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sábado, 4 de junio de 2011

Asclepio

Zalakín entró en aquella suerte de tétrico edificio clavado entre las rocas. Riscos y quebradas hacían que su destino se encontrara en absoluta armonía con todo aquello que le rodeaba. Sin lugar a dudas, era el lugar que le había indicado su abuelo. Cogió, una vez más, aquel trozo de corteza donde estaba escrito el enigmático nombre sagrado. No sabía bien bien qué sería aquello que le aguardaría en aquel templo de rocosos sillares. Las hiedras salvajes sacaban pequeñas hojas negras entre grandes troncos decadentes. La sala por la que el pequeño duende bellotín transitaba carecía de mayor limpieza que la brindada por las ventiscas que, hasta allí incluso, soplaban con frecuencia.
Pese a ese punto tétrico, que hace distinguir a lo real de lo propio de Imagina, el lugar gozaba de aires de santidad. Las estalactitas y estalagmitas de diamante apuntaban todas hacia un mismo centro equidistante. Zalakin se adentró por el pasillo que las luces fluorescentes de éstas iluminaban. Para su sorpresa, allá no encontró trono, altar o grimonio alguno. Destrozada, partida por los años y las ventiscas, yacía una estatua humanoide de pálida tez blanca.
Zalakín extrajo el trozo de corteza de su zurrón, y con alta voz, cual tenor o Cicerón, pronunció las mágicas palabras que su abuelo le había entregado. ¡Asclepio! Los trozos de blanco mármol comenzaron a rodar mágicamente. Uno a uno, la estatua comenzó a rehacerse tras largos siglos de letargo. Todo el cuerpo fue tomando forma hasta que una cara, imponente, de mirada soberana, surgió de entre lo que, hasta aquél entonces, sólo habían sido restos de una antigua estatua.
No cabía duda de que aquélla era la divinidad que estaba buscando. Sabiendo de sus dudas, el dios Esculapio comenzó a escudriñar las neuronas del duende. Una a una hizo terapia de sus dudas, y sin magia ni hechizo alguno, consiguió conjurar realidad en un duende, Zalakín, que habita en un mundo donde todo es imaginado. No quísole dar riquezas, pues aunque no soñara con ellas, de dárselas le haría avaricioso. No le concedió un mejor porte, pues la esencia de su persona se distorsionaría con la de imponentes bárbaros musculados y seductores elfos rondanoches. Tan si quiera le concedió un amuleto, un pergamino o un mero escudo protector.
Zalakin salió del templo sin magia, pues ya tenía, pero sí con lo más valioso en aquel mundo, tan improbable de encontrar en su universo paralelo. El dios Asclepio le reconoció una educación, el mayor poder que jamás pudiera tener un ser humano. Le afirmó al duende que era lo único que compartía valor en su mundo y en el de la Realidad. Le aseveró que nadie podría darle aquel don, y que al tenerlo, sólo podía reconocerle su dicha. Zalakín salió del templo con dos armas para su eterno viaje: conocimiento y autoestima. Ni la serpiente que rodeaba al dios, ni el liso mármol que le constituía se quedaron recompuestos. La marcha de Zalakín no les daba motivos para sobrevivir, su labor estaba hecha, después de miles de siglos, alguien había recordado los escritos clásicos... siendo listo y honrado, aprovechando lo que las deidades de Imagina sellaron en letras de bismuto.
Foto: célebre estatua de Asclepio (Esculapio romano), en Ampurias. Foto del autor (y gracias al conductor).

