martes, 3 de marzo de 2009

Hace DOS años... ¡Felicidades Nubiru!

Tal día como hoy, a la misma hora, día y lugar, nació Nubiru. Fue en época de exámenes, la penúltima de cuantas aquejaría durante mi licenciatura jurídica. El remedio al estrés del momento se extralimitó, absorbiendo buena parte de mis deseos e ilusiones. Nubiru; ese nombre me vino a la cabeza en cuanto quise buscar algún título por el que dar a conocer mi nuevo blog. Y es que, en efecto, la palabra me transmitía buenas vibraciones.
Hace 8 años se me ocurrió escribir un artículo en la revista de mi instituto (el IES VILATZARA, de Vilassar de Mar, Barcelona) sobre algo que me había llamado la atención. Una mañana, tumbado en el sofá (o "tronco de la iguana", como solía conocerlo), estuve viendo un documental del Discovery Channel, en el que para mi sorpresa, se hablaba, entre otras cosas, de Mesopotamia. Junto a mitos y leyendas de Moáis y demás teorías esotéricas sobre civilizaciones antiguas y extraterrestres, pude escuchar algo referente a Sumer y el décimo planeta del sistema solar, Nubiru. Según se decía en tan, personalmente, memorable documental, los nefilim (habitantes de Nubiru) fueron quienes bajaron a la Tierra y fundaron la civilización humana. Desde sus zikkurats, los nefilim se irguieron como los reyezuelos tanto del Tigris, como del Éufrates, enseñando a sus siervos los misterios de la civilización.
La verdad es que, fuera del esoterismo, cierto es que los antiguos sumerios, y babilónicos, supieron de la existencia de un planeta que no se ha identificado con ninguno de los otros 9, hoy en día, oficiales. Sabiendo que la Luna se encuentra representada en la tablilla de la discordia (pues no distinguían "planetas" y "satélites", en los términos actuales), dado el número de planetas representados, el misterio es evidente. Con todo, el éxito del artículo fue notorio. Profesores y alumnos me felicitaron, "llenándome el buche" de esperanzas venideras. Este blog, Nubiru, no sería más que el fruto, algo tardío respecto a aquél momento.
Dado lo especial del día, cuelgo el artículo "primordial" de la saga, aquél que fuera publicado en la revista de mi instituto, junto con "su segunda parte" y un artículo de la misma temática, posteado inicialmente en este blog, y ahora editado en mi primer libro: "Di que fue un sueño". Espero que sea de vuestro interés, y, ante todo, muchas gracias por tan hermosos momentos compartidos, y por el maravilloso futuro que, con toda seguridad, construiremos juntos, con vuestras visitas, comentarios, saludos y abrazos... ¡muchas gracias!
Ciencia y arqueología: Misterios sobre el espacio
Durante toda la historia de la humanidad el espacio ha fascinado siempre al hombre. Tanto como sede del gobierno divino o como mundo por descubrir. Desde tiempos remotos una larga saga de mitos y leyendas han cubierto de magia, fantasía y mentira al cosmos. Pero, ¿Dónde acaba la mentira y acaba la verdad? En este reportaje se intentará aclarar uno de los misterios que siempre ha fascinado y preocupado a la humanidad.
Como se ha dicho, el espacio siempre ha fascinado “a toda la humanidad” no solo a occidente por lo que no es de extrañar que civilizaciones ajenas al Mediterráneo tuvieran conocimientos astronómicos increíbles, es el caso de las civilizaciones maya y sumeria. Las investigaciones hechas sobre ésta última civilización han sido increíbles y nos vuelven a hacer la pregunta de: ¿Hay vida en el espacio?.
Según los sumerios sí. Se preguntarán que porque tanta curiosidad por lo que decía un pueblo tan primitivo, el porque es muy fácil. Los sumerios conocían, ya en su tiempo, el Sistema Solar con centro en el Sol y de nueve planetas, quiero decir diez. Según los sumerios existe un décimo planeta: Nubiru, cuna de la especie de los nefilim.
