lunes, 1 de agosto de 2011

"El olor de los pedos" (reflexiones evolutivas)

No hace mucho tuve la suerte de leer algunos fragmentos de la obra: “Soy un gato”, de Natsume Soseki. Sin lugar a dudas, lo que más que me atrajo de ese libro fue el hecho de que antaño soñara con escribir un cuento “ecologista” donde el narrador fuera un lince ibérico que reflexionara sobre la idiotez humana, en persona y comportamiento. ¡Mira por dónde, alguien mucho más reconocido escribió algo parecido, también con un felino, adelantándoseme!
Algunas de las reflexiones gatunas que tuve ocasión de leer son de lo más sugerentes. En general, la tónica es la de criticar la renuncia humana a las características que la Naturaleza nos ha brindado como especie. La excusa me sirvió para reflexionar y recordar algunos pensamientos que en muchas ocasiones me vienen a la cabeza, no pensando como un gato, pero sí con cierto sigilo mental felino y vergüenza, que la ocasión hace que quiera plasmar por escrito. Sin ánimo de reducirme a lo coloquial, pero con ansias de incentivar una reflexión sobre algo plenamente mundano, me atrevo a hacer la siguiente afirmación: ¿se han fijado que no todos los pedos huelen iguales? Sin risa, y con intento de usar un “bisturí” científico, que no penetre en la materia física sino en lo que connota, me gustaría sugerir que prueben de “oler” un lavabo propio (de ser hombres) antes y después de haber pasado otro hombre por él. Pruébenlo después con su mujer, ¿son las mismas sensaciones? ¿los mismos “olores”?.
Generalmente, los animales carnívoros, u omnívoros, producen unas heces más olorosas. No es de extrañar que muchas especies las utilicen con “otros propósitos” que los meramente evacuatorios, particularmente, para delimitar su territorio. Dejando a un margen la polisemia del término “mojón”, no puedo dejar de pensar en que nuestros olores más íntimos quizá tengan algo de “identificativo”. Con todo, no puede desconocerse que nos encontramos ante uno de los ejemplos más claros, y olorosos, valga la broma, de cómo el ser humano “ha renunciado” a características dadas por la evolución, en pro de una “evolución cultural”, que en no pocas ocasiones ha inhibido buena parte de nuestras particulares adaptaciones físicas. Ello, incluso, ocurre muy especialmente con las funciones de uno nuestros sentidos.
No será nada innovador decir que la nariz es nuestro sentido más abandonado. En comparación con el resto de mamíferos, la nariz no pasa de ser una protuberancia en la faz que guarda, ínfimamente, alguna utilidad en casos extremos. La higiene, por otro lado recomendable, ha acabado con nuestro “hedor” personal, haciendo que perdamos la “adaptación biológica” de ser capaces de identificarnos por el olor. Quizá queden vestigios de ello en nuestro “poco agradable” ejemplo anterior, quién sabe.
El eminente biólogo inglés, Desmond Morris (autor de “El mono desnudo”) es el autor de algunas de las observaciones evolucionistas más llamativas (entre las que se encuentran buena parte de las vertidas en este artículo). Morris defiende que la función de nuestra nariz es, en cierto modo, eminentemente sexual. Dado que hemos conseguido prescindir, cuasi totalmente, de nuestro sentido del olfato, no deja de ser paradójico que la evolución nos haya dotado de preeminentes narices (algunas superlativas, como dijera Quevedo). Poniendo el ejemplo de una especie africana de babuino, los gelada (que tienen “señales sexuales”, en forma de colores, tanto en sus genitales como en sus pechos), el insigne científico opina que tal vez nuestra nariz sea una “señal sexual”, guardando correlato con nuestro pene.
Sea a través del desuso de partes de nuestro cuerpo, sea a través del abandono de la percepción de señales naturales antaño usadas (campo magnético por poner otro ejemplo), el cambio de “animal común” a “animal cultural” es más que evidente, evolutivamente hablando. Si bien, nuestra cultura no queda jamás totalmente al margen de nuestra naturaleza congénita, nutriéndose de ella en no pocas ocasiones.
Quizá coincidiendo con algunos psicoanalistas (pero sin reconocerles la consideración de “científicos” infalibles), cabe decir que muchas manifestaciones sociales del humano de hoy en día tienen un trasfondo fálico que obviamos. Sea a través del típico corte de mangas, con la apertura de la botella de cava en una celebración (similar a una eyaculación), con la forma de las guitarras (sean españolas o eléctricas), o con el diseño de los coches deportivos, el trasfondo “sexual-natural” parece presente. ¿Nos desvinculamos de lo naturalmente predeterminado o, simplemente, evolucionamos, como todo ser en este Mundo, sin apenas darnos cuenta, dejando en vigor, camuflándolo, aquello que la Naturaleza nos regala en tanto que predeterminado?
* Sobre la segunda imagen: sujeta a GNU Free Documentation License.

sábado, 2 de julio de 2011

El Ártico "entre visillos".

