jueves, 10 de enero de 2008

Marcianos en su mundo

Siendo consecuentes con la teoría evolutiva, debemos sostener que toda forma de vida procede de un mismo ser primordial. Los hallazgos paleontológicos nos muestran cuánto de cierto tiene aquel paradigma que afirma que el anfibio procede del pez, el reptil del anfibio, así como los mamíferos descienden de los reptiles sinápsidos. Toda la vida está relacionada, no es de extrañar que elementos como los ojos, las extremidades, el corazón o nuestro sistema nervioso sean compartidos por especies animales de los más variopintos

taxones o linajes. La zoología actual parece empecinarse en demostrarnos la falta de singularidad, real, de todos aquellos que pertenecemos a la especie humana (Homo sapiens sapiens).

Pikaia es candidato a ser el eslabón perdido entre vertebrados e invertebrados. El pez lanceta, pariente próximo suyo, nos muestra cómo debieron ser los primeros cordados. Su morfología amaga con recordarnos a las lampreas (tan apreciadas por la cocina asturiana), quizás incluso a las serpientes. En su obra “La Vida Maravillosa”, Stephen Jay Gould nos muestra cuán aleatoria fue la supervivencia de este ser, antepasado de todos los cordados de este planeta. De entre todas las formas posibles, la que desencadenaría en nosotros se impuso. Manifestación de puro “azar biológico”, producto del Caos que todo nos lo quita y al que todo lo debemos. Parecido a Pikaia, aunque de diferente familia, son los limacos. Sí, las babosas.

El pepino de mar o la liebre de mar son parte del taxón invertebrado que habitualmente conocemos como “babosas marinas”. Sus espectaculares colores, extrañas formas, e incluso peligrosos venenos, no son motivos suficientes para justificar su importancia. Aplysia californica, pues así se conoce a nuestro conejillo de indias, fue el objeto animal sobre el que cayeron las más interesantes investigaciones del Novel: Eric Kandel (al respecto valga ver la obra: “En busca de la memoria” de la editorial Katz.

Pese a la disparidad de nuestra densidad neuronal frente a la del limaco marino, Kandel y su equipo serían capaces de demostrar parte del funcionamiento cerebral que nos conduce al fenómeno del aprendizaje y la memoria. A través de un método planificado de “molestias” sobre el animal, se pudo constatar cómo el molusco era capaz de alcanzar dinámicas de prevención (aprendizaje a su manera) respecto a los diversos “ataques” a su integridad de los que era objeto. La babosa marina demostró el fenómeno de la habituación-condicionamiento en seres de “extrema simplicidad”. Quizás esta sea la ciencia del circo; el motivo que nos explique el porqué los animales pueden llegar a adquirir hábitos y prácticas que tanto nos han sorprendido a través de los siglos. Dentro de este grupo animal de “superdotados” invertebrados, moluscos, destaca el pulpo.

No menos curioso que el aprendizaje de la babosa es aquél que puede llegar a alcanzar la bestia de las ocho patas. Su habilidad en abrir botellas es ciertamente conocida, no por ello menos sorprendente, menos reconocido es su intelecto en cuanto a contingencia que le faculta para ser capaz de solucionar problemas casuales, como pueda ser conseguir averiguar el camino de salida de un laberinto. Quién sabe si de lo que se come se cría, pero es cierto que, sin ser, por desgracia, gallego, siempre se ha recomendado el consumo de cefalópodos con la finalidad de mejorar nuestro sistema nervioso. La clave del asunto parece residir en el ojo del animal. A un privilegiado órgano óptico le corresponde un notable sistema nervioso receptor: asunto de la mayor importancia en aras de justificar la “sabiduría” del pulpo.

El pulpo es un animal capacitado para el aprendizaje visual, gracias a un proceso evolutivo de cefalización (concentración de nervios en la cabeza). Quién sabe si a semejanza de nuestro papel en tierra firme, al pulpo se le ha asignado el nicho ecológico de la intelectualidad: ser capaz de, en sus escasos años de vida (de 2 a 3 años), de ingerir toda información visual posible. ¿A alguien se le ocurre de qué serían capaces estos seres si vivieran nuestros 70-80 años de vida? Definitivamente, existen marcianos en el Universo, sólo que éstos viven en nuestros mares y océanos...

Autor de la segunda fotografía: Dr. Albert Kok.


5 comentarios:

ISOBEL dijo...

la que me has liado... ahora no se si seré capaz de comer pulpo!!!!!!!!si ya sabia lo listos que eran, lo del color, y todas esas cosas, quien me mandaría a mi cotillear el vídeo.

Dinorider d'Andoandor dijo...

seguramente algo así a la babosa de mar sería parecida pikaia

interesantes videos, el primero muy buena introducción al mundo de las vías neurosensoriales pues el esquema primario es el mismo hasta para nosotros

En verdad nosotros con nuestros sistemas nerviosos entre tantas cosas compartimos tantas cosas con los animales inferiores! irrefutable!

waw! eso de las ventosas con sensores al gusto será como tener lenguas o mejor dicho papilas gustativas en las manos! vaya!
pobres cangrejos!

eso sí, yo no soy de comer pulpos o cangrejos, aunque sé que hay quienes lo cosideran riquísimo

provecho con el pulpo Houdini en todo caso!

panterablanca dijo...

Sabía lo de los pulpos pero no lo de las babosas. Gracias por tus comentarios en mi blog. En momentos así son muy de agradecer.
Besos de pantera.

Garfio dijo...

Muy interesantes vídeos y artículo. Sería impresionante saber qué podrían llegar a hacer estos animales con más años de vida.

MeRCHe dijo...

Anda!! yo que pensaba que en lo que estaba dotado el pulpo era en tocar ;) jajaja

Bueno todos sabemos que no hay nada más aburrido que la vida de una ostra, "me aburro más que una ostra" o frases similares han condenado al pobre molusco bivalvo a una vida gris y monótona (teóricamente), ellas se plantan ahí y sin moverse, las van viendo pasar. Y sin embargo, han sabido a base de pasar inadvertidas adaptarse y sobrevivir y así llegar a hasta nuestros días, y yo me pregunto si su "táctica" para sobrevivir, al igual que el pulpo tiene como bien explicas la suya, no será una cierta forma de inteligencia, primitiva, rupestre, pero quizá nos sobrevivan a la especie humana que vamos tan sobrados de cerebro y conocimientos, pero muy escasos de humildad.

Besitos