domingo, 14 de septiembre de 2008

Una breve historia del alcohol

“Dale bebida fuerte a él, que está a punto de perecer, y dales vino a ellos, que se hacen los valientes. Déjale beber y olvidar su pobreza, y abandonar para siempre su miseria”.
“Libro de los Proverbios”, Antiguo Testamento
¿Una defensa del consumo de alcohol en la propia Biblia? Seguramente muchos de ustedes ya hayan sondeado la posibilidad de excomulgarme, pensado que sufro de un laicismo aquejado, o simplemente, que este artículo comentará algún pasaje, jocosamente, del eventualmente “sagrado” texto. Nada más lejos de mi propósito.
Tal y como nos denota el fragmento arriba reproducido, otrora el papel del alcohol fue otro que aquél que en la actualidad tiene. Cierto es que el agua dulce era igualmente inexcusable para la dieta humana que hoy en día, sin embargo, a la vez que maná, en muchas, demasiadas, ocasiones constituía fuente de enfermedades, y correlativamente, de pandemias y demás causas de muerte. El alcohol, desde tiempos remotos, se alzó como “aqua vitae”, genial solución con la que evitar los microorganismos del agua contaminada.
Con la lectura del genial artículo de Bert L. Vallee (de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard), publicado en el ejemplar de agosto de 1998 de Scientific American, uno se empapa de sabias reflexiones acerca de cuál ha sido el papel del alcohol a lo largo del devenir de la especie humana. El Dr. Vallee hace referencia a múltiples textos bíblicos y griegos, apreciando una rígida constante, la falta de referencias al agua en sus textos. En consonancia con ello, por poner dos claros ejemplos, el mismísimo Hipócrates defendía al vino como uno de los mejores remedios contra las dolencias agudas o crónicas, mientras que la archiconocida Escuela de Medicina de Alejandría apoyaba el uso médico del alcohol. Definitivamente, no sólo el agua no es la misma con el paso del tiempo, sino que el “agua de la vida” también ha cambiado con el paso de los tiempos.
Parte del papel de alcohol como sucedáneo del agua, a la vez que sustancia excitante y de recreo, se vería relevado por la llegada al Viejo Continente de productos como el cacao, el té o el café. Fue precisamente éste quien puso en jaque a la economía prusiana, motivando las memorables palabras de Federico el Grande que aquí transcribimos: “Es repugnante reparar en el aumento de café consumido por mis súbditos, y la cantidad de dinero que, por este motivo, sale del país. Todo el mundo toma café; hay que acabar con esa costumbre. Su Majestad fue criado con cerveza, y así lo fueron también sus antepasados y oficiales. Muchas han sido las batallas guerreadas y ganadas por soldados vigorizados con cerveza, y el Rey no cree poder confiar en soldaditos que toman café para afrontar las adversidades en el supuesto de otra guerra”.
¡Que nadie llegue a equívocos! Federico el Grande, como gran parte de los europeos, utilizó el alcohol como sucedáneo del agua potable, de la forma ya comentada, sin embargo, no podemos dejar de recordar que precisamente la cerveza es un producto que, elaborado artesanalmente (sin perversión), es rico en nutrientes al proceder de la cebada (o de otros productos igualmente consistentes). Los egípcios y los habitantes de Mesopotamia (“Albor de la Civilización”) ya la utilizaron, y de hecho, se guardan tablillas cuneiformes en su defensa, quizá ayudando a crear una concepción hacia el alcohol que se plasmó en el mismísimo Antiguo Testamento.
Siguiendo con nuestro tema, un estereotipo generalizado es el de la presunta “ebriedad genética” que aquejan pueblos como el Ruso o el Polaco. Nada más lejos de la realidad, el “alcolismo” patrio no es tal sino, meramente, una técnica de supervivencia con la que soportar las gélidas temperaturas invernales, y desde luego, para asegurar la potabilidad de los líquidos que entraban en el organismo. Paradigmáticamente, el buen vodka depende de la pureza del agua (sea ésta de pozo o, incluso, de glaciar) más que del fermento que le sirve de base (por lo general centeno, cáscara de patata o trigo). Quién sabe si por ello el propio término “vodka” viene a significar: “agüita”. ¿Defensa del alcolismo? Nada más lejos de mi objetivo.
El profesor Vallee continúa hablándonos del porqué el alcohol llegó a ser considerado como un “agente patológico”, dejando de ser agua, o “agüita”, de vida. Antes de prohibirlo su religión, los musulmanes experimentaron con las bebidas alcohólicas. De hecho, algunas de las regiones que conquistaron eran ricas en vid, y por ello, no fue de extrañar que no pudieran soportar la tentación de probar el agua angelical. Probando y probando, inventaron el proceso de la destilación (gracias al invento del alambique). Este mecanismo, funesto en términos históricos, sería el culpable de que el grado de alcohol (con tope en un 16% en circunstancias naturales de fermentación) llegara hasta lo topes que hoy conocemos.
Con los tiempos modernos, y el auge de la técnica y la industria, el alcohol continuó su proceso de perversión, potenciándose, en buena parte, por culpa de los avances en materia de prevención y tratamiento de las aguas para consumo humano. Dejó de ser un sustitutivo “médico” del agua, potencialmente contaminada) para ser un sustituto del agua, un cruel mercader experto en mutar la sed por droga... ¿Tendrá un nuevo papel el alcohol en el futuro?

7 comentarios:

Dinorider d'Andoandor dijo...

otro ebrio bíblico famoso es Noé, si no falla la memoria luego de que el arca tocara tierra firme sembró una parra y con la primera cosecha... hic hic!

yo no soy muy afin al alcohol pero un tantito de cuando en cuando no cae mal por lo general.

Alma azul dijo...

Hola! No sé si te acordarás de mí porque, llevo mucho tiempo sin pasarme por aquí.A mí no me gusta el alcohol, el vino ni las bebidas alcóholicas. Yo creo que lo más sano es éso; el agua. A parte de los zumos y cosas así.

Besos.

El llano Galvín dijo...

El consumo de alcohol con moderación tampoco está tan mal, estimula, desinhibe y según los médicos combate los problemas cardiacos.
Yo no soy muy bebedor pero una copita con amigos es de lo mejor que hay.

Kurtz dijo...

Muy interesante el post. Parece que la industria y la explotación económica de un producto lo pervierte y altera sus funciones ¿No pasa lo mismo con el cine, la música o la literatura?

David dijo...

Por supuesto. El alcohol es algo que siempre va a estar ahí. Piensa que muchas civilizaciones tienen incluso su bebida típica como símbolo (y si no que se lo digan a los rusos con el vodka, o a los gallegos con el orujo).

Dinorider d'Andoandor dijo...

Pos ¡me habéis pillado! ¡jajaja! por lo pronto lo único que he puesto una vez son ¡"caballos" borrachos!, jeje

ah, las imágenes las dejo como hipervínculo a la versión en mayor tamaño para que la gente no se aburra con una probable carga lenta de la página. pero trataré no ponerlas tan chicas para la próxima. Gracias crack!

Striper dijo...

Es muy posible pero creo que nada positivo.