sábado, 30 de octubre de 2010

Krypteia

"Si la llamada Criptia hubiese sido una de las instituciones de Licurgo, como dice Aristóteles, ésta habría sido la que a Platón le hubiera hecho formar el mal concepto que formó de aquel gobierno y del que lo estableció".
Plutarco "Vidas paralelas: Licurgo"
Ocultos entre los robles y los olivos, asemejados al lobo y al zorro en el arte del acecho, los jóvenes lacedemonios se ocultan entre la maleza, víctimas eventuales de castigo por ser descubiertos. La noche, sin necesidad de ser de luna llena, les asemeja a los canes. Surgen de entre la vegetación saqueando y asesinando. Sus presas son los víveres de los esclavos del Estado espartano, los ilotas, sus vidas son el objetivo. Múltiples esclavos sucumben a las hordas del estrato superior; Esparta ha iniciado a sus jóvenes, sometiendo a los dominados.
Los ilotas, esclavos propiedad del Estado, no pertenecientes privadamente a un ciudadano, eran originarios de los pueblos sometidos a punta de lanza. Las poblaciones conquistadas por Esparta (gentes de lugares cercanos de Grecia, fundamentalmente de Mesenia) eran trasladados a la urbe capitalina para seguir una existencia de servidumbre. Con ningún derecho, y todas las obligaciones, estos esclavos, de peor trato que el esclavo privado, eran tratados como animales de carga, sujetos a controles de población. El abuso de los de Leónidas condujo al “pueblo ilota” a múltiples rebeliones, razón por la cual, la krypteia era necesaria como medida disuasoria.
La krypteia era un ritual iniciático. Se seleccionaba a varios jóvenes espartanos que eran enviados al monte provistos sólo de un puñal y de la comida indispensable. Descalzos y sin ropa de abrigo, eran obligados a vagar por los montes, so pena de sanción por ser descubiertos. Por las noches, debían atacar y atemorizar a la población ilota, acabando con aquellos que se cruzaran en su camino (insurrectos políticos en muchos casos). Para el mismísimo Plutarco se trataba de un ritual cruel, para nada propio del legendario Licurgo. Los chicos, que en virtud del agogé (sistema educativo de Esparta) no habían conocido mayor “cariño” que el del Estado, eran iniciados en la guerra, a la vez que instrumentalizados en pro del que sería su bien último a lo largo de sus vidas: la prosperidad de Esparta. La krypteia era un rito final, una vez pasado pasarían a ser espartanos de pleno derecho. Los jóvenes, que antes habían sido encomendados a la dirección de maestros pederastas, eran expoliados de cualquier rastro de dignidad individual. El “vicio lacedemonio”, la penetración anal, les había quitado toda dignidad, cuestión de la que la sangre de la krypteia se aprovecharía para hacerlos soldados-instrumento del Estado.
¡Es curioso cuántos son los prejuicios que nos hacen ver en la barbarie e indignidad de los espartanos la salvación de Occidente! ¿Fue Jerjes el tirano... o simplemente, el civilizador? La educación espartana ha sido, a través de los tiempos, ejemplo de rentabilidad y disciplina. Varios equipos deportivos, en particular de la órbita socialista, recibirían este nombre (tales como el Sparta de Praga o el de Moscú). La agogé espartana fue la base histórica que subyacía en la formación de las juventudes hitlerianas y de Mussolini. Todos los miedos de George Orwell, expuestos en “1984”, fueron conseguidos, siglos antes, por las huestes de Leónidas y Licurgo. Siempre se dijo que en la guerra triunfa el más bastardo, ¿fue esa la razón del éxito espartano?