Los nefilim, según dicha civilización, eran los creadores de la especie humana y sus superiores, dicho de otra manera, unos dioses. Pero, ¿qué hay de cierto en semejante afirmación?
Según los actuales científicos, cerca de Plutón debe existir otro planeta aún sin descubrir pues éste no tiene suficiente fuerza como para tener la órbita que tiene alrededor del Sol.
La pregunta está hecha solo falta saber si existen y como serán. ¿Serán como nosotros?, ¿Son pacíficos? o simplemente no existen.
JAVIER SERRANO COPETE, "Vilatzara Exprés", número 1º (año 2001).
Ciencia y arqueología: Cuando los nefilim se mojaron
Volvamos al vergel mesopotámico, a la civilización de los sumerios. Según expliqué en la pasada revista, los nefilim bajaron de los cielos procedentes de su planeta, Nubiru, según creencias sumerias.
Miremos esta imagen. ¿Cuantos planetas giran alrededor del Sol?
Se sabe que en el comienzo de la civilización sumeria, la región baja de Mesopotámia estaba gobernada por poderosas ciudades estado aspirantes al poder. Cada una de ellas estaba regida por un rey que era considerado un dios, según algunos yacimientos “un nefilim”. Éstos residían en el mayor edificio de la ciudad, mitad templo mitad palacio, el zikkurrat.
El zikkurat, como se puede apreciar, es muy similar a las pirámides mayas y egipcias, aunque éste es muy anterior.
Según los sumerios, en cierto momento de su historia, un gran aguacero irrigó toda la región inundándolo todo lo que hubo a su alcance, el diluvio universal. Los dioses, nefilim, se salvaron junto con un humano y sus familiares, Noé, el Utnapishtim de los sumerios. Científicamente se está estudiando la catastrófica tormenta y hay indicios de su existencia aunque la hipotesis más cercana sea que consistiera en una simple red de inundaciones de los ríos Eufrates y Tigris, comunes en la época.
Esta coincidencia con la Biblia no es extraña pues muchas de las narraciones del sagrado libro proceden precisamente de Mesopotámia, lugar donde habitaron los antiguos judíos.
Una historia curiosa, coincidente también con la Biblia, es la historia del rey Sargón. Dicho rey, de procedencia acadia “como el macabro rey Escorpión”, fue depositado, según la tradición, en una cesta por su madre en cierto río. ¿No os recuerda a la historia de Moisés? Así mismo, Sargón fue un rey próspero y su reino duró hasta el ataque de una tribu un tanto merengona “los gutis”, no los Guti Gutiérrez sino una tribu bárbara.
Javier Serrano Copete. "Vilatzara Exprés", número 2º (año 2001).
Nubiru: el origen del nombre
Dune, Caladan, Namek, Tarsonis, Char… son nombres de planetas imaginarios, existentes sólo en la Memoria de aquellos que los conocieron en sus fantásticas fuentes. Sin embargo, no debe menospreciarse el potencial seductor del pensar en mundos imaginarios, mundos perfectos, espejos de nuestra imaginación y de nuestros sueños. Nubiru cumplió con creces con tales requisitos seduciendo a mis enamoradizas neuronas. Me cogí a él como al más preciado de los tesoros. Indague en sus caracteres, en sus contornos de Realidad y su mar de Fantasía. Nubiru me acerca al fin último que siempre he querido alcanzar en mis adentros. Esa unión sapiencial que me conecte, en un punto, con buena parte de mis aficiones. Como escribí en mi primer artículo, dicho planeta me conecta la ciencia ficción y la astronomía, con Mesopotamia y los sumerios, las ciencias sociales con las naturales, la Ciencia Pura y la Historia.Recuerdo verme contemplando uno de esos sensacionalistas documentales americanos del Discovery Channel. El hecho de que tratara acerca de los sumerios hizo que parara en mi duro deporte