Tendemos a ver en la inmensidad del Espacio, aquello que quizá tengamos más cerca. La Ciencia Ficción, siempre tan interesante en lo que a previsión geopolítica y científica se refiere, se centra en viajes a la Luna, Marte u otros planetas, como si nuestro planeta Tierra fuera ya un territorio sin nada que poder colonizar. Hizo falta la gran labor divulgativa del “viejo” Cousteau para que el gran pública abriera sus ojos hacia el Mar, ese gran desconocido que impera en el espacio físico terrestre. ¿Hará falta que llegue la “realidad política” para que el gran público mire hacia el Ártico y la Antártida? Centrémonos en el primero.
La desaparición de los polos es motivo productor de “lágrimas de cocodrilo” entre la élite dominante. Como si de los pastos del lejano Oeste americano se tratara, la apertura de un nuevo continente (Antártida) y de un vasto espacio marino (Ártico), anuncian negocio y enriquecimiento para las potencias hegemónicas.
El Ártico contiene preciados recursos. No importando ni osos polares, ni belugas o focas de casco, el oceáno Ártico es por todos sabido que tiene petróleo, gas, oro y otros minerales de gran interés. Las discusiones en torno a la propiedad de los terrenos árticos están presentes en el debate geopolítico global, sólo que no transcienden al gran público. Da la sensación, una vez más, de que existen temas de sumo interés que no son analizados por la comunidad internacional. Temas que interesa que queden, como dijera la Gaite, “entre visillos”.
El 2 de agosto de 2007, una expedición rusa reclamó haber colocado, exitosamente, una bandera rusa en el fondo del Ártico (plantando una cápsula de titanio). Cabe decir que nadie vio en ello un parecido con la declaración que hiciera Cristóbal Colón reclamando la propiedad de las Indias para la Corona castellana. Nada más lejos de la realidad, lo que entonces fue un hecho debatido, hoy totalmente admitido, hoy ha sido (pese a seguir los “tratados” en la materia) un hecho interesadamente ninguneado. Siberia y su entorno han pertenecido a Rusia mientras fueron hielo y renos, ahora, el Círculo Polar Ártico interesa.
La propiedad del fondo ártico es un conflicto latente, de muy difícil solución. A nivel pequeño pueden verse ciertos paralelismos con los conflictos derivados de la discusión en torno a la propiedad del mar Caspio (problema que enfrenta a Azerbaiyán, Irán, Rusia...). Los criterios seguidos por las partes implicadas, una vez más, difieren, y no es de esperar que se llegue a una solución paccionada equitativa, si es queda algún atisbo para la apropiación.
En lo que al “conflicto ártico” se refiere, las partes colindantes implicadas son: Canadá, EEUU (vía Alaska), Noruega, Rusia y Dinamarca (mediante Groenlandia). Todos estos países tienen reconocida un área económica exclusiva de 200 millas al norte de su costa ártica, establecida bajo leyes internacionales. Sin embargo, Rusia ha efectuado un movimiento “de apropiación” (o de “reconocimiento”, según la postura que uno adopte) reclamando los derechos sobre un área mucho mayor. Para Rusia el Polo Norte les pertenece dado que se trata de una extensión de su propia plataforma continental (Dorsal de Lomonosov). Rusia ha planteado el tema a la ONU, si bien, y este es un dato capital, EEUU no ha reconocido la Convención sobre el Derecho del Mar. Una vez más, dejando el “espejismo chino” (que sólo es una potencia en lo económico, y por ende, político en parte) a un lado, el conflicto entre los dos grandes bloques hegemónicos, cuanto menos en lo armamentístico, es evidente. Rusia y el Imperio de EEUU (Occidente) se rifan un terreno virgen.
Los movimientos de unos y otros están produciéndose, sólo que al margen de la luz y los taquígrafos. No sabemos cuándo estallará la chispa, o si lo hará en algún momento, pero es evidente que el tema es preocupante, demostrándose, una vez más, la irrelevancia total de un supuesto “poder equitativo global” encarnado por la ONU. En relación con todo ello, y como cuestión para el análisis, sospecho que el “caso islandés” no es ajeno a la controversia.
Los “indignados” de Puerta del Sol (Madrid) y de Plaza Cataluña (Barcelona) citan continuamente el ejemplo de los “vikingos” de Reykjavík como modelo a seguir. “¡Islandia se opone a pagar las deudas que han contraído sus políticos! ¡El pueblo islandés se ha revelado contra los poderes económicos!” se dice. Sin embargo, las sumas elementales, y algún que otro razonamiento deductivo, me hacen dudar de este “buenismogeneralizado en torno a Islandia.
Les facilito unos datos y una opinión personal. Los datos son que Islandia se halla justo en el margen del Océano Ártico (cerca del Polo). Se trata de un país de tamaño considerable pero muy escasa población (poco más de trescientos mil habitantes). Rusia ha concedido “desinteresadamente” un millonario préstamo a Islandia. Rusia es la principal interesada en el “tesoro ártico”. Gozando del favor, y privilegios sobre Islandia, los rusos tienen una punta de lanza a su favor. Con dar una porción minúscula de sus beneficios a Islandia se conseguiría que los “pobres” vikingos fueran millonarios con el acuerdo. ¿Soy muy mal pensado si creo que los movimientos en Islandia forman parte de una táctica rusa para hacerse con el “control” del país y su zona?
La verdad no sale en los telediarios, ni la puede saber nadie con certeza, pero las especulaciones, en un país libre, deben poderse hacerse, y en mi opinión, es muy saludable que SIEMPRE se hagan. Lleguen ustedes a sus propias conclusiones, pues son cabezas pensantes.