Cuando los persas pretendían la conquista de Grecia no era por razones pacíficas. Efectivamente, la potencia asiática pretendía extender su imperio hacia el otro lado del Bósforo, consiguiendo dominar a las polis griegas, fuente de buena parte de los sanguinarios mercenarios que ofrecían sus servicios a lo largo y ancho del Mediterráneo. Leónidas, cabeza de la hegemónica urbe espartana, comandó al célebre comando de los 300 espartanos (y otros muchos soldados griegos de diferente procedencia) en la batalla de las Termópilas. Su sacrificio, se dice, fue por dar tiempo al resto de griegos para poder escapar.
Es curioso que siempre nos llegue la versión del vencedor, y en casos como éste, ¿cómo es que tardamos tanto en reconocer la “superioridad cultural, económica, etc.” de Persia sobre Esparta? ¿Cómo es que tardamos tanto en condenar al “maestro de las tiranías” y, lejos de ello, además les dedicamos películas? ¿Quizá sea porque seguimos siendo discípulos de los medios espartanos?
* Descripción de la "krypteia" según Plutarco: "Era de esta forma: los magistrados a cierto tiempo enviaban por diversas partes los jóvenes que les parecía tenían más juicio, los cuales llevaban sólo su espada, el alimento absolutamente preciso, y nada más. Éstos, esparcidos de día por lugares escondidos, se recataban y guardaban reposo; pero a la noche salían a los caminos, y a los que cogían de los Hilotas les daban muerte; y muchas veces, yéndose por los campos, acababan con los más robustos y poderosos de ellos. Refiere Tucídides en su Historia de la guerra del Peloponeso que, habiendo sido coronados como libres aquellos Hilotas que primero los Espartanos habían señalado como sobresalientes en valor, recorrieron así los templos de los Dioses, y de allí a poco, desaparecieron de repente, siendo más de dos mil en número, sin que ni entonces ni después haya podido nadie dar razón de cómo se les dio muerte. Aristóteles es también quien principalmente escribe que los Éforos lo primero que hacían al entrar en su cargo era denunciar la guerra a los Hilotas, para que no fuera cosa abominable el matarlos. Por otras cosas odiosas y duras se dice que se les hacía pasar, tanto, que obligándolos a beber inmoderadamente los llevaban por los banquetes públicos para que vieran los jóvenes lo que es la embriaguez, y los obligaban a entonar canciones y bailar danzas indecentes y ridículas, no permitiéndoles las que eran de hombres libres: por esto dicen que más adelante, mandándoseles a los Hilotas que fueron hechos cautivos por el ejército levantado en Tebas contra Esparta, que cantasen los poemas de Terpandro, de Alcmán y Espendente el Lacedemonio, se excusaron diciendo que no querían sus amos. Parece, por tanto, que los que dijeron que en Esparta los libres eran completamente libres, y los esclavos, esclavos hasta lo sumo, comprendieron muy bien lo que en este punto iba de Esparta a otros pueblos. Pienso, pues, que esta dureza se introdujo en Esparta más adelante, especialmente después del gran terremoto de resulta del cual se dice que los Hilotas, incorporándose con los Mesenios, causaron graves daños en toda la región, y pusieron a la ciudad en gran peligro: porque no atribuiría yo a Licurgo una institución tan atroz como la Criptia, infiriendo su carácter de la humanidad y justicia que en los demás de su vida resplandece, confirmado con el testimonio de Apolo".

