jueves, 10 de julio de 2008

Memorias de un joven de veintidós años (Primera Parte)

Supongo que ahora estará en su sofá sentado, quién sabe si de viaje en el tren, o leyéndome en una librería, en un café, en un chiringuito de la playa, o sentado en su hamaca aprovechando que su compañero, o compañera, ha abandonado su sitio para pedirse un mojito, ocasión única para saber qué libro está leyendo. Quizá el título le ha haya picado la curiosidad, la nariz se le haya ruborizado por tan peculiar descubrimiento, rapiña, coge, e incluso disfruta con la experiencia de ojear este libro, y sigue a estas palabras, que lejos de mayor pretensión, buscan querer entretenerle para que me siga leyendo. Querido lector, yo soy el autor que le habla, a través de este libro. Entablemos un pacto de caballeros, una relación “face to face”, pues, bien sabe usted que el escribir y el leer son verbos que se caracterizan por practicarse individualmente. De gustarle más o menos estas líneas depende del éxito de que me siga leyendo. Seamos sinceros. Por lo que debiera pensarme un mecanismo por el que captar su interés. ¡Qué se yo si una confesión, un rumor, una historia o un “chupicheo”! Seguramente se haya preguntado qué tiene que decir un joven de veintidós años. Qué puede contarle, un ayer infante, pretendiendo captar su interés y potencial de reflexión. Sinceramente, creo que si le dijera la verdad conseguiría decepcionarle… De hecho, los grandes miedos a los que debe hacer frente quien escribe unas “memorias” son los siguientes: no saber qué información será de interés contar y, aún más “embarazoso”, que dirían los anglosajones, qué cosas pueden contarse, y cuáles no. Usted podrá contribuir a ayudarme al respecto. Supongo que ser leído por un número aceptable de lectores, valga la redundancia, sería exponencialmente proporcional al miedo que me da el haber contado algo que no debía. Para una mente positivista, monetaria, utilitarista, y a veces mezquina, como la mía, tener la satisfacción de haber engañado a muchos lectores con la compra de este libro es un premio que compensa, con creces, el haber vulnerado, con toda dureza, los ámbitos más vedados de mi intimidad. Una de las preguntas que le vendrán, con mayor frecuencia, a la mente del lector es la de porqué me he inmerso en esta labor, teniendo otras ocupaciones, y siendo, a duras penas, mayor de los dieciocho años. Creo poder responder con cierto éxito a la eventual pregunta. Escribió Josep Pla que el buen escritor no puede dormir sin haber escrito antes algunas líneas. Como dijera Picasso, debe esperarse a la musa de la inspiración, pero que, a poder ser, ¡ésta te pille trabajando! A lo que Picasso entendió como “trabajar” yo le aplicaré el significado, para mi circunstancia personal, de ganduleo. ¡Qué le vamos a hacer! La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
Continuará.... ? Quizás en otro momento ;-)
  • Cuadro: "The Writing Master" by Thomas Eakins

6 comentarios:

panterablanca dijo...

¿Nos vas a contar tu vida? ;-P
Besos felinos.

El llano Galvín dijo...

Da igual la edad que se tenga para contar unas memorias, siempre hay algo que contar. Además ¿no hay figuras del cine o de la música de los que se han escrito cientos de páginas sin tener, aparentemente, nada que contar?
Ánimo con tu labor, aquí estaremos para leerte y conocerte mejor.
Un abrazo!!!!

ISOBEL dijo...

besos y feliz finde

Al_andar dijo...

Querido amigo: Toda información puede ser interesante o no; depende tanto de quien escribe como del presunto lector. Y por poder, puede contarse todo, aunque haya que disfrazarlo de metáfora o vestirlo con toda clase de ropajes hechos de letras: El lector (o lectores) a quien (quienes) ese libro esté destinado, sabrán mirar tras las engañosas cortinas que forman las palabras hasta llegar a la verdad desnuda, formando de ese modo el perfecto anillo de Moebius que supone la comunicación entre escritor y lector.
La edad... También es algo relativo. Giovanni Papini escribió "Un hombre acabado (Un uomo finito)" con apenas treinta años, lo que no evitó que siguiera dejándonos muestras de su singular talento y polemizando siempre que tenía ocasión durante otros 45 años más. Don José Saramago escribió su primera novela "Tierra de pecado" a los 25, y después de eso permaneció en silencio durante más de veinte años. Su explicación es que "quizá no tenía nada que contar". Por suerte para los que le leemos, después siguió contando -y contando bien- durante mucho tiempo más.
Dejando de lado ejemplos (que siempre son singulares) mi opinión es que siempre que el cuerpo nos pida contar algo hay que contarlo, porque el cuerpo es sabio y -abundando en las palabras de Plá- muy bien pudiera manifestarse en forma de insomnio cuando las palabras que debieron ser dichas se quedaron en el tintero de lo irrecuperable.
Y ya cambiendo de tercio y metiéndonos en filosofías: ¿La verdad es la verdad?

Un abrazo
Sergio.

Artax el Eterno Cruzado dijo...

¿El futuro de una nueva novela de Nubi? Interesante...

Dinorider d'Andoandor dijo...

cuando antes mejor pues se puede organizar luego más comodamente