de zappinear con el mando. Imágenes increíbles y videos sobre el vergel mesopotámico. ¿Qué era aquello de relacionar planetas y mesopotámicos? Ante mi asombro descubrí tesis de reconocidos físicos y astrónomos que enunciaban la tesis de que por causas físicas, relacionadas con la gravedad y el movimiento orbital, Plutón no disponía del peso necesario para realizar su irremediable trayecto alrededor del Sol. Según afirmaban estos científicos, debía haber una masa complementaria, a parte de su satélite Caronte, para poder perfeccionar tal inevitable misión. Estos científicos fueron quienes me presentaron la idea de la posible existencia de un nuevo planeta.
Aquello que me acabo de seducir, fue la circunstancia de que mostraran cómo los sumerios y babilonios, con su perfeccionada ciencia, lo pudieron haber previsto a juzgar por datos enigmáticos como la existencia de la imagen gravada que enseño en este artículo. Del contar los planetas que aparecen en tal imagen, se constata cómo sobra uno, a juzgar por nuestras creencias, o dos, si tenemos en cuenta que hoy en día parece ser que Plutón ha descendido de categoría, no considerándose ya un planeta. Posiblemente ello sea una mera casualidad, pero no deja de ser fascinante toda la mitología construida en Mesopotamia alrededor de tal contingencia.De forma similar al posterior cesaropapismo justinianeo, en las antiguas ciudad-estado mesopotámicas poder religioso y civil se concentraban en una serie de reyes cuasi divinizados. Detentaban el poder coactivo desde sus imponentes templos escalonados o zikkurats, ayudando a la creación de los primeros estados, la primera burocracia y al nacimiento de la escritura en tanto que herramienta de control de poder. En términos jurídicos, la legitimidad directa de los gobernantes no medraba de elección alguna sino de la metafísica voluntad divina. No del Dios único de las religiones monoteístas, sino del gran panteón politeísta existente en la religión de tal región del Globo. Concretamente, el en o lugal (pues ese es el nombre por el que se conocen tales gobernantes) recibía su legitimidad del poder concedido por la raza superior o nefilim. Mitológicamente, tales seres eran los habitantes de Nubiru, el mundo exterior helado del cual decían proceder tales gigantes.Como es de figurar en los tiempos que corren, tan fascinante asunto fue fácil presa para esa plaga esotérica que parece dominar la divulgación, tanto histórica como científica. Mi óptica pretende pertenecer más al mundo de la religión, ciertamente esotérico en sí mismo en no pocos aspectos, la arqueología y, sobretodo, la mitología. Es evidente, a día de hoy, que no hay evidencias de vida en otros planetas. No obstante, parece ser que Nubiru, o mejor dicho, el compañero planetario de Plutón parece existir. Su nombre genérico continúa siendo X, a expensas de que se confirme su existencia.
Pese a no querer caer en las indeseadas gargantas del esoterismo, quisiera proponer la reflexión de cómo en no pocas ocasiones caemos en el etnocentrismo de creer que todo lo antiguo, todo lo perteneciente a civilizaciones pasadas, es, cuanto menos, anticuado e inferior a los conocimientos de la técnica y la ciencia modernas; los antiguos tuvieron sus propias bases de Conocimiento, que no siempre nos han llegado en su integridad. Tampoco debemos creer que los antiguos fueran algo parecido a magos poseedores de conocimientos arcanos que nos resulten actualmente vedados, simplemente debemos considerar cómo el Mundo, en su interminable caída en el Caos, muta; cambiando él y quienes lo habitan, evolucionando conforme a los dictámenes del transcurso del Tiempo.
(año 2007), publicado en:
Inicio de la Tercera Temporada en Nubiru! ;-)