Imágenes: 1) "Young Spartans exercising" de Degas; 2)Marble statue of a helmed hoplite (5th century BC), maybe Leonidas, Sparta, Archæological Museum of Sparta

jueves, 30 de septiembre de 2010

Los muros de Santa Sofía.

Recuerdo a Santa Sofía con fresca rigurosidad. Jamás un monumento significó tanto para mí, en esencia, y para con mis aficiones. Fuera de Anguita o Barcelona, en la meridianamente lejana Turquía, pocos buscarían un edificio al que yo tenga tanta reverencia y admiración. Sí, digo bien, pues Santa Sofía hoy es turca, como otrora lo fuera bizantina. Es el tiempo quien me ha dado la oportunidad de conocerla, de incluso verla en persona, ¿por qué voy a negarle su valor performativo, y quedarme con lo rancio y pasado? Santa Sofía es algo “en el presente”, y otra cosa “en lo pensado”.
Frente a la Mezquita Azul no es nada más que su hermana mayor, un templo más grande y vetusto. En lo imaginado es el templo que viera algunos de los acontecimientos más importantes de la Historia, así como algunos de sus autores. No es necesario ser griego o turco para querer a esas paredes. Simplemente basta con amar sus vivencias pasadas, y los estilos que la vistieron tan hermosa como elegantemente. Santa Sofía es uno de los grandes hitos en la Historia, un monumento a la altura de cualquiera que se haya construido ya, o en el futuro pueda. Pensar en clave de actualidad que Santa Sofía es bizantina es una realidad a medias. Pensar que Santa Sofía pertenece a la cultura y al imaginario griegos, un descenso a problemas de la política.
Guste o no, las paredes no tienen ni sentimientos ni psiques, sólo formas. La configuración que llega hasta nosotros es una, la actual, por necesidad producto del devenir de los tiempos y de las diferentes influencias que han recaído sobre “la cosa”. Santa Sofía es bizantina, romana, turca y otomana. Santa Sofía es un crisol, cual la Mezquita de Córdoba, un lugar en el que ha recaído el peso, y la herencia, de mil y una culturas y civilizaciones.
Las sensaciones son reacciones psicológicas ante elementos físicos. La “edificación” es lo realmente existente, “lo visto” es lo realmente vivido. Tendemos a confundir dimensiones que jamás tuvieron esperanza de reconciliarse, son simples prismas que jamás tendrán mayor nexo de unión que nosotros mismos. De ahí que querer imponer identidades sea una aberración, un fracaso, pues cada cual sentirá por cada edificación, por ejemplo, algo diferente.
Es incorrecto decir que Estambul es Constantinopla, ciudad “cuasi celestial” para las aspiraciones históricas griegas. Defender lo contrario es fomentar el conflicto, tal y como hacen, casi por definición, los nacionalismos. Las identidades personales, que de alguna forma le hacen ser “turcófilo” a un servidor, no pueden trasladarse tal cual a un concepto único y genérico. Las identidades grupales, si es que existen, no son más que sumatorios de las individuales, resultados estadísticos que, en no poca medida, acaban por mostrar simples datos genéricos (como el amor por una bebida o la preferencia por un tipo de música).
Defender la “helenidad” de Santa Sofía es despojarle de sus minaretes, recolocando los mosaicos, que por circunstancias históricas, le fueron arrebatados. Ello implica conflicto, violencia, y por ende, algo “intolerable” en mentes sanas y equilibradas. El problema muchas veces recae en pretender tener una “identidad histórica” cuando, siempre e inevitablemente, se tiene “dinámica”. Cada cual se identifica con sus vivencias, con sus visitas pasadas, sus personas queridas y sus aficiones. No existen gustos comunes más allá de la estadística. Todos somos diferentes en pensamiento, por el mero hecho del Azar, única fuerza metafísica realmente probada.
Es por lo aquí escrito, en muy buena parte, por lo que sueño con volver a ver, ojalá en varias ocasiones, a Santa Sofía. Son éstas las fuerzas internas que me llevan a querer a este antiguo templo más que a otros edificios más cercanos. Mis gustos, mis aficiones, mis vivencias y sueños me acercan a ella en ocasiones. Santa Sofía me sirve mismamente de metáfora. Si no hubiera tenido la historia que tiene, yo no hubiera llegado hasta ella.
Los pasados son herramientas para el estudio, para enriquecer, pero jamás condicionantes estancos para el cambio y el progresismo frente al Futuro. Las identidades son personales y cambiantes, cada cuál tiene la suya, personal e intransferible, todo intento de cambiarla será inútil, todo intento de imponerla será brutal.

sábado, 10 de abril de 2010

Las gorgonas del Pérmico

"la gorgona Medusa tenía serpientes por cabellos, grandes dientes, la lengua saliente y, en general, un rostro tan feo que quien lo miraba quedaba petrificado por el terror".
Graves, Robert, "Los mitos griegos"

