viernes, 21 de diciembre de 2007

La moral de la pólvora

"-¿Cómo puedo descubrirlo entonces?
-Siguiendo el camino de los deseos, de uno a otro, hasta llegar al último. Ese camino te conducirá a tu Verdadera Voluntad.
-No me parece muy difícil -opinó Bastián.
-Es el más peligroso de todos los caminos -dijo el león.
-¿Por qué? -preguntó Bastián-. Yo no tengo miedo.
-No se trata de eso -retumbó Graógraman-. Ese camino exige la mayor autenticidad y atención, porque en ningún otro es tan fácil perderse para siempre.
-¿Quieres decir que no siempre son buenos los deseos que se tienen? -trató de averiguar Bastián.
El león azotó con la cola la arena en que estaba echado. Agachó las orejas, frunció el hocico y sus ojos despidieron fuego. Bastián se agachó involuntariamente cuando Graógraman, con una voz que hizo vibrar nuevamente el suelo, dijo:
-¡Qué sabes tú lo que son deseos! ¡Qué sabes tú lo que es o no es bueno!"

La Historia Interminable, Michael Ende


Afirma el Código Civil Español, artículo 1255, que: “Los contratantes pueden establecer los pactos, cláusulas y condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes, a la moral ni al orden público”. La doctrina jurídica siempre ha topado con cierto escollo al intentar definir qué es aquello que entendemos por “moral”. ¿Es algo que varia con la sociedad o, por el contrario, son principios que permanecen en el mundo de los ideales, yusnaturalismo puro, ideas absolutas que gobiernan nuestra existencia desde la mente del Divino? Si es así, Dios no debió usar un mismo barro al fabricarnos a todos, o la dimensión de las ideas absolutas de Platón, nos sigue estando vedada...

Una visión científica del asunto nos remitirá al valor ecológico del altruismo. Pensemos en los grandes bancos de peces, los interminables (cada vez más finitos) rebaños de ñues, y encontraremos alguna explicación al sentido de permanecer en grupo: minimizar riesgos. La bondad de la estrategia no deja de encubrir una finalidad egoísta: es más difícil que los ojos del depredador se fijen en uno, cuando hay varios centenares entre los que elegir. Realmente, la sociedad en la que vivimos muchas veces parece querer imitar a la sabana africana. Más allá del imaginario cristiano de la bondad universal, o de unos valores divinos que impregnan todo lo terreno, lo verdaderamente cierto es que por el tejido social merodean diversos parámetros de moralidad.

No me vienen a la cabeza demasiadas creaciones políticas que no tengan como base, ante todo, el provecho propio frente al resto. Pienso en la Unión Europea, su política agrícola tiene como gran efecto proteger al agricultor nativo a costa del de fuera: empobreciendo las economías extranjeras, por lo general, propias de países pobres o en desarrollo. Al respecto, decía un conocido político catalán que no puede rechazarse a los magrebíes y también a sus tomates, quizás fuera lo más afortunado que dijera en toda su carrera.

El comercio de armas es otro gran tributo a la “moralidad universal”. Un país pacifista por antonomasia como Suecia, rinde el premio de mayor prestigio al inventor del más famoso explosivo, España es uno de los mayores productores de minas antipersonas (buena parte de las armas en el País Vasco, donde tanto se ha sufrido con el terrorismo), mientras que EEUU, Alemania, Rusia o Reino Unido, son algunos de los líderes absolutos en fabricación de metralla, armas y demás siervos para la Guerra. Sacar provecho del egoísmo, no sólo propio, sino también del inherente al peor caudillo-tirano de turno.

A veces me pregunto si nuestra economía global no se resume en términos de maldad absoluta. El rico fabricante de armas se une al dictador que las compra, como los ñues y las cebras, evitando al león, en esta caso no al Gragomán de Ende, sino a alguien que no siempre tiene preparados los bigotes, y que se identifica claramente con ese principio de sociedad global, mecanismo de protesta, siervos (genéticamente interesados) que al final siempre sucumbimos a la píldora del bienestar, y del mal necesario. Sí. ¡Qué va a saber un joven sobre lo que es o no bueno!

Primera imagen sujeta a GNU Free Documentation License

3 comentarios:

Ricardo Tribin dijo...

Javier, esto de la polvora, las armas, y todo lo que ellas rodean, traen a mi memoria el no entender porque al hombre le gusta tanto autodestruirse. Un abrazo grande

Garfio dijo...

En esa y en muchas otras cuestiones, la moral se dejada adecuadamente aparcada para cuando tenga que ser utilizada a los efectos de criticar actitudes ajenas.

Me gustan las figuras que ha empleado del banco de peces o el rebaño de ñues, porque además de servir para poner de manifiesto la búsqueda del ser humano de amparo en el grupo, también dejan clara una cuestión: a un ñu no se le ocurriría negociar con la vida de un semejante para que el león lo dejase en paz.

panterablanca dijo...

Desde luego es mucho más fácil estar dentro del rebaño. Se minimizan riesgos, los otros te aceptan porque eres parte del grupo, no llamarás la atención, el león no se fijará en ti porque serás tan mediocre como todo el mundo. Es cómodo. Pero pobre de aquel que piense por sí mismo, que se pregunte si la moral imperante es aceptable por su propia moral, que se plantee las cosas desde la sinceridad y no desde la comodidad. A éste el león se le echa encima seguro.
Besos de pantera.