jueves, 19 de febrero de 2009

Serpientes de cascabel, reflexiones ante la Crisis

"Cita: En Lawrenceville un ayudante del sheriff deshaució a un emigrante, éste se resitió, obligando al oficial a hacer uso de la fuerza. El hijo de once años del emigrante disparó contra el ayudante con un rifle calibre 22 y lo mató. ¡Serpientes de cascabel! No te arriesgues; si discuten, dispara primero. Si un chiquillo mata a un policía, ¿qué no harán los hombres? Lo que hay que hacer es ponerse más duro que ellos. Tratarlos sin contemplaciones. Tenerlos asustados. ¿Y qué pasa si no se amedrentan?¿Qué si plantan cara y disparan a su vez? Estos hombres han estado armados desde que eran niños. Un revólver es una extensión de ellos mismos. ¿Qué hacemos si no se amilanan? ¿Qué si en algún momento marchan como un ejército igual que los lombardos lo hicieron sobre Italia, los germanos sobre la Galia y los turcos en Bizancio? Aquellas también eran hordas mal armadas y ansiosas de territorio, y las legiones no pudieron detenerlas. Ni las matanzas ni el terror pusieron fin a su avance. ¿Cómo se puede asustar a un hombre que carga con el hambre de los vientres estragados de sus hijos además de la que siente en su propio estómago acalambrado? No se le puede atemorizar, porque este hombre ha conocido un miedo superior a cualquier otro".
John Steinbeck, "Las uvas de la ira" (traducción de Juan José Coy, en: Madrid, Cátedra, 2007)
El hombre tiene una gran lacra como especie. Siendo "inteligente" es el único ser que puede ver lo aparentemente inmutable del presente, sin poder centrarse en lo eternamente cambiante de lo evolutivo. Cualquier fiera vivirá aprovechándose de sus adaptaciones naturales, de las innovaciones (o mutaciones) que le ha brindado la Selección natural, con el afán de adaptarle mejor a su ecosistema; no tendrá mayor visión sobre el tiempo que aquélla que le faciliten sus genes. El hombre es algo más, cultura e incultura unidas en un binomio mortal, e inseparable. No podemos soñar con cambios si nuestra consciente existencia es pasajera. Desde los de CroMagnon hasta las hordas de marines norteamericanas, no tanto ha cambiado. ¡Monos armados, con veneno fatal y cascabeles en forma de políticas y viles propagandas!
Dicen que el buen maestro enseña a aprender de los errores, razón por la cual concluyo que Maese Tiempo es un Catedrático de pobre intelecto. El texto de Steinbeck (redactado en los fatídicos años 30 del pasado siglo) invoca a nuestro pasado histórico, a cómo los hambrientos siempre han luchado por su pan, con mayor intensidad si es bien sabido quién se lo quita. La era global es doncella de pocos secretos. Todo se sabe, o al menos, en parte.
Las crisis económicas son cíclicas, dicen los expertos, algo así como los “paradigmas científicos” de los que Thomas Kuhn hablara hace ya un tiempo. Los “giros copernicanos” siempre tienen desgracias en sus causas, razones por las que el ingenio humano se agudiza y persigue resultados mejores para la optimización, para los avances y el progreso. La Crisis, ya hablando en singular, seguro que reparará un mundo distinto, de ello no hay dudas.
En los últimos meses me ha llamado mucho la atención los grandes avances, que cuanto menos, han sido “anunciados”. Haré mención de algunos de ellos. La edición de “ElPaís” de 24 de noviembre de 2008 incorporaba una noticia de gran calado. Javier Sampedro, genial periodista y divulgador, nos presentaba un mineral, la peridotita, capaz de absorber dióxido de carbono (CO2) convirtiéndolo en cuarzo. Los estudios realizados por Peter Kelemen y Juerg Matter, de la Universidad de Columbia en Nueva York, han ido a dar fruto justo en tiempos de crisis. No por casualidad.