Existe entre nosotros una mala costumbre de reducir la ciencia a lo sensacionalista, a acercar lo sublime a lo humano y a centrar lo característico en lo superlativo. La ciencia es atractiva en cuanto es pervertida, despojada de sus descripciones óseas y demás estudios serios de taxonomía. Hablar de prehistoria, para el gran público, en no pocas ocasiones se reduce a tratar de los dinosaurios (preferiblemente del T. Rex, el Triceratops , y acaso, también del "inexistente" Brontosaurus ) y de los mamutes. Son muy pocos quienes hacen caso de otros seres, de especies tan sorprendentes, o más, que las "conocidas", "mencionadas" mejor dicho. Cayendo en la contradicción, por lo demás a efectos meramente líricos, de invocar, en no poca medida, el "sensacionalismo prehistórico", en este post vamos a hablar de los gorgonópsidos, posiblemente, las criaturas más pavorosas que hayan pisado la Tierra.

La nomenclatura de las especies prehistóricas es, en sí, todo un campo para la reflexión y el entretenimiento. Analizar el por qué de los nombres, el por qué de los adjetivos calificativos que contienen los nombres en latín de los seres extintos es todo un ejercicio de imaginación, tal y como, por otra parte, ya lo fuera para quienes los nombraron. De alguna forma, analizar la etimología de estos nombres científicos es "colarse" en la mente, pretérita, de quienes antes los nombraron. Es una forma de disfrutar de las sensaciones que los fósiles provocaron en quienes los clasificaron.

Los gorgonópsidos deben su nombre a las gorgonas griegas, extrañas criaturas aterradoras de entre las cuales destaca Medusa, la única mortal, y la sazón, asesinada por el héroe Perseo. Se afirma que los panaderos de la antigua Grecia tenían representadas cabezas de gorgona en la puerta de sus hornos, avisando del peligro que corría quien pretendiera abrila antes de tiempo. Los cráneos de estos animales del Pérmico (299,0 - 251,0 millones de años) debieron de producir en sus descubridores un efecto parecido. Estas "gorgonas prehistóricas" eran reptiles mamiferoides, o lo que es lo mismo, reptiles precursores de lo que luego serían los mamíferos. Su tamaño, sus dientes, su locomoción y estructura no dejan lugar a dudas de que debieron ser unos seres magníficos. Inostrancevia (segunda imagen), Arctops o Lycaenops fueron contrincantes poco preferibles a los grandes saurios. Se cree que pudieron tener sangre caliente, lo que, lejos de tener connotaciones eróticas, debió facultarles para el poblamiento de diferentes ambientes; comenzaron a experimentar de cierta autonomía frente al Sol, hecho que debió ayudarles en una época geológica, el Pérmico, que pronto acontecería como la más fatídica de cuantas ha habido sobre nuestro Planeta.

Pese a no compartir "remisiones a la Medusa", otras especies de mamiferoides aterrorizaron a los diferentes animales, por lo demás desafortunados, que poblaron la Tierra por aquel entonces. Los anteosáuridos (tercera imagen) o el Titanosuchus, participaron mismamente de una naturaleza "pseudo-felina" que les asemejaron a criaturas, no sólo mitológicas, sino también propias de videojuegos y películas de ciencia ficción (¿a alguien no le recuerdan a seres de Pandora?).

Las luchas, la vida y adversidades de estos asesinos de los bosques de finales del Paleozoico introdujo el terror entre los suelos de la Prehistoria, como queriendo rendir homenaje a los seres, de mayor tamaño, que inmediatamente heredarían este curioso escenario de operaciones. Los tiempos en que el Mar todo lo monopolizó, en términos de historia evolutiva, tocaban a su fin, estos seres, y demás miembros del clan de los mamiferoides, fueron poniendo, a mordiscos y coletazos, los cimientos de un "Imperio" que aún tardarían en heredar sus descendientes. La extinción de finales del Pérmico, la "madre" de todas ellas ("Great Dying"), retrasó el dominio de estas especies hasta el fin de los dinosaurios. ¿Circunstancias del Azar que los grupos que han prologado las mayores extinciones de la Historia, estén emparentados? Desde luego que sí, sólo que esperemos no ganar a nuestros "ancestros del Terror", en lo que catastróficas coincidencias se refiere.

