jueves, 19 de julio de 2007

Oda a Neptuno

La playa estaba poblada de arenas y de bellezas. Las barbas de Neptuno parecían seducir a mis piernas con el fresco de sus aguas. El mar bravío, cuan gran Titán, siente las sensaciones de mis adentros, se siente celoso, ve como el roce con sus carnes es sin sentimiento, sin alma o disfrute alguno. Llora lágrimas saladas, barbas de su Dios que me llevan a la deriva, física en lo mojado, espiritual en lo sagrado. El cielo se une al ataque de celos, sus nubes coagulan en algodón como protesta por la ofensa, su Sol es tapado sin mayor reparo, el astro encuentra sustituto en ferrera dama en belleza.

Sus labios me contagian la fuerza de la saliva, el más adhesivo de cuantos males se pueda imaginar acontece gloriosa droga que siempre aspira, irremediablemente, a ser vicio. Levanto la vista, el Sol calienta con fuerza como represalia, sus hermanos gemelos le incitan a ello por partida doble. Me quemo por luceros, la mar se segrega por mi cuerpo por sensual mimo de su mediterránea madre. El deseo carnal resulta baladí, gran meta con la que amaga pensar mi cerebro. El complejo de urraca me inunda en lo humano, quiero todo lo bello en mi propio saco, empezando por ti, tus mejillas y tus senos, siguiendo por tu risa y tu mirada, acabando por tus manos; recordando que soy hombre en deseo, enamorado por enfermo.

Pareciera fatal interés, feromona con patas que corre los cien metros lisos de la mentira, de la crueldad, del mal interés paranoizado. No. El disfraz oculta algo obsesivo que me engulle como las más fieras aguas, fluyendo por mis venas cuales cristales rosáceos que rajan las cuerdas de mi resistencia. Las murallas de mi corazón se desmoronan con fuerza, lo erótico de tu atractivo se une a lo genial de tu mirada, tu sonrisa se me hace dulce, la espera en verte, pesada.

Pasa el tiempo y las agujas del reloj juegan a ver quién más se burla. Pasa el tiempo y tu ausencia irrumpe cual grave obsesión devoradora de mis nervios. Mis neuronas se narcotizan de amor, mis representaciones de misterio. El amor parece ser dichoso en los papeles del Destino, el sufrimiento de tu ausencia se me convierte en cal dura como el cemento, mortero de expectativas, que me hacen soñar con el Cielo…

¡Barbas de Neptuno, que mojáis mis piernas al viento, atad a mi amada a mis sueños, haced que sus besos irriguen mi esencia! ¡Haced fértil lo que de otra forma estaría yermo!

4 comentarios:

ElPoeta dijo...

Gracias por visitar mi espacio, amigo. Un fuerte abrazo,
V.

Noe dijo...

Gracias por visitar mi blog, me ha gustado la oda a Neptuno, creo que repetire visita

Saludines

Ophir Alviárez dijo...

Destila poesía tu prosa, las imágenes son realmente interesantes y nos recuerdan cuánto nos deleita pero también cuán esclavos somos del amor.

Saluditos,

OA

pD...No sé cuándo regreso a Madrid, me encantaría, pasé hermosos momentos.

;)

OA

Patri dijo...

Me encanta Neptuno y su reino...

Besotesssssssssss