Más allá de lo útil o verídico del hallazgo, este tipo de anuncios no escasearán en los sucesivo. A la vez que la búsqueda de nuevos combustibles (al respecto, citar cómo se ha llegado a defender la piel seca de los cítricos como fuente de energía), la eliminación de externalidades contaminantes, o cuanto menos, de sus productos, es uno de los grandes objetivos de las grandes economías. Curiosamente, en el desierto de Omán (en la península Arábiga) es donde se han realizado estos experimentos, siendo la empresa petrolífera estatal ("Petroleum Development Oman") la primera que va a realizar pruebas con el mineral. Según se afirma, esta roca ígnea (volcánica) está asociada al olivino y se halla en cantidad tanto en las arenas de Arabia como en las costas de la antigua Yugoslavia. El principal problema, o al menos uno de ellos, será conseguir “inyectar” grandes cantidades de dióxido de carbono en el manto terrestre, lugar donde se encuentra, mayormente, el preciado maná “anticontaminante”.
Y es que, precisamente hoy, otros nuevos avances se me han presentado en diferentes medios: los avances en inteligencia artificial, la investigación sobre la fusión nuclear o el famoso gran acelerador de partículas de Ginebra. En un nuevo artículo de Sampedro ("Ahora comienza la etapa de los descubrimientos científicos", “El País”, 10/9/08) se nos ilustra sobre cuán cierto es que, tras los grandes descubrimientos tecnológicos, se acerca el momento de dar un paso hacia los avances científicos.
El, ya citado, Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) se halla, actualmente, en reparación. El primer intento ha fallado, sin embargo, siguen intactas las expectativas puestas en él. La gran inversión, aparentemente, “sólo” tiene el objetivo de descubrir una partícula, el conocido como “bosón de Higgs”; sin perjuicio de que “esa partícula” sea capaz de demostrar el Big Bang y buena parte de los postulados de la ciencia moderna (a la vez que acabar, de una vez por todas, con los últimos vestigios de la ignorancia creacionista). Algunos científicos informan de los peligros ocultos de esta investigación. Según se afirma, existiría un riesgo “ínfimo” de que la máquina fuera capaz de crear un agujero negro que acabara con todos nosotros… idea un tanto esotérica, para mi ignorante conciencia.
Caerán las acciones, los bancos, quizás alguna que otra guerra y varios millones de niños desnutridos, pero la Ciencia, inhumanamente, continuará su camino. Sin conocer la moral, la justicia, o el “orden”, la Ciencia seguirá persiguiendo acabar con la Crisis de turno a base de la optimización de los beneficios virtud de nuevos medios y fuentes de recursos. ¿El hombre es un lobo para el resto? ¿O es un buitre, un cerdo… una serpiente de cascabel que sigue temiendo la rebelión de los hambrientos…?
Imágenes:
1) "Wall Street Rag", by Scott Joplin sheet music cover from 1909.
2) Panorama de 120 (!) photo. Dent de Vaulion, Canton de vaud, Suisse. Photo issue de la série Wee planetsd'Alexandre Duret-Lutz. Autor: Alexandre Duret-Lutz from Paris, France.
(This file is licensed under Creative Commons Attribution ShareAlike 2.0 License).

