos de la ficción, la avestruz es un animal "peligroso", capaz de alcanzar los 90 km/h y dotado de unas poderosas patas que le facultan para dar peligrosísimas coces (el casuario, especia emparentada con el avestruz que habita Nueva Guinea y parte de Australia, es capaz de acabar con la vida de un humano sin demasiada dificultad).

- Cuarto mito: "Cría cuervo y te sacarán los ojos".

Los cuervos, al igual que el resto de especies con hábitos carroñeros (los buitre por ejemplo) tienen especial predilección por los órganos blandos. Efectivamente, son las piezas del cadáver que antes entran en putrefacción, y por lo tanto, las que antes deben ser comidas. Dado que los ojos son una de estas partes, los cuervos (que acostumbran a ser quienes primero ven los cadáveres) pueden llegar a comerse estas partes (¡aunque no en seres, aún, vivos!). Por otra parte, es importante recordar que el cuervo es uno de los animales más inteligentes que existen, al respecto véase el post siguiente: "El más humano de los pájaros".

- Quinto mito: Existen paquidermos y plantígrados (y éstos tienen relación con el hombre).

El "orden" de los "paquidermos" es, ya, más propio de la Enciclopedia Álvarez que de la ciencia moderna. Por este término se identificaba a aquellos animales de piel gruesa y gran tamaño, a saber: elefantes, hipopótamos y rinocerontes. Lejos de la realidad, los elefantes son del orden "Proboscidea", siendo los pequeños damanes, sus parientes más cercanos; los rinocerontes forman parten del orden "Perissodactyla", al igual que caballos y tapires; mientras que a los hipopótamos se les acostumbra a relacionar más con los cerdos. Lo aquí visto no deja de ser un ejemplo de "evolución divergente" (en el caso de damanes y elefantes) y de "evolución convergente" (en el caso de los paquidermos.

Los "plantígrados" no son más que un campo semántico integrado por todos aquellos animales que son capaces de mantenerse en pié gracias a la planta del pie. A este "grupo" pertenecen osos, primates, tejones o glotones, sin embargo, no nos encontramos más que ante un caso, de nuevo, de evolución convergente. Es interesante, al respecto, el post: "Platón y los dinosarios". Desde luego, la afirmación de que los plantígrados están relacionados con el hombre, no tiene sentido.

Más casos de evolución convergente, que se me ocurren, serían estos...:

Ictiosaurio y delfín.

Delfín y tiburón.

Rinoceronte indio y Triceratops.

Lobo y lobo de Tasmania.

Rata canguro y canguro.

Cóndor y zopilotes (emparentado con las cigüeñas) y buitres (leonados, negros...).

Ilustraciones:

1) "The Nayika as the lovers of all creatures" (1780), Kotah State Rajasthan.

2) Un chimpancé (que no bonobo) pintor: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Brassau.jpg

3) El terrible casuario: foto de Dezidor, sujeta a Creative Commons Attribution 3.0 Unported .

4) Damán en Israel (el "pariente" más próximo del elefante): Israeli Pikiwiki project, sujeto a Creative Commons Attribution 2.5 .

martes, 25 de agosto de 2009

El más alfa de entre los machos alfa.

En marzo de 2003, la prestigiosa “American Journal of Human Genetics[i]” publicó un estudio de lo más sugerente. Un grupo de 23 genetistas, estudiando una muestra de unos 2.000 hombres procedentes de toda Eurasia, encontraron en varias de estas personas muestras de una pauta genética común. Mediante cálculos estadísticos, se intentó buscar el “antepasado común más próximo”, trabajando con 34 generaciones y calculando 30 años por generación, encontrándose que éste debió de existir hace 1.000 años. Teniendo en cuenta qué países se encuentran en la muestra (Kazajstán, Uzbekistán, China, Polonia, Ucrania...) no es de extrañar que a estos científicos les viniera un nombre a la cabeza... Genghis Khan.

John Man, genial autor de quien sacara esta cita, hace un reflexión demoledora: "el poder debió hacer por Genghis y por sus parientes cercanos lo que la cola hace por los pavos". De hecho, en clave "científica", el propio informe concluye que: "nuestros hallazgos demuestran una nueva forma de selección dentro de la población humana basada en el prestigio social". Como dice el autor inglés... Genghis era el más alfa de los machos alfas....

Alguna vez he oído decir que la "gente rica" acostumbra a ser más guapa. Es cierto que la gente con alto poder adquisitivo tiene una mayor facilidad para acceder a tratamientos de belleza, operaciones de estética y demás, sin embargo, también es cierto que, estadísticamente, a lo largo de los tiempos, hablando claro , el rico siempre se ha llevado a la rica.

Ello estaría dentro de una dinámica, un pensamiento, que nos lleva a presuponer que la "selección natural" siempre está en acción, seleccionando los mejores genes por lo que poder mantener la especie. No hay duda de que, en aquellos tiempos, los generales mongoles eran los hombre más poderosos de entre todos. Que las flechas hicieron las veces de astas está claro. Ahora bien, en un mundo en que las armas, al menos en parte, ya no son el único signo de poder, me pregunto si el dinero incide en la "selección natural". Vivimos en un mundo en que siempre ha imperado la "ley del más fuerte", ¿es la "ley del más rico" una variedad de la misma?.

Uno ve un documental de Vida Salvaje y ve cómo un león es el macho alfa, o cómo lo es un gorila o un chimpancé... ¿quién dijo que los hombre somos de otro campo semántico?

Ilustraciones:

1) “Subutai”. Medievil Chinese drawing (начало XVI века/ 16 century).

2) Carl Friedrich Deiker: Hirsch in den Bergen vor tiefer Landschaft


[i] Tatiana Zerjal y otros, “El legado genético de los mongoles”, American Journal of Human Genetics, núm. 72, marzo de 2003. Estudio del que se he sabido por su inclusión en la obra: Man J., Genghis Khan: vida, muerte y resurrección, Madrid, Oberón, 2006.