martes, 3 de abril de 2007

Adiós temporal a un ejercicio bienaventuradamente encontrado

Dicen que el tiempo es una magnitud artificialmente creada. Instrumento para clavar hitos de referencia en nuestra vital escalada, espejos donde mirar el pasado y reflejar nuestros rostros en constante cambio. No alcanzo a comprender el porqué de los meses sin dejar de constatar la irrupción de sus pasos. El choque de sensaciones, bien pudiera ser de bueyes encabestrados, que produce el torbellino temporal y los vientos raramente encauzados, me hace sentir sólo y perdido en el inmenso cuartel del carcelero tiempo, del ansioso Futuro y del pretérito Pasado.

Hace un mes tuve una genial idea. Reflexionar y relajarme escribiendo unas cortas líneas. Escribir pensando, y pensando lo que no siempre escribo. Quién iba a decir que el escribir sirve de guía, en los senderos nerviosos de nuestro inescrutable cerebro. De brújula con la que no perdernos entre nuestros veloces pensamientos de turno e inherentes sentimientos. Quién iba a decirme que practicaría otras lenguas, conocería gentes de muchos sitios, maestros en el escribir y en el narrar, rapsodas, en mí perdurables, dentro de un (acaso irremediablemente) imperdurable tiempo.

El condicionamiento de vivir en este siglo, hace que mis sensaciones se hallen ilustradas en vivas imágenes. Recuperables en diversos formatos, pero sensibles con un mismo órgano, ese corazón que parece imponerse no sólo en lo metafórico. Algo así acontece cuando tengo la posibilidad de disfrutar de un vacacional tiempo. Él mismo se para, como los acordes de la eléctrica melodía del radiocaset de turno. En mí sólo pienso en volver a mi vergel en el Tajuña, mi casa espiritual, la cárcel en la que mi esencia parece flagelarse queriendo sentirse enclaustrada, detenida, cautiva.

Anguita es oteada en el horizonte. Entrañable hogar de queridas gentes. Las empedradas paredes del familiar palacio. Maderas, que al sonar, parecen aún lamentar nuestra anterior partida con sus llantos. Ese pueblo es mágico, desde el sentido de que la magia tiende a sustituir a todo lo que no podemos comprender, ni buscar explicación de un modo rápido. Me acontece ello al pasar por el monolítico servidor de San Vicente, pasando por la puerta del camposanto. No sé si existe el Cielo, pero mi cuerpo sigue estremeciéndose al acaecer tan ceremonial paso. Mis antepasados parecen descansar con los ojos materialmente cerrados, pero abiertos en voluntad, en el sentimiento obsesivo mío, de que nunca me han abandonado.

Uno entre todos parece ser que siempre me está contemplando. Quizás sea por familiares invocaciones, o simplemente por ser de noche y estar ya delirando. Sé que voy a pisar Estambul pero siempre queda el sueño a un lado, cuando puedo pensar que mañana dormiré en armonía, guarecido por el anguiteño cielo estrellado. Quizás no conozca la felicidad, tanto como el tonto sentimiento de inconformidad, desasosiego y el estar desilusionado, pero todo ello queda a un lado, cuando se avecina tan querida marea con sabor rural, a familia y charlas largas como la llama del mayor de los candelabros.

No sé si es verdad aquello de profeta en su pueblo, pero cierto es que en el fantasioso mundo de mi psique, Anguita hace de pregonero, dictador y amante. Que espere Santa Sofía, el Hipódromo, el Sultán y los cansinos párrafos de este afortunado blog; dolido por el olor a novato que transmite, quien a este texto ahora mismo se siente pegado. Espero que paséis unos días felices pues este blog hasta que vuelva de Estambul, mucho me temo, que va a permanecer inmutado. Pero entrañable lector, sepa usted que con su ocular esfuerzo, a un servidor ha cautivado.

2 comentarios:

Elena dijo...

Q tengas buen viaje! Ya nos contarás qué tal a la vuelta. Yo me voy el lunes a la Riviera! Otro tipo de viaje, sin duda ... Soy tu compañera dl prácticum, por si no habías caido. Ala, a disfrutar!

JFK dijo...

Company!

Doncs podríem haver anat a Anguita en lloc d'Istambul...ens hauria sortit més barat i segur que s'hi menja millor...Sóc un ex-president dels EUA, per si no havies caigut. Ala (de pollo)!