miércoles, 11 de febrero de 2009

Moscú en Pastrana, San Petersburgo en la Rápita

Hasta el año 1561 la monarquía española jamás había tenido una sede permanente. Fue en ese año cuando, no sin competencia, Madrid se alzó con el cetro del Imperio, pese a que tardaría mucho en alcanzar el esplendor de la verdadera “capital”, cuanto menos cultural y económica, de la España de aquellos momentos, Sevilla. Felipe II fue quien concediera tal privilegio a la antigua fortaleza islámica de “Magrit”, desdeñando otras candidaturas. Si bien existirán motivos, que desconozco, por los que poder justificar que Sevilla (ya en aquel momento con una población próxima al millón de habitantes) no fuere la capital oficial del Reino, cierto es que, antes del nombramiento de Madrid como capital, existieron urbes, cuanto menos más históricas, que intentaron alcanzar tamaña característica, política e histórica. Obviamente, las dimensiones de este post no pueden tratar al tema con todo el rigor, y extensión, que requeriría, no obstante, sobra decir que Toledo fue otra gran perjudicada en el “proceso de selección capitalino”. No sin cierto condicionamiento, genético y “chico-patrio”, en este artículo se va a hablar de las candidaturas, con total seguridad, menos conocidas.
Dicen los expertos en la materia (al respecto consultar el prólogo del Dr. Burillo Mozota a mi libro: "Una historia de Anguita: el pueblo y su entorno"), que la zona de Celtiberia es la menos densamente poblada de Europa, tras Laponia. La provincia de Guadalajara (núcleo fuerte de esta "hipotética" región) consta de una historia mucho mayor de lo que este dato podría indicarnos. Quién sabe si por cambios climatológicos, la desertización, el auge de otras regiones, o por meras contingencias históricas, algunas de las ciudades más relevantes durante la época del Imperio Hispánico, han quedado en el olvido. Tal es el caso de la ciudad de Sigüenza, de Molina de Aragón, de Cifuentes o Anguita, y cómo no, de una de las dos villas de las que aquí hablaremos, Pastrana.
La historia de esta insigne villa de la Alcarria está ligada a uno de los personajes más singulares del siglo XVI español. La princesa de Éboli (Ana de Mendoza y de la Cerda) fue una de las mujeres más importantes de su época. Casada con Ruy Gómez de Silva (uno de los hombres más próximos a Felipe II, y por ende, más influyente), supo utilizar su honroso linaje con las virtudes del matrimonio. La prematura muerte de su amado le hizo mover ficha. De una posición, por naturaleza poco discreta, supo sacar un foco de poder, hablándose de ella, aún hoy en día, como de una mujer bella (aunque bajita), inteligente, y según algunos, ninfómana.
Pastrana y la Éboli deben de verse bajo el prisma de las intrigas palaciegas de aquel entonces. Las luchas de poder entre las dos grandes casas de la monarquía hispana, los de Alba y los Medinaceli (familia de la Éboli), hicieron que, si bien Pastrana llegó a ser vista como un buen enclave en el que situar la nueva capital del Reino, posteriormente, al igual que el bando que la defendía, cayera en desgracia. Tras la muerte de su marido, la Éboli se vería envuelta en conspiraciones y crímenes varios, razón por la cual fue encarcelada, en última instancia, en su palacio de la localidad alcarreña. La Éboli fue una gran benefactora para los moriscos, llegándose a instalar muchos de ellos en sus dominios. Su poder fue tal, que la propia Santa Teresa de Jesús se vio “forzada” a crear un convento de su orden por iniciativa de la princesa, quien pretendió ingresar en él junto a algunas de sus doncellas; como no es de extrañar, chocó con la Santa (“la princesa monja, la casa doy por deshecha!", se dice que dijo la abadesa). El ocaso de esta "Moscú" alcarreña sólo puede guardar parangón con su equivalente catalán: San Carlos de la Rápita.
Al sur de la provincia de Tarragona, en la región conocida como las "Tierras del Ebro" (con capital en Tortosa), se halla el enclave del delta del Ebro (parque natural de especial interés ornitológico y ecosistema de gran valor, no sólo paisajístico, sino que a la vez, económico). Frente a la minúscula península del delta, conocida como "la Banya", se encuentra la Rápita. Al municipio oficialmente se le conoce como Sant Carles de la Rápita, debido a una historia que a nadie podrá dejar indiferente.
Si siguiendo nuestro título, Pastrana pudiera haber sido Moscú, San Carlos pudo haber sido San Petersburgo. Durante el reinado del ilustrado Borbón, se mandó construir una ciudad "ex novo" allá donde se encontraba la aldea de la Rápita. El puerto de los Alfaques, de importancia aún hoy en día, se proyectó que fuera en un futuro uno de los principales del Mediterráneo, configurándose a su alrededor una nueva residencia real, con canales al estilo de Venecia.
Muestra de las intenciones del monarca son el que se ordenara la construcción de instalaciones como el propio puerto, el palacio del gobernador, la aduana o, lo más sorprendente, un canal que unía Amposta con la Rápita (construido en el año 1770). Los catastróficos años finales de su reinado, con una gran crisis económica asolando el país, hicieron, que no sólo éste, si no multitud de otros proyectos para la modernización, o cuanto menos reconfiguración, de España quedaran en el olvido. Al fin el Imperio había caído, y Pastrana antes, la Rápita después, se quedaron a las puertas de la gloria...
Más información:
Primera imagen: panorámica de Madrid
Segunda imagen: la Princesa de Éboli
Tercera imagen: Punta_de_la_Banya_i_Sant_Carles_de_la_Ràpita vistos des de la serra del Montsià, autor: Pere, GNU Free Documentation License