sábado, 4 de junio de 2011

Asclepio

Zalakín entró en aquella suerte de tétrico edificio clavado entre las rocas. Riscos y quebradas hacían que su destino se encontrara en absoluta armonía con todo aquello que le rodeaba. Sin lugar a dudas, era el lugar que le había indicado su abuelo. Cogió, una vez más, aquel trozo de corteza donde estaba escrito el enigmático nombre sagrado. No sabía bien bien qué sería aquello que le aguardaría en aquel templo de rocosos sillares. Las hiedras salvajes sacaban pequeñas hojas negras entre grandes troncos decadentes. La sala por la que el pequeño duende bellotín transitaba carecía de mayor limpieza que la brindada por las ventiscas que, hasta allí incluso, soplaban con frecuencia.
Pese a ese punto tétrico, que hace distinguir a lo real de lo propio de Imagina, el lugar gozaba de aires de santidad. Las estalactitas y estalagmitas de diamante apuntaban todas hacia un mismo centro equidistante. Zalakin se adentró por el pasillo que las luces fluorescentes de éstas iluminaban. Para su sorpresa, allá no encontró trono, altar o grimonio alguno. Destrozada, partida por los años y las ventiscas, yacía una estatua humanoide de pálida tez blanca.
Zalakín extrajo el trozo de corteza de su zurrón, y con alta voz, cual tenor o Cicerón, pronunció las mágicas palabras que su abuelo le había entregado. ¡Asclepio! Los trozos de blanco mármol comenzaron a rodar mágicamente. Uno a uno, la estatua comenzó a rehacerse tras largos siglos de letargo. Todo el cuerpo fue tomando forma hasta que una cara, imponente, de mirada soberana, surgió de entre lo que, hasta aquél entonces, sólo habían sido restos de una antigua estatua.
No cabía duda de que aquélla era la divinidad que estaba buscando. Sabiendo de sus dudas, el dios Esculapio comenzó a escudriñar las neuronas del duende. Una a una hizo terapia de sus dudas, y sin magia ni hechizo alguno, consiguió conjurar realidad en un duende, Zalakín, que habita en un mundo donde todo es imaginado. No quísole dar riquezas, pues aunque no soñara con ellas, de dárselas le haría avaricioso. No le concedió un mejor porte, pues la esencia de su persona se distorsionaría con la de imponentes bárbaros musculados y seductores elfos rondanoches. Tan si quiera le concedió un amuleto, un pergamino o un mero escudo protector.
Zalakin salió del templo sin magia, pues ya tenía, pero sí con lo más valioso en aquel mundo, tan improbable de encontrar en su universo paralelo. El dios Asclepio le reconoció una educación, el mayor poder que jamás pudiera tener un ser humano. Le afirmó al duende que era lo único que compartía valor en su mundo y en el de la Realidad. Le aseveró que nadie podría darle aquel don, y que al tenerlo, sólo podía reconocerle su dicha. Zalakín salió del templo con dos armas para su eterno viaje: conocimiento y autoestima. Ni la serpiente que rodeaba al dios, ni el liso mármol que le constituía se quedaron recompuestos. La marcha de Zalakín no les daba motivos para sobrevivir, su labor estaba hecha, después de miles de siglos, alguien había recordado los escritos clásicos... siendo listo y honrado, aprovechando lo que las deidades de Imagina sellaron en letras de bismuto.
Foto: célebre estatua de Asclepio (Esculapio romano), en Ampurias. Foto del autor (y gracias al conductor).