Autor de segunda imagen:Original uploader was DiBgd at en.wikipedia

tercera imagen:Original uploader was ДиБгд at ru.wikipedia

domingo, 7 de junio de 2009

Los herejes de la Razón

¿Qué sucedería si las farolas no fueran planas, Si todos los huevos no tuvieran una misma “proporción” en cuanto a su forma? ¿Qué pasaría si las ruedas no fueran perfectamente redondas, y las baldosas tampoco rectas? ¿Qué sucedería si nos diéramos cuenta de que todo esto es así, y no de otra manera? Propongo seguir “soltando” delicadezas, y es que... ¿qué sucedería si Pitágoras hiciera más por la Iglesia Católica que San Agustín de Hipona? ¿Y si las matemáticas fueran una ficción, producto de la convención científica, realidad irreal, mal reflejo de la Naturaleza? Según nuestro actual estado de la ciencia, no sería extraño poder hablar de que nos encontramos, al fin, ante el inicio de un nuevo paradigma científico, una "nueva era".

“La ciencia es en esencia un esfuerzo del hombre para ayudarse a sí mismo. Homero, en la Ilíada, emancipó al hombre de la tiranía de los dioses, a los que había temido desde los orígenes de la especie, enseñándole a considerarse a considerarse a sí mismo como creador, hasta cierto punto, de su propio futuro. Durante unos cuantos siglos, el hombre avanzó con cierta confianza a lo largo del camino del saber, dándose cuenta del poder que da. Pero cuando el péndulo inició su retroceso, cuando el hombre empezó otra vez a inclinarse delante de los ídolos que él mismo había construido, cuando no tanto las imágenes que había esculpido sino los libros que había escrito llegaron a considerarse como divinos, el humanismo tocó a su fin y la ciencia también”. Estas geniales líneas, escritas por el no menos notable Benjamin Farrington, en su “Ciencia y filosofía en la Antigüedad” (Sant Joan D´Espí, Ed. Ariel, 1980), son una muy profunda reflexión sobre un hecho, por lo demás, evidente.

El hombre tiene en su cerebro un mecanismo de defensa que le prohíbe concebir el infinito. Todo individuo necesita creer, tener incentivos, luchar por unos ideales, aunque se sepa que jamás podrán llevarse a término. Sin embargo, aún llegándose a defender la teoría del “homo religiosus” (por lo demás discutible), es bien cierto que no sólo es recomendable, sino necesario, ser conscientes de la existencia de dos “dimensiones”: la mística y la física, lo irreal y lo real. Por necesidad la Ciencia es, o pretender ser, “realidad”, para lo otro ¡ya está, entre otras disciplinas, la más bella lírica! En efecto, es una carencia global el que aún no sean accesibles para el gran público, ni aún orientativamente, los principios fundamentales de la teoría del Caos, la física cuántica, y cómo no, la teoría evolutiva.Todo ello, empíricamente contrastado, genera un mundo diferente al contenido en los “Elementos” de Euclides, y del cual, en no poca medida, aún somos esclavos…

La culpa la tiene Pitágoras, el “gran matemático” que acabó por la concepción que creía indisociables: números – técnica. Los pitagóricos consiguieron transformar a las matemáticas de un “arte práctico” a un “arte liberal”, en no poca medida arcano y “filosófico”. Pitágoras negaba la realidad del mundo sensible, manteniendo que la única realidad era la unidad estática (lo “transcendente” que diría la teología católica) de un universo a semejanza de Dios. Al respecto, de las ideas de Farrington, por lo general geniales, se me desprende la siguiente reflexión.