domingo, 1 de febrero de 2009

El mercader de remedios

Temeroso, tenso y preocupado, Zalakin se atrevió a ir a la gran ciudad de Patatasburgo. Era ciertamente contradictorio, que su humilde, y acaso un tanto bucólico, pantano fuere tan diferente de la gran ciudad. Rascacielos arañados al tubérculo, muros orgánicos que parecieran no tener fin, Patatasburgo era un lugar tan enigmático como la diversidad de figuras que medraban por sus calles. Encantadores de hidras, querubines apatrullando o demonios catadores de azufre podían verse en las vías de la ciudad, a la sombra de las gigantescas patatas que antaño dieran tanta prosperidad a la urbe.
Zalakin iba en busca de un remedio para sus preocupaciones, una panacea para sus maniáticas angustias. Como en toda ciudad, el burgo tenía avenidas grandes y callejuelas estrechas; moradas para burdeles y solares para grandes corporaciones. Circuló por mil quinientos de estos callejones hasta dar con una bonita hacienda, un tanto deteriorada por el paso del tiempo. Las dimensiones no eran excesivas, pero como buen comerciante, el dueño de ella tenía buena montadura con la que poder aparentar la prosperidad que se le presupone a todo mercader de fiar.
El estegosaurio que utilizaba por corcel se ruborizó cuando vio acercarse al habitante del mangle. Zalakin, quien ya había dejado a su montura a buen recaudo, picó a la puerta con disimulada ansiedad. Un barbudo globin, que jugaba a ser pariente de los de Liliput, apareció sin haberle dado tiempo, si quiera, de haberse podido sacar los anteojos que le ayudaban en sus concienzudos estudios de astrología, botánica o termodinámica.
Ambos entraron en el lugar, dueño y huésped. Por las paredes reposaban multitud de botes con extraños elixires, toscos manuales de magia y algún que otro instrumento para el arte de la astronomía. Membrillo, pues así se llamaba el geniecillo, se sentó en su cómodo sillón esperando conocer las intenciones de su preciado cliente. Zalakin le habló de la soledad de su pantano, de cómo era incapaz de cerciorarse de que jamás sería presa de una enfermedad desconocida. Tenía miedo. Si algún día caía enfermo, solo los sapos del estanque vecino lo extrañarían, y por otra parte, mudarse a la ciudad, no sólo no se lo recomendaba su orgullo, sino que también se lo prohibía su esencia vital.
Membrillo habló de varios productos preventivos. Dulces de murciélago contra la anemia, troncos de madreselva tranquilizantes o sesos de ornitorrinco para el reuma fueron algunos de los potajes y demás substancias que, el antaño nigromante, supo encontrar dentro de su mágica despensa. Zalakin deseaba “algo” diferente. Un ingrediente que le asegurara poder discurrir por cualquier camino sin tenerse que preocupar, superar enfermedades sin enfermar y ser capaz, a la vez, de soñar sin estar condenado a las nieblas de la locura.
Membrillo le habló de pócimas de la inmortalidad, por otros investigadores prometidas, sin embargo, dejó claro que él de éstas no tenía. Sin embargo, antes de que Zalakin tuviera tiempo a reaccionar, el sabio le habló maravillosamente de unas semillas de mandrágora capaces de combatir los delirios. Zalakin se interesó por eso. Los mangles eran especialmente propensos a la melancolía, y el delirio era el último mal que deseaba si quería poder continuar viviendo dentro de su utopía. Membrillo se ilusionó con este interés tan provocado. Negoció el precio para sus adentros y traicionó a su condición de sabio, vendiendo placebo.
Zalakin pago lo convenido. Reflexionó, corta y superficialmente, sobre cómo era posible que existieran medicinas para gentes con dinero, mientras otros morían fríos y enfermos. Pensó en por qué los manas eran productos para el comercio, siendo gente, nominalmente sabia, quien se lucraba con ello. Nuestro protagonista no se flageló más, cogió el recipiente y se marchó por las callejuelas de Patatasburgo con ansia de que todo lo maniático le hubiere abandonado. Nunca más tendría melancolía, menos mal que era rico y afortunado, y que el empobrecido mercador, cosa que él no sabía, se había lucrado de su ignorancia, haciéndose pasar por un generoso mercader de la sanidad, hoy en día, “pública”.
Imágenes:
1) Martin Cilenšek, Slika 85. Podzemljica [sic!]. (Solánum tuberósum.)
2) Gnome Warlock Shop -final- by *OrcOYoyo (todos los derechos reservados).