domingo, 29 de mayo de 2011

Si me dejaran a mí...

Es todo un tópico escuchar en bares, reuniones familiares o cafés entre universitarios inquietos, la expresión “si me dejaran a mí”. Jugando con lo improbable de que ello suceda conmigo, aunque bien pudiera ofrecer estas ideas, siempre con rigor propio, y ninguna jocosa indirecta, me gustaría establecer el croquis de lo que sería, a mi ojos, un nuevo y próspero Estado. Sin buscar polémicas nacionalistas, lo primero que haría sería suprimir la actual división autonómica, paliando el centralismo exacerbado de Madrid.
- Estructura territorial y economía: creo en la autonomía financiera, si bien, no en los términos que se proponen desde el gobierno de CiU, por ejemplo. Mi idea sería la de un “Estado ibérico” en el que se ofreciera la entrada a Portugal. Un Estado donde todos los ciudadanos fueran iguales en derechos y obligaciones, y sobre todo, en oportunidades. Me imagino un gran Estado (mayor que Francia y próximo a Alemania en población) donde las administraciones fueran eficientes. ¡Adiós a Autonomías, adiós a provincias y diputaciones! La nueva “Ítaca” con la que yo sueño, es hasta cierto punto “independentista”.
Me imagino un Estado con “tres capitales” (de forma semejante a Holanda). Veo en mi sueño una gran Madrid, junto a una gran Barcelona (y Lisboa). Madrid continuaría siendo la capital oficial, cediendo organismos importantes a ambos ciudades (Ministerios de Economía y Industria, CNMV... por ejemplo, para Barcelona, Ministerios de Exteriores y Defensa para Lisboa). Una España (aunque quizá fuera mejor cambiarle el nombre por Iberia, de entrar Portugal), donde no hubieran transgresiones de la realidad, ni manipulaciones políticas territoriales interesadas (véase la actual Marina y museo anexo en Madrid...).
Me imagino un país donde las estructuras territoriales fueran:
- un Estado fuerte: con competencias exclusivas en la cuasi totalidad de temas generales.
- grandes, y hasta cierto punto independientes, corporaciones metropolitanas.
- programas de incentivo fiscal y fomento serio de las grandes extensiones rurales (que son más de las tres cuartas partes del territorio).
Un uso de la máxima que “el poder más cercano haga lo que hasta ahora hace el más lejano”, impondría un sistema de poderosas corporaciones metropolitanas, próximas al ciudadano. El sistema del concierto económico quedaría absoleto, pues estas ciudades tendrían autonomía financiera plena, vigilada, y siempre con la obligación de hacer cesiones para el fondo común estatal. ¿Por qué tienen que haber Autonomías y Diputaciones que entorpezcan u ocupen compentencias que mejor gestionarían los ayuntamientos? Fíjense en los casos alemanes de Bremen o Hamburgo.
Esas administraciones de nueva planta serían, las corporaciones metropolitanas de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Málaga, Tridente asturiano (Gijón-Oviedo-Avilés), Tridente de Levante (Murcia-Alicante-Elche), Bahía de Cádiz (Cádiz-Jérez-San Fernando-Puerto de Santa María) Valladolid, Palma de Mallorca, Tarragona-Reus y Vigo-Coruña (por ejemplo). Por poner el ejemplo más cercano, las necesidades de Barcelona, Hospitalet, Mataró o Sabadell, poco o nada tienen qué ver con las de Solsona o Balaguer. Estas grandes urbes podrían tener competencias normativas en exclusiva sobre los problemas cotidianos de la ciudadanía, el establecimiento de comunicaciones, urbanismo... etc.
