viernes, 19 de octubre de 2012

Un bombardeo poco certero.

Toda guerra se caracteriza por ser un cúmulo de calamidades, bando por bando. La Segunda Guerra Mundial no sólo no fue una excepción, sino que fue la más funesta regla. Sin ánimo de dejar el “bando aliado” en esta ocasión sí que debo criticar con fiereza un bombardeo aliado menos conocido que el de la bella ciudad de Dresden: el bombardeo a Munich de 1944. Particularmente, me estoy refiriendo a la cuasi total destrucción del Deutsches Museum, uno de los museos de la ciencia más importantes del Mundo en aquel momento. Que las guerras destruyen patrimonio no es ningún secreto. El saqueo del Museo Arqueológico de Bagdad por tropas americanas está ahí para demostrarlo. Sin embargo, en esta ocasión no sólo se destruyeron importantísimos hallazgos paleontológicos, sino que, además, se cambió la historia de la narración de la vida pasada y, muy especialmente, la mitología de los dinosaurios para siempre.

Nuestra historia comienza en 1910, en el norte de África. El paleontólogo alemán Ernst Stromer, queriendo encontrar mamíferos del Terciario topa con un descubrimiento mayor aún, un yacimiento del período Cretácico. Virtud de sus excavaciones, Stromer halló los primeros fósiles del Aegyptosaurus (un saurópodo, “cuellilargo”), Bahariasaurus (un carnívoro encontrado en el oasis de Baharia, Egipto), del cocodrilo Stomatosuchus (que se alimentaba de pequeños organismos, como las ballenas) y de dos gigantescos dinosaurios terépodos (carnívoros). Los fósiles fueron trasladados a Munich, concretamente al susodicho Deutsches Museum, pero el bombardeo aliado los destrozó, así como al resto del museo. De nada sirvieron las advertencias de Stromer para que salvaguardaran los fósiles ante el peligro. El propio científico perdería dos hijos en el conflicto, mientras que otro fue hecho preso, y luego liberado, por los soviéticos. Todos estos maravillosos fósiles fueron destruidos, y con ellos, el prestigio emergente de África como cuna de los mayores dinosaurios carnívoros conocidos.

Como si de Mickey Mouse se tratara, Tyrannosaurus Rex se convirtió en un producto mediático. El más pavoroso dinosaurio, el orgullo cretácico de USA. La desaparición de los dos grandes carnívoros (Carcharodontosaurus y Spinosaurus) con el bombardeo allanó el camino al saurio tirano rey. Hubo que esperar a tiempos recientes para que los nuevos hallazgos situaran a ambos saurios donde les corresponde, en un estrato superior a Rex. Si bien, todo sea dicho, los hallazgos hechos a principio de los noventa en Argentina, harían ver la luz a otro saurio carnívoro de gran tamaño: Giganotosaurus, también mayor que T-Rex.

Así pues... ¿No es curioso como las guerras condicionan la ciencia? ¿Cómo un bombardeo poco certero es capaz de cambiar toda la narrativa de la historia natural del planeta?

lunes, 24 de septiembre de 2012

jueves, 13 de septiembre de 2012

¡Independencia! ....


quieres saber más...

http://www.lavozlibre.com/noticias/blog_opiniones/2/638941/independencia%21/1

domingo, 8 de julio de 2012

El cuento del sasín.


El subcontinente indio, además de ser una de las zonas más densamente pobladas del Mundo, contiene muchas especies animales, más relacionadas con el África austral que con el resto del continente asiático. El leopardo, el guepardo, el rinoceronte, el búfalo, el elefante o el león son ejemplos de ello. Si bien siendo especies o subespecies diferentes a las africanas, es ciertamente curioso cómo las praderas indias tienen mayor parecido con el Serenarte que con China o Afganistán. De la misma manera, la India también tiene antílopes. No emparentados con el resto de miembros del “grupo antílope” (nombre poco científico con el que se denomina a varias especies de artiodáctilos), en la India destacan dos especies: el nilgai y el sasín.

 Sasín (Antilope cervicapra

Nilgai (Boselaphus tragocamelus)

Pocos animales pueden rivalizar en belleza con el sasín macho. El juego de colores blanco y negro de su piel, sus largos y retorcidos cuernos (que de haber sido singulares seguro le habrían identificado con el unicornio)... Se trata de un animal magnífico, merecedor de toda protección, y como no es extraño en la India, culto. Al sasín se le considera un suerte de mensajero celestial. El simbolismo de este animal es tal, que incluso algún que otro actor famoso en la India ha sido condenado por su caza...

La caza... Precisamente ese arte, a mi ver de tan poco gusto, que identifica, intergeneracionalmente, al hombre actual con el del Pleistoceno, ha producido una gran paradoja, a la postre, genial para la conservación de la especie. La misma suerte ha corrido el nilgai o antílope azul, mamífero más próximo a la vaca (en tamaño y parentesco) que, aun sin tener la belleza del sasín, ostenta el título de “antílope mayor de la India”.

Nilgais y sasines no sólo los hay en la India y Pakistán. No hace muchos años, empresarios estadoudineneses soltaron individuos de estas especies en terrenos de Tejas y algún otro Estado americano. Experimentos semejantes se realizaron en la Patagonia, teniendo por consecuencia que los ejemplares existentes para la caza en estos lugares sean más abundantes que los nativos de la India. Paradoja caza - conservación.

Estas iniciativas, en todo caso nacidas con el ánimo de lucrarse con la caza de estos seres, nos demuestran que el hombre a la vez que “destructor” de ecosistemas, puede crearlos. Prácticas semejantes han tenido peor resultado, habiendo resultado las especies introducidas especies invasoras. Obviamente, cada caso es un tema a tratar, y seguramente, aunque para mi sea imposible considerarlo, habrá quien opine que el sasín es una especie invasora en Tejas, y que por ello, debiera ser eliminada.

En un Mundo donde la conservación de la biodiversidad animal, y vegetal, es cada vez más complicada, las medidas de “introducción” tal vez pudieran ser vistas con otros ojos, con otra intención y finalidad. No deja de ser injusto que demonicemos a los habitantes del África austral o de Indonesia por querer progresar. Ellos están destruyendo ecosistemas vírgenes, como antes lo hiciéramos los occidentales. No deja de haber hipocresía cuando se pretende salvar al rinoceronte negro y no las vidas de los niños del Cuerno de África. Protección animal debe ir aparejada con protección humana, intentándose, siempre, que los derechos de ningún ser ajeno a nuestra especie sean mayores que los de uno de los de la nuestra.

Directamente, ¡llámenme loco! ¿Por qué no soltar rinocerontes negros en Doñana? ¿Por qué no hacer un par de grandes reservas en cualquiera de las dos Mesetas y poner allí especies que en sus países están en peligro y que pueden medrar en un clima como el nuestro? La experiencia acaecida con el sasín y el nilgai, con sus respectivos “cuentos”, nos debieran hacer reflexionar. ¿Acaso no necesitamos animales “de caza mayor” que limpien nuestros bosques? ¿Acaso no está en retroceso el ganado ovino y caprino, que tradicionalmente ha pastado por nuestra geografía?

Sueño con un monte español donde especies en peligro de extinción puedan sobrevivir, habiendo actuado, una vez más, el hombre como protector-creador, y no como exterminador de especies. No dejen de fijarse en el caso de estos dos antílopes, ni mucho menos, en el ejemplo del bisonte europeo y su reintroducción, tras siglos, en los bosques de Palencia.

* Origen de todas las ilustraciones: http://commons.wikimedia.org/wiki/Portada