sábado, 24 de enero de 2009

Canguros en la paramera

Decía Hemingway que los bosques fueron los primeros templos de la humanidad. Los imponentes troncos centenarios, las frondosas copas sempiverdes, o en su defecto, marcadoras infalibles de los ritmos de la Madre Naturaleza, siempre han impuesto respeto a la especie humana, al menos hasta este momento. Fuera de movimientos alternativos, tan “ecologistas” como, muchas veces, ineficientes y trasnochados, siempre hay un resquicio para soñar con lo divino, lo eternamente existente, la vida trascendente, el conjunto de seres que precedieron a quienes te engendraron, y que, con cuasi total seguridad, seguirán existiendo cuando abandones el mundo terreno. A veces, pequeñas caracolas nos hacen soñar con otros mundos. Pensar en cómo lo ahora bosque antes fue mar, y en el porqué los pingüinos pueblan lugares, donde antes hubieron bosques de coníferas. El bosque es a la vez eterno y cambiante, verde y caduco, pasado, presente y futuro. ¿Alguien conoce mayor contradicción que la de lo incomprensible?
Las parameras del Campo Taranz, sierra de Aragoncillo, valle del Mesa y demás zonas de la Celtiberia nuclear (Ducado de Medinaceli y Señorío de Molina) acontecen uno de los lugares más misteriosos de nuestra rica biodiversidad hispana. Herederas de las últimas glaciaciones, testimonios de mamuts, rinocerontes lanudos y tigres dientes de sable, las sabinas gobiernan el lugar y dictan los ritmos; sus gayubas alimentan a los hambrientos paseriformes, mientras que su sobra cobija, durante las extremas estaciones, a multitud de seres, a veces, un tanto legendarios. Y es que la alta densidad de rapaces, episódicos indicios de nutrias y lobos, poblaciones de alondras de Dupont y sisones, hacen de estas altas tierras uno de los últimos tesoros paisajísticos de Europa, a la vez que configuran a la región como uno de los ecosistemas más incomprendidos del planeta Tierra. Quién sabe si por la Crisis, más energética que bancaria, aunque ambas estén relacionadas, este ecosistema ha sido objeto de interés para los habitantes de nuestras antípodas.
Según informaciones publicadas en diarios de la zona (“La Crónica”, “Guadalajara Dos Mil”), la compañía australiana “Berkeley Resources”, a través de su “esbirra” española, la “Minera de Río Alagón”, ha puesto sus ojos en las parameras como susceptible lugar de explotación para la extracción de uranio. Pueblos como Maranchón, Rillo de Gallo, Anquela del Ducado o Corduente estarían afectos a estos proyectos, si bien, para pueblos como Mazarete o Anguita, la noticia no es del todo “actual”.
El proyecto “Permiso de investigación: Aragoncillo I” (nº expediente: GU-5392/08) se refiere a unos “trabajos” realizados por la JEN y ENUSA en los años 1972-1979 y 1980-1982. Sin lugar a dudas, con ello se están refiriendo a las catas realizadas en pueblos, como Anguita y Mazarete, durante esos años, catas que son recordadas, con sumo detalle, por los lugareños. Lo cierto es que en aquel momento tales lugares parecieron salvarse de la explotación minera, pero el peligro vuelve de nuevo. La idea de los australianos, camuflados dentro de su filial española, sería la situar explotaciones a cielo abierto, estilo a las célebres minas australianas, con todos los peligros, y sobre todo contaminación, que ello comportaría.
Una visita a la página web del gigante australiano nos confirma la pesadilla. En ella, se vanaglorian de ser los primeramente colocados en la posibilidad de instalar explotaciones para la extracción de uranio. Junto a Guadalajara, las otras dos provincias en peligro son Cáceres y Salamanca. Curiosamente, es precisamente un mapa del sector de Mazarete (y por ende, en las inmediaciones de Anguita) el que aparece en la información expuesta por la empresa. La zona afectada, según sus cálculos, es de unos 436 km², y según la propia fuente: “Mineralisation extends in a belt for some 25 km between Luzon and Cobeta. The mineralised bodies are vaguely stratified, but have a lenticular or irregular shape. The length of individual bodies range from several tens to 1,200 metres. Width varies from 80 to 300 m. and thickness from less than one metre to six metres”.
Poco o nada dicen las fuentes acerca de las externalidades negativas para los nativos. Lejos de caer una “eventual lotería” sobre estas aldeas, los peligros para la salud pública son evidentes. Según alega “Ecologistas en Acción”, además de todos los daños medioambientales que se producirían en la fauna y flora de estos lugares, se incrementaría, sustancialmente, el riesgo de padecer cáncer, dadas las sustancias resultantes de la extracción del uranio. Las fuentes y acuíferos se verían contaminados, siendo especialmente peligroso (en cuanto a su abasto), si se tiene en cuenta que en estas tierras coge agua el Tajo, a través de sus afluentes Tajuña y Gallo, además del Ebro, vía Jalón.
Que el uranio puede que se trate del combustible del futuro no hay duda, de que es uno de los recursos económicos “explotables” más rentables de nuestra geografía, también. Sin embargo, no hay magnitud pecuniaria, moneda o billete que alcance a brillar tanto como la riqueza biológica de estos misteriosos lugares. Tampoco, ni mucho menos, hay un argumento que justifique poner en riesgo la salud de una zona, ya de por sí, bastante castigada por el devenir de los tiempos (es la zona menos densamente poblada de Europa, según el Dr. Burillo Mozota, tras Laponia). La solución dista mucho de ser clara, los peligros distan mucho de difuminarse en el aire. Sólo una acción coordinada de todos nosotros puede ayudar a impedirlo, pues los entes públicos no deben tolerar este abuso sin más, no pueden abandonar a estas gentes que tanto han dado por su tierra, la mágica Celtiberia nuclear, los últimos templos de la paramera...
Imágenes:
En primer lugar, detalle del Campo Taranz, a la altura de Anguita.
En segundo lugar, el Barranco de la Hoz, dentro del Parque Natural del Alto Tajo.
Fotos del autor (todos los derechos reservados).
* Alguos enlaces de interés:
Gracias a la colaboración (y búsqueda de buena parte la información) y mi buen amigo, D. José Manuel Aguado Moreno.

miércoles, 21 de enero de 2009

Entrevista a Javier Serrano Copete en el "Decano"

El pasado viernes 16 de enero, en la revista "El Decano de Guadalajara" (páginas 24 a 26) se publicó a una entrevista a Javier Serrano Copete, autor de "Una historia de Anguita: el pueblo y su entorno".
La revista es semanal (ésta es la de la semana del 16 al 22 de enero) y vale 1.60 euros.
DISPONIBLE EN TODOS LOS QUIOSCOS DE LA ALCARRIA!
Disponible en La Garlopa: http://www.lagarlopa.com/?p=906