Dentro de esta gran dispersión, quizá algo caótica, de soluciones que os propongo, estaría establecer un concierto económico, incluso una política de supresión de algunos impuestos, no para zonas prósperas como el País Vasco o Navarra, sino para zonas deprimidas por el tiempo y los cambios económicos. Me estoy refiriendo, por ejemplo, a la “Celtiberia histórica”: Guadalajara, Soria, Teruel, zonas de Calatayud, Tarazona y Daroca, Cuenca y Burgos. De fomentar una política fiscal sumamente atractiva, como se hace en el País Vasco, podría fomentarse la repoblación y el establecimiento de algunas empresas.
Por otra parte, España debiera acabar de dejarse de prejuicios y fomentar los tres grandes pilares en los que puede llegar a ser “potencia mundial”: sistema de salud e investigación en el campo, turismo y energía (explotación en masa, no tanto de los feos molinos de viento, como de las placas solares).
- Cultura: obviamente, un Estado que cambiaría a los “chorizos” por sabios velaría por los derechos culturales de las minorías catalana, vasca, gallega, valenciana o balear, incentivando el estudio de las diferentes culturas, mismamente españolas, en todo el Estado (aunque nunca obligatoriamente fuera de los lugares propios). La lengua debe ser alzada al lugar que le corresponde, el instrumento más importante jamás inventado por la humanidad, donde lo que importa es “el contenido” y no los signos vocales con los que se exprese. El catalán es una de las lenguas europeas, con varios millones de hablantes-conocedores, peor tratadas.... y todo por manipulación política.
- Derecho: abogaría por acabar con los vetustos y decimonónicos códigos legislativos actuales (también los forales) y abogaría por nuevos códigos, modernos y con mínimos, que trataran los temas genéricos, dejando las especialidades y aplicaciones más directas a los nuevos “entes” territoriales que yo propongo. Obviamente, las regiones históricas podrían tener comisiones que velaran por sus particularidades jurídicas, sin necesidad de haber “las mil y una leyes” para decir cosas semejantes (con diferente expresión).
- Reformas más importantes: el establecimiento de una Ley Electoral que velara por el derecho de que cada ciudadano contara como un voto. La racionalidad de las personas (a veces ausente) y la de los políticos (pocas veces presente) debieran ser suficientes como para garantizar los derechos de los territorios menos poblados. Ningún ciudadano de una gran capital va a negarle un ambulatorio o una mejor carretera a un pueblo...
Algunos cargos públicos debieran exigir requisitos, incluso una oposición. El Ministro de Economía, por ejemplo, debiera ser un empresario de éxito o un Catedrático de prestigio internacional.
Reflexión final: ante lo “heterogéneo” de estas propuestas, quisiera que pudiéramos debatir si algunas de ellas no tendrían sentido. Todo lo inventado antes fue soñado, todo lo mejorado, propuesto.