Es un postulado unánimemente aceptado que los pilares de Occidente son: el Derecho romano, la filosofía griega y la religión hebrea. Dejando a un margen la jurisprudencia de los romanos (no sólo por razón de oficio), podría afirmarse que tanto la filosofía griega (en parte) como la religión judía “han perjudicado” al avance de la Ciencia, durante largos siglos. Pitágoras puso los cimientos que Euclides consolidó en su obra, sirviendo todo ello de base a una concepción ideal que conoció su máximo explendor con Platón y su recepción por parte del Cristianismo. El mundo de los griegos pudo “acabar” con el clima de progreso, próspero y fecundo, que se había iniciado con los habitantes de la antigua Mesopotamia y Egipto.

El teorema de Pitágoras ya fue conocido por los matemáticos de Babilonia. El valor de π se “supo”, con verdadero rigor, por parte de los egipcios. ¿Quiénes son los herejes de la razón; quienes falsificaron lo que otros descubrieron primero? ¿Fue Persia una mejor alternativa que los “valientes” espartanos? Oriente ha contribuido mucho más con su ciencia que con sus creencias. Bien lo saben la medicina, la física, la química, y ante todo, el bienestar de nuestras vidas.

Ilustraciones:

1) "Pythagoreans celebrate sunrise" de Fyodor Bronnikov, (1827—1902)

2) Assyria - Portal Guardian from Nimroud. British Museum

jueves, 21 de mayo de 2009

El imperio de las grullas

"Muy pocos comen cigüeñas o grullas en nuestro tiempo. Me pregunto cuál es la razón".

Leonardo da Vinci "Notas de cocina"

"The western wind has blown but a few days;

Yet the first leaf already flies from the bough.

On the drying paths I walk in my thin shoes;

In the first cold I have donned my quilted coat.

Through shallow ditches the floods are clearing away;

Through sparse bamboos trickles a slanting light.

In the early dusk, down an alley of green moss,

The garden-boy is leading the cranes home".

PO CHÜ-I

La grulla es una doncella emplumada, zancuda caminante con glamour y estilo. Es capaz de seducir al ser humano con su belleza, figura esbelta y melancólica migración. Las grullas, de hablar de reencarnaciones hinduistas, seguro que antaño fueron bailarinas. Para algunos sus carnes no eran apetitosas, para otros, pura devoción gastronómica. D. Enrique de Villena, Maestre de Calatrava, cita en su "Tratado del arte del cortar del cuchillo", la carne de este animal (el cual, se llegó a criar en granjas hasta la llegada a Europa del pavo; de ahí, se supone, el nombre del pueblo de Grulleros, en la provincia de León, España). ¡Cuánto se vino a menos el linaje de los gruiformes! ¡Ser comidos por parientes de los simios, cuando, hace un tiempo, los de la familia fueron capaces de cazar caballos!

Es curioso, pero la grulla ha encarnado, en varias mitologías, valores marciales. Muy especialmente, la tradición greco-romana (seguida por los “bestiarios” medievales) la trató como ejemplo paradigmático de disciplina, pues se dice que las había que, dentro del grupo, hacían las veces de centinelas por turnos, así como, en pleno vuelo, y perfecta formación, no era extraño que sujetaran a sus cansadas compañeras, hasta que éstas se reanimaran. De la tradición clásica destaca la leyenda de Génara.

En la Ilíada, leemos sobre las grullas que: “entre graznidos vuelan sobre las corrientes del Oceano, a los hombres pigmeos reportando carnicerías y funestas muertes”. Tan curioso fragmento se debe a la creencia de que las grullas “hacían la guerra” con estas tribus del África, encarnizadamente. De hecho, una historia, la leyenda de Génara, nos cuenta lo siguiente…

