miércoles, 6 de febrero de 2008

Lo infame del Bosco, lo profano del Carnaval

Algo en lo que más se nota el paso de los años (sobretodo cuando se era niño) es en la apreciación de las aficiones. Recuerdo que antaño no me gustaba la pintura, no me faltaba razón, para alguien devoto de los ordenadores y de los videojuegos ¡qué merito podrían tener los paisajes pintados o los retratos! No me menos cierto es que, como tantas cosas en la vida, esto cambia. Cada vez es mayor el aprecio que tengo por Murillo, Rembrandt o Velázquez. La conciencia en los medios me motiva en su contemplación, me doy cuenta de lo rígido de las pautas a seguir, y de lo finito de las soluciones a prestar. El tema de este artículo se me ocurrió durante una visita al monasterio de San Lorenzo del Escorial. Lo austero del edificio sólo guardaba parangón con la rica colección pictórica custodiada en su interior. Una copia del cuadro “el Jardín de las Delicias” me iluminó en este pensamiento, supo hacerme desear, con mayor intensidad, una eventual visita a Madrid, al museo del Prado; excursión que, ante la indiferencia del activismo de los civiles, es sumamente difícil, y costosa, realizar por un joven español que quiere visitar lugares en los que ha contribuido para su reforma. Dentro de mis “pintores favoritos” está, sin lugar a dudas, el Bosco. El “Jardín de las Delicias” es uno de los cuadros más sorprendentes, e influyentes, de todos los tiempos. La variedad y multiplicidad de formas con la que puede llegar a jugar es notable para el caso del pintor holandés. Sus demonios y demás animales juguetones, sus cerdos sacerdotes, ratones violadores y demás alimañas son licencias permitidas en aras de poder describir los peligros del Infierno. Ese es el juego del Mal, su infinita variabilidad. El Cielo sólo podría ser representado por uno a varios ángeles (hombrecillos de bella efigie y livianas alas). ¡Nadie se atrevería a dibujar, en época de Felipe II, un ángel con cara de cerdo, o con alas de murciélago! Nadie sabe bien bien qué es lo que le gustó a Felipe II de este cuadro. El ingenio del monarca destacaba en la contemplación de la naturaleza, era un notable zoólogo aficionado, quizás supo comprobar, con su propia mirada, la unicidad del Bien frente al Mal y sus múltiples formas. Lo Creación de Dios frente a los disfraces del Demonio. Y es que a nadie se le escapa que la distinción entre el Bien el Mal es algo específicamente humano. Quién sabe si todo no forma parte de una misma patraña. El Caos es infinito, el Destino es lo único inevitable en este mundo, no en cuanto a su determinación, sí por su acaecimiento. Todo en este mundo sucede sin estar predeterminado, la conciencia es una creación natural que dota de contenido a nuestra existencia, una pequeña barca que nos evita naufragar en lo eterno de lo existente, de lo irremediablemente caótico. Aquello que no es humano no conoce de valores de verdad y mentira, de bondad o malicia. Todos nuestros juicios morales son etéreos, irrelevantes a efectos de la Madre Naturaleza. Pese a todo, pese a lo ceniciento de su existir, lo frágil de su fuerza, toda sociedad que se precie los necesita, no sabe situarse al margen de su cinética. Me pregunto si el Bien y el Mal no es algo así como una parte de nuestro poder de abstracción, de esa dimensión paralela conocida como Fantasía. El cerebro nos hace cavilar en situaciones incomprensibles para el resto de los seres, podemos maniobrar en nuestras acciones, planificar objetivos y evaluar riesgos. Pese a nuestra vulnerabilidad a los dictámenes de la Fortuna, el hombre insiste. El sueño se configura como motivo de vida, motor del esfuerzo, remedio contra el calor de la gandulería. Las tentaciones que nos rodean son puro hedonismo. Toda Religión se ha empeñado en establecer un “código moral” que nos independice de esta celda, una libertad en el límite, una definición en la conciencia. Cierto es que todo está abocado al definitivo, y material, “fracaso”. Todo para volver a ser polvo, seguir los ritmos de la Naturaleza. Quizás este sea el motivo que tanto condicione nuestras miras. Inevitablemente siempre pensaremos que todo ser debe tener ojos, que los marcianos serán hombres verdes, los tiranosaurios seres inteligentes y Dios un hombrecito con barba blanca y suave... Lo imprescindible del Destino se manifiesta, demuestra al Caos. Todo es un suspiro, una necesidad de esfuerzo, dar sentido a lo humano, dinamitar el calor del reduccionismo, de la gandulería. La conciencia es un mecanismo de defensa, nadie ha podido entrar en la psique de otro ser, de otra especie, nadie es capaz de demostrar que todo animal no siga un destino, unas pautas vitales que le hacen mantener los genes, un mecanismo-estrategia de defensa ante el hostil medio de la física cuántica, del Caos, de la innumerables caras del mal endemoniado, lo infame del Bosco, lo profano del Carnaval...
Primera ilustración: detalle de “El Jardín de las Delicias” de El Bosco. Segunda ilustración: “Coppo di Marcovaldo” en Florencia.

7 comentarios:

ISOBEL dijo...

y todo bien cerrado por unas puertas maravillosas (la creación), esa dualidad humana, precioso artículo.

delitosliricos dijo...

Me gusta el enfoque, la dualidad, un saludo!

Artax el Eterno Cruzado dijo...

Realmente es un triptico bastante curioso, y la primera imagen representa la parte derecha, estube bastante tiempo leyendo acerca de el cuando estudiaba leyendas e imagenes sobre la fuente de la eterna juventud, la que se encuentra en el centro arriba, por lo menos es una de las representaciones que se le adjudican... una fuente rodeada de un paisaje lleno de todo tipo de tendencias sexuales, heterosexuales, homosexuales, onanistas, zoofilicos, dendrofilicos...

Supongo que la peste negra el arte gotico se volvio mas oscuro y la religión en algunos momentos y personas flaquearia hasta convertirse en nada, o ver todo invadido de demonios, de pecado... solo el Bosco y "El Prudente" saben realmente que les llevo a pintar y a adquirir respectivamente ese triptico, quiza alguien sienta lo mismo que Felipe II cuando vea el cuadro y no lo sepa, obteniendo una respuesta escondida en la historia...

Pues yo sigo pensando que el infierno tiene azufre en llamas.

Nos vemos.

Striper dijo...

Jo sempre he pensat que el bé i el mal, el cel i el infern, es dintre nostre.Per cert seria util que posesis un rss al bloc. Salutacions matineres.

Ana R dijo...

Uno de los mejores ensayos que te he leido.Y volveré a releerlo.

Un saludo

Somiatrufes dijo...

Pues también tiene tela el "Coppo di Marcovaldo"...

Estoy de acuerdo contigo, sobre todo en el último párrafo (aunque yo no lo expresaría tan bien).

Dinorider d'Andoandor dijo...

creo todo se reduce a lo que nos da seguridad y confianza, y darle un sentido que nos parezca creible.

El Jardin de las Delicias es uno de mis cuadros favoritos aunque una vez me dijeron que es medio enfermo, creo es cuestión de ópticas