sábado, 14 de mayo de 2011

Koalas asesinos

Miquel Barceló, auténtico “gurú” de la ciencia ficción en España, (no confundir con el pintor contemporáneo) afirma que es bien curioso cómo la mayoría de novelas del género tienden siempre hacia un futuro caótico sacudido de guerras y decadencia. Ciertamente, no abundan las novelas donde el Futuro sea puesto "en color de rosa", con facilidades por todos lados y una mejora exponencial de la calidad de vida humana. Aplicado a la zoología, no cabe duda de que “todas” las predicciones se encaminan hacia una “Sexta Extinción” (como escribiera Richard Leakey), donde muchas de las especies animales y vegetales desaparecerán de nuestro Planeta, algunas sin haber llegado a ser descubiertas... Permítanme escribir en estas líneas una cábala al respecto.
Más allá de una óptica de destrucción, quisiera “girar la tortilla” y hacer que nos fijemos en las posibles, aunque siempre imprevisibles, novedades que pueden acaecer en los tiempos futuros. Estoy prácticamente seguro de que pasados unos años no habrá ningún territorio virgen. Toda la Tierra habrá sido, de una u otra forma, colonizada. Es bien probable que el déficit natural sea suplido con soluciones ingeniosas. Veo grandes rascacielos culminados por bosques urbanos. Árboles robóticos capaces de intercambiar dióxido de carbono por oxígeno a gran ritmo. Veo una capa de ozono “reparada”. Los grandes jardines (cuasi genuinamente tropicales) no serán difíciles de encontrar, y NINGUNA de nuestras especies animales “más queridas” habrá desaparecido. Quédense con lo de “queridas”.
Dentro de las diferentes líneas evolutivas adoptables por la Naturaleza, tal vez se generalice aquella que conduce hacia bestias más amigables. El “atractivo”, lo apreciable, lo cariñoso y amigable seguro que serán factores evolutivos muy positivos para todas aquellas especies que los adopten. El panda gigante, el oso hormiguero, el titi leonado... o el koala, seguro que estarán presentes en los próximos tiempos, aunque su supervivencia sea plenamente artificial, producto de programas de laboratorio y cría en lugares especializados.
Aunque pueda parecernos mentira, los servicios medioambientales australianos se han visto forzados en varias ocasiones a esterelizar o reducir las poblaciones de koala. En ciertos lugares su número amenaza a los propios eucaliptos, siendo todo un problema el hecho de que se haya potenciado la superviviencia de esta amigable especie, y no de sus depredadores. Seguramente, en los próximos tiempos los grandes depredadores desaparezcan, o bien se conviertan en seres alimentados con carne de granja. La tendencia es obvia: cualquier animal peligroso para el ser humano acabará siendo expulsado de su hábitat. Animales como el koala o el oso panda estarán entre algodones cuasi eternamente. El propio “merchandising” que generan los transformará, de hecho ya ha sucedido, en valiosos activos.
Parece mentira que el koala haya tenido alguna vez “primos” feos y de gran tamaño, excavadores de surcos o, incluso, feroces depredadores. La evolución, junto a la acción humana (que no deja de ser un factor de ésta, cada vez más imprescindible) ha ido potenciado la aparición de seres tiernos e inofensivos, y no parece que vaya a cambiar la tendencia de seguir los humanos por muchos millones de años.
De todos sus primos, el koala ha tenido, sin lugar a dudas, uno especialmente pavoroso: el león marsupial (Thylacoleo carnifex). Cojan lápiz y papel y dibujen un koala “en forma”, sin gorduras y con un cuerpo felino. Añadan una dentadura de wombat (sus primos) con dientes más desarrollados y tendremos a un espécimen muy parecido al terrible Thylacoleo. A diferencia de otros depredadores australianos existentes o extintos (véanse el lobo marsupial o tilacino o el célebre diablo de Tasmania), el león marsupial no dejaba de ser un primo “malo” de wombats, koalas y canguros. Fue el miembro malvado del orden de los dripodontos.
Su existencia tenía una justificación evolutiva en un Mundo sin humanos. Con hábitos similares al león o el leopardo (con quienes experimentó una cierta evolución convergente, pero siempre desde la ausencia de parentesco), fue un controlador clave de canguros y demás marsupiales. La llegada del hombre, junto a un gravísimo Cambio Climático que desertizó cuasi la totalidad de la isla-continente australiana, hizo que el león marsupial fuera desapareciendo hasta su total extinción. Además de por no presentar peligro alguno para el hombre, su “primo”, el koala, sobrevivió entre las ramas de eucalipto, experimentando en la actualidad una suerte de “renacimiento como especie”. ¿Podemos comenzar a decir que el ser “bonito”, “amigable”, “tierno”... es un factor evolutivo positivo? ¿Es la garantía de que especies como el koala, el oso panda o el kiwi vayan a sobrevivir, aunque sea en jardines zoológicos? Creo que sí.
Fotografías:
1) Koala (http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Australia_Cairns_Koala.jpg) sujeto a CC-BY-SA licence.
2)Esqueleto del Thylacoleo carnifex en la Cueva de Naracoorte, en Australia Meridional.
*Al poco de escribir esta reflexión descubrí este vídeo:

