miércoles, 5 de diciembre de 2007

El joven y el mar

Caminar cerca del mar a medianoche es un placer que poca gente tiene la ocasión de experimentar con cierta frecuencia. La llegada a casa a una hora irreverente, la vuelta en tren después de una esperada cita, son excusas que preceden en el camino que te lleva a gozar tan intensamente del magnánimo charco. A quien no conoce otro despertar que la posibilidad de observarlo, no poderlo ver seca las lágrimas del mortal, o quizás, más bien, las consume cuando se encuentra uno lejos, al otro lado, distante de casa y de la gente que te hace sentir amado. Contemplo y suspiro. La tranquilidad de las aguas frente al constante cambio, Neptuno y el Caos, la divinidad y el mortal, yo y el futuro, mi pasado y mis inquietudes. Las aguas marinas suenan a nana, su balanceo a mimo de cuna, ¡cuán necesitado está uno de él cuando lo contempla a estas horas y con tal belleza!

La belleza del elemento dudo que sea capaz de ser plasmada en letras. La brisa delata el acontecimiento, el agua vive, de forma diferente a como lo hacen fuego, mar y cielo. El Divino contempla toda tu vida, refleja todos tus sueños y pensamientos, uno crece, madura y muere, para ser igualmente observado por quien, prácticamente nunca, retrocede o expande. Quién sabe si soy yo quien tiene necesidad de él o si, como ser humano, el mar nunca me ha dejado.

El lirismo de la escena me sumerge, repentinamente, en el pensamiento. Desconozco si es el mar o el elemento acuático aquello que me remiten al eventualmente único, el nexo que une a toda la vía, el presunto rastro divino que no es más que producto de la existencia del Universo. Uno de los discípulos de Freud, el húngaro Sándor Ferenczi, opinaba que nuestra existencia se base en nuestro anhelo de volver al océano primordial. Como explicara Stephen Jay Gould: “Ferenczi vio el intercurso sexual como un anhelo por volver a las condiciones ancestrales de reposo en un océano sin tiempo – la “tendencia regresiva de Thalassal… procurando volver al modo acuático de existencia abandonado en el tiempo primordial”. El acto sexual satisface esta necesidad primordial en tres formas: 1) el reposo post-eyaculatorio simboliza la tranquilidad del océano; 2) el pene (un pez simbólico, por decir así) intenta alcanzar a útero (sin embargo sólo su secreción llega) – la mujer aquí simplemente pierde; y 3) el producto de la unión pasa su vida embrionaria en un fluido amniótico que representa el océano ancestral”. Y es que el oro líquido es puro, aun siendo cada vez más sucio y afín al petróleo. La “guerra” fáctica y jurídica por el Ártico y la Antártida no han hecho nada más que comenzar, alrededor del Jordán el conflicto es de plena actualidad, el rapto del río por los judíos, mientras pasan sed sus legítimos propietarios. Qué decir de la explotación de los acuíferos en el litoral español o de las faraónicas macroestructuras para hacer fértil Libia con agua del desierto. Plan hidrológico global, es necesidad de nuestra especie, necesario producto de nuestro intelecto.

Quizás yo no vea tan ridícula la idea del psicoanalista magiar, quién sabe si en el fondo el hombre no tiene algo en común con la rana y el sapo: el mantenimiento de un vínculo vital con el agua, con la Vida acuática, con el caldo primordial de Oparin y el componente mayoritario de nuestros átomos... El caso es que nuestra dependencia del agua es aquello que más nos asemeja al laurel o la medusa. Quizás nuestra violencia tenga algo que ver con el chocar de las olas, nuestra búsqueda de la felicidad con la capacidad de adentrarse el agua en el vacío. Si el hombre lucha tan encarnizadamente por los hidrocarburos, ¡quién sabe lo que pasará cuando escasee el agua!

Sobre la pintura: Andreas Achenbach: Sonnenuntergang am Meer mit aufziehendem Gewitter, 1903. Respecto a la última foto: está sujeta a Creative Commons Attribution ShareAlike 2.5 License, siendo de la autoría de Luca Galuzzi - www.galuzzi.it.

8 comentarios:

gorrión dijo...

....qué maravilla de escrito.Tu manera de escribir es para alguien tan pequeño como yo , toda una experiencia sensorial y toda una clase , no sólo literaria, sino de entrega, generosidad y amor por lo bien hecho.Te felicito y con tu permiso dejaré aquí un nido de fin de semana para pasar a verte con frecuencia.Abrazogrande desde el bosque del árbol que habla!

Carlos dijo...

...no soy tan fatalista con el agua.
Hace 2 años estuve en un crucero por las Islas Galápagos que usaba un sistema experimental de unos noruegos para desalinizar el agua...me pareció INCREIBLE!

Recuerdo aún tenía un gusto raro...mínimo, pero era bebible...y nos explicaban que era experimental.

Me flipó esa pintura.

Saludos bro.

Té la mà Maria - Reus dijo...

bon relat, tens un blog fantàstic, hi aniré entrant, gràcies per visitar el nostre, estem a la teva disposició

salutacions

Pakous dijo...

Aquí estoy Fujur, y tendré que volver a venir con menos prisa, la primera impresión me ha gustado nos iremos viendo.
Un abrazo

Amazona del desierto dijo...

JO, vaya narración más bonita y más bien contada. Qué forma más elaborada de narrar nuestra sinergia con el agua. Me encanta.

Saludos.

Amazona

Ana R dijo...

El agua es un elemento vital, sí.Me encanta sumergirme en la transparencia de sus abismos.

Un escrito precioso.En forma y cntenido.Para releer.

Un abrazo

Núria dijo...

Ei! Gràcies per visitar el meu bloc. M'ha permès conèixer aquesta meravella de bloc que tens. L'enllaço i t'aniré visitant.

Toni Delgado dijo...

Buenas, crack! Soy Toni de Cronómetro de récords. Me dejaste un mensaje en la crónica del Barça-Madrid de la Euroliga. Te contesté allí mismo. Te comentaba que tu blog me parece muy elaborado e interesante. Si quieres, podemos hacer un intercambio de enlaces.

Ya me dirás algo,

Un saludo,

Toni