Entre los pueblos pigmeos no había sucesión masculina, rigiéndose por el matriarcado. Génera alcanzó el poder, siendo una reina muy adorada por sus súbditos, dada a vanagloriarse y los atrevimientos. Se creía superior a todo, lo terreno y lo divino. Hera, enojada por su ofensa, al tratarla de menos valía que ella, la convirtió en el ave más horrenda que podía imaginarse, y que a la sazón, se encontraba en perpetua guerra con su tribu. Cuando era humana, Génera tuvo a un hijo, Mopso, en busca del cual iba siempre, una vez ya, siendo grulla, aunque para su desgracia, sus antiguos súbditos se lo impedían siempre, con especial ensañamiento. Lo curioso no termino aquí, y es que, transcendiendo lo mítico, siempre según Mariño Ferro, los antropólogos, efectivamente, conocen poblaciones de pigmeos que cazan grullas, coronadas, como la de la foto, oponiendo éstas cierta resistencia, dado que son aves un tanto violentas, o cuanto menos, territoriales... Pese a todo, la visión "marcial" de este ave elegante no puede quedar aquí.

Hagamos un salto en el tiempo. Tras la extinción de los dinosaurios, la Tierra se quedó sin "seres dominantes" que "gobernaran" los diferentes ecosistemas. Más allá de la ficción, a semejanza de sus primos velociraptores, las aves experimentaron un incremento sobrenatural en su tamaño, llegando algunas a ser tan pesadas que perdieron la habilidad de volar. Este es el inicio del "imperio de las grullas".

Este grupo de superpredadores, (emparentados con las actuales grullas, y muy especialmente, con el cariama argentino) recibiría el nombre de "aves del terror". De entre todas ellas destacarían estas especies:

- Kelenken guillermoi: hallado en Argentina, se trata del ave más grande de todos los tiempos. Su cráneo alcanzó las proporciones de un caballo, detentando un poderoso, y afilado, pico que nos presenta a este animal como el superpredador de las Américas del Mioceno. Según la web Aragosaurus sus dimensiones eran las siguientes: 71,6 cm. de cráneo, tres metros de altura y 160 kg de peso aprox. Igualmente, se cree que eran capaces de alcanzar los 50 km/h, frente a los 100 km/h que bien pudieran haber alcanzado las crías.

* Por los mismos tiempos y lugares, aunque de dimensiones más modestas, vivió el Phorusrhacos (ave "más conocida", ni que sea por haber aparecido en series como "Caminando entre las bestias").

- Gastornis (nombre oficial, origen europeo de los fosiles) o Diatryma (como se le conocía mayormente hasta el momento, origen americano de los fósiles, posteriores a los europeos, de ahí la prevalencia del nombre) es, con toda seguridad, la especie más conocida de la saga. Su existencia se remonta al Paleoceno-Eoceno, recién extintos los dinosaurios. Sus dimensiones fueron algo más modestas que las anteriores; sin embargo, ello no le impidió ser capaz de cazar "caballos" como Hyracotherium (antepasado de los equinos, que no superaba las medidas de un perro de compañía).

En cualquier caso, siguiendo la precisión de nuestro amigo, y especialista, destacamos que se trata de un "eslabón" remoto de la saga de Phorusrhacos, un "primer intento" evolutivo de ave del terror.

- Titanis walleri fue una de las últimas "reínas" de esta cruel saga. Su tamaño llegó a alcanzar los 2,5 metros de alto, pesando alrededor de 150 kg. Se extinguió en el Plioceno (no mucho antes de la llegada del hombre), habiéndose encontrado sus restos en Florida (EEUU).

Definitivamente, se mire por donde se mire…. las grullas no son un pájaro cualquiera. Si no opinan lo mismo, vean el siguiente vídeo sobre el cortejo nupcial de la grulla japonesa (grus japonensis).

Ilustraciones:

1. “Cranes take-off” de Józef Chełmoński; 1870;

2. Grey Crowned Crane in a zoo in Osaka, Japan. de Kuribo (This file is licensed under Creative Commons Attribution ShareAlike 2.0 License).

3. Size comparison of some of the better known large, flightless, extinct predatory birds. Kelenken, Phorusrhacos, Titanis and Gastornis.

4. Titanis walleri, obra de dmitrchel@mail.ru

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