viernes, 6 de mayo de 2011

Por la radio te escuché

Ha sido una mañana cálida y luminosa, como ya es menester que lo sea habiéndose entrado en el mes de mayo. Conductores irreverentes ante los pasos de peatones (salvo que éstos estén sobre “jode-amortiguadores”), inmundicias caninas, vecinos “cívicos” que lanzan su bolsa de la basura a la papelera... todo ha sido cotidiano, maleducadamente normal, hasta que, como cualquier otra mañana, encendí la radio.
Haciendo uso de esa libertad de escucha, que nos permite seguir cualquier programa radiofónico (por tendencia o ideología que tenga), he puesto ONA FM. No me ha importado intentar alegrarme estas primeras horas del día con un programa de “humor”, y dejé puesta esta emisora (por lo demás, totalmente ausente de entre mis favoritas). Nada excepcional, salvo las típicas bromas chabacanas de costumbre, hasta que pude escuchar, eso sí, “en tono de broma”, hablar del barrio de “La Mina” de Sant Adrià del Besós como de un barrio de putas, gitanos y yonquis jeringueros. Para mi sorpresa en aquel instante (que no en lo general) he podido escuchar como ello, con extrañas bromas y gracias impertinentes, se iba ligando hasta conducir el discurso, más ofensivo que satírico, hasta la Feria de Abril de Cataluña (sita en el parque del Fórum de Barcelona).
Aún siendo de sangre en mitad andaluza, nunca he seguido con devoción las laicas Semanas Santas y “Madrugás”, ni tampoco esos actos de “devoción” rociera, que alcanzan la consideración, en no pocas ocasiones, de bacanales mediáticas. Todo ello me parece tenedor de un toque “algo rancio”, como todo lo folclórico, pero sin embargo, lo respeto, aunque pueda criticarlo en ejercicio de la libertad de expresión. Lo que no me podía haber figurado es que en ese programa, cuyo nombre no publicitaré, se iba a reír uno a costa de “lo mismo”: señores y señoras con acento andaluz en pleno ejercicio de su libertad de expresión cultural.
No sé si será porque los genes hablen, o porque procuro tener un sentido, en intención noble, de la existencia humana, me ha parecido de dudoso gusto acusar a un barrio de “jeringueros” o a una feria folclórica con todos los calificativos usados en tal emisión (por más que fuera en tono de sátira). La alta densidad de insultos y groserías empleados en el programa me confirmó que me hallaba ante un claro ejemplo de cómo la radio “es más libre” que la televisión, también en un sentido peryorativo. Quizá desde una óptica de “ciudadano cabreado”, comienzo a ver que este fenómeno se está convirtiendo en algo común en buena parte de los programas “de humor” realizados por ciertos medios. Mal el programa de ONA FM, mal las continuas gracias de “APM” (de TV3) en relación con el programa (ciertamente trasnochado) de “Juan y medio” en CanalSur.
Ciertamente en España tenemos problemas serios de modernidad. Es cierto que no podemos poner mayores tenderetes en actos folclóricos como la Feria de Abril que en actos plenamente culturales como Sant Jordi (hasta el momento menos pervertido que la Diada “nacional”). Pero también lo es que no podemos crear una sociedad, la catalana, donde las gracias sean siempre “con lo mismo”. En mi opinión, una sociedad claramente diferenciada del resto del Estado, como es la catalana (ni que sea por la tenencia de una lengua endémica), no puede centrar sus bromas en anticuallas folclóricas, ni mucho menos en el insulto a barrios con fuerte inmigración nacional e internacional. Centrarse en la risa respecto a lo ajeno muestra las carencias de lo propio.
La infame, y ofensiva, emisión radiofónica ha venido a coincidir con unas semanas de alta tensión interterritorial. Dejando temas realmente importantes, como la legalidad o no de BILDU, por ejemplo, la actualidad nacional se ha centrado en los cuatro choques entre Barcelona y Madrid. En este caso, no sólo radio, sino también televisión, internet y diarios, se han apuntado a la “moda” de mezclar churras con merinas, fútbol con conspiraciones y políticas. Y es que las acusaciones e insultos públicos desde parte de la población de un territorio a la de otro se están, no sé si generalizando o consolidando.
Comienzo a creerme lo de que la Crisis en España es de valores y educación, más aún que económica. Curiosamente, son los nacionalistas de uno y otro lado quienes más participan de ello. Sea con motivo del fútbol (“triki-atrakas” y conspiraciones de Unicef) o con insultos hacia manifestaciones folclóricas, festivas, que de no gustar siempre pueden no ser visitas.