domingo, 22 de abril de 2007

La Bolsa de los balones

Realizando mi lectura diaria de la prensa deportiva electrónica, me entero de que el Olympique Lyonnais acaba de conquistar su sexto título de Liga consecutivo. Mientras me cae la placentera agua acalorada de la ducha, reflexiono sobre cómo el panorama futbolístico actual parece alejarse de lo estrictamente deportivo para medrar en terrenos más próximos, que a unas Olimpiadas, a una Bolsa y a un Ibex-35. El equipo de Lyon, segunda ciudad en discordia del vecino gigante galo, se alza año a año con un palmarés que ya supera al del PSG y se aproxima al del Marsella. Personalmente, me congratula ver como la hegemónica urbe parisina no triunfa en lo deportivo, siendo equipos de ciudades segundonas quienes se alzan con el cetro de la regularidad. Curioso. Los millones y el fondo de comercio de la marca PSG parece ser cada día más liliputiense ante el talento lionés. No obstante, y no sin cierto pesar, constato cómo la hegemonía del Olympique tiene más que ver con una excelente gestión económico-empresarial (veáse TAU Baskonia en nuestro baloncesto) que con una apuesta deportiva globalmente consolidada.

La Liga Francesa, más que un peligro para el resto del orbe futbolístico, en lo que al monopolio de un club se refiere, no deja de ser una parodia del panorama actual. La denominación Club, que, personalmente, me recuerda más a un Esplai o un grupo deportivo de amigos, parece aproximarse paulatinamente a los imperantes contornos del mercado, de la empresa y del dichoso capitalismo. La palabra Club fácticamente se transforma en empresa, dando cada vez más sentido a las correlativas inquietudes políticas de los equipos y a aquello de ser “més que un club”. Sin dejar de salir de mi asombro, los EEUU parecen dar ejemplo en este caso, habiendo inventado un sistema deportivo que no deja de ser coherente con sus objetivos y finalidades.

En junio de 1946, recién acabada la Segunda Guerra Mundial, un grupo de ricos hacendados decidió crear un sistema de franquicias con el sino de engendrar una liga profesional de baloncesto. Se crearon, inicialmente, once franquicias, o lo que es lo mismo, once derechos a crear un equipo de baloncesto en cierta zona geográfica. Ello no sólo facultó la existencia de cierto equilibrio geográfico en cuanto a la distribución de los diferentes equipos sino que además evitó caer en la contradicción de considerar como clubes aquello que jamás dejó de ser una empresa.

Normas actuales cómo el tope salarial o la prohibición de traspasos no dejan de dar lecciones, además de equidad entre los equipos menguándose las respectivas superioridades económicas (que se lo digan a los Lakers y los Celtics) sino que también se evitó dar la pésima imagen actual de nuestros clubes de hacer la fictio iuris de que los miles de millones pagados por un traspaso son por el bien del club adquiriendo un jugador y no con el afán de lucrarse la, cada día más amplia, burguesía deportiva.

Las competiciones domésticas son más batallas en la Bolsa que acontecimientos deportivos. El prestigio de una marca, un nombre comercial y de un fondo de comercio se juegan en una guerra que deja como víctimas lo familiar, lo deportivo y el espectáculo. Todo es dinero, o al menos lo parece. Es evidente que no basta con ello, cómo lo enseñan Akasvayus y Madrides galácticos, sino que también se requiere una planificación deportiva en tanto que especialidad de la planificación empresarial. Lo sé y se manifiesta, lo cual no quita la crítica y el lloro por la pérdida, una vez más, de un bien social e incluso cultural por el voraz apetito de una economía global de mercado.


Por favor háganse todos sociedades anónimas, por favor no engañen, dejen de ser clubes y manifiesten expresamente que son más que ello. Quizás por ello tiene tanta importancia la política en el fútbol, por que Barça y Real Madrid son grandes compañías internacionales y ¿acaso no son los elementos de este último campo semántico quienes gobiernan actualmente el mundo?

1 comentario:

Força Barça dijo...

Encaraque no t'agradi, el Barça és més que un Club, i no em refereixo a una SA com tu creus, ja saps de que et parlo,... encara que et sapiga greu és així...